¿IRÁN O CUBA? TRUMP ANTE UNA DERROTA ELECTORAL

 


¿IRÁN O CUBA? TRUMP ANTE UNA DERROTA ELECTORAL

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
2 de noviembre de 2026

Donald Trump enfrenta las elecciones legislativas mañana 3 de noviembre. Si los republicanos sufren una derrota importante, el presidente podría encontrarse debilitado ante sus adversarios internos y ante las potencias que desafían la influencia de Estados Unidos.

China, Rusia e Irán observarían cuidadosamente las consecuencias de una derrota republicana. Si interpretaran que Trump ha quedado políticamente arrinconado, podrían considerar que Washington dispone de menos capacidad para sostener sus amenazas y compromisos internacionales.

Un resultado negativo no le quitaría sus facultades presidenciales, pero proyectaría la imagen de un mandatario cuya autoridad política ha sido cuestionada por el electorado. Para Trump, que ha construido buena parte de su imagen alrededor de la fortaleza, la determinación y la capacidad de imponer condiciones, semejante percepción representaría un problema considerable.

La hipótesis que podemos considerar es que Trump no esperaría pasivamente a que sus adversarios explotaran una derrota. Por el contrario, podría intentar cambiar inmediatamente el escenario, con declaraciones o un acontecimiento internacional que desplazaría la atención pública hacia su actuación como comandante en jefe.

No se trataría necesariamente de resolver un conflicto internacional, sino de recuperar la iniciativa política y proyectar una imagen de poder.

Trump tendría aproximadamente dos meses, desde las elecciones del 3 de noviembre hasta la instalación del nuevo Congreso el 3 de enero de 2027, para actuar mientras continúa funcionando el Congreso saliente. Ese período podría ofrecerle la oportunidad de modificar el ambiente político antes de que sus adversarios asumieran sus nuevas posiciones legislativas.

Dos escenarios posibles: Irán y Cuba.

En el caso de Irán, los preparativos militares han ocupado la atención internacional. El pasado 29 de octubre se informó de reuniones de Trump con altos mandos militares para examinar posibles operaciones. Washington también habría advertido a varios aliados sobre la posibilidad de nuevos ataques después de las elecciones.

Una ofensiva contra Irán produciría repercusiones mundiales inmediatas, pero también podría desencadenar una confrontación regional de consecuencias imprevisibles.

El precio del petróleo podría subir inmediatamente y la población estadounidense lo reclamaría. Sería un riesgo serio atacar a Irán con un Congreso o una parte de él que no lo respalde.

Cuba presenta un escenario diferente.

Trump ha manifestado públicamente su intención de ocuparse de Cuba después de Irán. Si Trump descarta una ofensiva contra Irán, Cuba podría adquirir mayor importancia entre sus alternativas para recuperar la iniciativa política. Una acción decisiva contra la dictadura podría ofrecer a Trump un acontecimiento de repercusión nacional e internacional, con riesgos potencialmente menores que una nueva guerra contra Irán.

La presión estadounidense podría obligar al régimen castrista a realizar concesiones importantes. Trump siempre ha dejado la puerta abierta a un acuerdo que evite el uso de la fuerza por parte de los Estados Unidos. Marco Rubio ha repetido una y otra vez que el cambio en Cuba tiene que ser total, pero el presidente es Trump.

En estas consideraciones he dejado por fuera el caso de Ucrania porque Zelenski, los ucranianos y la Unión Europea se oponen a concesiones territoriales de Ucrania a cambio de un tratado de paz con Putin. Es difícil que las presiones de Trump obliguen a capitular a Ucrania y a la Unión Europea.

En el caso de Cuba, Trump tendría dos incentivos coincidentes: proteger su imagen personal y reafirmar la autoridad internacional de Estados Unidos. Podría intentar conseguirlo mediante un acuerdo con la jerarquía castrista, siguiendo una fórmula parecida a la aplicada en Venezuela. Otra alternativa sería garantizar al pueblo cubano que Estados Unidos no permitiría una masacre si se levantara contra el régimen. Finalmente, quedaría la posibilidad de una acción militar estadounidense.

Una hipótesis política puede construirse relacionando la conducta pública de un dirigente, las circunstancias que enfrenta y las alternativas que tiene a su disposición.

Si los republicanos sufren una derrota importante el 3 de noviembre, la pregunta no será solamente cómo reaccionará Trump ante sus adversarios políticos en Estados Unidos, sino qué estará dispuesto a hacer en el escenario internacional para demostrar que continúa siendo un presidente capaz de imponer su voluntad. En esa búsqueda de recuperar la iniciativa, Cuba podría convertirse en una de sus opciones.

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IRAN OR CUBA? TRUMP FACING AN ELECTORAL DEFEAT

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
November 2, 2026

Donald Trump faces the congressional elections tomorrow, November 3. If Republicans suffer a major defeat, the president could find himself weakened before his domestic opponents and the powers challenging U.S. influence.

China, Russia and Iran would closely watch the consequences of a Republican defeat. If they concluded that Trump had been politically cornered, they might believe Washington had less ability to uphold its threats and international commitments.

A negative result would not strip him of his presidential powers, but it would project the image of a leader whose political authority had been questioned by voters. For Trump, who has built much of his image around strength, determination and the ability to impose terms, such a perception would pose a considerable problem.

One hypothesis worth considering is that Trump would not passively wait for his adversaries to exploit a defeat. Instead, he might try to change the situation immediately, through statements or an international event that would shift public attention toward his actions as commander in chief.

The aim would not necessarily be to resolve an international conflict, but to regain the political initiative and project an image of power.

Trump would have approximately two months, from the November 3 elections until the new Congress takes office on January 3, 2027, to act while the outgoing Congress remains in place. That period could give him an opportunity to change the political climate before his opponents assume their new legislative positions.

Two possible scenarios: Iran and Cuba.

In Iran’s case, military preparations have attracted international attention. On October 29, reports emerged of Trump meeting with senior military commanders to examine possible operations. Washington also reportedly warned several allies of the possibility of further attacks after the elections.

An offensive against Iran would have immediate worldwide repercussions, but it could also trigger a regional confrontation with unpredictable consequences.

Oil prices could rise immediately, prompting complaints from the American public. Attacking Iran with a Congress, or part of it, unwilling to support him would be a serious risk.

Cuba presents a different scenario.

Trump has publicly expressed his intention to address Cuba after Iran. If he rules out an offensive against Iran, Cuba could gain importance among his alternatives for regaining the political initiative. Decisive action against the dictatorship could give Trump an event with national and international repercussions, potentially involving fewer risks than a new war against Iran.

U.S. pressure could force the Castro regime to make significant concessions. Trump has always left the door open to an agreement that would avoid the use of force by the United States. Marco Rubio has repeatedly said that change in Cuba must be total, but Trump is the president.

I have left Ukraine out of these considerations because Zelensky, the Ukrainians and the European Union oppose territorial concessions by Ukraine in exchange for a peace treaty with Putin. It is difficult to see Trump’s pressure forcing Ukraine and the European Union to capitulate.

In Cuba’s case, Trump would have two coinciding incentives: protecting his personal image and reaffirming U.S. international authority. He could try to achieve this through an agreement with the Castro leadership, following a formula similar to the one applied in Venezuela. Another option would be to guarantee the Cuban people that the United States would not allow a massacre if they rose up against the regime. Finally, there would remain the possibility of U.S. military action.

A political hypothesis can be constructed by relating a leader’s public conduct, the circumstances he faces and the alternatives available to him.

If Republicans suffer a major defeat on November 3, the question will not only be how Trump reacts to his political adversaries in the United States, but what he might be willing to do on the international stage to show that he remains a president capable of imposing his will. In that effort to regain the initiative, Cuba could become one of his options.

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IRAN OU CUBA ? TRUMP FACE À UNE DÉFAITE ÉLECTORALE

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
2 novembre 2026

Donald Trump affronte demain, 3 novembre, les élections législatives. Si les républicains subissent une lourde défaite, le président pourrait se retrouver affaibli face à ses adversaires intérieurs et aux puissances qui contestent l’influence des États-Unis.

La Chine, la Russie et l’Iran observeraient attentivement les conséquences d’une défaite républicaine. S’ils estimaient que Trump est politiquement acculé, ils pourraient considérer que Washington dispose de moins de moyens pour faire respecter ses menaces et ses engagements internationaux.

Un résultat défavorable ne lui retirerait pas ses pouvoirs présidentiels, mais donnerait l’image d’un dirigeant dont l’autorité politique a été remise en cause par les électeurs. Pour Trump, qui a construit une grande partie de son image sur la force, la détermination et la capacité d’imposer ses conditions, une telle perception représenterait un problème considérable.

L’hypothèse que nous pouvons envisager est que Trump n’attendrait pas passivement que ses adversaires exploitent une défaite. Il pourrait au contraire tenter de changer immédiatement la situation, par des déclarations ou par un événement international qui détournerait l’attention du public vers son action de commandant en chef.

Il ne s’agirait pas nécessairement de résoudre un conflit international, mais de reprendre l’initiative politique et de projeter une image de puissance.

Trump disposerait d’environ deux mois, entre les élections du 3 novembre et l’entrée en fonction du nouveau Congrès le 3 janvier 2027, pour agir tandis que le Congrès sortant reste en place. Cette période pourrait lui permettre de modifier le climat politique avant que ses adversaires occupent leurs nouveaux sièges au Parlement.

Deux scénarios possibles : l’Iran et Cuba.

Dans le cas de l’Iran, les préparatifs militaires ont retenu l’attention internationale. Le 29 octobre, des informations ont fait état de réunions entre Trump et de hauts responsables militaires afin d’examiner d’éventuelles opérations. Washington aurait également averti plusieurs alliés de la possibilité de nouvelles attaques après les élections.

Une offensive contre l’Iran aurait des répercussions mondiales immédiates, mais pourrait aussi déclencher un affrontement régional aux conséquences imprévisibles.

Le prix du pétrole pourrait augmenter immédiatement et susciter des protestations dans la population américaine. Attaquer l’Iran sans le soutien du Congrès, ou d’une partie de celui-ci, constituerait un risque sérieux.

Cuba présente un scénario différent.

Trump a publiquement manifesté son intention de s’occuper de Cuba après l’Iran. S’il écarte une offensive contre l’Iran, Cuba pourrait prendre davantage d’importance parmi les options lui permettant de reprendre l’initiative politique. Une action décisive contre la dictature pourrait lui offrir un événement d’envergure nationale et internationale, avec des risques potentiellement moindres qu’une nouvelle guerre contre l’Iran.

La pression américaine pourrait contraindre le régime castriste à faire d’importantes concessions. Trump a toujours laissé ouverte la possibilité d’un accord évitant le recours à la force par les États-Unis. Marco Rubio a répété à maintes reprises que le changement à Cuba devait être total, mais c’est Trump qui est président.

J’ai laissé l’Ukraine de côté dans cette analyse, car Zelensky, les Ukrainiens et l’Union européenne s’opposent à des concessions territoriales ukrainiennes en échange d’un traité de paix avec Poutine. Il est difficile d’imaginer que les pressions de Trump obligent l’Ukraine et l’Union européenne à capituler.

Dans le cas de Cuba, Trump aurait deux motivations convergentes : protéger son image personnelle et réaffirmer l’autorité internationale des États-Unis. Il pourrait chercher à y parvenir par un accord avec la hiérarchie castriste, selon une formule semblable à celle appliquée au Venezuela. Une autre possibilité serait de garantir au peuple cubain que les États-Unis ne permettraient pas un massacre s’il se soulevait contre le régime. Enfin, l’option d’une intervention militaire américaine demeurerait.

Une hypothèse politique peut se construire en mettant en relation la conduite publique d’un dirigeant, les circonstances auxquelles il fait face et les options dont il dispose.

Si les républicains subissent une lourde défaite le 3 novembre, la question ne sera pas seulement de savoir comment Trump réagira face à ses adversaires politiques aux États-Unis, mais aussi ce qu’il serait prêt à faire sur la scène internationale pour montrer qu’il demeure un président capable d’imposer sa volonté. Dans cette recherche d’une reprise de l’initiative, Cuba pourrait devenir l’une de ses options.

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IRAN O CUBA? TRUMP DI FRONTE A UNA SCONFITTA ELETTORALE

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
2 novembre 2026

Donald Trump affronta domani, 3 novembre, le elezioni legislative. Se i repubblicani subiranno una pesante sconfitta, il presidente potrebbe ritrovarsi indebolito di fronte agli avversari interni e alle potenze che sfidano l’influenza degli Stati Uniti.

Cina, Russia e Iran osserverebbero attentamente le conseguenze di una sconfitta repubblicana. Se ritenessero Trump politicamente messo alle strette, potrebbero pensare che Washington abbia meno capacità di sostenere le proprie minacce e i propri impegni internazionali.

Un risultato negativo non gli toglierebbe i poteri presidenziali, ma proietterebbe l’immagine di un leader la cui autorità politica è stata messa in discussione dagli elettori. Per Trump, che ha costruito gran parte della propria immagine sulla forza, sulla determinazione e sulla capacità di imporre condizioni, una simile percezione rappresenterebbe un problema considerevole.

L’ipotesi che possiamo prendere in considerazione è che Trump non aspetterebbe passivamente che gli avversari sfruttino una sconfitta. Al contrario, potrebbe tentare di cambiare immediatamente lo scenario, con dichiarazioni o un evento internazionale capace di spostare l’attenzione pubblica sulla sua azione di comandante in capo.

Non si tratterebbe necessariamente di risolvere un conflitto internazionale, ma di recuperare l’iniziativa politica e proiettare un’immagine di potere.

Trump avrebbe circa due mesi, dalle elezioni del 3 novembre all’insediamento del nuovo Congresso il 3 gennaio 2027, per agire mentre resta in funzione il Congresso uscente. Questo periodo potrebbe offrirgli l’opportunità di modificare il clima politico prima che i suoi avversari assumano i nuovi incarichi legislativi.

Due possibili scenari: Iran e Cuba.

Nel caso dell’Iran, i preparativi militari hanno attirato l’attenzione internazionale. Il 29 ottobre sono state riferite riunioni tra Trump e gli alti comandi militari per esaminare possibili operazioni. Washington avrebbe inoltre avvertito diversi alleati della possibilità di nuovi attacchi dopo le elezioni.

Un’offensiva contro l’Iran avrebbe ripercussioni mondiali immediate, ma potrebbe anche innescare uno scontro regionale dalle conseguenze imprevedibili.

Il prezzo del petrolio potrebbe salire immediatamente, suscitando proteste tra la popolazione statunitense. Attaccare l’Iran senza il sostegno del Congresso, o di una sua parte, sarebbe un rischio serio.

Cuba presenta uno scenario diverso.

Trump ha manifestato pubblicamente l’intenzione di occuparsi di Cuba dopo l’Iran. Se escludesse un’offensiva contro l’Iran, Cuba potrebbe acquistare maggiore importanza tra le alternative per recuperare l’iniziativa politica. Un’azione decisiva contro la dittatura potrebbe offrirgli un evento di risonanza nazionale e internazionale, con rischi potenzialmente inferiori a quelli di una nuova guerra contro l’Iran.

La pressione statunitense potrebbe costringere il regime castrista a fare concessioni importanti. Trump ha sempre lasciato aperta la porta a un accordo che eviti l’uso della forza da parte degli Stati Uniti. Marco Rubio ha ripetuto più volte che il cambiamento a Cuba deve essere totale, ma il presidente è Trump.

In queste considerazioni ho lasciato fuori l’Ucraina perché Zelensky, gli ucraini e l’Unione europea si oppongono a concessioni territoriali ucraine in cambio di un trattato di pace con Putin. È difficile che le pressioni di Trump costringano l’Ucraina e l’Unione europea a capitolare.

Nel caso di Cuba, Trump avrebbe due incentivi convergenti: proteggere la propria immagine personale e riaffermare l’autorità internazionale degli Stati Uniti. Potrebbe cercare di riuscirci attraverso un accordo con la gerarchia castrista, seguendo una formula simile a quella applicata in Venezuela. Un’altra alternativa sarebbe garantire al popolo cubano che gli Stati Uniti non permetterebbero un massacro se si sollevasse contro il regime. Infine, resterebbe la possibilità di un’azione militare statunitense.

Un’ipotesi politica può essere costruita mettendo in relazione la condotta pubblica di un dirigente, le circostanze che affronta e le alternative a sua disposizione.

Se i repubblicani subiranno una pesante sconfitta il 3 novembre, la domanda non sarà soltanto come Trump reagirà ai suoi avversari politici negli Stati Uniti, ma che cosa sarà disposto a fare sulla scena internazionale per dimostrare di essere ancora un presidente capace di imporre la propria volontà. In questa ricerca di recuperare l’iniziativa, Cuba potrebbe diventare una delle sue opzioni.

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¿POR QUÉ CALLA WASHINGTON ANTE LOS ATAQUES DE DELCY RODRÍGUEZ CONTRA MARÍA CORINA MACHADO?

 


¿POR QUÉ CALLA WASHINGTON ANTE LOS ATAQUES DE DELCY RODRÍGUEZ CONTRA MARÍA CORINA MACHADO?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
29 de octubre de 2026

Los ataques verbales de Delcy Rodríguez contra María Corina Machado constituyen una provocación directa a la oposición venezolana y a millones de ciudadanos que se sienten agraviados por el desconocimiento de sus derechos políticos y electorales. Sus descalificaciones alimentan el resentimiento, profundizan la desconfianza y agravan las tensiones en una sociedad que espera recuperar mediante elecciones libres el derecho a decidir su futuro, pero que no tiene garantías de que esas elecciones lleguen a celebrarse. Estas provocaciones aumentan el riesgo de violencia y contradicen las exigencias de una transición pacífica. Quien actúa de esa manera queda descalificado para desempeñar un papel de responsabilidad en la transición política de Venezuela.

El silencio de Washington agrava la situación. Donald Trump anunció el 3 de enero que Estados Unidos asumiría la dirección de Venezuela hasta completar una transición política. Desde entonces, su administración ha mantenido una influencia decisiva sobre quienes ejercen el poder. En esas circunstancias, la ausencia de una condena pública de los ataques de Rodríguez difícilmente puede ser interpretada por millones de venezolanos como otra cosa que una validación de su conducta.

Delcy Rodríguez calificó de «show» el recibimiento popular a María Corina Machado, sugirió que sus organizadores perseguían algún propósito oculto y expresó su deseo de que hubiera «arrepentimiento, remordimiento y rectificación». Al referirse a la participación de Machado en las negociaciones, afirmó que estas requerían experiencia y debían mantenerse alejadas de los «espacios neófitos». Posteriormente habló de personas «hambrientas de poder», acusó a sus adversarios de hacer «todo tipo de show por el poder» y advirtió que nadie debía entrometerse en el proceso político. Aunque algunas expresiones no mencionaron directamente a Machado, fueron pronunciadas después de su regreso. Sus descalificaciones agravian también a quienes se identifican con su lucha por la democracia y respaldan su liderazgo.

Estas declaraciones tienen una dimensión todavía más peligrosa: pueden ser interpretadas por los grupos violentos del chavismo como una incitación a atacar las manifestaciones pacíficas de la oposición. Existen antecedentes. Después de las elecciones presidenciales de julio de 2024, grupos armados conocidos como colectivos participaron en la represión de ciudadanos que protestaban por los resultados electorales. Human Rights Watch documentó 25 muertes durante aquellas protestas y encontró pruebas que vinculaban a fuerzas de seguridad y grupos armados oficialistas con distintos asesinatos. En un país con semejantes antecedentes, presentar a los adversarios políticos como una amenaza para la estabilidad puede estimular nuevas agresiones.

Los ataques de Rodríguez colocan además a María Corina Machado ante una disyuntiva calculada. Si responde con firmeza, Rodríguez puede aprovechar la confrontación para presentarla como un obstáculo a la estabilidad y a la transición pacífica. Si guarda silencio, Machado corre el riesgo de decepcionar a millones de venezolanos que esperan de ella una defensa pública de sus derechos y aspiraciones democráticas. De esta manera, Rodríguez traslada a Machado el costo político de una confrontación que ella misma alimenta.

Washington no puede asumir la dirección de la transición venezolana y guardar silencio ante estas provocaciones. Su responsabilidad va más allá de negociar acuerdos y establecer calendarios electorales. Si Estados Unidos pretende garantizar una transición pacífica, debe comenzar por exigir a Delcy Rodríguez que respete a sus adversarios y los derechos políticos del pueblo venezolano.

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WHY IS WASHINGTON SILENT ABOUT DELCY RODRÍGUEZ'S ATTACKS ON MARÍA CORINA MACHADO?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
October 29, 2026

Delcy Rodríguez's verbal attacks on María Corina Machado constitute a direct provocation against the Venezuelan opposition and millions of citizens who feel aggrieved by the denial of their political and electoral rights. Her disparaging remarks fuel resentment, deepen distrust, and aggravate tensions in a society that hopes to regain, through free elections, the right to decide its own future, but has no guarantees that those elections will actually take place. These provocations increase the risk of violence and contradict the requirements of a peaceful transition. Anyone who behaves in this manner disqualifies themselves from holding a position of responsibility in Venezuela's political transition.

Washington's silence makes the situation worse. On January 3, Donald Trump announced that the United States would take charge of Venezuela until a political transition was completed. Since then, his administration has maintained decisive influence over those exercising power. Under these circumstances, millions of Venezuelans can hardly interpret the absence of a public condemnation of Rodríguez's attacks as anything other than an endorsement of her conduct.

Delcy Rodríguez dismissed the popular welcome given to María Corina Machado as a “show,” suggested that its organizers were pursuing some hidden objective, and expressed the hope that there would be “repentance, remorse, and rectification.” Referring to Machado's participation in the negotiations, she stated that they required experience and should remain removed from “novice circles.” She subsequently spoke of people “hungry for power,” accused her adversaries of staging “all kinds of shows for power,” and warned that no one should interfere in the political process. Although some of these remarks did not directly mention Machado, they were made after her return. Her disparagement also offends those who identify with Machado's struggle for democracy and support her leadership.

These statements have an even more dangerous dimension: violent pro-Chavista groups could interpret them as encouragement to attack peaceful opposition demonstrations. There are precedents. Following the July 2024 presidential election, armed groups known as colectivos participated in the repression of citizens protesting the election results. Human Rights Watch documented 25 deaths during those protests and found evidence linking security forces and pro-government armed groups to several killings. In a country with such a history, portraying political opponents as a threat to stability can encourage further attacks.

Rodríguez's attacks also place María Corina Machado in a calculated dilemma. If she responds firmly, Rodríguez can exploit the confrontation to portray her as an obstacle to stability and a peaceful transition. If she remains silent, Machado risks disappointing millions of Venezuelans who expect her to defend their rights and democratic aspirations publicly. In this way, Rodríguez shifts onto Machado the political cost of a confrontation that Rodríguez herself is fueling.

Washington cannot assume responsibility for directing Venezuela's transition while remaining silent in the face of these provocations. Its responsibility extends beyond negotiating agreements and setting electoral timetables. If the United States intends to guarantee a peaceful transition, it must begin by demanding that Delcy Rodríguez respect her political opponents and the political rights of the Venezuelan people.

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POURQUOI WASHINGTON GARDE-T-IL LE SILENCE FACE AUX ATTAQUES DE DELCY RODRÍGUEZ CONTRE MARÍA CORINA MACHADO ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
29 octobre 2026

Les attaques verbales de Delcy Rodríguez contre María Corina Machado constituent une provocation directe à l'égard de l'opposition vénézuélienne et de millions de citoyens qui se sentent lésés par le déni de leurs droits politiques et électoraux. Ses propos dénigrants alimentent le ressentiment, approfondissent la méfiance et aggravent les tensions dans une société qui espère retrouver, grâce à des élections libres, le droit de décider de son avenir, sans avoir toutefois la garantie que ces élections auront lieu. Ces provocations augmentent le risque de violence et vont à l'encontre des exigences d'une transition pacifique. Quiconque agit de cette manière se disqualifie pour exercer des responsabilités dans la transition politique du Venezuela.

Le silence de Washington aggrave la situation. Le 3 janvier, Donald Trump a annoncé que les États-Unis prendraient la direction du Venezuela jusqu'à l'achèvement d'une transition politique. Depuis lors, son administration a conservé une influence décisive sur ceux qui exercent le pouvoir. Dans ces circonstances, des millions de Vénézuéliens peuvent difficilement interpréter l'absence de condamnation publique des attaques de Rodríguez autrement que comme une approbation de sa conduite.

Delcy Rodríguez a qualifié de « spectacle » l'accueil populaire réservé à María Corina Machado, a laissé entendre que ses organisateurs poursuivaient un objectif caché et a exprimé le souhait qu'il y ait « repentir, remords et rectification ». Évoquant la participation de Machado aux négociations, elle a affirmé que celles-ci exigeaient de l'expérience et devaient rester éloignées des « milieux novices ». Elle a ensuite parlé de personnes « avides de pouvoir », accusé ses adversaires de se livrer à « toutes sortes de spectacles pour le pouvoir » et averti que personne ne devait s'immiscer dans le processus politique. Bien que certaines de ces déclarations n'aient pas directement mentionné Machado, elles ont été prononcées après son retour. Ces propos offensent également ceux qui s'identifient à son combat pour la démocratie et soutiennent son leadership.

Ces déclarations présentent une dimension encore plus dangereuse : les groupes violents favorables au chavisme pourraient les interpréter comme un encouragement à attaquer les manifestations pacifiques de l'opposition. Il existe des précédents. Après l'élection présidentielle de juillet 2024, des groupes armés connus sous le nom de colectivos ont participé à la répression de citoyens qui contestaient les résultats électoraux. Human Rights Watch a documenté 25 morts lors de ces manifestations et recueilli des éléments reliant les forces de sécurité et des groupes armés progouvernementaux à plusieurs homicides. Dans un pays marqué par de tels précédents, présenter les adversaires politiques comme une menace pour la stabilité peut encourager de nouvelles agressions.

Les attaques de Rodríguez placent également María Corina Machado devant un dilemme calculé. Si elle répond avec fermeté, Rodríguez peut exploiter cette confrontation pour la présenter comme un obstacle à la stabilité et à une transition pacifique. Si elle garde le silence, Machado risque de décevoir des millions de Vénézuéliens qui attendent d'elle une défense publique de leurs droits et de leurs aspirations démocratiques. Ainsi, Rodríguez fait peser sur Machado le coût politique d'une confrontation qu'elle alimente elle-même.

Washington ne peut prétendre diriger la transition vénézuélienne tout en gardant le silence face à ces provocations. Sa responsabilité va au-delà de la négociation d'accords et de l'établissement de calendriers électoraux. Si les États-Unis entendent garantir une transition pacifique, ils doivent commencer par exiger de Delcy Rodríguez qu'elle respecte ses adversaires et les droits politiques du peuple vénézuélien.

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PERCHÉ WASHINGTON TACE DAVANTI AGLI ATTACCHI DI DELCY RODRÍGUEZ CONTRO MARÍA CORINA MACHADO?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
29 ottobre 2026

Gli attacchi verbali di Delcy Rodríguez contro María Corina Machado costituiscono una provocazione diretta nei confronti dell'opposizione venezuelana e di milioni di cittadini che si sentono offesi dal mancato riconoscimento dei loro diritti politici ed elettorali. Le sue dichiarazioni denigratorie alimentano il risentimento, approfondiscono la sfiducia e aggravano le tensioni in una società che spera di recuperare, attraverso elezioni libere, il diritto di decidere il proprio futuro, ma non ha alcuna garanzia che tali elezioni si svolgano. Queste provocazioni aumentano il rischio di violenza e contraddicono le esigenze di una transizione pacifica. Chi agisce in questo modo si squalifica dall'assumere un ruolo di responsabilità nella transizione politica del Venezuela.

Il silenzio di Washington aggrava la situazione. Il 3 gennaio Donald Trump ha annunciato che gli Stati Uniti avrebbero assunto la direzione del Venezuela fino al completamento di una transizione politica. Da allora, la sua amministrazione ha mantenuto un'influenza decisiva su coloro che esercitano il potere. In queste circostanze, milioni di venezuelani difficilmente possono interpretare l'assenza di una condanna pubblica degli attacchi di Rodríguez come qualcosa di diverso da un'approvazione della sua condotta.

Delcy Rodríguez ha definito uno «show» l'accoglienza popolare riservata a María Corina Machado, ha insinuato che gli organizzatori perseguissero qualche obiettivo nascosto e ha espresso l'auspicio che vi fossero «pentimento, rimorso e rettifica». Riferendosi alla partecipazione di Machado ai negoziati, ha affermato che questi richiedevano esperienza e dovevano rimanere lontani dagli «ambienti inesperti». Successivamente ha parlato di persone «affamate di potere», ha accusato i suoi avversari di mettere in scena «ogni tipo di spettacolo per il potere» e ha avvertito che nessuno doveva intromettersi nel processo politico. Sebbene alcune di queste espressioni non menzionassero direttamente Machado, sono state pronunciate dopo il suo ritorno. Le sue dichiarazioni offendono anche coloro che si identificano con la lotta di Machado per la democrazia e ne sostengono la leadership.

Queste dichiarazioni presentano una dimensione ancora più pericolosa: i gruppi violenti del chavismo potrebbero interpretarle come un incitamento ad attaccare le manifestazioni pacifiche dell'opposizione. Esistono precedenti. Dopo le elezioni presidenziali del luglio 2024, gruppi armati noti come colectivos hanno partecipato alla repressione dei cittadini che protestavano contro i risultati elettorali. Human Rights Watch ha documentato 25 morti durante quelle proteste e ha raccolto prove che collegavano le forze di sicurezza e gruppi armati filogovernativi a diversi omicidi. In un paese segnato da precedenti simili, presentare gli avversari politici come una minaccia alla stabilità può incoraggiare nuove aggressioni.

Gli attacchi di Rodríguez pongono inoltre María Corina Machado davanti a un dilemma calcolato. Se risponde con fermezza, Rodríguez può sfruttare lo scontro per presentarla come un ostacolo alla stabilità e a una transizione pacifica. Se rimane in silenzio, Machado rischia di deludere milioni di venezuelani che si aspettano da lei una difesa pubblica dei loro diritti e delle loro aspirazioni democratiche. In questo modo, Rodríguez trasferisce su Machado il costo politico di uno scontro che lei stessa alimenta.

Washington non può assumere la direzione della transizione venezuelana e rimanere in silenzio davanti a queste provocazioni. La sua responsabilità va oltre la negoziazione di accordi e la definizione di calendari elettorali. Se gli Stati Uniti intendono garantire una transizione pacifica, devono cominciare esigendo che Delcy Rodríguez rispetti i suoi avversari e i diritti politici del popolo venezuelano.

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¿PUEDE LULA CONVERTIRSE EN UN COLCHÓN ECONÓMICO PARA EL RÉGIMEN CASTRISTA?


¿PUEDE LULA CONVERTIRSE EN UN COLCHÓN ECONÓMICO PARA EL RÉGIMEN CASTRISTA?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
28 de octubre de 2026

Ante la reelección de Lula da Silva se plantea la posibilidad de que Brasil se convierta en un colchón económico para el régimen castrista. Sin embargo, las cifras comerciales disponibles no justifican esa expectativa. La verdadera interrogante es qué estaría dispuesto a hacer Lula durante su próximo mandato.

En 2025, Brasil exportó a Cuba mercancías por 283,4 millones de dólares, mientras las exportaciones cubanas apenas alcanzaron tres millones. Brasil obtuvo así un superávit comercial de aproximadamente 280,4 millones.

¿Dónde está el supuesto colchón económico? Comprar mercancías no significa recibir ayuda financiera. Para que Brasil sostuviera económicamente al régimen tendría que proporcionar créditos, subsidios, donaciones o inversiones de considerable magnitud.

La comparación con Estados Unidos resulta reveladora. En 2025, las exportaciones estadounidenses a Cuba alcanzaron aproximadamente 809,6 millones de dólares, casi el triple de las brasileñas. Si vender mercancías constituyera un respaldo económico al régimen, habría que atribuir a Estados Unidos un papel todavía mayor.

Pero existe un problema más profundo: la magnitud de esas importaciones frente a las necesidades de nueve millones de cubanos.

Las exportaciones conjuntas de ambos países sumaron aproximadamente 1.093 millones de dólares anuales. Distribuidas entre nueve millones de habitantes, representan apenas “10 dólares mensuales por persona”. Y esas cifras incluyen mercancías que ni siquiera son alimentos.

¿Cómo puede semejante volumen comercial resolver la crisis alimentaria cubana?

Además, cuando los alimentos importados se venden a precios incompatibles con los salarios y pensiones de la mayoría, benefician principalmente a quienes disponen de mayores ingresos o divisas.

Para convertirse en un verdadero colchón económico, Brasil tendría que proporcionar una asistencia comparable a la que Cuba recibió de la Unión Soviética y luego de Venezuela: petróleo subsidiado, créditos preferenciales y mecanismos de apoyo que representaron miles de millones de dólares.

Nada demuestra todavía que Lula esté dispuesto o pueda asumir compromisos comerciales semejantes durante su próximo mandato.

¿PODRÍA LULA CONSEGUIR APOYO ECONÓMICO DE OTROS PAÍSES?

Una posibilidad que merece atención sería una alianza con México para proporcionar asistencia económica al régimen castrista.

La presidenta Claudia Sheinbaum mantiene relaciones de cooperación con La Habana, y México ha enviado alimentos y otros suministros. Una iniciativa conjunta de Brasil y México podría ampliar esos mecanismos mediante créditos, suministros energéticos o programas de asistencia.

Pero una cosa sería proporcionar ayuda humanitaria y otra comprometer miles de millones de dólares para sostener una economía en crisis. Hasta ahora no existe evidencia de semejante compromiso conjunto.

Brasil es la mayor economía latinoamericana, pero su influencia política no equivale a su tamaño económico. Sus principales mercados comerciales están fuera de América Latina, mientras numerosos países de la región mantienen relaciones económicas fundamentales con Estados Unidos.

Lula tampoco dispone de influencia suficiente demostrada para conseguir que los gobiernos europeos abandonen sus propias posiciones sobre Cuba.

Y existe otro obstáculo: la política estadounidense.

Una iniciativa brasileña destinada a proporcionar respaldo financiero sustancial al régimen podría provocar tensiones con Washington, especialmente si involucrara entidades sujetas a sanciones. Lula tendría que evaluar esos riesgos frente a los intereses comerciales y financieros brasileños.

EL VERDADERO DESAFÍO DE LULA

Lula podría convertirse en un aliado económico más importante del régimen castrista durante su nuevo mandato. También podría intentar movilizar a México y otros gobiernos para ampliar la asistencia.

Pero la verdadera medida de ese respaldo no estará en las declaraciones de solidaridad ni en las ventas comerciales, sino en los recursos extraordinarios que Brasil y sus posibles aliados estén dispuestos a comprometer y en los costos políticos y económicos que acepten asumir.

Sin compromisos de esa magnitud, hablar de un colchón económico para el castrismo seguirá siendo una hipótesis cuestionable.

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CAN LULA BECOME AN ECONOMIC CUSHION FOR THE CASTRO REGIME?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
October 28, 2026

Following Lula da Silva's reelection, the possibility has been raised that Brazil could become an economic cushion for the Castro regime. However, the available trade figures do not justify that expectation. The real question is what Lula would be willing to do during his next term.

In 2025, Brazil exported $283.4 million worth of goods to Cuba, while Cuban exports to Brazil barely reached $3 million. Brazil thus recorded a trade surplus of approximately $280.4 million.

Where is the supposed economic cushion? Purchasing goods does not mean receiving financial assistance. For Brazil to sustain the regime economically, it would have to provide loans, subsidies, donations, or investments on a considerable scale.

The comparison with the United States is revealing. In 2025, U.S. exports to Cuba reached approximately $809.6 million, almost three times Brazil's exports. If selling goods constituted economic support for the regime, the United States would have to be credited with an even greater role.

But there is a deeper problem: the scale of those imports compared with the needs of nine million Cubans.

The combined exports of both countries totaled approximately $1.093 billion annually. Spread across nine million inhabitants, they represent barely “$10 per person per month.” And those figures include goods that are not even food.

How could such a volume of trade resolve Cuba's food crisis?

Furthermore, when imported food is sold at prices beyond the means of most wage earners and pensioners, it mainly benefits those with higher incomes or access to foreign currency.

To become a genuine economic cushion, Brazil would have to provide assistance comparable to what Cuba received from the Soviet Union and later from Venezuela: subsidized oil, preferential loans, and support mechanisms amounting to billions of dollars.

Nothing yet demonstrates that Lula is willing or able to undertake similar commercial commitments during his next term.

COULD LULA SECURE ECONOMIC SUPPORT FROM OTHER COUNTRIES?

One possibility worth considering would be an alliance with Mexico to provide economic assistance to the Castro regime.

President Claudia Sheinbaum maintains cooperative relations with Havana, and Mexico has sent food and other supplies. A joint Brazilian-Mexican initiative could expand those arrangements through loans, energy supplies, or assistance programs.

But providing humanitarian aid is one thing; committing billions of dollars to sustain an economy in crisis is quite another. So far, there is no evidence of such a joint commitment.

Brazil is Latin America's largest economy, but its political influence does not match its economic size. Its main export markets are outside Latin America, while numerous countries in the region maintain economic relationships with the United States that are fundamental to their interests.

Nor has Lula demonstrated sufficient influence to persuade European governments to abandon their own positions on Cuba.

And there is another obstacle: U.S. policy.

A Brazilian initiative intended to provide substantial financial backing to the regime could create tensions with Washington, especially if it involved entities subject to sanctions. Lula would have to weigh those risks against Brazil's commercial and financial interests.

LULA'S REAL CHALLENGE

Lula could become a more important economic ally of the Castro regime during his new term. He could also attempt to mobilize Mexico and other governments to expand assistance.

But the true measure of that support will not be declarations of solidarity or commercial sales. It will be the extraordinary resources Brazil and its potential allies are willing to commit and the political and economic costs they are prepared to bear.

Without commitments on that scale, describing Brazil as an economic cushion for Castroism will remain a questionable hypothesis.

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LULA PEUT-IL DEVENIR UN MATELAS ÉCONOMIQUE POUR LE RÉGIME CASTRISTE ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
28 octobre 2026

À la suite de la réélection de Lula da Silva, la possibilité que le Brésil devienne un matelas économique pour le régime castriste est évoquée. Cependant, les chiffres commerciaux disponibles ne justifient pas cette attente. La véritable question est de savoir ce que Lula serait disposé à faire durant son prochain mandat.

En 2025, le Brésil a exporté vers Cuba des marchandises pour 283,4 millions de dollars, tandis que les exportations cubaines vers le Brésil ont à peine atteint trois millions. Le Brésil a ainsi enregistré un excédent commercial d'environ 280,4 millions de dollars.

Où est donc ce prétendu matelas économique ? Acheter des marchandises ne signifie pas recevoir une aide financière. Pour que le Brésil soutienne économiquement le régime, il devrait fournir des crédits, des subventions, des dons ou des investissements d'une ampleur considérable.

La comparaison avec les États-Unis est révélatrice. En 2025, les exportations américaines vers Cuba ont atteint environ 809,6 millions de dollars, soit presque trois fois celles du Brésil. Si la vente de marchandises constituait un soutien économique au régime, il faudrait attribuer aux États-Unis un rôle encore plus important.

Mais il existe un problème plus profond : l'ampleur de ces importations face aux besoins de neuf millions de Cubains.

Les exportations cumulées des deux pays ont représenté environ 1,093 milliard de dollars par an. Réparties entre neuf millions d'habitants, elles équivalent à peine à « 10 dollars par personne et par mois ». Et ces chiffres comprennent des marchandises qui ne sont même pas des produits alimentaires.

Comment un tel volume commercial pourrait-il résoudre la crise alimentaire cubaine ?

De plus, lorsque les aliments importés sont vendus à des prix incompatibles avec les salaires et les pensions de la majorité, ils profitent principalement à ceux qui disposent de revenus plus élevés ou de devises étrangères.

Pour devenir un véritable matelas économique, le Brésil devrait fournir une aide comparable à celle que Cuba a reçue de l'Union soviétique, puis du Venezuela : du pétrole subventionné, des crédits préférentiels et des mécanismes de soutien représentant des milliards de dollars.

Rien ne démontre encore que Lula soit disposé à prendre, ou puisse assumer, des engagements commerciaux similaires durant son prochain mandat.

LULA POURRAIT-IL OBTENIR UN SOUTIEN ÉCONOMIQUE D'AUTRES PAYS ?

Une possibilité qui mérite attention serait une alliance avec le Mexique afin de fournir une assistance économique au régime castriste.

La présidente Claudia Sheinbaum entretient des relations de coopération avec La Havane, et le Mexique a envoyé des aliments et d'autres fournitures. Une initiative conjointe du Brésil et du Mexique pourrait élargir ces mécanismes grâce à des crédits, des approvisionnements énergétiques ou des programmes d'assistance.

Mais fournir une aide humanitaire est une chose ; engager des milliards de dollars pour soutenir une économie en crise en est une autre. Jusqu'à présent, rien ne prouve l'existence d'un tel engagement conjoint.

Le Brésil est la première économie d'Amérique latine, mais son influence politique n'est pas à la mesure de sa taille économique. Ses principaux marchés commerciaux se trouvent hors d'Amérique latine, tandis que de nombreux pays de la région entretiennent des relations économiques fondamentales avec les États-Unis.

Lula n'a pas non plus démontré qu'il disposait d'une influence suffisante pour amener les gouvernements européens à abandonner leurs propres positions sur Cuba.

Et il existe un autre obstacle : la politique américaine.

Une initiative brésilienne visant à apporter un soutien financier substantiel au régime pourrait provoquer des tensions avec Washington, notamment si elle impliquait des entités soumises à des sanctions. Lula devrait évaluer ces risques au regard des intérêts commerciaux et financiers brésiliens.

LE VÉRITABLE DÉFI DE LULA

Lula pourrait devenir un allié économique plus important du régime castriste durant son nouveau mandat. Il pourrait également tenter de mobiliser le Mexique et d'autres gouvernements pour accroître l'assistance.

Mais la véritable mesure de ce soutien ne résidera ni dans les déclarations de solidarité ni dans les ventes commerciales, mais dans les ressources extraordinaires que le Brésil et ses éventuels alliés seront disposés à engager, ainsi que dans les coûts politiques et économiques qu'ils accepteront d'assumer.

Sans engagements d'une telle ampleur, parler d'un matelas économique pour le castrisme restera une hypothèse contestable.

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LULA PUÒ DIVENTARE UN CUSCINETTO ECONOMICO PER IL REGIME CASTRISTA?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
28 ottobre 2026

Dopo la rielezione di Lula da Silva, si prospetta la possibilità che il Brasile diventi un cuscinetto economico per il regime castrista. Tuttavia, i dati commerciali disponibili non giustificano tale aspettativa. La vera domanda è che cosa Lula sarebbe disposto a fare durante il suo prossimo mandato.

Nel 2025, il Brasile ha esportato a Cuba merci per 283,4 milioni di dollari, mentre le esportazioni cubane verso il Brasile hanno raggiunto appena tre milioni. Il Brasile ha così registrato un avanzo commerciale di circa 280,4 milioni di dollari.

Dov'è il presunto cuscinetto economico? Acquistare merci non significa ricevere aiuti finanziari. Per sostenere economicamente il regime, il Brasile dovrebbe fornire crediti, sussidi, donazioni o investimenti di notevole entità.

Il confronto con gli Stati Uniti è rivelatore. Nel 2025, le esportazioni statunitensi verso Cuba hanno raggiunto circa 809,6 milioni di dollari, quasi il triplo di quelle brasiliane. Se vendere merci costituisse un sostegno economico al regime, bisognerebbe attribuire agli Stati Uniti un ruolo ancora maggiore.

Ma esiste un problema più profondo: l'entità di queste importazioni rispetto alle necessità di nove milioni di cubani.

Le esportazioni complessive dei due paesi hanno raggiunto circa 1,093 miliardi di dollari all'anno. Ripartite tra nove milioni di abitanti, rappresentano appena «10 dollari al mese per persona». E queste cifre comprendono merci che non sono nemmeno prodotti alimentari.

Come potrebbe un simile volume commerciale risolvere la crisi alimentare cubana?

Inoltre, quando gli alimenti importati vengono venduti a prezzi incompatibili con i salari e le pensioni della maggioranza, ne beneficiano soprattutto coloro che dispongono di redditi più elevati o di valuta estera.

Per diventare un vero cuscinetto economico, il Brasile dovrebbe fornire un'assistenza paragonabile a quella che Cuba ricevette dall'Unione Sovietica e successivamente dal Venezuela: petrolio sovvenzionato, crediti agevolati e meccanismi di sostegno per miliardi di dollari.

Nulla dimostra ancora che Lula sia disposto o in grado di assumere impegni commerciali simili durante il suo prossimo mandato.

LULA POTREBBE OTTENERE SOSTEGNO ECONOMICO DA ALTRI PAESI?

Una possibilità che merita attenzione sarebbe un'alleanza con il Messico per fornire assistenza economica al regime castrista.

La presidente Claudia Sheinbaum mantiene rapporti di cooperazione con L'Avana, e il Messico ha inviato alimenti e altre forniture. Un'iniziativa congiunta di Brasile e Messico potrebbe ampliare questi meccanismi attraverso crediti, forniture energetiche o programmi di assistenza.

Ma fornire aiuti umanitari è una cosa; impegnare miliardi di dollari per sostenere un'economia in crisi è tutt'altra. Finora non esistono prove di un simile impegno congiunto.

Il Brasile è la maggiore economia dell'America Latina, ma la sua influenza politica non corrisponde alle sue dimensioni economiche. I suoi principali mercati commerciali si trovano fuori dall'America Latina, mentre numerosi paesi della regione mantengono rapporti economici fondamentali con gli Stati Uniti.

Lula non ha nemmeno dimostrato di possedere un'influenza sufficiente per convincere i governi europei ad abbandonare le proprie posizioni su Cuba.

Ed esiste un altro ostacolo: la politica statunitense.

Un'iniziativa brasiliana volta a fornire un sostegno finanziario sostanziale al regime potrebbe provocare tensioni con Washington, soprattutto se coinvolgesse entità soggette a sanzioni. Lula dovrebbe valutare questi rischi rispetto agli interessi commerciali e finanziari brasiliani.

LA VERA SFIDA DI LULA

Lula potrebbe diventare un alleato economico più importante del regime castrista durante il suo nuovo mandato. Potrebbe anche tentare di mobilitare il Messico e altri governi per ampliare l'assistenza.

Ma la vera misura di questo sostegno non sarà nelle dichiarazioni di solidarietà né nelle vendite commerciali, bensì nelle risorse straordinarie che il Brasile e i suoi possibili alleati saranno disposti a impegnare e nei costi politici ed economici che accetteranno di sostenere.

Senza impegni di tale portata, parlare di un cuscinetto economico per il castrismo rimarrà un'ipotesi discutibile.

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EL VERDADERO PELIGRO DE VIOLENCIA EN VENEZUELA

 


EL VERDADERO PELIGRO DE VIOLENCIA EN VENEZUELA

Los venezolanos no pueden seguir siendo espectadores de su propio destino

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
27 de octubre de 2026

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha advertido sobre el peligro de que Venezuela termine envuelta en un conflicto armado si fracasa el proceso de transición política impulsado por Washington. Es una preocupación legítima. Pero hay una pregunta fundamental: ¿de dónde proviene realmente ese peligro?

La violencia no necesariamente surge cuando un pueblo reclama participar en las decisiones sobre su futuro. Puede surgir, precisamente, cuando se le niega esa participación y pierde la esperanza de conseguir sus derechos por medios pacíficos.

Antes del regreso de María Corina Machado a Venezuela, se estaba desarrollando una situación particularmente peligrosa. Estados Unidos ha dirigido los acontecimientos mediante negociaciones con Delcy Rodríguez y sus asociados, mientras millones de venezolanos han observado cómo se decidía el destino de su país sin que sus representantes democráticos participaran efectivamente en las conversaciones.

El pueblo venezolano había protagonizado una prolongada lucha por recuperar sus libertades. Había acudido a las urnas, soportado persecuciones y mantenido sus aspiraciones democráticas frente a enormes dificultades. Sin embargo, cuando llegó el momento de negociar el futuro del país, se encontró desplazado del proceso.

A esa frustración se añadía otra circunstancia: María Corina Machado, principal figura de la oposición democrática, permanecía fuera de Venezuela. Su ausencia profundizaba la sensación de que las decisiones fundamentales estaban en manos ajenas a la voluntad popular.

Mientras tanto, las condiciones de vida continuaban deteriorándose. Las dificultades económicas, la precariedad de los servicios públicos y la incertidumbre aumentaban la presión sobre una sociedad que llevaba años esperando cambios.

La combinación de exclusión política, frustración popular y deterioro económico constituía un terreno propicio para la violencia.

No significa que una confrontación armada fuera inevitable, sino que el riesgo aumentaba mientras se cerraban las posibilidades de participación democrática.

Desde esta perspectiva, el regreso de María Corina Machado no representa necesariamente una complicación para la transición. Constituye, por el contrario, una oportunidad para encauzar pacíficamente el descontento popular.

Los dirigentes que cuentan con respaldo ciudadano pueden desempeñar un papel decisivo en momentos de crisis. Su presencia permite organizar las demandas populares y ofrecer alternativas a quienes comienzan a perder la esperanza.

Pero esa posibilidad depende también de Washington.

Estados Unidos puede invocar razones estratégicas para procurar una transición gradual, evitar el desmoronamiento institucional y mantener interlocutores dentro de las estructuras actuales del poder. Esos objetivos no son necesariamente incompatibles con la democratización.

El problema aparece cuando la estabilidad inmediata se convierte en una justificación para postergar indefinidamente la participación popular.

Una transición negociada exclusivamente entre Washington y quienes administran el poder en Caracas puede producir acuerdos políticos y económicos. Pero difícilmente conseguirá legitimidad duradera si los venezolanos continúan siendo espectadores de su propio destino.

Aquí aparece la contradicción fundamental de la advertencia de Rubio.

Si Washington teme que Venezuela desemboque en un conflicto violento, debería preguntarse si la exclusión de las fuerzas democráticas no constituye precisamente uno de los factores que podrían provocar ese desenlace.

La participación de María Corina Machado y de la Plataforma Unitaria Democrática no garantiza por sí sola una transición pacífica. Pero mantenerlas al margen priva al proceso de una representación política indispensable y aumenta el riesgo de que las frustraciones populares se acumulen sin una salida institucional.

La solución consiste en establecer un calendario creíble de reformas y elecciones libres, con garantías para todas las partes y participación efectiva de las fuerzas democráticas.

La advertencia de Marco Rubio merece ser tomada en serio. Pero la conclusión no debería ser que hay que limitar la participación popular para evitar la violencia. Debería ser exactamente la contraria: cuanto más se excluya a los venezolanos de las decisiones sobre su país, mayor será el peligro de que la transición termine escapando al control de quienes pretenden dirigirla.

La paz duradera en Venezuela no puede construirse a espaldas de los venezolanos.

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THE REAL DANGER OF VIOLENCE IN VENEZUELA

Venezuelans Cannot Remain Spectators of Their Own Destiny

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
October 27, 2026

U.S. Secretary of State Marco Rubio has warned of the danger that Venezuela could become engulfed in an armed conflict if the political transition process promoted by Washington fails. It is a legitimate concern. But there is a fundamental question: where does that danger really come from?

Violence does not necessarily arise when a people demand a role in decisions about their future. It can arise precisely when they are denied that participation and lose hope of securing their rights through peaceful means.

Before María Corina Machado returned to Venezuela, a particularly dangerous situation was developing. The United States has directed events through negotiations with Delcy Rodríguez and her associates, while millions of Venezuelans have watched their country's destiny being decided without their democratic representatives effectively participating in the talks.

The Venezuelan people had waged a prolonged struggle to regain their freedoms. They had gone to the polls, endured persecution, and maintained their democratic aspirations in the face of enormous difficulties. Yet when the time came to negotiate the country's future, they found themselves excluded from the process.

Another circumstance added to that frustration: María Corina Machado, the leading figure of the democratic opposition, remained outside Venezuela. Her absence deepened the feeling that fundamental decisions were in the hands of people disconnected from the popular will.

Meanwhile, living conditions continued to deteriorate. Economic hardship, inadequate public services, and uncertainty increased the pressure on a society that had been waiting for change for years.

The combination of political exclusion, popular frustration, and economic deterioration created fertile ground for violence.

This does not mean that armed confrontation was inevitable, but rather that the risk increased as opportunities for democratic participation narrowed.

From this perspective, María Corina Machado's return does not necessarily represent a complication for the transition. On the contrary, it offers an opportunity to channel popular discontent peacefully.

Leaders who enjoy public support can play a decisive role in times of crisis. Their presence helps organize popular demands and offer alternatives to those beginning to lose hope.

But that possibility also depends on Washington.

The United States may invoke strategic reasons for seeking a gradual transition, preventing institutional collapse, and maintaining interlocutors within existing power structures. These objectives are not necessarily incompatible with democratization.

The problem arises when immediate stability becomes a justification for indefinitely postponing popular participation.

A transition negotiated exclusively between Washington and those administering power in Caracas may produce political and economic agreements. But it will hardly achieve lasting legitimacy if Venezuelans remain spectators of their own destiny.

Here lies the fundamental contradiction in Rubio's warning.

If Washington fears that Venezuela could descend into violent conflict, it should ask whether the exclusion of democratic forces is itself one of the factors that could bring about that outcome.

The participation of María Corina Machado and the Democratic Unitary Platform does not, by itself, guarantee a peaceful transition. But keeping them on the sidelines deprives the process of indispensable political representation and increases the risk that popular frustrations will accumulate without an institutional way out.

The solution is to establish a credible timetable for reforms and free elections, with guarantees for all parties and effective participation by democratic forces.

Marco Rubio's warning deserves to be taken seriously. But the conclusion should not be that popular participation must be restricted to prevent violence. It should be exactly the opposite: the more Venezuelans are excluded from decisions about their country, the greater the danger that the transition will escape the control of those seeking to direct it.

Lasting peace in Venezuela cannot be built behind the backs of Venezuelans.

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LE VÉRITABLE DANGER DE VIOLENCE AU VENEZUELA

Les Vénézuéliens ne peuvent plus rester spectateurs de leur propre destin

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
27 octobre 2026

Le secrétaire d'État américain, Marco Rubio, a mis en garde contre le risque que le Venezuela soit plongé dans un conflit armé si le processus de transition politique soutenu par Washington échoue. C'est une préoccupation légitime. Mais une question fondamentale se pose : d'où vient réellement ce danger ?

La violence ne surgit pas nécessairement lorsqu'un peuple réclame de participer aux décisions concernant son avenir. Elle peut surgir précisément lorsqu'on lui refuse cette participation et qu'il perd l'espoir d'obtenir ses droits par des moyens pacifiques.

Avant le retour de María Corina Machado au Venezuela, une situation particulièrement dangereuse se développait. Les États-Unis ont dirigé les événements par des négociations avec Delcy Rodríguez et ses associés, tandis que des millions de Vénézuéliens ont observé comment le destin de leur pays se décidait sans que leurs représentants démocratiques participent effectivement aux discussions.

Le peuple vénézuélien avait mené une longue lutte pour retrouver ses libertés. Il s'était rendu aux urnes, avait subi des persécutions et avait maintenu ses aspirations démocratiques malgré d'énormes difficultés. Pourtant, lorsque le moment est venu de négocier l'avenir du pays, il s'est retrouvé écarté du processus.

Une autre circonstance s'ajoutait à cette frustration : María Corina Machado, principale figure de l'opposition démocratique, demeurait hors du Venezuela. Son absence renforçait le sentiment que les décisions fondamentales étaient entre des mains étrangères à la volonté populaire.

Pendant ce temps, les conditions de vie continuaient de se détériorer. Les difficultés économiques, la précarité des services publics et l'incertitude accentuaient la pression sur une société qui attendait des changements depuis des années.

La combinaison de l'exclusion politique, de la frustration populaire et de la détérioration économique constituait un terrain propice à la violence.

Cela ne signifie pas qu'un affrontement armé était inévitable, mais que le risque augmentait à mesure que les possibilités de participation démocratique se réduisaient.

Dans cette perspective, le retour de María Corina Machado ne représente pas nécessairement une complication pour la transition. Il constitue, au contraire, une occasion de canaliser pacifiquement le mécontentement populaire.

Les dirigeants bénéficiant du soutien des citoyens peuvent jouer un rôle décisif en période de crise. Leur présence permet d'organiser les revendications populaires et d'offrir des solutions à ceux qui commencent à perdre espoir.

Mais cette possibilité dépend aussi de Washington.

Les États-Unis peuvent invoquer des raisons stratégiques pour rechercher une transition progressive, éviter l'effondrement institutionnel et maintenir des interlocuteurs au sein des structures actuelles du pouvoir. Ces objectifs ne sont pas nécessairement incompatibles avec la démocratisation.

Le problème apparaît lorsque la stabilité immédiate devient une justification pour reporter indéfiniment la participation populaire.

Une transition négociée exclusivement entre Washington et ceux qui exercent le pouvoir à Caracas peut aboutir à des accords politiques et économiques. Mais elle pourra difficilement obtenir une légitimité durable si les Vénézuéliens continuent d'être spectateurs de leur propre destin.

C'est là qu'apparaît la contradiction fondamentale de l'avertissement de Rubio.

Si Washington craint que le Venezuela sombre dans un conflit violent, il devrait se demander si l'exclusion des forces démocratiques ne constitue pas précisément l'un des facteurs susceptibles de provoquer une telle issue.

La participation de María Corina Machado et de la Plateforme unitaire démocratique ne garantit pas, à elle seule, une transition pacifique. Mais les maintenir à l'écart prive le processus d'une représentation politique indispensable et accroît le risque que les frustrations populaires s'accumulent sans issue institutionnelle.

La solution consiste à établir un calendrier crédible de réformes et d'élections libres, avec des garanties pour toutes les parties et une participation effective des forces démocratiques.

L'avertissement de Marco Rubio mérite d'être pris au sérieux. Mais la conclusion ne devrait pas être qu'il faut limiter la participation populaire pour éviter la violence. Elle devrait être exactement inverse : plus les Vénézuéliens seront exclus des décisions concernant leur pays, plus grand sera le danger que la transition échappe au contrôle de ceux qui prétendent la diriger.

Une paix durable au Venezuela ne peut se construire dans le dos des Vénézuéliens.

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IL VERO PERICOLO DI VIOLENZA IN VENEZUELA

I venezuelani non possono continuare a essere spettatori del proprio destino

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
27 ottobre 2026

Il segretario di Stato americano, Marco Rubio, ha messo in guardia dal pericolo che il Venezuela finisca coinvolto in un conflitto armato se il processo di transizione politica promosso da Washington dovesse fallire. È una preoccupazione legittima. Ma c'è una domanda fondamentale: da dove proviene realmente questo pericolo?

La violenza non nasce necessariamente quando un popolo rivendica il diritto di partecipare alle decisioni sul proprio futuro. Può nascere, precisamente, quando quella partecipazione gli viene negata e perde la speranza di ottenere i propri diritti con mezzi pacifici.

Prima del ritorno di María Corina Machado in Venezuela, si stava sviluppando una situazione particolarmente pericolosa. Gli Stati Uniti hanno diretto gli avvenimenti attraverso negoziati con Delcy Rodríguez e i suoi collaboratori, mentre milioni di venezuelani hanno osservato come si decidesse il destino del loro paese senza che i loro rappresentanti democratici partecipassero effettivamente alle trattative.

Il popolo venezuelano aveva condotto una lunga lotta per riconquistare le proprie libertà. Si era recato alle urne, aveva sopportato persecuzioni e aveva mantenuto vive le proprie aspirazioni democratiche nonostante enormi difficoltà. Tuttavia, quando è arrivato il momento di negoziare il futuro del paese, si è ritrovato escluso dal processo.

A questa frustrazione si aggiungeva un'altra circostanza: María Corina Machado, principale figura dell'opposizione democratica, rimaneva fuori dal Venezuela. La sua assenza rafforzava la sensazione che le decisioni fondamentali fossero nelle mani di persone estranee alla volontà popolare.

Nel frattempo, le condizioni di vita continuavano a peggiorare. Le difficoltà economiche, la precarietà dei servizi pubblici e l'incertezza aumentavano la pressione su una società che attendeva cambiamenti da anni.

La combinazione di esclusione politica, frustrazione popolare e deterioramento economico costituiva un terreno fertile per la violenza.

Ciò non significa che uno scontro armato fosse inevitabile, ma che il rischio aumentava mentre si restringevano le possibilità di partecipazione democratica.

Da questa prospettiva, il ritorno di María Corina Machado non rappresenta necessariamente una complicazione per la transizione. Costituisce, al contrario, un'opportunità per incanalare pacificamente il malcontento popolare.

I leader che godono del sostegno dei cittadini possono svolgere un ruolo decisivo nei momenti di crisi. La loro presenza permette di organizzare le richieste popolari e offrire alternative a coloro che cominciano a perdere la speranza.

Ma questa possibilità dipende anche da Washington.

Gli Stati Uniti possono invocare ragioni strategiche per perseguire una transizione graduale, evitare il collasso istituzionale e mantenere interlocutori all'interno delle attuali strutture di potere. Questi obiettivi non sono necessariamente incompatibili con la democratizzazione.

Il problema nasce quando la stabilità immediata diventa una giustificazione per rinviare indefinitamente la partecipazione popolare.

Una transizione negoziata esclusivamente tra Washington e coloro che amministrano il potere a Caracas può produrre accordi politici ed economici. Ma difficilmente otterrà una legittimità duratura se i venezuelani continueranno a essere spettatori del proprio destino.

Qui emerge la contraddizione fondamentale dell'avvertimento di Rubio.

Se Washington teme che il Venezuela precipiti in un conflitto violento, dovrebbe chiedersi se l'esclusione delle forze democratiche non costituisca proprio uno dei fattori che potrebbero provocare tale esito.

La partecipazione di María Corina Machado e della Piattaforma Unitaria Democratica non garantisce, da sola, una transizione pacifica. Ma tenerle ai margini priva il processo di una rappresentanza politica indispensabile e aumenta il rischio che le frustrazioni popolari si accumulino senza uno sbocco istituzionale.

La soluzione consiste nello stabilire un calendario credibile di riforme ed elezioni libere, con garanzie per tutte le parti e una partecipazione effettiva delle forze democratiche.

L'avvertimento di Marco Rubio merita di essere preso sul serio. Ma la conclusione non dovrebbe essere che bisogna limitare la partecipazione popolare per evitare la violenza. Dovrebbe essere esattamente il contrario: quanto più i venezuelani saranno esclusi dalle decisioni sul proprio paese, tanto maggiore sarà il pericolo che la transizione sfugga al controllo di coloro che pretendono di dirigerla.

Una pace duratura in Venezuela non può essere costruita alle spalle dei venezuelani.

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GEORGINA CID CRESPO: LA MUJER QUE PREFIRIÓ PERDER A SU HERMANO ANTES QUE TRAICIONAR A SUS COMPAÑEROS


 

GEORGINA CID CRESPO: LA MUJER QUE PREFIRIÓ PERDER A SU HERMANO ANTES QUE TRAICIONAR A SUS COMPAÑEROS

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
26 de octubre de 2026

El fallecimiento de Georgina Cid Crespo, conocida cariñosamente como “Yoyi”, nos recuerda una de las historias más conmovedoras del presidio político cubano. Una mujer que sufrió casi 17 años de encarcelamiento y perdió a varios familiares en la lucha contra las dictaduras de Fulgencio Batista y Fidel Castro.

José Bello, en una nota publicada con motivo de su fallecimiento, informa que Georgina murió en el Saint Anne’s Nursing Center, donde llevaba tiempo recibiendo atención. Había sido condenada en 1961 a veinte años de prisión, en la causa 123, por un tribunal de La Habana. Permaneció encarcelada durante 16 años, nueve meses y cuatro días.

La familia Cid sufrió pérdidas bajo dos dictaduras. Según Bello, su hermano Eladio “Lalo” fue asesinado durante los sucesos de la embajada de Haití, bajo el gobierno de Batista. Su padre, Eladio Cid Vergara, murió en los calabozos de la Seguridad del Estado castrista. Otro hermano, Francisco, fue fusilado en Santiago de Cuba el 12 de diciembre de 1969, después de desembarcar con un comando que pretendía establecer un frente guerrillero en Oriente.

Pero detrás de aquella última tragedia existe una historia extraordinaria, reconstruida por la periodista Myriam Márquez en su reportaje “Heroínas olvidadas del presidio político”, publicado por The Miami Herald en diciembre de 2008.

El 7 de diciembre de 1969, Georgina estaba encarcelada en América Libre, una granja de trabajos forzados situada en las afueras de La Habana. Dos interrogadores le plantearon una terrible alternativa: denunciar las actividades clandestinas de sus compañeros o permitir que su hermano Francisco fuera ejecutado.

Georgina explicó a Márquez, casi cuatro décadas después, que estaba dispuesta a entregar su propia vida para salvar la de Francisco, a quien consideraba mejor y más útil que ella. Pero no podía poner en peligro la seguridad de otras personas, ni siquiera para salvar a alguien tan querido.

Aquella decisión revela la dimensión moral de su resistencia. No se trataba solamente de soportar interrogatorios, privaciones y años de prisión. Se enfrentaba a una elección que podía perseguirla durante el resto de su existencia: salvar a su hermano a costa de entregar a sus compañeros o permanecer fiel a sus principios.

Francisco fue fusilado cinco días después. Márquez describe el último encuentro entre ambos: un hombre golpeado, demacrado y reducido físicamente por el cautiverio, que pudo abrazar por última vez a su hermana. Dejó una esposa encarcelada, Ofelia Rodríguez, y un hijo pequeño.

El reportaje también rescata la historia de miles de cubanas que padecieron prisión por enfrentarse al régimen castrista. Muchas habían respaldado inicialmente la revolución, pero terminaron oponiéndose a ella cuando las promesas democráticas fueron sustituidas por la represión política.

Georgina compartió con aquellas mujeres años de sufrimiento, solidaridad y resistencia. Algunas fueron conocidas como las plantadas porque rechazaron los programas de reeducación política impuestos por sus carceleros.

Después de recuperar su libertad, Georgina reconstruyó su vida en Miami junto a Orlando Castro García, también antiguo preso político, fallecido el 23 de octubre de 2025, según informa José Bello.

En el reportaje de Márquez, Georgina recordaba con especial gratitud haber conocido durante su encarcelamiento a mujeres de extraordinarios valores morales y espirituales, unidas por el sufrimiento y la solidaridad.

Su muerte nos deja una responsabilidad: preservar la memoria de quienes sacrificaron su libertad, sus familias y, en numerosos casos, sus vidas por sus convicciones.

Georgina Cid Crespo representa a una generación de cubanas cuya historia merece ser conocida por las nuevas generaciones.

Descanse en paz.

Fuentes: José Bello, nota sobre el fallecimiento de Georgina Cid Crespo, 26 de octubre de 2026. Myriam Márquez, “Heroínas olvidadas del presidio político”, The Miami Herald, diciembre de 2008.

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GEORGINA CID CRESPO: THE WOMAN WHO CHOSE TO LOSE HER BROTHER RATHER THAN BETRAY HER FELLOW PRISONERS

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
October 26, 2026

The death of Georgina Cid Crespo, affectionately known as “Yoyi,” recalls one of the most moving stories of Cuba's political prisoners. She endured almost 17 years of imprisonment and lost several family members in the struggle against the dictatorships of Fulgencio Batista and Fidel Castro.

In a tribute published following her death, José Bello reports that Georgina died at Saint Anne’s Nursing Center, where she had been receiving care for some time. In 1961, a Havana court sentenced her to twenty years in prison in case number 123. She remained imprisoned for 16 years, nine months, and four days.

The Cid family suffered losses under two dictatorships. According to Bello, her brother Eladio “Lalo” was killed during the events surrounding the Haitian embassy under Batista's government. Her father, Eladio Cid Vergara, died in the cells of Castro's State Security. Another brother, Francisco, was executed in Santiago de Cuba on December 12, 1969, after landing with a commando group that intended to establish a guerrilla front in eastern Cuba.

But behind that last tragedy lies an extraordinary story, reconstructed by journalist Myriam Márquez in her report “Forgotten Heroines of Political Imprisonment,” published by The Miami Herald in December 2008.

On December 7, 1969, Georgina was imprisoned at América Libre, a forced-labor farm outside Havana. Two interrogators presented her with a terrible choice: reveal the clandestine activities of her fellow prisoners or allow her brother Francisco to be executed.

Nearly four decades later, Georgina explained to Márquez that she would have willingly given her own life to save Francisco, whom she considered a better and more useful person than herself. But she could not endanger the safety of others, not even to save someone she loved so dearly.

That decision reveals the moral dimension of her resistance. It was not simply a matter of enduring interrogations, deprivation, and years in prison. She faced a choice that could haunt her for the rest of her life: save her brother by betraying her companions or remain faithful to her principles.

Francisco was executed five days later. Márquez describes their final meeting: a beaten, emaciated man, physically weakened by captivity, who was able to embrace his sister one last time. He left behind an imprisoned wife, Ofelia Rodríguez, and a young son.

The report also recovers the history of thousands of Cuban women imprisoned for opposing the Castro regime. Many had initially supported the revolution but eventually turned against it when democratic promises gave way to political repression.

Georgina shared years of suffering, solidarity, and resistance with those women. Some became known as the plantadas because they refused the political reeducation programs imposed by their jailers.

After regaining her freedom, Georgina rebuilt her life in Miami alongside Orlando Castro García, also a former political prisoner, who died on October 23, 2025, according to José Bello.

In Márquez's report, Georgina recalled with particular gratitude the extraordinary moral and spiritual qualities of the women she met during her imprisonment, united by suffering and solidarity.

Her death leaves us with a responsibility: to preserve the memory of those who sacrificed their freedom, their families, and, in many cases, their lives for their convictions.

Georgina Cid Crespo represents a generation of Cuban women whose history deserves to be known by future generations.

May she rest in peace.

Sources: José Bello, tribute following the death of Georgina Cid Crespo, October 26, 2026. Myriam Márquez, “Heroínas olvidadas del presidio político,” The Miami Herald, December 2008.

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GEORGINA CID CRESPO : LA FEMME QUI PRÉFÉRA PERDRE SON FRÈRE PLUTÔT QUE DE TRAHIR SES COMPAGNONS

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
26 octobre 2026

La mort de Georgina Cid Crespo, affectueusement surnommée « Yoyi », nous rappelle l'une des histoires les plus bouleversantes des prisonniers politiques cubains. Cette femme a subi près de 17 années d'emprisonnement et perdu plusieurs membres de sa famille dans la lutte contre les dictatures de Fulgencio Batista et de Fidel Castro.

Dans un hommage publié à l'occasion de son décès, José Bello rapporte que Georgina est morte au Saint Anne’s Nursing Center, où elle recevait des soins depuis quelque temps. En 1961, un tribunal de La Havane l'avait condamnée à vingt ans de prison dans l'affaire numéro 123. Elle est restée emprisonnée pendant 16 ans, neuf mois et quatre jours.

La famille Cid a subi des pertes sous deux dictatures. Selon Bello, son frère Eladio « Lalo » fut assassiné lors des événements de l'ambassade d'Haïti, sous le gouvernement de Batista. Son père, Eladio Cid Vergara, mourut dans les cachots de la Sécurité de l'État castriste. Un autre frère, Francisco, fut fusillé à Santiago de Cuba le 12 décembre 1969, après avoir débarqué avec un commando qui cherchait à établir un front de guérilla dans l'est de Cuba.

Mais derrière cette dernière tragédie se cache une histoire extraordinaire, reconstituée par la journaliste Myriam Márquez dans son reportage « Heroínas olvidadas del presidio político », publié par The Miami Herald en décembre 2008.

Le 7 décembre 1969, Georgina était emprisonnée à América Libre, une ferme de travaux forcés située aux environs de La Havane. Deux interrogateurs lui présentèrent une terrible alternative : dénoncer les activités clandestines de ses compagnons ou laisser son frère Francisco être exécuté.

Près de quatre décennies plus tard, Georgina expliqua à Márquez qu'elle aurait volontiers donné sa propre vie pour sauver Francisco, qu'elle considérait comme meilleur et plus utile qu'elle-même. Mais elle ne pouvait mettre en danger la sécurité d'autres personnes, même pour sauver un être aussi cher.

Cette décision révèle la dimension morale de sa résistance. Il ne s'agissait pas seulement de supporter les interrogatoires, les privations et les années de prison. Elle affrontait un choix susceptible de la poursuivre toute sa vie : sauver son frère au prix de la trahison de ses compagnons ou rester fidèle à ses principes.

Francisco fut fusillé cinq jours plus tard. Márquez décrit leur dernière rencontre : un homme battu, amaigri et physiquement affaibli par la captivité, qui put embrasser sa sœur une dernière fois. Il laissait derrière lui une épouse emprisonnée, Ofelia Rodríguez, et un jeune fils.

Le reportage retrace également l'histoire de milliers de Cubaines emprisonnées pour s'être opposées au régime castriste. Beaucoup avaient initialement soutenu la révolution, mais finirent par s'y opposer lorsque les promesses démocratiques furent remplacées par la répression politique.

Georgina partagea avec ces femmes des années de souffrance, de solidarité et de résistance. Certaines furent connues sous le nom de plantadas parce qu'elles refusaient les programmes de rééducation politique imposés par leurs geôliers.

Après avoir retrouvé la liberté, Georgina reconstruisit sa vie à Miami aux côtés d'Orlando Castro García, lui aussi ancien prisonnier politique, décédé le 23 octobre 2025, selon José Bello.

Dans le reportage de Márquez, Georgina évoquait avec une gratitude particulière les femmes aux qualités morales et spirituelles extraordinaires qu'elle avait rencontrées pendant son emprisonnement, unies par la souffrance et la solidarité.

Sa mort nous laisse une responsabilité : préserver la mémoire de ceux qui ont sacrifié leur liberté, leur famille et, dans de nombreux cas, leur vie pour leurs convictions.

Georgina Cid Crespo représente une génération de Cubaines dont l'histoire mérite d'être connue des nouvelles générations.

Qu'elle repose en paix.

Sources : José Bello, hommage à Georgina Cid Crespo, 26 octobre 2026. Myriam Márquez, « Heroínas olvidadas del presidio político », The Miami Herald, décembre 2008.

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GEORGINA CID CRESPO: LA DONNA CHE PREFERÌ PERDERE SUO FRATELLO PIUTTOSTO CHE TRADIRE I SUOI COMPAGNI

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
26 ottobre 2026

La morte di Georgina Cid Crespo, affettuosamente conosciuta come “Yoyi”, ci ricorda una delle storie più commoventi dei prigionieri politici cubani. Una donna che sopportò quasi 17 anni di carcere e perse diversi familiari nella lotta contro le dittature di Fulgencio Batista e Fidel Castro.

In una nota pubblicata in occasione della sua morte, José Bello riferisce che Georgina è deceduta al Saint Anne’s Nursing Center, dove riceveva assistenza da tempo. Nel 1961 era stata condannata a vent'anni di carcere da un tribunale dell'Avana, nel procedimento numero 123. Rimase in prigione per 16 anni, nove mesi e quattro giorni.

La famiglia Cid subì perdite sotto due dittature. Secondo Bello, suo fratello Eladio “Lalo” fu ucciso durante gli eventi dell'ambasciata di Haiti, sotto il governo di Batista. Suo padre, Eladio Cid Vergara, morì nelle celle della Sicurezza dello Stato castrista. Un altro fratello, Francisco, fu fucilato a Santiago de Cuba il 12 dicembre 1969, dopo essere sbarcato con un commando che intendeva stabilire un fronte guerrigliero nella parte orientale di Cuba.

Ma dietro quest'ultima tragedia si nasconde una storia straordinaria, ricostruita dalla giornalista Myriam Márquez nel suo reportage “Heroínas olvidadas del presidio político”, pubblicato da The Miami Herald nel dicembre 2008.

Il 7 dicembre 1969, Georgina era detenuta ad América Libre, una fattoria di lavori forzati alla periferia dell'Avana. Due interrogatori le presentarono una terribile alternativa: denunciare le attività clandestine dei suoi compagni oppure lasciare che suo fratello Francisco venisse giustiziato.

Quasi quattro decenni dopo, Georgina spiegò a Márquez che sarebbe stata disposta a dare la propria vita per salvare Francisco, che considerava migliore e più utile di lei. Ma non poteva mettere in pericolo la sicurezza di altre persone, neppure per salvare qualcuno che amava così profondamente.

Quella decisione rivela la dimensione morale della sua resistenza. Non si trattava soltanto di sopportare interrogatori, privazioni e anni di prigionia. Si trovava davanti a una scelta che avrebbe potuto perseguitarla per il resto della vita: salvare suo fratello tradendo i compagni oppure rimanere fedele ai propri principi.

Francisco fu fucilato cinque giorni dopo. Márquez descrive il loro ultimo incontro: un uomo picchiato, emaciato e fisicamente debilitato dalla prigionia, che poté abbracciare sua sorella per l'ultima volta. Lasciò una moglie incarcerata, Ofelia Rodríguez, e un figlio piccolo.

Il reportage recupera anche la storia di migliaia di donne cubane imprigionate per essersi opposte al regime castrista. Molte avevano inizialmente sostenuto la rivoluzione, ma finirono per opporvisi quando le promesse democratiche furono sostituite dalla repressione politica.

Georgina condivise con quelle donne anni di sofferenza, solidarietà e resistenza. Alcune divennero note come plantadas perché rifiutavano i programmi di rieducazione politica imposti dai loro carcerieri.

Dopo aver riacquistato la libertà, Georgina ricostruì la propria vita a Miami accanto a Orlando Castro García, anche lui ex prigioniero politico, morto il 23 ottobre 2025, secondo quanto riferisce José Bello.

Nel reportage di Márquez, Georgina ricordava con particolare gratitudine di aver conosciuto durante la prigionia donne dalle straordinarie qualità morali e spirituali, unite dalla sofferenza e dalla solidarietà.

La sua morte ci lascia una responsabilità: preservare la memoria di coloro che sacrificarono la libertà, le famiglie e, in numerosi casi, la vita per le proprie convinzioni.

Georgina Cid Crespo rappresenta una generazione di donne cubane la cui storia merita di essere conosciuta dalle nuove generazioni.

Riposi in pace.

Fonti: José Bello, nota sulla morte di Georgina Cid Crespo, 26 ottobre 2026. Myriam Márquez, “Heroínas olvidadas del presidio político”, The Miami Herald, dicembre 2008.

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