COREA DEL SUR AYUDA A LAS EMBARAZADAS CUBANAS: LOS NÚMEROS REVELAN UNA CRISIS MUCHO MAYOR

 


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COREA DEL SUR AYUDA A LAS EMBARAZADAS CUBANAS: LOS NÚMEROS REVELAN UNA CRISIS MUCHO MAYOR

Por Huber Matos Araluce

San José, Costa Rica

Corea del Sur, una democracia que hace pocas décadas era considerablemente más pobre que Cuba, está financiando a través de UNICEF ayuda para proteger la salud de mujeres embarazadas, recién nacidos y niños cubanos.

El programa tiene un valor de un millón de dólares y está dirigido a fortalecer la atención materno-infantil, con especial énfasis en La Habana y las provincias orientales.

Una de las entregas recientes consiste en 213.000 frascos de suplementos prenatales, destinados a unas 30.430 mujeres embarazadas y madres lactantes.

Pero esa última cifra puede conducir fácilmente a una interpretación equivocada.

En Cuba no hay solamente 30.430 embarazadas y madres lactantes. Esa es la cantidad de mujeres que esta entrega puede atender.

La diferencia es importante porque permite comprender tanto el valor de la ayuda surcoreana como la verdadera dimensión de las necesidades que enfrenta la población cubana.

Cuba registró oficialmente 68.064 nacimientos durante 2025, la cifra más baja de las últimas décadas.

A partir de ese dato puede hacerse una estimación demográfica sencilla. Si durante un año nacen aproximadamente 68.000 niños y un embarazo dura alrededor de 40 semanas, el número de embarazos simultáneamente en curso que finalmente terminarán en nacimientos vivos ronda los 52.000.

No se trata de un censo de embarazadas realizado un día determinado, sino de una estimación basada en los nacimientos anuales. Además, es una estimación conservadora porque considera solamente los embarazos que terminan en nacimientos vivos.

A esas aproximadamente 52.000 embarazadas habría que añadir las madres que se encuentran en los primeros meses posteriores al parto.

Si utilizamos solamente los primeros seis meses después del nacimiento, los 68.064 nacimientos anuales equivalen a aproximadamente 34.000 madres que, en un momento determinado, se encuentran dentro de ese período.

Eso coloca el universo potencial de embarazadas y madres durante los primeros seis meses posteriores al parto alrededor de 86.000 mujeres.

Esto no significa que las 34.000 madres estén todas lactando. Lo que demuestra el cálculo es que el universo de mujeres al que puede estar dirigido un programa de nutrición materna es muchísimo mayor que 30.430.

Ni siquiera es necesario aceptar esta estimación para comprender la diferencia.

El propio Ministerio de Salud Pública informó que 32.880 embarazadas enfrentaban riesgos y limitaciones adicionales como consecuencia de la crisis energética.

Detengámonos en esa cifra.

Son 32.880 embarazadas en situación de riesgo.

No incluye a las demás embarazadas que no estaban comprendidas en esa clasificación. Tampoco incluye a una sola madre lactante.

Por sí sola, esa cifra ya es superior a las 30.430 embarazadas y lactantes combinadas que podrán ser beneficiadas por esta entrega de suplementos.

Por tanto, las 30.430 mujeres no pueden interpretarse como el número total de embarazadas y lactantes existentes en Cuba.

Entonces, ¿qué significan?

La explicación está en los propios números.

Los 213.000 frascos disponibles tienen que distribuirse entre las beneficiarias del programa. Si dividimos 213.000 entre 30.430 obtenemos prácticamente siete frascos por mujer.

Es decir, la cifra de 30.430 describe hasta dónde alcanza esta entrega. No describe la magnitud de la población cubana que potencialmente necesita la asistencia.

Una cosa es decir que se enviaron suplementos para 30.430 embarazadas y madres lactantes. Otra muy distinta es interpretar que Cuba tiene aproximadamente ese número de mujeres en esas condiciones.

Los 30.430 miden la capacidad de la ayuda. No miden el tamaño del problema.

Hay además otro aspecto de esta noticia que merece atención.

Corea del Sur financia este proyecto de cooperación para fortalecer la atención de embarazadas, recién nacidos y niños cubanos.

La ayuda debe ser bienvenida.

Los suplementos no son para un gobierno. Son para mujeres cubanas y sus hijos, y cualquier asistencia que contribuya a protegerlos merece reconocimiento y agradecimiento.

Pero resulta inevitable preguntarse cómo Cuba llegó hasta aquí.

Durante décadas, el régimen castrista presentó su sistema de salud como una de las grandes conquistas de la revolución. Hoy una democracia situada al otro lado del mundo tiene que aportar recursos para ayudar a garantizar suplementos esenciales a las mujeres cubanas durante el embarazo y la maternidad.

Y existe una ironía histórica todavía mayor.

Corea del Sur pasó de la pobreza de la posguerra a convertirse en una de las economías más desarrolladas y tecnológicamente avanzadas del planeta. Cuba siguió el camino opuesto.

La solidaridad surcoreana merece agradecimiento. Pero la necesidad de esa solidaridad también constituye un testimonio de la profundidad de la crisis cubana.

Las cifras ayudan a ponerla en perspectiva: unas 30.430 mujeres recibirán esta ayuda, mientras el universo potencial de embarazadas y madres recientes es mucho mayor.

Por eso, cuando se habla de los suplementos enviados por Corea del Sur, conviene recordar qué significa realmente el número que aparece en la noticia:

30.430 no es la dimensión de la necesidad. Es solamente hasta dónde alcanza la ayuda.

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SOUTH KOREA HELPS CUBAN PREGNANT WOMEN: THE NUMBERS REVEAL A MUCH DEEPER CRISIS

By Huber Matos Araluce

San José, Costa Rica

South Korea, a democracy that only a few decades ago was considerably poorer than Cuba, is financing assistance through UNICEF to help protect the health of Cuban pregnant women, newborns and children.

The program is worth one million dollars and is intended to strengthen maternal and child health care, with particular emphasis on Havana and Cuba's eastern provinces.

One of the recent deliveries consists of 213,000 bottles of prenatal supplements intended for approximately 30,430 pregnant women and breastfeeding mothers.

But that figure can easily lead to a mistaken interpretation.

There are not only 30,430 pregnant women and breastfeeding mothers in Cuba. That is the number of women this particular shipment can reach.

The distinction is important because it helps us understand both the value of South Korea's assistance and the true scale of the needs facing Cuban families.

Cuba officially recorded 68,064 births in 2025, the lowest figure in decades.

From that number, a simple demographic estimate can be made. If approximately 68,000 children are born over the course of a year and pregnancy lasts about 40 weeks, the number of pregnancies simultaneously underway that will eventually result in live births is approximately 52,000.

This is not a census of pregnant women taken on a particular day. It is an estimate based on annual births. It is also conservative because it considers only pregnancies that end in live births.

To those approximately 52,000 pregnant women we must add mothers in the first months after giving birth.

Using only the first six months after birth, 68,064 annual births represent approximately 34,000 mothers who, at any given moment, are within that six-month period.

That places the potential universe of pregnant women and mothers in the first six months after childbirth at around 86,000 women.

This does not mean that all 34,000 mothers are breastfeeding. What the calculation demonstrates is that the population potentially covered by a maternal nutrition program is far larger than 30,430.

And we do not even need to rely on this estimate to understand the discrepancy.

Cuba's own Ministry of Public Health reported that 32,880 pregnant women were facing additional risks and limitations because of the energy crisis.

Consider that number carefully.

Those are 32,880 pregnant women considered at risk.

It does not include other pregnant women outside that classification. Nor does it include a single breastfeeding mother.

That figure alone is already higher than the 30,430 pregnant women and breastfeeding mothers combined who can benefit from this shipment of supplements.

Therefore, 30,430 cannot reasonably be interpreted as the total number of pregnant and breastfeeding women in Cuba.

So what does the figure mean?

The explanation is found in the numbers themselves.

The 213,000 bottles must be distributed among the program's beneficiaries. Dividing 213,000 by 30,430 gives almost exactly seven bottles per woman.

In other words, 30,430 describes how far this shipment can reach. It does not describe the size of the Cuban population that may need such assistance.

It is one thing to say that supplements were sent for 30,430 pregnant women and breastfeeding mothers. It is quite another to assume that Cuba has only approximately that number of women in those categories.

The figure of 30,430 measures the capacity of the aid. It does not measure the size of the problem.

There is another aspect of this story that deserves attention.

South Korea is financing this cooperation project to strengthen care for Cuban pregnant women, newborns and children.

The assistance should be welcomed.

These supplements are not for a government. They are for Cuban women and their children, and any assistance that helps protect them deserves recognition and gratitude.

But it is impossible not to ask how Cuba reached this point.

For decades, the Castro regime presented its health system as one of the great achievements of the revolution. Today, a democracy on the other side of the world must provide resources to help guarantee essential supplements for Cuban women during pregnancy and motherhood.

There is an even greater historical irony.

South Korea rose from postwar poverty to become one of the most developed and technologically advanced economies in the world. Cuba followed the opposite path.

South Korea's solidarity deserves gratitude. But the fact that such solidarity is necessary is also evidence of the depth of Cuba's crisis.

The figures put that crisis into perspective: approximately 30,430 women will receive this assistance, while the potential number of pregnant women and recent mothers is far greater.

So when we hear about the supplements sent by South Korea, we should remember what the number really means:

30,430 is not the size of the need. It is only how far the aid can reach.

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LA CORÉE DU SUD AIDE LES FEMMES ENCEINTES CUBAINES : LES CHIFFRES RÉVÈLENT UNE CRISE BIEN PLUS PROFONDE

Par Huber Matos Araluce

San José, Costa Rica

La Corée du Sud, une démocratie qui était encore considérablement plus pauvre que Cuba il y a quelques décennies, finance par l'intermédiaire de l'UNICEF une aide destinée à protéger la santé des femmes enceintes, des nouveau-nés et des enfants cubains.

Le programme, d'une valeur d'un million de dollars, vise à renforcer les soins maternels et infantiles, en accordant une attention particulière à La Havane et aux provinces orientales de Cuba.

L'une des livraisons récentes comprend 213 000 flacons de compléments prénatals destinés à environ 30 430 femmes enceintes et mères allaitantes.

Mais ce dernier chiffre peut facilement conduire à une interprétation erronée.

Il n'y a pas seulement 30 430 femmes enceintes et mères allaitantes à Cuba. Il s'agit du nombre de femmes que cette livraison particulière peut aider.

Cette distinction est importante, car elle permet de comprendre à la fois la valeur de l'aide sud-coréenne et l'ampleur réelle des besoins de la population cubaine.

Cuba a officiellement enregistré 68 064 naissances en 2025, le chiffre le plus bas depuis plusieurs décennies.

À partir de cette donnée, on peut effectuer une estimation démographique simple. Si environ 68 000 enfants naissent au cours d'une année et qu'une grossesse dure environ 40 semaines, le nombre de grossesses simultanément en cours qui aboutiront à une naissance vivante est d'environ 52 000.

Il ne s'agit pas d'un recensement des femmes enceintes effectué à une date précise, mais d'une estimation fondée sur le nombre annuel de naissances. Elle est en outre prudente, puisqu'elle ne prend en compte que les grossesses aboutissant à une naissance vivante.

À ces quelque 52 000 femmes enceintes, il faut ajouter les mères se trouvant dans les premiers mois suivant l'accouchement.

Si l'on ne considère que les six premiers mois après la naissance, les 68 064 naissances annuelles correspondent à environ 34 000 mères qui, à un moment donné, se trouvent dans cette période.

L'univers potentiel des femmes enceintes et des mères durant les six premiers mois suivant l'accouchement atteint donc environ 86 000 femmes.

Cela ne signifie pas que les 34 000 mères allaitent toutes. Ce calcul démontre simplement que la population susceptible d'être concernée par un programme de nutrition maternelle est beaucoup plus importante que 30 430.

Il n'est même pas nécessaire d'accepter cette estimation pour comprendre l'écart.

Le ministère cubain de la Santé publique a lui-même indiqué que 32 880 femmes enceintes faisaient face à des risques et des limitations supplémentaires en raison de la crise énergétique.

Arrêtons-nous sur ce chiffre.

Il s'agit de 32 880 femmes enceintes considérées comme étant en situation de risque.

Ce nombre n'inclut pas les autres femmes enceintes qui ne faisaient pas partie de cette classification. Il n'inclut pas non plus une seule mère allaitante.

À lui seul, ce chiffre est déjà supérieur aux 30 430 femmes enceintes et mères allaitantes réunies qui pourront bénéficier de cette livraison.

Les 30 430 femmes ne peuvent donc pas être interprétées comme représentant le nombre total de femmes enceintes et allaitantes à Cuba.

Que signifie alors ce chiffre ?

L'explication se trouve dans les chiffres eux-mêmes.

Les 213 000 flacons disponibles doivent être répartis entre les bénéficiaires du programme. En divisant 213 000 par 30 430, on obtient pratiquement sept flacons par femme.

Autrement dit, le chiffre de 30 430 indique jusqu'où cette livraison peut aller. Il n'indique pas l'ampleur de la population cubaine susceptible d'avoir besoin de cette assistance.

Dire que des compléments ont été envoyés pour 30 430 femmes enceintes et mères allaitantes est une chose. En déduire que Cuba ne compte qu'environ ce nombre de femmes dans ces catégories en est une autre.

Les 30 430 mesurent la capacité de l'aide. Ils ne mesurent pas l'ampleur du problème.

Un autre aspect de cette nouvelle mérite également notre attention.

La Corée du Sud finance ce projet de coopération afin de renforcer les soins destinés aux femmes enceintes, aux nouveau-nés et aux enfants cubains.

Cette aide doit être accueillie favorablement.

Ces compléments ne sont pas destinés à un gouvernement. Ils sont destinés aux femmes cubaines et à leurs enfants, et toute assistance contribuant à les protéger mérite reconnaissance et gratitude.

Mais il est impossible de ne pas se demander comment Cuba en est arrivée là.

Pendant des décennies, le régime castriste a présenté son système de santé comme l'une des grandes conquêtes de la révolution. Aujourd'hui, une démocratie située à l'autre bout du monde doit fournir des ressources pour aider à garantir des compléments essentiels aux femmes cubaines pendant la grossesse et la maternité.

L'ironie historique est encore plus grande.

La Corée du Sud est passée de la pauvreté de l'après-guerre au rang des économies les plus développées et technologiquement avancées de la planète. Cuba a suivi le chemin inverse.

La solidarité sud-coréenne mérite notre gratitude. Mais la nécessité même de cette solidarité témoigne également de la profondeur de la crise cubaine.

Les chiffres permettent de la mettre en perspective : environ 30 430 femmes recevront cette aide, alors que le nombre potentiel de femmes enceintes et de mères récentes est beaucoup plus élevé.

Ainsi, lorsque l'on parle des compléments envoyés par la Corée du Sud, il faut se souvenir de ce que signifie réellement ce chiffre :

30 430 n'est pas la dimension du besoin. C'est seulement jusqu'où l'aide peut parvenir.

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LA COREA DEL SUD AIUTA LE DONNE INCINTE CUBANE: I NUMERI RIVELANO UNA CRISI MOLTO PIÙ PROFONDA

Di Huber Matos Araluce

San José, Costa Rica

La Corea del Sud, una democrazia che solo pochi decenni fa era considerevolmente più povera di Cuba, sta finanziando attraverso l'UNICEF aiuti destinati a proteggere la salute delle donne incinte, dei neonati e dei bambini cubani.

Il programma ha un valore di un milione di dollari ed è destinato a rafforzare l'assistenza materno-infantile, con particolare attenzione all'Avana e alle province orientali di Cuba.

Una delle consegne recenti consiste in 213.000 flaconi di integratori prenatali, destinati a circa 30.430 donne incinte e madri che allattano.

Ma quest'ultima cifra può facilmente portare a un'interpretazione sbagliata.

A Cuba non ci sono soltanto 30.430 donne incinte e madri che allattano. Questo è il numero di donne che questa specifica consegna può raggiungere.

La distinzione è importante perché permette di comprendere sia il valore dell'aiuto sudcoreano sia la reale dimensione delle necessità della popolazione cubana.

Cuba ha registrato ufficialmente 68.064 nascite nel 2025, il dato più basso degli ultimi decenni.

A partire da questo dato è possibile fare una semplice stima demografica. Se nel corso di un anno nascono circa 68.000 bambini e una gravidanza dura approssimativamente 40 settimane, il numero di gravidanze contemporaneamente in corso che termineranno con una nascita viva è di circa 52.000.

Non si tratta di un censimento delle donne incinte effettuato in un determinato giorno, ma di una stima basata sulle nascite annuali. È inoltre una stima prudente, perché considera soltanto le gravidanze che terminano con una nascita viva.

A queste circa 52.000 donne incinte bisogna aggiungere le madri che si trovano nei primi mesi successivi al parto.

Se consideriamo soltanto i primi sei mesi dopo la nascita, le 68.064 nascite annuali equivalgono a circa 34.000 madri che, in un determinato momento, si trovano all'interno di quel periodo.

Questo porta l'universo potenziale delle donne incinte e delle madri nei primi sei mesi dopo il parto a circa 86.000 donne.

Ciò non significa che tutte le 34.000 madri stiano effettivamente allattando. Il calcolo dimostra invece che la popolazione potenzialmente interessata da un programma di nutrizione materna è molto più ampia di 30.430.

Non è nemmeno necessario accettare questa stima per comprendere la differenza.

Lo stesso Ministero cubano della Salute Pubblica ha riferito che 32.880 donne incinte affrontavano rischi e limitazioni aggiuntive a causa della crisi energetica.

Soffermiamoci su questo numero.

Sono 32.880 donne incinte considerate in situazione di rischio.

La cifra non comprende le altre donne incinte che non rientravano in quella classificazione. E non comprende neppure una sola madre che allatta.

Da sola, questa cifra è già superiore alle 30.430 donne incinte e madri che allattano complessivamente che potranno beneficiare di questa consegna.

Pertanto, le 30.430 donne non possono essere interpretate come il numero totale di donne incinte e madri che allattano presenti a Cuba.

Che cosa significa allora questa cifra?

La spiegazione si trova nei numeri stessi.

I 213.000 flaconi disponibili devono essere distribuiti tra le beneficiarie del programma. Dividendo 213.000 per 30.430 si ottengono praticamente sette flaconi per donna.

In altre parole, il numero 30.430 indica fino a dove può arrivare questa consegna. Non indica la dimensione della popolazione cubana che potrebbe aver bisogno dell'assistenza.

Una cosa è dire che sono stati inviati integratori per 30.430 donne incinte e madri che allattano. Un'altra cosa è interpretare questo dato come se Cuba avesse soltanto circa quel numero di donne appartenenti a queste categorie.

Le 30.430 misurano la capacità dell'aiuto. Non misurano la dimensione del problema.

C'è inoltre un altro aspetto di questa notizia che merita attenzione.

La Corea del Sud finanzia questo progetto di cooperazione per rafforzare l'assistenza alle donne incinte, ai neonati e ai bambini cubani.

L'aiuto deve essere accolto con favore.

Questi integratori non sono destinati a un governo. Sono destinati alle donne cubane e ai loro figli, e qualsiasi assistenza che contribuisca a proteggerli merita riconoscenza e gratitudine.

Ma è inevitabile chiedersi come Cuba sia arrivata a questo punto.

Per decenni il regime castrista ha presentato il proprio sistema sanitario come una delle grandi conquiste della rivoluzione. Oggi una democrazia situata dall'altra parte del mondo deve fornire risorse per contribuire a garantire integratori essenziali alle donne cubane durante la gravidanza e la maternità.

Esiste inoltre un'ironia storica ancora più grande.

La Corea del Sud è passata dalla povertà del dopoguerra a diventare una delle economie più sviluppate e tecnologicamente avanzate del pianeta. Cuba ha seguito il percorso opposto.

La solidarietà sudcoreana merita gratitudine. Ma la necessità stessa di questa solidarietà testimonia anche la profondità della crisi cubana.

I numeri aiutano a metterla in prospettiva: circa 30.430 donne riceveranno questa assistenza, mentre il numero potenziale di donne incinte e madri recenti è molto più elevato.

Per questo, quando si parla degli integratori inviati dalla Corea del Sud, conviene ricordare cosa significa realmente il numero che compare nella notizia:

30.430 non è la dimensione del bisogno. È soltanto fino a dove arriva l'aiuto.

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PUTIN, LA OTAN Y EL AVISPERO

 


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PUTIN, LA OTAN Y EL AVISPERO

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Quien alguna vez en su vida, por travieso, le tiró una piedra a un avispero y tuvo que correr desesperadamente para evitar las dolorosas picaduras entenderá fácilmente este artículo.

Ayer, en “¿QUÉ MENSAJE DE TRUMP LLEVÓ EL JEFE DE LA CIA A PUTIN?”, nos preguntamos qué podía explicar el sorpresivo viaje a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe. Hoy apareció una explicación. The Wall Street Journal informó que el propósito de la visita había sido advertir a Rusia que no atacara a ningún país de la OTAN.

La información se basó en personas conocedoras de la visita y en nuevas evaluaciones de la inteligencia estadounidense según las cuales Vladimir Putin podría intentar poner a prueba la determinación de la OTAN mediante un ataque limitado contra uno de sus miembros “en los próximos años”.

Es una posibilidad que los servicios de inteligencia tienen necesariamente que estudiar. Otra cosa es que explique por qué el director de la CIA tuvo que viajar personalmente a Moscú precisamente ahora.

Una incursión rusa en Lituania, aunque fuera limitada, sería como tirar una piedra contra un avispero. Lituania defendería de inmediato su territorio y uno o varios de sus aliados quedarían bajo enorme presión para ayudarla a expulsar a las fuerzas rusas.

Putin sabría dónde comienza la operación, pero no dónde termina. Una vez iniciado el combate, Moscú perdería el control sobre la magnitud de la respuesta.

La experiencia de Ucrania hace todavía más peligroso semejante cálculo. Putin creyó que su invasión se impondría rápidamente y terminó provocando años de guerra, el fortalecimiento de la OTAN, el rearme europeo y un apoyo militar masivo a Ucrania.

Atacar territorio de la OTAN sería repetir aquella apuesta a una escala mucho más peligrosa. Putin puede decidir tirar la piedra. Lo que no puede decidir es cómo reaccionará el avispero.

¿Por qué una eventualidad tan peligrosa para el propio Putin y que la inteligencia estadounidense sitúa en un horizonte de varios años requiere precisamente ahora el viaje excepcional del director de la CIA a Moscú?

La contradicción aumenta con las palabras del propio Trump. Preguntado sobre la posibilidad de que Rusia ataque a la OTAN, dijo que no estaba preocupado “en absoluto” y posteriormente afirmó que Rusia no atacará territorio de la Alianza. También rechazó que Ratcliffe hubiera viajado para llevar esa advertencia a Moscú.

Toomas Hendrik Ilves, expresidente de Estonia, uno de los países bálticos señalados como posibles objetivos, también expresó “serias dudas” de que esa amenaza explicara el viaje. Ilves señaló que una agresión contra los países bálticos podría involucrar rápidamente a Finlandia, Suecia, Dinamarca y Polonia.

Y esos países tendrían razones propias para reaccionar. Permitir que Rusia ocupara territorio de un aliado sin obligarla a retirarse sería enviar a Moscú una señal peligrosísima: puede volver a intentarlo. Una incursión concebida para poner a prueba a la OTAN obligaría precisamente a sus miembros a demostrar que semejante aventura no puede tener éxito.

Entonces la pregunta sigue en pie: ¿fue realmente una hipotética incursión rusa en los próximos años lo que hizo necesario enviar ahora al jefe de la CIA a Moscú?

También se ha publicado que Ratcliffe habló sobre Irán. Pudo hacerlo, pero que Irán estuviera sobre la mesa tampoco significa que fuera la razón de un viaje tan excepcional. Moscú tiene influencia sobre Teherán, pero no controla sus decisiones.

Hay que distinguir entre los asuntos tratados durante una misión y el asunto que hizo necesaria la misión.

La guerra de Ucrania ofrece una explicación mucho más coherente con la urgencia del viaje. Rusia lleva años combatiendo, Europa aumenta su compromiso militar y Ucrania cada vez tiene mayor capacidad para atacar objetivos estratégicos dentro de Rusia. Trump, por su parte, quiere terminar un conflicto que se ha convertido en uno de los grandes desafíos de su presidencia.

Fue el propio Trump quien dejó la pista más importante. Después de calificar el viaje de Ratcliffe de “semi-rutinario”, afirmó: “Algo puede salir de esto”, e inmediatamente habló de sus esfuerzos para terminar la guerra de Ucrania.

Ahí está, a nuestro juicio, la verdadera razón del viaje. Ratcliffe fue a Moscú a llevarle a Putin un mensaje de Trump: todavía estás a tiempo de negociar una salida a la guerra.

Sería una advertencia acompañada de una oportunidad: negocia ahora, cuando todavía puedes hacerlo desde una posición favorable, porque las condiciones de mañana pueden ser mucho peores que las de hoy.

Y entonces las palabras de Trump, pronunciadas después del viaje de Ratcliffe, adquieren todo su significado:

“Algo puede salir de esto.”

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PUTIN, NATO AND THE WASP NEST

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Anyone who, as a mischievous youngster, once threw a stone at a wasp nest and then had to run desperately to escape the painful stings will easily understand this article.

Yesterday, in “WHAT MESSAGE FROM TRUMP DID THE CIA CHIEF TAKE TO PUTIN?”, we asked what might explain CIA Director John Ratcliffe’s surprise trip to Moscow. Today an explanation emerged. The Wall Street Journal reported that the purpose of the visit was to warn Russia not to attack any NATO country.

The report was based on people briefed on the visit and on new U.S. intelligence assessments indicating that Vladimir Putin might try to test NATO’s resolve through a limited attack on one of its members “in the next few years.”

That is a possibility intelligence services necessarily have to study. Whether it explains why the CIA director had to travel personally to Moscow precisely now is another matter.

A Russian incursion into Lithuania, even a limited one, would be like throwing a stone at a wasp nest. Lithuania would immediately defend its territory, and one or more of its allies would come under enormous pressure to help drive Russian forces out.

Putin would know where the operation begins, but not where it ends. Once the fighting started, Moscow would lose control over the scale of the response.

The experience of Ukraine makes such a calculation even more dangerous. Putin believed his invasion would prevail quickly and instead triggered years of war, a stronger NATO, European rearmament and massive military support for Ukraine.

Attacking NATO territory would mean repeating that gamble on a far more dangerous scale. Putin can decide to throw the stone. What he cannot decide is how the wasp nest will react.

Why would an eventuality so dangerous for Putin himself, and one that U.S. intelligence places several years into the future, require an exceptional trip by the CIA director to Moscow precisely now?

The contradiction grows with Trump’s own words. Asked about the possibility of Russia attacking NATO, he said he was not concerned “at all” and later stated that Russia would not attack Alliance territory. He also rejected the idea that Ratcliffe had traveled to Moscow to deliver such a warning.

Toomas Hendrik Ilves, the former president of Estonia, one of the Baltic countries identified as a possible target, also expressed “serious doubts” that such a threat explained the trip. Ilves noted that aggression against the Baltic states could quickly involve Finland, Sweden, Denmark and Poland.

Those countries would also have reasons of their own to react. Allowing Russia to occupy allied territory without forcing it to withdraw would send Moscow an extremely dangerous signal: it can try again. An incursion designed to test NATO would compel its members to demonstrate precisely that such an adventure cannot succeed.

The question therefore remains: was a hypothetical Russian incursion sometime in the next few years really what made it necessary to send the CIA chief to Moscow now?

It has also been published that Ratcliffe discussed Iran. He may well have done so, but Iran being on the table does not mean it was the reason for such an exceptional trip. Moscow has influence over Tehran, but it does not control Iran’s decisions.

A distinction must be made between the subjects discussed during a mission and the issue that made the mission necessary.

The war in Ukraine offers a far more coherent explanation for the urgency of the trip. Russia has been fighting for years, Europe is increasing its military commitment, and Ukraine has a growing ability to strike strategic targets inside Russia. Trump, meanwhile, wants to end a conflict that has become one of the major challenges of his presidency.

Trump himself left the most important clue. After describing Ratcliffe’s trip as “semi-routine,” he said: “Something may come out of it,” and immediately spoke about his efforts to end the war in Ukraine.

That, in our judgment, is the real reason for the trip. Ratcliffe went to Moscow to carry a message from Trump to Putin: you still have time to negotiate an end to the war.

It would be a warning accompanied by an opportunity: negotiate now, while you can still do so from a favorable position, because tomorrow’s conditions may be far worse than today’s.

And then Trump’s words, spoken after Ratcliffe’s trip, take on their full meaning:

“Something may come out of it.”

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POUTINE, L’OTAN ET LE NID DE GUÊPES

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Quiconque, dans sa jeunesse et par espièglerie, a un jour lancé une pierre contre un nid de guêpes avant de devoir courir désespérément pour échapper à leurs douloureuses piqûres comprendra facilement cet article.

Hier, dans « QUEL MESSAGE DE TRUMP LE CHEF DE LA CIA A-T-IL PORTÉ À POUTINE ? », nous nous demandions ce qui pouvait expliquer le voyage surprise à Moscou du directeur de la CIA, John Ratcliffe. Aujourd’hui, une explication est apparue. The Wall Street Journal a rapporté que le but de cette visite était d’avertir la Russie de ne pas attaquer un pays de l’OTAN.

L’information s’appuyait sur des personnes informées de la visite et sur de nouvelles évaluations des services de renseignement américains selon lesquelles Vladimir Poutine pourrait tenter de mettre à l’épreuve la détermination de l’OTAN au moyen d’une attaque limitée contre l’un de ses membres « dans les prochaines années ».

C’est une possibilité que les services de renseignement doivent nécessairement étudier. Mais cela n’explique pas forcément pourquoi le directeur de la CIA devait se rendre personnellement à Moscou précisément maintenant.

Une incursion russe en Lituanie, même limitée, reviendrait à lancer une pierre contre un nid de guêpes. La Lituanie défendrait immédiatement son territoire et un ou plusieurs de ses alliés subiraient une énorme pression pour l’aider à expulser les forces russes.

Poutine saurait où commence l’opération, mais pas où elle se termine. Une fois les combats engagés, Moscou perdrait le contrôle de l’ampleur de la riposte.

L’expérience de l’Ukraine rend un tel calcul encore plus dangereux. Poutine croyait que son invasion s’imposerait rapidement et elle a finalement provoqué des années de guerre, le renforcement de l’OTAN, le réarmement européen et un soutien militaire massif à l’Ukraine.

Attaquer le territoire de l’OTAN reviendrait à répéter ce pari à une échelle beaucoup plus dangereuse. Poutine peut décider de lancer la pierre. Ce qu’il ne peut pas décider, c’est la réaction du nid de guêpes.

Pourquoi une éventualité aussi dangereuse pour Poutine lui-même, et que le renseignement américain situe dans un horizon de plusieurs années, exigerait-elle précisément maintenant un voyage exceptionnel du directeur de la CIA à Moscou ?

La contradiction s’accentue avec les propres paroles de Trump. Interrogé sur la possibilité que la Russie attaque l’OTAN, il a déclaré ne pas être inquiet « du tout » et a ensuite affirmé que la Russie n’attaquerait pas le territoire de l’Alliance. Il a également rejeté l’idée que Ratcliffe se soit rendu à Moscou pour transmettre cet avertissement.

Toomas Hendrik Ilves, ancien président de l’Estonie, l’un des pays baltes cités comme cible possible, a lui aussi exprimé de « sérieux doutes » quant au fait que cette menace puisse expliquer le voyage. Ilves a souligné qu’une agression contre les pays baltes pourrait rapidement impliquer la Finlande, la Suède, le Danemark et la Pologne.

Ces pays auraient également leurs propres raisons de réagir. Permettre à la Russie d’occuper le territoire d’un allié sans l’obliger à se retirer enverrait à Moscou un signal extrêmement dangereux : elle peut recommencer. Une incursion destinée à tester l’OTAN obligerait précisément ses membres à démontrer qu’une telle aventure ne peut réussir.

La question demeure donc : une hypothétique incursion russe dans les prochaines années était-elle réellement ce qui rendait nécessaire l’envoi du chef de la CIA à Moscou maintenant ?

Il a également été publié que Ratcliffe avait parlé de l’Iran. C’est possible, mais le fait que l’Iran ait figuré à l’ordre du jour ne signifie pas qu’il ait été la raison d’un voyage aussi exceptionnel. Moscou exerce une influence sur Téhéran, mais ne contrôle pas ses décisions.

Il faut distinguer les sujets abordés pendant une mission de la question qui a rendu cette mission nécessaire.

La guerre en Ukraine offre une explication beaucoup plus cohérente avec l’urgence du voyage. La Russie combat depuis des années, l’Europe augmente son engagement militaire et l’Ukraine possède une capacité croissante à frapper des objectifs stratégiques à l’intérieur de la Russie. Trump, de son côté, veut mettre fin à un conflit devenu l’un des grands défis de sa présidence.

Trump lui-même a laissé l’indice le plus important. Après avoir qualifié le voyage de Ratcliffe de « semi-routinier », il a déclaré : « Quelque chose peut en sortir », puis a immédiatement parlé de ses efforts pour mettre fin à la guerre en Ukraine.

C’est là, selon nous, la véritable raison du voyage. Ratcliffe s’est rendu à Moscou pour transmettre à Poutine un message de Trump : il est encore temps de négocier une sortie de guerre.

Ce serait un avertissement accompagné d’une occasion : négocie maintenant, tant que tu peux encore le faire depuis une position favorable, car les conditions de demain pourraient être bien pires que celles d’aujourd’hui.

Alors les paroles de Trump, prononcées après le voyage de Ratcliffe, prennent tout leur sens :

« Quelque chose peut en sortir. »

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PUTIN, LA NATO E IL VESPAIO

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Chiunque, da ragazzo e per monelleria, abbia mai lanciato una pietra contro un vespaio e abbia poi dovuto correre disperatamente per evitare le dolorose punture capirà facilmente questo articolo.

Ieri, in “QUALE MESSAGGIO DI TRUMP HA PORTATO A PUTIN IL CAPO DELLA CIA?”, ci siamo chiesti cosa potesse spiegare il viaggio a sorpresa a Mosca del direttore della CIA, John Ratcliffe. Oggi è apparsa una spiegazione. The Wall Street Journal ha riferito che lo scopo della visita era avvertire la Russia di non attaccare alcun paese della NATO.

L’informazione si basava su persone informate sulla visita e su nuove valutazioni dell’intelligence statunitense secondo cui Vladimir Putin potrebbe tentare di mettere alla prova la determinazione della NATO con un attacco limitato contro uno dei suoi membri “nei prossimi anni”.

È una possibilità che i servizi d’intelligence devono necessariamente studiare. Un’altra cosa è che ciò spieghi perché il direttore della CIA abbia dovuto recarsi personalmente a Mosca proprio adesso.

Un’incursione russa in Lituania, anche se limitata, sarebbe come lanciare una pietra contro un vespaio. La Lituania difenderebbe immediatamente il proprio territorio e uno o più dei suoi alleati si troverebbero sotto un’enorme pressione per aiutarla a espellere le forze russe.

Putin saprebbe dove comincia l’operazione, ma non dove finisce. Una volta iniziati i combattimenti, Mosca perderebbe il controllo sulla portata della risposta.

L’esperienza dell’Ucraina rende un simile calcolo ancora più pericoloso. Putin pensava che la sua invasione si sarebbe imposta rapidamente e ha invece provocato anni di guerra, il rafforzamento della NATO, il riarmo europeo e un massiccio sostegno militare all’Ucraina.

Attaccare territorio NATO significherebbe ripetere quella scommessa su una scala molto più pericolosa. Putin può decidere di lanciare la pietra. Quello che non può decidere è come reagirà il vespaio.

Perché un’eventualità tanto pericolosa per Putin stesso, e che l’intelligence statunitense colloca in un orizzonte di diversi anni, dovrebbe richiedere proprio adesso un viaggio eccezionale del direttore della CIA a Mosca?

La contraddizione aumenta con le parole dello stesso Trump. Interrogato sulla possibilità che la Russia attacchi la NATO, ha detto di non essere preoccupato “affatto” e successivamente ha affermato che la Russia non attaccherà territorio dell’Alleanza. Ha inoltre respinto l’idea che Ratcliffe fosse andato a Mosca per portare quell’avvertimento.

Toomas Hendrik Ilves, ex presidente dell’Estonia, uno dei paesi baltici indicati come possibili obiettivi, ha anch’egli espresso “seri dubbi” sul fatto che quella minaccia spiegasse il viaggio. Ilves ha osservato che un’aggressione contro i paesi baltici potrebbe coinvolgere rapidamente Finlandia, Svezia, Danimarca e Polonia.

Anche questi paesi avrebbero motivi propri per reagire. Permettere alla Russia di occupare territorio di un alleato senza costringerla a ritirarsi invierebbe a Mosca un segnale estremamente pericoloso: può provarci di nuovo. Un’incursione concepita per mettere alla prova la NATO costringerebbe proprio i suoi membri a dimostrare che una simile avventura non può avere successo.

La domanda dunque rimane: fu davvero una ipotetica incursione russa nei prossimi anni a rendere necessario mandare adesso il capo della CIA a Mosca?

È stato inoltre pubblicato che Ratcliffe abbia parlato dell’Iran. Può averlo fatto, ma il fatto che l’Iran fosse sul tavolo non significa che fosse la ragione di un viaggio così eccezionale. Mosca esercita influenza su Teheran, ma non ne controlla le decisioni.

Bisogna distinguere tra gli argomenti discussi durante una missione e la questione che ha reso necessaria quella missione.

La guerra in Ucraina offre una spiegazione molto più coerente con l’urgenza del viaggio. La Russia combatte da anni, l’Europa aumenta il proprio impegno militare e l’Ucraina possiede una capacità crescente di colpire obiettivi strategici all’interno della Russia. Trump, da parte sua, vuole porre fine a un conflitto diventato una delle grandi sfide della sua presidenza.

È stato lo stesso Trump a lasciare l’indizio più importante. Dopo aver definito il viaggio di Ratcliffe “semi-routinario”, ha affermato: “Qualcosa può venirne fuori”, e subito dopo ha parlato dei suoi sforzi per porre fine alla guerra in Ucraina.

È questa, a nostro giudizio, la vera ragione del viaggio. Ratcliffe è andato a Mosca per portare a Putin un messaggio di Trump: sei ancora in tempo per negoziare una via d’uscita dalla guerra.

Sarebbe un avvertimento accompagnato da un’opportunità: negozia adesso, finché puoi ancora farlo da una posizione favorevole, perché le condizioni di domani potrebbero essere molto peggiori di quelle di oggi.

E allora le parole di Trump, pronunciate dopo il viaggio di Ratcliffe, acquistano tutto il loro significato:

“Qualcosa può venirne fuori.”

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¿QUÉ MENSAJE DE TRUMP LLEVÓ EL JEFE DE LA CIA A PUTIN?

¿QUÉ MENSAJE DE TRUMP LLEVÓ EL JEFE DE LA CIA A PUTIN?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

El actual director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, acaba de viajar a Moscú. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, explicó que se habían producido “contactos a través de los servicios de seguridad” y presentó este tipo de comunicación entre los organismos de inteligencia de ambos países como algo positivo, que suele mantenerse incluso durante los períodos más difíciles de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos.

Sin embargo, Peskov se negó a revelar qué asuntos fueron tratados y consideró prematuro decir si la visita contribuirá a mejorar unas relaciones que calificó de sumidas en una “profunda crisis”. Aseguró que Ratcliffe no se reunió con Putin, aunque hizo una aclaración significativa: “Naturalmente, el presidente Putin es informado de todo sin demora”.

En Washington también se trató inicialmente de restar importancia al viaje. El propio presidente Donald Trump lo calificó de algo “semi-rutinario” y descartó que Ratcliffe hubiera ido a advertir a Rusia sobre una posible acción contra la OTAN o por el apoyo de Moscú a Irán.

Pero Trump no se quedó ahí. Inmediatamente llevó la conversación hacia Ucrania: “Nos gustaría ver que termine la guerra con Ucrania”. Y poco después añadió una frase mucho más reveladora: “Ahora, algo puede salir de esto”.

Ante las explicaciones de Moscú y Washington, podemos plantear una hipótesis: Ratcliffe pudo haber llevado a Putin una propuesta personal de Trump para terminar la guerra.

Hay precedentes.

En noviembre de 2021, tres meses antes de la invasión de Ucrania, el presidente Joe Biden envió a Moscú al entonces director de la CIA, William Burns.

La inteligencia estadounidense había descubierto los preparativos rusos y Burns llevaba una advertencia de Biden: Washington sabía lo que Putin estaba preparando y las consecuencias serían muy graves si seguía adelante.

Burns se reunió con altos funcionarios rusos. Putin se encontraba en Sochi, pero el director de la CIA habló directamente con él por teléfono.

Putin escuchó la advertencia y decidió ignorarla. El 24 de febrero de 2022 comenzó la invasión.

Ratcliffe también tiene antecedentes como mensajero personal de Trump.

El 14 de mayo pasado viajó a La Habana y se reunió con importantes figuras del aparato de poder castrista. En aquella ocasión sabemos que llevaba personalmente un mensaje de Trump: Estados Unidos estaba dispuesto a negociar seriamente cuestiones económicas y de seguridad, pero el régimen tendría que realizar cambios fundamentales.

También se hizo saber que aquella oportunidad no permanecería abierta indefinidamente.

No sabemos qué ocurrió después ni si llegó a existir una propuesta concreta que fuera rechazada. Lo importante para entender el viaje a Moscú es el precedente: Trump ha utilizado al director de la CIA para transmitir personalmente mensajes políticos de gran importancia.

UN MENSAJE PARA PUTIN

Si Ratcliffe llevaba realmente una propuesta de Trump para terminar la guerra, lo lógico es pensar que el contenido fundamental estaba destinado a Putin.

Al hablar del viaje, Trump pudo haber dado la clave cuando añadió que “algo puede salir de esto”.

¿Qué podría haberle propuesto Trump a Putin?

Quizás algo muy sencillo:

Vladimir, este es el momento de llegar a un acuerdo. Yo puedo ayudarte a encontrar una salida que puedas presentar como una victoria. Pero esa oportunidad puede no existir mañana.

Todavía controlas territorios ucranianos y puedes negociar desde una posición que te permita presentar determinadas concesiones como logros de Rusia. Yo puedo ayudarte a construir una salida que puedas defender ante el pueblo ruso como un resultado favorable de la guerra.

Pero el tiempo puede comenzar a jugar en tu contra.

Ucrania ha demostrado una creciente capacidad para atacar objetivos cada vez más profundos dentro de Rusia. Europa, por su parte, ha comprendido que la supervivencia de Ucrania afecta directamente su propia seguridad.

La Coalition of the Willing reúne a países decididos a sostener a Ucrania a largo plazo. Europa aumenta sus inversiones en defensa, amplía su producción militar y desarrolla capacidades que hace pocos años parecían improbables.

Yo puedo ayudarte a negociar una salida ahora. Lo que no puedo garantizarte es que Ucrania y los europeos estén dispuestos a ofrecerte mañana las mismas condiciones que todavía puedes negociar hoy.

Precisamente el director de la CIA sería un mensajero apropiado para acompañar semejante planteamiento con la información que tiene Estados Unidos sobre las capacidades de Ucrania, el rearme europeo y lo que Washington considera que puede suceder si la guerra continúa.

TRUMP TAMBIÉN NECESITA EL ACUERDO

Pero Putin no sería el único beneficiado.

Trump tiene un enorme interés político y personal en terminar esta guerra.

Conseguir la paz en el conflicto más grave de Europa desde la Segunda Guerra Mundial le permitiría presentarse ante Estados Unidos y el mundo como el dirigente que logró lo que otros no pudieron.

Podría decir: yo terminé la guerra entre Rusia y Ucrania.

Putin podría proclamar que Rusia consiguió determinados objetivos y obligó a Occidente a negociar.

Y esto también puede explicar por qué Trump habría escogido a Ratcliffe.

Trump ya ha invertido su prestigio personal en negociaciones que no produjeron los resultados que esperaba. Otra reunión con Putin que terminara sin acuerdo significaría un nuevo fracaso ante las cámaras. Las recientes negociaciones con Irán también han demostrado el riesgo de crear grandes expectativas antes de saber si existe realmente disposición de la otra parte para llegar a un acuerdo.

Ratcliffe permite evitar ese riesgo.

Pudo llevar discretamente una propuesta, conocer la reacción de Putin y regresar a Washington sin una cumbre, sin fotografías de ambos presidentes y sin comprometer públicamente el prestigio de Trump.

Si Putin rechaza la propuesta, Trump no ha sufrido una derrota pública.

Si Putin muestra interés, entonces puede comenzar la verdadera negociación.

Y Trump puede reservarse para el final, cuando exista un acuerdo que cerrar.

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Hay una interesante simetría histórica.

En 2021, el presidente Biden envió al director de la CIA, William Burns, a Moscú para advertir a Putin antes de que invadiera Ucrania.

En esencia: No cometas ese error. Putin no escuchó.

En 2026, otro presidente estadounidense acaba de enviar a otro director de la CIA a Moscú.

Quizás el mensaje esta vez sea muy diferente:

Todavía estás a tiempo.

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WHAT MESSAGE FROM TRUMP DID THE CIA DIRECTOR TAKE TO PUTIN?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

The current Director of the Central Intelligence Agency (CIA), John Ratcliffe, has just traveled to Moscow. Kremlin spokesman Dmitry Peskov explained that there had been “contacts through the security services” and described this type of communication between the intelligence agencies of both countries as something positive that tends to continue even during the most difficult periods in relations between Russia and the United States.

Peskov, however, declined to reveal what issues were discussed and said it was premature to say whether the visit would help improve relations that he described as being in a “deep crisis.” He said Ratcliffe did not meet with Putin, although he made one significant clarification: “Naturally, President Putin is informed of everything without delay.”

In Washington, there was also an initial attempt to play down the importance of the trip. President Donald Trump himself described it as “semi-routine” and denied that Ratcliffe had gone to warn Russia about possible action against NATO or because of Moscow’s support for Iran.

But Trump did not stop there. He immediately turned the conversation to Ukraine: “We would like to see the war with Ukraine end.” Shortly afterward, he added a much more revealing phrase: “Now, something may come out of this.”

Given the explanations from Moscow and Washington, we can put forward a hypothesis: Ratcliffe may have carried a personal proposal from Trump to Putin to end the war.

There are precedents.

In November 2021, three months before the invasion of Ukraine, President Joe Biden sent then-CIA Director William Burns to Moscow.

U.S. intelligence had discovered Russia’s preparations, and Burns carried a warning from Biden: Washington knew what Putin was preparing, and the consequences would be very serious if he went ahead.

Burns met with senior Russian officials. Putin was in Sochi, but the CIA director spoke with him directly by telephone.

Putin heard the warning and decided to ignore it. On February 24, 2022, the invasion began.

Ratcliffe also has a precedent as Trump’s personal messenger.

On May 14, he traveled to Havana and met with important figures in the Castro regime’s power structure. In that instance, we know that he personally carried a message from Trump: the United States was prepared to engage in serious negotiations on economic and security issues, but the regime would have to make fundamental changes.

It was also made clear that the opportunity would not remain open indefinitely.

We do not know what happened afterward or whether a specific proposal was ever made and rejected. What matters for understanding the Moscow trip is the precedent: Trump has used the CIA director to personally convey political messages of great importance.

A MESSAGE FOR PUTIN

If Ratcliffe was indeed carrying a Trump proposal to end the war, it is logical to believe that its essential content was intended for Putin.

When speaking about the trip, Trump may have provided the key when he added that “something may come out of this.”

What might Trump have proposed to Putin?

Perhaps something very simple:

Vladimir, this is the moment to reach an agreement. I can help you find a way out that you can present as a victory. But that opportunity may not exist tomorrow.

You still control Ukrainian territory and can negotiate from a position that allows you to present certain concessions as Russian achievements. I can help you build a way out that you can defend before the Russian people as a favorable outcome of the war.

But time may begin to work against you.

Ukraine has demonstrated a growing ability to strike targets increasingly deep inside Russia. Europe, meanwhile, has understood that Ukraine’s survival directly affects its own security.

The Coalition of the Willing brings together countries determined to support Ukraine for the long term. Europe is increasing defense investment, expanding military production and developing capabilities that seemed unlikely only a few years ago.

I can help you negotiate a way out now. What I cannot guarantee is that Ukraine and the Europeans will be willing tomorrow to offer you the same terms that you can still negotiate today.

The CIA director would be an especially appropriate messenger to accompany such an argument with the information the United States possesses about Ukraine’s capabilities, Europe’s rearmament and what Washington believes could happen if the war continues.

TRUMP ALSO NEEDS THE AGREEMENT

But Putin would not be the only one to benefit.

Trump has an enormous political and personal interest in ending this war.

Achieving peace in Europe’s most serious conflict since World War II would allow him to present himself to the United States and the world as the leader who accomplished what others could not.

He could say: I ended the war between Russia and Ukraine.

Putin, for his part, could proclaim that Russia achieved certain objectives and forced the West to negotiate.

And this may also explain why Trump would have chosen Ratcliffe.

Trump has already invested his personal prestige in negotiations that did not produce the results he expected. Another meeting with Putin that ended without an agreement would mean another failure before the cameras. The recent negotiations with Iran have also demonstrated the danger of creating great expectations before knowing whether the other side is genuinely willing to reach an agreement.

Ratcliffe allows him to avoid that risk.

He could have discreetly carried a proposal, learned Putin’s reaction and returned to Washington without a summit, without photographs of the two presidents and without publicly putting Trump’s prestige on the line.

If Putin rejects the proposal, Trump has not suffered a public defeat.

If Putin shows interest, the real negotiation can begin.

And Trump can save himself for the end, when there is an agreement to close.

THE SECOND CHANCE

There is an interesting historical symmetry.

In 2021, President Biden sent CIA Director William Burns to Moscow to warn Putin before he invaded Ukraine.

In essence: Do not make that mistake. Putin did not listen.

In 2026, another American president has just sent another CIA director to Moscow.

Perhaps the message this time is very different:

There is still time.

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QUEL MESSAGE DE TRUMP LE DIRECTEUR DE LA CIA A-T-IL PORTÉ À POUTINE ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

L’actuel directeur de la Central Intelligence Agency (CIA), John Ratcliffe, vient de se rendre à Moscou. Le porte-parole du Kremlin, Dmitri Peskov, a expliqué qu’il y avait eu des « contacts par l’intermédiaire des services de sécurité » et a présenté ce type de communication entre les services de renseignement des deux pays comme quelque chose de positif, qui se maintient généralement même pendant les périodes les plus difficiles des relations entre la Russie et les États-Unis.

Peskov a toutefois refusé de révéler les sujets abordés et a estimé qu’il était prématuré de dire si cette visite contribuerait à améliorer des relations qu’il a qualifiées de plongées dans une « crise profonde ». Il a assuré que Ratcliffe n’avait pas rencontré Poutine, tout en apportant une précision significative : « Naturellement, le président Poutine est informé de tout sans délai. »

À Washington, on a également tenté dans un premier temps de minimiser l’importance du voyage. Le président Donald Trump lui-même l’a qualifié de « semi-routinier » et a écarté l’idée que Ratcliffe se soit rendu en Russie pour l’avertir d’une éventuelle action contre l’OTAN ou en raison du soutien de Moscou à l’Iran.

Mais Trump ne s’est pas arrêté là. Il a immédiatement orienté la conversation vers l’Ukraine : « Nous aimerions voir la guerre avec l’Ukraine prendre fin. » Peu après, il a ajouté une phrase beaucoup plus révélatrice : « Maintenant, quelque chose peut en sortir. »

Compte tenu des explications de Moscou et de Washington, nous pouvons avancer une hypothèse : Ratcliffe a peut-être apporté à Poutine une proposition personnelle de Trump visant à mettre fin à la guerre.

Il existe des précédents.

En novembre 2021, trois mois avant l’invasion de l’Ukraine, le président Joe Biden avait envoyé à Moscou William Burns, alors directeur de la CIA.

Les services de renseignement américains avaient découvert les préparatifs russes et Burns était porteur d’un avertissement de Biden : Washington savait ce que Poutine préparait et les conséquences seraient très graves s’il allait jusqu’au bout.

Burns rencontra de hauts responsables russes. Poutine se trouvait à Sotchi, mais le directeur de la CIA s’entretint directement avec lui par téléphone.

Poutine entendit l’avertissement et décida de l’ignorer. Le 24 février 2022, l’invasion commença.

Ratcliffe a lui aussi un précédent en tant que messager personnel de Trump.

Le 14 mai dernier, il s’est rendu à La Havane et a rencontré d’importantes figures de l’appareil de pouvoir castriste. Dans ce cas, nous savons qu’il était personnellement porteur d’un message de Trump : les États-Unis étaient disposés à négocier sérieusement sur des questions économiques et de sécurité, mais le régime devrait procéder à des changements fondamentaux.

Il fut également indiqué que cette possibilité ne resterait pas ouverte indéfiniment.

Nous ne savons pas ce qui s’est passé ensuite ni si une proposition concrète a été formulée puis rejetée. Ce qui importe pour comprendre le voyage à Moscou, c’est le précédent : Trump a utilisé le directeur de la CIA pour transmettre personnellement des messages politiques de grande importance.

UN MESSAGE POUR POUTINE

Si Ratcliffe était effectivement porteur d’une proposition de Trump visant à mettre fin à la guerre, il est logique de penser que son contenu essentiel était destiné à Poutine.

En parlant du voyage, Trump a peut-être donné la clé lorsqu’il a ajouté que « quelque chose peut en sortir ».

Qu’aurait pu proposer Trump à Poutine ?

Peut-être quelque chose de très simple :

Vladimir, c’est le moment de parvenir à un accord. Je peux t’aider à trouver une issue que tu pourras présenter comme une victoire. Mais cette possibilité pourrait ne plus exister demain.

Tu contrôles encore des territoires ukrainiens et tu peux négocier depuis une position qui te permet de présenter certaines concessions comme des acquis de la Russie. Je peux t’aider à construire une issue que tu pourras défendre devant le peuple russe comme un résultat favorable de la guerre.

Mais le temps pourrait commencer à jouer contre toi.

L’Ukraine a démontré une capacité croissante à frapper des objectifs toujours plus profondément à l’intérieur de la Russie. L’Europe, de son côté, a compris que la survie de l’Ukraine affectait directement sa propre sécurité.

La Coalition of the Willing réunit des pays déterminés à soutenir l’Ukraine à long terme. L’Europe augmente ses investissements dans la défense, développe sa production militaire et acquiert des capacités qui semblaient improbables il y a seulement quelques années.

Je peux t’aider à négocier une issue maintenant. Ce que je ne peux pas te garantir, c’est que l’Ukraine et les Européens seront disposés demain à t’offrir les mêmes conditions que celles que tu peux encore négocier aujourd’hui.

Le directeur de la CIA serait précisément un messager particulièrement approprié pour accompagner un tel argument des informations dont disposent les États-Unis sur les capacités de l’Ukraine, le réarmement européen et ce que Washington estime susceptible de se produire si la guerre continue.

TRUMP A LUI AUSSI BESOIN D’UN ACCORD

Mais Poutine ne serait pas le seul bénéficiaire.

Trump a un immense intérêt politique et personnel à mettre fin à cette guerre.

Obtenir la paix dans le conflit le plus grave qu’ait connu l’Europe depuis la Seconde Guerre mondiale lui permettrait de se présenter aux États-Unis et au monde comme le dirigeant qui a réussi là où d’autres ont échoué.

Il pourrait dire : J’ai mis fin à la guerre entre la Russie et l’Ukraine.

Poutine, de son côté, pourrait proclamer que la Russie a atteint certains objectifs et contraint l’Occident à négocier.

Cela pourrait également expliquer pourquoi Trump aurait choisi Ratcliffe.

Trump a déjà engagé son prestige personnel dans des négociations qui n’ont pas produit les résultats qu’il espérait. Une nouvelle rencontre avec Poutine se terminant sans accord constituerait un nouvel échec devant les caméras. Les récentes négociations avec l’Iran ont également démontré le risque de susciter de grandes attentes avant de savoir si l’autre partie est réellement disposée à parvenir à un accord.

Ratcliffe permet d’éviter ce risque.

Il a pu transmettre discrètement une proposition, connaître la réaction de Poutine et rentrer à Washington sans sommet, sans photographies des deux présidents et sans compromettre publiquement le prestige de Trump.

Si Poutine rejette la proposition, Trump n’a pas subi de défaite publique.

Si Poutine manifeste de l’intérêt, la véritable négociation peut alors commencer.

Et Trump peut se réserver pour la fin, lorsqu’il y aura un accord à conclure.

LA DEUXIÈME CHANCE

Il existe une intéressante symétrie historique.

En 2021, le président Biden avait envoyé à Moscou le directeur de la CIA, William Burns, pour avertir Poutine avant qu’il n’envahisse l’Ukraine.

En substance : Ne commets pas cette erreur. Poutine n’a pas écouté.

En 2026, un autre président américain vient d’envoyer un autre directeur de la CIA à Moscou.

Peut-être le message est-il cette fois très différent :

Il est encore temps.

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QUALE MESSAGGIO DI TRUMP HA PORTATO IL DIRETTORE DELLA CIA A PUTIN?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

L’attuale direttore della Central Intelligence Agency (CIA), John Ratcliffe, si è appena recato a Mosca. Il portavoce del Cremlino, Dmitri Peskov, ha spiegato che vi sono stati “contatti attraverso i servizi di sicurezza” e ha presentato questo tipo di comunicazione tra gli organismi di intelligence dei due Paesi come qualcosa di positivo, che tende a mantenersi anche durante i periodi più difficili delle relazioni tra Russia e Stati Uniti.

Peskov, tuttavia, si è rifiutato di rivelare quali argomenti siano stati affrontati e ha ritenuto prematuro dire se la visita contribuirà a migliorare relazioni che ha definito immerse in una “profonda crisi”. Ha assicurato che Ratcliffe non ha incontrato Putin, pur facendo una precisazione significativa: “Naturalmente, il presidente Putin viene informato di tutto senza indugio”.

A Washington si è cercato inizialmente di ridimensionare l’importanza del viaggio. Lo stesso presidente Donald Trump lo ha definito “semi-routinario” e ha escluso che Ratcliffe fosse andato ad avvertire la Russia di una possibile azione contro la NATO o a causa del sostegno di Mosca all’Iran.

Ma Trump non si è fermato qui. Ha immediatamente spostato la conversazione sull’Ucraina: “Vorremmo vedere finire la guerra con l’Ucraina”. Poco dopo ha aggiunto una frase molto più rivelatrice: “Ora, qualcosa potrebbe venirne fuori”.

Alla luce delle spiegazioni di Mosca e Washington, possiamo avanzare un’ipotesi: Ratcliffe potrebbe aver portato a Putin una proposta personale di Trump per porre fine alla guerra.

Esistono precedenti.

Nel novembre 2021, tre mesi prima dell’invasione dell’Ucraina, il presidente Joe Biden inviò a Mosca l’allora direttore della CIA, William Burns.

L’intelligence americana aveva scoperto i preparativi russi e Burns portava un avvertimento di Biden: Washington sapeva ciò che Putin stava preparando e le conseguenze sarebbero state molto gravi se fosse andato avanti.

Burns incontrò alti funzionari russi. Putin si trovava a Sochi, ma il direttore della CIA parlò direttamente con lui per telefono.

Putin ascoltò l’avvertimento e decise di ignorarlo. Il 24 febbraio 2022 iniziò l’invasione.

Anche Ratcliffe ha un precedente come messaggero personale di Trump.

Il 14 maggio scorso si è recato all’Avana e ha incontrato importanti esponenti dell’apparato di potere castrista. In quell’occasione sappiamo che portava personalmente un messaggio di Trump: gli Stati Uniti erano disposti a negoziare seriamente su questioni economiche e di sicurezza, ma il regime avrebbe dovuto realizzare cambiamenti fondamentali.

Fu inoltre chiarito che quell’opportunità non sarebbe rimasta aperta indefinitamente.

Non sappiamo cosa sia accaduto in seguito né se sia mai esistita una proposta concreta poi respinta. Ciò che conta per comprendere il viaggio a Mosca è il precedente: Trump ha utilizzato il direttore della CIA per trasmettere personalmente messaggi politici di grande importanza.

UN MESSAGGIO PER PUTIN

Se Ratcliffe portava davvero una proposta di Trump per porre fine alla guerra, è logico pensare che il suo contenuto fondamentale fosse destinato a Putin.

Parlando del viaggio, Trump potrebbe aver fornito la chiave quando ha aggiunto che “qualcosa potrebbe venirne fuori”.

Che cosa potrebbe aver proposto Trump a Putin?

Forse qualcosa di molto semplice:

Vladimir, questo è il momento di raggiungere un accordo. Posso aiutarti a trovare una via d’uscita che tu possa presentare come una vittoria. Ma questa opportunità potrebbe non esistere domani.

Controlli ancora territori ucraini e puoi negoziare da una posizione che ti consente di presentare determinate concessioni come successi della Russia. Posso aiutarti a costruire una via d’uscita che tu possa difendere davanti al popolo russo come un esito favorevole della guerra.

Ma il tempo potrebbe cominciare a giocare contro di te.

L’Ucraina ha dimostrato una crescente capacità di colpire obiettivi sempre più in profondità all’interno della Russia. L’Europa, dal canto suo, ha compreso che la sopravvivenza dell’Ucraina riguarda direttamente la propria sicurezza.

La Coalition of the Willing riunisce Paesi determinati a sostenere l’Ucraina nel lungo periodo. L’Europa aumenta gli investimenti nella difesa, amplia la produzione militare e sviluppa capacità che soltanto pochi anni fa sembravano improbabili.

Posso aiutarti a negoziare una via d’uscita adesso. Quello che non posso garantirti è che domani l’Ucraina e gli europei siano disposti a offrirti le stesse condizioni che puoi ancora negoziare oggi.

Il direttore della CIA sarebbe un messaggero particolarmente adatto ad accompagnare un simile ragionamento con le informazioni di cui dispongono gli Stati Uniti sulle capacità dell’Ucraina, sul riarmo europeo e su ciò che Washington ritiene possa accadere se la guerra continuerà.

ANCHE TRUMP HA BISOGNO DELL’ACCORDO

Ma Putin non sarebbe l’unico a beneficiarne.

Trump ha un enorme interesse politico e personale a porre fine a questa guerra.

Raggiungere la pace nel conflitto più grave in Europa dalla Seconda guerra mondiale gli permetterebbe di presentarsi agli Stati Uniti e al mondo come il leader che è riuscito dove altri non sono riusciti.

Potrebbe dire: Ho posto fine alla guerra tra Russia e Ucraina.

Putin, da parte sua, potrebbe proclamare che la Russia ha raggiunto determinati obiettivi e costretto l’Occidente a negoziare.

E questo potrebbe anche spiegare perché Trump avrebbe scelto Ratcliffe.

Trump ha già investito il proprio prestigio personale in negoziati che non hanno prodotto i risultati sperati. Un altro incontro con Putin conclusosi senza un accordo significherebbe un nuovo fallimento davanti alle telecamere. Anche i recenti negoziati con l’Iran hanno dimostrato il rischio di creare grandi aspettative prima di sapere se l’altra parte sia realmente disposta a raggiungere un accordo.

Ratcliffe permette di evitare questo rischio.

Potrebbe aver portato discretamente una proposta, conosciuto la reazione di Putin ed essere tornato a Washington senza un vertice, senza fotografie dei due presidenti e senza compromettere pubblicamente il prestigio di Trump.

Se Putin respinge la proposta, Trump non ha subito una sconfitta pubblica.

Se Putin mostra interesse, allora può iniziare il vero negoziato.

E Trump può riservarsi per la fine, quando ci sarà un accordo da concludere.

LA SECONDA OPPORTUNITÀ

C’è un’interessante simmetria storica.

Nel 2021, il presidente Biden inviò a Mosca il direttore della CIA, William Burns, per avvertire Putin prima che invadesse l’Ucraina.

In sostanza: Non commettere quell’errore. Putin non ascoltò.

Nel 2026, un altro presidente americano ha appena inviato a Mosca un altro direttore della CIA.

Forse questa volta il messaggio è molto diverso:

Sei ancora in tempo.

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