LA OEA: ¿UNA RESPUESTA PARA AMÉRICA O UNA ORGANIZACIÓN DE DIPLOMÁTICOS?

 

LA OEA: ¿UNA RESPUESTA PARA AMÉRICA O UNA ORGANIZACIÓN DE DIPLOMÁTICOS?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

La decisión de la Organización de Estados Americanos de convocar una reunión extraordinaria para analizar la situación de Nicaragua debería servir para discutir algo mucho más importante que las nuevas maniobras del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra la oposición.

La cuestión fundamental es si la OEA está preparada para defender a las democracias americanas frente a las amenazas del siglo XXI.

El mundo ha cambiado. Rusia, China e Irán buscan ampliar su presencia e influencia en América Latina. Sus intereses y métodos son diferentes, pero los tres comprenden la importancia estratégica de nuestro continente y procuran aumentar aquí su influencia política, económica, tecnológica y, en determinados casos, militar y de inteligencia.

En este escenario, la existencia de dictaduras latinoamericanas adquiere una dimensión geopolítica que la OEA no puede ignorar.

Una democracia cuenta con oposición, prensa independiente, elecciones competitivas e instituciones fiscalizadoras. Una dictadura elimina esos contrapesos y puede establecer acuerdos estratégicos, comprometer recursos nacionales o ampliar relaciones militares y de inteligencia sin responder ante instituciones independientes.

Cuba constituye un antecedente histórico. Fidel Castro no se conformó con imponer una dictadura en la Isla. Su régimen apoyó y entrenó movimientos guerrilleros que pretendían conquistar el poder en otros países y convirtió su alianza con la Unión Soviética en un factor de confrontación hemisférica.

Pero la penetración castrista tampoco se limitó a las guerrillas. Llegó hasta algunas de las instituciones más sensibles de Estados Unidos.

Ana Belén Montes, analista de la Agencia de Inteligencia de Defensa, trabajó para la inteligencia cubana y fue condenada a 25 años de prisión. Víctor Manuel Rocha ocupó importantes posiciones en el Departamento de Estado, integró el Consejo de Seguridad Nacional y fue embajador en Bolivia. En 2024 admitió haber actuado durante décadas como agente del régimen cubano y fue condenado a 15 años.

Y no hablamos solamente del pasado. En agosto de 2026, el Departamento de Estado acusó al régimen cubano de mantener una red destinada a identificar, captar y radicalizar personas en Estados Unidos.

Si la inteligencia castrista logró penetrar durante décadas instituciones de un país con enormes recursos de contrainteligencia, es razonable preguntarse hasta dónde habrá podido llegar en otras naciones del continente con recursos mucho más limitados.

Hugo Chávez demostró después que la influencia autoritaria tampoco necesitaba depender de guerrillas. Llegó al poder mediante elecciones y encontró en Fidel Castro un aliado fundamental. La cooperación política, el asesoramiento en represión e inteligencia y la protección recíproca ofrecían otros instrumentos. Daniel Ortega forma parte de esa historia: regresó al poder mediante elecciones y posteriormente desmontó los controles democráticos que podían limitarlo.

Pero las dictaduras exportan inestabilidad de otras maneras.

El narcotráfico representa una amenaza directa a la democracia. Para expandirse necesita corromper funcionarios, penetrar policías y fuerzas armadas, comprar protección, intimidar jueces y fiscales, lavar dinero e influir sobre estructuras políticas.

Cuando las organizaciones criminales acumulan poder aparecen territorios dominados por grupos violentos, extorsiones, secuestros y asesinatos. Si el Estado democrático parece incapaz de proteger a la población y evitar que sus funcionarios sean comprados, comienza a deteriorarse la confianza ciudadana en la propia democracia. El narcotráfico deja entonces de ser solamente un problema criminal para convertirse también en una amenaza política.

La represión también atraviesa fronteras: opositores de las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela han sido víctimas de asesinatos o atentados después de refugiarse en otros países. Cuando una dictadura persigue a sus adversarios fuera de su territorio, deja de ser un problema interno y se convierte en una amenaza a la soberanía y seguridad de otras naciones.

Finalmente están las migraciones. Cuando la represión y el fracaso económico obligan a cientos de miles o millones de personas a abandonar su patria, otras naciones terminan soportando parte de las consecuencias económicas y sociales.

Penetración de potencias autoritarias extracontinentales, espionaje e influencia, narcotráfico, corrupción, violencia, represión transnacional y migraciones demuestran una misma realidad: la ausencia de democracia en una nación puede convertirse en un factor de inestabilidad para las demás.

Defender la democracia ya no es solamente una obligación moral. Es también una cuestión de seguridad colectiva.

Aquí la OEA debe responder una pregunta: ¿está preparada para las necesidades reales del continente o continuará siendo fundamentalmente una organización de diplomáticos que discuten y aprueban resoluciones mientras los problemas se agravan?

Nicaragua demuestra la contradicción. No fue Nicaragua la que decidió abandonar la OEA. Fue el régimen de Ortega y Murillo el que retiró al país después de que el organismo cuestionara las elecciones de 2021 y la destrucción del orden democrático.

Ningún gobierno debería poder asumir compromisos democráticos, violarlos sistemáticamente y después retirar al país de la OEA para escapar del escrutinio regional. Sería premiar al infractor.

La OEA necesita instrumentos adecuados a una realidad en la que la destrucción de la democracia puede amenazar la seguridad y estabilidad de otros Estados.

Ortega y Murillo pudieron retirar a Nicaragua de la OEA. No pueden retirar a Nicaragua de América.

Defender la democracia de cada nación es también defender la seguridad de todas.

La OEA tiene que decidir qué quiere ser: un foro donde los gobiernos discuten los problemas de América o una organización capaz de contribuir efectivamente a resolverlos.

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THE OAS: AN ANSWER FOR THE AMERICAS OR AN ORGANIZATION OF DIPLOMATS?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

The decision by the Organization of American States to convene an extraordinary meeting to examine the situation in Nicaragua should serve to discuss something far more important than the latest maneuvers by the regime of Daniel Ortega and Rosario Murillo against the opposition.

The fundamental question is whether the OAS is prepared to defend the democracies of the Americas against the threats of the twenty-first century.

The world has changed. Russia, China and Iran seek to expand their presence and influence in Latin America. Their interests and methods differ, but all three understand the strategic importance of our continent and seek to increase their political, economic, technological and, in certain cases, military and intelligence influence here.

In this environment, the existence of Latin American dictatorships acquires a geopolitical dimension that the OAS cannot ignore.

A democracy has an opposition, an independent press, competitive elections and institutions that provide oversight. A dictatorship eliminates those checks and balances and can enter into strategic agreements, commit national resources or expand military and intelligence relationships without being accountable to independent institutions.

Cuba provides a historical precedent. Fidel Castro was not satisfied with imposing a dictatorship on the Island. His regime supported and trained guerrilla movements that sought to seize power in other countries and turned its alliance with the Soviet Union into a source of hemispheric confrontation.

But Castro's penetration was not limited to guerrilla movements. It reached some of the most sensitive institutions of the United States.

Ana Belén Montes, an analyst at the Defense Intelligence Agency, worked for Cuban intelligence and was sentenced to 25 years in prison. Víctor Manuel Rocha held important positions in the State Department, served on the National Security Council and was U.S. ambassador to Bolivia. In 2024 he admitted that he had secretly acted for decades as an agent of the Cuban regime and was sentenced to 15 years in prison.

And we are not talking only about the past. In August 2026, the State Department accused the Cuban regime of maintaining a network designed to identify, recruit and radicalize people in the United States.

If Castro's intelligence services were able for decades to penetrate institutions of a country with enormous counterintelligence resources, it is reasonable to ask how far that penetration may have gone in other nations of the hemisphere with much more limited capabilities.

Hugo Chávez later demonstrated that authoritarian influence no longer needed to depend on guerrillas. He came to power through elections and found a fundamental ally in Fidel Castro. Political cooperation, advice on repression and intelligence, and mutual protection provided other instruments. Daniel Ortega is part of that history: he returned to power through elections and later dismantled the democratic checks that could limit him.

But dictatorships export instability in other ways.

Drug trafficking represents a direct threat to democracy. To expand, it needs to corrupt public officials, penetrate police and armed forces, purchase protection, intimidate judges and prosecutors, launder money and influence political structures.

When criminal organizations accumulate power, territories dominated by violent groups, extortion, kidnapping and murder appear. If a democratic state seems unable to protect its population and prevent its officials from being bought, public confidence in democracy itself begins to deteriorate. Drug trafficking then ceases to be merely a criminal problem and becomes a political threat as well.

Repression also crosses borders: opponents of the dictatorships in Cuba, Nicaragua and Venezuela have been victims of killings or attacks after seeking refuge in other countries. When a dictatorship persecutes its adversaries beyond its territory, it ceases to be an internal problem and becomes a threat to the sovereignty and security of other nations.

Finally, there is migration. When repression and economic failure force hundreds of thousands or millions of people to leave their homeland, other countries end up bearing part of the economic and social consequences.

Penetration by extra-hemispheric authoritarian powers, espionage and influence operations, drug trafficking, corruption, violence, transnational repression and migration all demonstrate the same reality: the absence of democracy in one nation can become a source of instability for others.

Defending democracy is no longer merely a moral obligation. It is also a matter of collective security.

The OAS must therefore answer a question: is it prepared to meet the real needs of the continent, or will it remain fundamentally an organization of diplomats who debate and approve resolutions while problems continue to worsen?

Nicaragua demonstrates the contradiction. It was not Nicaragua that decided to leave the OAS. It was the Ortega-Murillo regime that withdrew the country after the organization questioned the 2021 elections and the destruction of democratic order.

No government should be able to assume democratic commitments, systematically violate them and then withdraw the country from the OAS to escape regional scrutiny. That would reward the offender.

The OAS needs instruments suited to a reality in which the destruction of democracy can threaten the security and stability of other states.

Ortega and Murillo were able to withdraw Nicaragua from the OAS. They cannot remove Nicaragua from the Americas.

Defending the democracy of each nation is also defending the security of them all.

The OAS must decide what it wants to be: a forum where governments discuss the problems of the Americas or an organization capable of contributing effectively to solving them.

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L’OEA : UNE RÉPONSE POUR LES AMÉRIQUES OU UNE ORGANISATION DE DIPLOMATES ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

La décision de l’Organisation des États américains de convoquer une réunion extraordinaire pour examiner la situation au Nicaragua devrait permettre de discuter d’une question bien plus importante que les nouvelles manœuvres du régime de Daniel Ortega et Rosario Murillo contre l’opposition.

La question fondamentale est de savoir si l’OEA est prête à défendre les démocraties des Amériques face aux menaces du XXIe siècle.

Le monde a changé. La Russie, la Chine et l’Iran cherchent à accroître leur présence et leur influence en Amérique latine. Leurs intérêts et leurs méthodes sont différents, mais tous trois comprennent l’importance stratégique de notre continent et cherchent à y renforcer leur influence politique, économique, technologique et, dans certains cas, militaire et de renseignement.

Dans ce contexte, l’existence de dictatures latino-américaines acquiert une dimension géopolitique que l’OEA ne peut ignorer.

Une démocratie dispose d’une opposition, d’une presse indépendante, d’élections compétitives et d’institutions de contrôle. Une dictature élimine ces contre-pouvoirs et peut conclure des accords stratégiques, engager des ressources nationales ou développer des relations militaires et de renseignement sans avoir à rendre de comptes à des institutions indépendantes.

Cuba constitue un précédent historique. Fidel Castro ne s’est pas contenté d’imposer une dictature sur l’île. Son régime a soutenu et entraîné des mouvements de guérilla qui cherchaient à prendre le pouvoir dans d’autres pays et a transformé son alliance avec l’Union soviétique en facteur de confrontation dans l’hémisphère.

Mais la pénétration castriste ne s’est pas limitée aux guérillas. Elle a atteint certaines des institutions les plus sensibles des États-Unis.

Ana Belén Montes, analyste à la Defense Intelligence Agency, a travaillé pour les services de renseignement cubains et a été condamnée à 25 ans de prison. Víctor Manuel Rocha a occupé d’importantes fonctions au Département d’État, a siégé au Conseil de sécurité nationale et a été ambassadeur des États-Unis en Bolivie. En 2024, il a reconnu avoir secrètement agi pendant des décennies comme agent du régime cubain et a été condamné à 15 ans de prison.

Et il ne s’agit pas seulement du passé. En août 2026, le Département d’État a accusé le régime cubain de maintenir aux États-Unis un réseau destiné à identifier, recruter et radicaliser des personnes.

Si les services de renseignement castristes ont réussi pendant des décennies à pénétrer les institutions d’un pays disposant d’énormes moyens de contre-espionnage, il est raisonnable de se demander jusqu’où cette pénétration a pu aller dans d’autres nations du continent disposant de ressources beaucoup plus limitées.

Hugo Chávez a ensuite démontré que l’influence autoritaire n’avait plus besoin de dépendre des guérillas. Il est arrivé au pouvoir par les élections et a trouvé en Fidel Castro un allié fondamental. La coopération politique, les conseils en matière de répression et de renseignement ainsi que la protection réciproque offraient d’autres instruments. Daniel Ortega fait partie de cette histoire : il est revenu au pouvoir par les élections avant de démanteler progressivement les contrôles démocratiques susceptibles de limiter son pouvoir.

Mais les dictatures exportent aussi l’instabilité d’autres manières.

Le narcotrafic représente une menace directe pour la démocratie. Pour se développer, il doit corrompre des fonctionnaires, infiltrer la police et les forces armées, acheter des protections, intimider les juges et les procureurs, blanchir de l’argent et influencer les structures politiques.

Lorsque les organisations criminelles accumulent du pouvoir, apparaissent des territoires dominés par des groupes violents, les extorsions, les enlèvements et les assassinats. Si l’État démocratique semble incapable de protéger la population et d’empêcher l’achat de ses fonctionnaires, la confiance des citoyens dans la démocratie elle-même commence à se détériorer. Le narcotrafic cesse alors d’être uniquement un problème criminel et devient également une menace politique.

La répression franchit elle aussi les frontières : des opposants aux dictatures de Cuba, du Nicaragua et du Venezuela ont été victimes d’assassinats ou d’attentats après s’être réfugiés dans d’autres pays. Lorsqu’une dictature poursuit ses adversaires hors de son territoire, elle cesse d’être un problème interne et devient une menace pour la souveraineté et la sécurité d’autres nations.

Enfin viennent les migrations. Lorsque la répression et l’échec économique obligent des centaines de milliers ou des millions de personnes à abandonner leur patrie, d’autres nations finissent par supporter une partie des conséquences économiques et sociales.

Pénétration de puissances autoritaires extra-continentales, espionnage et influence, narcotrafic, corruption, violence, répression transnationale et migrations démontrent une même réalité : l’absence de démocratie dans une nation peut devenir un facteur d’instabilité pour les autres.

Défendre la démocratie n’est donc plus seulement une obligation morale. C’est aussi une question de sécurité collective.

L’OEA doit répondre à une question : est-elle prête à répondre aux besoins réels du continent ou restera-t-elle fondamentalement une organisation de diplomates qui débattent et adoptent des résolutions tandis que les problèmes continuent de s’aggraver ?

Le Nicaragua illustre cette contradiction. Ce n’est pas le Nicaragua qui a décidé de quitter l’OEA. C’est le régime d’Ortega et Murillo qui a retiré le pays après que l’organisation eut remis en cause les élections de 2021 et dénoncé la destruction de l’ordre démocratique.

Aucun gouvernement ne devrait pouvoir assumer des engagements démocratiques, les violer systématiquement puis retirer son pays de l’OEA afin d’échapper au contrôle régional. Ce serait récompenser le contrevenant.

L’OEA a besoin d’instruments adaptés à une réalité dans laquelle la destruction de la démocratie peut menacer la sécurité et la stabilité d’autres États.

Ortega et Murillo ont pu retirer le Nicaragua de l’OEA. Ils ne peuvent pas retirer le Nicaragua des Amériques.

Défendre la démocratie de chaque nation, c’est aussi défendre la sécurité de toutes.

L’OEA doit décider ce qu’elle veut être : un forum où les gouvernements discutent des problèmes des Amériques ou une organisation capable de contribuer efficacement à leur résolution.

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L’OSA: UNA RISPOSTA PER LE AMERICHE O UN’ORGANIZZAZIONE DI DIPLOMATICI?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

La decisione dell’Organizzazione degli Stati Americani di convocare una riunione straordinaria per analizzare la situazione in Nicaragua dovrebbe servire a discutere qualcosa di molto più importante delle nuove manovre del regime di Daniel Ortega e Rosario Murillo contro l’opposizione.

La questione fondamentale è se l’OSA sia preparata a difendere le democrazie delle Americhe dalle minacce del XXI secolo.

Il mondo è cambiato. Russia, Cina e Iran cercano di ampliare la loro presenza e influenza in America Latina. I loro interessi e metodi sono diversi, ma tutti e tre comprendono l’importanza strategica del nostro continente e cercano di aumentare qui la propria influenza politica, economica, tecnologica e, in determinati casi, militare e di intelligence.

In questo scenario, l’esistenza di dittature latinoamericane assume una dimensione geopolitica che l’OSA non può ignorare.

Una democrazia dispone di opposizione, stampa indipendente, elezioni competitive e istituzioni di controllo. Una dittatura elimina questi contrappesi e può concludere accordi strategici, impegnare risorse nazionali o ampliare relazioni militari e di intelligence senza dover rispondere a istituzioni indipendenti.

Cuba costituisce un precedente storico. Fidel Castro non si accontentò di imporre una dittatura sull’Isola. Il suo regime sostenne e addestrò movimenti guerriglieri che cercavano di conquistare il potere in altri paesi e trasformò la propria alleanza con l’Unione Sovietica in un fattore di confronto nell’emisfero.

Ma la penetrazione castrista non si limitò alle guerriglie. Raggiunse alcune delle istituzioni più sensibili degli Stati Uniti.

Ana Belén Montes, analista della Defense Intelligence Agency, lavorò per l’intelligence cubana e fu condannata a 25 anni di carcere. Víctor Manuel Rocha ricoprì importanti incarichi nel Dipartimento di Stato, fece parte del Consiglio di Sicurezza Nazionale e fu ambasciatore degli Stati Uniti in Bolivia. Nel 2024 ammise di aver agito segretamente per decenni come agente del regime cubano e fu condannato a 15 anni di carcere.

E non stiamo parlando soltanto del passato. Nell’agosto 2026, il Dipartimento di Stato accusò il regime cubano di mantenere negli Stati Uniti una rete destinata a identificare, reclutare e radicalizzare persone.

Se l’intelligence castrista è riuscita per decenni a penetrare le istituzioni di un paese dotato di enormi risorse di controspionaggio, è ragionevole chiedersi fino a che punto tale penetrazione possa essere arrivata in altre nazioni del continente con risorse molto più limitate.

Hugo Chávez dimostrò successivamente che l’influenza autoritaria non aveva più bisogno di dipendere dalle guerriglie. Arrivò al potere attraverso le elezioni e trovò in Fidel Castro un alleato fondamentale. La cooperazione politica, la consulenza nella repressione e nell’intelligence e la protezione reciproca offrivano altri strumenti. Daniel Ortega fa parte di questa storia: tornò al potere attraverso le elezioni e successivamente smantellò i controlli democratici che potevano limitarlo.

Ma le dittature esportano instabilità anche in altri modi.

Il narcotraffico rappresenta una minaccia diretta alla democrazia. Per espandersi deve corrompere funzionari, infiltrare polizia e forze armate, comprare protezione, intimidire giudici e procuratori, riciclare denaro e influenzare le strutture politiche.

Quando le organizzazioni criminali accumulano potere compaiono territori dominati da gruppi violenti, estorsioni, sequestri e omicidi. Se lo Stato democratico appare incapace di proteggere la popolazione e impedire che i suoi funzionari vengano comprati, la fiducia dei cittadini nella democrazia stessa comincia a deteriorarsi. Il narcotraffico smette allora di essere soltanto un problema criminale e diventa anche una minaccia politica.

Anche la repressione attraversa le frontiere: oppositori delle dittature di Cuba, Nicaragua e Venezuela sono stati vittime di omicidi o attentati dopo essersi rifugiati in altri paesi. Quando una dittatura perseguita i propri avversari fuori dal suo territorio, cessa di essere un problema interno e diventa una minaccia alla sovranità e alla sicurezza di altre nazioni.

Infine ci sono le migrazioni. Quando la repressione e il fallimento economico costringono centinaia di migliaia o milioni di persone ad abbandonare la propria patria, altre nazioni finiscono per sostenere parte delle conseguenze economiche e sociali.

Penetrazione di potenze autoritarie extracontinentali, spionaggio e influenza, narcotraffico, corruzione, violenza, repressione transnazionale e migrazioni dimostrano una stessa realtà: l’assenza di democrazia in una nazione può trasformarsi in un fattore di instabilità per le altre.

Difendere la democrazia non è più soltanto un obbligo morale. È anche una questione di sicurezza collettiva.

L’OSA deve quindi rispondere a una domanda: è preparata a rispondere alle reali necessità del continente oppure continuerà a essere fondamentalmente un’organizzazione di diplomatici che discutono e approvano risoluzioni mentre i problemi continuano ad aggravarsi?

Il Nicaragua dimostra la contraddizione. Non è stato il Nicaragua a decidere di abbandonare l’OSA. È stato il regime di Ortega e Murillo a ritirare il paese dopo che l’organizzazione aveva messo in discussione le elezioni del 2021 e la distruzione dell’ordine democratico.

Nessun governo dovrebbe poter assumere impegni democratici, violarli sistematicamente e poi ritirare il proprio paese dall’OSA per sfuggire al controllo regionale. Significherebbe premiare il trasgressore.

L’OSA ha bisogno di strumenti adeguati a una realtà nella quale la distruzione della democrazia può minacciare la sicurezza e la stabilità di altri Stati.

Ortega e Murillo hanno potuto ritirare il Nicaragua dall’OSA. Non possono ritirare il Nicaragua dalle Americhe.

Difendere la democrazia di ogni nazione significa anche difendere la sicurezza di tutte.

L’OSA deve decidere che cosa vuole essere: un forum nel quale i governi discutono i problemi delle Americhe oppure un’organizzazione capace di contribuire efficacemente a risolverli.

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CUBA: UNA CADENA DE HAMBRE Y ABUSOS



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CUBA: UNA CADENA DE HAMBRE Y ABUSOS

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

El vendedor callejero es probablemente la víctima más frágil de la crisis alimentaria creada por el régimen.

No importa alimentos, no controla las divisas ni fija los precios. Muchas veces todo su capital cabe en unas pocas bolsas. Compra productos a mipymes que los comercializan al por mayor, los divide en cantidades menores y sale a venderlos en la calle. Ocupa así el último eslabón de una cadena que permite que determinados alimentos lleguen finalmente al consumidor.

Compra para vender y vende para poder comer.

Entonces aparece la policía.

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El video que acompaña este artículo muestra una escena que los cubanos conocen demasiado bien. La policía interviene contra vendedores informales y uno de los agentes se marcha cargando dos bolsas de pollo en cada mano. Las personas presentes reaccionan con evidente indignación ante el decomiso y protestan por lo que están viendo.

La escena no muestra solamente la confiscación de unos alimentos. Muestra también el choque entre una población que conoce el valor que tiene hoy una bolsa de pollo y una autoridad que utiliza su poder contra el eslabón más débil de la cadena.

La imagen resume una realidad mucho mayor.

Ese pollo no apareció por arte de magia en manos del vendedor. Antes recorrió una cadena de importación y distribución. En ella participan empresas estatales, importadores, mipymes, mayoristas y otros intermediarios. El pequeño vendedor compra al final de esa cadena, fracciona la mercancía y trata de obtener una ganancia vendiéndola al consumidor.

Cada intermediario necesita obtener su margen y cada operación puede aumentar el precio. Al final está la familia cubana tratando de comprar comida con un salario o una pensión cuyo poder adquisitivo ha sido destruido.

Pero esa cadena tiene además una característica fundamental: no todos los cubanos tienen las mismas oportunidades de participar en ella.

LOS PRIVILEGIADOS ESTÁN ARRIBA

En los niveles más lucrativos están quienes tienen acceso al capital, las divisas, las importaciones, los permisos, los almacenes y la distribución mayorista. Nada de esto funciona independientemente del régimen. El Estado decide quién puede operar, importar, ampliar un negocio o continuar funcionando.

En una dictadura, economía y política no están separadas.

Los privilegiados, los vinculados al sistema y los incondicionales pueden encontrar oportunidades que no están disponibles en las mismas condiciones para quienes se enfrentan públicamente al régimen.

La experiencia de los opositores cubanos es muy diferente. Disentir abiertamente puede costarles el empleo y cerrarles las puertas para conseguir otro. La persecución puede llegar incluso a una pequeña empresa privada: cuando un opositor consigue trabajo, la policía o la Seguridad del Estado puede presionar al propietario para que lo despida.

Por eso es engañoso hablar del sector privado cubano como si existiera un mercado donde todos pudieran competir libremente.

En Cuba, el control económico es también un instrumento de control político. Se premia la obediencia y se castiga la disidencia.

Y mientras los mejor situados participan en los niveles superiores de la cadena, abajo queda el más vulnerable: el hombre o la mujer que compra unos paquetes para revenderlos en una esquina.

EL MÁS DÉBIL ES EL MÁS FÁCIL DE PERSEGUIR

El vendedor informal no controla ninguna de las causas de la crisis.

No destruyó la agricultura cubana. No provocó la falta de producción. No controla las importaciones ni determina el valor del peso. Tampoco es responsable de que un salario o una pensión resulten insuficientes para alimentar a una familia.

Es simplemente otro cubano tratando de sobrevivir.

Pero es mucho más fácil perseguir a un hombre con unas bolsas de pollo que enfrentarse a las causas del hambre.

La policía puede detenerlo, quitarle la mercancía y multarlo.

Y aquí aparece otro abuso conocido por el pueblo.

En un país donde todos padecen la escasez, los alimentos decomisados tienen un enorme valor. Los decomisos ofrecen a policías e inspectores la oportunidad de quedarse con productos para consumirlos o revenderlos.

La contradicción es brutal: el vendedor que compró el pollo para ganar unos pesos puede regresar a su casa sin mercancía y sin dinero, mientras el policía se marcha cargando los alimentos decomisados.

PERSEGUIR AL VENDEDOR NO PRODUCE COMIDA

El régimen puede presentar estas operaciones como una lucha contra las ilegalidades, la especulación y los precios abusivos.

Pero quitarle el pollo a un vendedor callejero no produce un solo pollo más.

No aumenta la producción agrícola.

No abarata las importaciones.

No recupera el poder adquisitivo del salario.

No aumenta las pensiones.

No llena los mercados.

Simplemente cambia las manos que controlan esos alimentos.

La crisis alimentaria cubana no consiste solamente en la falta de comida. Existe una cadena económica y política construida alrededor de la escasez. En la parte superior se encuentran quienes tienen acceso, permisos, capital y protección. En la parte inferior están quienes sobreviven revendiendo pequeñas cantidades y una población empobrecida que intenta comprar lo indispensable.

El vendedor callejero no creó esa cadena.

La cadena lo creó a él.

Primero el sistema fracasa en producir suficientes alimentos. Después obliga a depender de las importaciones. La mercancía atraviesa sucesivos intermediarios y llega cada vez más cara al consumidor. La necesidad crea al revendedor informal y, finalmente, el régimen envía a la policía contra él.

Volvamos entonces a la imagen con la que comenzamos.

Un vendedor pierde su mercancía.

Un policía se marcha con dos bolsas de pollo en cada mano.

Y el pueblo continúa pasando hambre.

Esa imagen resume una cadena en la que los privilegiados están arriba, los indefensos están abajo y el poder decide quién puede prosperar, quién puede vender y hasta quién puede quedarse con la comida.

Esa es Cuba: una cadena de hambre y abusos.

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CUBA: A CHAIN OF HUNGER AND ABUSE

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

The street vendor is probably the most vulnerable victim of the food crisis created by the regime.

He does not import food, control foreign currency, or set prices. Often, his entire capital fits into just a few bags. He buys products from MSMEs that sell them wholesale, divides them into smaller quantities, and goes out into the streets to sell them. He thus occupies the final link in a chain that allows certain foods to eventually reach consumers.

He buys in order to sell, and sells in order to eat.

Then the police appear.

The video accompanying this article shows a scene Cubans know all too well. The police move against informal vendors, and one of the officers walks away carrying two bags of chicken in each hand. The people present react with clear indignation at the confiscation and protest what they are witnessing.

The scene does not show only the confiscation of food. It also shows the clash between a population that knows how valuable a bag of chicken has become and an authority using its power against the weakest link in the chain.

The image summarizes a much larger reality.

That chicken did not magically appear in the vendor's hands. Before reaching him, it traveled through a chain of imports and distribution. State companies, importers, MSMEs, wholesalers, and other intermediaries participate in that chain. The small vendor buys at the end of it, divides the merchandise into smaller quantities, and tries to make a profit by selling it to consumers.

Every intermediary needs a margin, and every transaction can increase the price. At the end of the chain is the Cuban family trying to buy food with a salary or pension whose purchasing power has been destroyed.

But this chain has another fundamental characteristic: not all Cubans have the same opportunities to participate in it.

THE PRIVILEGED ARE AT THE TOP

At the most profitable levels are those with access to capital, foreign currency, imports, permits, warehouses, and wholesale distribution. None of this operates independently of the regime. The state decides who may operate, import, expand a business, or remain in business.

In a dictatorship, economics and politics are not separate.

The privileged, those connected to the system, and those loyal to it can find opportunities that are not available under the same conditions to people who publicly oppose the regime.

The experience of Cuban dissidents is very different. Open dissent can cost them their jobs and close the doors to finding another one. Persecution can reach even a small private business: when a dissident finds employment, the police or State Security can pressure the owner to fire that person.

That is why it is misleading to speak of Cuba's private sector as though there were a market in which everyone could compete freely.

In Cuba, economic control is also an instrument of political control. Obedience is rewarded and dissent is punished.

And while those who are best positioned participate in the upper levels of the chain, the most vulnerable person remains at the bottom: the man or woman who buys a few packages to resell on a street corner.

THE WEAKEST ARE THE EASIEST TO PERSECUTE

The informal vendor controls none of the causes of the crisis.

He did not destroy Cuban agriculture. He did not cause the lack of production. He does not control imports or determine the value of the peso. Nor is he responsible for wages and pensions being insufficient to feed a family.

He is simply another Cuban trying to survive.

But it is much easier to persecute a man carrying bags of chicken than to confront the causes of hunger.

The police can detain him, confiscate his merchandise, and fine him.

And here another abuse, well known to the people, appears.

In a country where everyone suffers from scarcity, confiscated food has enormous value. Confiscations give police officers and inspectors the opportunity to keep products for their own consumption or to resell them.

The contradiction is brutal: the vendor who bought the chicken to earn a few pesos can return home without merchandise and without money, while the police officer walks away carrying the confiscated food.

PERSECUTING THE VENDOR DOES NOT PRODUCE FOOD

The regime can present these operations as a fight against illegal activity, speculation, and abusive prices.

But taking chicken away from a street vendor does not produce a single additional chicken.

It does not increase agricultural production.

It does not make imports cheaper.

It does not restore the purchasing power of wages.

It does not increase pensions.

It does not fill the markets.

It simply changes the hands controlling that food.

Cuba's food crisis is not merely a shortage of food. An economic and political chain has been built around scarcity. At the top are those with access, permits, capital, and protection. At the bottom are those who survive by reselling small quantities and an impoverished population trying to buy the essentials.

The street vendor did not create that chain.

The chain created him.

First, the system fails to produce enough food. Then it forces the country to depend on imports. The merchandise passes through successive intermediaries and reaches consumers at ever higher prices. Necessity creates the informal reseller and, finally, the regime sends the police after him.

Let us return to the image with which we began.

A vendor loses his merchandise.

A police officer walks away with two bags of chicken in each hand.

And the people continue to go hungry.

That image summarizes a chain in which the privileged are at the top, the defenseless are at the bottom, and those in power decide who can prosper, who can sell, and even who can keep the food.

That is Cuba: a chain of hunger and abuse.

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CUBA : UNE CHAÎNE DE FAIM ET D’ABUS

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

Le vendeur de rue est probablement la victime la plus vulnérable de la crise alimentaire créée par le régime.

Il n'importe pas de denrées alimentaires, ne contrôle pas les devises et ne fixe pas les prix. Souvent, tout son capital tient dans quelques sacs. Il achète des produits auprès de MPME qui les commercialisent en gros, les divise en plus petites quantités et va les vendre dans la rue. Il constitue ainsi le dernier maillon d'une chaîne qui permet à certains aliments d'arriver finalement jusqu'au consommateur.

Il achète pour vendre et vend pour pouvoir manger.

Puis la police arrive.

La vidéo qui accompagne cet article montre une scène que les Cubains connaissent trop bien. La police intervient contre des vendeurs informels et l'un des agents repart avec deux sacs de poulet dans chaque main. Les personnes présentes réagissent avec une indignation évidente face à la confiscation et protestent contre ce qu'elles voient.

La scène ne montre pas seulement la confiscation de denrées alimentaires. Elle montre aussi le choc entre une population qui connaît la valeur qu'a aujourd'hui un sac de poulet et une autorité qui utilise son pouvoir contre le maillon le plus faible de la chaîne.

Cette image résume une réalité beaucoup plus vaste.

Ce poulet n'est pas apparu comme par magie entre les mains du vendeur. Auparavant, il a parcouru une chaîne d'importation et de distribution. Des entreprises d'État, des importateurs, des MPME, des grossistes et d'autres intermédiaires y participent. Le petit vendeur achète au bout de cette chaîne, fractionne la marchandise et essaie de réaliser un bénéfice en la vendant au consommateur.

Chaque intermédiaire doit obtenir sa marge et chaque opération peut augmenter le prix. Au bout de la chaîne se trouve la famille cubaine qui tente d'acheter de la nourriture avec un salaire ou une pension dont le pouvoir d'achat a été détruit.

Mais cette chaîne possède également une caractéristique fondamentale : tous les Cubains n'ont pas les mêmes possibilités d'y participer.

LES PRIVILÉGIÉS SONT EN HAUT

Aux niveaux les plus lucratifs se trouvent ceux qui ont accès au capital, aux devises, aux importations, aux autorisations, aux entrepôts et à la distribution en gros. Rien de tout cela ne fonctionne indépendamment du régime. L'État décide qui peut exercer une activité, importer, développer une entreprise ou continuer à fonctionner.

Dans une dictature, l'économie et la politique ne sont pas séparées.

Les privilégiés, ceux qui sont liés au système et ceux qui lui sont inconditionnellement fidèles peuvent accéder à des possibilités qui ne sont pas offertes dans les mêmes conditions à ceux qui s'opposent publiquement au régime.

L'expérience des opposants cubains est très différente. Manifester ouvertement son désaccord peut leur coûter leur emploi et leur fermer les portes d'un autre travail. La persécution peut même atteindre une petite entreprise privée : lorsqu'un opposant trouve un emploi, la police ou la Sécurité de l'État peut faire pression sur le propriétaire pour qu'il le licencie.

Il est donc trompeur de parler du secteur privé cubain comme s'il existait un marché où tous pourraient librement se faire concurrence.

À Cuba, le contrôle économique est également un instrument de contrôle politique. L'obéissance est récompensée et la dissidence est punie.

Et tandis que les mieux placés participent aux niveaux supérieurs de la chaîne, le plus vulnérable reste tout en bas : l'homme ou la femme qui achète quelques paquets pour les revendre au coin d'une rue.

LE PLUS FAIBLE EST LE PLUS FACILE À PERSÉCUTER

Le vendeur informel ne contrôle aucune des causes de la crise.

Il n'a pas détruit l'agriculture cubaine. Il n'est pas responsable de l'insuffisance de la production. Il ne contrôle pas les importations et ne détermine pas la valeur du peso. Il n'est pas non plus responsable du fait qu'un salaire ou une pension ne suffise plus à nourrir une famille.

C'est simplement un autre Cubain qui essaie de survivre.

Mais il est beaucoup plus facile de persécuter un homme portant quelques sacs de poulet que de s'attaquer aux causes de la faim.

La police peut l'arrêter, lui confisquer sa marchandise et lui infliger une amende.

Et c'est là qu'apparaît un autre abus bien connu de la population.

Dans un pays où tout le monde souffre de la pénurie, les aliments confisqués ont une valeur considérable. Les confiscations donnent aux policiers et aux inspecteurs la possibilité de garder des produits pour leur propre consommation ou de les revendre.

La contradiction est brutale : le vendeur qui a acheté le poulet pour gagner quelques pesos peut rentrer chez lui sans marchandise et sans argent, tandis que le policier repart avec les aliments confisqués.

PERSÉCUTER LE VENDEUR NE PRODUIT PAS DE NOURRITURE

Le régime peut présenter ces opérations comme une lutte contre les activités illégales, la spéculation et les prix abusifs.

Mais confisquer le poulet d'un vendeur de rue ne produit pas un seul poulet supplémentaire.

Cela n'augmente pas la production agricole.

Cela ne réduit pas le coût des importations.

Cela ne rétablit pas le pouvoir d'achat des salaires.

Cela n'augmente pas les pensions.

Cela ne remplit pas les marchés.

Cela ne fait que changer les mains qui contrôlent ces aliments.

La crise alimentaire cubaine ne se résume pas au manque de nourriture. Une chaîne économique et politique s'est construite autour de la pénurie. En haut se trouvent ceux qui disposent d'accès, d'autorisations, de capital et de protection. En bas se trouvent ceux qui survivent en revendant de petites quantités et une population appauvrie qui tente d'acheter le strict nécessaire.

Le vendeur de rue n'a pas créé cette chaîne.

C'est la chaîne qui l'a créé.

D'abord, le système échoue à produire suffisamment de nourriture. Ensuite, il contraint le pays à dépendre des importations. La marchandise passe par des intermédiaires successifs et arrive au consommateur à un prix toujours plus élevé. La nécessité crée le revendeur informel et, finalement, le régime envoie la police contre lui.

Revenons donc à l'image par laquelle nous avons commencé.

Un vendeur perd sa marchandise.

Un policier repart avec deux sacs de poulet dans chaque main.

Et le peuple continue d'avoir faim.

Cette image résume une chaîne dans laquelle les privilégiés sont en haut, les sans-défense sont en bas et le pouvoir décide qui peut prospérer, qui peut vendre et même qui peut garder la nourriture.

C'est cela, Cuba : une chaîne de faim et d'abus.

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CUBA: UNA CATENA DI FAME E ABUSI

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

Il venditore ambulante è probabilmente la vittima più vulnerabile della crisi alimentare creata dal regime.

Non importa alimenti, non controlla la valuta estera e non stabilisce i prezzi. Spesso tutto il suo capitale entra in poche borse. Compra prodotti dalle MPMI che li commercializzano all'ingrosso, li divide in quantità più piccole e va a venderli per strada. Occupa così l'ultimo anello di una catena che permette a determinati alimenti di arrivare finalmente al consumatore.

Compra per vendere e vende per poter mangiare.

Poi arriva la polizia.

Il video che accompagna questo articolo mostra una scena che i cubani conoscono fin troppo bene. La polizia interviene contro i venditori informali e uno degli agenti si allontana portando due borse di pollo in ciascuna mano. Le persone presenti reagiscono con evidente indignazione davanti alla confisca e protestano per ciò che stanno vedendo.

La scena non mostra soltanto la confisca di alcuni alimenti. Mostra anche lo scontro tra una popolazione che conosce il valore che oggi ha una borsa di pollo e un'autorità che usa il proprio potere contro l'anello più debole della catena.

L'immagine riassume una realtà molto più ampia.

Quel pollo non è apparso per magia nelle mani del venditore. Prima di arrivare a lui ha percorso una catena di importazione e distribuzione. Vi partecipano imprese statali, importatori, MPMI, grossisti e altri intermediari. Il piccolo venditore compra alla fine di questa catena, suddivide la merce e cerca di ottenere un guadagno vendendola al consumatore.

Ogni intermediario deve ottenere il proprio margine e ogni operazione può aumentare il prezzo. Alla fine della catena c'è la famiglia cubana che cerca di comprare cibo con uno stipendio o una pensione il cui potere d'acquisto è stato distrutto.

Ma questa catena presenta anche una caratteristica fondamentale: non tutti i cubani hanno le stesse opportunità di parteciparvi.

I PRIVILEGIATI SONO IN ALTO

Ai livelli più redditizi si trovano coloro che hanno accesso al capitale, alla valuta estera, alle importazioni, ai permessi, ai magazzini e alla distribuzione all'ingrosso. Nulla di tutto questo funziona indipendentemente dal regime. Lo Stato decide chi può operare, importare, ampliare un'attività o continuare a lavorare.

In una dittatura, economia e politica non sono separate.

I privilegiati, coloro che sono legati al sistema e gli incondizionati possono trovare opportunità che non sono disponibili alle stesse condizioni per chi si oppone pubblicamente al regime.

L'esperienza degli oppositori cubani è molto diversa. Esprimere apertamente il proprio dissenso può costare loro il lavoro e chiudere le porte alla possibilità di trovarne un altro. La persecuzione può arrivare persino a una piccola impresa privata: quando un oppositore trova lavoro, la polizia o la Sicurezza dello Stato può fare pressione sul proprietario affinché lo licenzi.

Per questo è ingannevole parlare del settore privato cubano come se esistesse un mercato nel quale tutti potessero competere liberamente.

A Cuba, il controllo economico è anche uno strumento di controllo politico. L'obbedienza viene premiata e il dissenso viene punito.

E mentre coloro che si trovano nelle posizioni migliori partecipano ai livelli superiori della catena, in basso rimane il più vulnerabile: l'uomo o la donna che compra alcuni pacchi per rivenderli all'angolo di una strada.

IL PIÙ DEBOLE È IL PIÙ FACILE DA PERSEGUITARE

Il venditore informale non controlla nessuna delle cause della crisi.

Non ha distrutto l'agricoltura cubana. Non ha provocato la mancanza di produzione. Non controlla le importazioni né determina il valore del peso. Non è neppure responsabile del fatto che uno stipendio o una pensione siano insufficienti per nutrire una famiglia.

È semplicemente un altro cubano che cerca di sopravvivere.

Ma è molto più facile perseguitare un uomo con alcune borse di pollo che affrontare le cause della fame.

La polizia può fermarlo, confiscargli la merce e multarlo.

E qui compare un altro abuso ben noto alla popolazione.

In un paese dove tutti soffrono per la scarsità, gli alimenti confiscati hanno un valore enorme. Le confische offrono a poliziotti e ispettori l'opportunità di tenere i prodotti per il proprio consumo o di rivenderli.

La contraddizione è brutale: il venditore che ha comprato il pollo per guadagnare qualche peso può tornare a casa senza merce e senza denaro, mentre il poliziotto se ne va portando con sé gli alimenti confiscati.

PERSEGUITARE IL VENDITORE NON PRODUCE CIBO

Il regime può presentare queste operazioni come una lotta contro le illegalità, la speculazione e i prezzi abusivi.

Ma togliere il pollo a un venditore ambulante non produce un solo pollo in più.

Non aumenta la produzione agricola.

Non riduce il costo delle importazioni.

Non recupera il potere d'acquisto degli stipendi.

Non aumenta le pensioni.

Non riempie i mercati.

Cambia semplicemente le mani che controllano quegli alimenti.

La crisi alimentare cubana non consiste soltanto nella mancanza di cibo. Intorno alla scarsità si è costruita una catena economica e politica. In alto si trovano coloro che dispongono di accesso, permessi, capitale e protezione. In basso ci sono quelli che sopravvivono rivendendo piccole quantità e una popolazione impoverita che cerca di acquistare l'indispensabile.

Il venditore ambulante non ha creato questa catena.

È stata la catena a creare lui.

Prima il sistema fallisce nel produrre alimenti sufficienti. Poi costringe il paese a dipendere dalle importazioni. La merce passa attraverso intermediari successivi e arriva al consumatore a prezzi sempre più elevati. La necessità crea il rivenditore informale e, infine, il regime manda la polizia contro di lui.

Torniamo allora all'immagine con cui abbiamo iniziato.

Un venditore perde la sua merce.

Un poliziotto se ne va con due borse di pollo in ciascuna mano.

E il popolo continua a soffrire la fame.

Quell'immagine riassume una catena nella quale i privilegiati sono in alto, gli indifesi sono in basso e il potere decide chi può prosperare, chi può vendere e persino chi può tenersi il cibo.

Questa è Cuba: una catena di fame e abusi.

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CUANDO LOS DRONES UCRANIANOS DERROTARON A UNA BRIGADA ESTADOUNIDENSE

 


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Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

CUANDO LOS DRONES UCRANIANOS DERROTARON A UNA BRIGADA ESTADOUNIDENSE

En abril y mayo de 2026, en el área de entrenamiento militar de Hohenfels, Alemania, ocurrió algo que merecía mucha más atención. Durante Combined Resolve, un importante ejercicio multinacional diseñado para simular operaciones terrestres contra un adversario moderno, una brigada acorazada del Ejército de Estados Unidos se enfrentó a una fuerza adversaria reforzada por operadores ucranianos de drones.

El resultado fue contundente: los ucranianos contribuyeron decisivamente a neutralizar a la brigada estadounidense.

La principal fuerza estadounidense pertenecía a la 3.ª Brigada Acorazada de Combate de la 1.ª División de Caballería. Del otro lado participaron operadores del 412.º Regimiento de Sistemas No Tripulados de Ucrania, Nemesis, veteranos de una guerra donde los drones se han convertido en parte fundamental del campo de batalla.

Cuando comenzó el enfrentamiento apareció rápidamente el problema. Los vehículos estadounidenses avanzaban levantando grandes nubes de polvo. Los drones ucranianos los localizaron y siguieron sus movimientos. Otros aparatos simulaban el lanzamiento de explosivos y drones FPV realizaban ataques directos.

Los vehículos y unidades estadounidenses fueron eliminados de la simulación con tanta rapidez que algunos tuvieron que ser reincorporados —respawned— para que las maniobras pudieran continuar. Funcionarios estadounidenses conocedores del ejercicio y uno de sus participantes confirmaron posteriormente a The Wall Street Journal que los operadores ucranianos habían eliminado a la brigada acorazada en la simulación.

LOS UCRANIANOS YA CONOCÍAN ESA GUERRA

Para los estadounidenses, Combined Resolve era un ejercicio. Para los ucranianos, muchos de aquellos problemas formaban parte de una experiencia adquirida durante más de cuatro años enfrentándose diariamente a Rusia.

Rusos y ucranianos han protagonizado una extraordinaria competencia tecnológica. Un bando introduce un nuevo dron o procedimiento; el adversario desarrolla una contramedida; aparecen modificaciones y el ciclo comienza nuevamente. Pero existe una diferencia que ningún ejercicio reproduce completamente: en Ucrania, equivocarse cuesta vidas.

Los ucranianos han aprendido a localizar al enemigo mientras evitan ser localizados, operar bajo interferencias electrónicas, dispersar equipos y modificar constantemente aparatos y tácticas.

Rusia había aprendido antes otra parte de esa misma lección. Cuando inició la invasión en febrero de 2022, enormes columnas de tanques, blindados y vehículos logísticos avanzaron sobre Ucrania. Aquellas concentraciones representaban poder militar, pero también objetivos.

Los drones todavía no tenían entonces el protagonismo que alcanzarían después. Durante los años siguientes, rusos y ucranianos desarrollaron aceleradamente su empleo para localizar, seguir y atacar al enemigo, transformando profundamente el campo de batalla.

Cuatro años después, la brigada estadounidense se encontró en Alemania con esa nueva realidad: una gran concentración de poder militar puede convertirse rápidamente en una gran concentración de objetivos.

CUANDO CONCENTRAR PODER SIGNIFICA CONCENTRAR OBJETIVOS

Los drones están haciendo que el campo de batalla sea cada vez más transparente. Pequeños aparatos relativamente baratos pueden observar carreteras, posiciones, movimientos y concentraciones de vehículos. Una vez localizado un objetivo, la información puede transmitirse rápidamente y comenzar el ataque.

Esto altera una antigua lógica militar. Concentrar hombres, blindados y artillería permite acumular poder. Pero bajo un cielo poblado por pequeños sistemas de observación, concentrar poder también puede significar concentrar objetivos.

Combined Resolve expuso otra transformación. Un vehículo militar cuyo costo se mide en millones puede ser localizado por un dron cuyo precio representa una fracción diminuta de ese valor. El dron puede ser derribado, interferido o simplemente fallar, pero puede ser reemplazado rápidamente. Y pueden enviarse muchos.

Por eso la superioridad tecnológica ya no depende solamente de poseer el sistema individual más sofisticado. El costo, la cantidad y la velocidad de adaptación también se han convertido en formas de superioridad.

NO SON SOLAMENTE LOS DRONES

Sería un error pensar que los ucranianos triunfaron simplemente porque tenían buenos drones. El verdadero cambio consiste en integrar esos aparatos dentro del combate.

Un dron localiza. Otro confirma o sigue. La información se transmite. Un FPV puede atacar o las coordenadas pueden llegar a otra arma. La guerra electrónica intenta impedirlo y el adversario vuelve a modificar sus procedimientos.

La distancia entre descubrir un objetivo y poder atacarlo se ha reducido extraordinariamente. Eso es lo que los ucranianos llevan años practicando contra un enemigo que intenta hacer exactamente lo mismo.

Durante Combined Resolve, las fuerzas estadounidenses comenzaron a modificar sus procedimientos, mejorando su dispersión y ocultamiento. Posteriormente, los operadores ucranianos colaboraron con ellos en el empleo ofensivo de drones.

La lección trasciende a Estados Unidos y Ucrania. Equipos que cuestan millones pueden ser descubiertos por aparatos baratos; tecnologías desarrolladas durante años pueden enfrentarse a sistemas modificados en semanas; y concentraciones concebidas para producir superioridad pueden convertirse en concentraciones de objetivos.

Ucrania ha tenido que aprender estas reglas bajo las condiciones más duras posibles: una guerra por su supervivencia.

Combined Resolve trasladó durante unos días esa experiencia a un campo de entrenamiento en Alemania.

Una brigada acorazada estadounidense entró en una guerra simulada. Los ucranianos llegaron con más de cuatro años de experiencia en una guerra real.

Y ganaron.

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WHEN UKRAINIAN DRONES DEFEATED AN AMERICAN BRIGADE

In April and May 2026, at the Hohenfels military training area in Germany, something happened that deserved far more attention. During Combined Resolve, a major multinational exercise designed to simulate large-scale ground operations against a modern adversary, a U.S. Army armored brigade faced an opposing force reinforced by Ukrainian drone operators.

The result was striking: the Ukrainians played a decisive role in neutralizing the American brigade.

The main U.S. force belonged to the 3rd Armored Brigade Combat Team of the 1st Cavalry Division. On the opposing side were operators from Ukraine’s 412th Unmanned Systems Regiment, Nemesis, veterans of a war in which drones have become a fundamental part of the battlefield.

Once the engagement began, the problem quickly became apparent. American vehicles advanced across the terrain, raising large clouds of dust. Ukrainian drones located them and tracked their movements. Other aircraft simulated dropping explosives, while FPV drones carried out direct attacks.

American vehicles and units were eliminated from the simulation so quickly that some had to be brought back — “respawned” — so the exercise could continue. U.S. officials familiar with the exercise and one participant later confirmed to The Wall Street Journal that the Ukrainian operators had eliminated the armored brigade in the simulation.

THE UKRAINIANS ALREADY KNEW THIS WAR

For the Americans, Combined Resolve was an exercise. For the Ukrainians, many of the problems encountered there were part of an experience acquired during more than four years of fighting Russia every day.

Russians and Ukrainians have engaged in an extraordinary technological competition. One side introduces a new drone or procedure; the opponent develops a countermeasure; modifications follow, and the cycle begins again. But there is one difference no exercise can fully reproduce: in Ukraine, mistakes cost lives.

The Ukrainians have learned to locate the enemy while avoiding detection themselves, operate under electronic interference, disperse their forces, and constantly modify equipment and tactics.

Russia had earlier learned another part of that same lesson. When it launched its invasion in February 2022, enormous columns of tanks, armored vehicles and logistics vehicles advanced into Ukraine. Those concentrations represented military power, but they also represented targets.

Drones did not yet have the prominence they would later acquire. During the following years, Russians and Ukrainians rapidly developed their use for locating, tracking and attacking the enemy, profoundly transforming the battlefield.

Four years later, the American brigade encountered that new reality in Germany: a large concentration of military power can quickly become a large concentration of targets.

WHEN CONCENTRATING POWER MEANS CONCENTRATING TARGETS

Drones are making the battlefield increasingly transparent. Relatively inexpensive small aircraft can observe roads, positions, movements and concentrations of vehicles. Once a target is located, the information can be transmitted rapidly and an attack can begin.

This changes an old military logic. Concentrating troops, armor and artillery allows a force to accumulate combat power. But under a sky populated by small observation systems, concentrating power can also mean concentrating targets.

Combined Resolve exposed another transformation. A military vehicle costing millions can be located by a drone worth only a tiny fraction of that amount. The drone may be shot down, jammed or simply fail, but it can be quickly replaced. And many more can be sent.

Technological superiority therefore no longer depends solely on possessing the most sophisticated individual system. Cost, quantity and speed of adaptation have also become forms of superiority.

IT IS NOT JUST ABOUT DRONES

It would be a mistake to believe that the Ukrainians prevailed simply because they had good drones. The real transformation lies in integrating those systems into combat.

One drone locates. Another confirms or tracks. Information is transmitted. An FPV drone can attack, or the coordinates can be passed to another weapon. Electronic warfare attempts to stop the process, and the opponent once again modifies its procedures.

The distance between discovering a target and being able to attack it has been dramatically reduced. That is what Ukrainians have spent years practicing against an enemy trying to do exactly the same thing.

During Combined Resolve, U.S. forces began modifying their procedures, improving dispersion and concealment. Later, the Ukrainian operators worked with them on the offensive employment of drones.

The lesson extends far beyond the United States and Ukraine. Equipment costing millions can be discovered by inexpensive aircraft; technologies developed over years can confront systems modified in weeks; and concentrations designed to produce superiority can become concentrations of targets.

Ukraine has been forced to learn these rules under the harshest possible conditions: a war for its survival.

Combined Resolve brought that experience for a few days to a training ground in Germany.

An American armored brigade entered a simulated war. The Ukrainians arrived with more than four years of experience in a real one.

And they won.

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QUAND LES DRONES UKRAINIENS ONT VAINCU UNE BRIGADE AMÉRICAINE

En avril et mai 2026, sur le terrain d’entraînement militaire de Hohenfels, en Allemagne, un événement s’est produit qui aurait mérité beaucoup plus d’attention. Lors de Combined Resolve, un important exercice multinational conçu pour simuler des opérations terrestres contre un adversaire moderne, une brigade blindée de l’armée américaine a affronté une force adverse renforcée par des opérateurs ukrainiens de drones.

Le résultat fut sans appel : les Ukrainiens contribuèrent de manière décisive à neutraliser la brigade américaine.

La principale force américaine appartenait à la 3e brigade blindée de combat de la 1re division de cavalerie. Dans le camp adverse se trouvaient des opérateurs du 412e régiment ukrainien de systèmes sans pilote, Nemesis, vétérans d’une guerre dans laquelle les drones sont devenus un élément fondamental du champ de bataille.

Dès le début de l’affrontement, le problème apparut rapidement. Les véhicules américains avançaient en soulevant d’importants nuages de poussière. Les drones ukrainiens les localisèrent et suivirent leurs mouvements. D’autres appareils simulaient le largage d’explosifs tandis que des drones FPV menaient des attaques directes.

Les véhicules et unités américains furent éliminés de la simulation si rapidement que certains durent être réintégrés — « respawned » — afin que les manœuvres puissent continuer. Des responsables américains connaissant l’exercice ainsi qu’un participant confirmèrent ensuite au Wall Street Journal que les opérateurs ukrainiens avaient éliminé la brigade blindée au cours de la simulation.

LES UKRAINIENS CONNAISSAIENT DÉJÀ CETTE GUERRE

Pour les Américains, Combined Resolve était un exercice. Pour les Ukrainiens, nombre des problèmes rencontrés faisaient partie d’une expérience acquise pendant plus de quatre années de combats quotidiens contre la Russie.

Russes et Ukrainiens se sont livrés à une extraordinaire compétition technologique. Un camp introduit un nouveau drone ou une nouvelle procédure ; l’adversaire développe une contre-mesure ; des modifications apparaissent et le cycle recommence. Mais il existe une différence qu’aucun exercice ne peut reproduire complètement : en Ukraine, les erreurs coûtent des vies.

Les Ukrainiens ont appris à localiser l’ennemi tout en évitant d’être eux-mêmes repérés, à opérer sous brouillage électronique, à disperser leurs forces et à modifier constamment leurs équipements et leurs tactiques.

La Russie avait auparavant appris une autre partie de cette même leçon. Lorsqu’elle lança son invasion en février 2022, d’immenses colonnes de chars, de blindés et de véhicules logistiques avancèrent en Ukraine. Ces concentrations représentaient une puissance militaire, mais également des cibles.

Les drones n’avaient pas encore le rôle prépondérant qu’ils allaient acquérir par la suite. Au cours des années suivantes, Russes et Ukrainiens développèrent rapidement leur utilisation pour localiser, suivre et attaquer l’ennemi, transformant profondément le champ de bataille.

Quatre ans plus tard, la brigade américaine se retrouva confrontée en Allemagne à cette nouvelle réalité : une importante concentration de puissance militaire peut rapidement devenir une importante concentration de cibles.

QUAND CONCENTRER LA PUISSANCE SIGNIFIE CONCENTRER LES CIBLES

Les drones rendent le champ de bataille de plus en plus transparent. De petits appareils relativement peu coûteux peuvent observer routes, positions, mouvements et concentrations de véhicules. Une fois une cible localisée, l’information peut être rapidement transmise et l’attaque peut commencer.

Cela bouleverse une ancienne logique militaire. Concentrer des hommes, des blindés et de l’artillerie permet d’accumuler de la puissance. Mais sous un ciel peuplé de petits systèmes d’observation, concentrer la puissance peut également signifier concentrer les cibles.

Combined Resolve a révélé une autre transformation. Un véhicule militaire coûtant des millions peut être localisé par un drone dont le prix ne représente qu’une infime fraction de cette somme. Le drone peut être abattu, brouillé ou simplement tomber en panne, mais il peut être rapidement remplacé. Et beaucoup d’autres peuvent être envoyés.

La supériorité technologique ne dépend donc plus uniquement de la possession du système individuel le plus sophistiqué. Le coût, la quantité et la vitesse d’adaptation sont également devenus des formes de supériorité.

IL NE S’AGIT PAS SEULEMENT DES DRONES

Ce serait une erreur de penser que les Ukrainiens l’ont emporté simplement parce qu’ils disposaient de bons drones. La véritable transformation consiste à intégrer ces appareils au combat.

Un drone localise. Un autre confirme ou suit la cible. L’information est transmise. Un FPV peut attaquer ou les coordonnées peuvent être communiquées à une autre arme. La guerre électronique tente d’interrompre ce processus et l’adversaire modifie à nouveau ses procédures.

Le délai entre la découverte d’une cible et la possibilité de l’attaquer s’est considérablement réduit. C’est ce que les Ukrainiens pratiquent depuis des années contre un ennemi qui cherche à faire exactement la même chose.

Pendant Combined Resolve, les forces américaines commencèrent à modifier leurs procédures, améliorant leur dispersion et leur dissimulation. Par la suite, les opérateurs ukrainiens collaborèrent avec elles à l’emploi offensif des drones.

La leçon dépasse largement les États-Unis et l’Ukraine. Des équipements coûtant des millions peuvent être découverts par des appareils bon marché ; des technologies développées pendant des années peuvent affronter des systèmes modifiés en quelques semaines ; et des concentrations conçues pour produire une supériorité peuvent devenir des concentrations de cibles.

L’Ukraine a dû apprendre ces règles dans les conditions les plus dures qui soient : une guerre pour sa survie.

Combined Resolve a transporté cette expérience pendant quelques jours sur un terrain d’entraînement en Allemagne.

Une brigade blindée américaine est entrée dans une guerre simulée. Les Ukrainiens sont arrivés avec plus de quatre années d’expérience d’une guerre réelle.

Et ils ont gagné.

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QUANDO I DRONI UCRAINI SCONFISSERO UNA BRIGATA AMERICANA

Nell’aprile e maggio del 2026, nell’area di addestramento militare di Hohenfels, in Germania, accadde qualcosa che avrebbe meritato molta più attenzione. Durante Combined Resolve, un’importante esercitazione multinazionale concepita per simulare operazioni terrestri contro un avversario moderno, una brigata corazzata dell’Esercito degli Stati Uniti affrontò una forza avversaria rafforzata da operatori ucraini di droni.

Il risultato fu netto: gli ucraini contribuirono in maniera decisiva a neutralizzare la brigata americana.

La principale forza statunitense apparteneva alla 3ª Brigata Corazzata da Combattimento della 1ª Divisione di Cavalleria. Dall’altra parte parteciparono operatori del 412º Reggimento ucraino di Sistemi Senza Pilota, Nemesis, veterani di una guerra nella quale i droni sono diventati una componente fondamentale del campo di battaglia.

Quando iniziò lo scontro, il problema divenne rapidamente evidente. I veicoli americani avanzavano sollevando grandi nuvole di polvere. I droni ucraini li individuarono e ne seguirono i movimenti. Altri velivoli simulavano il lancio di esplosivi, mentre droni FPV effettuavano attacchi diretti.

I veicoli e le unità americane furono eliminati dalla simulazione con tale rapidità che alcuni dovettero essere reinseriti — “respawned” — affinché l’esercitazione potesse continuare. Funzionari statunitensi a conoscenza dell’esercitazione e uno dei partecipanti confermarono successivamente al Wall Street Journal che gli operatori ucraini avevano eliminato la brigata corazzata nella simulazione.

GLI UCRAINI CONOSCEVANO GIÀ QUELLA GUERRA

Per gli americani, Combined Resolve era un’esercitazione. Per gli ucraini, molti dei problemi incontrati facevano parte di un’esperienza acquisita durante più di quattro anni di combattimenti quotidiani contro la Russia.

Russi e ucraini sono stati protagonisti di una straordinaria competizione tecnologica. Una parte introduce un nuovo drone o una nuova procedura; l’avversario sviluppa una contromisura; compaiono modifiche e il ciclo ricomincia. Ma esiste una differenza che nessuna esercitazione può riprodurre completamente: in Ucraina, gli errori costano vite umane.

Gli ucraini hanno imparato a localizzare il nemico evitando al tempo stesso di essere individuati, a operare sotto interferenze elettroniche, a disperdere le proprie forze e a modificare continuamente mezzi e tattiche.

La Russia aveva precedentemente imparato un’altra parte della stessa lezione. Quando iniziò l’invasione nel febbraio 2022, enormi colonne di carri armati, mezzi corazzati e veicoli logistici avanzarono in Ucraina. Quelle concentrazioni rappresentavano potenza militare, ma rappresentavano anche bersagli.

I droni non avevano ancora il ruolo predominante che avrebbero assunto successivamente. Negli anni seguenti, russi e ucraini svilupparono rapidamente il loro impiego per localizzare, seguire e attaccare il nemico, trasformando profondamente il campo di battaglia.

Quattro anni dopo, la brigata americana si trovò in Germania di fronte a quella nuova realtà: una grande concentrazione di potenza militare può trasformarsi rapidamente in una grande concentrazione di bersagli.

QUANDO CONCENTRARE POTENZA SIGNIFICA CONCENTRARE BERSAGLI

I droni stanno rendendo il campo di battaglia sempre più trasparente. Piccoli velivoli relativamente economici possono osservare strade, posizioni, movimenti e concentrazioni di veicoli. Una volta individuato un bersaglio, l’informazione può essere trasmessa rapidamente e l’attacco può cominciare.

Questo modifica una vecchia logica militare. Concentrare uomini, mezzi corazzati e artiglieria permette di accumulare potenza. Ma sotto un cielo popolato da piccoli sistemi di osservazione, concentrare potenza può significare anche concentrare bersagli.

Combined Resolve ha messo in evidenza un’altra trasformazione. Un veicolo militare che costa milioni può essere localizzato da un drone il cui prezzo rappresenta una piccolissima frazione di quel valore. Il drone può essere abbattuto, disturbato o semplicemente guastarsi, ma può essere sostituito rapidamente. E se ne possono inviare molti.

La superiorità tecnologica, quindi, non dipende più soltanto dal possesso del singolo sistema più sofisticato. Anche il costo, la quantità e la velocità di adattamento sono diventati forme di superiorità.

NON SI TRATTA SOLTANTO DEI DRONI

Sarebbe un errore pensare che gli ucraini abbiano prevalso semplicemente perché disponevano di buoni droni. La vera trasformazione consiste nell’integrare questi sistemi nel combattimento.

Un drone localizza. Un altro conferma o segue il bersaglio. L’informazione viene trasmessa. Un FPV può attaccare oppure le coordinate possono essere inviate a un’altra arma. La guerra elettronica tenta di impedirlo e l’avversario modifica nuovamente le proprie procedure.

La distanza tra l’individuazione di un bersaglio e la possibilità di attaccarlo si è ridotta enormemente. È ciò che gli ucraini praticano da anni contro un nemico che cerca di fare esattamente la stessa cosa.

Durante Combined Resolve, le forze statunitensi iniziarono a modificare le proprie procedure, migliorando la dispersione e l’occultamento. Successivamente, gli operatori ucraini collaborarono con loro nell’impiego offensivo dei droni.

La lezione va ben oltre gli Stati Uniti e l’Ucraina. Equipaggiamenti che costano milioni possono essere scoperti da velivoli economici; tecnologie sviluppate per anni possono affrontare sistemi modificati in poche settimane; e concentrazioni concepite per produrre superiorità possono trasformarsi in concentrazioni di bersagli.

L’Ucraina ha dovuto imparare queste regole nelle condizioni più dure possibili: una guerra per la propria sopravvivenza.

Combined Resolve portò per alcuni giorni quell’esperienza su un campo di addestramento in Germania.

Una brigata corazzata americana entrò in una guerra simulata. Gli ucraini arrivarono con più di quattro anni di esperienza in una guerra reale.

E vinsero.

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