IRÁN ESTÁ PERDIENDO, ¿POR QUÉ PARECE QUE GANA?

 

IRÁN ESTÁ PERDIENDO, ¿POR QUÉ PARECE QUE GANA?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Las críticas a la ofensiva emprendida por Estados Unidos e Israel contra Irán dejan con frecuencia la impresión de que Washington ha fracasado, que el régimen iraní resistió el golpe y que puede continuar haciéndolo indefinidamente. Nada más lejos de la realidad. Cuando se examinan los resultados de estos meses de guerra aparece una situación diferente. La dictadura en Irán permanece en el poder, pero está hoy considerablemente más débil que cuando comenzó la guerra. Estados Unidos no.

La gravedad de la situación ha sido reconocida dentro del propio gobierno. El 21 de agosto, durante una visita a Irak, Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, declaró: “No importa cuánto poder militar tengamos; si el pueblo pasa hambre y no tenemos actividad financiera, crecimiento económico y producción nacional, no podemos sobrevivir”.

Ghalibaf sabe de qué está hablando. Fue general de brigada de la Guardia Revolucionaria, combatió en la guerra Irán-Irak, comandó una división y posteriormente dirigió la Fuerza Aérea de la Guardia Revolucionaria y Khatam al-Anbiya, su poderoso conglomerado económico y de ingeniería. También fue jefe de la Policía Nacional y alcalde de Teherán, posee un doctorado en geografía política y desde 2020 preside el Parlamento.

Los hechos explican su preocupación. Según el Comando Central de Estados Unidos, más del 85% de la base industrial iraní vinculada a misiles balísticos, drones y defensa naval ha sido destruida o dañada; el 82% de sus sistemas de defensa antiaérea ha quedado fuera de combate y 161 embarcaciones militares han sido destruidas. La Fuerza Aérea iraní, que antes realizaba entre 30 y 100 salidas diarias, actualmente no realiza ninguna.

Esa degradación puede observarse en sus ataques recientes. El 1 de septiembre Irán lanzó 13 misiles balísticos contra Jordania, dirigidos, según Teherán, contra instalaciones estadounidenses. Diez fueron interceptados y los otros tres cayeron en zonas remotas. No hubo víctimas ni daños significativos en Camp Titin. La Guardia Revolucionaria, sin embargo, proclamó haber destruido aeronaves y causado bajas estadounidenses.

El golpe económico puede ser tan importante como el militar. Antes de la guerra, las exportaciones de petróleo proporcionaban a Irán alrededor de 3.800 millones de dólares mensuales. Hoy las exportaciones de crudo y condensado han caído a 220.000-255.000 barriles diarios, con un valor bruto del orden de 500 millones de dólares mensuales. La cantidad que finalmente recibe Irán es todavía menor por los descuentos y costos necesarios para evadir las sanciones.

También ha perdido eficacia otra de sus principales armas: la interrupción del tráfico petrolero por el estrecho de Ormuz. Antes de la guerra transitaban por allí unos 20 millones de barriles diarios. Los productores del Golfo se han adaptado con rapidez y, mediante oleoductos que evitan el estrecho y cargamentos que continúan atravesándolo, alrededor de 12 millones de barriles diarios ya están llegando a los mercados internacionales. A ello se suma el aumento de la producción de otros países.

Otro resultado de la debilidad militar y económica de Irán es que cualquier intento de reconstruir su programa nuclear estará bajo la vigilancia permanente de Estados Unidos e Israel, que han demostrado tener la capacidad y la determinación de impedir que se convierta en una potencia nuclear.

La consecuencia es sencilla: le han destruido una parte considerable de su poder militar y lo siguen haciendo, mientras le reducen el dinero que necesita para recuperarlo.

¿Por qué entonces parece que Irán gana?

El costo de vida ya preocupaba a los estadounidenses antes de la guerra. Después subieron la gasolina y el diésel. Para millones de personas, llenar el tanque se convirtió en un recordatorio permanente del conflicto.

Al mismo tiempo, escuchan hablar de interceptores que cuestan millones de dólares utilizados contra armas mucho más baratas, disminución de las reservas de determinadas municiones y advertencias de altos mandos sobre el peligro de debilitar la capacidad estadounidense frente a otras amenazas, especialmente en Europa y Asia. A ello se suman renuncias, destituciones y conflictos dentro del Pentágono. Todo junto transmite la impresión de que el sistema de defensa estadounidense está en crisis.

A ello se agrega una intensa confrontación política. Muchos adversarios de Trump tienen interés en alimentar la percepción del fracaso y destacar los costos de la guerra.

Trump también tiene responsabilidad. Está pagando políticamente por la victoria fulminante que anunció y que no se logró como se esperaba. En mi opinión, plantearlo de esa manera fue un error estratégico, pero ese es tema para otro análisis.

Un porcentaje importante de los estadounidenses cree que Estados Unidos ha perdido la guerra y que no podrá ganarla. De ahí surge la paradoja:

Irán parece que gana, pero va camino a una crisis cada vez más profunda. Estados Unidos no.

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IRAN IS LOSING. WHY DOES IT LOOK LIKE IT IS WINNING?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Criticism of the offensive launched by the United States and Israel against Iran often leaves the impression that Washington has failed, that the Iranian regime survived the blow and can continue doing so indefinitely. Nothing could be further from the truth. When the results of these months of war are examined, a different picture emerges. The dictatorship in Iran remains in power, but today it is considerably weaker than when the war began. The United States is not.

The seriousness of the situation has been acknowledged within the government itself. On August 21, during a visit to Iraq, Mohammad Bagher Ghalibaf, speaker of the Iranian Parliament, declared: “No matter how much military power we have, if the people are hungry and we have no financial activity, economic growth or domestic production, we cannot survive.”

Ghalibaf knows what he is talking about. He was a brigadier general in the Revolutionary Guard, fought in the Iran-Iraq War, commanded a division and later headed the Revolutionary Guard Air Force and Khatam al-Anbiya, its powerful economic and engineering conglomerate. He also served as chief of the National Police and mayor of Tehran, holds a doctorate in political geography and has presided over Parliament since 2020.

The facts explain his concern. According to the United States Central Command, more than 85% of Iran's industrial base associated with ballistic missiles, drones and naval defense has been destroyed or damaged; 82% of its air-defense systems have been put out of action and 161 military vessels have been destroyed. The Iranian Air Force, which once flew between 30 and 100 sorties a day, is currently flying none.

That degradation can be seen in its recent attacks. On September 1, Iran launched 13 ballistic missiles against Jordan, aimed, according to Tehran, at U.S. installations. Ten were intercepted and the other three fell in remote areas. There were no casualties or significant damage at Camp Titin. The Revolutionary Guard, however, proclaimed that it had destroyed aircraft and inflicted American casualties.

The economic blow may be as important as the military one. Before the war, oil exports provided Iran with approximately $3.8 billion a month. Today, exports of crude oil and condensate have fallen to 220,000-255,000 barrels per day, with a gross value of roughly $500 million a month. The amount Iran ultimately receives is even lower because of the discounts and costs required to evade sanctions.

Another of its principal weapons has also lost effectiveness: disrupting oil traffic through the Strait of Hormuz. Before the war, about 20 million barrels per day passed through the strait. Gulf producers have adapted quickly and, through pipelines that bypass the strait and shipments that continue to cross it, approximately 12 million barrels per day are already reaching international markets. This is compounded by increased production from other countries.

Another consequence of Iran's military and economic weakness is that any attempt to rebuild its nuclear program will remain under constant scrutiny by the United States and Israel, which have demonstrated both the capability and the determination to prevent Iran from becoming a nuclear power.

The consequence is simple: a considerable part of Iran's military power has been destroyed and continues to be destroyed, while the money it needs to rebuild that power is being reduced.

Why, then, does Iran appear to be winning?

The cost of living was already a concern for Americans before the war. Then gasoline and diesel prices rose. For millions of people, filling the tank became a constant reminder of the conflict.

At the same time, they hear about interceptors costing millions of dollars being used against far cheaper weapons, declining stocks of certain munitions and warnings from senior military commanders about the danger of weakening U.S. capabilities in the face of other threats, particularly in Europe and Asia. Added to this are resignations, dismissals and conflicts within the Pentagon. Taken together, all of this creates the impression that the American defense system is in crisis.

There is also an intense political confrontation. Many of Trump's opponents have an interest in reinforcing the perception of failure and emphasizing the costs of the war.

Trump also bears responsibility. He is paying a political price for the swift victory he announced and that was not achieved as expected. In my opinion, framing the war that way was a strategic mistake, but that is a subject for another analysis.

A significant percentage of Americans believe that the United States has lost the war and will not be able to win it. That is where the paradox arises:

Iran appears to be winning, but it is heading toward an increasingly profound crisis. The United States is not.

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L’IRAN EST EN TRAIN DE PERDRE. POURQUOI SEMBLE-T-IL GAGNER ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Les critiques formulées contre l’offensive menée par les États-Unis et Israël contre l’Iran donnent souvent l’impression que Washington a échoué, que le régime iranien a résisté au choc et qu’il peut continuer à le faire indéfiniment. Rien n’est plus éloigné de la réalité. Lorsque l’on examine les résultats de ces mois de guerre, une situation différente apparaît. La dictature iranienne reste au pouvoir, mais elle est aujourd’hui considérablement plus faible qu’au début de la guerre. Les États-Unis, eux, ne le sont pas.

La gravité de la situation a été reconnue au sein même du gouvernement. Le 21 août, lors d’une visite en Irak, Mohammad Bagher Ghalibaf, président du Parlement iranien, a déclaré : « Peu importe la puissance militaire dont nous disposons ; si le peuple a faim et si nous n’avons ni activité financière, ni croissance économique, ni production nationale, nous ne pouvons pas survivre. »

Ghalibaf sait de quoi il parle. Il a été général de brigade des Gardiens de la révolution, a combattu pendant la guerre Iran-Irak, commandé une division, puis dirigé la force aérienne des Gardiens de la révolution ainsi que Khatam al-Anbiya, leur puissant conglomérat économique et d’ingénierie. Il a également été chef de la Police nationale et maire de Téhéran, possède un doctorat en géographie politique et préside le Parlement depuis 2020.

Les faits expliquent son inquiétude. Selon le Commandement central des États-Unis, plus de 85 % de la base industrielle iranienne liée aux missiles balistiques, aux drones et à la défense navale a été détruite ou endommagée ; 82 % de ses systèmes de défense antiaérienne ont été mis hors de combat et 161 bâtiments militaires ont été détruits. L’armée de l’air iranienne, qui effectuait auparavant entre 30 et 100 sorties quotidiennes, n’en effectue actuellement aucune.

Cette dégradation peut être observée dans ses attaques récentes. Le 1er septembre, l’Iran a lancé 13 missiles balistiques contre la Jordanie, visant, selon Téhéran, des installations américaines. Dix ont été interceptés et les trois autres sont tombés dans des zones isolées. Il n’y a eu ni victime ni dégâts importants à Camp Titin. Les Gardiens de la révolution ont pourtant proclamé avoir détruit des aéronefs et infligé des pertes aux forces américaines.

Le coup économique peut être aussi important que le coup militaire. Avant la guerre, les exportations de pétrole rapportaient à l’Iran environ 3,8 milliards de dollars par mois. Aujourd’hui, les exportations de pétrole brut et de condensats sont tombées à 220 000-255 000 barils par jour, pour une valeur brute d’environ 500 millions de dollars par mois. La somme que l’Iran reçoit finalement est encore inférieure en raison des rabais et des coûts nécessaires pour contourner les sanctions.

Une autre de ses principales armes a également perdu de son efficacité : l’interruption du trafic pétrolier par le détroit d’Ormuz. Avant la guerre, environ 20 millions de barils par jour y transitaient. Les producteurs du Golfe se sont rapidement adaptés et, grâce aux oléoducs qui contournent le détroit et aux cargaisons qui continuent de le franchir, environ 12 millions de barils par jour arrivent déjà sur les marchés internationaux. À cela s’ajoute l’augmentation de la production d’autres pays.

Une autre conséquence de la faiblesse militaire et économique de l’Iran est que toute tentative de reconstruire son programme nucléaire restera sous la surveillance permanente des États-Unis et d’Israël, qui ont démontré qu’ils possédaient la capacité et la détermination nécessaires pour empêcher l’Iran de devenir une puissance nucléaire.

La conséquence est simple : une partie considérable de sa puissance militaire a été détruite et continue de l’être, tandis que les ressources financières dont il a besoin pour la reconstruire diminuent.

Pourquoi, alors, l’Iran semble-t-il gagner ?

Le coût de la vie préoccupait déjà les Américains avant la guerre. Ensuite, les prix de l’essence et du diesel ont augmenté. Pour des millions de personnes, faire le plein est devenu un rappel permanent du conflit.

Dans le même temps, ils entendent parler d’intercepteurs coûtant des millions de dollars utilisés contre des armes beaucoup moins coûteuses, de la diminution des réserves de certaines munitions et des avertissements de hauts responsables militaires concernant le risque d’affaiblir les capacités américaines face à d’autres menaces, notamment en Europe et en Asie. À cela s’ajoutent des démissions, des destitutions et des conflits au sein du Pentagone. L’ensemble donne l’impression que le système de défense américain traverse une crise.

À cela s’ajoute une intense confrontation politique. De nombreux adversaires de Trump ont intérêt à alimenter la perception d’un échec et à mettre en évidence les coûts de la guerre.

Trump porte également une part de responsabilité. Il paie politiquement la victoire fulgurante qu’il avait annoncée et qui ne s’est pas produite comme prévu. À mon avis, présenter la guerre de cette manière a été une erreur stratégique, mais ce sera le sujet d’une autre analyse.

Une proportion importante des Américains estime que les États-Unis ont perdu la guerre et qu’ils ne pourront pas la gagner. C’est de là que naît le paradoxe :

L’Iran semble gagner, mais il se dirige vers une crise de plus en plus profonde. Les États-Unis, non.

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L’IRAN STA PERDENDO. PERCHÉ SEMBRA CHE STIA VINCENDO?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Le critiche all’offensiva intrapresa dagli Stati Uniti e da Israele contro l’Iran lasciano spesso l’impressione che Washington abbia fallito, che il regime iraniano abbia resistito al colpo e che possa continuare a farlo indefinitamente. Nulla potrebbe essere più lontano dalla realtà. Quando si esaminano i risultati di questi mesi di guerra emerge una situazione diversa. La dittatura in Iran rimane al potere, ma oggi è considerevolmente più debole di quanto fosse all’inizio della guerra. Gli Stati Uniti no.

La gravità della situazione è stata riconosciuta all’interno dello stesso governo. Il 21 agosto, durante una visita in Iraq, Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraniano, ha dichiarato: «Non importa quanto potere militare abbiamo; se il popolo soffre la fame e non abbiamo attività finanziaria, crescita economica e produzione nazionale, non possiamo sopravvivere».

Ghalibaf sa di cosa parla. È stato generale di brigata delle Guardie Rivoluzionarie, ha combattuto nella guerra Iran-Iraq, ha comandato una divisione e successivamente ha diretto l’Aeronautica delle Guardie Rivoluzionarie e Khatam al-Anbiya, il loro potente conglomerato economico e ingegneristico. È stato inoltre capo della Polizia Nazionale e sindaco di Teheran, possiede un dottorato in geografia politica e dal 2020 presiede il Parlamento.

I fatti spiegano la sua preoccupazione. Secondo il Comando Centrale degli Stati Uniti, oltre l’85% della base industriale iraniana collegata ai missili balistici, ai droni e alla difesa navale è stato distrutto o danneggiato; l’82% dei suoi sistemi di difesa antiaerea è stato messo fuori combattimento e 161 imbarcazioni militari sono state distrutte. L’Aeronautica iraniana, che in precedenza effettuava tra 30 e 100 sortite al giorno, attualmente non ne effettua nessuna.

Questo deterioramento può essere osservato nei suoi attacchi recenti. Il 1° settembre l’Iran ha lanciato 13 missili balistici contro la Giordania, diretti, secondo Teheran, contro installazioni statunitensi. Dieci sono stati intercettati e gli altri tre sono caduti in zone remote. Non ci sono state vittime né danni significativi a Camp Titin. Le Guardie Rivoluzionarie, tuttavia, hanno proclamato di aver distrutto velivoli e provocato vittime tra le forze statunitensi.

Il colpo economico può essere importante quanto quello militare. Prima della guerra, le esportazioni di petrolio fornivano all’Iran circa 3,8 miliardi di dollari al mese. Oggi le esportazioni di greggio e condensato sono scese a 220.000-255.000 barili al giorno, con un valore lordo nell’ordine di 500 milioni di dollari al mese. La somma che l’Iran riceve effettivamente è ancora inferiore a causa degli sconti e dei costi necessari per eludere le sanzioni.

Anche un’altra delle sue principali armi ha perso efficacia: l’interruzione del traffico petrolifero attraverso lo stretto di Hormuz. Prima della guerra vi transitavano circa 20 milioni di barili al giorno. I produttori del Golfo si sono adattati rapidamente e, attraverso oleodotti che aggirano lo stretto e carichi che continuano ad attraversarlo, circa 12 milioni di barili al giorno stanno già raggiungendo i mercati internazionali. A questo si aggiunge l’aumento della produzione di altri paesi.

Un’altra conseguenza della debolezza militare ed economica dell’Iran è che qualsiasi tentativo di ricostruire il suo programma nucleare rimarrà sotto la sorveglianza permanente degli Stati Uniti e di Israele, che hanno dimostrato di possedere sia la capacità sia la determinazione necessarie per impedire che l’Iran diventi una potenza nucleare.

La conseguenza è semplice: una parte considerevole del suo potere militare è stata distrutta e continua a esserlo, mentre vengono ridotte le risorse finanziarie di cui ha bisogno per ricostruirlo.

Perché, allora, sembra che l’Iran stia vincendo?

Il costo della vita preoccupava già gli americani prima della guerra. Poi sono aumentati i prezzi della benzina e del diesel. Per milioni di persone, fare il pieno è diventato un costante promemoria del conflitto.

Allo stesso tempo, sentono parlare di intercettori che costano milioni di dollari utilizzati contro armi molto più economiche, della diminuzione delle scorte di determinate munizioni e degli avvertimenti degli alti comandi sul pericolo di indebolire le capacità statunitensi di fronte ad altre minacce, soprattutto in Europa e in Asia. A ciò si aggiungono dimissioni, destituzioni e conflitti all’interno del Pentagono. Tutto questo, nel suo insieme, trasmette l’impressione che il sistema di difesa statunitense sia in crisi.

A ciò si aggiunge un’intensa contrapposizione politica. Molti avversari di Trump hanno interesse ad alimentare la percezione del fallimento e a sottolineare i costi della guerra.

Anche Trump ha una responsabilità. Sta pagando politicamente per la vittoria fulminea che aveva annunciato e che non è stata ottenuta come previsto. A mio giudizio, presentare la guerra in quel modo è stato un errore strategico, ma questo è un argomento per un’altra analisi.

Una percentuale significativa degli americani ritiene che gli Stati Uniti abbiano perso la guerra e che non saranno in grado di vincerla. Da qui nasce il paradosso:

L’Iran sembra vincere, ma si sta dirigendo verso una crisi sempre più profonda. Gli Stati Uniti no.

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TRUMP VENDE EL FUTURO Y DELCY PAGA EL PRECIO

 

TRUMP VENDE EL FUTURO Y DELCY PAGA EL PRECIO

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

El acuerdo petrolero anunciado entre Estados Unidos y el interinato representado por Delcy Rodríguez debe analizarse como parte de una estrategia política de largo alcance. En política, como en el ajedrez, lo que se ve en una determinada jugada no necesariamente revela el objetivo final ni el plan que ha comenzado a desarrollarse.

Por lo que se ha publicado hasta ahora, la interpretación inmediata parece evidente. Donald Trump está aprovechando el poder que tiene sobre el régimen venezolano para imponer condiciones excepcionalmente favorables a Estados Unidos.

Pero lo que parece favorecer la permanencia de Delcy Rodríguez puede tener un propósito muy diferente. Para entenderlo hay que mirar más allá del acuerdo petrolero y preguntarse qué le conviene a Estados Unidos, qué le conviene a Venezuela y, sobre todo, qué le conviene políticamente a Donald Trump en los próximos meses.

La prioridad inmediata de Trump son las elecciones legislativas de noviembre, en las que los republicanos corren el riesgo de perder el control de la Cámara de Representantes y necesitan conservar también el Senado. El acuerdo le permite presentarse ante los electores anunciando una victoria de enormes proporciones: acceso privilegiado al desarrollo de reservas venezolanas estimadas en 65.000 millones de barriles y a una parte de la producción a costo, que Trump presenta como una forma de fortalecer las reservas petroleras de Estados Unidos y reducir el precio de la gasolina. Aumentar sustancialmente la producción venezolana tomará años. Trump está vendiendo el futuro, pero su efecto político puede producirse ahora y ayudar a los republicanos a conservar el control del Congreso.

Para Delcy Rodríguez, en cambio, el costo político del anuncio ha sido profundo. Su escasa popularidad ya había sufrido un nuevo golpe por la ineficiencia demostrada después del terremoto de junio. Ahora queda atrapada entre dos sectores: para muchos chavistas, educados durante décadas en la denuncia del “imperialismo norteamericano” y la defensa del petróleo como patrimonio nacional, aparece como una traidora a los principios que el chavismo proclamó durante décadas; para sus adversarios, una gobernante no elegida por el pueblo que compromete una parte extraordinaria de la riqueza nacional en condiciones excepcionalmente favorables a Washington aparece como una vendepatria.

Un costo político de esta magnitud difícilmente podía ser ignorado por Trump y Marco Rubio, quienes negociaron el acuerdo. Tampoco podía ignorarlo Delcy Rodríguez, que ante la magnitud de las críticas se ha visto obligada a defenderlo públicamente y asegurar que Venezuela conserva la propiedad y la soberanía sobre sus recursos.

Pero un acuerdo petrolero de esta magnitud, destinado a movilizar enormes inversiones y mantenerse durante décadas, necesita una seguridad política y jurídica que el interinato representado por Delcy Rodríguez no puede proporcionarle. Para que sus beneficios se materialicen y puedan convertirse también en un éxito que los republicanos presenten en las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos, tendría que ser renegociado con un gobierno surgido de elecciones democráticas en Venezuela, capaz de corregir las condiciones que resulten perjudiciales para el país y darle al acuerdo la legitimidad y estabilidad necesarias para sobrevivir a futuros cambios de gobierno en ambas naciones.

Marco Rubio siempre ha advertido que preparar elecciones democráticas en Venezuela requiere tiempo. Pero los acontecimientos parecen estar acelerando el proceso. El acuerdo petrolero agrega ahora una razón poderosa: cuanto antes exista un gobierno elegido democráticamente, antes podrá renegociar y legitimar un acuerdo que necesita seguridad política y jurídica para perdurar.

Lo que hoy puede parecer una expoliación de la riqueza venezolana podría transformarse entonces en un acuerdo beneficioso para Venezuela y Estados Unidos. La necesidad de darle seguridad política y jurídica contribuiría a acortar la vida del interinato y acelerar las elecciones, para que un gobierno democrático pueda renegociar aquellas condiciones que resulten perjudiciales para Venezuela.

Delcy Rodríguez no tendría necesariamente que quedar excluida del proceso. En el mejor de los casos para ella, podría presentarse como candidata, pero tendría que someterse al voto popular representando a un chavismo debilitado y posiblemente dividido por el propio acuerdo que acaba de firmar.

La paradoja es que el mismo acuerdo que hoy parece fortalecer a Delcy Rodríguez puede haber comenzado a acortar la vida del interinato. Trump obtiene ahora un posible beneficio político; Venezuela puede obtener después un acuerdo renegociado por un gobierno democrático, beneficioso para ambos países y con la seguridad necesaria para perdurar. Entre una cosa y la otra están las elecciones venezolanas, que ahora hay más razones para celebrar cuanto antes. En política, como en el ajedrez, una jugada puede parecer una cosa cuando se hace y revelar un propósito muy diferente cuando comienza a verse hacia dónde conduce.

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TRUMP SELLS THE FUTURE AND DELCY PAYS THE PRICE

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

The oil agreement announced between the United States and the interim government represented by Delcy Rodríguez should be analyzed as part of a far-reaching political strategy. In politics, as in chess, what we see in a particular move does not necessarily reveal the ultimate objective or the plan that has begun to unfold.

Based on what has been published so far, the immediate interpretation seems obvious. Donald Trump is using the leverage he holds over the Venezuelan regime to impose exceptionally favorable terms for the United States.

But what appears to favor Delcy Rodríguez's continued hold on power may serve a very different purpose. To understand it, we have to look beyond the oil agreement and ask what benefits the United States, what benefits Venezuela and, above all, what benefits Donald Trump politically in the coming months.

Trump's immediate priority is the November congressional elections, in which Republicans risk losing control of the House of Representatives and also need to retain the Senate. The agreement allows him to go before voters announcing a victory of enormous proportions: privileged access to the development of Venezuelan reserves estimated at 65 billion barrels and to a share of production at cost, which Trump presents as a way to strengthen U.S. oil reserves and reduce gasoline prices. A substantial increase in Venezuelan production will take years. Trump is selling the future, but the political effect of that future can be felt now and help Republicans retain control of Congress.

For Delcy Rodríguez, by contrast, the political cost of the announcement has been profound. Her already limited popularity had suffered another blow from the inefficiency demonstrated after the June earthquake. She is now trapped between two camps: to many Chavistas, educated for decades in denunciations of “American imperialism” and in the defense of oil as national patrimony, she appears to be a traitor to the principles Chavismo proclaimed for decades; to her opponents, an unelected ruler who commits an extraordinary portion of the nation's wealth on terms exceptionally favorable to Washington appears to be selling out her country.

A political cost of this magnitude could hardly have escaped Trump and Marco Rubio, who negotiated the agreement. Nor could Delcy Rodríguez have been unaware of it. Faced with the scale of the criticism, she has been forced to defend the agreement publicly and insist that Venezuela retains ownership and sovereignty over its resources.

But an oil agreement of this magnitude, intended to mobilize enormous investments and remain in force for decades, requires political and legal security that the interim government represented by Delcy Rodríguez cannot provide. For its benefits to materialize and also become a success Republicans can present to voters in the next U.S. presidential election, it would have to be renegotiated with a government emerging from democratic elections in Venezuela, capable of correcting terms that are harmful to the country and giving the agreement the legitimacy and stability needed to survive future changes of government in both nations.

Marco Rubio has consistently warned that preparing democratic elections in Venezuela requires time. But events appear to be accelerating the process. The oil agreement now adds a powerful reason: the sooner a democratically elected government exists, the sooner it can renegotiate and legitimize an agreement that requires political and legal certainty to endure.

What today may look like the plunder of Venezuelan wealth could then be transformed into an agreement beneficial to both Venezuela and the United States. The need to provide political and legal security would contribute to shortening the life of the interim government and accelerating elections, allowing a democratic government to renegotiate those terms that are harmful to Venezuela.

Delcy Rodríguez would not necessarily have to be excluded from the process. In the best possible scenario for her, she could run as a candidate, but she would have to submit herself to the popular vote while representing a weakened Chavista movement, possibly divided by the very agreement she has just signed.

The paradox is that the same agreement that today appears to strengthen Delcy Rodríguez may already have begun to shorten the life of the interim government. Trump gains a possible political benefit now; Venezuela can later obtain an agreement renegotiated by a democratic government, beneficial to both countries and supported by the security needed to endure. Between one and the other lie Venezuelan elections, which there are now even more reasons to hold as soon as possible. In politics, as in chess, a move can appear to be one thing when it is made and reveal a very different purpose when we begin to see where it leads.

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TRUMP VEND L’AVENIR ET DELCY EN PAIE LE PRIX

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

L’accord pétrolier annoncé entre les États-Unis et l’intérim représenté par Delcy Rodríguez doit être analysé comme faisant partie d’une stratégie politique de longue portée. En politique, comme aux échecs, ce que l’on voit dans un coup donné ne révèle pas nécessairement l’objectif final ni le plan qui a commencé à se déployer.

D’après ce qui a été publié jusqu’à présent, l’interprétation immédiate semble évidente. Donald Trump profite du pouvoir dont il dispose sur le régime vénézuélien pour imposer des conditions exceptionnellement favorables aux États-Unis.

Mais ce qui semble favoriser le maintien de Delcy Rodríguez au pouvoir peut poursuivre un objectif très différent. Pour le comprendre, il faut regarder au-delà de l’accord pétrolier et se demander ce qui convient aux États-Unis, ce qui convient au Venezuela et, surtout, ce qui convient politiquement à Donald Trump dans les prochains mois.

La priorité immédiate de Trump est constituée par les élections législatives de novembre, au cours desquelles les républicains risquent de perdre le contrôle de la Chambre des représentants et doivent également conserver le Sénat. L’accord lui permet de se présenter devant les électeurs en annonçant une victoire d’une ampleur considérable : un accès privilégié au développement de réserves vénézuéliennes estimées à 65 milliards de barils ainsi qu’à une partie de la production au prix de revient, que Trump présente comme un moyen de renforcer les réserves pétrolières des États-Unis et de réduire le prix de l’essence. Une augmentation substantielle de la production vénézuélienne prendra des années. Trump vend l’avenir, mais l’effet politique de cet avenir peut se produire dès maintenant et aider les républicains à conserver le contrôle du Congrès.

Pour Delcy Rodríguez, en revanche, le coût politique de l’annonce a été profond. Sa faible popularité avait déjà subi un nouveau coup en raison de l’inefficacité démontrée après le tremblement de terre de juin. Elle se retrouve désormais prise entre deux camps : pour de nombreux chavistes, formés pendant des décennies à dénoncer « l’impérialisme nord-américain » et à défendre le pétrole comme patrimoine national, elle apparaît comme une traîtresse aux principes proclamés par le chavisme pendant des décennies ; pour ses adversaires, une dirigeante non élue par le peuple qui engage une part extraordinaire de la richesse nationale dans des conditions exceptionnellement favorables à Washington apparaît comme quelqu’un qui brade la patrie.

Un coût politique d’une telle ampleur pouvait difficilement échapper à Trump et à Marco Rubio, qui ont négocié l’accord. Delcy Rodríguez ne pouvait pas davantage l’ignorer : face à l’ampleur des critiques, elle s’est vue contrainte de défendre publiquement l’accord et d’assurer que le Venezuela conserve la propriété et la souveraineté sur ses ressources.

Mais un accord pétrolier de cette ampleur, destiné à mobiliser d’énormes investissements et à durer plusieurs décennies, a besoin d’une sécurité politique et juridique que l’intérim représenté par Delcy Rodríguez ne peut lui apporter. Pour que ses avantages se matérialisent et puissent également devenir un succès que les républicains présenteront aux électeurs lors de la prochaine élection présidentielle américaine, il devrait être renégocié avec un gouvernement issu d’élections démocratiques au Venezuela, capable de corriger les conditions préjudiciables au pays et de donner à l’accord la légitimité et la stabilité nécessaires pour survivre aux futurs changements de gouvernement dans les deux nations.

Marco Rubio a toujours averti que la préparation d’élections démocratiques au Venezuela exige du temps. Mais les événements semblent accélérer le processus. L’accord pétrolier ajoute maintenant une raison puissante : plus tôt un gouvernement démocratiquement élu existera, plus tôt il pourra renégocier et légitimer un accord qui a besoin de sécurité politique et juridique pour durer.

Ce qui peut aujourd’hui apparaître comme une spoliation de la richesse vénézuélienne pourrait alors se transformer en un accord avantageux pour le Venezuela comme pour les États-Unis. La nécessité de lui donner une sécurité politique et juridique contribuerait à raccourcir la durée de l’intérim et à accélérer les élections, afin qu’un gouvernement démocratique puisse renégocier les conditions qui seraient préjudiciables au Venezuela.

Delcy Rodríguez ne devrait pas nécessairement être exclue du processus. Dans le meilleur des cas pour elle, elle pourrait se présenter comme candidate, mais elle devrait se soumettre au vote populaire en représentant un chavisme affaibli et peut-être divisé par l’accord même qu’elle vient de signer.

Le paradoxe est que l’accord même qui semble aujourd’hui renforcer Delcy Rodríguez a peut-être déjà commencé à raccourcir la durée de l’intérim. Trump obtient maintenant un possible bénéfice politique ; le Venezuela peut ensuite obtenir un accord renégocié par un gouvernement démocratique, avantageux pour les deux pays et doté de la sécurité nécessaire pour durer. Entre les deux se trouvent les élections vénézuéliennes, qu’il existe désormais encore davantage de raisons d’organiser au plus vite. En politique, comme aux échecs, un coup peut sembler être une chose au moment où il est joué et révéler un objectif très différent lorsque l’on commence à voir où il conduit.

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TRUMP VENDE IL FUTURO E DELCY NE PAGA IL PREZZO

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

L’accordo petrolifero annunciato tra gli Stati Uniti e l’interim rappresentato da Delcy Rodríguez deve essere analizzato come parte di una strategia politica di ampio respiro. In politica, come negli scacchi, ciò che si vede in una determinata mossa non rivela necessariamente l’obiettivo finale né il piano che ha cominciato a svilupparsi.

Da quanto è stato pubblicato finora, l’interpretazione immediata sembra evidente. Donald Trump sta sfruttando il potere che esercita sul regime venezuelano per imporre condizioni eccezionalmente favorevoli agli Stati Uniti.

Ma ciò che sembra favorire la permanenza al potere di Delcy Rodríguez potrebbe avere uno scopo molto diverso. Per comprenderlo bisogna guardare oltre l’accordo petrolifero e chiedersi che cosa convenga agli Stati Uniti, che cosa convenga al Venezuela e, soprattutto, che cosa convenga politicamente a Donald Trump nei prossimi mesi.

La priorità immediata di Trump sono le elezioni legislative di novembre, nelle quali i repubblicani rischiano di perdere il controllo della Camera dei Rappresentanti e devono anche mantenere il Senato. L’accordo gli permette di presentarsi agli elettori annunciando una vittoria di enormi proporzioni: accesso privilegiato allo sviluppo di riserve venezuelane stimate in 65 miliardi di barili e a una parte della produzione al costo, che Trump presenta come un modo per rafforzare le riserve petrolifere degli Stati Uniti e ridurre il prezzo della benzina. Aumentare sostanzialmente la produzione venezuelana richiederà anni. Trump sta vendendo il futuro, ma l’effetto politico di quel futuro può prodursi adesso e aiutare i repubblicani a mantenere il controllo del Congresso.

Per Delcy Rodríguez, invece, il costo politico dell’annuncio è stato profondo. La sua già scarsa popolarità aveva subito un nuovo colpo a causa dell’inefficienza dimostrata dopo il terremoto di giugno. Ora si trova intrappolata tra due settori: per molti chavisti, educati per decenni nella denuncia dell’“imperialismo nordamericano” e nella difesa del petrolio come patrimonio nazionale, appare come una traditrice dei principi proclamati dal chavismo per decenni; per i suoi avversari, una governante non eletta dal popolo che impegna una parte straordinaria della ricchezza nazionale a condizioni eccezionalmente favorevoli a Washington appare come una traditrice della patria.

Un costo politico di questa portata difficilmente poteva essere ignorato da Trump e Marco Rubio, che hanno negoziato l’accordo. Né poteva ignorarlo Delcy Rodríguez, che di fronte all’ampiezza delle critiche si è vista costretta a difenderlo pubblicamente e ad assicurare che il Venezuela conserva la proprietà e la sovranità sulle proprie risorse.

Ma un accordo petrolifero di questa portata, destinato a mobilitare enormi investimenti e a durare per decenni, ha bisogno di una sicurezza politica e giuridica che l’interim rappresentato da Delcy Rodríguez non può garantirgli. Affinché i suoi benefici si concretizzino e possano diventare anche un successo che i repubblicani presenteranno agli elettori nelle prossime elezioni presidenziali degli Stati Uniti, dovrebbe essere rinegoziato con un governo nato da elezioni democratiche in Venezuela, capace di correggere le condizioni dannose per il paese e di dare all’accordo la legittimità e la stabilità necessarie per sopravvivere ai futuri cambi di governo in entrambe le nazioni.

Marco Rubio ha sempre avvertito che preparare elezioni democratiche in Venezuela richiede tempo. Ma gli avvenimenti sembrano accelerare il processo. L’accordo petrolifero aggiunge ora una ragione potente: prima esisterà un governo eletto democraticamente, prima potrà rinegoziare e legittimare un accordo che necessita di sicurezza politica e giuridica per durare.

Quello che oggi può apparire come una spoliazione della ricchezza venezuelana potrebbe allora trasformarsi in un accordo vantaggioso sia per il Venezuela sia per gli Stati Uniti. La necessità di conferirgli sicurezza politica e giuridica contribuirebbe ad abbreviare la durata dell’interim e ad accelerare le elezioni, affinché un governo democratico possa rinegoziare le condizioni che risultino dannose per il Venezuela.

Delcy Rodríguez non dovrebbe necessariamente essere esclusa dal processo. Nel migliore dei casi per lei, potrebbe presentarsi come candidata, ma dovrebbe sottoporsi al voto popolare rappresentando un chavismo indebolito e forse diviso proprio dall’accordo che ha appena firmato.

Il paradosso è che lo stesso accordo che oggi sembra rafforzare Delcy Rodríguez potrebbe aver già cominciato ad abbreviare la durata dell’interim. Trump ottiene ora un possibile beneficio politico; il Venezuela può ottenere in seguito un accordo rinegoziato da un governo democratico, vantaggioso per entrambi i paesi e dotato della sicurezza necessaria per durare. Tra l’una e l’altra cosa ci sono le elezioni venezuelane, che oggi ci sono ancora più ragioni per celebrare il prima possibile. In politica, come negli scacchi, una mossa può sembrare una cosa quando viene fatta e rivelare uno scopo molto diverso quando si comincia a vedere dove conduce.

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COREA DEL SUR AYUDA A LAS EMBARAZADAS CUBANAS: LOS NÚMEROS REVELAN UNA CRISIS MUCHO MAYOR

 


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COREA DEL SUR AYUDA A LAS EMBARAZADAS CUBANAS: LOS NÚMEROS REVELAN UNA CRISIS MUCHO MAYOR

Por Huber Matos Araluce

San José, Costa Rica

Corea del Sur, una democracia que hace pocas décadas era considerablemente más pobre que Cuba, está financiando a través de UNICEF ayuda para proteger la salud de mujeres embarazadas, recién nacidos y niños cubanos.

El programa tiene un valor de un millón de dólares y está dirigido a fortalecer la atención materno-infantil, con especial énfasis en La Habana y las provincias orientales.

Una de las entregas recientes consiste en 213.000 frascos de suplementos prenatales, destinados a unas 30.430 mujeres embarazadas y madres lactantes.

Pero esa última cifra puede conducir fácilmente a una interpretación equivocada.

En Cuba no hay solamente 30.430 embarazadas y madres lactantes. Esa es la cantidad de mujeres que esta entrega puede atender.

La diferencia es importante porque permite comprender tanto el valor de la ayuda surcoreana como la verdadera dimensión de las necesidades que enfrenta la población cubana.

Cuba registró oficialmente 68.064 nacimientos durante 2025, la cifra más baja de las últimas décadas.

A partir de ese dato puede hacerse una estimación demográfica sencilla. Si durante un año nacen aproximadamente 68.000 niños y un embarazo dura alrededor de 40 semanas, el número de embarazos simultáneamente en curso que finalmente terminarán en nacimientos vivos ronda los 52.000.

No se trata de un censo de embarazadas realizado un día determinado, sino de una estimación basada en los nacimientos anuales. Además, es una estimación conservadora porque considera solamente los embarazos que terminan en nacimientos vivos.

A esas aproximadamente 52.000 embarazadas habría que añadir las madres que se encuentran en los primeros meses posteriores al parto.

Si utilizamos solamente los primeros seis meses después del nacimiento, los 68.064 nacimientos anuales equivalen a aproximadamente 34.000 madres que, en un momento determinado, se encuentran dentro de ese período.

Eso coloca el universo potencial de embarazadas y madres durante los primeros seis meses posteriores al parto alrededor de 86.000 mujeres.

Esto no significa que las 34.000 madres estén todas lactando. Lo que demuestra el cálculo es que el universo de mujeres al que puede estar dirigido un programa de nutrición materna es muchísimo mayor que 30.430.

Ni siquiera es necesario aceptar esta estimación para comprender la diferencia.

El propio Ministerio de Salud Pública informó que 32.880 embarazadas enfrentaban riesgos y limitaciones adicionales como consecuencia de la crisis energética.

Detengámonos en esa cifra.

Son 32.880 embarazadas en situación de riesgo.

No incluye a las demás embarazadas que no estaban comprendidas en esa clasificación. Tampoco incluye a una sola madre lactante.

Por sí sola, esa cifra ya es superior a las 30.430 embarazadas y lactantes combinadas que podrán ser beneficiadas por esta entrega de suplementos.

Por tanto, las 30.430 mujeres no pueden interpretarse como el número total de embarazadas y lactantes existentes en Cuba.

Entonces, ¿qué significan?

La explicación está en los propios números.

Los 213.000 frascos disponibles tienen que distribuirse entre las beneficiarias del programa. Si dividimos 213.000 entre 30.430 obtenemos prácticamente siete frascos por mujer.

Es decir, la cifra de 30.430 describe hasta dónde alcanza esta entrega. No describe la magnitud de la población cubana que potencialmente necesita la asistencia.

Una cosa es decir que se enviaron suplementos para 30.430 embarazadas y madres lactantes. Otra muy distinta es interpretar que Cuba tiene aproximadamente ese número de mujeres en esas condiciones.

Los 30.430 miden la capacidad de la ayuda. No miden el tamaño del problema.

Hay además otro aspecto de esta noticia que merece atención.

Corea del Sur financia este proyecto de cooperación para fortalecer la atención de embarazadas, recién nacidos y niños cubanos.

La ayuda debe ser bienvenida.

Los suplementos no son para un gobierno. Son para mujeres cubanas y sus hijos, y cualquier asistencia que contribuya a protegerlos merece reconocimiento y agradecimiento.

Pero resulta inevitable preguntarse cómo Cuba llegó hasta aquí.

Durante décadas, el régimen castrista presentó su sistema de salud como una de las grandes conquistas de la revolución. Hoy una democracia situada al otro lado del mundo tiene que aportar recursos para ayudar a garantizar suplementos esenciales a las mujeres cubanas durante el embarazo y la maternidad.

Y existe una ironía histórica todavía mayor.

Corea del Sur pasó de la pobreza de la posguerra a convertirse en una de las economías más desarrolladas y tecnológicamente avanzadas del planeta. Cuba siguió el camino opuesto.

La solidaridad surcoreana merece agradecimiento. Pero la necesidad de esa solidaridad también constituye un testimonio de la profundidad de la crisis cubana.

Las cifras ayudan a ponerla en perspectiva: unas 30.430 mujeres recibirán esta ayuda, mientras el universo potencial de embarazadas y madres recientes es mucho mayor.

Por eso, cuando se habla de los suplementos enviados por Corea del Sur, conviene recordar qué significa realmente el número que aparece en la noticia:

30.430 no es la dimensión de la necesidad. Es solamente hasta dónde alcanza la ayuda.

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SOUTH KOREA HELPS CUBAN PREGNANT WOMEN: THE NUMBERS REVEAL A MUCH DEEPER CRISIS

By Huber Matos Araluce

San José, Costa Rica

South Korea, a democracy that only a few decades ago was considerably poorer than Cuba, is financing assistance through UNICEF to help protect the health of Cuban pregnant women, newborns and children.

The program is worth one million dollars and is intended to strengthen maternal and child health care, with particular emphasis on Havana and Cuba's eastern provinces.

One of the recent deliveries consists of 213,000 bottles of prenatal supplements intended for approximately 30,430 pregnant women and breastfeeding mothers.

But that figure can easily lead to a mistaken interpretation.

There are not only 30,430 pregnant women and breastfeeding mothers in Cuba. That is the number of women this particular shipment can reach.

The distinction is important because it helps us understand both the value of South Korea's assistance and the true scale of the needs facing Cuban families.

Cuba officially recorded 68,064 births in 2025, the lowest figure in decades.

From that number, a simple demographic estimate can be made. If approximately 68,000 children are born over the course of a year and pregnancy lasts about 40 weeks, the number of pregnancies simultaneously underway that will eventually result in live births is approximately 52,000.

This is not a census of pregnant women taken on a particular day. It is an estimate based on annual births. It is also conservative because it considers only pregnancies that end in live births.

To those approximately 52,000 pregnant women we must add mothers in the first months after giving birth.

Using only the first six months after birth, 68,064 annual births represent approximately 34,000 mothers who, at any given moment, are within that six-month period.

That places the potential universe of pregnant women and mothers in the first six months after childbirth at around 86,000 women.

This does not mean that all 34,000 mothers are breastfeeding. What the calculation demonstrates is that the population potentially covered by a maternal nutrition program is far larger than 30,430.

And we do not even need to rely on this estimate to understand the discrepancy.

Cuba's own Ministry of Public Health reported that 32,880 pregnant women were facing additional risks and limitations because of the energy crisis.

Consider that number carefully.

Those are 32,880 pregnant women considered at risk.

It does not include other pregnant women outside that classification. Nor does it include a single breastfeeding mother.

That figure alone is already higher than the 30,430 pregnant women and breastfeeding mothers combined who can benefit from this shipment of supplements.

Therefore, 30,430 cannot reasonably be interpreted as the total number of pregnant and breastfeeding women in Cuba.

So what does the figure mean?

The explanation is found in the numbers themselves.

The 213,000 bottles must be distributed among the program's beneficiaries. Dividing 213,000 by 30,430 gives almost exactly seven bottles per woman.

In other words, 30,430 describes how far this shipment can reach. It does not describe the size of the Cuban population that may need such assistance.

It is one thing to say that supplements were sent for 30,430 pregnant women and breastfeeding mothers. It is quite another to assume that Cuba has only approximately that number of women in those categories.

The figure of 30,430 measures the capacity of the aid. It does not measure the size of the problem.

There is another aspect of this story that deserves attention.

South Korea is financing this cooperation project to strengthen care for Cuban pregnant women, newborns and children.

The assistance should be welcomed.

These supplements are not for a government. They are for Cuban women and their children, and any assistance that helps protect them deserves recognition and gratitude.

But it is impossible not to ask how Cuba reached this point.

For decades, the Castro regime presented its health system as one of the great achievements of the revolution. Today, a democracy on the other side of the world must provide resources to help guarantee essential supplements for Cuban women during pregnancy and motherhood.

There is an even greater historical irony.

South Korea rose from postwar poverty to become one of the most developed and technologically advanced economies in the world. Cuba followed the opposite path.

South Korea's solidarity deserves gratitude. But the fact that such solidarity is necessary is also evidence of the depth of Cuba's crisis.

The figures put that crisis into perspective: approximately 30,430 women will receive this assistance, while the potential number of pregnant women and recent mothers is far greater.

So when we hear about the supplements sent by South Korea, we should remember what the number really means:

30,430 is not the size of the need. It is only how far the aid can reach.

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LA CORÉE DU SUD AIDE LES FEMMES ENCEINTES CUBAINES : LES CHIFFRES RÉVÈLENT UNE CRISE BIEN PLUS PROFONDE

Par Huber Matos Araluce

San José, Costa Rica

La Corée du Sud, une démocratie qui était encore considérablement plus pauvre que Cuba il y a quelques décennies, finance par l'intermédiaire de l'UNICEF une aide destinée à protéger la santé des femmes enceintes, des nouveau-nés et des enfants cubains.

Le programme, d'une valeur d'un million de dollars, vise à renforcer les soins maternels et infantiles, en accordant une attention particulière à La Havane et aux provinces orientales de Cuba.

L'une des livraisons récentes comprend 213 000 flacons de compléments prénatals destinés à environ 30 430 femmes enceintes et mères allaitantes.

Mais ce dernier chiffre peut facilement conduire à une interprétation erronée.

Il n'y a pas seulement 30 430 femmes enceintes et mères allaitantes à Cuba. Il s'agit du nombre de femmes que cette livraison particulière peut aider.

Cette distinction est importante, car elle permet de comprendre à la fois la valeur de l'aide sud-coréenne et l'ampleur réelle des besoins de la population cubaine.

Cuba a officiellement enregistré 68 064 naissances en 2025, le chiffre le plus bas depuis plusieurs décennies.

À partir de cette donnée, on peut effectuer une estimation démographique simple. Si environ 68 000 enfants naissent au cours d'une année et qu'une grossesse dure environ 40 semaines, le nombre de grossesses simultanément en cours qui aboutiront à une naissance vivante est d'environ 52 000.

Il ne s'agit pas d'un recensement des femmes enceintes effectué à une date précise, mais d'une estimation fondée sur le nombre annuel de naissances. Elle est en outre prudente, puisqu'elle ne prend en compte que les grossesses aboutissant à une naissance vivante.

À ces quelque 52 000 femmes enceintes, il faut ajouter les mères se trouvant dans les premiers mois suivant l'accouchement.

Si l'on ne considère que les six premiers mois après la naissance, les 68 064 naissances annuelles correspondent à environ 34 000 mères qui, à un moment donné, se trouvent dans cette période.

L'univers potentiel des femmes enceintes et des mères durant les six premiers mois suivant l'accouchement atteint donc environ 86 000 femmes.

Cela ne signifie pas que les 34 000 mères allaitent toutes. Ce calcul démontre simplement que la population susceptible d'être concernée par un programme de nutrition maternelle est beaucoup plus importante que 30 430.

Il n'est même pas nécessaire d'accepter cette estimation pour comprendre l'écart.

Le ministère cubain de la Santé publique a lui-même indiqué que 32 880 femmes enceintes faisaient face à des risques et des limitations supplémentaires en raison de la crise énergétique.

Arrêtons-nous sur ce chiffre.

Il s'agit de 32 880 femmes enceintes considérées comme étant en situation de risque.

Ce nombre n'inclut pas les autres femmes enceintes qui ne faisaient pas partie de cette classification. Il n'inclut pas non plus une seule mère allaitante.

À lui seul, ce chiffre est déjà supérieur aux 30 430 femmes enceintes et mères allaitantes réunies qui pourront bénéficier de cette livraison.

Les 30 430 femmes ne peuvent donc pas être interprétées comme représentant le nombre total de femmes enceintes et allaitantes à Cuba.

Que signifie alors ce chiffre ?

L'explication se trouve dans les chiffres eux-mêmes.

Les 213 000 flacons disponibles doivent être répartis entre les bénéficiaires du programme. En divisant 213 000 par 30 430, on obtient pratiquement sept flacons par femme.

Autrement dit, le chiffre de 30 430 indique jusqu'où cette livraison peut aller. Il n'indique pas l'ampleur de la population cubaine susceptible d'avoir besoin de cette assistance.

Dire que des compléments ont été envoyés pour 30 430 femmes enceintes et mères allaitantes est une chose. En déduire que Cuba ne compte qu'environ ce nombre de femmes dans ces catégories en est une autre.

Les 30 430 mesurent la capacité de l'aide. Ils ne mesurent pas l'ampleur du problème.

Un autre aspect de cette nouvelle mérite également notre attention.

La Corée du Sud finance ce projet de coopération afin de renforcer les soins destinés aux femmes enceintes, aux nouveau-nés et aux enfants cubains.

Cette aide doit être accueillie favorablement.

Ces compléments ne sont pas destinés à un gouvernement. Ils sont destinés aux femmes cubaines et à leurs enfants, et toute assistance contribuant à les protéger mérite reconnaissance et gratitude.

Mais il est impossible de ne pas se demander comment Cuba en est arrivée là.

Pendant des décennies, le régime castriste a présenté son système de santé comme l'une des grandes conquêtes de la révolution. Aujourd'hui, une démocratie située à l'autre bout du monde doit fournir des ressources pour aider à garantir des compléments essentiels aux femmes cubaines pendant la grossesse et la maternité.

L'ironie historique est encore plus grande.

La Corée du Sud est passée de la pauvreté de l'après-guerre au rang des économies les plus développées et technologiquement avancées de la planète. Cuba a suivi le chemin inverse.

La solidarité sud-coréenne mérite notre gratitude. Mais la nécessité même de cette solidarité témoigne également de la profondeur de la crise cubaine.

Les chiffres permettent de la mettre en perspective : environ 30 430 femmes recevront cette aide, alors que le nombre potentiel de femmes enceintes et de mères récentes est beaucoup plus élevé.

Ainsi, lorsque l'on parle des compléments envoyés par la Corée du Sud, il faut se souvenir de ce que signifie réellement ce chiffre :

30 430 n'est pas la dimension du besoin. C'est seulement jusqu'où l'aide peut parvenir.

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LA COREA DEL SUD AIUTA LE DONNE INCINTE CUBANE: I NUMERI RIVELANO UNA CRISI MOLTO PIÙ PROFONDA

Di Huber Matos Araluce

San José, Costa Rica

La Corea del Sud, una democrazia che solo pochi decenni fa era considerevolmente più povera di Cuba, sta finanziando attraverso l'UNICEF aiuti destinati a proteggere la salute delle donne incinte, dei neonati e dei bambini cubani.

Il programma ha un valore di un milione di dollari ed è destinato a rafforzare l'assistenza materno-infantile, con particolare attenzione all'Avana e alle province orientali di Cuba.

Una delle consegne recenti consiste in 213.000 flaconi di integratori prenatali, destinati a circa 30.430 donne incinte e madri che allattano.

Ma quest'ultima cifra può facilmente portare a un'interpretazione sbagliata.

A Cuba non ci sono soltanto 30.430 donne incinte e madri che allattano. Questo è il numero di donne che questa specifica consegna può raggiungere.

La distinzione è importante perché permette di comprendere sia il valore dell'aiuto sudcoreano sia la reale dimensione delle necessità della popolazione cubana.

Cuba ha registrato ufficialmente 68.064 nascite nel 2025, il dato più basso degli ultimi decenni.

A partire da questo dato è possibile fare una semplice stima demografica. Se nel corso di un anno nascono circa 68.000 bambini e una gravidanza dura approssimativamente 40 settimane, il numero di gravidanze contemporaneamente in corso che termineranno con una nascita viva è di circa 52.000.

Non si tratta di un censimento delle donne incinte effettuato in un determinato giorno, ma di una stima basata sulle nascite annuali. È inoltre una stima prudente, perché considera soltanto le gravidanze che terminano con una nascita viva.

A queste circa 52.000 donne incinte bisogna aggiungere le madri che si trovano nei primi mesi successivi al parto.

Se consideriamo soltanto i primi sei mesi dopo la nascita, le 68.064 nascite annuali equivalgono a circa 34.000 madri che, in un determinato momento, si trovano all'interno di quel periodo.

Questo porta l'universo potenziale delle donne incinte e delle madri nei primi sei mesi dopo il parto a circa 86.000 donne.

Ciò non significa che tutte le 34.000 madri stiano effettivamente allattando. Il calcolo dimostra invece che la popolazione potenzialmente interessata da un programma di nutrizione materna è molto più ampia di 30.430.

Non è nemmeno necessario accettare questa stima per comprendere la differenza.

Lo stesso Ministero cubano della Salute Pubblica ha riferito che 32.880 donne incinte affrontavano rischi e limitazioni aggiuntive a causa della crisi energetica.

Soffermiamoci su questo numero.

Sono 32.880 donne incinte considerate in situazione di rischio.

La cifra non comprende le altre donne incinte che non rientravano in quella classificazione. E non comprende neppure una sola madre che allatta.

Da sola, questa cifra è già superiore alle 30.430 donne incinte e madri che allattano complessivamente che potranno beneficiare di questa consegna.

Pertanto, le 30.430 donne non possono essere interpretate come il numero totale di donne incinte e madri che allattano presenti a Cuba.

Che cosa significa allora questa cifra?

La spiegazione si trova nei numeri stessi.

I 213.000 flaconi disponibili devono essere distribuiti tra le beneficiarie del programma. Dividendo 213.000 per 30.430 si ottengono praticamente sette flaconi per donna.

In altre parole, il numero 30.430 indica fino a dove può arrivare questa consegna. Non indica la dimensione della popolazione cubana che potrebbe aver bisogno dell'assistenza.

Una cosa è dire che sono stati inviati integratori per 30.430 donne incinte e madri che allattano. Un'altra cosa è interpretare questo dato come se Cuba avesse soltanto circa quel numero di donne appartenenti a queste categorie.

Le 30.430 misurano la capacità dell'aiuto. Non misurano la dimensione del problema.

C'è inoltre un altro aspetto di questa notizia che merita attenzione.

La Corea del Sud finanzia questo progetto di cooperazione per rafforzare l'assistenza alle donne incinte, ai neonati e ai bambini cubani.

L'aiuto deve essere accolto con favore.

Questi integratori non sono destinati a un governo. Sono destinati alle donne cubane e ai loro figli, e qualsiasi assistenza che contribuisca a proteggerli merita riconoscenza e gratitudine.

Ma è inevitabile chiedersi come Cuba sia arrivata a questo punto.

Per decenni il regime castrista ha presentato il proprio sistema sanitario come una delle grandi conquiste della rivoluzione. Oggi una democrazia situata dall'altra parte del mondo deve fornire risorse per contribuire a garantire integratori essenziali alle donne cubane durante la gravidanza e la maternità.

Esiste inoltre un'ironia storica ancora più grande.

La Corea del Sud è passata dalla povertà del dopoguerra a diventare una delle economie più sviluppate e tecnologicamente avanzate del pianeta. Cuba ha seguito il percorso opposto.

La solidarietà sudcoreana merita gratitudine. Ma la necessità stessa di questa solidarietà testimonia anche la profondità della crisi cubana.

I numeri aiutano a metterla in prospettiva: circa 30.430 donne riceveranno questa assistenza, mentre il numero potenziale di donne incinte e madri recenti è molto più elevato.

Per questo, quando si parla degli integratori inviati dalla Corea del Sud, conviene ricordare cosa significa realmente il numero che compare nella notizia:

30.430 non è la dimensione del bisogno. È soltanto fino a dove arriva l'aiuto.

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PUTIN, LA OTAN Y EL AVISPERO

 


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PUTIN, LA OTAN Y EL AVISPERO

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Quien alguna vez en su vida, por travieso, le tiró una piedra a un avispero y tuvo que correr desesperadamente para evitar las dolorosas picaduras entenderá fácilmente este artículo.

Ayer, en “¿QUÉ MENSAJE DE TRUMP LLEVÓ EL JEFE DE LA CIA A PUTIN?”, nos preguntamos qué podía explicar el sorpresivo viaje a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe. Hoy apareció una explicación. The Wall Street Journal informó que el propósito de la visita había sido advertir a Rusia que no atacara a ningún país de la OTAN.

La información se basó en personas conocedoras de la visita y en nuevas evaluaciones de la inteligencia estadounidense según las cuales Vladimir Putin podría intentar poner a prueba la determinación de la OTAN mediante un ataque limitado contra uno de sus miembros “en los próximos años”.

Es una posibilidad que los servicios de inteligencia tienen necesariamente que estudiar. Otra cosa es que explique por qué el director de la CIA tuvo que viajar personalmente a Moscú precisamente ahora.

Una incursión rusa en Lituania, aunque fuera limitada, sería como tirar una piedra contra un avispero. Lituania defendería de inmediato su territorio y uno o varios de sus aliados quedarían bajo enorme presión para ayudarla a expulsar a las fuerzas rusas.

Putin sabría dónde comienza la operación, pero no dónde termina. Una vez iniciado el combate, Moscú perdería el control sobre la magnitud de la respuesta.

La experiencia de Ucrania hace todavía más peligroso semejante cálculo. Putin creyó que su invasión se impondría rápidamente y terminó provocando años de guerra, el fortalecimiento de la OTAN, el rearme europeo y un apoyo militar masivo a Ucrania.

Atacar territorio de la OTAN sería repetir aquella apuesta a una escala mucho más peligrosa. Putin puede decidir tirar la piedra. Lo que no puede decidir es cómo reaccionará el avispero.

¿Por qué una eventualidad tan peligrosa para el propio Putin y que la inteligencia estadounidense sitúa en un horizonte de varios años requiere precisamente ahora el viaje excepcional del director de la CIA a Moscú?

La contradicción aumenta con las palabras del propio Trump. Preguntado sobre la posibilidad de que Rusia ataque a la OTAN, dijo que no estaba preocupado “en absoluto” y posteriormente afirmó que Rusia no atacará territorio de la Alianza. También rechazó que Ratcliffe hubiera viajado para llevar esa advertencia a Moscú.

Toomas Hendrik Ilves, expresidente de Estonia, uno de los países bálticos señalados como posibles objetivos, también expresó “serias dudas” de que esa amenaza explicara el viaje. Ilves señaló que una agresión contra los países bálticos podría involucrar rápidamente a Finlandia, Suecia, Dinamarca y Polonia.

Y esos países tendrían razones propias para reaccionar. Permitir que Rusia ocupara territorio de un aliado sin obligarla a retirarse sería enviar a Moscú una señal peligrosísima: puede volver a intentarlo. Una incursión concebida para poner a prueba a la OTAN obligaría precisamente a sus miembros a demostrar que semejante aventura no puede tener éxito.

Entonces la pregunta sigue en pie: ¿fue realmente una hipotética incursión rusa en los próximos años lo que hizo necesario enviar ahora al jefe de la CIA a Moscú?

También se ha publicado que Ratcliffe habló sobre Irán. Pudo hacerlo, pero que Irán estuviera sobre la mesa tampoco significa que fuera la razón de un viaje tan excepcional. Moscú tiene influencia sobre Teherán, pero no controla sus decisiones.

Hay que distinguir entre los asuntos tratados durante una misión y el asunto que hizo necesaria la misión.

La guerra de Ucrania ofrece una explicación mucho más coherente con la urgencia del viaje. Rusia lleva años combatiendo, Europa aumenta su compromiso militar y Ucrania cada vez tiene mayor capacidad para atacar objetivos estratégicos dentro de Rusia. Trump, por su parte, quiere terminar un conflicto que se ha convertido en uno de los grandes desafíos de su presidencia.

Fue el propio Trump quien dejó la pista más importante. Después de calificar el viaje de Ratcliffe de “semi-rutinario”, afirmó: “Algo puede salir de esto”, e inmediatamente habló de sus esfuerzos para terminar la guerra de Ucrania.

Ahí está, a nuestro juicio, la verdadera razón del viaje. Ratcliffe fue a Moscú a llevarle a Putin un mensaje de Trump: todavía estás a tiempo de negociar una salida a la guerra.

Sería una advertencia acompañada de una oportunidad: negocia ahora, cuando todavía puedes hacerlo desde una posición favorable, porque las condiciones de mañana pueden ser mucho peores que las de hoy.

Y entonces las palabras de Trump, pronunciadas después del viaje de Ratcliffe, adquieren todo su significado:

“Algo puede salir de esto.”

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PUTIN, NATO AND THE WASP NEST

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Anyone who, as a mischievous youngster, once threw a stone at a wasp nest and then had to run desperately to escape the painful stings will easily understand this article.

Yesterday, in “WHAT MESSAGE FROM TRUMP DID THE CIA CHIEF TAKE TO PUTIN?”, we asked what might explain CIA Director John Ratcliffe’s surprise trip to Moscow. Today an explanation emerged. The Wall Street Journal reported that the purpose of the visit was to warn Russia not to attack any NATO country.

The report was based on people briefed on the visit and on new U.S. intelligence assessments indicating that Vladimir Putin might try to test NATO’s resolve through a limited attack on one of its members “in the next few years.”

That is a possibility intelligence services necessarily have to study. Whether it explains why the CIA director had to travel personally to Moscow precisely now is another matter.

A Russian incursion into Lithuania, even a limited one, would be like throwing a stone at a wasp nest. Lithuania would immediately defend its territory, and one or more of its allies would come under enormous pressure to help drive Russian forces out.

Putin would know where the operation begins, but not where it ends. Once the fighting started, Moscow would lose control over the scale of the response.

The experience of Ukraine makes such a calculation even more dangerous. Putin believed his invasion would prevail quickly and instead triggered years of war, a stronger NATO, European rearmament and massive military support for Ukraine.

Attacking NATO territory would mean repeating that gamble on a far more dangerous scale. Putin can decide to throw the stone. What he cannot decide is how the wasp nest will react.

Why would an eventuality so dangerous for Putin himself, and one that U.S. intelligence places several years into the future, require an exceptional trip by the CIA director to Moscow precisely now?

The contradiction grows with Trump’s own words. Asked about the possibility of Russia attacking NATO, he said he was not concerned “at all” and later stated that Russia would not attack Alliance territory. He also rejected the idea that Ratcliffe had traveled to Moscow to deliver such a warning.

Toomas Hendrik Ilves, the former president of Estonia, one of the Baltic countries identified as a possible target, also expressed “serious doubts” that such a threat explained the trip. Ilves noted that aggression against the Baltic states could quickly involve Finland, Sweden, Denmark and Poland.

Those countries would also have reasons of their own to react. Allowing Russia to occupy allied territory without forcing it to withdraw would send Moscow an extremely dangerous signal: it can try again. An incursion designed to test NATO would compel its members to demonstrate precisely that such an adventure cannot succeed.

The question therefore remains: was a hypothetical Russian incursion sometime in the next few years really what made it necessary to send the CIA chief to Moscow now?

It has also been published that Ratcliffe discussed Iran. He may well have done so, but Iran being on the table does not mean it was the reason for such an exceptional trip. Moscow has influence over Tehran, but it does not control Iran’s decisions.

A distinction must be made between the subjects discussed during a mission and the issue that made the mission necessary.

The war in Ukraine offers a far more coherent explanation for the urgency of the trip. Russia has been fighting for years, Europe is increasing its military commitment, and Ukraine has a growing ability to strike strategic targets inside Russia. Trump, meanwhile, wants to end a conflict that has become one of the major challenges of his presidency.

Trump himself left the most important clue. After describing Ratcliffe’s trip as “semi-routine,” he said: “Something may come out of it,” and immediately spoke about his efforts to end the war in Ukraine.

That, in our judgment, is the real reason for the trip. Ratcliffe went to Moscow to carry a message from Trump to Putin: you still have time to negotiate an end to the war.

It would be a warning accompanied by an opportunity: negotiate now, while you can still do so from a favorable position, because tomorrow’s conditions may be far worse than today’s.

And then Trump’s words, spoken after Ratcliffe’s trip, take on their full meaning:

“Something may come out of it.”

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POUTINE, L’OTAN ET LE NID DE GUÊPES

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Quiconque, dans sa jeunesse et par espièglerie, a un jour lancé une pierre contre un nid de guêpes avant de devoir courir désespérément pour échapper à leurs douloureuses piqûres comprendra facilement cet article.

Hier, dans « QUEL MESSAGE DE TRUMP LE CHEF DE LA CIA A-T-IL PORTÉ À POUTINE ? », nous nous demandions ce qui pouvait expliquer le voyage surprise à Moscou du directeur de la CIA, John Ratcliffe. Aujourd’hui, une explication est apparue. The Wall Street Journal a rapporté que le but de cette visite était d’avertir la Russie de ne pas attaquer un pays de l’OTAN.

L’information s’appuyait sur des personnes informées de la visite et sur de nouvelles évaluations des services de renseignement américains selon lesquelles Vladimir Poutine pourrait tenter de mettre à l’épreuve la détermination de l’OTAN au moyen d’une attaque limitée contre l’un de ses membres « dans les prochaines années ».

C’est une possibilité que les services de renseignement doivent nécessairement étudier. Mais cela n’explique pas forcément pourquoi le directeur de la CIA devait se rendre personnellement à Moscou précisément maintenant.

Une incursion russe en Lituanie, même limitée, reviendrait à lancer une pierre contre un nid de guêpes. La Lituanie défendrait immédiatement son territoire et un ou plusieurs de ses alliés subiraient une énorme pression pour l’aider à expulser les forces russes.

Poutine saurait où commence l’opération, mais pas où elle se termine. Une fois les combats engagés, Moscou perdrait le contrôle de l’ampleur de la riposte.

L’expérience de l’Ukraine rend un tel calcul encore plus dangereux. Poutine croyait que son invasion s’imposerait rapidement et elle a finalement provoqué des années de guerre, le renforcement de l’OTAN, le réarmement européen et un soutien militaire massif à l’Ukraine.

Attaquer le territoire de l’OTAN reviendrait à répéter ce pari à une échelle beaucoup plus dangereuse. Poutine peut décider de lancer la pierre. Ce qu’il ne peut pas décider, c’est la réaction du nid de guêpes.

Pourquoi une éventualité aussi dangereuse pour Poutine lui-même, et que le renseignement américain situe dans un horizon de plusieurs années, exigerait-elle précisément maintenant un voyage exceptionnel du directeur de la CIA à Moscou ?

La contradiction s’accentue avec les propres paroles de Trump. Interrogé sur la possibilité que la Russie attaque l’OTAN, il a déclaré ne pas être inquiet « du tout » et a ensuite affirmé que la Russie n’attaquerait pas le territoire de l’Alliance. Il a également rejeté l’idée que Ratcliffe se soit rendu à Moscou pour transmettre cet avertissement.

Toomas Hendrik Ilves, ancien président de l’Estonie, l’un des pays baltes cités comme cible possible, a lui aussi exprimé de « sérieux doutes » quant au fait que cette menace puisse expliquer le voyage. Ilves a souligné qu’une agression contre les pays baltes pourrait rapidement impliquer la Finlande, la Suède, le Danemark et la Pologne.

Ces pays auraient également leurs propres raisons de réagir. Permettre à la Russie d’occuper le territoire d’un allié sans l’obliger à se retirer enverrait à Moscou un signal extrêmement dangereux : elle peut recommencer. Une incursion destinée à tester l’OTAN obligerait précisément ses membres à démontrer qu’une telle aventure ne peut réussir.

La question demeure donc : une hypothétique incursion russe dans les prochaines années était-elle réellement ce qui rendait nécessaire l’envoi du chef de la CIA à Moscou maintenant ?

Il a également été publié que Ratcliffe avait parlé de l’Iran. C’est possible, mais le fait que l’Iran ait figuré à l’ordre du jour ne signifie pas qu’il ait été la raison d’un voyage aussi exceptionnel. Moscou exerce une influence sur Téhéran, mais ne contrôle pas ses décisions.

Il faut distinguer les sujets abordés pendant une mission de la question qui a rendu cette mission nécessaire.

La guerre en Ukraine offre une explication beaucoup plus cohérente avec l’urgence du voyage. La Russie combat depuis des années, l’Europe augmente son engagement militaire et l’Ukraine possède une capacité croissante à frapper des objectifs stratégiques à l’intérieur de la Russie. Trump, de son côté, veut mettre fin à un conflit devenu l’un des grands défis de sa présidence.

Trump lui-même a laissé l’indice le plus important. Après avoir qualifié le voyage de Ratcliffe de « semi-routinier », il a déclaré : « Quelque chose peut en sortir », puis a immédiatement parlé de ses efforts pour mettre fin à la guerre en Ukraine.

C’est là, selon nous, la véritable raison du voyage. Ratcliffe s’est rendu à Moscou pour transmettre à Poutine un message de Trump : il est encore temps de négocier une sortie de guerre.

Ce serait un avertissement accompagné d’une occasion : négocie maintenant, tant que tu peux encore le faire depuis une position favorable, car les conditions de demain pourraient être bien pires que celles d’aujourd’hui.

Alors les paroles de Trump, prononcées après le voyage de Ratcliffe, prennent tout leur sens :

« Quelque chose peut en sortir. »

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PUTIN, LA NATO E IL VESPAIO

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Chiunque, da ragazzo e per monelleria, abbia mai lanciato una pietra contro un vespaio e abbia poi dovuto correre disperatamente per evitare le dolorose punture capirà facilmente questo articolo.

Ieri, in “QUALE MESSAGGIO DI TRUMP HA PORTATO A PUTIN IL CAPO DELLA CIA?”, ci siamo chiesti cosa potesse spiegare il viaggio a sorpresa a Mosca del direttore della CIA, John Ratcliffe. Oggi è apparsa una spiegazione. The Wall Street Journal ha riferito che lo scopo della visita era avvertire la Russia di non attaccare alcun paese della NATO.

L’informazione si basava su persone informate sulla visita e su nuove valutazioni dell’intelligence statunitense secondo cui Vladimir Putin potrebbe tentare di mettere alla prova la determinazione della NATO con un attacco limitato contro uno dei suoi membri “nei prossimi anni”.

È una possibilità che i servizi d’intelligence devono necessariamente studiare. Un’altra cosa è che ciò spieghi perché il direttore della CIA abbia dovuto recarsi personalmente a Mosca proprio adesso.

Un’incursione russa in Lituania, anche se limitata, sarebbe come lanciare una pietra contro un vespaio. La Lituania difenderebbe immediatamente il proprio territorio e uno o più dei suoi alleati si troverebbero sotto un’enorme pressione per aiutarla a espellere le forze russe.

Putin saprebbe dove comincia l’operazione, ma non dove finisce. Una volta iniziati i combattimenti, Mosca perderebbe il controllo sulla portata della risposta.

L’esperienza dell’Ucraina rende un simile calcolo ancora più pericoloso. Putin pensava che la sua invasione si sarebbe imposta rapidamente e ha invece provocato anni di guerra, il rafforzamento della NATO, il riarmo europeo e un massiccio sostegno militare all’Ucraina.

Attaccare territorio NATO significherebbe ripetere quella scommessa su una scala molto più pericolosa. Putin può decidere di lanciare la pietra. Quello che non può decidere è come reagirà il vespaio.

Perché un’eventualità tanto pericolosa per Putin stesso, e che l’intelligence statunitense colloca in un orizzonte di diversi anni, dovrebbe richiedere proprio adesso un viaggio eccezionale del direttore della CIA a Mosca?

La contraddizione aumenta con le parole dello stesso Trump. Interrogato sulla possibilità che la Russia attacchi la NATO, ha detto di non essere preoccupato “affatto” e successivamente ha affermato che la Russia non attaccherà territorio dell’Alleanza. Ha inoltre respinto l’idea che Ratcliffe fosse andato a Mosca per portare quell’avvertimento.

Toomas Hendrik Ilves, ex presidente dell’Estonia, uno dei paesi baltici indicati come possibili obiettivi, ha anch’egli espresso “seri dubbi” sul fatto che quella minaccia spiegasse il viaggio. Ilves ha osservato che un’aggressione contro i paesi baltici potrebbe coinvolgere rapidamente Finlandia, Svezia, Danimarca e Polonia.

Anche questi paesi avrebbero motivi propri per reagire. Permettere alla Russia di occupare territorio di un alleato senza costringerla a ritirarsi invierebbe a Mosca un segnale estremamente pericoloso: può provarci di nuovo. Un’incursione concepita per mettere alla prova la NATO costringerebbe proprio i suoi membri a dimostrare che una simile avventura non può avere successo.

La domanda dunque rimane: fu davvero una ipotetica incursione russa nei prossimi anni a rendere necessario mandare adesso il capo della CIA a Mosca?

È stato inoltre pubblicato che Ratcliffe abbia parlato dell’Iran. Può averlo fatto, ma il fatto che l’Iran fosse sul tavolo non significa che fosse la ragione di un viaggio così eccezionale. Mosca esercita influenza su Teheran, ma non ne controlla le decisioni.

Bisogna distinguere tra gli argomenti discussi durante una missione e la questione che ha reso necessaria quella missione.

La guerra in Ucraina offre una spiegazione molto più coerente con l’urgenza del viaggio. La Russia combatte da anni, l’Europa aumenta il proprio impegno militare e l’Ucraina possiede una capacità crescente di colpire obiettivi strategici all’interno della Russia. Trump, da parte sua, vuole porre fine a un conflitto diventato una delle grandi sfide della sua presidenza.

È stato lo stesso Trump a lasciare l’indizio più importante. Dopo aver definito il viaggio di Ratcliffe “semi-routinario”, ha affermato: “Qualcosa può venirne fuori”, e subito dopo ha parlato dei suoi sforzi per porre fine alla guerra in Ucraina.

È questa, a nostro giudizio, la vera ragione del viaggio. Ratcliffe è andato a Mosca per portare a Putin un messaggio di Trump: sei ancora in tempo per negoziare una via d’uscita dalla guerra.

Sarebbe un avvertimento accompagnato da un’opportunità: negozia adesso, finché puoi ancora farlo da una posizione favorevole, perché le condizioni di domani potrebbero essere molto peggiori di quelle di oggi.

E allora le parole di Trump, pronunciate dopo il viaggio di Ratcliffe, acquistano tutto il loro significato:

“Qualcosa può venirne fuori.”

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