LA CARGA AL MACHETE ESTÁ EN EL EXILIO ( I I )



En la primera parte de este artículo escribí que, oteando el futuro inmediato de Cuba, no me quedaba duda de que el fin del castrismo depende de lo que haga o deje de hacer el exilio cubano, porque los exiliados están en capacidad de descarrilar la transformación hacia un capitalismo al estilo chino, ruso o vietnamita, con el que la clase dominante castrista intenta mantenerse en el poder.

Y un levantamiento popular u otro tipo de acción colectiva en Cuba sería el resultado directo de la percepción que tenga el pueblo cubano del exilio y de la asistencia real que éste pueda brindarle.
  
Por esta razón, el castrismo, por años, ha dirigido contra el exilio toda la manipulación imaginable, con el fin de saturarlo de pesimismo y paralizarlo. El exilio es el gran peligro para la dictadura, porque es el disparador del cambio.

En esta segunda parte comienzo por lo obvio:

El gobierno de Obama no ha cometido hasta ahora el error de consolidar a la dictadura castrista porque se lo han impedido los congresistas cubanoamericanos en Washington; en otras palabras, se lo ha impedido el exilio cubano.

Sin estos congresistas, a quien Obama respeta, es muy probable que el turismo a Cuba estaría ya sustituyendo el vital ingreso de la subvención venezolana sin la cual el régimen castrista colapsaría.

Además, el levantamiento del embargo sería el próximo objetivo de la alianza procastrista.

No hay mejor muestra del poder del exilio cubano que el hecho de que los exiliados, con su derecho al voto en los Estados Unidos, han elegido un grupo de congresistas cubanoamericanos inteligentes, trabajadores y comprometidos con la libertad de Cuba.

Ellos son los que han impedido que el régimen castrista pueda aprovecharse de la candidez de muchos políticos estadounidenses y enfrentarse a los intereses creados en los Estados Unidos y en otros países.

Esto debe ser razón de orgullo y optimismo para los exiliados cubanos. Son ellos quienes por mucho tiempo han estado ganando la batalla más importante contra el castrismo.

Por todas estas razones, y por el sentido de oportunidad que se presenta, el exilio tiene que potenciar su inmenso y demostrado poder.

Aunque el exilio ha impedido que el actual gobierno en Washington cometa un error que favorezca al castrismo, esto puede cambiar.

Barack Obama puede ser menos propenso a dar un paso sin garantías democráticas en el caso cubano debido a las dificultades que enfrenta en el ámbito internacional.

Pero The New York Times acaba de sugerirle, en reciente editorial, que aproveche las circunstancias y coseche una victoria internacional llegando a un acuerdo con el gobierno cubano.

Académicos y personalidades del partido demócrata, como Hilary Clinton, han insistido en un cambio en la política hacia Cuba.

Si Hilary Clinton alcanza la candidatura demócrata y luego la presidencia, y sigue sus propios consejos, llegaría a un arreglo con el castrismo que condenaría al pueblo cubano  a una lucha más larga por la democracia.

No estoy proponiendo una campaña negativa contra Hilary Clinton, pero se puede hacer mucho para convencer a un sector del electorado latino, que votaría por ella, de que normalizar las relaciones con el castrismo es convertir a Cuba en un Vietnam, antidemocrático, abusivo y corrupto.

La señora Clinton seguramente tendrá en cuenta la opinión de los votantes latinoamericanos sobre el tema cubano.

Al mismo tiempo, el exilio debe estar consciente de que Washington no va a permitir fácilmente que el exilio se disponga a determinar ni los presentes ni los futuros acontecimientos en Cuba.

En los dos años y tres meses que le quedan en la presidencia al presidente Barack Obama lo menos que quiere es una convulsión en Cuba que le obligaría a tomar decisiones muy serias.

¿Por qué el exilio es tan decisivo?

Porque los exiliados tienen la libertad, los recursos, la motivación y, sobre todo, las ventajas para ganarle al castrismo en los escenarios donde es más vulnerable. Ya lo ha hecho en Washington.

En más de medio siglo la diferencia no ha sido que el castrismo tuviera la razón y los demócratas cubanos fueran los equivocados.

La diferencia es que la dictadura siempre ha tenido inmensos recursos a disposición y la oposición cubana ha luchado con migajas.

¿Cuáles son los escenarios vulnerables?

Además de un trabajo con los latinos en los Estados Unidos, otro campo de acción son el turismo extranjero a Cuba y el pueblo cubano.

Un proyecto informativo del exilio puede llevar a la industria turística castro-capitalista a la ruina.

No es necesaria una gran reducción del turismo para que los hoteles en Cuba pasen de las ganancias a las pérdidas.

Sin las inversiones extranjeras, sin el turismo estadounidense, sin la eventual subvención venezolana, y con una disminución del turismo extranjero, el único ingreso importante de la dictadura serían las remesas y los viajes de los cubanos a la Isla.

Esa última fuente de ingreso que le quedaría al castrismo es la más vulnerable de todas a la influencia del exilio cubano.

El pueblo cubano en la Isla tiene que saber con toda certeza que centenares de miles de cubanos que viven en los Estados Unidos estarán dispuestos a salir a protestar a la calle si se pretende ayudar al castrismo, o cuando sea necesario respaldarlo en sus demandas y sus acciones.

Esto requiere un trabajo de persuasión política muy bien diseñado y una ejecución profesional. No podemos seguir repitiendo que el pueblo tiene miedo y que lo único que quiere es irse de Cuba. Esto son situaciones circunstanciales.

Hay que apoyar a los cubanos que están enfrentándose en Cuba, hay que asegurarse que los recursos les llegan a ellos directamente y que no son desviados por quienes los reciben. Hay que tener la certeza de que a quien se ayuda es un opositor auténtico.

Conclusión

Si el exilio cubano comprende su verdadero potencial y se levanta por encima de la confusión y las frustraciones con que lo tratan de paralizar, el exilio comenzará la batalla final contra el castrismo.

Por todas estas razones, y por las que falten, la carga al machete está en el exilio, como lo estuvo en los tiempos de José Martí.

Ni la falta de unidad entre los cubanos, ni todos los infiltrados en Miami, ni los medios que nos hacen la guerra, ni el mundo entero, puede impedir que el exilio ponga de rodillas al castrismo.

Entonces el pueblo cubano tendrá la oportunidad y la posibilidad de materializar un cambio en Cuba. Transición en que no habrá sangre en las calles, porque nadie se atreverá a enfrentar a millones de cubanos con fe, determinación y esperanzas de vivir en libertad.

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LA CARGA AL MACHETE ESTÁ EN EL EXILIO ( I )


Oteando el futuro inmediato de Cuba no me queda duda de que el fin del castrismo depende de lo que haga o deje de hacer el exilio cubano.

Los exiliados están en capacidad de descarrilar la trasformación hacia un capitalismo al estilo chino, ruso o vietnamita con el que la clase dominante castrista intenta mantenerse en el poder.

Además, un levantamiento popular en Cuba o cualquier tipo de acción colectiva que acabe de desintegrar la maquinaria dictatorial será el resultado directo de la percepción que tenga el pueblo cubano del exilio y de la asistencia real que este pueda brindarle.

Un exilio luchando por su gente en la Isla sin dudas ni vacilaciones, o un exilio paralizado por las frustraciones, hará la diferencia.

Por esta razón, por años el castrismo ha dirigido contra el exilio toda la manipulación imaginable, con el fin de saturarlo de pesimismo y paralizarlo.

El exilio es el gran peligro para la dictadura, porque es el disparador del cambio.

¿Qué se puede hacer?  ¿Levantar el embargo?

Hay quienes proponen con absoluta certeza que la gradual introducción del capitalismo en la Isla conducirá irreversiblemente hacia la democracia. El paso indispensable para iniciar este proceso es que los Estados Unidos levanten el embargo sin poner condiciones a quienes gobiernan en Cuba.

Esta es también la visión que está tratando de proyectar la dictadura con el objetivo de que Estados Unidos, al levantar el embargo, haga posible que lleguen a Cuba las inversiones extranjeras que salvarían a la maltrecha economía castrista y en consecuencia a la dictadura post comunista.

El problema es que el esquema de llegar a la democracia por el camino del capitalismo no resiste ni la más ligera critica.

Cuando la Federación Rusa nació como nación independiente después de la desintegración de la URSS, y China renunció al maoísmo marxista, las naciones del occidente democrático quisieron creer que, como el comunismo había fracasado, el capitalismo conduciría inevitablemente a la democracia. Y, sin exigir ningún precio político, las grandes democracias industriales apoyaron las transformaciones económicas de Rusia y de China.

El resultado está a la vista: no solo la libertad individual no se respeta en  Rusia ni China, sino que ambas naciones se han convertido en peligros estratégicos para el mundo democrático.

Rusia se apoderó de Crimea por la fuerza y continúa desestabilizando a Ucrania para someterla. La Unión Europea y los países que formaron parte de la URSS saben que las intenciones del Kremlin son el renacimiento de un imperialismo en el cual ni los derechos humanos ni la paz tienen espacio.

Están revitalizando a la OTAN para tratar de evitar o frenar lo que pueda venir del Kremlin.

China, que todavía es un pigmeo militar comparado con las superpotencias nucleares, amenaza con frecuencia a sus vecinos asiáticos y desafía a Estados Unidos. El día en que China llegue a tener un poderío militar similar o cercano al de los Estados Unidos, pasará de las amenazas al chantaje y, si tiene la oportunidad, a los hechos.

Preparándose para ese escenario, el gobierno de Obama ha enfocado sus esfuerzos hacia Asia. Les urge fortalecer su alianza con las naciones del área y unidos contener militar, política y económicamente a la China del mañana.

Nadie sabe si en el futuro podrá salir de un laboratorio un descubrimiento que le dé a una nación una ventaja suprema sobre las demás. A fin de cuentas, Hitler estuvo más cerca de la energía atómica que nadie, y Alemania fue la precursora de los misiles y de los motores jet.

Volviendo al presente, China acaba de demostrar que lejos de darle a Hong Kong el respiro de libertad al que se comprometió formalmente cuando Inglaterra entregó ese territorio, le ha impuesto en forma arbitraria un yugo dictatorial. El trato injusto y abusivo que se da a las minorías en China es otra muestra de sus intenciones.

La tesis del capitalismo como precursor de la democracia es un disparate: el capitalismo fue un socio en la Alemania de Hitler y en la Italia de Musolini, lo es en Nicaragua, donde los empresarios nicaragüenses están muy contentos con “el compañero” Daniel Ortega, a pesar de que Nicaragua dista mucho de ser una democracia.

En resumen, el capitalismo nunca ha sido el promotor automático de la democracia, y en muchos casos ha sido un feliz y próspero aliado de las dictaduras.

La transición hacia la democracia en algunos países dictatoriales ha sido posible por factores culturales, presiones externas y cambios institucionales fundamentados en constituciones democráticas.

En espera de Moisés

Ante el reto que hasta ahora ha representado más de medio siglo de tiranía, entre muchos cubanos se ha esperado la aparición de un líder carismático con capacidad y poder de convocatoria para capitalizar el descontento interno.

El tiempo ha demostrado que cuando ha aparecido alguien con la potencialidad para enfrentar al régimen, la maquinaria represiva lo liquida misteriosamente. En otros casos, las expectativas han resultado ilusas o completamente equivocadas.

En esa búsqueda del “salvador” hemos perdido una enorme cantidad de energía, hemos acumulado frustraciones, y se ha invertido tiempo y recursos. Además, corremos un grave peligro: el pueblo que vuelve a confiar demasiado en un líder puede pagar de nuevo su fe con frustraciones o cadenas.

Por estas razones, no es recomendable seguir esperando a un “salvador” o poner mucha esperanza en quien los medios promocionen. Los periódicos, la televisión y la radio también tienen sus intereses. Esperar por un líder es una espera incierta y, si apareciera, la dictadura lo asesinará.

Por estas razones, lo prudente es apoyar estrategias, planeamientos y el trabajo real que se hace a nivel organizacional, sin que esto dependa de un predestinado. Necesitamos organizaciones verdaderas, con estrategias inteligentes y trabajos auténticos.

El levantamiento popular

Otra expectativa de muchos cubanos exiliados ha sido la del levantamiento popular en la Isla. Una rebelión del pueblo de tal magnitud que neutralizaría la respuesta represiva de la dictadura.

Quienes lo esperan, o lo alientan, argumentan que en otros países ha sucedido. Pasan por alto que en esos otros lugares las condiciones eran completamente diferentes a las de Cuba.

Al no materializarse la rebelión, la conclusión fácil ha sido afirmar que los cubanos son cobardes, y que lo que quieren es huir hacia los Estados Unidos.

Quizás los cubanos en la Isla no sean tan cobardes. Tal vez es justificado el  temor a lanzarse a luchar sin armas contra un sistema que ha demostrado un nivel brutal de crueldad y violencia. No es fácil irse a la calle a jugarse la vida por un futuro incierto, sin recursos ni respaldo internacional.

Las protestas de miles de iraníes que comenzaron el 12 de junio del 2009 llamaron la atención del mundo entero, pero no hubo ninguna nación que les diera un apoyo efectivo, y fueron aplastadas fácilmente con represión.

Los heroicos guerrilleros campesinos de la Sierra del Escambray en Cuba fueron exterminados, sin tener el apoyo ni la solidaridad del exilio, y mucho menos del gobierno de los Estados Unidos.

¿Pueden confiar quienes intenten un levantamiento en Cuba en un respaldo efectivo del exilio?

No, el exilio no está preparado ni sicológica ni materialmente para darlo. En Cuba la gente sabe que no lo puede esperar. Mucho menos podrían esperar los cubanos en la Isla un apoyo del gobierno de Obama para una acción de ese tipo.

Un levantamiento popular en Cuba crearía una mini crisis en Washington. Seguramente los asesores del Presidente le recomendarían que dejara pasar los días, que quizás la revuelta sería aplastada, y así evitarían declaraciones que luego tendrían que lamentar.

Bashir al Assad, en Siria, se paseó por la “línea roja” definida por Obama como el límite que obligaría a su gobierno a tomar una acción armada si se usaban armas químicas contra civiles. En Cuba no se le ha advertido al régimen de ninguna línea de ningún color.

Hemos sido testigos de la muerte de 200,000 sirios, y si el Califato no hubiera degollado  dos ciudadanos americanos y uno inglés estaríamos contando sirios e iraquíes asesinados, desaparecidos y exiliados con absoluta impunidad. Lamentablemente, los seguimos contando.

Ni los rebeldes moderados de Siria recibieron ayuda militar cuando la necesitaban, ni el ejército ucraniano la recibió ante la invasión rusa.

El presidente Obama rechaza involucrarse militarmente en otros países, y aunque las consecuencias de esa política sean beneficiosas o perjudiciales para los Estados Unidos, en el presente o en el futuro, no olvidemos que el pueblo americano lo eligió por esa promesa y lo apoyó en esa decisión. El hecho es que Obama no quiere problemas con el castrismo.

Si Washington ha tolerado pacientemente durante casi cinco años la injusticia cometida contra el ciudadano norteamericano Alan Gross, ¿qué pueden esperar los cubanos de la calle? No hay razón para que los cubanos de la Isla esperen ninguna ayuda concreta y a tiempo del gobierno de Estados Unidos.

Los cubanos podrían rebelarse en un futuro, pero esta opción solamente tendría posibilidades de materializarse si el pueblo en la Isla estuviera convencido de que el exilio es un confiable, y un influyente compañero en la lucha.

Hay que convencer al pueblo cubano, con hechos, de que somos hermanos de lucha; convencerlo ahora. Hay que prepararse para que tenga el respaldo cuando lo necesite.

A los que viven en nuestra patria les llegará el momento de dar el tiro de gracia a la dictadura. Mientras tanto, la carga al machete está en el exilio.

¿Por qué?

Porque los exiliados tenemos la libertad, los recursos, la motivación, la información y, sobre todo, las ventajas para ganarle al castrismo en los escenarios donde es más vulnerable…

(continuará…)

Huber Matos Araluce




* La primera carga al machete: Hecho ocurrido el 4 de noviembre de 1868, en Pino de Baire, antigua provincia de Oriente, Cuba (hoy provincia de Santiago de Cuba), durante el inicio de la Guerra de los Diez Años. Desde la ciudad de Santiago de Cuba salió rumbo a Bayamo una columna española de más de 700 hombres, al mando del coronel Quirós. En su avance, la fuerza peninsular llega prácticamente sin detenerse hasta el caserío de Baire, donde cae en una emboscada, preparada por el entonces sargento del Ejército Libertador Máximo Gómez. Debido a la gran superioridad de las fuerzas enemigas, Gómez decide atacarlos a corta distancia utilizando machetes, arma que el conocía muy bien por haberla usado en las contiendas en su país natal. El resultado del combate fue desastroso para la columna española, que tuvo que retirarse después de tener decenas de muertos y heridos. Por la parte mambí solo resultaron heridos unos pocos hombres.
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LA GUERRA FRÍA II O LA TERCERA GUERRA MUNDIAL




No es extraño que en política el hecho imprevisto sea a veces más determinante que la acción preconcebida. Es el elemento sorpresivo, que al no estar incluido como factor de equilibrio, inclina la balanza provocando crisis en un andamiaje aparentemente estable.

No fue este el caso de la invasión y anexión de Crimea por parte de Rusia a finales de febrero de 2014. En una campaña militar con un mínimo de violencia el ejército ruso tomó el control de los 27,000 kilómetros cuadrados y dos millones y medio de habitantes que eran parte de Ucrania.

El suceso, que en otros tiempos habría provocado una guerra, solo fue una sorpresa desagradable entre los dirigentes del mundo globalizado. Ante el hecho consumado no había nada que hacer.  

El mundo no estaba preparado para que un miembro del equipo de dirección diera un zarpazo por sorpresa.

La invasión quizás revivió en silencio el fantasma de agresiones que, por no haberse frenado a tiempo, abrieron el camino a catástrofes en las que en el pasado perecieron millones de seres humanos. 

¡Pero no todo el mundo cree en fantasmas!

Un caso imprevisto

La anexión de Crimea y otros hechos atribuibles directa o indirectamente a Vladimir Putin son consecuencias de un fenómeno imprevisto: la pérdida del poder a finales de este febrero de Viktor Yanukovych, el presidente ucraniano.

La huída de Yanukovych no fue parte de las especulaciones de los analistas políticos y mucho menos de los cálculos de Putin. Él era el hombre del Kremlin en Ucrania, un dirigente firmemente establecido en la política de su país.

Su huída dejó a Vladimir Putin sin el aliado clave en su plan de mantener a Ucrania gravitando hacia Rusia en lugar de moverse hacia la Unión Europea.

La caída de Yanukovych fue el resultado de su reacción radical e innecesaria contra las demostraciones populares a favor de que se insistiera en que el país formara parte de la Unión Europea.

Después de semanas de protestas populares, el 17 de enero de 2014 Yanukovych firmó una serie de medidas prohibiendo prácticamente todas las formas de manifestaciones contra el gobierno ucraniano.

Estas medidas, sumadas a una represión violenta contra los manifestantes -que incluyeron francotiradores oficiales-  polarizaron a la población de tal manera que el tema de la Unión Europea pasó a un segundo plano.  

Putin, seguramente debe haberse sentido tranquilo de que su socio en Kiev estaba finalmente imponiendo el orden en Ucrania.

Yanukovych  no sabía que acababa de firmar  su sentencia al convertir a su propia persona en el motivo de ira de la población.

Ucrania a las buenas o a las malas

La huίda de Yanukovych desató en Vladimir Putin una serie de actos irreflexivos cuyas consecuencias estremecerían al mundo y dañarían su imagen para siempre.

Putin tomó la huída de su socio en Kiev como un desafío personal. Instintivamente, dejó de jugar el ajedrez para entrar en el campo del chantaje y la violencia, que le ha dado magníficos resultados en Rusia.

Invadió Crimea, y aunque no provocó en Occidente ni el toque de un tambor, la acción fue una bofetada a todos los que lo habían tratado como un socio del club de gobernantes civilizados.

No hubo una reacción mayor porque primaron los intereses económicos de las empresas occidentales y las preocupaciones de los políticos por las economías de sus países. 

Ante esta reacción limitada Putin cometió el segundo error.

Organizó un ejército de separatistas en Ucrania, le blindó su territorio con una sofisticada defensa antiaérea y alimentó una guerra que, según él, desangraría a Ucrania.

En otra palabras, Ucrania por las buenas o Ucrania por las malas. Una muestra de su agresividad personal, de sus ambiciones y del poco respeto que le merecía Occidente.

Putin fuera de la realidad

A fin de cuentas, los dirigentes de Occidente lo habían tratado siempre como el líder que conduciría a Rusia hacia la convergencia con la economía capitalista.

Por estas razones, y gracias la buena voluntad y a la falta de experiencia de la mayoría de ellos, Putin había sido siempre tratado de igual a igual. 

A los políticos del campo democrático no les había preocupado mucho su pasado, ni que durante su gobierno se asesinaran periodistas, se acosaran y encarcelaran opositores y que algunas personas perdieran sus empresas y hasta sus vidas en forma misteriosa.

Lo que importaba es que gracias a su mano de hierro y principalmente a la bonanza de los precios del petróleo, Putin había puesto orden en Rusia. Los capitalistas invirtieron en Rusia y le prestaron miles de millones de dólares. 

En Rusia había un mercado por explotar y fabulosas ganancias por administrar. 

Después de todo, siempre se podía acudir al cómodo argumento de que los negocios y el desarrollo conducen irremediablemente a la democracia. ¡Si no es así que importa!  Ya las ganancias se habrían repartido.

El resultado ha sido todo lo contrario a lo que esperaban nuestros dirigentes. Putin llevó a Rusia paso a paso por el camino de la autocracia y el despotismo, demostrando que era tan depredador como lo fueron los antiguos jerarcas del Kremlin.

Despertó Occidente

Entonces sucedió otro hecho imprevisible: con uno de los cohetes rusos encargados de proteger a su ejército separatista en el este de Ucrania se derribó un avión de pasajeros.
  
Las 298 víctimas del avión de Air Malaysa cambiaron la permisibilidad de la que había gozado Putin hasta ese momento.

Occidente fue finalmente alertado de que sus dirigentes estaban tratando con guantes de seda a un hombre despiadado que había confundido la prudencia de las democracias con su debilidad.

Las reacciones, aunque tardías, están a la vista.

Nuevas sanciones dirigidas a frenar el crecimiento económico ruso a largo plazo y a castigar a empresas y aliados de Putin se pusieron en vigor.

El gobierno estadounidense ha denunciado la violación por parte de Rusia del tratado sobre el desarrollo de misiles cruceros firmado entre Reagan y Gorbachov en 1987.

Los Estados Unidos ha suspendido la cooperación recientemente acordada por medio de la cual científicos de ambos países podrían visitar los lugares de desarrollo avanzado:  los científicos rusos visitarían 137 sitios de investigación del complejo nuclear de los Estados Unidos,  como  los centros de diseño de armas  atómicas de Los Álamos, Alburquerque y Livermore, y tendrían acceso al poderoso láser de cinco mil millones de dólares en Livermore, en el que se crean explosiones de bombas de hidrogeno en miniatura.

Rusia ha sido advertida de que una invasión de sus tropas a Ucrania acarrea un costo considerable con nuevas penalidades.

El nuevo error de descartar a Rusia y a Putin

Aunque ahora se quiera disminuir el peso de Rusia en el mundo, Putin está al mando de un considerable poder. Ha demostrado que puede sostener a un dictador tan despreciado como Bashir al Assad en Siria, y también puede sembrar o ayudar a sembrar el caos en el mundo.

Putin tiene el control de un país que es el segundo productor de gas natural del planeta y el tercero de petróleo. Sus misiles de largo alcance y sus bombarderos nucleares tienen la capacidad de crear una verdadera catástrofe en cualquier parte.

Aun peor, nadie ha tenido en Rusia, ni incluso en los tiempos de la URSS, una concentración de poder personal y de poder militar y económico de la magnitud que la que tiene Vladimir Putin.

Sus errores solo pueden atribuirse a su carácter, a su formación, a sus ambiciones y a la ceguera con que el poder engaña a los hombres sin cultura, sin visión y sin grandeza.

Si de vez en cuando hemos visto una película en que un militar ruso fanático lleva al mundo al borde de un holocausto nuclear, ahora tenemos en Putin el candidato a un papel estelar.

Odia a Occidente visceralmente, y después de su fracaso en Ucrania, si es que por fin no se decide a invadir, lo odiará más. Habrá quedado como un traidor ante los separatistas, y como un flojo antes los hombres de línea dura en el Kremlin.

Si Occidente con sus medidas provoca una recesión en Rusia y si lo aísla indefinidamente del escenario político que necesita, su ego herido y sus complejos de origen lo convertirán en un hombre aun más peligroso.

Que sus acciones lo hayan hecho muy popular en Rusia no nos debe sorprender. La popularidad de los conquistadores es cosa común en la historia, y solo se mantiene con más invasiones victoriosas y con un nivel de vida que difícilmente Rusia puede sostener sin un aumento de las inversiones y los negocios con Occidente.

Vladimir Putin ha perdido legitimidad y prestigio en un mundo que le abrió las puertas. Puede ser que trate de recuperar el terreno perdido, porque el error ha sido muy grande y las consecuencias económicas y políticas pueden llegar a ser muy serias.

Quizá ha comenzado la Guerra Fría II, o tal vez estemos en los preludios de la III Guerra Mundial. Una Rusia tiranizada y una China antidemocrática pueden ser fuentes de negocios y enriquecimiento, pero no son garantías de la paz mundial a largo plazo. 

Siempre puede aparecer un imprevisto.

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica
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Putin y el paso en falso en Ucrania



Los dirigentes de Occidente consideraban a Vladimir Putin como el líder que conduciría a Rusia hacia la convergencia con la economía capitalista y el sistema democrático. Por estas razones y gracias la buena voluntad y a la falta de experiencia de la mayoría de ellos, Putin era un hombre con el que había que tratar de igual a igual.  

A los políticos del campo democrático no les preocupó demasiado su pasado ni que durante su gobierno se asesinaran periodistas, se acosaran y encarcelaran opositores y que algunas personas perdieran sus empresas y hasta sus vidas en forma misteriosa.  Mucho menos les importaban estos asuntos  a los capitalistas que invirtieron en Rusia o le prestaron miles de millones de dólares.  

Para el mundo del dinero y de las influencias, en Rusia había un mercado por explotar y fabulosas ganancias por administrar.  Y aunque disminuida política y militarmente no dejaba de ser una potencia con la que había que contar. Después de todo siempre se acude al preferido, cómodo y demagógico argumento de que los negocios y el desarrollo conducen irremediablemente a la democracia.

El resultado ha sido todo lo contrario a lo que esperaban nuestros pragmáticos dirigentes. Putin ha llevado a Rusia paso a paso por el camino de la autocracia y el despotismo, demostrando que es tan  depredador como lo fueron los antiguos jerarcas del Kremlin. Putin está al mando de un considerable poder militar y tiene el control de un país que es el segundo productor de gas natural de mundo y el tercero de petróleo.  

Putin ha cometido errores que demuestran que es un ex agente soviético convertido en el hombre fuerte de lo quedó de la URSS.  Sus errores solo puede atribuirse a su carácter, a su formación, a sus ambiciones y a la ceguera con que el poder engaña a los hombres sin cultura, sin visión y sin grandeza. Algo bastante más común de lo que imaginamos.

Su violenta anexión de Crimea y la descarada organización y dirección de un ejército separatista en Ucrania al que ha entregado armamento sofisticado son la última muestra –no la primera- de su agresividad personal, de sus ambiciones y del poco respeto que le merece Occidente. 

En un juego en que pudo seguir ganando terreno, Putin sacó las cartas demasiado temprano.  Las 298 víctimas del avión de Air Malaysa  parecen finalmente haber alertado a Occidente de sus intenciones. 

Las reacciones por su error están a la vista. NATO, la alianza militar de Estados Unidos y Europa que fue tomada por sorpresa parece prepararse para evitar futuras agresiones rusas en el continente. El gobierno estadounidense ha denunciado la violación por parte de Rusia del tratado sobre el desarrollo de misiles cruceros firmado entre Reagan y Gorbachov en 1987. También se han implementados medidas que afectarán negativamente a la economía rusa y que son mensajes de advertencia.

Los Estados Unidos ha suspendido la cooperación recientemente acordada por medio de la cual científicos de ambos países podrían visitar  los lugares de desarrollo avanzado. Los científicos rusos visitarían 137 sitios de investigación del complejo nuclear de los Estados Unidos,  como  los centros de diseño de armas  atómicas de Los Alamos, Alburquerque y Livermore y tendrían acceso al poderoso láser de cinco mil millones de dólares en Livermore, en el que se crean explosiones de bombas de hidrogeno en miniatura.

Que sus acciones lo hayan hecho muy popular en Rusia no nos debe sorprender. La popularidad de los conquistadores es cosa común en la historia y solo se mantiene con más invasiones victoriosas y con un nivel de vida que difícilmente Rusia puede sostener sin un aumento de las inversiones y los negocios con Occidente.  No nos debe impresionar que algunos periodistas y académicos hayan querido “intelectualizar” sus acciones como parte de la voracidad territorial del antiguo Imperio Ruso del que “afirman” se siente heredero.

Lo importante es que gracias a sus errores se ha  podido entender a tiempo las consecuencias de la falta de visión de los dirigentes occidentales. Vladimir Putin ha perdido legitimidad y prestigio en un mundo que le abrió las puertas. Tratará de recuperar el terreno perdido porque el error ha sido muy grande, las consecuencias económicas y políticas pueden llegar a ser muy serias y su ego ya está acostumbrado a que lo traten como un hombre civilizado.

Huber Matos Araluce
San José,  Costa Rica



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Putin y Raúl y el desastre en Ucrania


El resultado de esta tragedia no podía haber sido peor para ambos, la imagen de los dos autócratas y ex camaradas ha quedado muy dañada. Tal es el caso que no se había acabado de disipar el humo de los restos del avión de pasajeros de Malaysa Airlines cuando Vladimir Putin estaba negando que su gobierno fuera a activar una operación de espionaje electrónico en Cuba. El y Raúl Castro habían dejado correr el rumor del proyecto de inteligencia en la Isla para demostrar cuan fuertes eran los lazos entre ambos gobiernos y de paso advertirle a Obama que con Cuba era mejor que fuera más, que menos flexible.  

El viaje Putin a Cuba fue programado hace mucho tiempo como parte de su presencia en Brasil al final del campeonato mundial de fútbol. Ocasión en que se anunciaría públicamente la creación de un banco internacional entre Rusia, China, India, Brasil y Sudáfrica, el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD). 

Cuando esta gira se planeó seguramente fue con el propósito de proyectar al hombre fuerte de Rusia como un estadista de talla planetaria. Putin, a pesar de ser represor de la oposición democrática en Rusia, había alcanzado cierto grado de credibilidad mundial en buena parte porque Barack Obama lo trataba como un hombre que había que tener en cuenta en el escenario del liderazgo internacional.  

Vladimir Putin comenzó su caída en desgracia cuando como reacción al derrocamiento de su socio el presidente de Ucrania a principios de este año lanzó una invasión y le quitó a ese país la Península de Crimea.  La Unión Europea y los Estados Unidos tuvieron que aceptar el hecho y responder con unas sanciones que aunque lastimaban la economía rusa no fueron suficientes para frenar las intenciones del autócrata ruso.

Putin, herido en su autoestima aprovechó la oportunidad para encubrir su pérdida de prestigio internacional alimentando el nacionalismo ruso, estrategia que han usado con frecuencia políticos en aprietos.  Así se alivió temporalmente con la efímera simpatía del populacho ruso que le pedirá la cabeza el día que la economía rusa no pueda mantenerle su nivel de vida.

Por eso esta reciente gira tenía que  usarse para demostrarle a las masas rusas que su hombre fuerte era recibido y aplaudido en Latinoamérica. La presencia del "macho man" ruso, apoyado por los gobiernos latinoamericanos que se consideran sus aliados, era un reto directo a los Estados Unidos desde el patio de su casa.

No estaba mal el esfuerzo publicitario hasta que un misil ruso derribó un avión de pasajeros y causó la muerte de 298 inocentes.  No importa quien apretó el botón o quien se equivocó y desde donde se lanzó.  Si lo dispararon soldados rusos o si lo hicieron los guerrilleros ruso-ucranianos que controla el ejército ruso, la responsabilidad recae sobre Vladimir Putin, que es  el jefe principal y el instigador de la desestabilización del gobierno ucraniano.

Lo cierto es que Raúl Castro y su dictadura no se van a salvar de la cuota de repudio mundial que les corresponde, especialmente ahora que Fidel Castro en forma cínica repite la acusación de Putin de que el responsable es el gobierno de Ucrania por un conflicto que no debía existir. 

Quienes hace algunas semanas escribieron una carta a Obama pidiéndole mayor flexibilización de la política de Washington hacia el gobierno castrista no quedaron nada bien con el acercamiento entre Vladimir Putin y Raúl Castro. Ahora ante esta tragedia y las declaraciones cómplices del régimen cubano, esa carta debía quedar bien archivada para que no se pierda y sobre todo para que no se olvide.

Por Huber Matos Araluce

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Cuba y Corea del Norte: el cuentapropismo y la transición democrática


El tema de cómo ayudar a la democratización de Cuba ha estado dominado por el simplismo, la política y los intereses.  Con poca frecuencia se plantea el asunto con objetividad. 

¿Qué deben hacer Europa y los Estados Unidos para propiciar una democracia en Cuba?

La respuesta es parte de un debate permanente donde parece que ni empresarios, ni periodistas, ni  algunos políticos europeos y otros estadounidenses tienen que probar o demostrar nada.  

La mayoría proponen lo que les parece o conviene plantear, sin tener en cuenta la experiencia histórica ni los hechos. 

Por ejemplo, lo primero que ignoran o tergiversan es el impacto que han tenido en Cuba políticas opuestas: La de los Estados Unidos versus la de  Europa y el resto del planeta. 

Mientras los Estados Unidos mantuvieron un embargo comercial a la Isla, prohibiendo originalmente a las empresas norteamericanos comerciar con Cuba, todas las democracias industrializadas del mundo tomaron la posición completamente contraria.  

Desde Canadá hasta Japón, incluyendo  Europa, por más de medio siglo le dieron préstamos y crédito al gobierno de Cuba.   Le han vendido y le han comprado todo lo que se ha podido comerciar, además de proporcionarle asistencia y ayudas gratuitas. 

El embargo estadounidense no ha impedido que Cuba exporte sus principales productos: azúcar, tabaco, níquel y servicios médicos a quien los ha querido pagar en el mundo, excluyendo a los Estados Unidos. 

Ni mucho menos ese embargo ha evitado que millones de canadienses, latinoamericanos, europeos y ciudadanos de otros países hayan viajado como turistas a Cuba.  

El fracaso económico del castrismo se debe a la economía socialista, fracaso que han experimentado todos los gobiernos que impusieron ese modelo.  

El ejemplo más reciente es el de Venezuela y su “socialismo del siglo 21”.  El  gobierno chavista,  anti yanqui y anti imperialista  tiene a los Estados Unidos como uno de sus más importantes socios comerciales. 

A pesar de esto, Venezuela, con uno de las reservas energéticas más grandes del mundo está al borde del precipicio económico.

El embargo de los Estados Unidos

Para quienes señalan que el embargo estadounidense ha fracasado, parten del supuesto que éste tenía que lograr el colapso del castrismo o hacerlo cambiar.  La conclusión es tan falsa como fácil. 

El embargo de los Estados Unidos no tuvo tal propósito y nunca hubiera podido lograrlo porque el gobierno cubano dependía de un generoso subsidio de la Unión Soviética. Además Cuba podía comerciar con casi todo los países del mundo.  

Fue hasta que la URSS se desplomó que comenzó una crisis grave en Cuba que pudo superarse porque Venezuela tomó el papel salvador del bloque  soviético. 

Habría que considerar el impacto del mantenimiento o la suspensión del embargo estadounidense si Venezuela dejara de subvencionar al régimen castrista. 

Aunque sería iluso creer que el fin de esta subvención daría inicio en forma irreversible a una transición democrática en Cuba.

Quienes se oponen al embargo no han tenido en cuenta que el embargo puede haber persuadido  a elementos dentro del gobierno cubano de que la transición democrática es un precio que tendrán que pagar –con o sin los Castro- para normalizar la relación con los Estados Unidos y salvarse ellos mismos del caos y de la justicia del pueblo.

Desde otra perspectiva los anti embargo callan que la política de amistad y de comercio que la Unión Europea hacia el régimen castrista tampoco ha logrado un cambio de sistema en Cuba. 

La política del policía malo (Los Estados Unidos) y la del policía bueno (La Unión Europea) merecen estudio porque esta situación ha hecho más fácil la vida a la dictadura en Cuba.

Quizás lo que no funcionó ayer como se pretendió o como se alega, puede estar teniendo resultados ahora o los tendrá en el futuro.

¿Estaría la democracia garantizada?

¿Podría sobrevivir otra dictadura en Cuba?  ¿Una que protegiera los intereses y personajes del castrismo?  

Nada está escrito y nada está fuera de las posibilidades.  Una estrategia de apoyo al pueblo cubano no puede rechazar tal escenario y tampoco como enfrentarlo.  

Lo que no se puede argumentar es que cualquier política hacia Cuba puede por sí sola lograr un cambio. 

Este es el principal error del grupo que propone una mayor flexibilidad  hacia el régimen de la Isla, que eventualmente conduciría a un levantamiento del embargo.

Son varios son los factores que pueden llevar a un que un país sometido a una dictadura se mueva hacia una democracia y que ésta se consolide.

Uno de ellos es la voluntad del régimen en el poder.  En el caso del castrismo ha sido su convencimiento de que es peligroso ceder y el hecho de que siempre ha tenido un padrino que lo financie.

Hasta ahora ha sido el castrismo el que no ha permitido que ni la presión estadounidense ni la amistad y colaboración europea hayan logrado verdadero progreso en el campo del pluralismo político y el respeto a los derechos humanos.  

Tampoco lo hará con cualquier otro planteamiento que lo considere desestabilizador. 

Por eso cuando alguien propone alguna nueva idea sobre cómo los Estados Unido o la Unión Europea deben relacionarse con el régimen castrista, tiene que aceptar que durante medio siglo la dictadura castrista, por decisión propia, ha sido un muro infranqueable.

Si el que propone una nueva política al presidente Obama está convencido de que de la dictadura quiere ir hacia una transición democrática, tiene la obligación de demostrarlo y no tomar por cierto lo que puede ser una cuestión puramente táctica. 

Ante crisis severas hay dictaduras que han cedido mientras otras se han radicalizado.  Desde la guerra fría hasta nuestros días los ejemplos no faltan. 

Cuando en el pasado el castrismo se ha encontrado en problemas ha hecho concesiones y luego de superada la crisis ha vuelto a la  rigidez.

A fin de cuentas el  regreso de Cuba a la democracia es nada más que una posibilidad.   La defensa o sugerencia de determinadas medidas lograr un cambio autentico en esa dirección debe considerarse en un contexto del que no pueden estar ausentes las experiencias de otros países.

El cuentapropismo y la empresa privada

¿Conduciría a la democratización de Corea del Norte que los Estados Unidos apoyara una mayor autonomía de los habitantes de ese país?

Eso dependería de que el régimen de Corea del Norte aceptara que sus súbditos tuvieran mayor autonomía. Parece improbable que esto  dependa de lo que hiciera o dejara de hacer los Estados Unidos. 

En todo caso, sin cambios políticos fundamentales en Corea, lo que hoy se pueda permitir, mañana podría convertirse en un delito. Esta ha sido la experiencia en Cuba. 

Sin embargo, uno de los firmantes de la carta a Obama en que le piden mayor flexibilidad hacia “Cuba”, Arturo Valenzuela, ex subsecretario de Estado para Latinoamérica, afirmó en una entrevista al periódico El Mundo que:

“No habrá liberalización en Cuba hasta que el pueblo gane autonomía”.

Está claro que  Corea del Norte como en Cuba, esa autonomía dependerá  de la decisión de cada dictadura, no de la decisión de Barack Obama. 

Usar como ejemplo la existencia de cuentapropistas o de empresas privadas en Cuba para demostrar la certeza o posibilidad de un cambio hacia la democracia es una ilusión, ignorancia  o demagogia.

En Corea del Norte también hay cuentapropistas e inversiones extranjeras y esto no es indicio ni garantía de que el país se esté encaminando hacia la democracia.  

En Corea del Norte: “…La forma más popular de ganar dinero es con pequeñas tiendas o restaurantes, o pequeñas industrias haciendo ropa o zapatos, enseñando en forma privada y brindando servicios médicos privados…” Recientemente hay un creciente número de personas que están involucrándose en el negocio de los transportes registrando ilegalmente vehículos y botes en nombre de compañías o agencias  y apropiándose de las ganancias ya que está prohibido a una persona ser dueño de un vehículo”.

En Corea del Norte hay varias zonas francas en la que se han instalado empresas capitalistas, muchas de ellas de la vecina y enemiga mortal Corea del Sur.  En este sentido Corea del Norte está mucho más avanzada que Cuba. 

Los ilusos no han dejado de hablar y de escribir del proyecto de Mariel en Cuba como la epifanía del “cambio” del capitalismo a la democracia. Pero sin  garantías de orden constitucional e institucional que incluyan el respeto a los derechos humanos no habrá una verdadera democratización.

En conclusión, la presencia de cuentapropistas y de empresarios en una dictadura no es garantía de democracia ni de transición a la democracia.  

China, Rusia, Vietnam, Siria e Irán, entre otros, son países donde se violan sistemáticamente los derechos humanos, sin embargo, en estas naciones hay muchas más libertades y garantías económicas que las que el régimen de Raúl Castro ha planteado y permite en Cuba.

Ninguno de ni esos sistemas están evolucionando hacia el multipartidismo y la democracia verdadera.

El argumento de Arturo Valenzuela de que:

 “No habrá liberalización en Cuba hasta que el pueblo gane autonomía” 

 Es una afirmación muy discutible por otra razón.

Hay países que han pasado de la dictadura a la democracia sin necesidad de tal “autonomía económica” y hay pueblos que con autonomía económica aún viven bajo regímenes tiránicos.

¿Hay cambios en Cuba que garanticen un futuro democrático?

Descartado el factor del cuentapropismo o incluso de la empresa privada como determinante de una transición a la democracia,  tendremos que preguntarnos si el régimen castrista está tomando acciones en esta  dirección para fortalecer su precaria economía y así afianzar la dictadura o para iniciar una transición democrática.

Las acciones y declaraciones del castrismo en este sentido están bien documentadas. 

Mientras para muchos los cambios en Cuba son parte de una estratagema de supervivencia ante la crisis venezolana, otros dan por seguro de que esos cambios son las señales de una nueva era en la que los Estados Unidos no deben perder la oportunidad.

Las dictaduras se resisten al cambio mientras pueden.  Esto depende de una serie de circunstancias  y de factores internos y externos, todos interactuando. 

El deterioro económico actual en Cuba y la debilidad política del régimen son consecuencia de decisiones de la dictadura y de la dependencia que el castrismo siempre ha tenido de la subvención externa.

Lo que hace falta no son propuestas aisladas sino una estrategia que contemple los diferentes escenarios,  porque ni el cuentapropismo, ni la desaparición de Raúl ni de Fidel Castro, ni el fin de la subvención venezolana, ni una mayor flexibilización del gobierno de Obama hacia el régimen en la Isla, necesariamente van a conducir a Cuba hacia la democracia.

El presente y el futuro del pueblo cubano se encuentran en juego y no hay espacio para la demagogia, la superficialidad y el error.

Huber Matos Araluce

Artículo publicado por Cubanalisis

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