CUBA: UNA CADENA DE HAMBRE Y ABUSOS

 

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Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

El vendedor callejero es probablemente la víctima más frágil de la crisis alimentaria creada por el régimen.

No importa alimentos, no controla las divisas ni fija los precios. Muchas veces todo su capital cabe en unas pocas bolsas. Compra productos a mipymes que los comercializan al por mayor, los divide en cantidades menores y sale a venderlos en la calle. Ocupa así el último eslabón de una cadena que permite que determinados alimentos lleguen finalmente al consumidor.

Compra para vender y vende para poder comer.

Entonces aparece la policía.

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El video que acompaña este artículo muestra una escena que los cubanos conocen demasiado bien. La policía interviene contra vendedores informales y uno de los agentes se marcha cargando dos bolsas de pollo en cada mano.

La imagen resume una realidad mucho mayor.

Ese pollo no apareció por arte de magia en manos del vendedor. Antes recorrió una cadena de importación y distribución. En ella participan empresas estatales, importadores, mipymes, mayoristas y otros intermediarios. El pequeño vendedor compra al final de esa cadena, fracciona la mercancía y trata de obtener una ganancia vendiéndola al consumidor.

Cada intermediario necesita obtener su margen y cada operación puede aumentar el precio. Al final está la familia cubana tratando de comprar comida con un salario o una pensión cuyo poder adquisitivo ha sido destruido.

Pero esa cadena tiene además una característica fundamental: no todos los cubanos tienen las mismas oportunidades de participar en ella.

LOS PRIVILEGIADOS ESTÁN ARRIBA

En los niveles más lucrativos están quienes tienen acceso al capital, las divisas, las importaciones, los permisos, los almacenes y la distribución mayorista. Nada de esto funciona independientemente del régimen. El Estado decide quién puede operar, importar, ampliar un negocio o continuar funcionando.

En una dictadura, economía y política no están separadas.

Los privilegiados, los vinculados al sistema y los incondicionales pueden encontrar oportunidades que no están disponibles en las mismas condiciones para quienes se enfrentan públicamente al régimen.

La experiencia de los opositores cubanos es muy diferente. Disentir abiertamente puede costarles el empleo y cerrarles las puertas para conseguir otro. La persecución puede llegar incluso a una pequeña empresa privada: cuando un opositor consigue trabajo, la policía o la Seguridad del Estado puede presionar al propietario para que lo despida.

Por eso es engañoso hablar del sector privado cubano como si existiera un mercado donde todos pudieran competir libremente.

En Cuba, el control económico es también un instrumento de control político. Se premia la obediencia y se castiga la disidencia.

Y mientras los mejor situados participan en los niveles superiores de la cadena, abajo queda el más vulnerable: el hombre o la mujer que compra unos paquetes para revenderlos en una esquina.

EL MÁS DÉBIL ES EL MÁS FÁCIL DE PERSEGUIR

El vendedor informal no controla ninguna de las causas de la crisis.

No destruyó la agricultura cubana. No provocó la falta de producción. No controla las importaciones ni determina el valor del peso. Tampoco es responsable de que un salario o una pensión resulten insuficientes para alimentar a una familia.

Es simplemente otro cubano tratando de sobrevivir.

Pero es mucho más fácil perseguir a un hombre con unas bolsas de pollo que enfrentarse a las causas del hambre.

La policía puede detenerlo, quitarle la mercancía y multarlo.

Y aquí aparece otro abuso conocido por el pueblo.

En un país donde todos padecen la escasez, los alimentos decomisados tienen un enorme valor. Los decomisos ofrecen a policías e inspectores la oportunidad de quedarse con productos para consumirlos o revenderlos.

La contradicción es brutal: el vendedor que compró el pollo para ganar unos pesos puede regresar a su casa sin mercancía y sin dinero, mientras el policía se marcha cargando los alimentos decomisados.

PERSEGUIR AL VENDEDOR NO PRODUCE COMIDA

El régimen puede presentar estas operaciones como una lucha contra las ilegalidades, la especulación y los precios abusivos.

Pero quitarle el pollo a un vendedor callejero no produce un solo pollo más.

No aumenta la producción agrícola.

No abarata las importaciones.

No recupera el poder adquisitivo del salario.

No aumenta las pensiones.

No llena los mercados.

Simplemente cambia las manos que controlan esos alimentos.

La crisis alimentaria cubana no consiste solamente en la falta de comida. Existe una cadena económica y política construida alrededor de la escasez. En la parte superior se encuentran quienes tienen acceso, permisos, capital y protección. En la parte inferior están quienes sobreviven revendiendo pequeñas cantidades y una población empobrecida que intenta comprar lo indispensable.

El vendedor callejero no creó esa cadena.

La cadena lo creó a él.

Primero el sistema fracasa en producir suficientes alimentos. Después obliga a depender de las importaciones. La mercancía atraviesa sucesivos intermediarios y llega cada vez más cara al consumidor. La necesidad crea al revendedor informal y, finalmente, el régimen envía a la policía contra él.

Volvamos entonces a la imagen con la que comenzamos.

Un vendedor pierde su mercancía.

Un policía se marcha con dos bolsas de pollo en cada mano.

Y el pueblo continúa pasando hambre.

Esa imagen resume una cadena en la que los privilegiados están arriba, los indefensos están abajo y el poder decide quién puede prosperar, quién puede vender y hasta quién puede quedarse con la comida.

Esa es Cuba: una cadena de hambre y abusos.

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ENGLISH

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

The street vendor is probably the most vulnerable victim of the food crisis created by the regime.

He does not import food, control foreign currency, or set prices. Often, his entire capital fits into just a few bags. He buys products from MSMEs that sell them wholesale, divides them into smaller quantities, and goes out into the streets to sell them. He thus occupies the final link in a chain that allows certain foods to eventually reach consumers.

He buys in order to sell, and sells in order to eat.

Then the police appear.

The video accompanying this article shows a scene Cubans know all too well. The police move against informal vendors, and one of the officers walks away carrying two bags of chicken in each hand.

The image summarizes a much larger reality.

That chicken did not magically appear in the vendor's hands. Before reaching him, it traveled through a chain of imports and distribution. State companies, importers, MSMEs, wholesalers, and other intermediaries participate in that chain. The small vendor buys at the end of it, divides the merchandise into smaller quantities, and tries to make a profit by selling it to consumers.

Every intermediary needs a margin, and every transaction can increase the price. At the end of the chain is the Cuban family trying to buy food with a salary or pension whose purchasing power has been destroyed.

But this chain has another fundamental characteristic: not all Cubans have the same opportunities to participate in it.

THE PRIVILEGED ARE AT THE TOP

At the most profitable levels are those with access to capital, foreign currency, imports, permits, warehouses, and wholesale distribution. None of this operates independently of the regime. The state decides who may operate, import, expand a business, or remain in business.

In a dictatorship, economics and politics are not separate.

The privileged, those connected to the system, and those loyal to it can find opportunities that are not available under the same conditions to people who publicly oppose the regime.

The experience of Cuban dissidents is very different. Open dissent can cost them their jobs and close the doors to finding another one. Persecution can reach even a small private business: when a dissident finds employment, the police or State Security can pressure the owner to fire that person.

That is why it is misleading to speak of Cuba's private sector as though there were a market in which everyone could compete freely.

In Cuba, economic control is also an instrument of political control. Obedience is rewarded and dissent is punished.

And while those who are best positioned participate in the upper levels of the chain, the most vulnerable person remains at the bottom: the man or woman who buys a few packages to resell on a street corner.

THE WEAKEST ARE THE EASIEST TO PERSECUTE

The informal vendor controls none of the causes of the crisis.

He did not destroy Cuban agriculture. He did not cause the lack of production. He does not control imports or determine the value of the peso. Nor is he responsible for wages and pensions being insufficient to feed a family.

He is simply another Cuban trying to survive.

But it is much easier to persecute a man carrying bags of chicken than to confront the causes of hunger.

The police can detain him, confiscate his merchandise, and fine him.

And here another abuse, well known to the people, appears.

In a country where everyone suffers from scarcity, confiscated food has enormous value. Confiscations give police officers and inspectors the opportunity to keep products for their own consumption or to resell them.

The contradiction is brutal: the vendor who bought the chicken to earn a few pesos can return home without merchandise and without money, while the police officer walks away carrying the confiscated food.

PERSECUTING THE VENDOR DOES NOT PRODUCE FOOD

The regime can present these operations as a fight against illegal activity, speculation, and abusive prices.

But taking chicken away from a street vendor does not produce a single additional chicken.

It does not increase agricultural production.

It does not make imports cheaper.

It does not restore the purchasing power of wages.

It does not increase pensions.

It does not fill the markets.

It simply changes the hands controlling that food.

Cuba's food crisis is not merely a shortage of food. An economic and political chain has been built around scarcity. At the top are those with access, permits, capital, and protection. At the bottom are those who survive by reselling small quantities and an impoverished population trying to buy the essentials.

The street vendor did not create that chain.

The chain created him.

First, the system fails to produce enough food. Then it forces the country to depend on imports. The merchandise passes through successive intermediaries and reaches consumers at ever higher prices. Necessity creates the informal reseller and, finally, the regime sends the police after him.

Let us return to the image with which we began.

A vendor loses his merchandise.

A police officer walks away with two bags of chicken in each hand.

And the people continue to go hungry.

That image summarizes a chain in which the privileged are at the top, the defenseless are at the bottom, and those in power decide who can prosper, who can sell, and even who can keep the food.

That is Cuba: a chain of hunger and abuse.

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FRANÇAIS

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

Le vendeur de rue est probablement la victime la plus vulnérable de la crise alimentaire créée par le régime.

Il n'importe pas de denrées alimentaires, ne contrôle pas les devises et ne fixe pas les prix. Souvent, tout son capital tient dans quelques sacs. Il achète des produits auprès de MPME qui les commercialisent en gros, les divise en plus petites quantités et va les vendre dans la rue. Il constitue ainsi le dernier maillon d'une chaîne qui permet à certains aliments d'arriver finalement jusqu'au consommateur.

Il achète pour vendre et vend pour pouvoir manger.

Puis la police arrive.

La vidéo qui accompagne cet article montre une scène que les Cubains connaissent trop bien. La police intervient contre des vendeurs informels et l'un des agents repart avec deux sacs de poulet dans chaque main.

Cette image résume une réalité beaucoup plus vaste.

Ce poulet n'est pas apparu comme par magie entre les mains du vendeur. Auparavant, il a parcouru une chaîne d'importation et de distribution. Des entreprises d'État, des importateurs, des MPME, des grossistes et d'autres intermédiaires y participent. Le petit vendeur achète au bout de cette chaîne, fractionne la marchandise et essaie de réaliser un bénéfice en la vendant au consommateur.

Chaque intermédiaire doit obtenir sa marge et chaque opération peut augmenter le prix. Au bout de la chaîne se trouve la famille cubaine qui tente d'acheter de la nourriture avec un salaire ou une pension dont le pouvoir d'achat a été détruit.

Mais cette chaîne possède également une caractéristique fondamentale : tous les Cubains n'ont pas les mêmes possibilités d'y participer.

LES PRIVILÉGIÉS SONT EN HAUT

Aux niveaux les plus lucratifs se trouvent ceux qui ont accès au capital, aux devises, aux importations, aux autorisations, aux entrepôts et à la distribution en gros. Rien de tout cela ne fonctionne indépendamment du régime. L'État décide qui peut exercer une activité, importer, développer une entreprise ou continuer à fonctionner.

Dans une dictature, l'économie et la politique ne sont pas séparées.

Les privilégiés, ceux qui sont liés au système et ceux qui lui sont inconditionnellement fidèles peuvent accéder à des possibilités qui ne sont pas offertes dans les mêmes conditions à ceux qui s'opposent publiquement au régime.

L'expérience des opposants cubains est très différente. Manifester ouvertement son désaccord peut leur coûter leur emploi et leur fermer les portes d'un autre travail. La persécution peut même atteindre une petite entreprise privée : lorsqu'un opposant trouve un emploi, la police ou la Sécurité de l'État peut faire pression sur le propriétaire pour qu'il le licencie.

Il est donc trompeur de parler du secteur privé cubain comme s'il existait un marché où tous pourraient librement se faire concurrence.

À Cuba, le contrôle économique est également un instrument de contrôle politique. L'obéissance est récompensée et la dissidence est punie.

Et tandis que les mieux placés participent aux niveaux supérieurs de la chaîne, le plus vulnérable reste tout en bas : l'homme ou la femme qui achète quelques paquets pour les revendre au coin d'une rue.

LE PLUS FAIBLE EST LE PLUS FACILE À PERSÉCUTER

Le vendeur informel ne contrôle aucune des causes de la crise.

Il n'a pas détruit l'agriculture cubaine. Il n'est pas responsable de l'insuffisance de la production. Il ne contrôle pas les importations et ne détermine pas la valeur du peso. Il n'est pas non plus responsable du fait qu'un salaire ou une pension ne suffise plus à nourrir une famille.

C'est simplement un autre Cubain qui essaie de survivre.

Mais il est beaucoup plus facile de persécuter un homme portant quelques sacs de poulet que de s'attaquer aux causes de la faim.

La police peut l'arrêter, lui confisquer sa marchandise et lui infliger une amende.

Et c'est là qu'apparaît un autre abus bien connu de la population.

Dans un pays où tout le monde souffre de la pénurie, les aliments confisqués ont une valeur considérable. Les confiscations donnent aux policiers et aux inspecteurs la possibilité de garder des produits pour leur propre consommation ou de les revendre.

La contradiction est brutale : le vendeur qui a acheté le poulet pour gagner quelques pesos peut rentrer chez lui sans marchandise et sans argent, tandis que le policier repart avec les aliments confisqués.

PERSÉCUTER LE VENDEUR NE PRODUIT PAS DE NOURRITURE

Le régime peut présenter ces opérations comme une lutte contre les activités illégales, la spéculation et les prix abusifs.

Mais confisquer le poulet d'un vendeur de rue ne produit pas un seul poulet supplémentaire.

Cela n'augmente pas la production agricole.

Cela ne réduit pas le coût des importations.

Cela ne rétablit pas le pouvoir d'achat des salaires.

Cela n'augmente pas les pensions.

Cela ne remplit pas les marchés.

Cela ne fait que changer les mains qui contrôlent ces aliments.

La crise alimentaire cubaine ne se résume pas au manque de nourriture. Une chaîne économique et politique s'est construite autour de la pénurie. En haut se trouvent ceux qui disposent d'accès, d'autorisations, de capital et de protection. En bas se trouvent ceux qui survivent en revendant de petites quantités et une population appauvrie qui tente d'acheter le strict nécessaire.

Le vendeur de rue n'a pas créé cette chaîne.

C'est la chaîne qui l'a créé.

D'abord, le système échoue à produire suffisamment de nourriture. Ensuite, il contraint le pays à dépendre des importations. La marchandise passe par des intermédiaires successifs et arrive au consommateur à un prix toujours plus élevé. La nécessité crée le revendeur informel et, finalement, le régime envoie la police contre lui.

Revenons donc à l'image par laquelle nous avons commencé.

Un vendeur perd sa marchandise.

Un policier repart avec deux sacs de poulet dans chaque main.

Et le peuple continue d'avoir faim.

Cette image résume une chaîne dans laquelle les privilégiés sont en haut, les sans-défense sont en bas et le pouvoir décide qui peut prospérer, qui peut vendre et même qui peut garder la nourriture.

C'est cela, Cuba : une chaîne de faim et d'abus.

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ITALIANO

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

Il venditore ambulante è probabilmente la vittima più vulnerabile della crisi alimentare creata dal regime.

Non importa alimenti, non controlla la valuta estera e non stabilisce i prezzi. Spesso tutto il suo capitale entra in poche borse. Compra prodotti dalle MPMI che li commercializzano all'ingrosso, li divide in quantità più piccole e va a venderli per strada. Occupa così l'ultimo anello di una catena che permette a determinati alimenti di arrivare finalmente al consumatore.

Compra per vendere e vende per poter mangiare.

Poi arriva la polizia.

Il video che accompagna questo articolo mostra una scena che i cubani conoscono fin troppo bene. La polizia interviene contro i venditori informali e uno degli agenti si allontana portando due borse di pollo in ciascuna mano.

L'immagine riassume una realtà molto più ampia.

Quel pollo non è apparso per magia nelle mani del venditore. Prima di arrivare a lui ha percorso una catena di importazione e distribuzione. Vi partecipano imprese statali, importatori, MPMI, grossisti e altri intermediari. Il piccolo venditore compra alla fine di questa catena, suddivide la merce e cerca di ottenere un guadagno vendendola al consumatore.

Ogni intermediario deve ottenere il proprio margine e ogni operazione può aumentare il prezzo. Alla fine della catena c'è la famiglia cubana che cerca di comprare cibo con uno stipendio o una pensione il cui potere d'acquisto è stato distrutto.

Ma questa catena presenta anche una caratteristica fondamentale: non tutti i cubani hanno le stesse opportunità di parteciparvi.

I PRIVILEGIATI SONO IN ALTO

Ai livelli più redditizi si trovano coloro che hanno accesso al capitale, alla valuta estera, alle importazioni, ai permessi, ai magazzini e alla distribuzione all'ingrosso. Nulla di tutto questo funziona indipendentemente dal regime. Lo Stato decide chi può operare, importare, ampliare un'attività o continuare a lavorare.

In una dittatura, economia e politica non sono separate.

I privilegiati, coloro che sono legati al sistema e gli incondizionati possono trovare opportunità che non sono disponibili alle stesse condizioni per chi si oppone pubblicamente al regime.

L'esperienza degli oppositori cubani è molto diversa. Esprimere apertamente il proprio dissenso può costare loro il lavoro e chiudere le porte alla possibilità di trovarne un altro. La persecuzione può arrivare persino a una piccola impresa privata: quando un oppositore trova lavoro, la polizia o la Sicurezza dello Stato può fare pressione sul proprietario affinché lo licenzi.

Per questo è ingannevole parlare del settore privato cubano come se esistesse un mercato nel quale tutti potessero competere liberamente.

A Cuba, il controllo economico è anche uno strumento di controllo politico. L'obbedienza viene premiata e il dissenso viene punito.

E mentre coloro che si trovano nelle posizioni migliori partecipano ai livelli superiori della catena, in basso rimane il più vulnerabile: l'uomo o la donna che compra alcuni pacchi per rivenderli all'angolo di una strada.

IL PIÙ DEBOLE È IL PIÙ FACILE DA PERSEGUITARE

Il venditore informale non controlla nessuna delle cause della crisi.

Non ha distrutto l'agricoltura cubana. Non ha provocato la mancanza di produzione. Non controlla le importazioni né determina il valore del peso. Non è neppure responsabile del fatto che uno stipendio o una pensione siano insufficienti per nutrire una famiglia.

È semplicemente un altro cubano che cerca di sopravvivere.

Ma è molto più facile perseguitare un uomo con alcune borse di pollo che affrontare le cause della fame.

La polizia può fermarlo, confiscargli la merce e multarlo.

E qui compare un altro abuso ben noto alla popolazione.

In un paese dove tutti soffrono per la scarsità, gli alimenti confiscati hanno un valore enorme. Le confische offrono a poliziotti e ispettori l'opportunità di tenere i prodotti per il proprio consumo o di rivenderli.

La contraddizione è brutale: il venditore che ha comprato il pollo per guadagnare qualche peso può tornare a casa senza merce e senza denaro, mentre il poliziotto se ne va portando con sé gli alimenti confiscati.

PERSEGUITARE IL VENDITORE NON PRODUCE CIBO

Il regime può presentare queste operazioni come una lotta contro le illegalità, la speculazione e i prezzi abusivi.

Ma togliere il pollo a un venditore ambulante non produce un solo pollo in più.

Non aumenta la produzione agricola.

Non riduce il costo delle importazioni.

Non recupera il potere d'acquisto degli stipendi.

Non aumenta le pensioni.

Non riempie i mercati.

Cambia semplicemente le mani che controllano quegli alimenti.

La crisi alimentare cubana non consiste soltanto nella mancanza di cibo. Intorno alla scarsità si è costruita una catena economica e politica. In alto si trovano coloro che dispongono di accesso, permessi, capitale e protezione. In basso ci sono quelli che sopravvivono rivendendo piccole quantità e una popolazione impoverita che cerca di acquistare l'indispensabile.

Il venditore ambulante non ha creato questa catena.

È stata la catena a creare lui.

Prima il sistema fallisce nel produrre alimenti sufficienti. Poi costringe il paese a dipendere dalle importazioni. La merce passa attraverso intermediari successivi e arriva al consumatore a prezzi sempre più elevati. La necessità crea il rivenditore informale e, infine, il regime manda la polizia contro di lui.

Torniamo allora all'immagine con cui abbiamo iniziato.

Un venditore perde la sua merce.

Un poliziotto se ne va con due borse di pollo in ciascuna mano.

E il popolo continua a soffrire la fame.

Quell'immagine riassume una catena nella quale i privilegiati sono in alto, gli indifesi sono in basso e il potere decide chi può prosperare, chi può vendere e persino chi può tenersi il cibo.

Questa è Cuba: una catena di fame e abusi.

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CUANDO LOS DRONES UCRANIANOS DERROTARON A UNA BRIGADA ESTADOUNIDENSE

 


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Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

CUANDO LOS DRONES UCRANIANOS DERROTARON A UNA BRIGADA ESTADOUNIDENSE

En abril y mayo de 2026, en el área de entrenamiento militar de Hohenfels, Alemania, ocurrió algo que merecía mucha más atención. Durante Combined Resolve, un importante ejercicio multinacional diseñado para simular operaciones terrestres contra un adversario moderno, una brigada acorazada del Ejército de Estados Unidos se enfrentó a una fuerza adversaria reforzada por operadores ucranianos de drones.

El resultado fue contundente: los ucranianos contribuyeron decisivamente a neutralizar a la brigada estadounidense.

La principal fuerza estadounidense pertenecía a la 3.ª Brigada Acorazada de Combate de la 1.ª División de Caballería. Del otro lado participaron operadores del 412.º Regimiento de Sistemas No Tripulados de Ucrania, Nemesis, veteranos de una guerra donde los drones se han convertido en parte fundamental del campo de batalla.

Cuando comenzó el enfrentamiento apareció rápidamente el problema. Los vehículos estadounidenses avanzaban levantando grandes nubes de polvo. Los drones ucranianos los localizaron y siguieron sus movimientos. Otros aparatos simulaban el lanzamiento de explosivos y drones FPV realizaban ataques directos.

Los vehículos y unidades estadounidenses fueron eliminados de la simulación con tanta rapidez que algunos tuvieron que ser reincorporados —respawned— para que las maniobras pudieran continuar. Funcionarios estadounidenses conocedores del ejercicio y uno de sus participantes confirmaron posteriormente a The Wall Street Journal que los operadores ucranianos habían eliminado a la brigada acorazada en la simulación.

LOS UCRANIANOS YA CONOCÍAN ESA GUERRA

Para los estadounidenses, Combined Resolve era un ejercicio. Para los ucranianos, muchos de aquellos problemas formaban parte de una experiencia adquirida durante más de cuatro años enfrentándose diariamente a Rusia.

Rusos y ucranianos han protagonizado una extraordinaria competencia tecnológica. Un bando introduce un nuevo dron o procedimiento; el adversario desarrolla una contramedida; aparecen modificaciones y el ciclo comienza nuevamente. Pero existe una diferencia que ningún ejercicio reproduce completamente: en Ucrania, equivocarse cuesta vidas.

Los ucranianos han aprendido a localizar al enemigo mientras evitan ser localizados, operar bajo interferencias electrónicas, dispersar equipos y modificar constantemente aparatos y tácticas.

Rusia había aprendido antes otra parte de esa misma lección. Cuando inició la invasión en febrero de 2022, enormes columnas de tanques, blindados y vehículos logísticos avanzaron sobre Ucrania. Aquellas concentraciones representaban poder militar, pero también objetivos.

Los drones todavía no tenían entonces el protagonismo que alcanzarían después. Durante los años siguientes, rusos y ucranianos desarrollaron aceleradamente su empleo para localizar, seguir y atacar al enemigo, transformando profundamente el campo de batalla.

Cuatro años después, la brigada estadounidense se encontró en Alemania con esa nueva realidad: una gran concentración de poder militar puede convertirse rápidamente en una gran concentración de objetivos.

CUANDO CONCENTRAR PODER SIGNIFICA CONCENTRAR OBJETIVOS

Los drones están haciendo que el campo de batalla sea cada vez más transparente. Pequeños aparatos relativamente baratos pueden observar carreteras, posiciones, movimientos y concentraciones de vehículos. Una vez localizado un objetivo, la información puede transmitirse rápidamente y comenzar el ataque.

Esto altera una antigua lógica militar. Concentrar hombres, blindados y artillería permite acumular poder. Pero bajo un cielo poblado por pequeños sistemas de observación, concentrar poder también puede significar concentrar objetivos.

Combined Resolve expuso otra transformación. Un vehículo militar cuyo costo se mide en millones puede ser localizado por un dron cuyo precio representa una fracción diminuta de ese valor. El dron puede ser derribado, interferido o simplemente fallar, pero puede ser reemplazado rápidamente. Y pueden enviarse muchos.

Por eso la superioridad tecnológica ya no depende solamente de poseer el sistema individual más sofisticado. El costo, la cantidad y la velocidad de adaptación también se han convertido en formas de superioridad.

NO SON SOLAMENTE LOS DRONES

Sería un error pensar que los ucranianos triunfaron simplemente porque tenían buenos drones. El verdadero cambio consiste en integrar esos aparatos dentro del combate.

Un dron localiza. Otro confirma o sigue. La información se transmite. Un FPV puede atacar o las coordenadas pueden llegar a otra arma. La guerra electrónica intenta impedirlo y el adversario vuelve a modificar sus procedimientos.

La distancia entre descubrir un objetivo y poder atacarlo se ha reducido extraordinariamente. Eso es lo que los ucranianos llevan años practicando contra un enemigo que intenta hacer exactamente lo mismo.

Durante Combined Resolve, las fuerzas estadounidenses comenzaron a modificar sus procedimientos, mejorando su dispersión y ocultamiento. Posteriormente, los operadores ucranianos colaboraron con ellos en el empleo ofensivo de drones.

La lección trasciende a Estados Unidos y Ucrania. Equipos que cuestan millones pueden ser descubiertos por aparatos baratos; tecnologías desarrolladas durante años pueden enfrentarse a sistemas modificados en semanas; y concentraciones concebidas para producir superioridad pueden convertirse en concentraciones de objetivos.

Ucrania ha tenido que aprender estas reglas bajo las condiciones más duras posibles: una guerra por su supervivencia.

Combined Resolve trasladó durante unos días esa experiencia a un campo de entrenamiento en Alemania.

Una brigada acorazada estadounidense entró en una guerra simulada. Los ucranianos llegaron con más de cuatro años de experiencia en una guerra real.

Y ganaron.

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WHEN UKRAINIAN DRONES DEFEATED AN AMERICAN BRIGADE

In April and May 2026, at the Hohenfels military training area in Germany, something happened that deserved far more attention. During Combined Resolve, a major multinational exercise designed to simulate large-scale ground operations against a modern adversary, a U.S. Army armored brigade faced an opposing force reinforced by Ukrainian drone operators.

The result was striking: the Ukrainians played a decisive role in neutralizing the American brigade.

The main U.S. force belonged to the 3rd Armored Brigade Combat Team of the 1st Cavalry Division. On the opposing side were operators from Ukraine’s 412th Unmanned Systems Regiment, Nemesis, veterans of a war in which drones have become a fundamental part of the battlefield.

Once the engagement began, the problem quickly became apparent. American vehicles advanced across the terrain, raising large clouds of dust. Ukrainian drones located them and tracked their movements. Other aircraft simulated dropping explosives, while FPV drones carried out direct attacks.

American vehicles and units were eliminated from the simulation so quickly that some had to be brought back — “respawned” — so the exercise could continue. U.S. officials familiar with the exercise and one participant later confirmed to The Wall Street Journal that the Ukrainian operators had eliminated the armored brigade in the simulation.

THE UKRAINIANS ALREADY KNEW THIS WAR

For the Americans, Combined Resolve was an exercise. For the Ukrainians, many of the problems encountered there were part of an experience acquired during more than four years of fighting Russia every day.

Russians and Ukrainians have engaged in an extraordinary technological competition. One side introduces a new drone or procedure; the opponent develops a countermeasure; modifications follow, and the cycle begins again. But there is one difference no exercise can fully reproduce: in Ukraine, mistakes cost lives.

The Ukrainians have learned to locate the enemy while avoiding detection themselves, operate under electronic interference, disperse their forces, and constantly modify equipment and tactics.

Russia had earlier learned another part of that same lesson. When it launched its invasion in February 2022, enormous columns of tanks, armored vehicles and logistics vehicles advanced into Ukraine. Those concentrations represented military power, but they also represented targets.

Drones did not yet have the prominence they would later acquire. During the following years, Russians and Ukrainians rapidly developed their use for locating, tracking and attacking the enemy, profoundly transforming the battlefield.

Four years later, the American brigade encountered that new reality in Germany: a large concentration of military power can quickly become a large concentration of targets.

WHEN CONCENTRATING POWER MEANS CONCENTRATING TARGETS

Drones are making the battlefield increasingly transparent. Relatively inexpensive small aircraft can observe roads, positions, movements and concentrations of vehicles. Once a target is located, the information can be transmitted rapidly and an attack can begin.

This changes an old military logic. Concentrating troops, armor and artillery allows a force to accumulate combat power. But under a sky populated by small observation systems, concentrating power can also mean concentrating targets.

Combined Resolve exposed another transformation. A military vehicle costing millions can be located by a drone worth only a tiny fraction of that amount. The drone may be shot down, jammed or simply fail, but it can be quickly replaced. And many more can be sent.

Technological superiority therefore no longer depends solely on possessing the most sophisticated individual system. Cost, quantity and speed of adaptation have also become forms of superiority.

IT IS NOT JUST ABOUT DRONES

It would be a mistake to believe that the Ukrainians prevailed simply because they had good drones. The real transformation lies in integrating those systems into combat.

One drone locates. Another confirms or tracks. Information is transmitted. An FPV drone can attack, or the coordinates can be passed to another weapon. Electronic warfare attempts to stop the process, and the opponent once again modifies its procedures.

The distance between discovering a target and being able to attack it has been dramatically reduced. That is what Ukrainians have spent years practicing against an enemy trying to do exactly the same thing.

During Combined Resolve, U.S. forces began modifying their procedures, improving dispersion and concealment. Later, the Ukrainian operators worked with them on the offensive employment of drones.

The lesson extends far beyond the United States and Ukraine. Equipment costing millions can be discovered by inexpensive aircraft; technologies developed over years can confront systems modified in weeks; and concentrations designed to produce superiority can become concentrations of targets.

Ukraine has been forced to learn these rules under the harshest possible conditions: a war for its survival.

Combined Resolve brought that experience for a few days to a training ground in Germany.

An American armored brigade entered a simulated war. The Ukrainians arrived with more than four years of experience in a real one.

And they won.

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QUAND LES DRONES UKRAINIENS ONT VAINCU UNE BRIGADE AMÉRICAINE

En avril et mai 2026, sur le terrain d’entraînement militaire de Hohenfels, en Allemagne, un événement s’est produit qui aurait mérité beaucoup plus d’attention. Lors de Combined Resolve, un important exercice multinational conçu pour simuler des opérations terrestres contre un adversaire moderne, une brigade blindée de l’armée américaine a affronté une force adverse renforcée par des opérateurs ukrainiens de drones.

Le résultat fut sans appel : les Ukrainiens contribuèrent de manière décisive à neutraliser la brigade américaine.

La principale force américaine appartenait à la 3e brigade blindée de combat de la 1re division de cavalerie. Dans le camp adverse se trouvaient des opérateurs du 412e régiment ukrainien de systèmes sans pilote, Nemesis, vétérans d’une guerre dans laquelle les drones sont devenus un élément fondamental du champ de bataille.

Dès le début de l’affrontement, le problème apparut rapidement. Les véhicules américains avançaient en soulevant d’importants nuages de poussière. Les drones ukrainiens les localisèrent et suivirent leurs mouvements. D’autres appareils simulaient le largage d’explosifs tandis que des drones FPV menaient des attaques directes.

Les véhicules et unités américains furent éliminés de la simulation si rapidement que certains durent être réintégrés — « respawned » — afin que les manœuvres puissent continuer. Des responsables américains connaissant l’exercice ainsi qu’un participant confirmèrent ensuite au Wall Street Journal que les opérateurs ukrainiens avaient éliminé la brigade blindée au cours de la simulation.

LES UKRAINIENS CONNAISSAIENT DÉJÀ CETTE GUERRE

Pour les Américains, Combined Resolve était un exercice. Pour les Ukrainiens, nombre des problèmes rencontrés faisaient partie d’une expérience acquise pendant plus de quatre années de combats quotidiens contre la Russie.

Russes et Ukrainiens se sont livrés à une extraordinaire compétition technologique. Un camp introduit un nouveau drone ou une nouvelle procédure ; l’adversaire développe une contre-mesure ; des modifications apparaissent et le cycle recommence. Mais il existe une différence qu’aucun exercice ne peut reproduire complètement : en Ukraine, les erreurs coûtent des vies.

Les Ukrainiens ont appris à localiser l’ennemi tout en évitant d’être eux-mêmes repérés, à opérer sous brouillage électronique, à disperser leurs forces et à modifier constamment leurs équipements et leurs tactiques.

La Russie avait auparavant appris une autre partie de cette même leçon. Lorsqu’elle lança son invasion en février 2022, d’immenses colonnes de chars, de blindés et de véhicules logistiques avancèrent en Ukraine. Ces concentrations représentaient une puissance militaire, mais également des cibles.

Les drones n’avaient pas encore le rôle prépondérant qu’ils allaient acquérir par la suite. Au cours des années suivantes, Russes et Ukrainiens développèrent rapidement leur utilisation pour localiser, suivre et attaquer l’ennemi, transformant profondément le champ de bataille.

Quatre ans plus tard, la brigade américaine se retrouva confrontée en Allemagne à cette nouvelle réalité : une importante concentration de puissance militaire peut rapidement devenir une importante concentration de cibles.

QUAND CONCENTRER LA PUISSANCE SIGNIFIE CONCENTRER LES CIBLES

Les drones rendent le champ de bataille de plus en plus transparent. De petits appareils relativement peu coûteux peuvent observer routes, positions, mouvements et concentrations de véhicules. Une fois une cible localisée, l’information peut être rapidement transmise et l’attaque peut commencer.

Cela bouleverse une ancienne logique militaire. Concentrer des hommes, des blindés et de l’artillerie permet d’accumuler de la puissance. Mais sous un ciel peuplé de petits systèmes d’observation, concentrer la puissance peut également signifier concentrer les cibles.

Combined Resolve a révélé une autre transformation. Un véhicule militaire coûtant des millions peut être localisé par un drone dont le prix ne représente qu’une infime fraction de cette somme. Le drone peut être abattu, brouillé ou simplement tomber en panne, mais il peut être rapidement remplacé. Et beaucoup d’autres peuvent être envoyés.

La supériorité technologique ne dépend donc plus uniquement de la possession du système individuel le plus sophistiqué. Le coût, la quantité et la vitesse d’adaptation sont également devenus des formes de supériorité.

IL NE S’AGIT PAS SEULEMENT DES DRONES

Ce serait une erreur de penser que les Ukrainiens l’ont emporté simplement parce qu’ils disposaient de bons drones. La véritable transformation consiste à intégrer ces appareils au combat.

Un drone localise. Un autre confirme ou suit la cible. L’information est transmise. Un FPV peut attaquer ou les coordonnées peuvent être communiquées à une autre arme. La guerre électronique tente d’interrompre ce processus et l’adversaire modifie à nouveau ses procédures.

Le délai entre la découverte d’une cible et la possibilité de l’attaquer s’est considérablement réduit. C’est ce que les Ukrainiens pratiquent depuis des années contre un ennemi qui cherche à faire exactement la même chose.

Pendant Combined Resolve, les forces américaines commencèrent à modifier leurs procédures, améliorant leur dispersion et leur dissimulation. Par la suite, les opérateurs ukrainiens collaborèrent avec elles à l’emploi offensif des drones.

La leçon dépasse largement les États-Unis et l’Ukraine. Des équipements coûtant des millions peuvent être découverts par des appareils bon marché ; des technologies développées pendant des années peuvent affronter des systèmes modifiés en quelques semaines ; et des concentrations conçues pour produire une supériorité peuvent devenir des concentrations de cibles.

L’Ukraine a dû apprendre ces règles dans les conditions les plus dures qui soient : une guerre pour sa survie.

Combined Resolve a transporté cette expérience pendant quelques jours sur un terrain d’entraînement en Allemagne.

Une brigade blindée américaine est entrée dans une guerre simulée. Les Ukrainiens sont arrivés avec plus de quatre années d’expérience d’une guerre réelle.

Et ils ont gagné.

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QUANDO I DRONI UCRAINI SCONFISSERO UNA BRIGATA AMERICANA

Nell’aprile e maggio del 2026, nell’area di addestramento militare di Hohenfels, in Germania, accadde qualcosa che avrebbe meritato molta più attenzione. Durante Combined Resolve, un’importante esercitazione multinazionale concepita per simulare operazioni terrestri contro un avversario moderno, una brigata corazzata dell’Esercito degli Stati Uniti affrontò una forza avversaria rafforzata da operatori ucraini di droni.

Il risultato fu netto: gli ucraini contribuirono in maniera decisiva a neutralizzare la brigata americana.

La principale forza statunitense apparteneva alla 3ª Brigata Corazzata da Combattimento della 1ª Divisione di Cavalleria. Dall’altra parte parteciparono operatori del 412º Reggimento ucraino di Sistemi Senza Pilota, Nemesis, veterani di una guerra nella quale i droni sono diventati una componente fondamentale del campo di battaglia.

Quando iniziò lo scontro, il problema divenne rapidamente evidente. I veicoli americani avanzavano sollevando grandi nuvole di polvere. I droni ucraini li individuarono e ne seguirono i movimenti. Altri velivoli simulavano il lancio di esplosivi, mentre droni FPV effettuavano attacchi diretti.

I veicoli e le unità americane furono eliminati dalla simulazione con tale rapidità che alcuni dovettero essere reinseriti — “respawned” — affinché l’esercitazione potesse continuare. Funzionari statunitensi a conoscenza dell’esercitazione e uno dei partecipanti confermarono successivamente al Wall Street Journal che gli operatori ucraini avevano eliminato la brigata corazzata nella simulazione.

GLI UCRAINI CONOSCEVANO GIÀ QUELLA GUERRA

Per gli americani, Combined Resolve era un’esercitazione. Per gli ucraini, molti dei problemi incontrati facevano parte di un’esperienza acquisita durante più di quattro anni di combattimenti quotidiani contro la Russia.

Russi e ucraini sono stati protagonisti di una straordinaria competizione tecnologica. Una parte introduce un nuovo drone o una nuova procedura; l’avversario sviluppa una contromisura; compaiono modifiche e il ciclo ricomincia. Ma esiste una differenza che nessuna esercitazione può riprodurre completamente: in Ucraina, gli errori costano vite umane.

Gli ucraini hanno imparato a localizzare il nemico evitando al tempo stesso di essere individuati, a operare sotto interferenze elettroniche, a disperdere le proprie forze e a modificare continuamente mezzi e tattiche.

La Russia aveva precedentemente imparato un’altra parte della stessa lezione. Quando iniziò l’invasione nel febbraio 2022, enormi colonne di carri armati, mezzi corazzati e veicoli logistici avanzarono in Ucraina. Quelle concentrazioni rappresentavano potenza militare, ma rappresentavano anche bersagli.

I droni non avevano ancora il ruolo predominante che avrebbero assunto successivamente. Negli anni seguenti, russi e ucraini svilupparono rapidamente il loro impiego per localizzare, seguire e attaccare il nemico, trasformando profondamente il campo di battaglia.

Quattro anni dopo, la brigata americana si trovò in Germania di fronte a quella nuova realtà: una grande concentrazione di potenza militare può trasformarsi rapidamente in una grande concentrazione di bersagli.

QUANDO CONCENTRARE POTENZA SIGNIFICA CONCENTRARE BERSAGLI

I droni stanno rendendo il campo di battaglia sempre più trasparente. Piccoli velivoli relativamente economici possono osservare strade, posizioni, movimenti e concentrazioni di veicoli. Una volta individuato un bersaglio, l’informazione può essere trasmessa rapidamente e l’attacco può cominciare.

Questo modifica una vecchia logica militare. Concentrare uomini, mezzi corazzati e artiglieria permette di accumulare potenza. Ma sotto un cielo popolato da piccoli sistemi di osservazione, concentrare potenza può significare anche concentrare bersagli.

Combined Resolve ha messo in evidenza un’altra trasformazione. Un veicolo militare che costa milioni può essere localizzato da un drone il cui prezzo rappresenta una piccolissima frazione di quel valore. Il drone può essere abbattuto, disturbato o semplicemente guastarsi, ma può essere sostituito rapidamente. E se ne possono inviare molti.

La superiorità tecnologica, quindi, non dipende più soltanto dal possesso del singolo sistema più sofisticato. Anche il costo, la quantità e la velocità di adattamento sono diventati forme di superiorità.

NON SI TRATTA SOLTANTO DEI DRONI

Sarebbe un errore pensare che gli ucraini abbiano prevalso semplicemente perché disponevano di buoni droni. La vera trasformazione consiste nell’integrare questi sistemi nel combattimento.

Un drone localizza. Un altro conferma o segue il bersaglio. L’informazione viene trasmessa. Un FPV può attaccare oppure le coordinate possono essere inviate a un’altra arma. La guerra elettronica tenta di impedirlo e l’avversario modifica nuovamente le proprie procedure.

La distanza tra l’individuazione di un bersaglio e la possibilità di attaccarlo si è ridotta enormemente. È ciò che gli ucraini praticano da anni contro un nemico che cerca di fare esattamente la stessa cosa.

Durante Combined Resolve, le forze statunitensi iniziarono a modificare le proprie procedure, migliorando la dispersione e l’occultamento. Successivamente, gli operatori ucraini collaborarono con loro nell’impiego offensivo dei droni.

La lezione va ben oltre gli Stati Uniti e l’Ucraina. Equipaggiamenti che costano milioni possono essere scoperti da velivoli economici; tecnologie sviluppate per anni possono affrontare sistemi modificati in poche settimane; e concentrazioni concepite per produrre superiorità possono trasformarsi in concentrazioni di bersagli.

L’Ucraina ha dovuto imparare queste regole nelle condizioni più dure possibili: una guerra per la propria sopravvivenza.

Combined Resolve portò per alcuni giorni quell’esperienza su un campo di addestramento in Germania.

Una brigata corazzata americana entrò in una guerra simulata. Gli ucraini arrivarono con più di quattro anni di esperienza in una guerra reale.

E vinsero.

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CUBA TAMBIÉN CRECIÓ FUERA DE CUBA

 

 

Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica

 

Durante más de seis décadas, millones de cubanos salieron de la Isla en busca de libertad y oportunidades. Lejos de constituir una pérdida para la nación, se han convertido, junto con sus hijos y nietos, en un extraordinario activo para Cuba. En sociedades democráticas encontraron libertades, respeto a las leyes y oportunidades para desarrollar sus capacidades. Al mismo tiempo, mantuvieron vínculos con familiares y amigos en la Isla que permitieron a generaciones de cubanos conocer directamente otra realidad. La nación cubana se extendió por el mundo y hoy es mucho más amplia que el territorio donde nació.

 

Quienes pudieron establecerse en sociedades democráticas encontraron condiciones para trabajar, estudiar, emprender, expresarse libremente y decidir su propio futuro. Muchos prosperaron, formaron familias y sus descendientes crecieron disfrutando de esas mismas libertades y oportunidades.

 

De haberse quedado en Cuba, varias generaciones habrían vivido bajo un sistema caracterizado por el adoctrinamiento político, la vigilancia del Estado, la ausencia de libertades fundamentales y la persecución de quienes disentían. También habrían encontrado enormes limitaciones para emprender y desarrollar libremente sus capacidades.

 

Eso no significa que Cuba los haya perdido.

Tampoco debemos medir su relación con Cuba por la decisión de regresar o no a vivir en la Isla. Volver a Cuba no es una medida de patriotismo. Después de décadas en el exterior, millones de cubanos y sus descendientes tienen familias, carreras, empresas, propiedades, amistades y comunidades en los países donde viven.

 

Algunos regresarán a una Cuba democrática. Otros invertirán, enseñarán, colaborarán profesionalmente o pasarán temporadas allí. Muchos solamente la visitarán y otros quizás nunca regresen. Cada uno decidirá libremente qué relación quiere mantener con el país donde nació o con la tierra de sus padres y abuelos.

Ninguna de esas decisiones disminuye su valor para Cuba. Sus conocimientos, experiencia profesional, recursos, relaciones internacionales y, sobre todo, su experiencia viviendo bajo instituciones democráticas constituyen un enorme capital humano distribuido por el mundo.

 

Además, su propia presencia en otras sociedades proyecta a Cuba más allá de sus fronteras. En mayor o menor grado, ellos y sus descendientes llevan consigo una cultura, unas tradiciones y la memoria de una historia marcada por las luchas por la independencia y la libertad. Son embajadores naturales de Cuba en el mundo, no porque alguien les haya encomendado esa misión, sino porque sus raíces forman parte de quienes son.

 

La Operación Pedro Pan fue una temprana demostración de este fenómeno. Más de 14.000 menores salieron de Cuba hacia Estados Unidos entre 1960 y 1962. Entre ellos hubo posteriormente senadores, embajadores, profesores universitarios, empresarios y artistas.

 

Pero Pedro Pan representa solamente una pequeña parte de una historia mucho mayor. Durante décadas salieron niños y jóvenes con sus familias y después nacieron nuevas generaciones en el exterior. Algunos alcanzaron posiciones extraordinarias; muchos otros construyeron vidas de éxito menos conocidas: compraron viviendas, crearon pequeños negocios, ejercieron profesiones y enviaron a sus hijos a universidades.

 

Y todo eso se sabía en Cuba.

La dictadura podía controlar la prensa, la televisión, la radio y las escuelas, pero nunca logró controlar completamente las comunicaciones entre los cubanos de dentro y los de fuera.

Primero fueron las cartas y fotografías. Después las llamadas telefónicas, las visitas, los paquetes y las remesas. Finalmente llegaron Internet, las videollamadas y las redes sociales.

 

Durante más de seis décadas, el pueblo cubano tuvo así millones de ventanas hacia el mundo democrático. El hermano que había llegado sin dinero encontraba trabajo; el primo compraba una casa; los hijos estudiaban; un amigo abría un negocio. Y desde las economías capitalistas que condenaba la propaganda oficial llegaba el dinero que permitía comprar alimentos y medicinas en Cuba.

 

Cada remesa llevaba dinero, pero también información.

No hacía falta estudiar economía para comprender la contradicción. La experiencia de familiares y amigos mostraba diariamente lo que los cubanos podían alcanzar cuando disponían de libertad, derechos, iniciativa privada y oportunidades.

La diáspora mantuvo así abierta una comunicación entre el pueblo cubano y el mundo libre que el régimen nunca pudo cerrar.

 

Una futura democracia heredará ese extraordinario patrimonio: cubanos, hijos y nietos de cubanos establecidos en numerosos países, con conocimientos, experiencia, recursos, relaciones internacionales y una cultura formada en sociedades libres.

No será necesario que regresen para demostrar su patriotismo ni para seguir formando parte de Cuba. Participarán en su futuro en la medida que cada uno libremente decida.

Son parte de una Cuba que creció más allá de sus fronteras y de una nación que ninguna dictadura pudo esclavizar para siempre.

 


CUBA ALSO GREW BEYOND CUBA

Emigrants, their children and their grandchildren are an asset to the homeland of José Martí

For more than six decades, millions of Cubans left the Island in search of freedom and opportunity. Far from constituting a loss to the nation, they have become, together with their children and grandchildren, an extraordinary asset for Cuba. In democratic societies they found freedoms, respect for the law, and opportunities to develop their abilities. At the same time, they maintained ties with relatives and friends on the Island that allowed generations of Cubans to learn directly about another reality. The Cuban nation spread across the world and today is much broader than the territory where it was born.

 

Those who were able to settle in democratic societies found the conditions to work, study, start businesses, express themselves freely, and decide their own future. Many prospered, formed families, and their descendants grew up enjoying those same freedoms and opportunities.

 

Had they remained in Cuba, several generations would have lived under a system characterized by political indoctrination, state surveillance, the absence of fundamental freedoms, and the persecution of dissenters. They would also have faced enormous limitations on entrepreneurship and on the free development of their abilities.

 

That does not mean Cuba lost them.

Nor should we measure their relationship with Cuba by whether or not they decide to return to live on the Island. Returning to Cuba is not a measure of patriotism. After decades abroad, millions of Cubans and their descendants have families, careers, businesses, property, friendships, and communities in the countries where they live.

 

Some will return to a democratic Cuba. Others will invest, teach, collaborate professionally, or spend periods of time there. Many will only visit, and others may never return. Each person will freely decide what relationship to maintain with the country where they were born or with the land of their parents and grandparents.

 

None of those decisions diminishes their value to Cuba. Their knowledge, professional experience, resources, international relationships and, above all, their experience living under democratic institutions constitute an enormous body of human capital distributed throughout the world.

 

In addition, their very presence in other societies projects Cuba beyond its borders. To a greater or lesser degree, they and their descendants carry with them a culture, traditions, and the memory of a history marked by struggles for independence and freedom. They are natural ambassadors of Cuba in the world, not because anyone assigned them that mission, but because their roots are part of who they are.

 

Operation Pedro Pan was an early demonstration of this phenomenon. More than 14,000 minors left Cuba for the United States between 1960 and 1962. Among them were future senators, ambassadors, university professors, business leaders, and artists.

 

But Pedro Pan represents only a small part of a much larger story. For decades, children and young people left with their families, and later new generations were born abroad. Some reached extraordinary positions; many others built less celebrated successful lives: they bought homes, created small businesses, practiced professions, and sent their children to universities.

 

And all of that was known in Cuba.

The dictatorship could control the press, television, radio, and schools, but it never managed to completely control communications between Cubans inside and outside the country.

First came letters and photographs. Then telephone calls, visits, packages, and remittances. Finally came the Internet, video calls, and social networks.

 

For more than six decades, the Cuban people thus had millions of windows onto the democratic world. The brother who had arrived without money found a job; the cousin bought a house; the children studied; a friend opened a business. And from the capitalist economies condemned by official propaganda came the money that made it possible to buy food and medicines in Cuba.

 

Every remittance carried money, but also information.

One did not need to study economics to understand the contradiction. The experience of relatives and friends showed every day what Cubans could achieve when they had freedom, rights, private initiative, and opportunity.

The diaspora thus kept open a channel of communication between the Cuban people and the free world that the regime could never close.

 

A future democracy will inherit that extraordinary heritage: Cubans, children and grandchildren of Cubans established in many countries, with knowledge, experience, resources, international relationships, and a culture shaped in free societies.

They will not need to return to prove their patriotism or to remain part of Cuba. They will participate in its future to the extent that each freely chooses.

They are part of a Cuba that grew beyond its borders and of a nation that no dictatorship could enslave forever.

 


CUBA A AUSSI GRANDI AU-DELÀ DE CUBA

Les émigrés, leurs enfants et leurs petits-enfants sont un atout pour la patrie de José Martí

Pendant plus de six décennies, des millions de Cubains ont quitté l’île à la recherche de liberté et d’opportunités. Loin de constituer une perte pour la nation, ils sont devenus, avec leurs enfants et leurs petits-enfants, un atout extraordinaire pour Cuba. Dans des sociétés démocratiques, ils ont trouvé des libertés, le respect des lois et des possibilités de développer leurs capacités. Dans le même temps, ils ont maintenu des liens avec leurs parents et amis restés sur l’île, permettant à des générations de Cubains de connaître directement une autre réalité. La nation cubaine s’est étendue dans le monde et elle est aujourd’hui bien plus vaste que le territoire où elle est née.

 

Ceux qui ont pu s’établir dans des sociétés démocratiques ont trouvé les conditions nécessaires pour travailler, étudier, entreprendre, s’exprimer librement et décider de leur propre avenir. Beaucoup ont prospéré, fondé des familles, et leurs descendants ont grandi en bénéficiant de ces mêmes libertés et opportunités.

 

S’ils étaient restés à Cuba, plusieurs générations auraient vécu sous un système caractérisé par l’endoctrinement politique, la surveillance de l’État, l’absence de libertés fondamentales et la persécution de ceux qui exprimaient leur désaccord. Ils auraient également rencontré d’énormes obstacles pour entreprendre et développer librement leurs capacités.

 

Cela ne signifie pas que Cuba les ait perdus.

Nous ne devons pas non plus mesurer leur relation avec Cuba selon qu’ils décident ou non de revenir vivre sur l’île. Revenir à Cuba n’est pas une mesure du patriotisme. Après des décennies à l’étranger, des millions de Cubains et leurs descendants ont des familles, des carrières, des entreprises, des biens, des amitiés et des communautés dans les pays où ils vivent.

 

Certains retourneront dans une Cuba démocratique. D’autres investiront, enseigneront, collaboreront professionnellement ou y passeront des périodes de temps. Beaucoup ne feront que la visiter et d’autres ne reviendront peut-être jamais. Chacun décidera librement de la relation qu’il souhaite entretenir avec le pays où il est né ou avec la terre de ses parents et de ses grands-parents.

 

Aucune de ces décisions ne diminue leur valeur pour Cuba. Leurs connaissances, leur expérience professionnelle, leurs ressources, leurs relations internationales et, surtout, leur expérience de la vie sous des institutions démocratiques constituent un immense capital humain réparti dans le monde entier.

 

En outre, leur présence même dans d’autres sociétés projette Cuba au-delà de ses frontières. À des degrés divers, eux et leurs descendants portent avec eux une culture, des traditions et la mémoire d’une histoire marquée par les luttes pour l’indépendance et la liberté. Ils sont des ambassadeurs naturels de Cuba dans le monde, non parce que quelqu’un leur a confié cette mission, mais parce que leurs racines font partie de ce qu’ils sont.

 

L’Opération Pedro Pan fut une première démonstration de ce phénomène. Plus de 14 000 mineurs quittèrent Cuba pour les États-Unis entre 1960 et 1962. Parmi eux se trouvèrent plus tard des sénateurs, des ambassadeurs, des professeurs d’université, des chefs d’entreprise et des artistes.

 

Mais Pedro Pan ne représente qu’une petite partie d’une histoire beaucoup plus vaste. Pendant des décennies, des enfants et des jeunes ont quitté le pays avec leurs familles, puis de nouvelles générations sont nées à l’étranger. Certains ont atteint des positions extraordinaires ; beaucoup d’autres ont construit des vies réussies, moins connues : ils ont acheté des logements, créé de petites entreprises, exercé des professions et envoyé leurs enfants à l’université.

 

Et tout cela se savait à Cuba.

La dictature pouvait contrôler la presse, la télévision, la radio et les écoles, mais elle n’a jamais réussi à contrôler complètement les communications entre les Cubains de l’intérieur et ceux de l’extérieur.

D’abord vinrent les lettres et les photographies. Puis les appels téléphoniques, les visites, les colis et les envois d’argent. Enfin arrivèrent Internet, les appels vidéo et les réseaux sociaux.

 

Pendant plus de six décennies, le peuple cubain a ainsi disposé de millions de fenêtres ouvertes sur le monde démocratique. Le frère arrivé sans argent trouvait du travail ; le cousin achetait une maison ; les enfants étudiaient ; un ami ouvrait une entreprise. Et des économies capitalistes condamnées par la propagande officielle venait l’argent qui permettait d’acheter à Cuba de la nourriture et des médicaments.

Chaque envoi d’argent apportait de l’argent, mais aussi de l’information.

 

Il n’était pas nécessaire d’étudier l’économie pour comprendre la contradiction. L’expérience des parents et des amis montrait chaque jour ce que les Cubains pouvaient accomplir lorsqu’ils disposaient de liberté, de droits, d’initiative privée et d’opportunités.

La diaspora a ainsi maintenu ouverte une communication entre le peuple cubain et le monde libre que le régime n’a jamais pu fermer.

 

Une future démocratie héritera de ce patrimoine extraordinaire : des Cubains, des enfants et des petits-enfants de Cubains établis dans de nombreux pays, dotés de connaissances, d’expérience, de ressources, de relations internationales et d’une culture formée dans des sociétés libres.

Ils n’auront pas besoin de revenir pour prouver leur patriotisme ni pour continuer à faire partie de Cuba. Ils participeront à son avenir dans la mesure que chacun choisira librement.

Ils font partie d’une Cuba qui a grandi au-delà de ses frontières et d’une nation qu’aucune dictature n’a pu réduire en esclavage pour toujours.

 


CUBA È CRESCIUTA ANCHE FUORI DA CUBA

Gli emigrati, i loro figli e i loro nipoti sono una risorsa per la patria di José Martí

Per più di sei decenni, milioni di cubani hanno lasciato l’Isola in cerca di libertà e opportunità. Lungi dal costituire una perdita per la nazione, sono diventati, insieme ai loro figli e nipoti, una straordinaria risorsa per Cuba. Nelle società democratiche hanno trovato libertà, rispetto delle leggi e opportunità per sviluppare le proprie capacità. Allo stesso tempo, hanno mantenuto legami con familiari e amici sull’Isola, consentendo a generazioni di cubani di conoscere direttamente un’altra realtà. La nazione cubana si è estesa nel mondo e oggi è molto più ampia del territorio in cui è nata.

 

Coloro che hanno potuto stabilirsi in società democratiche hanno trovato le condizioni per lavorare, studiare, intraprendere, esprimersi liberamente e decidere il proprio futuro. Molti hanno prosperato, formato famiglie e i loro discendenti sono cresciuti godendo delle stesse libertà e opportunità.

 

Se fossero rimasti a Cuba, diverse generazioni avrebbero vissuto sotto un sistema caratterizzato dall’indottrinamento politico, dalla sorveglianza dello Stato, dall’assenza di libertà fondamentali e dalla persecuzione di chi dissentiva. Avrebbero inoltre incontrato enormi limitazioni nell’intraprendere e nello sviluppare liberamente le proprie capacità.

 

Questo non significa che Cuba li abbia perduti.

Non dobbiamo neppure misurare il loro rapporto con Cuba in base alla decisione di tornare o meno a vivere sull’Isola. Tornare a Cuba non è una misura del patriottismo. Dopo decenni all’estero, milioni di cubani e i loro discendenti hanno famiglie, carriere, imprese, proprietà, amicizie e comunità nei paesi in cui vivono.

Alcuni torneranno in una Cuba democratica. Altri investiranno, insegneranno, collaboreranno professionalmente o vi trascorreranno periodi di tempo. Molti si limiteranno a visitarla e altri forse non torneranno mai. Ognuno deciderà liberamente quale rapporto mantenere con il paese in cui è nato o con la terra dei propri genitori e nonni.

 

Nessuna di queste decisioni diminuisce il loro valore per Cuba. Le loro conoscenze, l’esperienza professionale, le risorse, le relazioni internazionali e, soprattutto, l’esperienza di vita sotto istituzioni democratiche costituiscono un enorme capitale umano distribuito nel mondo.

Inoltre, la loro stessa presenza in altre società proietta Cuba oltre i suoi confini. In misura maggiore o minore, essi e i loro discendenti portano con sé una cultura, delle tradizioni e la memoria di una storia segnata dalle lotte per l’indipendenza e la libertà. Sono ambasciatori naturali di Cuba nel mondo, non perché qualcuno abbia affidato loro questa missione, ma perché le loro radici fanno parte di ciò che sono.

 

L’Operazione Pedro Pan fu una prima dimostrazione di questo fenomeno. Più di 14.000 minori lasciarono Cuba diretti negli Stati Uniti tra il 1960 e il 1962. Tra loro vi furono in seguito senatori, ambasciatori, professori universitari, imprenditori e artisti.

Ma Pedro Pan rappresenta soltanto una piccola parte di una storia molto più grande. Per decenni bambini e giovani partirono con le loro famiglie e successivamente nacquero nuove generazioni all’estero. Alcuni raggiunsero posizioni straordinarie; molti altri costruirono vite di successo meno conosciute: acquistarono case, crearono piccole imprese, esercitarono professioni e mandarono i propri figli all’università.

 

E tutto questo si sapeva a Cuba.

La dittatura poteva controllare la stampa, la televisione, la radio e le scuole, ma non riuscì mai a controllare completamente le comunicazioni tra i cubani dentro e fuori dal paese.

Prima furono le lettere e le fotografie. Poi le telefonate, le visite, i pacchi e le rimesse. Infine arrivarono Internet, le videochiamate e i social network.

 

Per più di sei decenni, il popolo cubano ebbe così milioni di finestre sul mondo democratico. Il fratello arrivato senza denaro trovava lavoro; il cugino comprava una casa; i figli studiavano; un amico apriva un’attività. E dalle economie capitaliste condannate dalla propaganda ufficiale arrivava il denaro che permetteva di comprare cibo e medicine a Cuba.

 

Ogni rimessa portava denaro, ma anche informazioni.

Non era necessario studiare economia per comprendere la contraddizione. L’esperienza di familiari e amici mostrava ogni giorno ciò che i cubani potevano realizzare quando disponevano di libertà, diritti, iniziativa privata e opportunità.

La diaspora mantenne così aperta una comunicazione tra il popolo cubano e il mondo libero che il regime non riuscì mai a chiudere.

Una futura democrazia erediterà questo straordinario patrimonio: cubani, figli e nipoti di cubani stabiliti in numerosi paesi, con conoscenze, esperienza, risorse, relazioni internazionali e una cultura formata in società libere.

 

Non sarà necessario che tornino per dimostrare il loro patriottismo né per continuare a far parte di Cuba. Parteciperanno al suo futuro nella misura che ciascuno sceglierà liberamente.

Fanno parte di una Cuba che è cresciuta oltre i suoi confini e di una nazione che nessuna dittatura ha potuto rendere schiava per sempre.


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