VENEZUELA, TRUMP Y CUBA: DEL ENTUSIASMO AL DESENCANTO


 

VENEZUELA, TRUMP Y CUBA: DEL ENTUSIASMO AL DESENCANTO

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
4 de noviembre de 2026

La derrota del Partido Republicano en las elecciones del 3 de noviembre ha colocado a Donald Trump ante un reto. Su política hacia Cuba adquiere especial importancia por sus posibles consecuencias sobre las simpatías de los votantes cubanoamericanos hacia el Partido Republicano, Trump y Marco Rubio.

Como examinamos en «¿IRÁN O CUBA? TRUMP ANTE UNA DERROTA ELECTORAL», la experiencia venezolana ofrece un antecedente para analizar esas consecuencias.

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 desató una extraordinaria ola de entusiasmo entre los venezolanos, dentro del país y en el exilio. Después de años de represión, empobrecimiento y emigración masiva, millones celebraron la caída del dictador.

Según Meganálisis, entre el 6 y el 11 de enero, el 92,2 % de los venezolanos consultados manifestó sentirse agradecido con Trump. La cifra reflejaba las esperanzas despertadas por una operación considerada el comienzo de la liberación de Venezuela.

Marco Rubio también recibió reconocimiento por su prolongada oposición al régimen de Maduro.

LA DECISIÓN DE RESPALDAR A DELCY RODRÍGUEZ

Trump decidió respaldar a Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela. La antigua vicepresidenta de Maduro había integrado la dirección política y represiva de la dictadura chavista, cuya estructura de poder continuaba gobernando.

Trump llegó a declarar que Estados Unidos estaba a cargo de Venezuela.

Su decisión estuvo influida por una evaluación de la CIA, revelada el 5 de enero por The Wall Street Journal y confirmada por Reuters.

La agencia consideraba que dirigentes chavistas, incluida Rodríguez, estaban mejor posicionados para mantener la estabilidad inmediata porque conservaban influencia sobre las fuerzas militares y de seguridad. María Corina Machado y Edmundo González enfrentarían dificultades para ejercer el poder sin controlar esas instituciones.

La CIA evaluó los riesgos; la decisión política correspondió a Trump.

Washington optó por apoyarse en integrantes del chavismo, relegando a Machado, González y las fuerzas democráticas de las decisiones fundamentales sobre Venezuela.

EL ERROR DE POSPONER LA DEMOCRACIA

Marco Rubio explicó que la estrategia estadounidense contemplaba tres etapas: estabilización, recuperación económica y, finalmente, transición política.

Este planteamiento merece una crítica fundamental. La recuperación económica no tiene por qué preceder a la democracia. Las instituciones democráticas, la independencia judicial, la seguridad jurídica y la transparencia pueden atraer inversiones, generar confianza y sostener el crecimiento.

El desarrollo económico y el fortalecimiento institucional pueden avanzar simultáneamente. Condicionar las elecciones libres a una recuperación previa significa dejar la transición sin plazo definido.

Existe, además, una contradicción: confiar la reconstrucción a dirigentes de la estructura responsable del deterioro venezolano, mientras se excluye a las fuerzas democráticas.

La estabilidad no debería justificar la permanencia indefinida del chavismo.

EL AGRADECIMIENTO COMIENZA A DESAPARECER

Las encuestas de Meganálisis muestran cómo evolucionó el agradecimiento hacia Trump.

Del 92,2 % registrado en enero descendió al 82,9 % en febrero, 74,5 % en marzo y 47,08 % en abril. Para mayo, solamente el 30,9 % continuaba expresando agradecimiento.

En cinco meses, la caída alcanzó 61,3 puntos porcentuales.

El descenso coincidió con la continuidad de Delcy Rodríguez, los acuerdos económicos y petroleros con Washington y la ausencia de una transición democrática inmediata.

Los acuerdos petroleros provocaron cuestionamientos sobre las prioridades estadounidenses y preocupación por la posibilidad de que los intereses económicos desplazaran las aspiraciones democráticas venezolanas.

MARCO RUBIO Y LOS VENEZOLANOAMERICANOS

El desencanto también afectó la percepción de Marco Rubio, responsable de ejecutar la política de Trump.

Su trayectoria como opositor al chavismo contrasta con su participación en una política que mantiene a Delcy Rodríguez como principal interlocutora de Washington.

Entre los venezolanoamericanos existe otro motivo de descontento: las medidas migratorias estadounidenses contra familiares, amigos y compatriotas en Estados Unidos.

UNA OPORTUNIDAD PARA RECTIFICAR

La reciente presencia de María Corina Machado en Venezuela ofrece a Trump la oportunidad de rectificar su política y acelerar una transición democrática con participación efectiva de las fuerzas opositoras.

También ofrece a Rubio la posibilidad de impulsar elecciones libres y superar los acuerdos con antiguos dirigentes chavistas.

LA ENCRUCIJADA CUBANA

Tras la derrota republicana, Trump enfrenta una encrucijada ante la dictadura castrista. Un acuerdo que mantuviera su estructura de poder podría provocar entre los cubanoamericanos un desencanto semejante al expresado por sectores venezolanoamericanos, afectando las simpatías hacia Trump, Rubio y el Partido Republicano.

En un segundo capítulo examinaremos las posibles consecuencias políticas y electorales de esas decisiones entre los cubanoamericanos.

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VENEZUELA, TRUMP AND CUBA: FROM ENTHUSIASM TO DISILLUSIONMENT

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
November 4, 2026

The Republican Party's defeat in the November 3 elections has presented Donald Trump with a challenge. His policy toward Cuba is particularly important because of its possible consequences for Cuban American voters' support for the Republican Party, Trump and Marco Rubio.

As we examined in “IRAN OR CUBA? TRUMP FACING AN ELECTORAL DEFEAT,” the Venezuelan experience provides a precedent for analyzing those consequences.

The capture of Nicolás Maduro by U.S. forces on January 3, 2026, unleashed an extraordinary wave of enthusiasm among Venezuelans, both inside the country and in exile. After years of repression, impoverishment and mass emigration, millions celebrated the dictator's downfall.

According to Meganálisis, between January 6 and 11, 92.2% of Venezuelans surveyed said they felt grateful to Trump. The figure reflected the hopes raised by an operation regarded as the beginning of Venezuela's liberation.

Marco Rubio also received recognition for his longstanding opposition to Maduro's regime.

THE DECISION TO SUPPORT DELCY RODRÍGUEZ

Trump decided to support Delcy Rodríguez as Venezuela's acting president. Maduro's former vice president had been part of the political and repressive leadership of the Chavista dictatorship, whose power structure continued to govern.

Trump went so far as to declare that the United States was in charge of Venezuela.

His decision was influenced by a CIA assessment disclosed on January 5 by The Wall Street Journal and confirmed by Reuters.

The agency considered Chavista officials, including Rodríguez, better positioned to maintain immediate stability because they retained influence over the military and security forces. María Corina Machado and Edmundo González would face difficulties exercising power without control of those institutions.

The CIA assessed the risks; the political decision belonged to Trump.

Washington chose to rely on members of the Chavista establishment, sidelining Machado, González and the democratic forces from fundamental decisions about Venezuela.

THE MISTAKE OF POSTPONING DEMOCRACY

Marco Rubio explained that the U.S. strategy involved three stages: stabilization, economic recovery and, finally, political transition.

This approach deserves fundamental criticism. Economic recovery does not have to precede democracy. Democratic institutions, judicial independence, legal certainty and transparency can attract investment, build confidence and sustain growth.

Economic development and institutional strengthening can advance simultaneously. Making free elections conditional on prior recovery means leaving the transition without a defined deadline.

There is also a contradiction: entrusting reconstruction to officials from the structure responsible for Venezuela's deterioration while excluding democratic forces.

Stability should not justify the indefinite continuation of Chavista rule.

GRATITUDE BEGINS TO DISAPPEAR

Meganálisis surveys show how gratitude toward Trump evolved.

From 92.2% in January, it fell to 82.9% in February, 74.5% in March and 47.08% in April. By May, only 30.9% continued to express gratitude.

In five months, the decline reached 61.3 percentage points.

The decline coincided with Delcy Rodríguez remaining in power, economic and oil agreements with Washington, and the absence of an immediate democratic transition.

The oil agreements raised questions about U.S. priorities and concerns that economic interests might displace Venezuelans' democratic aspirations.

MARCO RUBIO AND VENEZUELAN AMERICANS

Disillusionment also affected perceptions of Marco Rubio, who is responsible for implementing Trump's policy.

His record as an opponent of Chavismo contrasts with his participation in a policy that keeps Delcy Rodríguez as Washington's principal interlocutor.

Among Venezuelan Americans, there is another source of discontent: U.S. immigration measures affecting relatives, friends and compatriots in the United States.

AN OPPORTUNITY TO CORRECT COURSE

María Corina Machado's recent presence in Venezuela offers Trump an opportunity to correct his policy and accelerate a democratic transition with effective participation by opposition forces.

It also offers Rubio the possibility of promoting free elections and moving beyond agreements with former Chavista officials.

THE CUBAN CROSSROADS

Following the Republican defeat, Trump faces a crossroads regarding the Castro dictatorship. An agreement that preserved its power structure could provoke among Cuban Americans disillusionment similar to that expressed by sectors of the Venezuelan American community, affecting support for Trump, Rubio and the Republican Party.

In a second chapter, we will examine the possible political and electoral consequences of those decisions among Cuban Americans.

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VENEZUELA, TRUMP ET CUBA : DE L'ENTHOUSIASME À LA DÉSILLUSION

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
4 novembre 2026

La défaite du Parti républicain aux élections du 3 novembre place Donald Trump devant un défi. Sa politique envers Cuba revêt une importance particulière en raison de ses conséquences possibles sur les sympathies des électeurs cubano-américains envers le Parti républicain, Trump et Marco Rubio.

Comme nous l'avons examiné dans « IRAN OU CUBA ? TRUMP FACE À UNE DÉFAITE ÉLECTORALE », l'expérience vénézuélienne offre un précédent permettant d'analyser ces conséquences.

La capture de Nicolás Maduro par les forces américaines le 3 janvier 2026 a déclenché une vague extraordinaire d'enthousiasme parmi les Vénézuéliens, dans le pays comme en exil. Après des années de répression, d'appauvrissement et d'émigration massive, des millions de personnes ont célébré la chute du dictateur.

Selon Meganálisis, entre le 6 et le 11 janvier, 92,2 % des Vénézuéliens interrogés se déclaraient reconnaissants envers Trump. Ce chiffre reflétait les espoirs suscités par une opération considérée comme le début de la libération du Venezuela.

Marco Rubio a également reçu des témoignages de reconnaissance pour son opposition prolongée au régime de Maduro.

LA DÉCISION DE SOUTENIR DELCY RODRÍGUEZ

Trump a décidé de soutenir Delcy Rodríguez comme présidente par intérim du Venezuela. L'ancienne vice-présidente de Maduro avait appartenu à la direction politique et répressive de la dictature chaviste, dont la structure de pouvoir continuait à gouverner.

Trump est allé jusqu'à déclarer que les États-Unis dirigeaient le Venezuela.

Sa décision a été influencée par une évaluation de la CIA, révélée le 5 janvier par The Wall Street Journal et confirmée par Reuters.

L'agence estimait que les dirigeants chavistes, dont Rodríguez, étaient mieux placés pour maintenir la stabilité immédiate, car ils conservaient une influence sur les forces militaires et de sécurité. María Corina Machado et Edmundo González auraient des difficultés à exercer le pouvoir sans contrôler ces institutions.

La CIA a évalué les risques ; la décision politique appartenait à Trump.

Washington a choisi de s'appuyer sur des membres du chavisme, écartant Machado, González et les forces démocratiques des décisions fondamentales concernant le Venezuela.

L'ERREUR DE REPORTER LA DÉMOCRATIE

Marco Rubio a expliqué que la stratégie américaine comportait trois étapes : stabilisation, reprise économique et, enfin, transition politique.

Cette approche mérite une critique fondamentale. La reprise économique ne doit pas nécessairement précéder la démocratie. Les institutions démocratiques, l'indépendance judiciaire, la sécurité juridique et la transparence peuvent attirer les investissements, instaurer la confiance et soutenir la croissance.

Le développement économique et le renforcement institutionnel peuvent progresser simultanément. Subordonner des élections libres à une reprise préalable revient à laisser la transition sans échéance définie.

Il existe également une contradiction : confier la reconstruction aux dirigeants d'une structure responsable de la détérioration du Venezuela, tout en excluant les forces démocratiques.

La stabilité ne devrait pas justifier le maintien indéfini du chavisme au pouvoir.

LA RECONNAISSANCE COMMENCE À DISPARAÎTRE

Les enquêtes de Meganálisis montrent l'évolution de la reconnaissance envers Trump.

De 92,2 % en janvier, elle est tombée à 82,9 % en février, 74,5 % en mars et 47,08 % en avril. En mai, seuls 30,9 % continuaient à exprimer leur reconnaissance.

En cinq mois, la baisse a atteint 61,3 points de pourcentage.

Cette baisse a coïncidé avec le maintien de Delcy Rodríguez au pouvoir, les accords économiques et pétroliers avec Washington et l'absence d'une transition démocratique immédiate.

Les accords pétroliers ont suscité des interrogations sur les priorités américaines et la crainte que les intérêts économiques ne prennent le pas sur les aspirations démocratiques des Vénézuéliens.

MARCO RUBIO ET LES VÉNÉZUÉLO-AMÉRICAINS

La désillusion a également affecté la perception de Marco Rubio, chargé de mettre en œuvre la politique de Trump.

Son parcours d'opposant au chavisme contraste avec sa participation à une politique qui maintient Delcy Rodríguez comme principale interlocutrice de Washington.

Parmi les Vénézuélo-Américains, il existe une autre source de mécontentement : les mesures migratoires américaines visant des proches, des amis et des compatriotes aux États-Unis.

UNE OCCASION DE RECTIFIER LE CAP

La présence récente de María Corina Machado au Venezuela offre à Trump l'occasion de rectifier sa politique et d'accélérer une transition démocratique avec une participation effective des forces d'opposition.

Elle offre également à Rubio la possibilité de promouvoir des élections libres et de dépasser les accords avec les anciens dirigeants chavistes.

LE CARREFOUR CUBAIN

Après la défaite républicaine, Trump se trouve à un carrefour face à la dictature castriste. Un accord préservant sa structure de pouvoir pourrait provoquer chez les Cubano-Américains une désillusion semblable à celle exprimée par certains secteurs vénézuélo-américains, affectant les sympathies envers Trump, Rubio et le Parti républicain.

Dans un deuxième chapitre, nous examinerons les conséquences politiques et électorales possibles de ces décisions parmi les Cubano-Américains.

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VENEZUELA, TRUMP E CUBA: DALL'ENTUSIASMO ALLA DISILLUSIONE

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
4 novembre 2026

La sconfitta del Partito Repubblicano alle elezioni del 3 novembre ha posto Donald Trump davanti a una sfida. La sua politica verso Cuba assume particolare importanza per le possibili conseguenze sulle simpatie degli elettori cubanoamericani nei confronti del Partito Repubblicano, di Trump e di Marco Rubio.

Come abbiamo esaminato in «IRAN O CUBA? TRUMP DI FRONTE A UNA SCONFITTA ELETTORALE», l'esperienza venezuelana offre un precedente per analizzare tali conseguenze.

La cattura di Nicolás Maduro da parte delle forze statunitensi il 3 gennaio 2026 ha suscitato un'ondata straordinaria di entusiasmo tra i venezuelani, sia nel paese sia in esilio. Dopo anni di repressione, impoverimento ed emigrazione di massa, milioni di persone hanno celebrato la caduta del dittatore.

Secondo Meganálisis, tra il 6 e l'11 gennaio, il 92,2% dei venezuelani intervistati ha dichiarato di provare gratitudine verso Trump. La cifra rifletteva le speranze suscitate da un'operazione considerata l'inizio della liberazione del Venezuela.

Anche Marco Rubio ha ricevuto riconoscimenti per la sua lunga opposizione al regime di Maduro.

LA DECISIONE DI SOSTENERE DELCY RODRÍGUEZ

Trump ha deciso di sostenere Delcy Rodríguez come presidente ad interim del Venezuela. L'ex vicepresidente di Maduro aveva fatto parte della dirigenza politica e repressiva della dittatura chavista, la cui struttura di potere continuava a governare.

Trump è arrivato a dichiarare che gli Stati Uniti erano alla guida del Venezuela.

La sua decisione è stata influenzata da una valutazione della CIA, rivelata il 5 gennaio dal Wall Street Journal e confermata da Reuters.

L'agenzia riteneva che i dirigenti chavisti, compresa Rodríguez, fossero in una posizione migliore per mantenere la stabilità immediata, poiché conservavano influenza sulle forze militari e di sicurezza. María Corina Machado ed Edmundo González avrebbero incontrato difficoltà a esercitare il potere senza controllare tali istituzioni.

La CIA ha valutato i rischi; la decisione politica spettava a Trump.

Washington ha scelto di appoggiarsi a esponenti del chavismo, escludendo Machado, González e le forze democratiche dalle decisioni fondamentali sul Venezuela.

L'ERRORE DI RINVIARE LA DEMOCRAZIA

Marco Rubio ha spiegato che la strategia statunitense prevedeva tre fasi: stabilizzazione, ripresa economica e, infine, transizione politica.

Questo approccio merita una critica fondamentale. La ripresa economica non deve necessariamente precedere la democrazia. Le istituzioni democratiche, l'indipendenza della magistratura, la certezza del diritto e la trasparenza possono attrarre investimenti, creare fiducia e sostenere la crescita.

Lo sviluppo economico e il rafforzamento istituzionale possono avanzare contemporaneamente. Subordinare elezioni libere a una ripresa preventiva significa lasciare la transizione senza una scadenza definita.

Esiste inoltre una contraddizione: affidare la ricostruzione ai dirigenti della struttura responsabile del deterioramento venezuelano, escludendo nel contempo le forze democratiche.

La stabilità non dovrebbe giustificare la permanenza indefinita del chavismo al potere.

LA GRATITUDINE COMINCIA A SCOMPARIRE

I sondaggi di Meganálisis mostrano come sia cambiata la gratitudine verso Trump.

Dal 92,2% registrato a gennaio è scesa all'82,9% a febbraio, al 74,5% a marzo e al 47,08% ad aprile. A maggio soltanto il 30,9% continuava a esprimere gratitudine.

In cinque mesi, il calo ha raggiunto 61,3 punti percentuali.

La diminuzione ha coinciso con la permanenza di Delcy Rodríguez al potere, gli accordi economici e petroliferi con Washington e l'assenza di una transizione democratica immediata.

Gli accordi petroliferi hanno suscitato interrogativi sulle priorità statunitensi e preoccupazioni per la possibilità che gli interessi economici prevalessero sulle aspirazioni democratiche dei venezuelani.

MARCO RUBIO E I VENEZUELANOAMERICANI

La disillusione ha influito anche sulla percezione di Marco Rubio, responsabile dell'attuazione della politica di Trump.

La sua storia di oppositore del chavismo contrasta con la partecipazione a una politica che mantiene Delcy Rodríguez come principale interlocutrice di Washington.

Tra i venezuelanoamericani esiste un altro motivo di malcontento: le misure migratorie statunitensi contro familiari, amici e connazionali negli Stati Uniti.

UN'OPPORTUNITÀ PER CORREGGERE LA ROTTA

La recente presenza di María Corina Machado in Venezuela offre a Trump l'opportunità di correggere la propria politica e accelerare una transizione democratica con la partecipazione effettiva delle forze di opposizione.

Offre inoltre a Rubio la possibilità di promuovere elezioni libere e superare gli accordi con gli ex dirigenti chavisti.

IL BIVIO CUBANO

Dopo la sconfitta repubblicana, Trump si trova davanti a un bivio nei confronti della dittatura castrista. Un accordo che ne mantenesse la struttura di potere potrebbe provocare tra i cubanoamericani una disillusione simile a quella espressa da alcuni settori venezuelanoamericani, influenzando le simpatie verso Trump, Rubio e il Partito Repubblicano.

In un secondo capitolo esamineremo le possibili conseguenze politiche ed elettorali di tali decisioni tra i cubanoamericani.

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¿IRÁN O CUBA? TRUMP ANTE UNA DERROTA ELECTORAL

 


¿IRÁN O CUBA? TRUMP ANTE UNA DERROTA ELECTORAL

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
2 de noviembre de 2026

Donald Trump enfrenta las elecciones legislativas mañana 3 de noviembre. Si los republicanos sufren una derrota importante, el presidente podría encontrarse debilitado ante sus adversarios internos y ante las potencias que desafían la influencia de Estados Unidos.

China, Rusia e Irán observarían cuidadosamente las consecuencias de una derrota republicana. Si interpretaran que Trump ha quedado políticamente arrinconado, podrían considerar que Washington dispone de menos capacidad para sostener sus amenazas y compromisos internacionales.

Un resultado negativo no le quitaría sus facultades presidenciales, pero proyectaría la imagen de un mandatario cuya autoridad política ha sido cuestionada por el electorado. Para Trump, que ha construido buena parte de su imagen alrededor de la fortaleza, la determinación y la capacidad de imponer condiciones, semejante percepción representaría un problema considerable.

La hipótesis que podemos considerar es que Trump no esperaría pasivamente a que sus adversarios explotaran una derrota. Por el contrario, podría intentar cambiar inmediatamente el escenario, con declaraciones o un acontecimiento internacional que desplazaría la atención pública hacia su actuación como comandante en jefe.

No se trataría necesariamente de resolver un conflicto internacional, sino de recuperar la iniciativa política y proyectar una imagen de poder.

Trump tendría aproximadamente dos meses, desde las elecciones del 3 de noviembre hasta la instalación del nuevo Congreso el 3 de enero de 2027, para actuar mientras continúa funcionando el Congreso saliente. Ese período podría ofrecerle la oportunidad de modificar el ambiente político antes de que sus adversarios asumieran sus nuevas posiciones legislativas.

Dos escenarios posibles: Irán y Cuba.

En el caso de Irán, los preparativos militares han ocupado la atención internacional. El pasado 29 de octubre se informó de reuniones de Trump con altos mandos militares para examinar posibles operaciones. Washington también habría advertido a varios aliados sobre la posibilidad de nuevos ataques después de las elecciones.

Una ofensiva contra Irán produciría repercusiones mundiales inmediatas, pero también podría desencadenar una confrontación regional de consecuencias imprevisibles.

El precio del petróleo podría subir inmediatamente y la población estadounidense lo reclamaría. Sería un riesgo serio atacar a Irán con un Congreso o una parte de él que no lo respalde.

Cuba presenta un escenario diferente.

Trump ha manifestado públicamente su intención de ocuparse de Cuba después de Irán. Si Trump descarta una ofensiva contra Irán, Cuba podría adquirir mayor importancia entre sus alternativas para recuperar la iniciativa política. Una acción decisiva contra la dictadura podría ofrecer a Trump un acontecimiento de repercusión nacional e internacional, con riesgos potencialmente menores que una nueva guerra contra Irán.

La presión estadounidense podría obligar al régimen castrista a realizar concesiones importantes. Trump siempre ha dejado la puerta abierta a un acuerdo que evite el uso de la fuerza por parte de los Estados Unidos. Marco Rubio ha repetido una y otra vez que el cambio en Cuba tiene que ser total, pero el presidente es Trump.

En estas consideraciones he dejado por fuera el caso de Ucrania porque Zelenski, los ucranianos y la Unión Europea se oponen a concesiones territoriales de Ucrania a cambio de un tratado de paz con Putin. Es difícil que las presiones de Trump obliguen a capitular a Ucrania y a la Unión Europea.

En el caso de Cuba, Trump tendría dos incentivos coincidentes: proteger su imagen personal y reafirmar la autoridad internacional de Estados Unidos. Podría intentar conseguirlo mediante un acuerdo con la jerarquía castrista, siguiendo una fórmula parecida a la aplicada en Venezuela. Otra alternativa sería garantizar al pueblo cubano que Estados Unidos no permitiría una masacre si se levantara contra el régimen. Finalmente, quedaría la posibilidad de una acción militar estadounidense.

Una hipótesis política puede construirse relacionando la conducta pública de un dirigente, las circunstancias que enfrenta y las alternativas que tiene a su disposición.

Si los republicanos sufren una derrota importante el 3 de noviembre, la pregunta no será solamente cómo reaccionará Trump ante sus adversarios políticos en Estados Unidos, sino qué estará dispuesto a hacer en el escenario internacional para demostrar que continúa siendo un presidente capaz de imponer su voluntad. En esa búsqueda de recuperar la iniciativa, Cuba podría convertirse en una de sus opciones.

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IRAN OR CUBA? TRUMP FACING AN ELECTORAL DEFEAT

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
November 2, 2026

Donald Trump faces the congressional elections tomorrow, November 3. If Republicans suffer a major defeat, the president could find himself weakened before his domestic opponents and the powers challenging U.S. influence.

China, Russia and Iran would closely watch the consequences of a Republican defeat. If they concluded that Trump had been politically cornered, they might believe Washington had less ability to uphold its threats and international commitments.

A negative result would not strip him of his presidential powers, but it would project the image of a leader whose political authority had been questioned by voters. For Trump, who has built much of his image around strength, determination and the ability to impose terms, such a perception would pose a considerable problem.

One hypothesis worth considering is that Trump would not passively wait for his adversaries to exploit a defeat. Instead, he might try to change the situation immediately, through statements or an international event that would shift public attention toward his actions as commander in chief.

The aim would not necessarily be to resolve an international conflict, but to regain the political initiative and project an image of power.

Trump would have approximately two months, from the November 3 elections until the new Congress takes office on January 3, 2027, to act while the outgoing Congress remains in place. That period could give him an opportunity to change the political climate before his opponents assume their new legislative positions.

Two possible scenarios: Iran and Cuba.

In Iran’s case, military preparations have attracted international attention. On October 29, reports emerged of Trump meeting with senior military commanders to examine possible operations. Washington also reportedly warned several allies of the possibility of further attacks after the elections.

An offensive against Iran would have immediate worldwide repercussions, but it could also trigger a regional confrontation with unpredictable consequences.

Oil prices could rise immediately, prompting complaints from the American public. Attacking Iran with a Congress, or part of it, unwilling to support him would be a serious risk.

Cuba presents a different scenario.

Trump has publicly expressed his intention to address Cuba after Iran. If he rules out an offensive against Iran, Cuba could gain importance among his alternatives for regaining the political initiative. Decisive action against the dictatorship could give Trump an event with national and international repercussions, potentially involving fewer risks than a new war against Iran.

U.S. pressure could force the Castro regime to make significant concessions. Trump has always left the door open to an agreement that would avoid the use of force by the United States. Marco Rubio has repeatedly said that change in Cuba must be total, but Trump is the president.

I have left Ukraine out of these considerations because Zelensky, the Ukrainians and the European Union oppose territorial concessions by Ukraine in exchange for a peace treaty with Putin. It is difficult to see Trump’s pressure forcing Ukraine and the European Union to capitulate.

In Cuba’s case, Trump would have two coinciding incentives: protecting his personal image and reaffirming U.S. international authority. He could try to achieve this through an agreement with the Castro leadership, following a formula similar to the one applied in Venezuela. Another option would be to guarantee the Cuban people that the United States would not allow a massacre if they rose up against the regime. Finally, there would remain the possibility of U.S. military action.

A political hypothesis can be constructed by relating a leader’s public conduct, the circumstances he faces and the alternatives available to him.

If Republicans suffer a major defeat on November 3, the question will not only be how Trump reacts to his political adversaries in the United States, but what he might be willing to do on the international stage to show that he remains a president capable of imposing his will. In that effort to regain the initiative, Cuba could become one of his options.

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IRAN OU CUBA ? TRUMP FACE À UNE DÉFAITE ÉLECTORALE

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
2 novembre 2026

Donald Trump affronte demain, 3 novembre, les élections législatives. Si les républicains subissent une lourde défaite, le président pourrait se retrouver affaibli face à ses adversaires intérieurs et aux puissances qui contestent l’influence des États-Unis.

La Chine, la Russie et l’Iran observeraient attentivement les conséquences d’une défaite républicaine. S’ils estimaient que Trump est politiquement acculé, ils pourraient considérer que Washington dispose de moins de moyens pour faire respecter ses menaces et ses engagements internationaux.

Un résultat défavorable ne lui retirerait pas ses pouvoirs présidentiels, mais donnerait l’image d’un dirigeant dont l’autorité politique a été remise en cause par les électeurs. Pour Trump, qui a construit une grande partie de son image sur la force, la détermination et la capacité d’imposer ses conditions, une telle perception représenterait un problème considérable.

L’hypothèse que nous pouvons envisager est que Trump n’attendrait pas passivement que ses adversaires exploitent une défaite. Il pourrait au contraire tenter de changer immédiatement la situation, par des déclarations ou par un événement international qui détournerait l’attention du public vers son action de commandant en chef.

Il ne s’agirait pas nécessairement de résoudre un conflit international, mais de reprendre l’initiative politique et de projeter une image de puissance.

Trump disposerait d’environ deux mois, entre les élections du 3 novembre et l’entrée en fonction du nouveau Congrès le 3 janvier 2027, pour agir tandis que le Congrès sortant reste en place. Cette période pourrait lui permettre de modifier le climat politique avant que ses adversaires occupent leurs nouveaux sièges au Parlement.

Deux scénarios possibles : l’Iran et Cuba.

Dans le cas de l’Iran, les préparatifs militaires ont retenu l’attention internationale. Le 29 octobre, des informations ont fait état de réunions entre Trump et de hauts responsables militaires afin d’examiner d’éventuelles opérations. Washington aurait également averti plusieurs alliés de la possibilité de nouvelles attaques après les élections.

Une offensive contre l’Iran aurait des répercussions mondiales immédiates, mais pourrait aussi déclencher un affrontement régional aux conséquences imprévisibles.

Le prix du pétrole pourrait augmenter immédiatement et susciter des protestations dans la population américaine. Attaquer l’Iran sans le soutien du Congrès, ou d’une partie de celui-ci, constituerait un risque sérieux.

Cuba présente un scénario différent.

Trump a publiquement manifesté son intention de s’occuper de Cuba après l’Iran. S’il écarte une offensive contre l’Iran, Cuba pourrait prendre davantage d’importance parmi les options lui permettant de reprendre l’initiative politique. Une action décisive contre la dictature pourrait lui offrir un événement d’envergure nationale et internationale, avec des risques potentiellement moindres qu’une nouvelle guerre contre l’Iran.

La pression américaine pourrait contraindre le régime castriste à faire d’importantes concessions. Trump a toujours laissé ouverte la possibilité d’un accord évitant le recours à la force par les États-Unis. Marco Rubio a répété à maintes reprises que le changement à Cuba devait être total, mais c’est Trump qui est président.

J’ai laissé l’Ukraine de côté dans cette analyse, car Zelensky, les Ukrainiens et l’Union européenne s’opposent à des concessions territoriales ukrainiennes en échange d’un traité de paix avec Poutine. Il est difficile d’imaginer que les pressions de Trump obligent l’Ukraine et l’Union européenne à capituler.

Dans le cas de Cuba, Trump aurait deux motivations convergentes : protéger son image personnelle et réaffirmer l’autorité internationale des États-Unis. Il pourrait chercher à y parvenir par un accord avec la hiérarchie castriste, selon une formule semblable à celle appliquée au Venezuela. Une autre possibilité serait de garantir au peuple cubain que les États-Unis ne permettraient pas un massacre s’il se soulevait contre le régime. Enfin, l’option d’une intervention militaire américaine demeurerait.

Une hypothèse politique peut se construire en mettant en relation la conduite publique d’un dirigeant, les circonstances auxquelles il fait face et les options dont il dispose.

Si les républicains subissent une lourde défaite le 3 novembre, la question ne sera pas seulement de savoir comment Trump réagira face à ses adversaires politiques aux États-Unis, mais aussi ce qu’il serait prêt à faire sur la scène internationale pour montrer qu’il demeure un président capable d’imposer sa volonté. Dans cette recherche d’une reprise de l’initiative, Cuba pourrait devenir l’une de ses options.

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IRAN O CUBA? TRUMP DI FRONTE A UNA SCONFITTA ELETTORALE

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
2 novembre 2026

Donald Trump affronta domani, 3 novembre, le elezioni legislative. Se i repubblicani subiranno una pesante sconfitta, il presidente potrebbe ritrovarsi indebolito di fronte agli avversari interni e alle potenze che sfidano l’influenza degli Stati Uniti.

Cina, Russia e Iran osserverebbero attentamente le conseguenze di una sconfitta repubblicana. Se ritenessero Trump politicamente messo alle strette, potrebbero pensare che Washington abbia meno capacità di sostenere le proprie minacce e i propri impegni internazionali.

Un risultato negativo non gli toglierebbe i poteri presidenziali, ma proietterebbe l’immagine di un leader la cui autorità politica è stata messa in discussione dagli elettori. Per Trump, che ha costruito gran parte della propria immagine sulla forza, sulla determinazione e sulla capacità di imporre condizioni, una simile percezione rappresenterebbe un problema considerevole.

L’ipotesi che possiamo prendere in considerazione è che Trump non aspetterebbe passivamente che gli avversari sfruttino una sconfitta. Al contrario, potrebbe tentare di cambiare immediatamente lo scenario, con dichiarazioni o un evento internazionale capace di spostare l’attenzione pubblica sulla sua azione di comandante in capo.

Non si tratterebbe necessariamente di risolvere un conflitto internazionale, ma di recuperare l’iniziativa politica e proiettare un’immagine di potere.

Trump avrebbe circa due mesi, dalle elezioni del 3 novembre all’insediamento del nuovo Congresso il 3 gennaio 2027, per agire mentre resta in funzione il Congresso uscente. Questo periodo potrebbe offrirgli l’opportunità di modificare il clima politico prima che i suoi avversari assumano i nuovi incarichi legislativi.

Due possibili scenari: Iran e Cuba.

Nel caso dell’Iran, i preparativi militari hanno attirato l’attenzione internazionale. Il 29 ottobre sono state riferite riunioni tra Trump e gli alti comandi militari per esaminare possibili operazioni. Washington avrebbe inoltre avvertito diversi alleati della possibilità di nuovi attacchi dopo le elezioni.

Un’offensiva contro l’Iran avrebbe ripercussioni mondiali immediate, ma potrebbe anche innescare uno scontro regionale dalle conseguenze imprevedibili.

Il prezzo del petrolio potrebbe salire immediatamente, suscitando proteste tra la popolazione statunitense. Attaccare l’Iran senza il sostegno del Congresso, o di una sua parte, sarebbe un rischio serio.

Cuba presenta uno scenario diverso.

Trump ha manifestato pubblicamente l’intenzione di occuparsi di Cuba dopo l’Iran. Se escludesse un’offensiva contro l’Iran, Cuba potrebbe acquistare maggiore importanza tra le alternative per recuperare l’iniziativa politica. Un’azione decisiva contro la dittatura potrebbe offrirgli un evento di risonanza nazionale e internazionale, con rischi potenzialmente inferiori a quelli di una nuova guerra contro l’Iran.

La pressione statunitense potrebbe costringere il regime castrista a fare concessioni importanti. Trump ha sempre lasciato aperta la porta a un accordo che eviti l’uso della forza da parte degli Stati Uniti. Marco Rubio ha ripetuto più volte che il cambiamento a Cuba deve essere totale, ma il presidente è Trump.

In queste considerazioni ho lasciato fuori l’Ucraina perché Zelensky, gli ucraini e l’Unione europea si oppongono a concessioni territoriali ucraine in cambio di un trattato di pace con Putin. È difficile che le pressioni di Trump costringano l’Ucraina e l’Unione europea a capitolare.

Nel caso di Cuba, Trump avrebbe due incentivi convergenti: proteggere la propria immagine personale e riaffermare l’autorità internazionale degli Stati Uniti. Potrebbe cercare di riuscirci attraverso un accordo con la gerarchia castrista, seguendo una formula simile a quella applicata in Venezuela. Un’altra alternativa sarebbe garantire al popolo cubano che gli Stati Uniti non permetterebbero un massacro se si sollevasse contro il regime. Infine, resterebbe la possibilità di un’azione militare statunitense.

Un’ipotesi politica può essere costruita mettendo in relazione la condotta pubblica di un dirigente, le circostanze che affronta e le alternative a sua disposizione.

Se i repubblicani subiranno una pesante sconfitta il 3 novembre, la domanda non sarà soltanto come Trump reagirà ai suoi avversari politici negli Stati Uniti, ma che cosa sarà disposto a fare sulla scena internazionale per dimostrare di essere ancora un presidente capace di imporre la propria volontà. In questa ricerca di recuperare l’iniziativa, Cuba potrebbe diventare una delle sue opzioni.

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¿POR QUÉ CALLA WASHINGTON ANTE LOS ATAQUES DE DELCY RODRÍGUEZ CONTRA MARÍA CORINA MACHADO?

 


¿POR QUÉ CALLA WASHINGTON ANTE LOS ATAQUES DE DELCY RODRÍGUEZ CONTRA MARÍA CORINA MACHADO?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
29 de octubre de 2026

Los ataques verbales de Delcy Rodríguez contra María Corina Machado constituyen una provocación directa a la oposición venezolana y a millones de ciudadanos que se sienten agraviados por el desconocimiento de sus derechos políticos y electorales. Sus descalificaciones alimentan el resentimiento, profundizan la desconfianza y agravan las tensiones en una sociedad que espera recuperar mediante elecciones libres el derecho a decidir su futuro, pero que no tiene garantías de que esas elecciones lleguen a celebrarse. Estas provocaciones aumentan el riesgo de violencia y contradicen las exigencias de una transición pacífica. Quien actúa de esa manera queda descalificado para desempeñar un papel de responsabilidad en la transición política de Venezuela.

El silencio de Washington agrava la situación. Donald Trump anunció el 3 de enero que Estados Unidos asumiría la dirección de Venezuela hasta completar una transición política. Desde entonces, su administración ha mantenido una influencia decisiva sobre quienes ejercen el poder. En esas circunstancias, la ausencia de una condena pública de los ataques de Rodríguez difícilmente puede ser interpretada por millones de venezolanos como otra cosa que una validación de su conducta.

Delcy Rodríguez calificó de «show» el recibimiento popular a María Corina Machado, sugirió que sus organizadores perseguían algún propósito oculto y expresó su deseo de que hubiera «arrepentimiento, remordimiento y rectificación». Al referirse a la participación de Machado en las negociaciones, afirmó que estas requerían experiencia y debían mantenerse alejadas de los «espacios neófitos». Posteriormente habló de personas «hambrientas de poder», acusó a sus adversarios de hacer «todo tipo de show por el poder» y advirtió que nadie debía entrometerse en el proceso político. Aunque algunas expresiones no mencionaron directamente a Machado, fueron pronunciadas después de su regreso. Sus descalificaciones agravian también a quienes se identifican con su lucha por la democracia y respaldan su liderazgo.

Estas declaraciones tienen una dimensión todavía más peligrosa: pueden ser interpretadas por los grupos violentos del chavismo como una incitación a atacar las manifestaciones pacíficas de la oposición. Existen antecedentes. Después de las elecciones presidenciales de julio de 2024, grupos armados conocidos como colectivos participaron en la represión de ciudadanos que protestaban por los resultados electorales. Human Rights Watch documentó 25 muertes durante aquellas protestas y encontró pruebas que vinculaban a fuerzas de seguridad y grupos armados oficialistas con distintos asesinatos. En un país con semejantes antecedentes, presentar a los adversarios políticos como una amenaza para la estabilidad puede estimular nuevas agresiones.

Los ataques de Rodríguez colocan además a María Corina Machado ante una disyuntiva calculada. Si responde con firmeza, Rodríguez puede aprovechar la confrontación para presentarla como un obstáculo a la estabilidad y a la transición pacífica. Si guarda silencio, Machado corre el riesgo de decepcionar a millones de venezolanos que esperan de ella una defensa pública de sus derechos y aspiraciones democráticas. De esta manera, Rodríguez traslada a Machado el costo político de una confrontación que ella misma alimenta.

Washington no puede asumir la dirección de la transición venezolana y guardar silencio ante estas provocaciones. Su responsabilidad va más allá de negociar acuerdos y establecer calendarios electorales. Si Estados Unidos pretende garantizar una transición pacífica, debe comenzar por exigir a Delcy Rodríguez que respete a sus adversarios y los derechos políticos del pueblo venezolano.

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WHY IS WASHINGTON SILENT ABOUT DELCY RODRÍGUEZ'S ATTACKS ON MARÍA CORINA MACHADO?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
October 29, 2026

Delcy Rodríguez's verbal attacks on María Corina Machado constitute a direct provocation against the Venezuelan opposition and millions of citizens who feel aggrieved by the denial of their political and electoral rights. Her disparaging remarks fuel resentment, deepen distrust, and aggravate tensions in a society that hopes to regain, through free elections, the right to decide its own future, but has no guarantees that those elections will actually take place. These provocations increase the risk of violence and contradict the requirements of a peaceful transition. Anyone who behaves in this manner disqualifies themselves from holding a position of responsibility in Venezuela's political transition.

Washington's silence makes the situation worse. On January 3, Donald Trump announced that the United States would take charge of Venezuela until a political transition was completed. Since then, his administration has maintained decisive influence over those exercising power. Under these circumstances, millions of Venezuelans can hardly interpret the absence of a public condemnation of Rodríguez's attacks as anything other than an endorsement of her conduct.

Delcy Rodríguez dismissed the popular welcome given to María Corina Machado as a “show,” suggested that its organizers were pursuing some hidden objective, and expressed the hope that there would be “repentance, remorse, and rectification.” Referring to Machado's participation in the negotiations, she stated that they required experience and should remain removed from “novice circles.” She subsequently spoke of people “hungry for power,” accused her adversaries of staging “all kinds of shows for power,” and warned that no one should interfere in the political process. Although some of these remarks did not directly mention Machado, they were made after her return. Her disparagement also offends those who identify with Machado's struggle for democracy and support her leadership.

These statements have an even more dangerous dimension: violent pro-Chavista groups could interpret them as encouragement to attack peaceful opposition demonstrations. There are precedents. Following the July 2024 presidential election, armed groups known as colectivos participated in the repression of citizens protesting the election results. Human Rights Watch documented 25 deaths during those protests and found evidence linking security forces and pro-government armed groups to several killings. In a country with such a history, portraying political opponents as a threat to stability can encourage further attacks.

Rodríguez's attacks also place María Corina Machado in a calculated dilemma. If she responds firmly, Rodríguez can exploit the confrontation to portray her as an obstacle to stability and a peaceful transition. If she remains silent, Machado risks disappointing millions of Venezuelans who expect her to defend their rights and democratic aspirations publicly. In this way, Rodríguez shifts onto Machado the political cost of a confrontation that Rodríguez herself is fueling.

Washington cannot assume responsibility for directing Venezuela's transition while remaining silent in the face of these provocations. Its responsibility extends beyond negotiating agreements and setting electoral timetables. If the United States intends to guarantee a peaceful transition, it must begin by demanding that Delcy Rodríguez respect her political opponents and the political rights of the Venezuelan people.

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POURQUOI WASHINGTON GARDE-T-IL LE SILENCE FACE AUX ATTAQUES DE DELCY RODRÍGUEZ CONTRE MARÍA CORINA MACHADO ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
29 octobre 2026

Les attaques verbales de Delcy Rodríguez contre María Corina Machado constituent une provocation directe à l'égard de l'opposition vénézuélienne et de millions de citoyens qui se sentent lésés par le déni de leurs droits politiques et électoraux. Ses propos dénigrants alimentent le ressentiment, approfondissent la méfiance et aggravent les tensions dans une société qui espère retrouver, grâce à des élections libres, le droit de décider de son avenir, sans avoir toutefois la garantie que ces élections auront lieu. Ces provocations augmentent le risque de violence et vont à l'encontre des exigences d'une transition pacifique. Quiconque agit de cette manière se disqualifie pour exercer des responsabilités dans la transition politique du Venezuela.

Le silence de Washington aggrave la situation. Le 3 janvier, Donald Trump a annoncé que les États-Unis prendraient la direction du Venezuela jusqu'à l'achèvement d'une transition politique. Depuis lors, son administration a conservé une influence décisive sur ceux qui exercent le pouvoir. Dans ces circonstances, des millions de Vénézuéliens peuvent difficilement interpréter l'absence de condamnation publique des attaques de Rodríguez autrement que comme une approbation de sa conduite.

Delcy Rodríguez a qualifié de « spectacle » l'accueil populaire réservé à María Corina Machado, a laissé entendre que ses organisateurs poursuivaient un objectif caché et a exprimé le souhait qu'il y ait « repentir, remords et rectification ». Évoquant la participation de Machado aux négociations, elle a affirmé que celles-ci exigeaient de l'expérience et devaient rester éloignées des « milieux novices ». Elle a ensuite parlé de personnes « avides de pouvoir », accusé ses adversaires de se livrer à « toutes sortes de spectacles pour le pouvoir » et averti que personne ne devait s'immiscer dans le processus politique. Bien que certaines de ces déclarations n'aient pas directement mentionné Machado, elles ont été prononcées après son retour. Ces propos offensent également ceux qui s'identifient à son combat pour la démocratie et soutiennent son leadership.

Ces déclarations présentent une dimension encore plus dangereuse : les groupes violents favorables au chavisme pourraient les interpréter comme un encouragement à attaquer les manifestations pacifiques de l'opposition. Il existe des précédents. Après l'élection présidentielle de juillet 2024, des groupes armés connus sous le nom de colectivos ont participé à la répression de citoyens qui contestaient les résultats électoraux. Human Rights Watch a documenté 25 morts lors de ces manifestations et recueilli des éléments reliant les forces de sécurité et des groupes armés progouvernementaux à plusieurs homicides. Dans un pays marqué par de tels précédents, présenter les adversaires politiques comme une menace pour la stabilité peut encourager de nouvelles agressions.

Les attaques de Rodríguez placent également María Corina Machado devant un dilemme calculé. Si elle répond avec fermeté, Rodríguez peut exploiter cette confrontation pour la présenter comme un obstacle à la stabilité et à une transition pacifique. Si elle garde le silence, Machado risque de décevoir des millions de Vénézuéliens qui attendent d'elle une défense publique de leurs droits et de leurs aspirations démocratiques. Ainsi, Rodríguez fait peser sur Machado le coût politique d'une confrontation qu'elle alimente elle-même.

Washington ne peut prétendre diriger la transition vénézuélienne tout en gardant le silence face à ces provocations. Sa responsabilité va au-delà de la négociation d'accords et de l'établissement de calendriers électoraux. Si les États-Unis entendent garantir une transition pacifique, ils doivent commencer par exiger de Delcy Rodríguez qu'elle respecte ses adversaires et les droits politiques du peuple vénézuélien.

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PERCHÉ WASHINGTON TACE DAVANTI AGLI ATTACCHI DI DELCY RODRÍGUEZ CONTRO MARÍA CORINA MACHADO?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
29 ottobre 2026

Gli attacchi verbali di Delcy Rodríguez contro María Corina Machado costituiscono una provocazione diretta nei confronti dell'opposizione venezuelana e di milioni di cittadini che si sentono offesi dal mancato riconoscimento dei loro diritti politici ed elettorali. Le sue dichiarazioni denigratorie alimentano il risentimento, approfondiscono la sfiducia e aggravano le tensioni in una società che spera di recuperare, attraverso elezioni libere, il diritto di decidere il proprio futuro, ma non ha alcuna garanzia che tali elezioni si svolgano. Queste provocazioni aumentano il rischio di violenza e contraddicono le esigenze di una transizione pacifica. Chi agisce in questo modo si squalifica dall'assumere un ruolo di responsabilità nella transizione politica del Venezuela.

Il silenzio di Washington aggrava la situazione. Il 3 gennaio Donald Trump ha annunciato che gli Stati Uniti avrebbero assunto la direzione del Venezuela fino al completamento di una transizione politica. Da allora, la sua amministrazione ha mantenuto un'influenza decisiva su coloro che esercitano il potere. In queste circostanze, milioni di venezuelani difficilmente possono interpretare l'assenza di una condanna pubblica degli attacchi di Rodríguez come qualcosa di diverso da un'approvazione della sua condotta.

Delcy Rodríguez ha definito uno «show» l'accoglienza popolare riservata a María Corina Machado, ha insinuato che gli organizzatori perseguissero qualche obiettivo nascosto e ha espresso l'auspicio che vi fossero «pentimento, rimorso e rettifica». Riferendosi alla partecipazione di Machado ai negoziati, ha affermato che questi richiedevano esperienza e dovevano rimanere lontani dagli «ambienti inesperti». Successivamente ha parlato di persone «affamate di potere», ha accusato i suoi avversari di mettere in scena «ogni tipo di spettacolo per il potere» e ha avvertito che nessuno doveva intromettersi nel processo politico. Sebbene alcune di queste espressioni non menzionassero direttamente Machado, sono state pronunciate dopo il suo ritorno. Le sue dichiarazioni offendono anche coloro che si identificano con la lotta di Machado per la democrazia e ne sostengono la leadership.

Queste dichiarazioni presentano una dimensione ancora più pericolosa: i gruppi violenti del chavismo potrebbero interpretarle come un incitamento ad attaccare le manifestazioni pacifiche dell'opposizione. Esistono precedenti. Dopo le elezioni presidenziali del luglio 2024, gruppi armati noti come colectivos hanno partecipato alla repressione dei cittadini che protestavano contro i risultati elettorali. Human Rights Watch ha documentato 25 morti durante quelle proteste e ha raccolto prove che collegavano le forze di sicurezza e gruppi armati filogovernativi a diversi omicidi. In un paese segnato da precedenti simili, presentare gli avversari politici come una minaccia alla stabilità può incoraggiare nuove aggressioni.

Gli attacchi di Rodríguez pongono inoltre María Corina Machado davanti a un dilemma calcolato. Se risponde con fermezza, Rodríguez può sfruttare lo scontro per presentarla come un ostacolo alla stabilità e a una transizione pacifica. Se rimane in silenzio, Machado rischia di deludere milioni di venezuelani che si aspettano da lei una difesa pubblica dei loro diritti e delle loro aspirazioni democratiche. In questo modo, Rodríguez trasferisce su Machado il costo politico di uno scontro che lei stessa alimenta.

Washington non può assumere la direzione della transizione venezuelana e rimanere in silenzio davanti a queste provocazioni. La sua responsabilità va oltre la negoziazione di accordi e la definizione di calendari elettorali. Se gli Stati Uniti intendono garantire una transizione pacifica, devono cominciare esigendo che Delcy Rodríguez rispetti i suoi avversari e i diritti politici del popolo venezuelano.

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¿PUEDE LULA CONVERTIRSE EN UN COLCHÓN ECONÓMICO PARA EL RÉGIMEN CASTRISTA?


¿PUEDE LULA CONVERTIRSE EN UN COLCHÓN ECONÓMICO PARA EL RÉGIMEN CASTRISTA?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
28 de octubre de 2026

Ante la reelección de Lula da Silva se plantea la posibilidad de que Brasil se convierta en un colchón económico para el régimen castrista. Sin embargo, las cifras comerciales disponibles no justifican esa expectativa. La verdadera interrogante es qué estaría dispuesto a hacer Lula durante su próximo mandato.

En 2025, Brasil exportó a Cuba mercancías por 283,4 millones de dólares, mientras las exportaciones cubanas apenas alcanzaron tres millones. Brasil obtuvo así un superávit comercial de aproximadamente 280,4 millones.

¿Dónde está el supuesto colchón económico? Comprar mercancías no significa recibir ayuda financiera. Para que Brasil sostuviera económicamente al régimen tendría que proporcionar créditos, subsidios, donaciones o inversiones de considerable magnitud.

La comparación con Estados Unidos resulta reveladora. En 2025, las exportaciones estadounidenses a Cuba alcanzaron aproximadamente 809,6 millones de dólares, casi el triple de las brasileñas. Si vender mercancías constituyera un respaldo económico al régimen, habría que atribuir a Estados Unidos un papel todavía mayor.

Pero existe un problema más profundo: la magnitud de esas importaciones frente a las necesidades de nueve millones de cubanos.

Las exportaciones conjuntas de ambos países sumaron aproximadamente 1.093 millones de dólares anuales. Distribuidas entre nueve millones de habitantes, representan apenas “10 dólares mensuales por persona”. Y esas cifras incluyen mercancías que ni siquiera son alimentos.

¿Cómo puede semejante volumen comercial resolver la crisis alimentaria cubana?

Además, cuando los alimentos importados se venden a precios incompatibles con los salarios y pensiones de la mayoría, benefician principalmente a quienes disponen de mayores ingresos o divisas.

Para convertirse en un verdadero colchón económico, Brasil tendría que proporcionar una asistencia comparable a la que Cuba recibió de la Unión Soviética y luego de Venezuela: petróleo subsidiado, créditos preferenciales y mecanismos de apoyo que representaron miles de millones de dólares.

Nada demuestra todavía que Lula esté dispuesto o pueda asumir compromisos comerciales semejantes durante su próximo mandato.

¿PODRÍA LULA CONSEGUIR APOYO ECONÓMICO DE OTROS PAÍSES?

Una posibilidad que merece atención sería una alianza con México para proporcionar asistencia económica al régimen castrista.

La presidenta Claudia Sheinbaum mantiene relaciones de cooperación con La Habana, y México ha enviado alimentos y otros suministros. Una iniciativa conjunta de Brasil y México podría ampliar esos mecanismos mediante créditos, suministros energéticos o programas de asistencia.

Pero una cosa sería proporcionar ayuda humanitaria y otra comprometer miles de millones de dólares para sostener una economía en crisis. Hasta ahora no existe evidencia de semejante compromiso conjunto.

Brasil es la mayor economía latinoamericana, pero su influencia política no equivale a su tamaño económico. Sus principales mercados comerciales están fuera de América Latina, mientras numerosos países de la región mantienen relaciones económicas fundamentales con Estados Unidos.

Lula tampoco dispone de influencia suficiente demostrada para conseguir que los gobiernos europeos abandonen sus propias posiciones sobre Cuba.

Y existe otro obstáculo: la política estadounidense.

Una iniciativa brasileña destinada a proporcionar respaldo financiero sustancial al régimen podría provocar tensiones con Washington, especialmente si involucrara entidades sujetas a sanciones. Lula tendría que evaluar esos riesgos frente a los intereses comerciales y financieros brasileños.

EL VERDADERO DESAFÍO DE LULA

Lula podría convertirse en un aliado económico más importante del régimen castrista durante su nuevo mandato. También podría intentar movilizar a México y otros gobiernos para ampliar la asistencia.

Pero la verdadera medida de ese respaldo no estará en las declaraciones de solidaridad ni en las ventas comerciales, sino en los recursos extraordinarios que Brasil y sus posibles aliados estén dispuestos a comprometer y en los costos políticos y económicos que acepten asumir.

Sin compromisos de esa magnitud, hablar de un colchón económico para el castrismo seguirá siendo una hipótesis cuestionable.

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CAN LULA BECOME AN ECONOMIC CUSHION FOR THE CASTRO REGIME?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
October 28, 2026

Following Lula da Silva's reelection, the possibility has been raised that Brazil could become an economic cushion for the Castro regime. However, the available trade figures do not justify that expectation. The real question is what Lula would be willing to do during his next term.

In 2025, Brazil exported $283.4 million worth of goods to Cuba, while Cuban exports to Brazil barely reached $3 million. Brazil thus recorded a trade surplus of approximately $280.4 million.

Where is the supposed economic cushion? Purchasing goods does not mean receiving financial assistance. For Brazil to sustain the regime economically, it would have to provide loans, subsidies, donations, or investments on a considerable scale.

The comparison with the United States is revealing. In 2025, U.S. exports to Cuba reached approximately $809.6 million, almost three times Brazil's exports. If selling goods constituted economic support for the regime, the United States would have to be credited with an even greater role.

But there is a deeper problem: the scale of those imports compared with the needs of nine million Cubans.

The combined exports of both countries totaled approximately $1.093 billion annually. Spread across nine million inhabitants, they represent barely “$10 per person per month.” And those figures include goods that are not even food.

How could such a volume of trade resolve Cuba's food crisis?

Furthermore, when imported food is sold at prices beyond the means of most wage earners and pensioners, it mainly benefits those with higher incomes or access to foreign currency.

To become a genuine economic cushion, Brazil would have to provide assistance comparable to what Cuba received from the Soviet Union and later from Venezuela: subsidized oil, preferential loans, and support mechanisms amounting to billions of dollars.

Nothing yet demonstrates that Lula is willing or able to undertake similar commercial commitments during his next term.

COULD LULA SECURE ECONOMIC SUPPORT FROM OTHER COUNTRIES?

One possibility worth considering would be an alliance with Mexico to provide economic assistance to the Castro regime.

President Claudia Sheinbaum maintains cooperative relations with Havana, and Mexico has sent food and other supplies. A joint Brazilian-Mexican initiative could expand those arrangements through loans, energy supplies, or assistance programs.

But providing humanitarian aid is one thing; committing billions of dollars to sustain an economy in crisis is quite another. So far, there is no evidence of such a joint commitment.

Brazil is Latin America's largest economy, but its political influence does not match its economic size. Its main export markets are outside Latin America, while numerous countries in the region maintain economic relationships with the United States that are fundamental to their interests.

Nor has Lula demonstrated sufficient influence to persuade European governments to abandon their own positions on Cuba.

And there is another obstacle: U.S. policy.

A Brazilian initiative intended to provide substantial financial backing to the regime could create tensions with Washington, especially if it involved entities subject to sanctions. Lula would have to weigh those risks against Brazil's commercial and financial interests.

LULA'S REAL CHALLENGE

Lula could become a more important economic ally of the Castro regime during his new term. He could also attempt to mobilize Mexico and other governments to expand assistance.

But the true measure of that support will not be declarations of solidarity or commercial sales. It will be the extraordinary resources Brazil and its potential allies are willing to commit and the political and economic costs they are prepared to bear.

Without commitments on that scale, describing Brazil as an economic cushion for Castroism will remain a questionable hypothesis.

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LULA PEUT-IL DEVENIR UN MATELAS ÉCONOMIQUE POUR LE RÉGIME CASTRISTE ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
28 octobre 2026

À la suite de la réélection de Lula da Silva, la possibilité que le Brésil devienne un matelas économique pour le régime castriste est évoquée. Cependant, les chiffres commerciaux disponibles ne justifient pas cette attente. La véritable question est de savoir ce que Lula serait disposé à faire durant son prochain mandat.

En 2025, le Brésil a exporté vers Cuba des marchandises pour 283,4 millions de dollars, tandis que les exportations cubaines vers le Brésil ont à peine atteint trois millions. Le Brésil a ainsi enregistré un excédent commercial d'environ 280,4 millions de dollars.

Où est donc ce prétendu matelas économique ? Acheter des marchandises ne signifie pas recevoir une aide financière. Pour que le Brésil soutienne économiquement le régime, il devrait fournir des crédits, des subventions, des dons ou des investissements d'une ampleur considérable.

La comparaison avec les États-Unis est révélatrice. En 2025, les exportations américaines vers Cuba ont atteint environ 809,6 millions de dollars, soit presque trois fois celles du Brésil. Si la vente de marchandises constituait un soutien économique au régime, il faudrait attribuer aux États-Unis un rôle encore plus important.

Mais il existe un problème plus profond : l'ampleur de ces importations face aux besoins de neuf millions de Cubains.

Les exportations cumulées des deux pays ont représenté environ 1,093 milliard de dollars par an. Réparties entre neuf millions d'habitants, elles équivalent à peine à « 10 dollars par personne et par mois ». Et ces chiffres comprennent des marchandises qui ne sont même pas des produits alimentaires.

Comment un tel volume commercial pourrait-il résoudre la crise alimentaire cubaine ?

De plus, lorsque les aliments importés sont vendus à des prix incompatibles avec les salaires et les pensions de la majorité, ils profitent principalement à ceux qui disposent de revenus plus élevés ou de devises étrangères.

Pour devenir un véritable matelas économique, le Brésil devrait fournir une aide comparable à celle que Cuba a reçue de l'Union soviétique, puis du Venezuela : du pétrole subventionné, des crédits préférentiels et des mécanismes de soutien représentant des milliards de dollars.

Rien ne démontre encore que Lula soit disposé à prendre, ou puisse assumer, des engagements commerciaux similaires durant son prochain mandat.

LULA POURRAIT-IL OBTENIR UN SOUTIEN ÉCONOMIQUE D'AUTRES PAYS ?

Une possibilité qui mérite attention serait une alliance avec le Mexique afin de fournir une assistance économique au régime castriste.

La présidente Claudia Sheinbaum entretient des relations de coopération avec La Havane, et le Mexique a envoyé des aliments et d'autres fournitures. Une initiative conjointe du Brésil et du Mexique pourrait élargir ces mécanismes grâce à des crédits, des approvisionnements énergétiques ou des programmes d'assistance.

Mais fournir une aide humanitaire est une chose ; engager des milliards de dollars pour soutenir une économie en crise en est une autre. Jusqu'à présent, rien ne prouve l'existence d'un tel engagement conjoint.

Le Brésil est la première économie d'Amérique latine, mais son influence politique n'est pas à la mesure de sa taille économique. Ses principaux marchés commerciaux se trouvent hors d'Amérique latine, tandis que de nombreux pays de la région entretiennent des relations économiques fondamentales avec les États-Unis.

Lula n'a pas non plus démontré qu'il disposait d'une influence suffisante pour amener les gouvernements européens à abandonner leurs propres positions sur Cuba.

Et il existe un autre obstacle : la politique américaine.

Une initiative brésilienne visant à apporter un soutien financier substantiel au régime pourrait provoquer des tensions avec Washington, notamment si elle impliquait des entités soumises à des sanctions. Lula devrait évaluer ces risques au regard des intérêts commerciaux et financiers brésiliens.

LE VÉRITABLE DÉFI DE LULA

Lula pourrait devenir un allié économique plus important du régime castriste durant son nouveau mandat. Il pourrait également tenter de mobiliser le Mexique et d'autres gouvernements pour accroître l'assistance.

Mais la véritable mesure de ce soutien ne résidera ni dans les déclarations de solidarité ni dans les ventes commerciales, mais dans les ressources extraordinaires que le Brésil et ses éventuels alliés seront disposés à engager, ainsi que dans les coûts politiques et économiques qu'ils accepteront d'assumer.

Sans engagements d'une telle ampleur, parler d'un matelas économique pour le castrisme restera une hypothèse contestable.

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LULA PUÒ DIVENTARE UN CUSCINETTO ECONOMICO PER IL REGIME CASTRISTA?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
28 ottobre 2026

Dopo la rielezione di Lula da Silva, si prospetta la possibilità che il Brasile diventi un cuscinetto economico per il regime castrista. Tuttavia, i dati commerciali disponibili non giustificano tale aspettativa. La vera domanda è che cosa Lula sarebbe disposto a fare durante il suo prossimo mandato.

Nel 2025, il Brasile ha esportato a Cuba merci per 283,4 milioni di dollari, mentre le esportazioni cubane verso il Brasile hanno raggiunto appena tre milioni. Il Brasile ha così registrato un avanzo commerciale di circa 280,4 milioni di dollari.

Dov'è il presunto cuscinetto economico? Acquistare merci non significa ricevere aiuti finanziari. Per sostenere economicamente il regime, il Brasile dovrebbe fornire crediti, sussidi, donazioni o investimenti di notevole entità.

Il confronto con gli Stati Uniti è rivelatore. Nel 2025, le esportazioni statunitensi verso Cuba hanno raggiunto circa 809,6 milioni di dollari, quasi il triplo di quelle brasiliane. Se vendere merci costituisse un sostegno economico al regime, bisognerebbe attribuire agli Stati Uniti un ruolo ancora maggiore.

Ma esiste un problema più profondo: l'entità di queste importazioni rispetto alle necessità di nove milioni di cubani.

Le esportazioni complessive dei due paesi hanno raggiunto circa 1,093 miliardi di dollari all'anno. Ripartite tra nove milioni di abitanti, rappresentano appena «10 dollari al mese per persona». E queste cifre comprendono merci che non sono nemmeno prodotti alimentari.

Come potrebbe un simile volume commerciale risolvere la crisi alimentare cubana?

Inoltre, quando gli alimenti importati vengono venduti a prezzi incompatibili con i salari e le pensioni della maggioranza, ne beneficiano soprattutto coloro che dispongono di redditi più elevati o di valuta estera.

Per diventare un vero cuscinetto economico, il Brasile dovrebbe fornire un'assistenza paragonabile a quella che Cuba ricevette dall'Unione Sovietica e successivamente dal Venezuela: petrolio sovvenzionato, crediti agevolati e meccanismi di sostegno per miliardi di dollari.

Nulla dimostra ancora che Lula sia disposto o in grado di assumere impegni commerciali simili durante il suo prossimo mandato.

LULA POTREBBE OTTENERE SOSTEGNO ECONOMICO DA ALTRI PAESI?

Una possibilità che merita attenzione sarebbe un'alleanza con il Messico per fornire assistenza economica al regime castrista.

La presidente Claudia Sheinbaum mantiene rapporti di cooperazione con L'Avana, e il Messico ha inviato alimenti e altre forniture. Un'iniziativa congiunta di Brasile e Messico potrebbe ampliare questi meccanismi attraverso crediti, forniture energetiche o programmi di assistenza.

Ma fornire aiuti umanitari è una cosa; impegnare miliardi di dollari per sostenere un'economia in crisi è tutt'altra. Finora non esistono prove di un simile impegno congiunto.

Il Brasile è la maggiore economia dell'America Latina, ma la sua influenza politica non corrisponde alle sue dimensioni economiche. I suoi principali mercati commerciali si trovano fuori dall'America Latina, mentre numerosi paesi della regione mantengono rapporti economici fondamentali con gli Stati Uniti.

Lula non ha nemmeno dimostrato di possedere un'influenza sufficiente per convincere i governi europei ad abbandonare le proprie posizioni su Cuba.

Ed esiste un altro ostacolo: la politica statunitense.

Un'iniziativa brasiliana volta a fornire un sostegno finanziario sostanziale al regime potrebbe provocare tensioni con Washington, soprattutto se coinvolgesse entità soggette a sanzioni. Lula dovrebbe valutare questi rischi rispetto agli interessi commerciali e finanziari brasiliani.

LA VERA SFIDA DI LULA

Lula potrebbe diventare un alleato economico più importante del regime castrista durante il suo nuovo mandato. Potrebbe anche tentare di mobilitare il Messico e altri governi per ampliare l'assistenza.

Ma la vera misura di questo sostegno non sarà nelle dichiarazioni di solidarietà né nelle vendite commerciali, bensì nelle risorse straordinarie che il Brasile e i suoi possibili alleati saranno disposti a impegnare e nei costi politici ed economici che accetteranno di sostenere.

Senza impegni di tale portata, parlare di un cuscinetto economico per il castrismo rimarrà un'ipotesi discutibile.

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