martes 10 de noviembre de 2009

Qué quieren Raúl Castro y sus socios

Por qué no se debe levantar el embargo (17)

Raúl es un hombre astuto que ha vivido bajo la sombra de su hermano. Esto se debe en parte a diferencias obvias entre ambos personajes. Fidel siempre lo ha humillado como a pocas personas en su círculo de poder. El alcoholismo de Raúl tampoco es un secreto, a veces evidente en su comportamiento público.

Él y sus socios están conscientes de que han heredado un país convertido en un verdadero desastre. La cúpula gobernante se compone de personas que se acercan a los 80 años de edad. Del liderazgo original ya han muerto varios; algunos escogieron el suicidio. Para los que quedan, un cambio de cualquier tipo es difícil de asimilar. Han acumulado bastante dinero… tienen desde cotos de caza privados a la usanza soviética, hasta inversiones en el extranjero.

Esta vieja nomenclatura sabe que Estados Unidos es el único país que puede garantizarles la permanencia en el poder. Es el país de donde pueden llegar los cuantiosos recursos que necesita con urgencia la economía cubana. Solo el turismo estadounidense representaría un ingreso de miles de millones de dólares. También el acceso al mercado norteamericano es una condición para atraer inversionistas extranjeros.

¿Qué le ha ofrecido el grupo raulista a Estados Unidos? Cambios, cambios hacia el capitalismo. Si es necesario, repartir a Cuba en pedazos y entregársela a los empresarios norteamericanos. Los castristas argumentan que los inversionistas estadounidenses necesitarán en Cuba un gobierno que mantenga el orden como lo hacen los ex comunistas en China.

Tentar a los estadounidenses con las virtudes del capitalismo es muy fácil. La mayoría de ellos están convencidos de que el capitalismo es la madre de todas las virtudes, especialmente del poderío del que viven orgullosos. Se olvidan de que su país alcanzó ese nivel porque el dinamismo de su pueblo, y la riqueza de las tierras que colonizaron, se desarrollaron dentro de un estado de derecho excepcionalmente práctico y moderno. Las obligaciones y garantías de su constitución, sus instituciones y sus leyes, les permitieron dejar atrás al resto de un mundo destruido dos veces en el mismo siglo por guerras mundiales.

Junto con esa creencia de que el capitalismo lo resuelve todo, hay grandes intereses en los Estados Unidos que presionan para hacer negocios en Cuba. A Cuba hay que hacerla nueva. Hay que fabricar carreteras, acueductos, puertos, centros comerciales, cientos de miles de viviendas, hoteles, el 90% de la vías férreas necesitan reemplazos, etc. Está el negocio potencial del petróleo de aguas profundas. Más la industria azucarera y la posibilidad de fabricar etanol en cantidades exportables. Estos intereses estadounidenses han visto como los españoles monopolizan la industria turística de Cuba, mientras ellos se quedaban fuera. Y como los canadienses se han apoderado de una buena parte de la minería cubana.

Para el grupo castrista la única forma de camuflar las riquezas que han hecho al amparo del poder es en un sistema sin transparencia, en el que nadie tenga que rendir cuentas. Así sucedió en Rusia y en China. Los viejos comunistas aliados a la mafia y a los nuevos barones del capitalismo, en nombre del cambio se apoderaron de riquezas naturales y de las grandes empresas. No fue un cambio hacia la democracia sino hacia lo peor del capitalismo.

Ese es el tipo de cambio que quieren los castristas. Una especie de China caribeña. La democracia dicen, vendrá después, hay que tener paciencia, llegará con el tiempo.

Es un escenario ideal para capitalistas estadounidenses: Cuba, un país sin sindicatos, con sueldos miserables, sin huelgas, sin leyes ambientales que respetar. Una pequeña China a 90 millas. Son un pueblo inteligente que gana un promedio de $17 dólares mensuales y que tal vez por el doble se entusiasme. Un país con funcionarios corruptos y complacientes, sin una oposición política problemática y sin una prensa independiente que investigue y denuncie.

Raúl y su grupo tienen su hoja de ruta trazada, le han hecho ofertas secretas a la administración Obama y mientras tanto, hasta donde puedan, seguirán con Chávez. Para todo esto preparan un timo colosal al pueblo cubano.

Continuara…


domingo 8 de noviembre de 2009

El odio y la violencia en Cuba


Si hubieran permitido a Yoani Sánchez participar en la manifestación a la que se dirigía, la noticia del evento ya se habría diluido entre las oleadas de información que sin cesar, se desplazan en el mundo digital. Pero la dictadura castrista le teme tanto, que tenían que impedirle a golpes que llegara a las calles G y 23 a unirse con otros 200 jóvenes cubanos en una manifestación por el “amor” y a clamar por “no más violencia”.

¿Es un delito apoyar el amor en Cuba? Sí lo es.

El amor es el antídoto del odio.

¿Es ilegal en Cuba manifestarse contra la violencia? También es cierto.

No puede haber dictadura sin odios, ni tiranía sin violencia.

En Cuba el castrismo sembró una cultura de odio que ha alimentado durante medio siglo. Odio de unos cubanos contra otros, “de los buenos contra los malos”, de los que “tienen la razón contra los que no la tienen”. Sin odios no hubieran perdido la vida tantos cubanos en el paredón, ni habrían padecido prisión o exilio cientos de miles, millones, por su amor a la libertad.

El odio sirve para justificar los comités de vigilancia y la prisión por razones políticas. Sin odios no se les pueden dar golpizas en la calle a ciudadanos que no han violado la ley, ni representan un peligro a otras personas.

¿Es un delito pedir: “no más violencia”?

¿En una dictadura? Por supuesto.

Se puede pedir no más violencia en Costa Rica y Oscar Arias no se sentiría ofendido. Si lo hacen en México, serían las bandas de narcotraficantes las aludidas. Pero decir “no más violencia” en Cuba es negarle el oxigeno a la tiranía. La violencia estimula al esbirro y aplaca el temor del dictador. Las tiranías sobreviven por la violencia, física o sicológica, refinada o brutal, siempre sistemática.

Con su cobarde acción contra Yoani Sánchez y su valiente acompañante, la tiranía ha aumentado el caudal de simpatía y solidaridad que ella ha ganado en el mundo. Es una muestra de que el castrismo sigue siendo el mismo, que no hay un cambio auténtico, que se aferra al poder con insolencia, dispuesto a proteger sus privilegios sin respetar los derechos humanos. Creen que con zarpazos, sumados a la indiferencia o la complicidad de la ONU y de la OEA, podrán detener a una generación que quiere ser dueña de su destino y que tiene valor para defenderlo.

jueves 5 de noviembre de 2009

Por qué no se debe levantar el embargo (16)


Raul Castro y sus interés en negociar con los Estados Unidos

El deseo de Raúl Castro de negociar con los Estados Unidos precede el triunfo de Obama. Raúl había aconsejado públicamente a la administración Bush que le convenía llegar a un acuerdo con el gobierno cubano con Fidel en vida. A quien en realidad le convenía era a Raúl que, consciente que sería el heredero de su hermano, quería recibir un poder consolidado por un compromiso con Washington antes de la desaparición de Fidel. Así evitaría tener que ser él quien lo negociara desde una posición débil, como resultado de un ilegítimo traspaso del poder del anciano mayor al anciano menor.

El asunto no se quedó en el plano de las declaraciones públicas. Los castristas hicieron un bizarro intento de negociación y enviaron una delegación de militares cubanos a conversar con militares estadounidenses. Viajaron incognito de Cuba a Washington y fueron recibidos amablemente en el Pentágono. Expresaron que en Cuba el alto mando había llegado a la conclusión de que era necesario un cambio de rumbo al sistema. Necesitaban un plazo de 20 años y otras condiciones. Los militares estadounidenses se quedaron estupefactos. Les dijeron a los militares cubanos que ellos no eran la dependencia del gobierno para poder discutir una propuesta así. Se habían equivocado de oficina.

En Cuba saben que para desembarazarse del estatismo económico, las negociaciones con los Estados Unidos son inevitables. Los socios comerciales de Cuba en el mundo democrático, España y Canadá por ejemplo, no se arriesgarían a hacer las cuantiosas inversiones que necesita la economía de la isla para iniciar un despegue capitalista, como por ejemplo el de China. España y Canadá han hecho buenos negocios con la dictadura, pero no han tenido siempre las mejores experiencias en Cuba. Recientemente Moratinos viajó a La Habana a pedir que se inicie al pago de 450 millones de dólares que el gobierno cubano les ha retenido a empresarios españoles. Canadá no ha sido inmune a similares experiencias.

China ha sido cuidadosa con sus inversiones en la isla. Prefiere dar préstamos sabiendo que, tarde o temprano, algún gobierno cubano le pagará. México mantiene su distancia y Lula, a pesar de su admiración por Fidel Castro y su amistad con Raúl, no puede obligar a los empresarios brasileños a hacer grandes inversiones en Cuba. El fracaso del castrismo es reconocido incluso entre sus socios del socialismo del siglo XXI. Hasta Rafael Correa, el presidente ecuatoriano aliado de Hugo Chávez, recientemente declaró que en Cuba hay que hacer cambios.

Si el panorama interno y externo no es favorable para el castrismo, hay un escenario que les quita el sueño. Dentro de 36 meses habrá elecciones presidenciales en Venezuela. La popularidad decreciente de Hugo Chávez es difícil de revertir. Chávez puede radicalizar el proceso y liquidar lo que queda de democracia en Venezuela, pero aun así, los castristas no pueden confiar en forma indefinida con el subsidio venezolano.

Esta subvención es lo que ha evitado que una economía en quiebra entre en una etapa crítica. Si esto llega a suceder, el descontento reprimido por décadas difícilmente podrá contenerse.

La transición del estatismo a la economía de mercado no es una asignatura nueva. Existe experiencia documentada de los éxitos y fracasos de los países que fueron dominados por los comunistas. Raúl Castro y su pequeño grupo saben que necesitan el financiamiento, el capital y el mercado estadounidense para evitar el ruinoso desenlace que tienen por delante. Independientemente de las poses de teatro de que están dispuestos a conversar con los Estados Unidos de igual a igual, fue Raúl Castro quien ofreció negociar de todo con Obama: “presos políticos, libertad de prensa y derechos humanos.”

Continuara…

lunes 2 de noviembre de 2009

Por qué no se debe levantar el embargo (15)


¿Que sería justo para los cubanos?

La economía estatizada ha fracasado dondequiera que se ha intentado. La experiencia del castrismo en Cuba es una prueba más. El camino del desarrollo económico es la economía de mercado. Por otra parte, el cambio del estatismo a la propiedad privada no garantiza por sí mismo la democracia, como tantos ciegamente creen. La historia muestra muchos matrimonios entre criminales dictaduras y el capitalismo.

En un país empobrecido por el totalitarismo comunista, el grupo que no quiere renunciar al poder tiene la alternativa de atraer la inversión extranjera, controlar la nacional privilegiando a los incondicionales, y evitar el desarrollo de un verdadero estado de derecho (Rusia, China).

Por el contrario, en los países ex comunistas donde ha habido una autentica transición hacia la libertad, se ha priorizado el desarrollo de un estado de derecho. Se ha legalizado la propiedad privada y se ha fomentado la inversión nacional y extranjera (Hungría, Polonia, la República Checa).

En un cambio hacia una economía de mercado en Cuba, los cubanos que viven en la isla deben tener la posibilidad de participar en igualdad de condiciones en el desarrollo del país. Si no es así, el capital foráneo tendrá la ventaja para apoderarse de los activos más valiosos y de los mejores negocios.

Cuba se convertiría en una neo-colonia de los Estados Unidos, China y España, con un porcentaje considerable de su economía en manos de los comunistas reciclados y de los cómplices de Hugo Chávez.

Para evitar este escenario, desde el inicio del cambio los cubanos deben tener acceso a un mercado de financiamiento que les permita competir por los méritos de sus proyectos y no por su incondicionalidad política. Es obvio que estas condiciones solo pueden materializarse en el contexto de un estado de derecho. Por esto el cambio en Cuba debe ser hacia la democracia, la única que puede evitar el escamoteo del patrimonio nacional.

El actual gobierno de Cuba, sin ningún pudor, ha favorecido al capitalismo extranjero con el que se ha asociado. Las compañías españolas, canadienses etc., han estado protegidas por una legislación que las privilegia, mientras que niega a los cubanos iguales oportunidades. Los extranjeros en Cuba han ido acaparando cuanto espacio económico la dictadura les ha facilitado. El levantamiento incondicional del embargo intensificaría esa situación hasta dejar a Cuba en manos de un capitalismo cómplice del régimen.

La ausencia de una prensa libre, de partidos políticos, de un sistema judicial independiente y de legisladores que respondan a la población, es el paraíso del atropello y la corrupción. Por eso un cambio en Cuba no debe priorizar el capitalismo, sino la democracia.

El presidente Dimitri A. Medvedev, se quejó recientemente del atraso económico de Rusia y resaltó la necesidad de que la democracia y los derechos humanos fueran protegidos, y de que el país escogiera regularmente nuevos líderes en elecciones libres.

Los cubanos no merecen seguir el camino de Rusia o de China. Quienes se deslumbran por el progreso económico de China cierran los ojos a que es lugar del mundo donde se cometen más violaciones a los derechos humanos. Es un país donde los disidentes son sistemáticamente perseguidos e ignorados. Donde los trabadores no tienen derechos y los campesinos son expulsados de sus tierras, cuando un desarrollador privado las necesita para construir viviendas de lujo. Es un país de juicios sin garantías procesales.

Un levantamiento del embargo que no se condicione al establecimiento de un estado derecho en Cuba, consagrado en una constitución democrática, en leyes e instituciones, le dará la luz verde a la actual tiranía para que, en una subasta disfrazada de transición hacia la libertad, remate el patrimonio nacional al mejor postor extranjero.

Continuará…

sábado 31 de octubre de 2009

Por qué no se debe levantar el embargo (14)

El embargo y los intereses creados

La dictadura castrista y el gobierno de los Estados Unidos negocian el futuro de un pueblo que ninguno de ellos representa. ¿Quiénes más tienen intereses?

a) El pueblo cubano. En varias encuestas hechas en Cuba, aun bajo el temor de la represión, los cubanos han afirmado mayoritariamente que quieren vivir en democracia.

b) Las empresas estadounidenses, que lo único que les interesa de Cuba es hacer dinero. Prefieren a un Raúl Castro reformista que a un presidente elegido por el pueblo. Quieren tener más ventajas que los cubanos a la hora de comprar negocios; todo lo que puedan al menor precio posible: tierras, hoteles, fábricas, etc. Una transición hacia la democracia los limitaría. En una sucesión castrista hacia el capitalismo, son el tigre suelto contra un pueblo amarrado.

c) El empresariado europeo está en la misma situación; hasta ahora se ha aprovechado de que en Cuba sólo los extranjeros pueden tener negocios. Le ha sido fácil comprar funcionarios y pagar sueldos miserables. No se preocupan por sindicatos, huelgas o reclamos laborales. Prefieren una evolución muy lenta para mantener sus privilegios actuales. No quieren competencia, ni tener que rendir cuentas por su asociación con la tiranía.


d) La izquierda estadounidense, que ha defendido al castrismo durante medio siglo. Lo exonera de todos los abusos. Sigue culpando al embargo por las desgracias del pueblo cubano y quisiera que le dieran al régimen la oportunidad de una transición, aunque fuese a un capitalismo como el chino.


e) La administración de Obama, que quisiera complacer el apetito de los empresarios estadounidenses y las simpatías procastristas de la izquierda americana. Todo eso sin ofender al exilio cubano y sin parecer que están dándole oxígeno a la dictadura castrista.


f) Los gobiernos latinoamericanos que, reunidos en Honduras en junio de 2009, apoyaron el levantamiento de las sanciones impuestas al castrismo en la OEA. Un primer paso para abrirle la puerta a una dictadura que no ha demostrado ningún interés por respetar los derechos humanos. En esa ocasión, ni un solo presidente fue capaz de mencionar el derecho del pueblo cubano a vivir en democracia. Pero a los 30 días todos se unieron para expulsar a Honduras de la OEA y reclamar el regreso de la democracia. Un cambio democrático en Cuba seria embarazoso para los presidentes que hasta hoy profesan admiración y amistad a Fidel y a Raúl Castro.


g) Para Hugo Chávez el desmantelamiento del castrismo sería el principio del fin de su proyecto autocrático en Venezuela. Su gobierno no escatima recursos en mantener la dictadura en Cuba y seguramente trata de influenciar en las negociaciones sobre el embargo.


h) La izquierda demagógica latinoamericana, que sigue creyendo en los logros de la revolución, sin querer aceptar que se pagaron con el subsidio soviético. Logros que han ido desapareciendo en la medida en que la dictadura no les encuentra nuevas fuentes de financiamiento. Y la otra izquierda, la que todavía admira a Fidel Castro porque se le plantó a los americanos. No parece importarles que esto le costara la libertad al pueblo cubano, ni que lo hundiera en la pobreza, ni que lo convirtiera en presa fácil de mezquinos intereses.


Es evidente que contra la democracia en Cuba conspiran muchos intereses. Un acomodo con la sucesión raulista beneficia a los capitalistas estadounidenses y a los europeos, sería más que aceptable para la mayoría de los gobiernos latinoamericanos y para las izquierdas en todos los continentes.


El panorama podría parecer abrumador contra las aspiraciones democráticas de los cubanos. Pero ninguno de los grupos que apoya una sucesión castrista en Cuba está dispuesto a financiarla con los recursos que necesita. Quien puede contribuir a asegurar la vida del castrismo es Barack Obama.


martes 27 de octubre de 2009

Obama y el pasito tun tun

Al canciller español Moratinos le encantaba aquello del diálogo entre Cuba y España, que según él cada vez se profundizaba más. En algún momento se habrá dado cuenta de que, de tanto repetir el término, había dado el paso de lo sublime a lo ridículo. Entonces cambió de vocablo y en lugar de la profundidad del diálogo comenzó con el tema de la intensidad de las relaciones entre Cuba y España. ¿Será ahora más sublime o más ridículo? Quién sabe.

El problema ahora es de pasos, y lo peor es que no son los de Moratinos sino los de Obama. Según la agencia EFE, en un artículo del diario español El País del pasado domingo, se informa que Barack Obama le pidió al Presidente José Luis Rodríguez, durante su reciente visita a la Casa Blanca, que le mandara este mensaje a Raúl: Decidle a Raúl que si él no da pasos tampoco yo podré darlos‘‘.

Y según El País Obama insistió en el tema de los pasos: "Nosotros estamos dando pasos, pero si ellos no dan pasos también, será muy difícil que podamos continuar''. Esto se está pareciendo a una política de pasitos - pasito pallá, pasito pacá - y de pasito a pasito terminarán bailando el Pasito Tun Tun de la Billo’s Caracas Boys. Sabemos que a los Obama les encanta la música. Los dos le llevaban el ritmo muy bien a Gloria Estefan el día de la celebración del 12 de Octubre en la Casa Blanca.

Los pasos y pasitos dan la impresión de ser una estrategia de apariencias. En el mismo artículo se cita a Obama pidiéndole a Rodríguez Zapatero: "Que les diga a las autoridades cubanas que comprendemos que no se puede cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero que, pasados unos años, cuando se mire hacia atrás, debe quedar claro que éste fue el momento en el que empezaron los cambios''

¿Está más interesado Obama en lo que otros dirán, que en lo que él logró? Fue Obama quien dijo que el embargo se levantaría cuando en Cuba se respetaran los derechos humanos y se soltara a los presos políticos; esto se alcanza con una política definida de apoyo a los demócratas cubanos y con una política igualmente precisa hacia la dictadura. Esto de “ya yo di pasos, ahora den pasos ustedes” parece improvisación, la que nos puede conducir por veredas traicioneras.

Lo que publica “El País” debe ser cierto, aunque resulta extraño porque Obama no necesita mandar recados, que se filtran tan fácilmente a la prensa. La Casa Blanca tiene una permanente comunicación con la dictadura castrista; hace poco la administración estadounidense brindó una recepción en La Habana a un nutrido grupo de funcionarios cubanos del área de la “cultura.” Seguro que no se invitaron por telepatía. Ni creemos que por ese medio se analizaron las repercusiones públicas del evento.

Más enigmático nos resulta todo esto, cuando en el Congreso un nutrido grupo de legisladores demócratas está apoyando el fin de las restricciones a los turistas estadounidenses para que viajen a Cuba, lo que representa un ingreso salvador de miles de millones de dólares para una dictadura en la quiebra. Hasta ahora la Casa Blanca inexplicablemente no se ha pronunciado sobre los viajes de los turistas americanos a Cuba, asunto tan vital para la supervivencia de la dictadura. Es decir, parece que Obama no se inclina pallá ni pacá. ¿Qué clase de política es ésta, si el propósito es promover la democracia en Cuba? ¿Habrá que aconsejarle al presidente algo de la letra?: “….cuando vayas a bailar, no te olvides de marcar lo que siempre te enseñé…. pasito tun tun…”



domingo 25 de octubre de 2009

Por qué no se debe levantar el embargo (13)

Negociar el levantamiento del embargo con Castro ha sido imposible, porque solo hubiera estado dispuesto a negociar la rendición incondicional de los Estados Unidos a todas sus exigencias y condiciones. En la dialéctica totalitaria, el contrario no es un opositor político al que se le gana espacio, sino un enemigo. Los enemigos se combaten para destruirlos. Así de sencillo.

El deterioro de la vida de la población precedió por muchos años a la enfermedad de Castro y su decadencia mental. Hace tiempo el pueblo sabe que no puede vestirse, curarse o alimentarse con promesas incumplidas. Cada vez más, los cubanos comprenden que el embargo no es la razón de sus desgracias. El pueblo responsabiliza a Fidel con el fracaso, lo sabe y lo sufre. Los cubanos están al tanto de que Raúl es alcohólico y de que no lo respetan ni en las altas instancias del régimen. Carlos Lage (ex vicepresidente) y Felipe Pérez Roque (ex ministro de relaciones exteriores) fueron removidos de sus cargos hace unos meses por burlarse de la incompetencia de los Castro. El pueblo no es ajeno a los privilegios con que viven las familias de Fidel, Raúl y los principales generales.

El hermano heredero y sus asociados viven con temor de que el colapso de la URSS pueda repetirse en Venezuela. Según “The Economist” Cuba está en la quiebra, a pesar de los miles de millones de dólares de subsidio venezolano. Sin Chávez la economía colapsaría, y el pueblo podría salir a las calles a exigir ropa, transporte, vivienda, medicina y comida. Una vez en la calle, los más decididos pueden toman el control de las cosas. Si la dictadura saca a la policía política vestida de civil a dar golpes – con varillas de construcción dentro de periódicos - o manda los tanques, el desenlace es imprevisible.

Como en Cuba no hay raulistas, sino un grupo en el poder atemorizado y sin capacidad para resolver la crisis, la oferta pública de Raúl Castro, de hablar de todo con Obama, no se puede tomar a la ligera. Después de medio siglo de “triunfo socialista” y lucha contra la democracia (a la que llamaban pluriporquería), han llegado a la conclusión de que tienen que tomar otra vereda, otro camino u otro atajo.

Conscientes de la magnitud de los problemas, los castristas pueden intentar hacer cambios para quedarse en el poder, mimetizando el sistema con eso que ha definido el politólogo Fernando Mires como una “hibridrocracia.” Algo más complejo y peligroso que una dictadura con disfraz de democracia. O tal vez los herederos intenten quedarse en el poder, pero si la situación se complica, quieran parecer desde ahora dando pasos hacia una transición democrática de la que reclamarían autoría.

Cuando vamos a comenzar una negociación cualquiera, preguntémonos: ¿se nos ocurriría, como primer paso, cederle incondicionalmente a la otra parte lo que quiere? Si así lo hiciéramos seríamos incautos. Lo indicado y lo usual es plantear lo que queremos y de ahí en adelante negociar asegurándonos de no ceder en lo fundamental.

Creo que la negociación entre la administración de Barak Obama y la dictadura castrista ha comenzado, aunque las partes lo oculten y lo nieguen. Y no es una negociación en la que participa el pueblo cubano.

¿Qué querrán Raúl Castro y sus socios, qué querrá Washington?

¿Lo mejor para el pueblo cubano? Lo dudo, de ambas partes.

Continuará…