VENEZUELA: ES HORA DE DEVOLVER EL PODER AL PUEBLO

 


Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

 

La propuesta de María Corina Machado de avanzar cuanto antes hacia elecciones generales plantea una cuestión decisiva: el interinato debe cumplir la misión para la cual fue creado y devolver el poder a los venezolanos. Una transición demasiado lenta puede terminar trayendo más problemas que beneficios.

 

Todo indica que la operación que hizo posible la captura y el desplazamiento de la cúpula chavista contó con la colaboración de altos funcionarios y sectores del propio régimen. Esa convergencia permitió alcanzar un objetivo extraordinariamente difícil, pero quienes coincidieron para poner fin a aquella etapa no necesariamente comparten la misma visión sobre la velocidad y profundidad con que debe desmontarse la dictadura.

 

Ahí está uno de los principales peligros. La función del interinato es evitar un vacío de poder, mantener funcionando el Estado, desmontar las estructuras autoritarias y crear las condiciones para elecciones libres. No fue creado para sustituir una dictadura por una prolongada administración provisional.

 

La lentitud puede deberse a incapacidad, a contradicciones entre los distintos intereses representados o a la conveniencia de determinados sectores. Cualquiera que sea la explicación, el riesgo es el mismo: mientras más dure el interinato, mayores serán los intereses que pueden surgir alrededor de su permanencia.

 

EL TERREMOTO FUE UNA ADVERTENCIA

La respuesta ante el reciente terremoto ofreció una preocupante demostración. Frente a una tragedia que exigía rapidez y cooperación, el interinato mostró incompetencia administrativa y reflejos de control heredados del antiguo régimen. Las denuncias sobre obstáculos, restricciones y burocracia demostraron que cambiar a quienes ocupan el poder no transforma automáticamente la cultura con la que funciona el Estado.

 

El contraste con Colombia fue evidente. El gobierno democrático recién elegido reaccionó con una actitud abierta a ayudar, facilitar y coordinar, movilizando las instituciones para acelerar el rescate y la asistencia. En Venezuela reaparecieron la desconfianza, la burocracia y el afán de control cuando había que facilitar toda iniciativa capaz de salvar vidas.

 

El terremoto no es el centro de esta discusión. Fue una advertencia de lo que puede ocurrir si las estructuras y prácticas del pasado sobreviven demasiado tiempo dentro de la transición.

 

MACHADO PROPONE DEVOLVER EL PODER A LA POBLACIÓN

Es aquí donde adquiere especial importancia el planteamiento de María Corina Machado.

 

Machado propone elecciones generales, un Consejo Nacional Electoral independiente y sin cuotas partidistas, participación de los venezolanos residentes en el exterior, reconstrucción del Poder Judicial y una verdadera descentralización que devuelva atribuciones y recursos a estados y municipios.

 

Su propuesta parte de un principio fundamental: recuperar la soberanía popular para recuperar la soberanía nacional.

 

Machado, además, ya demostró algo particularmente importante para esta nueva etapa: su extraordinario poder de convocatoria.

 

Aun bajo la dictadura, enfrentando persecución, inhabilitaciones, obstáculos institucionales y años de frustración, fue capaz de convencer a millones de venezolanos de que todavía valía la pena organizarse, movilizarse y acudir a votar.

 

Lo trascendental no es discutir aquí un resultado electoral determinado. Lo verdaderamente importante es lo que aquella movilización demostró: la población conserva una enorme capacidad para organizarse y decidir cuando encuentra una causa y una estrategia en las cuales confiar.

 

Si los venezolanos fueron capaces de movilizarse masivamente bajo una dictadura, resulta difícil sostener ahora que necesitan años de tutela política antes de estar preparados para decidir democráticamente su futuro.

 

LA ALIANZA QUE HIZO POSIBLE EL CAMBIO NO PUEDE DECIDIR EL FUTURO

Los sectores procedentes del régimen que colaboraron para hacer posible el cambio pudieron desempeñar un papel indispensable. Pero existe una diferencia fundamental entre contribuir al final de una dictadura y adquirir el derecho a decidir indefinidamente qué viene después.

 

La convergencia que hizo posible desmontar la antigua cúpula puede convertirse en un obstáculo si pretende preservar permanentemente el equilibrio político surgido de aquella operación.

 

Solo existe una manera legítima de resolver esa contradicción: preguntarles a los venezolanos.

 

Después del despilfarro, el robo y la destrucción chavista, Venezuela necesitará años para reconstruir su economía, sus servicios públicos y sus instituciones. Pero una larga reconstrucción nacional no requiere una larga transición política. Al contrario, cuanto mayores sean los problemas, mayor será la necesidad de que quienes adopten las decisiones tengan legitimidad democrática.

 

Hay que prepararse sin demora para elecciones libres, desmontar los mecanismos autoritarios que todavía sobreviven y garantizar la participación política de todos.

 

María Corina Machado apuesta por la capacidad de los venezolanos para decidir su futuro. Su poder de convocatoria ya demostró que esa confianza tiene fundamento.

 

Es hora de devolver el poder al pueblo.

🇬🇧 ENGLISH

VENEZUELA: IT IS TIME TO RETURN POWER TO THE PEOPLE

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

 

María Corina Machado’s proposal to move as quickly as possible toward general elections raises a decisive question: the interim government must fulfill the mission for which it was created and return power to the Venezuelan people. A transition that moves too slowly may ultimately create more problems than benefits.

 

Everything indicates that the operation that made possible the capture and removal of the Chavista leadership involved the collaboration of senior officials and sectors within the regime itself. That convergence made it possible to achieve an extraordinarily difficult objective, but those who came together to bring that stage to an end do not necessarily share the same vision regarding the speed and depth with which the dictatorship must be dismantled.

 

Therein lies one of the main dangers. The role of the interim government is to prevent a power vacuum, keep the State functioning, dismantle authoritarian structures, and create the conditions for free elections. It was not created to replace a dictatorship with a prolonged provisional administration.

 

The slow pace may be due to incompetence, contradictions among the different interests represented, or the convenience of certain sectors. Whatever the explanation, the risk is the same: the longer the interim government remains in place, the greater the interests that may develop around its continued existence.

 

THE EARTHQUAKE WAS A WARNING

The response to the recent earthquake offered a troubling demonstration. Faced with a tragedy that demanded speed and cooperation, the interim government displayed administrative incompetence and reflexes of control inherited from the former regime. Reports of obstacles, restrictions, and bureaucracy demonstrated that changing those who hold power does not automatically transform the culture through which the State operates.

 

The contrast with Colombia was evident. The newly elected democratic government responded with an open attitude toward helping, facilitating, and coordinating, mobilizing the country’s institutions to accelerate rescue and assistance. In Venezuela, distrust, bureaucracy, and the desire for control reappeared precisely when every initiative capable of saving lives needed to be facilitated.

 

The earthquake is not the central issue in this discussion. It was a warning of what can happen if the structures and practices of the past survive for too long within the transition.

 

MACHADO PROPOSES RETURNING POWER TO THE PEOPLE

This is where María Corina Machado’s proposal takes on particular importance.

Machado proposes general elections, an independent National Electoral Council free of partisan quotas, participation by Venezuelans living abroad, reconstruction of the Judicial Branch, and genuine decentralization that restores powers and resources to states and municipalities.

 

Her proposal is based on a fundamental principle: recovering popular sovereignty in order to recover national sovereignty.

 

Machado has also already demonstrated something particularly important for this new stage: her extraordinary ability to mobilize people.

 

Even under the dictatorship, while facing persecution, disqualification from office, institutional obstacles, and years of frustration, she was able to convince millions of Venezuelans that it was still worthwhile to organize, mobilize, and go to the polls.

 

The essential point is not to debate a particular electoral result here. What truly matters is what that mobilization demonstrated: the population retains an enormous capacity to organize and decide when it finds a cause and a strategy it can trust.

 

If Venezuelans were capable of mobilizing massively under a dictatorship, it is difficult to argue now that they need years of political tutelage before they are prepared to decide their future democratically.

 

THE ALLIANCE THAT MADE CHANGE POSSIBLE CANNOT DECIDE THE FUTURE

The sectors that came from within the regime and collaborated in making change possible may have played an indispensable role. But there is a fundamental difference between contributing to the end of a dictatorship and acquiring the right to decide indefinitely what comes afterward.

 

The convergence that made it possible to dismantle the former leadership can become an obstacle if it seeks to permanently preserve the political balance that emerged from that operation.

 

There is only one legitimate way to resolve that contradiction: ask the Venezuelan people.

 

After the waste, theft, and destruction of Chavismo, Venezuela will need years to rebuild its economy, public services, and institutions. But a long national reconstruction does not require a long political transition. On the contrary, the greater the problems, the greater the need for those making the decisions to possess democratic legitimacy.

 

Preparations for free elections must begin without delay, the authoritarian mechanisms that still survive must be dismantled, and the political participation of everyone must be guaranteed.

 

María Corina Machado is placing her trust in the Venezuelan people’s ability to decide their own future. Her power to mobilize them has already demonstrated that this confidence has a solid foundation.

 

It is time to return power to the people.


🇫🇷 FRANÇAIS

VENEZUELA : IL EST TEMPS DE RENDRE LE POUVOIR AU PEUPLE

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

 

La proposition de María Corina Machado d’avancer le plus rapidement possible vers des élections générales soulève une question décisive : le gouvernement intérimaire doit accomplir la mission pour laquelle il a été créé et rendre le pouvoir aux Vénézuéliens. Une transition trop lente risque, à terme, d’apporter davantage de problèmes que de bénéfices.

 

Tout indique que l’opération qui a permis la capture et l’éviction de la direction chaviste a bénéficié de la collaboration de hauts fonctionnaires et de secteurs appartenant au régime lui-même. Cette convergence a permis d’atteindre un objectif extraordinairement difficile, mais ceux qui se sont accordés pour mettre fin à cette étape ne partagent pas nécessairement la même vision quant à la rapidité et à la profondeur avec lesquelles la dictature doit être démantelée.

 

C’est là que réside l’un des principaux dangers. La fonction du gouvernement intérimaire est d’éviter un vide du pouvoir, de maintenir le fonctionnement de l’État, de démanteler les structures autoritaires et de créer les conditions nécessaires à des élections libres. Il n’a pas été créé pour remplacer une dictature par une administration provisoire prolongée.

 

Cette lenteur peut être due à l’incapacité, aux contradictions entre les différents intérêts représentés ou à la convenance de certains secteurs. Quelle qu’en soit l’explication, le risque reste le même : plus le gouvernement intérimaire se prolonge, plus les intérêts susceptibles de se développer autour de son maintien seront importants.

 

LE TREMBLEMENT DE TERRE A ÉTÉ UN AVERTISSEMENT

La réponse au récent tremblement de terre en a fourni une démonstration préoccupante. Face à une tragédie exigeant rapidité et coopération, le gouvernement intérimaire a fait preuve d’inefficacité administrative et de réflexes de contrôle hérités de l’ancien régime. Les dénonciations concernant les obstacles, les restrictions et la bureaucratie ont montré que le remplacement de ceux qui exercent le pouvoir ne transforme pas automatiquement la culture selon laquelle fonctionne l’État.

 

Le contraste avec la Colombie a été évident. Le gouvernement démocratique récemment élu a réagi avec une attitude ouverte visant à aider, faciliter et coordonner, en mobilisant les institutions du pays afin d’accélérer les opérations de sauvetage et l’assistance aux victimes. Au Venezuela, la méfiance, la bureaucratie et la volonté de contrôle ont réapparu précisément au moment où il fallait faciliter toute initiative susceptible de sauver des vies.

 

Le tremblement de terre n’est pas au centre de cette discussion. Il a constitué un avertissement sur ce qui peut se produire si les structures et les pratiques du passé survivent trop longtemps au sein de la transition.

 

MACHADO PROPOSE DE RENDRE LE POUVOIR À LA POPULATION

C’est dans ce contexte que la proposition de María Corina Machado prend une importance particulière.

 

Machado propose des élections générales, un Conseil national électoral indépendant et sans quotas partisans, la participation des Vénézuéliens résidant à l’étranger, la reconstruction du pouvoir judiciaire ainsi qu’une véritable décentralisation restituant compétences et ressources aux États et aux municipalités.

 

Sa proposition repose sur un principe fondamental : récupérer la souveraineté populaire afin de récupérer la souveraineté nationale.

 

Machado a également déjà démontré quelque chose de particulièrement important pour cette nouvelle étape : son extraordinaire capacité de mobilisation.

 

Même sous la dictature, confrontée à la persécution, aux interdictions politiques, aux obstacles institutionnels et à des années de frustration, elle a réussi à convaincre des millions de Vénézuéliens qu’il valait encore la peine de s’organiser, de se mobiliser et d’aller voter.

 

L’essentiel n’est pas de débattre ici d’un résultat électoral particulier. Ce qui importe véritablement, c’est ce que cette mobilisation a démontré : la population conserve une immense capacité à s’organiser et à décider lorsqu’elle trouve une cause et une stratégie auxquelles elle peut faire confiance.

 

Si les Vénézuéliens ont été capables de se mobiliser massivement sous une dictature, il est difficile de soutenir aujourd’hui qu’ils auraient besoin de plusieurs années de tutelle politique avant d’être prêts à décider démocratiquement de leur avenir.

 

L’ALLIANCE QUI A RENDU LE CHANGEMENT POSSIBLE NE PEUT PAS DÉCIDER DE L’AVENIR

 

Les secteurs issus du régime qui ont collaboré pour rendre le changement possible ont pu jouer un rôle indispensable. Mais il existe une différence fondamentale entre contribuer à la fin d’une dictature et acquérir le droit de décider indéfiniment de ce qui doit lui succéder.

 

La convergence qui a permis de démanteler l’ancienne direction peut devenir un obstacle si elle cherche à préserver durablement l’équilibre politique né de cette opération.

 

Il n’existe qu’une seule manière légitime de résoudre cette contradiction : demander aux Vénézuéliens.

 

Après le gaspillage, le vol et la destruction du chavisme, le Venezuela aura besoin de plusieurs années pour reconstruire son économie, ses services publics et ses institutions. Mais une longue reconstruction nationale n’exige pas une longue transition politique. Au contraire, plus les problèmes seront importants, plus il sera nécessaire que ceux qui prennent les décisions disposent d’une légitimité démocratique.

 

Il faut préparer sans délai des élections libres, démanteler les mécanismes autoritaires qui subsistent encore et garantir la participation politique de tous.

 

María Corina Machado mise sur la capacité des Vénézuéliens à décider de leur avenir. Son pouvoir de mobilisation a déjà démontré que cette confiance repose sur des bases solides.

 

Il est temps de rendre le pouvoir au peuple.


🇮🇹 ITALIANO

VENEZUELA: È ORA DI RESTITUIRE IL POTERE AL POPOLO

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

 

La proposta di María Corina Machado di procedere quanto prima verso elezioni generali pone una questione decisiva: il governo ad interim deve portare a termine la missione per la quale è stato creato e restituire il potere ai venezuelani. Una transizione troppo lenta può finire per creare più problemi che benefici.

 

Tutto indica che l’operazione che ha reso possibile la cattura e l’allontanamento dei vertici chavisti abbia potuto contare sulla collaborazione di alti funzionari e di settori appartenenti allo stesso regime. Questa convergenza ha consentito di raggiungere un obiettivo straordinariamente difficile, ma coloro che si sono uniti per porre fine a quella fase non condividono necessariamente la stessa visione sulla velocità e sulla profondità con cui deve essere smantellata la dittatura.

 

Qui risiede uno dei principali pericoli. La funzione del governo ad interim è evitare un vuoto di potere, mantenere in funzione lo Stato, smantellare le strutture autoritarie e creare le condizioni per elezioni libere. Non è stato creato per sostituire una dittatura con una prolungata amministrazione provvisoria.

 

La lentezza può dipendere dall’incapacità, dalle contraddizioni tra i diversi interessi rappresentati o dalla convenienza di determinati settori. Qualunque sia la spiegazione, il rischio è lo stesso: quanto più a lungo durerà il governo ad interim, tanto maggiori saranno gli interessi che potranno svilupparsi attorno alla sua permanenza.

 

IL TERREMOTO È STATO UN AVVERTIMENTO

La risposta al recente terremoto ne ha offerto una preoccupante dimostrazione. Di fronte a una tragedia che richiedeva rapidità e cooperazione, il governo ad interim ha mostrato inefficienza amministrativa e riflessi di controllo ereditati dal vecchio regime. Le denunce riguardanti ostacoli, restrizioni e burocrazia hanno dimostrato che cambiare coloro che detengono il potere non trasforma automaticamente la cultura con cui funziona lo Stato.

 

Il contrasto con la Colombia è stato evidente. Il governo democratico appena eletto ha reagito con un atteggiamento aperto volto ad aiutare, facilitare e coordinare, mobilitando le istituzioni del Paese per accelerare i soccorsi e l’assistenza. In Venezuela sono riemerse la diffidenza, la burocrazia e la volontà di controllo proprio quando era necessario facilitare ogni iniziativa capace di salvare vite.

 

Il terremoto non è il centro di questa discussione. È stato un avvertimento di ciò che può accadere se le strutture e le pratiche del passato sopravvivono troppo a lungo all’interno della transizione.

 

MACHADO PROPONE DI RESTITUIRE IL POTERE ALLA POPOLAZIONE

È in questo contesto che la proposta di María Corina Machado assume particolare importanza.

 

Machado propone elezioni generali, un Consiglio Nazionale Elettorale indipendente e senza quote partitiche, la partecipazione dei venezuelani residenti all’estero, la ricostruzione del potere giudiziario e un’autentica decentralizzazione che restituisca competenze e risorse agli Stati e ai comuni.

 

La sua proposta parte da un principio fondamentale: recuperare la sovranità popolare per recuperare la sovranità nazionale.

 

Machado ha inoltre già dimostrato qualcosa di particolarmente importante per questa nuova fase: la sua straordinaria capacità di mobilitazione.

 

Anche sotto la dittatura, affrontando persecuzioni, interdizioni politiche, ostacoli istituzionali e anni di frustrazione, è riuscita a convincere milioni di venezuelani che valeva ancora la pena organizzarsi, mobilitarsi e andare a votare.

 

La questione essenziale non è discutere qui uno specifico risultato elettorale. Ciò che conta veramente è quello che quella mobilitazione ha dimostrato: la popolazione conserva un’enorme capacità di organizzarsi e decidere quando trova una causa e una strategia di cui potersi fidare.

 

Se i venezuelani sono stati capaci di mobilitarsi in massa sotto una dittatura, è difficile sostenere oggi che abbiano bisogno di anni di tutela politica prima di essere pronti a decidere democraticamente il proprio futuro.

 

L’ALLEANZA CHE HA RESO POSSIBILE IL CAMBIAMENTO NON PUÒ DECIDERE IL FUTURO

I settori provenienti dal regime che hanno collaborato per rendere possibile il cambiamento possono aver svolto un ruolo indispensabile. Ma esiste una differenza fondamentale tra contribuire alla fine di una dittatura e acquisire il diritto di decidere indefinitamente ciò che verrà dopo.

 

La convergenza che ha reso possibile smantellare i vecchi vertici può trasformarsi in un ostacolo se pretende di preservare permanentemente l’equilibrio politico nato da quell’operazione.

 

Esiste un solo modo legittimo per risolvere questa contraddizione: chiederlo ai venezuelani.

 

Dopo gli sprechi, i furti e la distruzione del chavismo, il Venezuela avrà bisogno di anni per ricostruire la propria economia, i servizi pubblici e le istituzioni. Ma una lunga ricostruzione nazionale non richiede una lunga transizione politica. Al contrario, quanto maggiori saranno i problemi, tanto maggiore sarà la necessità che coloro che prendono le decisioni dispongano di legittimità democratica.

 

Occorre prepararsi senza indugio a elezioni libere, smantellare i meccanismi autoritari che ancora sopravvivono e garantire la partecipazione politica di tutti.

 

María Corina Machado punta sulla capacità dei venezuelani di decidere il proprio futuro. La sua capacità di mobilitazione ha già dimostrato che questa fiducia ha solide fondamenta.

 

È ora di restituire il potere al popolo.


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LA FLOTA RUSA DEL MAR NEGRO SE QUEDA SIN REFUGIO


Huber Matos Araluce.  San José, Costa Rica

 

El 12 de agosto de 2026, Ucrania lanzó uno de sus mayores ataques contra la base naval rusa de Novorossiysk, en la región de Krasnodar, a más de 300 kilómetros del frente. La operación combinó drones aéreos y navales con misiles de largo alcance y golpeó buques de guerra, posiciones de defensa aérea e infraestructura portuaria.

 

Según el Estado Mayor ucraniano, cuatro buques de guerra rusos sufrieron daños de distinto grado: las fragatas Admiral Makarov y Admiral Essen, un buque lanzamisiles de la clase Buyan-M y el patrullero Vasily Bykov. El alcance definitivo de esos daños todavía debe ser confirmado independientemente.

 

El presidente Volodymyr Zelensky afirmó que se utilizó una combinación de drones a reacción Palianytsia, misiles Neptune y drones navales. Imágenes satelitales analizadas por Exilenova+ muestran daños en distintos puntos de las instalaciones y cerca de los sistemas de lanzamiento vertical de las fragatas, además de posibles afectaciones a un dragaminas, un buque de investigación y un petrolero.

 

El ataque dejó tres muertos, entre ellos una niña de ocho años, y 24 heridos. Novorossiysk declaró el estado de emergencia y dos importantes terminales graneleras suspendieron temporalmente sus operaciones.

 

Pero la verdadera importancia del ataque se comprende cuando se observa lo que ha ocurrido con la Flota rusa del Mar Negro desde el comienzo de la guerra.

 

DE SEBASTOPOL A NOVOROSSIYSK

 

Sebastopol es una ciudad portuaria situada en Crimea, la península ucraniana ocupada y anexada ilegalmente por Rusia en 2014. Durante décadas ha sido la principal base de la Flota rusa del Mar Negro y uno de los centros fundamentales del poder naval de Moscú en la región. Incluso antes de la anexión, Rusia mantenía allí su flota mediante acuerdos con Ucrania.

 

Después de la invasión a gran escala de febrero de 2022, Ucrania comenzó a atacar sistemáticamente buques, submarinos, astilleros, radares, sistemas de defensa aérea y otras instalaciones militares rusas en Crimea.

 

Esos ataques cambiaron progresivamente el equilibrio naval.

 

La presión ucraniana llegó a tal punto que Rusia tuvo que dispersar y trasladar una parte importante de sus principales unidades navales desde Sebastopol hacia Novorossiysk, situado cientos de kilómetros más al este, en la costa rusa del Mar Negro.

 

Novorossiysk debía proporcionar lo que Sebastopol había dejado de ofrecer: distancia y seguridad.

 

El ataque del 12 de agosto demuestra que esa distancia ya no garantiza la seguridad de la flota.

 

Ucrania no se limitó a atacar varios buques rusos. Golpeó el puerto al que Rusia había trasladado parte de su flota precisamente para protegerla de los ataques ucranianos.

 

Y lo consiguió sin disponer de una gran flota convencional comparable a la rusa.

 

En lugar de enfrentarse barco contra barco, Ucrania ha desarrollado una estrategia basada en misiles de precisión, drones aéreos, embarcaciones navales no tripuladas e inteligencia. Esa combinación ha permitido atacar buques e instalaciones a distancias cada vez mayores.

 

El resultado tiene una importancia militar considerable: un país sin una poderosa flota convencional ha obligado a una potencia naval muy superior a retirar y dispersar parte de sus buques en el Mar Negro.

 

UN PUERTO VITAL PARA RUSIA

 

Novorossiysk no es solamente una base naval. Es también uno de los principales centros de exportación rusos y una infraestructura fundamental para el transporte de cereales, petróleo y otras mercancías hacia los mercados internacionales.

 

Rusia es el mayor exportador mundial de trigo, y una parte considerable de esas exportaciones sale a través de los puertos rusos del Mar Negro. Por eso, cualquier interrupción prolongada de las operaciones en Novorossiysk puede tener consecuencias económicas que trascienden la guerra.

 

Tras el ataque, dos importantes terminales graneleras suspendieron temporalmente sus operaciones, poniendo de manifiesto la vulnerabilidad de un puerto que cumple simultáneamente una función militar y económica.

 

Ahí reside otra de las consecuencias de la operación ucraniana: Novorossiysk concentra dos intereses estratégicos rusos en un mismo lugar. Alberga una parte importante del poder naval que Rusia trasladó desde Crimea y, al mismo tiempo, constituye una de sus grandes puertas de salida hacia los mercados internacionales.

 

UNA GUERRA QUE CAMBIÓ EL MAR NEGRO

 

Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala en 2022, poseía una superioridad naval abrumadora. Su Flota del Mar Negro podía bloquear puertos ucranianos, lanzar misiles contra el territorio de Ucrania y operar con una libertad que Kiev no podía desafiar mediante una flota convencional.

 

Cuatro años después, la situación es muy diferente.

 

Ucrania ha hundido o dañado buques, golpeado instalaciones militares en Crimea y desarrollado drones navales capaces de recorrer grandes distancias. Al mismo tiempo, ha aumentado progresivamente el alcance y la precisión de sus sistemas de ataque.

 

Cada nueva capacidad ha reducido el espacio del Mar Negro en el que los buques rusos pueden considerarse seguros.

 

Primero fue Sebastopol.

 

Rusia respondió trasladando parte de su flota hacia Novorossiysk.

 

Ahora Ucrania ha demostrado que también puede llegar allí.

 

¿DÓNDE PUEDE PROTEGER RUSIA SU FLOTA?

 

 


THE RUSSIAN BLACK SEA FLEET IS RUNNING OUT OF SAFE HAVENS

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

 

On August 12, 2026, Ukraine launched one of its largest attacks against the Russian naval base at Novorossiysk, in the Krasnodar region, more than 300 kilometers from the front. The operation combined aerial and naval drones with long-range missiles and struck warships, air-defense positions, and port infrastructure.

 

According to the Ukrainian General Staff, four Russian warships sustained varying degrees of damage: the frigates Admiral Makarov and Admiral Essen, a Buyan-M-class missile ship, and the patrol ship Vasily Bykov. The full extent of the damage has yet to be independently confirmed.

 

President Volodymyr Zelensky said that the operation employed a combination of Palianytsia jet-powered drones, Neptune missiles, and naval drones. Satellite imagery analyzed by Exilenova+ shows damage at several points within the facilities and near the frigates’ vertical launch systems, as well as possible damage to a minesweeper, a research vessel, and an oil tanker.

 

The attack left three people dead, including an eight-year-old girl, and 24 wounded. Novorossiysk declared a state of emergency, and two major bulk terminals temporarily suspended operations.

 

But the true significance of the attack becomes clear when we consider what has happened to Russia’s Black Sea Fleet since the beginning of the war.

 

FROM SEVASTOPOL TO NOVOROSSIYSK

Sevastopol is a port city in Crimea, the Ukrainian peninsula occupied and illegally annexed by Russia in 2014. For decades, it has been the principal base of Russia’s Black Sea Fleet and one of the main centers of Moscow’s naval power in the region. Even before the annexation, Russia maintained its fleet there under agreements with Ukraine.

 

Following the full-scale invasion in February 2022, Ukraine began systematically attacking ships, submarines, shipyards, radars, air-defense systems, and other Russian military facilities in Crimea.

 

Those attacks progressively changed the naval balance.

 

Ukrainian pressure reached the point where Russia was forced to disperse and relocate a significant portion of its major naval units from Sevastopol to Novorossiysk, hundreds of kilometers farther east on Russia’s Black Sea coast.

 

Novorossiysk was supposed to provide what Sevastopol could no longer offer: distance and security.

 

The August 12 attack demonstrates that distance no longer guarantees the fleet’s safety.

 

Ukraine did not simply attack several Russian warships. It struck the port to which Russia had moved part of its fleet precisely to protect it from Ukrainian attacks.

 

And Ukraine accomplished this without possessing a large conventional fleet comparable to Russia’s.

 

Rather than confronting Russia ship for ship, Ukraine has developed a strategy based on precision missiles, aerial drones, unmanned naval vessels, and intelligence. That combination has made it possible to strike ships and installations at increasingly greater distances.

 

The result is militarily significant: a country without a powerful conventional navy has forced a far superior naval power to withdraw and disperse part of its fleet in the Black Sea.

 

A VITAL PORT FOR RUSSIA

Novorossiysk is not merely a naval base. It is also one of Russia’s principal export hubs and a critical piece of infrastructure for transporting grain, oil, and other commodities to international markets.

 

Russia is the world’s largest wheat exporter, and a considerable share of those exports passes through Russian Black Sea ports. Any prolonged disruption of operations at Novorossiysk could therefore have economic consequences extending far beyond the war.

 

Following the attack, two major bulk terminals temporarily suspended operations, highlighting the vulnerability of a port that simultaneously serves military and economic functions.

 

This points to another consequence of the Ukrainian operation: Novorossiysk concentrates two Russian strategic interests in the same location. It hosts an important part of the naval power Russia transferred from Crimea while also serving as one of the country’s major gateways to international markets.

 

A WAR THAT CHANGED THE BLACK SEA

When Russia launched its full-scale invasion in 2022, it possessed overwhelming naval superiority. Its Black Sea Fleet could blockade Ukrainian ports, launch missiles against Ukrainian territory, and operate with a degree of freedom that Kyiv could not challenge with a conventional fleet.

 

Four years later, the situation is very different.

 

Ukraine has sunk or damaged ships, struck military installations in Crimea, and developed naval drones capable of traveling long distances. At the same time, it has progressively increased the range and precision of its strike systems.

 

Each new capability has reduced the area of the Black Sea in which Russian warships can consider themselves safe.

 

First it was Sevastopol.

 

Russia responded by moving part of its fleet to Novorossiysk.

 

Now Ukraine has demonstrated that it can reach them there as well.

 

WHERE CAN RUSSIA PROTECT ITS FLEET?

 

 

LA FLOTTE RUSSE DE LA MER NOIRE SE RETROUVE SANS REFUGE

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

 

Le 12 août 2026, l’Ukraine a lancé l’une de ses plus importantes attaques contre la base navale russe de Novorossiysk, dans la région de Krasnodar, à plus de 300 kilomètres du front. L’opération a combiné des drones aériens et navals avec des missiles à longue portée et a frappé des navires de guerre, des positions de défense antiaérienne et des infrastructures portuaires.

 

Selon l’état-major ukrainien, quatre navires de guerre russes ont subi des dommages d’ampleur variable : les frégates Admiral Makarov et Admiral Essen, un navire lance-missiles de la classe Buyan-M et le patrouilleur Vasily Bykov. L’étendue définitive de ces dommages doit encore être confirmée de manière indépendante.

 

Le président Volodymyr Zelensky a affirmé que l’opération avait employé une combinaison de drones à réaction Palianytsia, de missiles Neptune et de drones navals. Des images satellites analysées par Exilenova+ montrent des dommages en différents points des installations et à proximité des systèmes de lancement vertical des frégates, ainsi que de possibles dégâts sur un dragueur de mines, un navire de recherche et un pétrolier.

 

L’attaque a fait trois morts, dont une fillette de huit ans, et 24 blessés. Novorossiysk a déclaré l’état d’urgence et deux importantes installations portuaires de vrac ont temporairement suspendu leurs opérations.

 

Mais la véritable importance de cette attaque apparaît lorsqu’on examine ce qui est arrivé à la flotte russe de la mer Noire depuis le début de la guerre.

 

DE SÉBASTOPOL À NOVOROSSIYSK

Sébastopol est une ville portuaire située en Crimée, péninsule ukrainienne occupée et illégalement annexée par la Russie en 2014. Pendant des décennies, elle a constitué la principale base de la flotte russe de la mer Noire et l’un des centres fondamentaux de la puissance navale de Moscou dans la région. Même avant l’annexion, la Russie y maintenait sa flotte dans le cadre d’accords conclus avec l’Ukraine.

 

Après l’invasion à grande échelle de février 2022, l’Ukraine a commencé à attaquer systématiquement des navires, des sous-marins, des chantiers navals, des radars, des systèmes de défense antiaérienne et d’autres installations militaires russes en Crimée.

 

Ces attaques ont progressivement modifié l’équilibre naval.

 

La pression ukrainienne a atteint un niveau tel que la Russie a dû disperser et transférer une partie importante de ses principales unités navales de Sébastopol vers Novorossiysk, située plusieurs centaines de kilomètres plus à l’est, sur la côte russe de la mer Noire.

 

Novorossiysk devait offrir ce que Sébastopol ne pouvait plus garantir : la distance et la sécurité.

 

L’attaque du 12 août démontre que cette distance ne garantit plus la sécurité de la flotte.

 

L’Ukraine ne s’est pas contentée d’attaquer plusieurs navires russes. Elle a frappé le port vers lequel la Russie avait transféré une partie de sa flotte précisément pour la protéger des attaques ukrainiennes.

 

Et elle y est parvenue sans disposer d’une grande flotte conventionnelle comparable à celle de la Russie.

 

Au lieu d’affronter la Russie navire contre navire, l’Ukraine a développé une stratégie fondée sur des missiles de précision, des drones aériens, des embarcations navales sans équipage et le renseignement. Cette combinaison lui a permis de frapper des navires et des installations à des distances toujours plus importantes.

 

Le résultat est considérable sur le plan militaire : un pays dépourvu d’une puissante marine conventionnelle a contraint une puissance navale très supérieure à retirer et à disperser une partie de ses navires en mer Noire.

 

UN PORT VITAL POUR LA RUSSIE

Novorossiysk n’est pas seulement une base navale. C’est également l’un des principaux centres d’exportation russes et une infrastructure essentielle pour le transport de céréales, de pétrole et d’autres marchandises vers les marchés internationaux.

 

La Russie est le premier exportateur mondial de blé, et une part considérable de ces exportations transite par les ports russes de la mer Noire. Toute interruption prolongée des opérations à Novorossiysk pourrait donc avoir des conséquences économiques dépassant largement le cadre de la guerre.

 

Après l’attaque, deux importantes installations de vrac ont temporairement suspendu leurs opérations, mettant en évidence la vulnérabilité d’un port qui remplit simultanément des fonctions militaires et économiques.

 

C’est là une autre conséquence de l’opération ukrainienne : Novorossiysk concentre en un même lieu deux intérêts stratégiques russes. Le port abrite une partie importante de la puissance navale transférée par la Russie depuis la Crimée et constitue en même temps l’une de ses principales portes d’accès aux marchés internationaux.

 

UNE GUERRE QUI A CHANGÉ LA MER NOIRE

Lorsque la Russie a lancé son invasion à grande échelle en 2022, elle disposait d’une supériorité navale écrasante. Sa flotte de la mer Noire pouvait bloquer les ports ukrainiens, lancer des missiles contre le territoire ukrainien et opérer avec une liberté que Kyiv ne pouvait contester avec une flotte conventionnelle.

 

Quatre ans plus tard, la situation est très différente.

 

L’Ukraine a coulé ou endommagé des navires, frappé des installations militaires en Crimée et développé des drones navals capables de parcourir de grandes distances. Parallèlement, elle a progressivement accru la portée et la précision de ses systèmes d’attaque.

 

Chaque nouvelle capacité a réduit l’espace de la mer Noire dans lequel les navires russes peuvent se considérer en sécurité.

 

D’abord, ce fut Sébastopol.

 

La Russie a réagi en transférant une partie de sa flotte vers Novorossiysk.

 

Aujourd’hui, l’Ukraine a démontré qu’elle pouvait également l’atteindre là-bas.

 

OÙ LA RUSSIE PEUT-ELLE PROTÉGER SA FLOTTE ?

ITALIANO

  

LA FLOTTA RUSSA DEL MAR NERO RIMANE SENZA RIFUGIO

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

 

Il 12 agosto 2026, l’Ucraina ha lanciato uno dei suoi più grandi attacchi contro la base navale russa di Novorossiysk, nella regione di Krasnodar, a oltre 300 chilometri dal fronte. L’operazione ha combinato droni aerei e navali con missili a lungo raggio, colpendo navi da guerra, postazioni della difesa aerea e infrastrutture portuali.

 

Secondo lo Stato Maggiore ucraino, quattro navi da guerra russe hanno subito danni di diversa entità: le fregate Admiral Makarov e Admiral Essen, una nave lanciamissili della classe Buyan-M e il pattugliatore Vasily Bykov. L’entità definitiva dei danni deve ancora essere confermata in modo indipendente.

 

Il presidente Volodymyr Zelensky ha affermato che nell’operazione è stata utilizzata una combinazione di droni a reazione Palianytsia, missili Neptune e droni navali. Immagini satellitari analizzate da Exilenova+ mostrano danni in diversi punti delle installazioni e nei pressi dei sistemi di lancio verticale delle fregate, oltre a possibili danni a un dragamine, una nave da ricerca e una petroliera.

 

L’attacco ha provocato tre morti, tra cui una bambina di otto anni, e 24 feriti. Novorossiysk ha dichiarato lo stato di emergenza e due importanti terminal per merci alla rinfusa hanno temporaneamente sospeso le operazioni.

 

Ma la vera importanza dell’attacco si comprende osservando ciò che è accaduto alla Flotta russa del Mar Nero dall’inizio della guerra.

 

DA SEBASTOPOLI A NOVOROSSIYSK

Sebastopoli è una città portuale situata in Crimea, la penisola ucraina occupata e illegalmente annessa dalla Russia nel 2014. Per decenni è stata la principale base della Flotta russa del Mar Nero e uno dei centri fondamentali della potenza navale di Mosca nella regione. Anche prima dell’annessione, la Russia manteneva lì la propria flotta in base ad accordi con l’Ucraina.

 

Dopo l’invasione su vasta scala del febbraio 2022, l’Ucraina ha iniziato ad attaccare sistematicamente navi, sottomarini, cantieri navali, radar, sistemi di difesa aerea e altre installazioni militari russe in Crimea.

 

Questi attacchi hanno progressivamente modificato l’equilibrio navale.

 

La pressione ucraina è arrivata al punto che la Russia è stata costretta a disperdere e trasferire una parte importante delle sue principali unità navali da Sebastopoli a Novorossiysk, situata centinaia di chilometri più a est, sulla costa russa del Mar Nero.

 

Novorossiysk avrebbe dovuto offrire ciò che Sebastopoli non poteva più garantire: distanza e sicurezza.

 

L’attacco del 12 agosto dimostra che quella distanza non garantisce più la sicurezza della flotta.

 

L’Ucraina non si è limitata ad attaccare diverse navi russe. Ha colpito il porto verso il quale la Russia aveva trasferito parte della propria flotta proprio per proteggerla dagli attacchi ucraini.

 

E ci è riuscita senza disporre di una grande flotta convenzionale paragonabile a quella russa.

 

Invece di affrontare la Russia nave contro nave, l’Ucraina ha sviluppato una strategia basata su missili di precisione, droni aerei, imbarcazioni navali senza equipaggio e intelligence. Questa combinazione ha permesso di colpire navi e installazioni a distanze sempre maggiori.

 

Il risultato ha una notevole importanza militare: un paese privo di una potente marina convenzionale ha costretto una potenza navale nettamente superiore a ritirare e disperdere parte delle proprie navi nel Mar Nero.

 

UN PORTO VITALE PER LA RUSSIA

Novorossiysk non è soltanto una base navale. È anche uno dei principali centri russi per le esportazioni e un’infrastruttura fondamentale per il trasporto di cereali, petrolio e altre merci verso i mercati internazionali.

 

La Russia è il maggiore esportatore mondiale di grano e una parte considerevole di queste esportazioni passa attraverso i porti russi del Mar Nero. Qualsiasi interruzione prolungata delle operazioni a Novorossiysk potrebbe quindi avere conseguenze economiche che vanno ben oltre la guerra.

 

Dopo l’attacco, due importanti terminal per merci alla rinfusa hanno temporaneamente sospeso le operazioni, mettendo in evidenza la vulnerabilità di un porto che svolge contemporaneamente funzioni militari ed economiche.

 

Qui risiede un’altra conseguenza dell’operazione ucraina: Novorossiysk concentra nello stesso luogo due interessi strategici russi. Ospita una parte importante della potenza navale trasferita dalla Russia dalla Crimea e, allo stesso tempo, costituisce una delle principali porte del paese verso i mercati internazionali.

 

UNA GUERRA CHE HA CAMBIATO IL MAR NERO

Quando la Russia lanciò la sua invasione su vasta scala nel 2022, disponeva di una schiacciante superiorità navale. La sua Flotta del Mar Nero poteva bloccare i porti ucraini, lanciare missili contro il territorio dell’Ucraina e operare con una libertà che Kyiv non poteva contrastare con una flotta convenzionale.

 

Quattro anni dopo, la situazione è molto diversa.

 

L’Ucraina ha affondato o danneggiato navi, colpito installazioni militari in Crimea e sviluppato droni navali capaci di percorrere grandi distanze. Allo stesso tempo, ha progressivamente aumentato la portata e la precisione dei propri sistemi d’attacco.

 

Ogni nuova capacità ha ridotto lo spazio del Mar Nero nel quale le navi russe possono considerarsi al sicuro.

 

Prima è stata Sebastopoli.

 

La Russia ha risposto trasferendo parte della propria flotta verso Novorossiysk.

 

Ora l’Ucraina ha dimostrato di poter arrivare anche lì.

 

DOVE PUÒ LA RUSSIA PROTEGGERE LA SUA FLOTTA?


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Cuando las armas hablan más fuerte que la diplomacia: el poder de veto de los radicales

 

Huber Matos Araluce.  San José, Costa Rica 

 

En medio de la crisis del estrecho de Ormuz, un patrón se repite con una claridad inquietante: mientras los diplomáticos iraníes negocian con Omán una salida a la crisis, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) sostiene el bloqueo, ataca petroleros y condiciona cualquier acuerdo a un ultimátum que Washington difícilmente aceptará. La pregunta de fondo trasciende a Irán: en momentos de crisis y vacío de poder, ¿terminan siempre imponiéndose quienes controlan las armas por sobre quienes negocian?

 

El mecanismo detrás del patrón

La lógica tiene una base estructural simple. Quien controla la fuerza armada no necesita ganar el debate político para imponer su voluntad: le basta con crear hechos consumados. En Irán, el IRGC no depende de convencer a nadie de que la negociación con Estados Unidos es un error — simplemente puede disparar un misil contra un buque cisternero en pleno proceso diplomático, como ocurrió recientemente contra una embarcación vinculada a la petrolera estatal de Emiratos Árabes Unidos, y con eso invalidar meses de trabajo diplomático en cuestión de horas.

A esto se suma un factor decisivo: el vacío de autoridad. Reportes indican que el líder supremo Mojtaba Khamenei permanecería oculto y en delicado estado de salud, una fragilidad que el IRGC habría capitalizado para consolidar su control real sobre las decisiones del régimen. Cuando no hay un árbitro civil o religioso con autoridad indiscutida, gana casi siempre el actor con mayor disciplina organizativa y capacidad coercitiva — típicamente el aparato militar, no el cuerpo diplomático.

Existe también una asimetría de incentivos que refuerza el patrón. Los negociadores civiles arriesgan su carrera política si un acuerdo fracasa o es percibido como una capitulación. Los sectores de línea dura, en cambio, no cargan ese costo: la confrontación prolongada aumenta su relevancia institucional y su presupuesto. El nombramiento del general Mohsen Rezaei al frente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, tras el ultimátum que rompió la mesa de negociación, ilustra exactamente ese mecanismo: la escalada lo benefició directamente a él y a su facción.

 

Lo que enseña la historia

Sin embargo, el patrón no es una ley inquebrantable, y la historia ofrece contraejemplos relevantes.

El más cercano es la propia Guerra Irán-Irak de 1988. Pese a la resistencia de los sectores más duros del régimen, el ayatolá Jomeini terminó aceptando el alto el fuego, describiendo esa decisión como "beber de una copa envenenada". No fue una victoria de los moderados sobre los radicales por argumentos, sino porque el costo humano y económico de la guerra se volvió insostenible incluso para quienes la sostenían.

Un caso más amplio es el colapso de la Unión Soviética bajo Gorbachov. Los sectores militares y del aparato de seguridad (KGB) resistieron la apertura hasta protagonizar un intento de golpe en 1991 — pero el desgaste económico estructural del sistema terminó imponiéndose sobre la capacidad coercitiva de los duros, que no lograron revertir el curso de los acontecimientos.

Sudáfrica bajo el apartheid ofrece un tercer ejemplo: sectores de seguridad y paramilitares afrikáners se opusieron ferozmente al desmantelamiento del régimen racista, incluso con violencia organizada en los años previos a 1994. Pero el aislamiento internacional y el colapso económico terminaron doblegando esa resistencia armada, permitiendo la transición negociada.

 

La pregunta abierta

El hilo común en estos tres casos no es que los moderados ganaran el debate, sino que el costo de sostener la confrontación se volvió insoportable para el sistema en su conjunto — incluyendo, eventualmente, para los propios sectores duros. Ese es precisamente el interrogante abierto en Irán hoy: la Guardia Revolucionaria tiene, por ahora, el control de los hechos sobre el terreno. La incógnita es si el desgaste económico —la pérdida de gas, los cortes eléctricos, la inflación— alcanzará un punto de quiebre lo suficientemente doloroso como para que ese poder de veto se erosione, tal como ocurrió en Teherán en 1988, en Moscú en 1991 y en Pretoria en la década de 1990.

 


 

When Guns Speak Louder Than Diplomacy: The Veto Power of Radicals

Amid the Strait of Hormuz crisis, an unsettling pattern keeps repeating: while Iranian diplomats negotiate with Oman for a way out of the crisis, the Islamic Revolutionary Guard Corps (IRGC) maintains the blockade, strikes tankers, and conditions any agreement on an ultimatum that Washington is unlikely to accept. The underlying question goes beyond Iran: in moments of crisis and power vacuum, do those who control the weapons always end up prevailing over those who negotiate?

 

The Mechanism Behind the Pattern

The logic rests on a simple structural foundation. Whoever controls armed force doesn't need to win the political argument to impose its will — it only needs to create facts on the ground. In Iran, the IRGC doesn't need to convince anyone that negotiating with the United States is a mistake; it can simply fire a missile at an oil tanker in the middle of a diplomatic process, as recently happened against a vessel linked to the UAE's state oil company, and thereby invalidate months of diplomatic work within hours.

Add to this a decisive factor: the vacuum of authority. Reports suggest Supreme Leader Mojtaba Khamenei has remained hidden and in fragile health — a weakness the IRGC would have exploited to consolidate real control over the regime's decisions. When there is no civilian or religious arbiter with undisputed authority, the actor with the greatest organizational discipline and coercive capacity almost always wins — typically the military apparatus, not the diplomatic corps.

There is also an asymmetry of incentives reinforcing the pattern. Civilian negotiators risk their careers if a deal fails or is perceived as capitulation. Hardline sectors bear no such cost — prolonged confrontation actually increases their institutional relevance and budget. General Mohsen Rezaei's appointment to head Iran's Supreme National Security Council, following the ultimatum that broke off negotiations, illustrates this mechanism perfectly: escalation directly benefited him and his faction.

 

What History Teaches

Yet the pattern is not an ironclad law, and history offers relevant counterexamples.

The closest is the Iran-Iraq War of 1988 itself. Despite resistance from the regime's hardest-line sectors, Ayatollah Khomeini ultimately accepted the ceasefire, describing the decision as "drinking from a poisoned chalice." It wasn't a victory of moderates over radicals through argument, but because the human and economic cost of the war had become unsustainable even for those sustaining it.

A broader case is the collapse of the Soviet Union under Gorbachev. Military and security-apparatus (KGB) hardliners resisted the opening, even staging a coup attempt in 1991 — but the system's underlying economic exhaustion ultimately overcame the hardliners' coercive capacity, which failed to reverse the course of events.

Apartheid-era South Africa offers a third example: Afrikaner security and paramilitary sectors fiercely opposed dismantling the racist regime, including organized violence in the years before 1994. But international isolation and economic collapse eventually overcame that armed resistance, allowing for a negotiated transition.

 

The Open Question

The common thread in these three cases is not that moderates won the argument, but that the cost of sustaining confrontation became unbearable for the system as a whole — including, eventually, for the hardliners themselves. That is precisely the open question in Iran today: the Revolutionary Guard, for now, controls the facts on the ground. The uncertainty is whether economic exhaustion — lost gas supplies, power outages, inflation — will reach a breaking point painful enough to erode that veto power, as happened in Tehran in 1988, Moscow in 1991, and Pretoria in the 1990s.




Quand les armes parlent plus fort que la diplomatie : le pouvoir de veto des radicaux

En pleine crise du détroit d'Ormuz, un schéma troublant se répète : tandis que les diplomates iraniens négocient avec Oman une issue à la crise, le Corps des gardiens de la révolution islamique (CGRI) maintient le blocus, attaque des pétroliers et conditionne tout accord à un ultimatum que Washington acceptera difficilement. La question de fond dépasse l'Iran : dans les moments de crise et de vide du pouvoir, ceux qui contrôlent les armes finissent-ils toujours par l'emporter sur ceux qui négocient ?

 

Le mécanisme derrière ce schéma

La logique repose sur un fondement structurel simple. Celui qui contrôle la force armée n'a pas besoin de gagner le débat politique pour imposer sa volonté : il lui suffit de créer des faits accomplis. En Iran, le CGRI n'a pas besoin de convaincre qui que ce soit que négocier avec les États-Unis est une erreur — il peut simplement tirer un missile sur un pétrolier en plein processus diplomatique, comme cela s'est produit récemment contre un navire lié à la compagnie pétrolière publique des Émirats arabes unis, invalidant ainsi des mois de travail diplomatique en quelques heures.

À cela s'ajoute un facteur décisif : le vide d'autorité. Selon certains rapports, le guide suprême Mojtaba Khamenei resterait caché et en état de santé fragile — une faiblesse que le CGRI aurait exploitée pour consolider son contrôle réel sur les décisions du régime. En l'absence d'un arbitre civil ou religieux à l'autorité incontestée, c'est presque toujours l'acteur disposant de la plus grande discipline organisationnelle et de la plus grande capacité coercitive qui l'emporte — typiquement l'appareil militaire, et non le corps diplomatique.

Il existe également une asymétrie des incitations qui renforce ce schéma. Les négociateurs civils risquent leur carrière si un accord échoue ou est perçu comme une capitulation. Les secteurs de la ligne dure, eux, ne supportent pas ce coût — la confrontation prolongée accroît au contraire leur importance institutionnelle et leur budget. La nomination du général Mohsen Rezaei à la tête du Conseil suprême de sécurité nationale iranien, après l'ultimatum qui a rompu la table des négociations, illustre parfaitement ce mécanisme : l'escalade l'a directement favorisé, lui et sa faction.

 

Ce qu'enseigne l'histoire

Ce schéma n'est cependant pas une loi absolue, et l'histoire offre des contre-exemples pertinents.

Le plus proche est la guerre Iran-Irak de 1988 elle-même. Malgré la résistance des secteurs les plus radicaux du régime, l'ayatollah Khomeiny a finalement accepté le cessez-le-feu, qualifiant cette décision de « boire dans une coupe empoisonnée ». Il ne s'agissait pas d'une victoire des modérés sur les radicaux par l'argumentation, mais du fait que le coût humain et économique de la guerre était devenu insoutenable, même pour ceux qui la menaient.

Un cas plus large est l'effondrement de l'Union soviétique sous Gorbatchev. Les secteurs militaires et de l'appareil de sécurité (KGB), hostiles à l'ouverture, sont allés jusqu'à tenter un coup d'État en 1991 — mais l'épuisement économique structurel du système a fini par l'emporter sur la capacité coercitive des durs, qui n'ont pas réussi à inverser le cours des événements.

L'Afrique du Sud de l'apartheid offre un troisième exemple : les secteurs sécuritaires et paramilitaires afrikaners se sont farouchement opposés au démantèlement du régime raciste, allant jusqu'à une violence organisée dans les années précédant 1994. Mais l'isolement international et l'effondrement économique ont fini par vaincre cette résistance armée, permettant une transition négociée.

 

La question ouverte

Le fil conducteur commun à ces trois cas n'est pas que les modérés aient gagné le débat, mais que le coût du maintien de la confrontation soit devenu insupportable pour le système dans son ensemble — y compris, à terme, pour les durs eux-mêmes. C'est précisément la question ouverte en Iran aujourd'hui : les Gardiens de la révolution contrôlent, pour l'instant, les faits sur le terrain. L'inconnue est de savoir si l'épuisement économique — pertes de gaz, coupures d'électricité, inflation — atteindra un point de rupture suffisamment douloureux pour éroder ce pouvoir de veto, comme ce fut le cas à Téhéran en 1988, à Moscou en 1991 et à Pretoria dans les années 1990.




Quando le armi parlano più forte della diplomazia: il potere di veto dei radicali

Nel pieno della crisi dello Stretto di Hormuz si ripete uno schema inquietante: mentre i diplomatici iraniani negoziano con l'Oman una via d'uscita dalla crisi, il Corpo delle Guardie della Rivoluzione Islamica (IRGC) mantiene il blocco, attacca petroliere e subordina qualsiasi accordo a un ultimatum che Washington difficilmente accetterà. La domanda di fondo va oltre l'Iran: nei momenti di crisi e di vuoto di potere, chi controlla le armi finisce sempre per prevalere su chi negozia?

 

Il meccanismo dietro lo schema

La logica si basa su un fondamento strutturale semplice. Chi controlla la forza armata non ha bisogno di vincere il dibattito politico per imporre la propria volontà: gli basta creare fatti compiuti. In Iran, l'IRGC non ha bisogno di convincere nessuno che negoziare con gli Stati Uniti sia un errore — può semplicemente lanciare un missile contro una petroliera nel bel mezzo di un processo diplomatico, come è accaduto di recente contro una nave collegata alla compagnia petrolifera statale degli Emirati Arabi Uniti, invalidando così mesi di lavoro diplomatico nel giro di poche ore.

A questo si aggiunge un fattore decisivo: il vuoto di autorità. Secondo alcuni resoconti, la Guida Suprema Mojtaba Khamenei resterebbe nascosta e in condizioni di salute precarie — una debolezza che l'IRGC avrebbe sfruttato per consolidare il proprio controllo effettivo sulle decisioni del regime. Quando manca un arbitro civile o religioso dall'autorità indiscussa, a vincere è quasi sempre l'attore con maggiore disciplina organizzativa e capacità coercitiva — tipicamente l'apparato militare, non il corpo diplomatico.

Esiste anche un'asimmetria di incentivi che rafforza lo schema. I negoziatori civili rischiano la carriera se un accordo fallisce o viene percepito come una capitolazione. I settori della linea dura, invece, non sopportano questo costo — anzi, il protrarsi dello scontro accresce la loro rilevanza istituzionale e il loro budget. La nomina del generale Mohsen Rezaei a capo del Consiglio Supremo per la Sicurezza Nazionale iraniano, dopo l'ultimatum che ha interrotto il tavolo negoziale, illustra perfettamente questo meccanismo: l'escalation ha avvantaggiato direttamente lui e la sua fazione.

 

Ciò che insegna la storia

Tuttavia, lo schema non è una legge inderogabile, e la storia offre controesempi rilevanti.

Il caso più vicino è la stessa guerra Iran-Iraq del 1988. Nonostante la resistenza dei settori più intransigenti del regime, l'ayatollah Khomeini alla fine accettò il cessate il fuoco, descrivendo quella decisione come "bere da un calice avvelenato". Non fu una vittoria dei moderati sui radicali ottenuta con gli argomenti, ma perché il costo umano ed economico della guerra era diventato insostenibile persino per chi la sosteneva.

Un caso più ampio è il crollo dell'Unione Sovietica sotto Gorbaciov. I settori militari e dell'apparato di sicurezza (KGB) resistettero all'apertura, arrivando persino a tentare un colpo di stato nel 1991 — ma l'esaurimento economico strutturale del sistema finì per prevalere sulla capacità coercitiva dei falchi, che non riuscirono a invertire il corso degli eventi.

Il Sudafrica dell'apartheid offre un terzo esempio: i settori della sicurezza e i paramilitari afrikaner si opposero ferocemente allo smantellamento del regime razzista, ricorrendo anche a violenza organizzata negli anni precedenti il 1994. Ma l'isolamento internazionale e il collasso economico finirono per piegare quella resistenza armata, consentendo una transizione negoziata.

 

La domanda aperta

Il filo conduttore comune a questi tre casi non è che i moderati abbiano vinto il dibattito, ma che il costo di sostenere lo scontro sia diventato insopportabile per il sistema nel suo complesso — inclusi, alla fine, gli stessi settori intransigenti. Questa è esattamente la domanda aperta in Iran oggi: le Guardie della Rivoluzione controllano, per ora, i fatti sul terreno. L'incognita è se l'esaurimento economico — perdita di gas, blackout, inflazione — raggiungerà un punto di rottura sufficientemente doloroso da erodere quel potere di veto, come accadde a Teheran nel 1988, a Mosca nel 1991 e a Pretoria negli anni '90.

 

 

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