Costa Rica sin ejército, pero en primera línea contra el narcotráfico
Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica
Aunque no cuenta con fuerzas armadas, el país se ha convertido en un aliado clave de Estados Unidos y de otros países de la región en la lucha contra el tráfico de drogas.
Costa Rica, aunque no posee ejército como otros países que han respaldado la iniciativa del presidente Donald Trump conocida como el “Escudo de las Américas”, es uno de los países más importantes en la lucha contra el narcotráfico en el hemisferio. Desde hace años participa activamente en operaciones regionales contra el tráfico de drogas, coordinando esfuerzos con Estados Unidos y con otros países de la región. Su modelo de seguridad, basado en fuerzas policiales especializadas, cooperación internacional e intercambio de inteligencia, le ha permitido desempeñar un papel estratégico en la interdicción de las rutas utilizadas por organizaciones criminales que transportan cocaína desde Sudamérica hacia los mercados de Estados Unidos y Europa.
En este esfuerzo, Costa Rica trabaja de manera estrecha con varias agencias estadounidenses, entre ellas la DEA (Drug Enforcement Administration), la Guardia Costera de Estados Unidos, el Departamento de Seguridad Nacional y el Comando Sur (U.S. Southern Command). También participa en mecanismos regionales de coordinación como la Joint Interagency Task Force South (JIATF-South) y coopera con países como Colombia, Panamá, Ecuador y otras naciones de Centroamérica y el Caribe en operaciones de inteligencia y patrullaje marítimo. Gracias a esta cooperación internacional, el país ha logrado interceptar numerosas embarcaciones utilizadas por los carteles, desmantelar redes logísticas y realizar importantes incautaciones de cocaína en puertos, costas y aguas internacionales, situándose en varios años entre los países con mayores decomisos de droga en relación con su tamaño.
La importancia de Costa Rica en esta lucha también se explica por su posición geográfica. El país se encuentra en el centro de las principales rutas utilizadas por los carteles para trasladar cocaína desde Colombia, Perú y Bolivia hacia México, Estados Unidos y Europa, con acceso tanto al océano Pacífico como al mar Caribe y con puertos comerciales de gran actividad. Esta ubicación lo ha convertido en un punto estratégico para el trasiego de drogas, el almacenamiento temporal de cargamentos y la contaminación de contenedores destinados a mercados internacionales. Como consecuencia, el crecimiento del narcotráfico ha comenzado a provocar daños visibles en la sociedad costarricense, incluyendo el aumento de la violencia entre bandas, el incremento de homicidios vinculados al crimen organizado, la infiltración de redes criminales en puertos y comunidades costeras, así como mayores riesgos de corrupción y lavado de dinero. Aunque Costa Rica mantiene instituciones democráticas sólidas, el impacto del narcotráfico representa hoy uno de los desafíos de seguridad más serios que ha enfrentado el país en las últimas décadas.
En este escenario, la cooperación de Estados Unidos ha sido fundamental para fortalecer las capacidades del país frente a organizaciones criminales transnacionales. Washington ha brindado apoyo mediante programas de entrenamiento, intercambio de inteligencia, provisión de equipos de vigilancia, radares y embarcaciones para el patrullaje marítimo, además de operaciones conjuntas con la Guardia Costera estadounidense y otras agencias federales. Este respaldo ha permitido detectar rutas de tráfico, interceptar embarcaciones cargadas de droga y mejorar la coordinación regional contra los carteles. Sin este nivel de cooperación tecnológica y operativa, muchos analistas coinciden en que Costa Rica tendría muchas más dificultades para contener el impacto del narcotráfico y la situación de seguridad del país sería hoy considerablemente más frágil.
Costa Rica difícilmente podría participar en el “Escudo de las Américas” en el mismo sentido que otros países de la región debido a que no cuenta con fuerzas armadas. Sin embargo, eso no ha impedido que el país desempeñe un papel clave en la lucha contra el narcotráfico. Los costarricenses, con razón orgullosos de no tener ejército, han demostrado que la defensa de la seguridad regional también puede sostenerse mediante instituciones civiles eficaces, cooperación internacional y una vigilancia constante de sus mares, puertos y rutas comerciales.



.jpg)
.jpg)

.jpg)




