¿QUÉ MENSAJE DE TRUMP LLEVÓ EL JEFE DE LA CIA A PUTIN?

¿QUÉ MENSAJE DE TRUMP LLEVÓ EL JEFE DE LA CIA A PUTIN?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

El actual director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, acaba de viajar a Moscú. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, explicó que se habían producido “contactos a través de los servicios de seguridad” y presentó este tipo de comunicación entre los organismos de inteligencia de ambos países como algo positivo, que suele mantenerse incluso durante los períodos más difíciles de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos.

Sin embargo, Peskov se negó a revelar qué asuntos fueron tratados y consideró prematuro decir si la visita contribuirá a mejorar unas relaciones que calificó de sumidas en una “profunda crisis”. Aseguró que Ratcliffe no se reunió con Putin, aunque hizo una aclaración significativa: “Naturalmente, el presidente Putin es informado de todo sin demora”.

En Washington también se trató inicialmente de restar importancia al viaje. El propio presidente Donald Trump lo calificó de algo “semi-rutinario” y descartó que Ratcliffe hubiera ido a advertir a Rusia sobre una posible acción contra la OTAN o por el apoyo de Moscú a Irán.

Pero Trump no se quedó ahí. Inmediatamente llevó la conversación hacia Ucrania: “Nos gustaría ver que termine la guerra con Ucrania”. Y poco después añadió una frase mucho más reveladora: “Ahora, algo puede salir de esto”.

Ante las explicaciones de Moscú y Washington, podemos plantear una hipótesis: Ratcliffe pudo haber llevado a Putin una propuesta personal de Trump para terminar la guerra.

Hay precedentes.

En noviembre de 2021, tres meses antes de la invasión de Ucrania, el presidente Joe Biden envió a Moscú al entonces director de la CIA, William Burns.

La inteligencia estadounidense había descubierto los preparativos rusos y Burns llevaba una advertencia de Biden: Washington sabía lo que Putin estaba preparando y las consecuencias serían muy graves si seguía adelante.

Burns se reunió con altos funcionarios rusos. Putin se encontraba en Sochi, pero el director de la CIA habló directamente con él por teléfono.

Putin escuchó la advertencia y decidió ignorarla. El 24 de febrero de 2022 comenzó la invasión.

Ratcliffe también tiene antecedentes como mensajero personal de Trump.

El 14 de mayo pasado viajó a La Habana y se reunió con importantes figuras del aparato de poder castrista. En aquella ocasión sabemos que llevaba personalmente un mensaje de Trump: Estados Unidos estaba dispuesto a negociar seriamente cuestiones económicas y de seguridad, pero el régimen tendría que realizar cambios fundamentales.

También se hizo saber que aquella oportunidad no permanecería abierta indefinidamente.

No sabemos qué ocurrió después ni si llegó a existir una propuesta concreta que fuera rechazada. Lo importante para entender el viaje a Moscú es el precedente: Trump ha utilizado al director de la CIA para transmitir personalmente mensajes políticos de gran importancia.

UN MENSAJE PARA PUTIN

Si Ratcliffe llevaba realmente una propuesta de Trump para terminar la guerra, lo lógico es pensar que el contenido fundamental estaba destinado a Putin.

Al hablar del viaje, Trump pudo haber dado la clave cuando añadió que “algo puede salir de esto”.

¿Qué podría haberle propuesto Trump a Putin?

Quizás algo muy sencillo:

Vladimir, este es el momento de llegar a un acuerdo. Yo puedo ayudarte a encontrar una salida que puedas presentar como una victoria. Pero esa oportunidad puede no existir mañana.

Todavía controlas territorios ucranianos y puedes negociar desde una posición que te permita presentar determinadas concesiones como logros de Rusia. Yo puedo ayudarte a construir una salida que puedas defender ante el pueblo ruso como un resultado favorable de la guerra.

Pero el tiempo puede comenzar a jugar en tu contra.

Ucrania ha demostrado una creciente capacidad para atacar objetivos cada vez más profundos dentro de Rusia. Europa, por su parte, ha comprendido que la supervivencia de Ucrania afecta directamente su propia seguridad.

La Coalition of the Willing reúne a países decididos a sostener a Ucrania a largo plazo. Europa aumenta sus inversiones en defensa, amplía su producción militar y desarrolla capacidades que hace pocos años parecían improbables.

Yo puedo ayudarte a negociar una salida ahora. Lo que no puedo garantizarte es que Ucrania y los europeos estén dispuestos a ofrecerte mañana las mismas condiciones que todavía puedes negociar hoy.

Precisamente el director de la CIA sería un mensajero apropiado para acompañar semejante planteamiento con la información que tiene Estados Unidos sobre las capacidades de Ucrania, el rearme europeo y lo que Washington considera que puede suceder si la guerra continúa.

TRUMP TAMBIÉN NECESITA EL ACUERDO

Pero Putin no sería el único beneficiado.

Trump tiene un enorme interés político y personal en terminar esta guerra.

Conseguir la paz en el conflicto más grave de Europa desde la Segunda Guerra Mundial le permitiría presentarse ante Estados Unidos y el mundo como el dirigente que logró lo que otros no pudieron.

Podría decir: yo terminé la guerra entre Rusia y Ucrania.

Putin podría proclamar que Rusia consiguió determinados objetivos y obligó a Occidente a negociar.

Y esto también puede explicar por qué Trump habría escogido a Ratcliffe.

Trump ya ha invertido su prestigio personal en negociaciones que no produjeron los resultados que esperaba. Otra reunión con Putin que terminara sin acuerdo significaría un nuevo fracaso ante las cámaras. Las recientes negociaciones con Irán también han demostrado el riesgo de crear grandes expectativas antes de saber si existe realmente disposición de la otra parte para llegar a un acuerdo.

Ratcliffe permite evitar ese riesgo.

Pudo llevar discretamente una propuesta, conocer la reacción de Putin y regresar a Washington sin una cumbre, sin fotografías de ambos presidentes y sin comprometer públicamente el prestigio de Trump.

Si Putin rechaza la propuesta, Trump no ha sufrido una derrota pública.

Si Putin muestra interés, entonces puede comenzar la verdadera negociación.

Y Trump puede reservarse para el final, cuando exista un acuerdo que cerrar.

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Hay una interesante simetría histórica.

En 2021, el presidente Biden envió al director de la CIA, William Burns, a Moscú para advertir a Putin antes de que invadiera Ucrania.

En esencia: No cometas ese error. Putin no escuchó.

En 2026, otro presidente estadounidense acaba de enviar a otro director de la CIA a Moscú.

Quizás el mensaje esta vez sea muy diferente:

Todavía estás a tiempo.

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WHAT MESSAGE FROM TRUMP DID THE CIA DIRECTOR TAKE TO PUTIN?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

The current Director of the Central Intelligence Agency (CIA), John Ratcliffe, has just traveled to Moscow. Kremlin spokesman Dmitry Peskov explained that there had been “contacts through the security services” and described this type of communication between the intelligence agencies of both countries as something positive that tends to continue even during the most difficult periods in relations between Russia and the United States.

Peskov, however, declined to reveal what issues were discussed and said it was premature to say whether the visit would help improve relations that he described as being in a “deep crisis.” He said Ratcliffe did not meet with Putin, although he made one significant clarification: “Naturally, President Putin is informed of everything without delay.”

In Washington, there was also an initial attempt to play down the importance of the trip. President Donald Trump himself described it as “semi-routine” and denied that Ratcliffe had gone to warn Russia about possible action against NATO or because of Moscow’s support for Iran.

But Trump did not stop there. He immediately turned the conversation to Ukraine: “We would like to see the war with Ukraine end.” Shortly afterward, he added a much more revealing phrase: “Now, something may come out of this.”

Given the explanations from Moscow and Washington, we can put forward a hypothesis: Ratcliffe may have carried a personal proposal from Trump to Putin to end the war.

There are precedents.

In November 2021, three months before the invasion of Ukraine, President Joe Biden sent then-CIA Director William Burns to Moscow.

U.S. intelligence had discovered Russia’s preparations, and Burns carried a warning from Biden: Washington knew what Putin was preparing, and the consequences would be very serious if he went ahead.

Burns met with senior Russian officials. Putin was in Sochi, but the CIA director spoke with him directly by telephone.

Putin heard the warning and decided to ignore it. On February 24, 2022, the invasion began.

Ratcliffe also has a precedent as Trump’s personal messenger.

On May 14, he traveled to Havana and met with important figures in the Castro regime’s power structure. In that instance, we know that he personally carried a message from Trump: the United States was prepared to engage in serious negotiations on economic and security issues, but the regime would have to make fundamental changes.

It was also made clear that the opportunity would not remain open indefinitely.

We do not know what happened afterward or whether a specific proposal was ever made and rejected. What matters for understanding the Moscow trip is the precedent: Trump has used the CIA director to personally convey political messages of great importance.

A MESSAGE FOR PUTIN

If Ratcliffe was indeed carrying a Trump proposal to end the war, it is logical to believe that its essential content was intended for Putin.

When speaking about the trip, Trump may have provided the key when he added that “something may come out of this.”

What might Trump have proposed to Putin?

Perhaps something very simple:

Vladimir, this is the moment to reach an agreement. I can help you find a way out that you can present as a victory. But that opportunity may not exist tomorrow.

You still control Ukrainian territory and can negotiate from a position that allows you to present certain concessions as Russian achievements. I can help you build a way out that you can defend before the Russian people as a favorable outcome of the war.

But time may begin to work against you.

Ukraine has demonstrated a growing ability to strike targets increasingly deep inside Russia. Europe, meanwhile, has understood that Ukraine’s survival directly affects its own security.

The Coalition of the Willing brings together countries determined to support Ukraine for the long term. Europe is increasing defense investment, expanding military production and developing capabilities that seemed unlikely only a few years ago.

I can help you negotiate a way out now. What I cannot guarantee is that Ukraine and the Europeans will be willing tomorrow to offer you the same terms that you can still negotiate today.

The CIA director would be an especially appropriate messenger to accompany such an argument with the information the United States possesses about Ukraine’s capabilities, Europe’s rearmament and what Washington believes could happen if the war continues.

TRUMP ALSO NEEDS THE AGREEMENT

But Putin would not be the only one to benefit.

Trump has an enormous political and personal interest in ending this war.

Achieving peace in Europe’s most serious conflict since World War II would allow him to present himself to the United States and the world as the leader who accomplished what others could not.

He could say: I ended the war between Russia and Ukraine.

Putin, for his part, could proclaim that Russia achieved certain objectives and forced the West to negotiate.

And this may also explain why Trump would have chosen Ratcliffe.

Trump has already invested his personal prestige in negotiations that did not produce the results he expected. Another meeting with Putin that ended without an agreement would mean another failure before the cameras. The recent negotiations with Iran have also demonstrated the danger of creating great expectations before knowing whether the other side is genuinely willing to reach an agreement.

Ratcliffe allows him to avoid that risk.

He could have discreetly carried a proposal, learned Putin’s reaction and returned to Washington without a summit, without photographs of the two presidents and without publicly putting Trump’s prestige on the line.

If Putin rejects the proposal, Trump has not suffered a public defeat.

If Putin shows interest, the real negotiation can begin.

And Trump can save himself for the end, when there is an agreement to close.

THE SECOND CHANCE

There is an interesting historical symmetry.

In 2021, President Biden sent CIA Director William Burns to Moscow to warn Putin before he invaded Ukraine.

In essence: Do not make that mistake. Putin did not listen.

In 2026, another American president has just sent another CIA director to Moscow.

Perhaps the message this time is very different:

There is still time.

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QUEL MESSAGE DE TRUMP LE DIRECTEUR DE LA CIA A-T-IL PORTÉ À POUTINE ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

L’actuel directeur de la Central Intelligence Agency (CIA), John Ratcliffe, vient de se rendre à Moscou. Le porte-parole du Kremlin, Dmitri Peskov, a expliqué qu’il y avait eu des « contacts par l’intermédiaire des services de sécurité » et a présenté ce type de communication entre les services de renseignement des deux pays comme quelque chose de positif, qui se maintient généralement même pendant les périodes les plus difficiles des relations entre la Russie et les États-Unis.

Peskov a toutefois refusé de révéler les sujets abordés et a estimé qu’il était prématuré de dire si cette visite contribuerait à améliorer des relations qu’il a qualifiées de plongées dans une « crise profonde ». Il a assuré que Ratcliffe n’avait pas rencontré Poutine, tout en apportant une précision significative : « Naturellement, le président Poutine est informé de tout sans délai. »

À Washington, on a également tenté dans un premier temps de minimiser l’importance du voyage. Le président Donald Trump lui-même l’a qualifié de « semi-routinier » et a écarté l’idée que Ratcliffe se soit rendu en Russie pour l’avertir d’une éventuelle action contre l’OTAN ou en raison du soutien de Moscou à l’Iran.

Mais Trump ne s’est pas arrêté là. Il a immédiatement orienté la conversation vers l’Ukraine : « Nous aimerions voir la guerre avec l’Ukraine prendre fin. » Peu après, il a ajouté une phrase beaucoup plus révélatrice : « Maintenant, quelque chose peut en sortir. »

Compte tenu des explications de Moscou et de Washington, nous pouvons avancer une hypothèse : Ratcliffe a peut-être apporté à Poutine une proposition personnelle de Trump visant à mettre fin à la guerre.

Il existe des précédents.

En novembre 2021, trois mois avant l’invasion de l’Ukraine, le président Joe Biden avait envoyé à Moscou William Burns, alors directeur de la CIA.

Les services de renseignement américains avaient découvert les préparatifs russes et Burns était porteur d’un avertissement de Biden : Washington savait ce que Poutine préparait et les conséquences seraient très graves s’il allait jusqu’au bout.

Burns rencontra de hauts responsables russes. Poutine se trouvait à Sotchi, mais le directeur de la CIA s’entretint directement avec lui par téléphone.

Poutine entendit l’avertissement et décida de l’ignorer. Le 24 février 2022, l’invasion commença.

Ratcliffe a lui aussi un précédent en tant que messager personnel de Trump.

Le 14 mai dernier, il s’est rendu à La Havane et a rencontré d’importantes figures de l’appareil de pouvoir castriste. Dans ce cas, nous savons qu’il était personnellement porteur d’un message de Trump : les États-Unis étaient disposés à négocier sérieusement sur des questions économiques et de sécurité, mais le régime devrait procéder à des changements fondamentaux.

Il fut également indiqué que cette possibilité ne resterait pas ouverte indéfiniment.

Nous ne savons pas ce qui s’est passé ensuite ni si une proposition concrète a été formulée puis rejetée. Ce qui importe pour comprendre le voyage à Moscou, c’est le précédent : Trump a utilisé le directeur de la CIA pour transmettre personnellement des messages politiques de grande importance.

UN MESSAGE POUR POUTINE

Si Ratcliffe était effectivement porteur d’une proposition de Trump visant à mettre fin à la guerre, il est logique de penser que son contenu essentiel était destiné à Poutine.

En parlant du voyage, Trump a peut-être donné la clé lorsqu’il a ajouté que « quelque chose peut en sortir ».

Qu’aurait pu proposer Trump à Poutine ?

Peut-être quelque chose de très simple :

Vladimir, c’est le moment de parvenir à un accord. Je peux t’aider à trouver une issue que tu pourras présenter comme une victoire. Mais cette possibilité pourrait ne plus exister demain.

Tu contrôles encore des territoires ukrainiens et tu peux négocier depuis une position qui te permet de présenter certaines concessions comme des acquis de la Russie. Je peux t’aider à construire une issue que tu pourras défendre devant le peuple russe comme un résultat favorable de la guerre.

Mais le temps pourrait commencer à jouer contre toi.

L’Ukraine a démontré une capacité croissante à frapper des objectifs toujours plus profondément à l’intérieur de la Russie. L’Europe, de son côté, a compris que la survie de l’Ukraine affectait directement sa propre sécurité.

La Coalition of the Willing réunit des pays déterminés à soutenir l’Ukraine à long terme. L’Europe augmente ses investissements dans la défense, développe sa production militaire et acquiert des capacités qui semblaient improbables il y a seulement quelques années.

Je peux t’aider à négocier une issue maintenant. Ce que je ne peux pas te garantir, c’est que l’Ukraine et les Européens seront disposés demain à t’offrir les mêmes conditions que celles que tu peux encore négocier aujourd’hui.

Le directeur de la CIA serait précisément un messager particulièrement approprié pour accompagner un tel argument des informations dont disposent les États-Unis sur les capacités de l’Ukraine, le réarmement européen et ce que Washington estime susceptible de se produire si la guerre continue.

TRUMP A LUI AUSSI BESOIN D’UN ACCORD

Mais Poutine ne serait pas le seul bénéficiaire.

Trump a un immense intérêt politique et personnel à mettre fin à cette guerre.

Obtenir la paix dans le conflit le plus grave qu’ait connu l’Europe depuis la Seconde Guerre mondiale lui permettrait de se présenter aux États-Unis et au monde comme le dirigeant qui a réussi là où d’autres ont échoué.

Il pourrait dire : J’ai mis fin à la guerre entre la Russie et l’Ukraine.

Poutine, de son côté, pourrait proclamer que la Russie a atteint certains objectifs et contraint l’Occident à négocier.

Cela pourrait également expliquer pourquoi Trump aurait choisi Ratcliffe.

Trump a déjà engagé son prestige personnel dans des négociations qui n’ont pas produit les résultats qu’il espérait. Une nouvelle rencontre avec Poutine se terminant sans accord constituerait un nouvel échec devant les caméras. Les récentes négociations avec l’Iran ont également démontré le risque de susciter de grandes attentes avant de savoir si l’autre partie est réellement disposée à parvenir à un accord.

Ratcliffe permet d’éviter ce risque.

Il a pu transmettre discrètement une proposition, connaître la réaction de Poutine et rentrer à Washington sans sommet, sans photographies des deux présidents et sans compromettre publiquement le prestige de Trump.

Si Poutine rejette la proposition, Trump n’a pas subi de défaite publique.

Si Poutine manifeste de l’intérêt, la véritable négociation peut alors commencer.

Et Trump peut se réserver pour la fin, lorsqu’il y aura un accord à conclure.

LA DEUXIÈME CHANCE

Il existe une intéressante symétrie historique.

En 2021, le président Biden avait envoyé à Moscou le directeur de la CIA, William Burns, pour avertir Poutine avant qu’il n’envahisse l’Ukraine.

En substance : Ne commets pas cette erreur. Poutine n’a pas écouté.

En 2026, un autre président américain vient d’envoyer un autre directeur de la CIA à Moscou.

Peut-être le message est-il cette fois très différent :

Il est encore temps.

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QUALE MESSAGGIO DI TRUMP HA PORTATO IL DIRETTORE DELLA CIA A PUTIN?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

L’attuale direttore della Central Intelligence Agency (CIA), John Ratcliffe, si è appena recato a Mosca. Il portavoce del Cremlino, Dmitri Peskov, ha spiegato che vi sono stati “contatti attraverso i servizi di sicurezza” e ha presentato questo tipo di comunicazione tra gli organismi di intelligence dei due Paesi come qualcosa di positivo, che tende a mantenersi anche durante i periodi più difficili delle relazioni tra Russia e Stati Uniti.

Peskov, tuttavia, si è rifiutato di rivelare quali argomenti siano stati affrontati e ha ritenuto prematuro dire se la visita contribuirà a migliorare relazioni che ha definito immerse in una “profonda crisi”. Ha assicurato che Ratcliffe non ha incontrato Putin, pur facendo una precisazione significativa: “Naturalmente, il presidente Putin viene informato di tutto senza indugio”.

A Washington si è cercato inizialmente di ridimensionare l’importanza del viaggio. Lo stesso presidente Donald Trump lo ha definito “semi-routinario” e ha escluso che Ratcliffe fosse andato ad avvertire la Russia di una possibile azione contro la NATO o a causa del sostegno di Mosca all’Iran.

Ma Trump non si è fermato qui. Ha immediatamente spostato la conversazione sull’Ucraina: “Vorremmo vedere finire la guerra con l’Ucraina”. Poco dopo ha aggiunto una frase molto più rivelatrice: “Ora, qualcosa potrebbe venirne fuori”.

Alla luce delle spiegazioni di Mosca e Washington, possiamo avanzare un’ipotesi: Ratcliffe potrebbe aver portato a Putin una proposta personale di Trump per porre fine alla guerra.

Esistono precedenti.

Nel novembre 2021, tre mesi prima dell’invasione dell’Ucraina, il presidente Joe Biden inviò a Mosca l’allora direttore della CIA, William Burns.

L’intelligence americana aveva scoperto i preparativi russi e Burns portava un avvertimento di Biden: Washington sapeva ciò che Putin stava preparando e le conseguenze sarebbero state molto gravi se fosse andato avanti.

Burns incontrò alti funzionari russi. Putin si trovava a Sochi, ma il direttore della CIA parlò direttamente con lui per telefono.

Putin ascoltò l’avvertimento e decise di ignorarlo. Il 24 febbraio 2022 iniziò l’invasione.

Anche Ratcliffe ha un precedente come messaggero personale di Trump.

Il 14 maggio scorso si è recato all’Avana e ha incontrato importanti esponenti dell’apparato di potere castrista. In quell’occasione sappiamo che portava personalmente un messaggio di Trump: gli Stati Uniti erano disposti a negoziare seriamente su questioni economiche e di sicurezza, ma il regime avrebbe dovuto realizzare cambiamenti fondamentali.

Fu inoltre chiarito che quell’opportunità non sarebbe rimasta aperta indefinitamente.

Non sappiamo cosa sia accaduto in seguito né se sia mai esistita una proposta concreta poi respinta. Ciò che conta per comprendere il viaggio a Mosca è il precedente: Trump ha utilizzato il direttore della CIA per trasmettere personalmente messaggi politici di grande importanza.

UN MESSAGGIO PER PUTIN

Se Ratcliffe portava davvero una proposta di Trump per porre fine alla guerra, è logico pensare che il suo contenuto fondamentale fosse destinato a Putin.

Parlando del viaggio, Trump potrebbe aver fornito la chiave quando ha aggiunto che “qualcosa potrebbe venirne fuori”.

Che cosa potrebbe aver proposto Trump a Putin?

Forse qualcosa di molto semplice:

Vladimir, questo è il momento di raggiungere un accordo. Posso aiutarti a trovare una via d’uscita che tu possa presentare come una vittoria. Ma questa opportunità potrebbe non esistere domani.

Controlli ancora territori ucraini e puoi negoziare da una posizione che ti consente di presentare determinate concessioni come successi della Russia. Posso aiutarti a costruire una via d’uscita che tu possa difendere davanti al popolo russo come un esito favorevole della guerra.

Ma il tempo potrebbe cominciare a giocare contro di te.

L’Ucraina ha dimostrato una crescente capacità di colpire obiettivi sempre più in profondità all’interno della Russia. L’Europa, dal canto suo, ha compreso che la sopravvivenza dell’Ucraina riguarda direttamente la propria sicurezza.

La Coalition of the Willing riunisce Paesi determinati a sostenere l’Ucraina nel lungo periodo. L’Europa aumenta gli investimenti nella difesa, amplia la produzione militare e sviluppa capacità che soltanto pochi anni fa sembravano improbabili.

Posso aiutarti a negoziare una via d’uscita adesso. Quello che non posso garantirti è che domani l’Ucraina e gli europei siano disposti a offrirti le stesse condizioni che puoi ancora negoziare oggi.

Il direttore della CIA sarebbe un messaggero particolarmente adatto ad accompagnare un simile ragionamento con le informazioni di cui dispongono gli Stati Uniti sulle capacità dell’Ucraina, sul riarmo europeo e su ciò che Washington ritiene possa accadere se la guerra continuerà.

ANCHE TRUMP HA BISOGNO DELL’ACCORDO

Ma Putin non sarebbe l’unico a beneficiarne.

Trump ha un enorme interesse politico e personale a porre fine a questa guerra.

Raggiungere la pace nel conflitto più grave in Europa dalla Seconda guerra mondiale gli permetterebbe di presentarsi agli Stati Uniti e al mondo come il leader che è riuscito dove altri non sono riusciti.

Potrebbe dire: Ho posto fine alla guerra tra Russia e Ucraina.

Putin, da parte sua, potrebbe proclamare che la Russia ha raggiunto determinati obiettivi e costretto l’Occidente a negoziare.

E questo potrebbe anche spiegare perché Trump avrebbe scelto Ratcliffe.

Trump ha già investito il proprio prestigio personale in negoziati che non hanno prodotto i risultati sperati. Un altro incontro con Putin conclusosi senza un accordo significherebbe un nuovo fallimento davanti alle telecamere. Anche i recenti negoziati con l’Iran hanno dimostrato il rischio di creare grandi aspettative prima di sapere se l’altra parte sia realmente disposta a raggiungere un accordo.

Ratcliffe permette di evitare questo rischio.

Potrebbe aver portato discretamente una proposta, conosciuto la reazione di Putin ed essere tornato a Washington senza un vertice, senza fotografie dei due presidenti e senza compromettere pubblicamente il prestigio di Trump.

Se Putin respinge la proposta, Trump non ha subito una sconfitta pubblica.

Se Putin mostra interesse, allora può iniziare il vero negoziato.

E Trump può riservarsi per la fine, quando ci sarà un accordo da concludere.

LA SECONDA OPPORTUNITÀ

C’è un’interessante simmetria storica.

Nel 2021, il presidente Biden inviò a Mosca il direttore della CIA, William Burns, per avvertire Putin prima che invadesse l’Ucraina.

In sostanza: Non commettere quell’errore. Putin non ascoltò.

Nel 2026, un altro presidente americano ha appena inviato a Mosca un altro direttore della CIA.

Forse questa volta il messaggio è molto diverso:

Sei ancora in tempo.

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LA CAJA DE PANDORA DE PUTIN

 


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LA CAJA DE PANDORA DE PUTIN

Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Vladimir Putin acaba de lanzar una amenaza contra Ucrania que, por las palabras que escogió, merece mucha más atención de la que ha recibido.

Después de los efectivos ataques ucranianos contra objetivos estratégicos y económicos dentro de Rusia, Putin declaró: “El régimen de Kiev se propuso dañar nuestra economía. ¿Qué hizo? Abrió esta caja de Pandora. Pues bien, esperen una respuesta dirigida contra sus sectores económicos más sensibles”.

¿Qué quiso decir Putin cuando habló de la caja de Pandora?

Para comprender la gravedad de sus palabras hay que regresar casi tres mil años, a una historia de los antiguos griegos.

Según el mito, Zeus, furioso porque Prometeo había robado el fuego de los dioses para entregarlo a los seres humanos, decidió castigarlos. Ordenó crear a Pandora, una mujer a quien los dioses concedieron numerosos dones.

Pandora llegó con una gran vasija que no debía abrir. Pero levantó la tapa.

De ella escaparon los males que desde entonces acompañarían a la humanidad: enfermedades, sufrimientos y toda clase de desgracias. Cuando Pandora intentó cerrarla era demasiado tarde.

Solo una cosa quedó dentro: la esperanza.

Con el paso de los siglos, aquella vasija se convirtió en la expresión que todos conocemos: la caja de Pandora. Abrirla significa desencadenar males y consecuencias que después resulta imposible volver a encerrar.

Ahora volvamos a Putin.

Después de más de cuatro años de una guerra en la que Ucrania ha sufrido ciudades destruidas, civiles asesinados, torturas, violaciones, niños muertos y millones de personas obligadas a abandonar sus hogares, Putin amenaza con que Ucrania acaba de abrir la caja de Pandora.

La amenaza es gravísima.

Rusia lleva años atacando la infraestructura energética, industrial y económica de Ucrania: centrales eléctricas, fábricas, puertos, ferrocarriles y otras instalaciones esenciales. También ha atacado ciudades, zonas residenciales, hospitales y escuelas.

Putin no puede estar anunciando como una novedad que Rusia comenzará ahora a castigar la economía ucraniana o a hacer sufrir a su población.

Eso ya lo ha estado haciendo.

Y en Europa también.

Alexander Litvinenko fue asesinado con polonio en Londres. Años después, agentes rusos llevaron Novichok a Salisbury para intentar asesinar a Sergei Skripal; una ciudadana británica murió como consecuencia de aquella operación.

Desde la invasión de Ucrania, las agresiones contra países europeos se han intensificado: sabotajes, incendios provocados, ciberataques, interferencias y operaciones contra infraestructuras críticas destinadas, entre otras cosas, a castigar a quienes ayudan a Ucrania y debilitar su voluntad de continuar haciéndolo.

Esto no es una posibilidad futura. Ya está ocurriendo.

Si Putin lleva años castigando a Ucrania y ha intensificado las agresiones contra quienes la sostienen, resulta difícil creer que haya escogido una expresión de semejante gravedad simplemente para anunciar más de lo mismo.

Y plantea una pregunta inquietante:

¿Qué puede estar pensando un criminal de guerra cuando, después de más de cuatro años de asesinatos, torturas, violaciones, deportaciones de niños y destrucción de ciudades, anuncia nuevas atrocidades?

No conocemos sus planes. Pero conocemos sus antecedentes.

Una nueva escalada podría significar ataques todavía más destructivos contra Ucrania, nuevas formas de terror contra su población o armas y métodos más devastadores. También podría intensificar las agresiones contra los países que la sostienen, buscando sembrar miedo, provocar daños económicos y debilitar políticamente su respaldo.

Pero los atropellos de Putin, tanto en Ucrania como en Europa, han provocado un cambio de percepción y de acción.

Al principio de la invasión, muchos gobiernos europeos ayudaban a Ucrania con extraordinaria cautela. Entregaban determinadas armas y negaban otras. Temían provocar una escalada con Rusia. La prioridad era impedir que Ucrania fuera derrotada.

Cuatro años después, la situación es muy diferente.

Numerosos gobiernos europeos consideran a Putin una amenaza para ellos mismos y han llegado a una conclusión estratégica fundamental:

la seguridad de Ucrania y la seguridad de Europa están unidas.

Ucrania ya no es solamente una nación invadida a la que hay que ayudar.

Es la primera línea de defensa de Europa.

Y esa visión se traduce en hechos. Europa aumenta sus gastos militares, fortalece su defensa aérea, amplía la producción de armamentos y profundiza su cooperación militar, industrial y tecnológica con Ucrania.

Ucrania participa en el Consejo OTAN-Ucrania y la Alianza coordina armamento y entrenamiento para sus fuerzas. Sin pertenecer formalmente a la OTAN, Ucrania se ha convertido en un socio virtual de la Alianza.

Con la Unión Europea ocurre algo semejante. Ucrania avanza hacia su ingreso y su industria militar se integra progresivamente con la europea. Sin ser todavía miembro, parece en muchos aspectos un miembro honorario de la Unión Europea.

La amenaza de Putin tampoco encuentra a la misma Europa de febrero de 2022. Apenas dos días después de sus palabras, la Coalición de Voluntarios, que reúne a más de 30 países, anunció que las amenazas rusas no la disuadirían: aumentará el apoyo militar, fortalecerá urgentemente la defensa aérea ucraniana y profundizará la cooperación tecnológica y militar.

Lo que Putin esté preparando podría resultar en un infierno, en desgracias mayores que todas las experimentadas hasta ahora dentro y fuera de Ucrania y, a su vez, en otra colosal equivocación.

Pero no olvidemos cómo termina el antiguo mito que el propio Putin acaba de invocar.

Después de que de la vasija de Pandora escaparan todos los males que desde entonces han acompañado a la humanidad, dentro quedó una sola cosa.

La esperanza.

Precisamente lo que Ucrania, Europa y todos los pueblos del mundo necesitan y merecen.

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PUTIN'S PANDORA'S BOX

Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Vladimir Putin has just issued a threat against Ukraine that, because of the words he chose, deserves far more attention than it has received.

After effective Ukrainian strikes against strategic and economic targets inside Russia, Putin declared: “The Kyiv regime set out to damage our economy. What did it do? It opened this Pandora’s box. Well then, expect a response directed at the most sensitive sectors of your economy.”

What did Putin mean when he spoke of Pandora’s box?

To understand the gravity of his words, we must go back almost three thousand years to a story told by the ancient Greeks.

According to the myth, Zeus, enraged because Prometheus had stolen fire from the gods and given it to human beings, decided to punish them. He ordered the creation of Pandora, a woman upon whom the gods bestowed many gifts.

Pandora arrived with a large vessel that was not to be opened. But she lifted the lid.

From it escaped the evils that would thereafter accompany humanity: disease, suffering and every kind of misfortune. By the time Pandora tried to close it, it was too late.

Only one thing remained inside: hope.

Over the centuries, that vessel became the expression we all know: Pandora’s box. To open it means to unleash evils and consequences that afterward become impossible to contain again.

Now let us return to Putin.

After more than four years of a war in which Ukraine has endured destroyed cities, murdered civilians, torture, rape, dead children and millions of people forced from their homes, Putin now threatens that Ukraine has opened Pandora’s box.

The threat is extremely serious.

Russia has spent years attacking Ukraine’s energy, industrial and economic infrastructure: power plants, factories, ports, railways and other essential facilities. It has also attacked cities, residential areas, hospitals and schools.

Putin cannot seriously be announcing as something new that Russia will now begin punishing the Ukrainian economy or inflicting suffering on its population.

He has already been doing that.

And in Europe as well.

Alexander Litvinenko was murdered with polonium in London. Years later, Russian agents brought Novichok to Salisbury in an attempt to kill Sergei Skripal; a British citizen died as a consequence of that operation.

Since the invasion of Ukraine, aggression against European countries has intensified: sabotage, arson, cyberattacks, interference and operations against critical infrastructure aimed, among other things, at punishing those who help Ukraine and weakening their willingness to continue doing so.

This is not a future possibility. It is already happening.

If Putin has spent years punishing Ukraine and has intensified aggression against those supporting it, it is difficult to believe that he chose an expression of such gravity simply to announce more of the same.

And that raises a disturbing question:

What can a war criminal be thinking when, after more than four years of killings, torture, rape, deportations of children and the destruction of cities, he announces new atrocities?

We do not know his plans. But we know his record.

A new escalation could mean even more destructive attacks against Ukraine, new forms of terror against its population, or more devastating weapons and methods. It could also intensify aggression against the countries supporting Ukraine, seeking to spread fear, inflict economic damage and politically weaken their support.

But Putin’s abuses, both in Ukraine and in Europe, have produced a change in perception and action.

At the beginning of the invasion, many European governments helped Ukraine with extraordinary caution. They supplied certain weapons while withholding others. They feared provoking an escalation with Russia. The priority was to prevent Ukraine from being defeated.

Four years later, the situation is very different.

Many European governments now regard Putin as a threat to themselves and have reached a fundamental strategic conclusion:

the security of Ukraine and the security of Europe are linked.

Ukraine is no longer merely an invaded nation that must be helped.

It is Europe’s first line of defense.

And that vision is being translated into action. Europe is increasing military spending, strengthening air defense, expanding arms production and deepening military, industrial and technological cooperation with Ukraine.

Ukraine participates in the NATO-Ukraine Council, and the Alliance coordinates weapons and training for its forces. Without formally belonging to NATO, Ukraine has become a virtual partner of the Alliance.

Something similar is happening with the European Union. Ukraine is moving toward membership, while its defense industry is progressively integrating with Europe’s. Although it is not yet a member, in many respects it resembles an honorary member of the European Union.

Putin’s threat also confronts a very different Europe from that of February 2022. Barely two days after his words, the Coalition of the Willing, bringing together more than 30 countries, announced that Russian threats would not deter it: military support would increase, Ukrainian air defense would urgently be strengthened, and technological and military cooperation would deepen.

What Putin may be preparing could result in hell, in misfortunes greater than any experienced so far inside and outside Ukraine and, at the same time, in another colossal mistake.

But let us not forget how the ancient myth Putin himself has just invoked ends.

After all the evils that have accompanied humanity escaped from Pandora’s vessel, only one thing remained inside.

Hope.

Precisely what Ukraine, Europe and all the peoples of the world need and deserve.

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LA BOÎTE DE PANDORE DE POUTINE

Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Vladimir Poutine vient de lancer contre l’Ukraine une menace qui, par les mots qu’il a choisis, mérite beaucoup plus d’attention qu’elle n’en a reçu.

Après les attaques efficaces de l’Ukraine contre des objectifs stratégiques et économiques à l’intérieur de la Russie, Poutine a déclaré : « Le régime de Kiev a entrepris de nuire à notre économie. Qu’a-t-il fait ? Il a ouvert cette boîte de Pandore. Eh bien, attendez-vous à une réponse dirigée contre les secteurs les plus sensibles de votre économie. »

Que voulait dire Poutine lorsqu’il a parlé de la boîte de Pandore ?

Pour comprendre la gravité de ses paroles, il faut remonter près de trois mille ans en arrière, à une histoire racontée par les anciens Grecs.

Selon le mythe, Zeus, furieux parce que Prométhée avait volé le feu aux dieux pour le donner aux êtres humains, décida de les punir. Il ordonna la création de Pandore, une femme à qui les dieux accordèrent de nombreux dons.

Pandore arriva avec une grande jarre qu’elle ne devait pas ouvrir. Mais elle souleva le couvercle.

De la jarre s’échappèrent les maux qui accompagneraient désormais l’humanité : maladies, souffrances et toutes sortes de malheurs. Lorsque Pandore tenta de la refermer, il était trop tard.

Une seule chose resta à l’intérieur : l’espérance.

Au fil des siècles, cette jarre est devenue l’expression que nous connaissons tous : la boîte de Pandore. L’ouvrir signifie déclencher des maux et des conséquences qu’il devient ensuite impossible de contenir.

Revenons maintenant à Poutine.

Après plus de quatre années d’une guerre au cours de laquelle l’Ukraine a subi des villes détruites, des civils assassinés, des tortures, des viols, la mort d’enfants et l’exode de millions de personnes, Poutine menace maintenant en affirmant que l’Ukraine vient d’ouvrir la boîte de Pandore.

La menace est extrêmement grave.

Depuis des années, la Russie attaque les infrastructures énergétiques, industrielles et économiques de l’Ukraine : centrales électriques, usines, ports, chemins de fer et autres installations essentielles. Elle a également attaqué des villes, des quartiers résidentiels, des hôpitaux et des écoles.

Poutine ne peut donc présenter comme une nouveauté le fait que la Russie commencerait maintenant à punir l’économie ukrainienne ou à faire souffrir sa population.

C’est déjà ce qu’elle fait.

Et en Europe également.

Alexander Litvinenko a été assassiné au polonium à Londres. Des années plus tard, des agents russes ont introduit du Novitchok à Salisbury pour tenter d’assassiner Sergei Skripal ; une citoyenne britannique est morte à la suite de cette opération.

Depuis l’invasion de l’Ukraine, les agressions contre les pays européens se sont intensifiées : sabotages, incendies criminels, cyberattaques, interférences et opérations contre des infrastructures critiques visant, entre autres, à punir ceux qui aident l’Ukraine et à affaiblir leur volonté de continuer à le faire.

Ce n’est pas une possibilité future. Cela se produit déjà.

Si Poutine punit l’Ukraine depuis des années et intensifie les agressions contre ceux qui la soutiennent, il est difficile de croire qu’il ait choisi une expression d’une telle gravité simplement pour annoncer davantage de la même chose.

Et cela soulève une question inquiétante :

Que peut penser un criminel de guerre lorsque, après plus de quatre années d’assassinats, de tortures, de viols, de déportations d’enfants et de destruction de villes, il annonce de nouvelles atrocités ?

Nous ne connaissons pas ses plans. Mais nous connaissons ses antécédents.

Une nouvelle escalade pourrait signifier des attaques encore plus destructrices contre l’Ukraine, de nouvelles formes de terreur contre sa population ou l’emploi d’armes et de méthodes plus dévastatrices. Elle pourrait aussi intensifier les agressions contre les pays qui soutiennent l’Ukraine afin de semer la peur, provoquer des dommages économiques et affaiblir politiquement leur soutien.

Mais les exactions de Poutine, en Ukraine comme en Europe, ont provoqué un changement de perception et d’action.

Au début de l’invasion, de nombreux gouvernements européens aidaient l’Ukraine avec une extrême prudence. Ils fournissaient certaines armes et en refusaient d’autres. Ils craignaient de provoquer une escalade avec la Russie. La priorité était d’empêcher la défaite de l’Ukraine.

Quatre ans plus tard, la situation est très différente.

De nombreux gouvernements européens considèrent désormais Poutine comme une menace pour eux-mêmes et sont parvenus à une conclusion stratégique fondamentale :

la sécurité de l’Ukraine et la sécurité de l’Europe sont liées.

L’Ukraine n’est plus seulement une nation envahie qu’il faut aider.

Elle est la première ligne de défense de l’Europe.

Et cette vision se traduit par des actes. L’Europe augmente ses dépenses militaires, renforce sa défense aérienne, accroît sa production d’armements et approfondit sa coopération militaire, industrielle et technologique avec l’Ukraine.

L’Ukraine participe au Conseil OTAN-Ukraine et l’Alliance coordonne l’armement et l’entraînement de ses forces. Sans appartenir officiellement à l’OTAN, l’Ukraine est devenue un partenaire virtuel de l’Alliance.

Une transformation semblable se produit avec l’Union européenne. L’Ukraine avance vers l’adhésion et son industrie militaire s’intègre progressivement à celle de l’Europe. Sans être encore membre, elle ressemble à bien des égards à un membre honoraire de l’Union européenne.

La menace de Poutine ne rencontre pas non plus la même Europe qu’en février 2022. À peine deux jours après ses paroles, la Coalition des volontaires, qui réunit plus de 30 pays, a annoncé que les menaces russes ne la dissuaderaient pas : l’aide militaire sera accrue, la défense aérienne ukrainienne sera renforcée de toute urgence et la coopération technologique et militaire sera approfondie.

Ce que prépare Poutine pourrait provoquer un enfer, des malheurs plus grands encore que tous ceux déjà vécus à l’intérieur et à l’extérieur de l’Ukraine et, en même temps, une nouvelle erreur colossale.

Mais n’oublions pas comment se termine l’ancien mythe que Poutine lui-même vient d’invoquer.

Après que tous les maux qui ont accompagné l’humanité se furent échappés de la jarre de Pandore, une seule chose resta à l’intérieur.

L’espérance.

Précisément ce dont l’Ukraine, l’Europe et tous les peuples du monde ont besoin et qu’ils méritent.

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IL VASO DI PANDORA DI PUTIN

Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Vladimir Putin ha appena lanciato contro l’Ucraina una minaccia che, per le parole che ha scelto, merita molta più attenzione di quella che ha ricevuto.

Dopo gli efficaci attacchi ucraini contro obiettivi strategici ed economici all’interno della Russia, Putin ha dichiarato: “Il regime di Kiev ha deciso di danneggiare la nostra economia. Che cosa ha fatto? Ha aperto questo vaso di Pandora. Ebbene, aspettatevi una risposta diretta contro i settori più sensibili della vostra economia”.

Che cosa ha voluto dire Putin parlando del vaso di Pandora?

Per comprendere la gravità delle sue parole bisogna tornare indietro di quasi tremila anni, a una storia raccontata dagli antichi greci.

Secondo il mito, Zeus, furioso perché Prometeo aveva rubato il fuoco agli dei per consegnarlo agli esseri umani, decise di punirli. Ordinò di creare Pandora, una donna alla quale gli dei concessero numerosi doni.

Pandora arrivò con un grande vaso che non doveva aprire. Ma sollevò il coperchio.

Dal vaso uscirono i mali che da allora avrebbero accompagnato l’umanità: malattie, sofferenze e ogni genere di disgrazia. Quando Pandora cercò di richiuderlo, era ormai troppo tardi.

Dentro rimase una sola cosa: la speranza.

Con il passare dei secoli, quel vaso divenne l’espressione che tutti conosciamo: il vaso di Pandora. Aprirlo significa scatenare mali e conseguenze che poi diventa impossibile rinchiudere nuovamente.

Torniamo ora a Putin.

Dopo più di quattro anni di una guerra in cui l’Ucraina ha subito città distrutte, civili assassinati, torture, stupri, bambini morti e milioni di persone costrette ad abbandonare le proprie case, Putin minaccia affermando che l’Ucraina ha appena aperto il vaso di Pandora.

La minaccia è gravissima.

Da anni la Russia attacca le infrastrutture energetiche, industriali ed economiche dell’Ucraina: centrali elettriche, fabbriche, porti, ferrovie e altre installazioni essenziali. Ha inoltre attaccato città, quartieri residenziali, ospedali e scuole.

Putin non può presentare come una novità il fatto che la Russia comincerà ora a colpire l’economia ucraina o a far soffrire la sua popolazione.

Lo sta già facendo.

E anche in Europa.

Alexander Litvinenko fu assassinato con il polonio a Londra. Anni dopo, agenti russi portarono il Novichok a Salisbury nel tentativo di assassinare Sergei Skripal; una cittadina britannica morì in conseguenza di quell’operazione.

Dall’invasione dell’Ucraina, le aggressioni contro i paesi europei si sono intensificate: sabotaggi, incendi dolosi, cyberattacchi, interferenze e operazioni contro infrastrutture critiche destinate, tra le altre cose, a punire chi aiuta l’Ucraina e a indebolirne la volontà di continuare a farlo.

Questa non è una possibilità futura. Sta già accadendo.

Se Putin da anni punisce l’Ucraina e ha intensificato le aggressioni contro coloro che la sostengono, è difficile credere che abbia scelto un’espressione di tale gravità semplicemente per annunciare ancora una volta la stessa cosa.

E questo solleva una domanda inquietante:

Che cosa può pensare un criminale di guerra quando, dopo più di quattro anni di omicidi, torture, stupri, deportazioni di bambini e distruzione di città, annuncia nuove atrocità?

Non conosciamo i suoi piani. Ma conosciamo i suoi precedenti.

Una nuova escalation potrebbe significare attacchi ancora più distruttivi contro l’Ucraina, nuove forme di terrore contro la sua popolazione oppure armi e metodi più devastanti. Potrebbe inoltre intensificare le aggressioni contro i paesi che sostengono l’Ucraina, cercando di seminare paura, provocare danni economici e indebolirne politicamente il sostegno.

Ma gli abusi di Putin, tanto in Ucraina quanto in Europa, hanno provocato un cambiamento di percezione e di azione.

All’inizio dell’invasione, molti governi europei aiutavano l’Ucraina con straordinaria cautela. Fornivano determinate armi e ne negavano altre. Temevano di provocare un’escalation con la Russia. La priorità era impedire che l’Ucraina venisse sconfitta.

Quattro anni dopo, la situazione è molto diversa.

Numerosi governi europei considerano Putin una minaccia per loro stessi e sono giunti a una conclusione strategica fondamentale:

la sicurezza dell’Ucraina e la sicurezza dell’Europa sono unite.

L’Ucraina non è più soltanto una nazione invasa che deve essere aiutata.

È la prima linea di difesa dell’Europa.

E questa visione si traduce in fatti. L’Europa aumenta le spese militari, rafforza la difesa aerea, amplia la produzione di armamenti e approfondisce la cooperazione militare, industriale e tecnologica con l’Ucraina.

L’Ucraina partecipa al Consiglio NATO-Ucraina e l’Alleanza coordina armamenti e addestramento per le sue forze. Senza appartenere formalmente alla NATO, l’Ucraina è diventata un partner virtuale dell’Alleanza.

Con l’Unione Europea avviene qualcosa di simile. L’Ucraina avanza verso l’adesione e la sua industria militare si integra progressivamente con quella europea. Pur non essendo ancora membro, sotto molti aspetti appare come un membro onorario dell’Unione Europea.

La minaccia di Putin non trova nemmeno la stessa Europa del febbraio 2022. Appena due giorni dopo le sue parole, la Coalizione dei Volenterosi, che riunisce più di 30 paesi, ha annunciato che le minacce russe non l’avrebbero dissuasa: aumenterà il sostegno militare, rafforzerà urgentemente la difesa aerea ucraina e approfondirà la cooperazione tecnologica e militare.

Ciò che Putin sta preparando potrebbe trasformarsi in un inferno, in disgrazie ancora maggiori di tutte quelle sperimentate finora dentro e fuori dall’Ucraina e, allo stesso tempo, in un altro colossale errore.

Ma non dimentichiamo come termina l’antico mito che lo stesso Putin ha appena evocato.

Dopo che dal vaso di Pandora furono usciti tutti i mali che da allora hanno accompagnato l’umanità, all’interno rimase una sola cosa.

La speranza.

Proprio ciò di cui l’Ucraina, l’Europa e tutti i popoli del mondo hanno bisogno e che meritano.

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LA OEA: ¿UNA RESPUESTA PARA AMÉRICA O UNA ORGANIZACIÓN DE DIPLOMÁTICOS?

 

LA OEA: ¿UNA RESPUESTA PARA AMÉRICA O UNA ORGANIZACIÓN DE DIPLOMÁTICOS?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

La decisión de la Organización de Estados Americanos de convocar una reunión extraordinaria para analizar la situación de Nicaragua debería servir para discutir algo mucho más importante que las nuevas maniobras del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra la oposición.

La cuestión fundamental es si la OEA está preparada para defender a las democracias americanas frente a las amenazas del siglo XXI.

El mundo ha cambiado. Rusia, China e Irán buscan ampliar su presencia e influencia en América Latina. Sus intereses y métodos son diferentes, pero los tres comprenden la importancia estratégica de nuestro continente y procuran aumentar aquí su influencia política, económica, tecnológica y, en determinados casos, militar y de inteligencia.

En este escenario, la existencia de dictaduras latinoamericanas adquiere una dimensión geopolítica que la OEA no puede ignorar.

Una democracia cuenta con oposición, prensa independiente, elecciones competitivas e instituciones fiscalizadoras. Una dictadura elimina esos contrapesos y puede establecer acuerdos estratégicos, comprometer recursos nacionales o ampliar relaciones militares y de inteligencia sin responder ante instituciones independientes.

Cuba constituye un antecedente histórico. Fidel Castro no se conformó con imponer una dictadura en la Isla. Su régimen apoyó y entrenó movimientos guerrilleros que pretendían conquistar el poder en otros países y convirtió su alianza con la Unión Soviética en un factor de confrontación hemisférica.

Pero la penetración castrista tampoco se limitó a las guerrillas. Llegó hasta algunas de las instituciones más sensibles de Estados Unidos.

Ana Belén Montes, analista de la Agencia de Inteligencia de Defensa, trabajó para la inteligencia cubana y fue condenada a 25 años de prisión. Víctor Manuel Rocha ocupó importantes posiciones en el Departamento de Estado, integró el Consejo de Seguridad Nacional y fue embajador en Bolivia. En 2024 admitió haber actuado durante décadas como agente del régimen cubano y fue condenado a 15 años.

Y no hablamos solamente del pasado. En agosto de 2026, el Departamento de Estado acusó al régimen cubano de mantener una red destinada a identificar, captar y radicalizar personas en Estados Unidos.

Si la inteligencia castrista logró penetrar durante décadas instituciones de un país con enormes recursos de contrainteligencia, es razonable preguntarse hasta dónde habrá podido llegar en otras naciones del continente con recursos mucho más limitados.

Hugo Chávez demostró después que la influencia autoritaria tampoco necesitaba depender de guerrillas. Llegó al poder mediante elecciones y encontró en Fidel Castro un aliado fundamental. La cooperación política, el asesoramiento en represión e inteligencia y la protección recíproca ofrecían otros instrumentos. Daniel Ortega forma parte de esa historia: regresó al poder mediante elecciones y posteriormente desmontó los controles democráticos que podían limitarlo.

Pero las dictaduras exportan inestabilidad de otras maneras.

El narcotráfico representa una amenaza directa a la democracia. Para expandirse necesita corromper funcionarios, penetrar policías y fuerzas armadas, comprar protección, intimidar jueces y fiscales, lavar dinero e influir sobre estructuras políticas.

Cuando las organizaciones criminales acumulan poder aparecen territorios dominados por grupos violentos, extorsiones, secuestros y asesinatos. Si el Estado democrático parece incapaz de proteger a la población y evitar que sus funcionarios sean comprados, comienza a deteriorarse la confianza ciudadana en la propia democracia. El narcotráfico deja entonces de ser solamente un problema criminal para convertirse también en una amenaza política.

La represión también atraviesa fronteras: opositores de las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela han sido víctimas de asesinatos o atentados después de refugiarse en otros países. Cuando una dictadura persigue a sus adversarios fuera de su territorio, deja de ser un problema interno y se convierte en una amenaza a la soberanía y seguridad de otras naciones.

Finalmente están las migraciones. Cuando la represión y el fracaso económico obligan a cientos de miles o millones de personas a abandonar su patria, otras naciones terminan soportando parte de las consecuencias económicas y sociales.

Penetración de potencias autoritarias extracontinentales, espionaje e influencia, narcotráfico, corrupción, violencia, represión transnacional y migraciones demuestran una misma realidad: la ausencia de democracia en una nación puede convertirse en un factor de inestabilidad para las demás.

Defender la democracia ya no es solamente una obligación moral. Es también una cuestión de seguridad colectiva.

Aquí la OEA debe responder una pregunta: ¿está preparada para las necesidades reales del continente o continuará siendo fundamentalmente una organización de diplomáticos que discuten y aprueban resoluciones mientras los problemas se agravan?

Nicaragua demuestra la contradicción. No fue Nicaragua la que decidió abandonar la OEA. Fue el régimen de Ortega y Murillo el que retiró al país después de que el organismo cuestionara las elecciones de 2021 y la destrucción del orden democrático.

Ningún gobierno debería poder asumir compromisos democráticos, violarlos sistemáticamente y después retirar al país de la OEA para escapar del escrutinio regional. Sería premiar al infractor.

La OEA necesita instrumentos adecuados a una realidad en la que la destrucción de la democracia puede amenazar la seguridad y estabilidad de otros Estados.

Ortega y Murillo pudieron retirar a Nicaragua de la OEA. No pueden retirar a Nicaragua de América.

Defender la democracia de cada nación es también defender la seguridad de todas.

La OEA tiene que decidir qué quiere ser: un foro donde los gobiernos discuten los problemas de América o una organización capaz de contribuir efectivamente a resolverlos.

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THE OAS: AN ANSWER FOR THE AMERICAS OR AN ORGANIZATION OF DIPLOMATS?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

The decision by the Organization of American States to convene an extraordinary meeting to examine the situation in Nicaragua should serve to discuss something far more important than the latest maneuvers by the regime of Daniel Ortega and Rosario Murillo against the opposition.

The fundamental question is whether the OAS is prepared to defend the democracies of the Americas against the threats of the twenty-first century.

The world has changed. Russia, China and Iran seek to expand their presence and influence in Latin America. Their interests and methods differ, but all three understand the strategic importance of our continent and seek to increase their political, economic, technological and, in certain cases, military and intelligence influence here.

In this environment, the existence of Latin American dictatorships acquires a geopolitical dimension that the OAS cannot ignore.

A democracy has an opposition, an independent press, competitive elections and institutions that provide oversight. A dictatorship eliminates those checks and balances and can enter into strategic agreements, commit national resources or expand military and intelligence relationships without being accountable to independent institutions.

Cuba provides a historical precedent. Fidel Castro was not satisfied with imposing a dictatorship on the Island. His regime supported and trained guerrilla movements that sought to seize power in other countries and turned its alliance with the Soviet Union into a source of hemispheric confrontation.

But Castro's penetration was not limited to guerrilla movements. It reached some of the most sensitive institutions of the United States.

Ana Belén Montes, an analyst at the Defense Intelligence Agency, worked for Cuban intelligence and was sentenced to 25 years in prison. Víctor Manuel Rocha held important positions in the State Department, served on the National Security Council and was U.S. ambassador to Bolivia. In 2024 he admitted that he had secretly acted for decades as an agent of the Cuban regime and was sentenced to 15 years in prison.

And we are not talking only about the past. In August 2026, the State Department accused the Cuban regime of maintaining a network designed to identify, recruit and radicalize people in the United States.

If Castro's intelligence services were able for decades to penetrate institutions of a country with enormous counterintelligence resources, it is reasonable to ask how far that penetration may have gone in other nations of the hemisphere with much more limited capabilities.

Hugo Chávez later demonstrated that authoritarian influence no longer needed to depend on guerrillas. He came to power through elections and found a fundamental ally in Fidel Castro. Political cooperation, advice on repression and intelligence, and mutual protection provided other instruments. Daniel Ortega is part of that history: he returned to power through elections and later dismantled the democratic checks that could limit him.

But dictatorships export instability in other ways.

Drug trafficking represents a direct threat to democracy. To expand, it needs to corrupt public officials, penetrate police and armed forces, purchase protection, intimidate judges and prosecutors, launder money and influence political structures.

When criminal organizations accumulate power, territories dominated by violent groups, extortion, kidnapping and murder appear. If a democratic state seems unable to protect its population and prevent its officials from being bought, public confidence in democracy itself begins to deteriorate. Drug trafficking then ceases to be merely a criminal problem and becomes a political threat as well.

Repression also crosses borders: opponents of the dictatorships in Cuba, Nicaragua and Venezuela have been victims of killings or attacks after seeking refuge in other countries. When a dictatorship persecutes its adversaries beyond its territory, it ceases to be an internal problem and becomes a threat to the sovereignty and security of other nations.

Finally, there is migration. When repression and economic failure force hundreds of thousands or millions of people to leave their homeland, other countries end up bearing part of the economic and social consequences.

Penetration by extra-hemispheric authoritarian powers, espionage and influence operations, drug trafficking, corruption, violence, transnational repression and migration all demonstrate the same reality: the absence of democracy in one nation can become a source of instability for others.

Defending democracy is no longer merely a moral obligation. It is also a matter of collective security.

The OAS must therefore answer a question: is it prepared to meet the real needs of the continent, or will it remain fundamentally an organization of diplomats who debate and approve resolutions while problems continue to worsen?

Nicaragua demonstrates the contradiction. It was not Nicaragua that decided to leave the OAS. It was the Ortega-Murillo regime that withdrew the country after the organization questioned the 2021 elections and the destruction of democratic order.

No government should be able to assume democratic commitments, systematically violate them and then withdraw the country from the OAS to escape regional scrutiny. That would reward the offender.

The OAS needs instruments suited to a reality in which the destruction of democracy can threaten the security and stability of other states.

Ortega and Murillo were able to withdraw Nicaragua from the OAS. They cannot remove Nicaragua from the Americas.

Defending the democracy of each nation is also defending the security of them all.

The OAS must decide what it wants to be: a forum where governments discuss the problems of the Americas or an organization capable of contributing effectively to solving them.

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L’OEA : UNE RÉPONSE POUR LES AMÉRIQUES OU UNE ORGANISATION DE DIPLOMATES ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

La décision de l’Organisation des États américains de convoquer une réunion extraordinaire pour examiner la situation au Nicaragua devrait permettre de discuter d’une question bien plus importante que les nouvelles manœuvres du régime de Daniel Ortega et Rosario Murillo contre l’opposition.

La question fondamentale est de savoir si l’OEA est prête à défendre les démocraties des Amériques face aux menaces du XXIe siècle.

Le monde a changé. La Russie, la Chine et l’Iran cherchent à accroître leur présence et leur influence en Amérique latine. Leurs intérêts et leurs méthodes sont différents, mais tous trois comprennent l’importance stratégique de notre continent et cherchent à y renforcer leur influence politique, économique, technologique et, dans certains cas, militaire et de renseignement.

Dans ce contexte, l’existence de dictatures latino-américaines acquiert une dimension géopolitique que l’OEA ne peut ignorer.

Une démocratie dispose d’une opposition, d’une presse indépendante, d’élections compétitives et d’institutions de contrôle. Une dictature élimine ces contre-pouvoirs et peut conclure des accords stratégiques, engager des ressources nationales ou développer des relations militaires et de renseignement sans avoir à rendre de comptes à des institutions indépendantes.

Cuba constitue un précédent historique. Fidel Castro ne s’est pas contenté d’imposer une dictature sur l’île. Son régime a soutenu et entraîné des mouvements de guérilla qui cherchaient à prendre le pouvoir dans d’autres pays et a transformé son alliance avec l’Union soviétique en facteur de confrontation dans l’hémisphère.

Mais la pénétration castriste ne s’est pas limitée aux guérillas. Elle a atteint certaines des institutions les plus sensibles des États-Unis.

Ana Belén Montes, analyste à la Defense Intelligence Agency, a travaillé pour les services de renseignement cubains et a été condamnée à 25 ans de prison. Víctor Manuel Rocha a occupé d’importantes fonctions au Département d’État, a siégé au Conseil de sécurité nationale et a été ambassadeur des États-Unis en Bolivie. En 2024, il a reconnu avoir secrètement agi pendant des décennies comme agent du régime cubain et a été condamné à 15 ans de prison.

Et il ne s’agit pas seulement du passé. En août 2026, le Département d’État a accusé le régime cubain de maintenir aux États-Unis un réseau destiné à identifier, recruter et radicaliser des personnes.

Si les services de renseignement castristes ont réussi pendant des décennies à pénétrer les institutions d’un pays disposant d’énormes moyens de contre-espionnage, il est raisonnable de se demander jusqu’où cette pénétration a pu aller dans d’autres nations du continent disposant de ressources beaucoup plus limitées.

Hugo Chávez a ensuite démontré que l’influence autoritaire n’avait plus besoin de dépendre des guérillas. Il est arrivé au pouvoir par les élections et a trouvé en Fidel Castro un allié fondamental. La coopération politique, les conseils en matière de répression et de renseignement ainsi que la protection réciproque offraient d’autres instruments. Daniel Ortega fait partie de cette histoire : il est revenu au pouvoir par les élections avant de démanteler progressivement les contrôles démocratiques susceptibles de limiter son pouvoir.

Mais les dictatures exportent aussi l’instabilité d’autres manières.

Le narcotrafic représente une menace directe pour la démocratie. Pour se développer, il doit corrompre des fonctionnaires, infiltrer la police et les forces armées, acheter des protections, intimider les juges et les procureurs, blanchir de l’argent et influencer les structures politiques.

Lorsque les organisations criminelles accumulent du pouvoir, apparaissent des territoires dominés par des groupes violents, les extorsions, les enlèvements et les assassinats. Si l’État démocratique semble incapable de protéger la population et d’empêcher l’achat de ses fonctionnaires, la confiance des citoyens dans la démocratie elle-même commence à se détériorer. Le narcotrafic cesse alors d’être uniquement un problème criminel et devient également une menace politique.

La répression franchit elle aussi les frontières : des opposants aux dictatures de Cuba, du Nicaragua et du Venezuela ont été victimes d’assassinats ou d’attentats après s’être réfugiés dans d’autres pays. Lorsqu’une dictature poursuit ses adversaires hors de son territoire, elle cesse d’être un problème interne et devient une menace pour la souveraineté et la sécurité d’autres nations.

Enfin viennent les migrations. Lorsque la répression et l’échec économique obligent des centaines de milliers ou des millions de personnes à abandonner leur patrie, d’autres nations finissent par supporter une partie des conséquences économiques et sociales.

Pénétration de puissances autoritaires extra-continentales, espionnage et influence, narcotrafic, corruption, violence, répression transnationale et migrations démontrent une même réalité : l’absence de démocratie dans une nation peut devenir un facteur d’instabilité pour les autres.

Défendre la démocratie n’est donc plus seulement une obligation morale. C’est aussi une question de sécurité collective.

L’OEA doit répondre à une question : est-elle prête à répondre aux besoins réels du continent ou restera-t-elle fondamentalement une organisation de diplomates qui débattent et adoptent des résolutions tandis que les problèmes continuent de s’aggraver ?

Le Nicaragua illustre cette contradiction. Ce n’est pas le Nicaragua qui a décidé de quitter l’OEA. C’est le régime d’Ortega et Murillo qui a retiré le pays après que l’organisation eut remis en cause les élections de 2021 et dénoncé la destruction de l’ordre démocratique.

Aucun gouvernement ne devrait pouvoir assumer des engagements démocratiques, les violer systématiquement puis retirer son pays de l’OEA afin d’échapper au contrôle régional. Ce serait récompenser le contrevenant.

L’OEA a besoin d’instruments adaptés à une réalité dans laquelle la destruction de la démocratie peut menacer la sécurité et la stabilité d’autres États.

Ortega et Murillo ont pu retirer le Nicaragua de l’OEA. Ils ne peuvent pas retirer le Nicaragua des Amériques.

Défendre la démocratie de chaque nation, c’est aussi défendre la sécurité de toutes.

L’OEA doit décider ce qu’elle veut être : un forum où les gouvernements discutent des problèmes des Amériques ou une organisation capable de contribuer efficacement à leur résolution.

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L’OSA: UNA RISPOSTA PER LE AMERICHE O UN’ORGANIZZAZIONE DI DIPLOMATICI?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

La decisione dell’Organizzazione degli Stati Americani di convocare una riunione straordinaria per analizzare la situazione in Nicaragua dovrebbe servire a discutere qualcosa di molto più importante delle nuove manovre del regime di Daniel Ortega e Rosario Murillo contro l’opposizione.

La questione fondamentale è se l’OSA sia preparata a difendere le democrazie delle Americhe dalle minacce del XXI secolo.

Il mondo è cambiato. Russia, Cina e Iran cercano di ampliare la loro presenza e influenza in America Latina. I loro interessi e metodi sono diversi, ma tutti e tre comprendono l’importanza strategica del nostro continente e cercano di aumentare qui la propria influenza politica, economica, tecnologica e, in determinati casi, militare e di intelligence.

In questo scenario, l’esistenza di dittature latinoamericane assume una dimensione geopolitica che l’OSA non può ignorare.

Una democrazia dispone di opposizione, stampa indipendente, elezioni competitive e istituzioni di controllo. Una dittatura elimina questi contrappesi e può concludere accordi strategici, impegnare risorse nazionali o ampliare relazioni militari e di intelligence senza dover rispondere a istituzioni indipendenti.

Cuba costituisce un precedente storico. Fidel Castro non si accontentò di imporre una dittatura sull’Isola. Il suo regime sostenne e addestrò movimenti guerriglieri che cercavano di conquistare il potere in altri paesi e trasformò la propria alleanza con l’Unione Sovietica in un fattore di confronto nell’emisfero.

Ma la penetrazione castrista non si limitò alle guerriglie. Raggiunse alcune delle istituzioni più sensibili degli Stati Uniti.

Ana Belén Montes, analista della Defense Intelligence Agency, lavorò per l’intelligence cubana e fu condannata a 25 anni di carcere. Víctor Manuel Rocha ricoprì importanti incarichi nel Dipartimento di Stato, fece parte del Consiglio di Sicurezza Nazionale e fu ambasciatore degli Stati Uniti in Bolivia. Nel 2024 ammise di aver agito segretamente per decenni come agente del regime cubano e fu condannato a 15 anni di carcere.

E non stiamo parlando soltanto del passato. Nell’agosto 2026, il Dipartimento di Stato accusò il regime cubano di mantenere negli Stati Uniti una rete destinata a identificare, reclutare e radicalizzare persone.

Se l’intelligence castrista è riuscita per decenni a penetrare le istituzioni di un paese dotato di enormi risorse di controspionaggio, è ragionevole chiedersi fino a che punto tale penetrazione possa essere arrivata in altre nazioni del continente con risorse molto più limitate.

Hugo Chávez dimostrò successivamente che l’influenza autoritaria non aveva più bisogno di dipendere dalle guerriglie. Arrivò al potere attraverso le elezioni e trovò in Fidel Castro un alleato fondamentale. La cooperazione politica, la consulenza nella repressione e nell’intelligence e la protezione reciproca offrivano altri strumenti. Daniel Ortega fa parte di questa storia: tornò al potere attraverso le elezioni e successivamente smantellò i controlli democratici che potevano limitarlo.

Ma le dittature esportano instabilità anche in altri modi.

Il narcotraffico rappresenta una minaccia diretta alla democrazia. Per espandersi deve corrompere funzionari, infiltrare polizia e forze armate, comprare protezione, intimidire giudici e procuratori, riciclare denaro e influenzare le strutture politiche.

Quando le organizzazioni criminali accumulano potere compaiono territori dominati da gruppi violenti, estorsioni, sequestri e omicidi. Se lo Stato democratico appare incapace di proteggere la popolazione e impedire che i suoi funzionari vengano comprati, la fiducia dei cittadini nella democrazia stessa comincia a deteriorarsi. Il narcotraffico smette allora di essere soltanto un problema criminale e diventa anche una minaccia politica.

Anche la repressione attraversa le frontiere: oppositori delle dittature di Cuba, Nicaragua e Venezuela sono stati vittime di omicidi o attentati dopo essersi rifugiati in altri paesi. Quando una dittatura perseguita i propri avversari fuori dal suo territorio, cessa di essere un problema interno e diventa una minaccia alla sovranità e alla sicurezza di altre nazioni.

Infine ci sono le migrazioni. Quando la repressione e il fallimento economico costringono centinaia di migliaia o milioni di persone ad abbandonare la propria patria, altre nazioni finiscono per sostenere parte delle conseguenze economiche e sociali.

Penetrazione di potenze autoritarie extracontinentali, spionaggio e influenza, narcotraffico, corruzione, violenza, repressione transnazionale e migrazioni dimostrano una stessa realtà: l’assenza di democrazia in una nazione può trasformarsi in un fattore di instabilità per le altre.

Difendere la democrazia non è più soltanto un obbligo morale. È anche una questione di sicurezza collettiva.

L’OSA deve quindi rispondere a una domanda: è preparata a rispondere alle reali necessità del continente oppure continuerà a essere fondamentalmente un’organizzazione di diplomatici che discutono e approvano risoluzioni mentre i problemi continuano ad aggravarsi?

Il Nicaragua dimostra la contraddizione. Non è stato il Nicaragua a decidere di abbandonare l’OSA. È stato il regime di Ortega e Murillo a ritirare il paese dopo che l’organizzazione aveva messo in discussione le elezioni del 2021 e la distruzione dell’ordine democratico.

Nessun governo dovrebbe poter assumere impegni democratici, violarli sistematicamente e poi ritirare il proprio paese dall’OSA per sfuggire al controllo regionale. Significherebbe premiare il trasgressore.

L’OSA ha bisogno di strumenti adeguati a una realtà nella quale la distruzione della democrazia può minacciare la sicurezza e la stabilità di altri Stati.

Ortega e Murillo hanno potuto ritirare il Nicaragua dall’OSA. Non possono ritirare il Nicaragua dalle Americhe.

Difendere la democrazia di ogni nazione significa anche difendere la sicurezza di tutte.

L’OSA deve decidere che cosa vuole essere: un forum nel quale i governi discutono i problemi delle Americhe oppure un’organizzazione capace di contribuire efficacemente a risolverli.

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