OBAMA Y EL RESET NUMERO 2 CON LA DICTADURA


Cuando llegó a la Casa Blanca en 2009,  el primer intento de acercamiento del presidente Barack Obama hacia el castrismo fue un fracaso.

Revisarlo es una tarea obligada, porque en los últimos meses se han intensificados las presiones para que  el mandatario cambie su política hacia un régimen que ha tiranizado a Cuba por más de medio siglo.

Entre estas presiones están las de The New York Times, uno de los más prestigiosos periódicos de los Estados Unidos, que ha dedicado varios editoriales proponiéndole al presidente tal curso de acción.

Según este diario, con una apertura hacia el gobierno en La Habana, Obama tiene ahora la oportunidad de anotarse una victoria internacional.

Quienes la proponen silencian que el primer intento del actual presidente estadounidense fue un fracaso que rayó en el ridículo.

Una iniciativa en el mismo sentido no es recomendable, por varias razones.

El gobierno de los Estados Unidos está lidiando con un panorama internacional en extremo complicado.

Por esta razón, y porque el capital político de Obama en el campo de las relaciones internacionales ha mermado considerablemente, no tiene sentido arriesgarse con una iniciativa conciliatoria en el campo minado de trampas del castrismo.

No sería el primer gobierno de los Estados Unidos que ha fracasado en el intento por desconocer las verdaderas intenciones de la dictadura en la Isla.

Un error de Obama en Cuba disminuiría su influencia en el Partido Demócrata, y dejaría a los Clinton al timón exclusivo de esa organización.

¿Quién puede estar interesado en esto?

Y es que los argumentos a favor de un cambio unilateral de política con el castrismo son tan frágiles, y la visiones de las situación en Latinoamérica y de la realidad cubana tan inexactas, que parecen una fórmula para que Obama se perjudique.

La influencia del gobierno cubano en Latinoamérica ha sido comprada con el petróleo venezolano y con el poder de compras de Venezuela, como es el caso de Colombia.

En las encuestas de simpatía en Latinoamérica el castrismo y el chavismo, simbolizados por Fidel Castro y Hugo Chávez, han ocupado siempre los peores lugares.

En esas encuestas Obama ha  tenido la ventaja sobre todos los políticos latinoamericanos.

Y en cuanto a Cuba, la mayoría de los dirigentes políticos de oposición en la Isla están en contra de un acuerdo entre Estados Unidos y el castrismo que no tenga como prioridad el respeto  a los derechos humanos, o sea, un cambio político en la Isla.

Pero como en una serie de artículos recientes se ha rebatido en forma contundente la posición de The New York Times y de otros, no voy a repetirlos. Recomiendo visitar Capitol Hill Cubans.

Pero creo que hay  razones detrás de toda esta campaña a favor de un acercamiento con el régimen de La Habana que merecen más atención.

Esta situación me ha hecho recordar dos afirmaciones de mi padre, el Comandante Huber Matos, cuando Raúl Castro asumió el poder en Cuba.

Me dijo: Raúl es un incompetente que no podrá resolver los problemas, y es un cobarde que huirá cuando vea peligro.
    
Las evidencias me hacen creer que Raúl Castro y su equipo, aunque quisieran quedarse en el poder, están preparándose para una eventual huida de Cuba, pero antes de hacerlo tienen que vender todo los activos del país.

Venderlos, pero a buen precio, y esto no se puede hacer sin la cooperación de Barack  Obama.

¿Por qué llamarlo un “reset” con el castrismo?

En 2009 La Casa Blanca planteó el inicio de una nueva relación con Rusia, la llamaron un reset (algo así como borrar el pasado y comenzar de nuevo).

En marzo de 2009 la secretaria de Estado Hillary Clinton regaló al Ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergey Lavrov una cajita amarilla con  un botón rojo de “reset” y dijo:

“Me gustaría presentarles un pequeño regalo que representa lo que hemos estado diciendo el Presidente Obama y el Vice Presidente [Joe Biden] y yo, y eso es: 'queremos restablecer nuestra relación y  lo haremos juntos”.

La reacción de un grupo de europeos ante el cándido gesto, entre ellos Lech Walesa,  fue de preocupación.  La revista Time lo resumió  de esta manera:

“En el verano de 2009, dos docenas de estadistas de la Europa Central y Oriental emitieron un llamamiento conjunto para el Presidente Barack Obama diciéndole que no hay que olvidar las lecciones de la historia reciente.

La Casa Blanca  había hecho público su “reset” en las relaciones con Rusia como una pieza central de la política exterior de Obama, y los europeos estaban preocupados de que Estados Unidos estaba dando un visto bueno a Moscú por su invasión de Georgia el verano anterior.

“Hay nerviosismo en nuestras capitales”, le dijeron en una carta abierta a Obama, que fue firmada por los ex dirigentes de nueve estados de la Unión Europea.

“La OTAN hoy parece más débil que cuando nos unimos”, escribieron. Al mismo tiempo, la carta añadía, “Rusia es como una potencia revisionista persiguiendo una agenda del siglo XIX”.

Los resultados de ese “reset” están a la vista:

Después de haber agredido a Georgia, Rusia invadió a Ucrania, se apoderó de Crimea y actualmente los aviones de su fuerza área ingresan desafiantes en espacio aéreo europeo.
  
Los principales países que fueron sometidos por la URSS están alarmados por su seguridad, y la NATO está reforzándose  tardíamente.

Hay duda en las capitales europeas sobre cuál sería la reacción de Estados Unidos si Rusia continúa su política agresiva.

Por mucho que el presidente Obama ha insistido en su disposición a respaldar la integridad territorial de la zona, la duda persiste.

Las consecuencias dentro de Rusia han sido graves. Las aventuras externas de Putin, que no se pueden desligar de la percepción que tuvo de un Obama débil y amigable, lo han transformado de un autócrata corrupto a un héroe nacionalista.

Esto, más la continua represión contra la oposición democrática rusa, a la que el gobierno de Estados Unidos, en su afán de “reset” con el Kremlin, no respaldó, han hecho retroceder y debilitar el movimiento democrático en Rusia de una forma dramática y triste.

Considero que este retroceso democrático en Rusia y el resurgimiento de un nacionalismo, tan absurdo como peligroso, son daños a largo plazo que se pudieron haber evitado.

Por supuesto, otros dirigentes europeos también son responsables junto a Obama de este desenlace.

El primer “reset” de Obama con el castrismo

El primer “reset” de Obama con el castrismo fue otro fracaso para los cubanos y para la democracia latinoamericana, pero no tuvo mucha repercusión. 

Cuba no es muy importante en los círculos políticos estadounidenses, ni en sus medios de comunicación, a menos que se trate de alguna noticia que culpabilice directa o indirectamente a Washington, o que demuestre algún logro real o falso del sistema en la Isla.

Después de instalarse en la Casa Blanca en 2009, Obama, fiel a sus promesas de campaña, eliminó restricciones de los viajes de los cubanos a Cuba y del envío de dinero a la Isla.

Sin dudas, una acción conciliatoria hacia el régimen de La Habana que, con una economía que el propio Raúl Castro caracterizó cercana al abismo, comenzó a recibir cientos de millones de dólares, que a estas alturas ya suman miles de millones de dólares.

La reacción de La Habana a la nueva política de Obama no fue la mejor:

Purgas a funcionarios que no se consideraban incondicionales del raulismo.

El ascenso de Ramiro Valdés, represor por excelencia, miembro de la vieja guardia y jefe del Ministerio del Interior en sus épocas más siniestras.

La ausencia de medidas que respaldaran los cambios implícitos en las críticas de Raúl Castro al sistema.

La eliminación de elementos moderados del régimen, que simbolizaban por su juventud y sus experiencias promesas hacia menos estatismo.

La sistemática negativa del gobierno a comunicarse con la oposición democrática, la insistencia de medidas represivas contra la disidencia y -en una supuesta antesala a la apertura-  hasta la inexplicable persecución de cubanos que recibían señales de televisión vía satélite.

El gobierno cubano  parecía actuar más sincronizadamente con Hugo Chávez y con su retórica anti imperialista.

Se continuaba machacando en el tema del “bloqueo”, con una demagogia que no correspondía con la nueva disposición y acciones de la administración estadounidense.

Finalmente, el 3 de diciembre de 2009 fue arrestado y luego condenado a 15 años de prisión el ciudadano estadounidense, Alan Gross.

Gross había estado llevando a Cuba equipo digital, financiado por un proyecto del gobierno de los Estados Unidos, para que la pequeña comunidad judía de La Habana pudiera romper el monopolio informativo.

La falta de una actitud conciliatoria de parte del régimen castrista se mantuvo en secreto hasta que el 25 de octubre de 2009, el periódico español El País reveló la verdadera situación de las relaciones entre el gobierno de Obama y el de Raúl Castro:

El País informó que Barack Obama le había pedido al Presidente José Luis Rodríguez, durante su visita a la Casa Blanca, que le mandara este mensaje a Raúl:

“Decidle a Raúl que si él no da pasos tampoco yo podré darlos”.

Según El País, Obama insistió en el tema de los pasos:

“Nosotros estamos dando pasos, pero si ellos no dan pasos también, será muy difícil que podamos continuar”.

En el mismo artículo se cita a Obama pidiéndole a Rodríguez Zapatero:

“Que les diga a las autoridades cubanas que comprendemos que no se pueden cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero que, pasados unos años, cuando se mire hacia atrás, debe quedar claro que éste fue el momento en el que empezaron los cambios”.

La política de tomarlo con calma

No habían pasado dos meses desde que Obama le había pedido a Rodríguez Zapatero intervenir con Raúl Castro a ver si continuaban dando “pasos”, cuando Arturo Valenzuela, Secretario de Estado Adjunto para Latinoamérica, le declaró a EFE, y el Nuevo Herald publicó, que:

“El Gobierno de EEUU se está tomando con “calma” el acercamiento y el diálogo que inició la Administración del presidente Barack Obama con Cuba, porque no busca un ‘‘cambio súbito” en este momento en sus relaciones con La Habana…Washington pretende “tomar el pulso a la situación” en Cuba para “ver cómo salir adelante”… “Lo que estamos viendo de cara al futuro es cómo seguir avanzando” en los temas de interés común para EEUU y Cuba, agregó el alto funcionario… Sin embargo, recalcó que se trata de “algo que nos estamos tomando en estos momentos con calma”… “No es una cosa en que se está buscando un cambio súbito en este momento. Estamos avanzando”, subrayó el diplomático”.

Al buen entendedor pocas palabras: las peticiones de Obama a Raúl Castro a través del presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero habían fracasado.

Lo curioso y sorprendente es que pareciera que la Casa Blanca se quedó en el limbo ante la negativa castrista, es decir, sin estrategia.

Por lo menos eso se desprende de las declaraciones de Arturo Valenzuela cuando dijo: “algo que nos estamos tomando en estos momentos con calma”.

Lo más grave de esta situación es que ya la Casa Blanca había unido  esfuerzos con el gobierno español para desmantelar la política de la Posición Común de la Unión Europea.

Impulsada en 1996 por el ex presidente del Gobierno español José María Aznar, la “Posición Común” de la UE condicionaba la normalización de relaciones con Cuba a los avances que debía dar el régimen comunista hacia la democracia, la liberación de todos los presos políticos, y la mejora de los derechos humanos.

En otras palabras, sin ninguna garantía de que habría cambios democratizadores en Cuba en correspondencia a un acomodo con los Estados Unidos, ya el gobierno de Obama estaba trabajando con el gobierno español para neutralizar y desmantelar la Posición Común europea.

La prueba irrefutable de esta situación la expuso francamente el 28 de octubre de 2009 el embajador de España en Costa Rica, Arturo Reig, en un revelador artículo en el periódico La Nación: “Nueva Política hacia Cuba”, donde dice:

“Por cuanto antecede y a la vista del callejón sin salida a que han conducido dichas políticas de la UE y de los EE. UU., había que preguntarse si valía la pena persistir en ellas y tanto la actual Administración Estadounidense como España se han planteado si no había llegado el momento de establecer una auténtica interlocución con el régimen cubano para intentar que el ya mencionado proceso de reforma, pacífico, ordenado y negociado entre todos los cubanos, pueda iniciarse, contando con la ayuda y el apoyo de la comunidad internacional y, en particular, con los EE. UU., la OEA y la UE, y dentro de esta última, con el país que todos los europeos reconocen como el que tiene el mejor conocimiento de la situación en Cuba; es decir, España”.

Es realmente insólito que el presidente Obama y su equipo en el Departamento de Estado no hayan tenido la precaución de esperar por una reacción positiva del régimen castrista antes de comenzar a debilitar la Posición Común.

A menos que haya sido la insistencia de Hillary Clinton, entonces Secretaria de Estado,  quien le dio luz verde a tal acción en conjunto con el gobierno español  y el presidente Obama, no se hubiera comprendido todo lo que esto implicaba.

El hecho es que habían puesto en marcha un “reset” a lo Putin, es decir, una estrategia que asumía una reacción positiva de la dictadura, y no tenían lista una política alterna si la acción fracasaba.

Por esa razón cuando fracasó el acercamiento, no tenían otra salida que decir que “lo estaban tomando con calma”.

Las consecuencias

Los resultados del primer “reset” de Obama con el régimen de La Habana han sido favorables para el castrismo, que se ha beneficiado de miles de millones de dólares de remesas, más los ingresos por los viajes de los cubanos a la Isla.

La oposición democrática en la Isla perdió misteriosamente a dos de sus más respetados dirigentes: Laura Pollán y Oswaldo Payá, mientras la represión ha continuado implacable, y la violación de los derechos humanos sigue siendo sistemática.

La asistencia del gobierno estadounidense a los programas de apoyo a la oposición democrática se paralizó por un tiempo, y ha sido de sumas minúsculas comparadas con la asistencia a la lucha por la democracia en otros países.

El gobierno castrista no ha tenido que pagar ningún precio en su preponderante papel de guiar el aniquilamiento de la democracia en Venezuela.

Su complicidad con un estado terrorista como Corea del Norte quedó ampliamente expuesta con el contrabando ilegal de armas que fueron confiscadas en Panamá, sin absolutamente ninguna consecuencia real.

Los cambios en Cuba

El fracaso de los cambios económicos en Cuba no es solamente una prueba de la incompetencia de quienes tienen el poder en la Isla.

Fueron políticas anunciadas con otro propósito verdadero:

El de simular una apertura que le permitiera a la clase dominante repartirse los activos del país bajo la simulación de una apertura económica.

La muerte de Hugo Chávez y el peligro de perder la subvención venezolana cambió los planes, y ha obligado al régimen a un esfuerzo desesperado por acercarse al gobierno de los Estados Unidos.

Todos los demás supuestos beneficios de viajes al exterior y una flexibilización del aparato económico estatal son parte del despliegue de  trucos.

Sirven para confundir y darle argumentos al periodismo incauto en el exterior, a los políticos e intelectuales comprometidos históricamente con el castrismo, y para estimular a los grandes manipuladores de inversiones, y a los pequeños también.

La campaña anti embargo y pro acercamiento se lleva a cabo por diferentes grupos con diferentes motivaciones, pero de lograrse el objetivo, será uno solo:

Un acomodo con Estados Unidos le aliviará al castrismo la grave crisis que se vive en Cuba en estos momentos, dándole la oportunidad de mantenerse en el poder.

No solo le ingresarán más recursos por la llegada del turismo estadounidense a Cuba. Lo más importante es que garantizará una revaloración de activos cubanos en el mercado internacional.

Esto podría facilitar que la familia Castro venda a extranjeros esos activos y amase una fortuna de proporciones incalculables, para disfrutarlas en el exilio.

La familia Castro multiplicará su fortuna en el exterior sin preocuparse demasiado si el chavismo colapsa y la ausencia de la subvención venezolana provoca la caída del régimen.

De hecho, casi toda esa familia o vive o viaja con frecuencia al exterior.

Hay poderosos intereses que conscientes de que están en juego ganancias por miles de millones de dólares  generan  presión detrás  de bambalinas  para que Obama intente un segundo reset con el castrismo.

Copio una información de Cinco Días, el diario español dedicado a temas económicos. Saquen ustedes sus propias conclusiones (el subrayado es mío).

Occidental Hoteles sale de Cuba

A finales de año dejará de gestionar cuatro establecimientos en el país

L.S. MADRID 29-10-2014 19:33

Occidental Hotels & Resorts no renovará los contratos de gestión de sus cuatro establecimientos en Cuba, que vencían a finales de año, lo que supone la salida de Cuba de la cadena controlada por BBVA y Partler 2006, la sociedad patrimonialista de Amancio Ortega, según han confirmado fuentes del sector.

La decisión se habría adoptado al tratarse de unos contratos que vencían a finales de año y que de renovarse tendrían una duración de otros cinco años, lo que podría impedir a la cadena operaciones futuras. Se trata de los hoteles Occidental Miramar y Occidental Montehabana, situados en La Habana, y de los complejos turísticos Allegro Varadero y Allegro Club Cayo Guillermo, este último incorporado a principios de este año, según Efe.

Fuentes del sector han asegurado además que la salida de Cuba tendría un impacto escaso en la cuenta de resultados del grupo, dado que apenas suponen un 1% del Ebitda. [Nota de Cubanálisis: Ebitda es un acrónimo del indicador financiero Earnings before Interest, Taxes, Depreciation, and Amortization, en español beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones].

Los actuales propietarios de la cadena hotelera, BBVA y Amancio Ortega, mantienen sus planes de salir de Occidental Hoteles, en la que entraron en 2007 por unos 700 millones. El proceso de venta, controlado por Morgan Stanley, sigue su curso después de recibir el interés de varios grupos, como la cadena española Barceló, la firma estadounidense Marriott, la mexicana Posadas, Host Hotels y Playa, en consorcio con Hyatt, y los fondos KSL Capital Partners -asesorado por Iberostar- y Caribbean Property Group junto con Perella.

La decisión de salir de Cuba podría facilitar el interés de grupos inversores de Estados Unidos, dado que la legislación estadounidense les prohíbe tener intereses en la isla. A partir de 2015 Occidental Hoteles gestionará 15 hoteles en siete países tras la salida de Cuba y de que en diciembre de 2013 decidiera no renovar el contrato del hotel Miguel Ángel de Madrid.

Conclusión

Obama puede caer en una trampa si se deja llevar por los consejos de quienes tienen otras agendas, que no son ni sus aciertos en política exterior ni mucho menos el respeto a los derechos humanos en Cuba.

El presidente tiene las evidencias en sus manos, son sus propias experiencias con Rusia y con el régimen castrista. El precio de ignorarlas será muy alto para los cubanos demócratas, y también para él.

Por Huber Matos Araluce, Cubanalisis

Patria, Pueblo y Libertad

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LA CARGA AL MACHETE ESTÁ EN EL EXILIO ( I I )



En la primera parte de este artículo escribí que, oteando el futuro inmediato de Cuba, no me quedaba duda de que el fin del castrismo depende de lo que haga o deje de hacer el exilio cubano, porque los exiliados están en capacidad de descarrilar la transformación hacia un capitalismo al estilo chino, ruso o vietnamita, con el que la clase dominante castrista intenta mantenerse en el poder.

Y un levantamiento popular u otro tipo de acción colectiva en Cuba sería el resultado directo de la percepción que tenga el pueblo cubano del exilio y de la asistencia real que éste pueda brindarle.
  
Por esta razón, el castrismo, por años, ha dirigido contra el exilio toda la manipulación imaginable, con el fin de saturarlo de pesimismo y paralizarlo. El exilio es el gran peligro para la dictadura, porque es el disparador del cambio.

En esta segunda parte comienzo por lo obvio:

El gobierno de Obama no ha cometido hasta ahora el error de consolidar a la dictadura castrista porque se lo han impedido los congresistas cubanoamericanos en Washington; en otras palabras, se lo ha impedido el exilio cubano.

Sin estos congresistas, a quien Obama respeta, es muy probable que el turismo a Cuba estaría ya sustituyendo el vital ingreso de la subvención venezolana sin la cual el régimen castrista colapsaría.

Además, el levantamiento del embargo sería el próximo objetivo de la alianza procastrista.

No hay mejor muestra del poder del exilio cubano que el hecho de que los exiliados, con su derecho al voto en los Estados Unidos, han elegido un grupo de congresistas cubanoamericanos inteligentes, trabajadores y comprometidos con la libertad de Cuba.

Ellos son los que han impedido que el régimen castrista pueda aprovecharse de la candidez de muchos políticos estadounidenses y enfrentarse a los intereses creados en los Estados Unidos y en otros países.

Esto debe ser razón de orgullo y optimismo para los exiliados cubanos. Son ellos quienes por mucho tiempo han estado ganando la batalla más importante contra el castrismo.

Por todas estas razones, y por el sentido de oportunidad que se presenta, el exilio tiene que potenciar su inmenso y demostrado poder.

Aunque el exilio ha impedido que el actual gobierno en Washington cometa un error que favorezca al castrismo, esto puede cambiar.

Barack Obama puede ser menos propenso a dar un paso sin garantías democráticas en el caso cubano debido a las dificultades que enfrenta en el ámbito internacional.

Pero The New York Times acaba de sugerirle, en reciente editorial, que aproveche las circunstancias y coseche una victoria internacional llegando a un acuerdo con el gobierno cubano.

Académicos y personalidades del partido demócrata, como Hilary Clinton, han insistido en un cambio en la política hacia Cuba.

Si Hilary Clinton alcanza la candidatura demócrata y luego la presidencia, y sigue sus propios consejos, llegaría a un arreglo con el castrismo que condenaría al pueblo cubano  a una lucha más larga por la democracia.

No estoy proponiendo una campaña negativa contra Hilary Clinton, pero se puede hacer mucho para convencer a un sector del electorado latino, que votaría por ella, de que normalizar las relaciones con el castrismo es convertir a Cuba en un Vietnam, antidemocrático, abusivo y corrupto.

La señora Clinton seguramente tendrá en cuenta la opinión de los votantes latinoamericanos sobre el tema cubano.

Al mismo tiempo, el exilio debe estar consciente de que Washington no va a permitir fácilmente que el exilio se disponga a determinar ni los presentes ni los futuros acontecimientos en Cuba.

En los dos años y tres meses que le quedan en la presidencia al presidente Barack Obama lo menos que quiere es una convulsión en Cuba que le obligaría a tomar decisiones muy serias.

¿Por qué el exilio es tan decisivo?

Porque los exiliados tienen la libertad, los recursos, la motivación y, sobre todo, las ventajas para ganarle al castrismo en los escenarios donde es más vulnerable. Ya lo ha hecho en Washington.

En más de medio siglo la diferencia no ha sido que el castrismo tuviera la razón y los demócratas cubanos fueran los equivocados.

La diferencia es que la dictadura siempre ha tenido inmensos recursos a disposición y la oposición cubana ha luchado con migajas.

¿Cuáles son los escenarios vulnerables?

Además de un trabajo con los latinos en los Estados Unidos, otro campo de acción son el turismo extranjero a Cuba y el pueblo cubano.

Un proyecto informativo del exilio puede llevar a la industria turística castro-capitalista a la ruina.

No es necesaria una gran reducción del turismo para que los hoteles en Cuba pasen de las ganancias a las pérdidas.

Sin las inversiones extranjeras, sin el turismo estadounidense, sin la eventual subvención venezolana, y con una disminución del turismo extranjero, el único ingreso importante de la dictadura serían las remesas y los viajes de los cubanos a la Isla.

Esa última fuente de ingreso que le quedaría al castrismo es la más vulnerable de todas a la influencia del exilio cubano.

El pueblo cubano en la Isla tiene que saber con toda certeza que centenares de miles de cubanos que viven en los Estados Unidos estarán dispuestos a salir a protestar a la calle si se pretende ayudar al castrismo, o cuando sea necesario respaldarlo en sus demandas y sus acciones.

Esto requiere un trabajo de persuasión política muy bien diseñado y una ejecución profesional. No podemos seguir repitiendo que el pueblo tiene miedo y que lo único que quiere es irse de Cuba. Esto son situaciones circunstanciales.

Hay que apoyar a los cubanos que están enfrentándose en Cuba, hay que asegurarse que los recursos les llegan a ellos directamente y que no son desviados por quienes los reciben. Hay que tener la certeza de que a quien se ayuda es un opositor auténtico.

Conclusión

Si el exilio cubano comprende su verdadero potencial y se levanta por encima de la confusión y las frustraciones con que lo tratan de paralizar, el exilio comenzará la batalla final contra el castrismo.

Por todas estas razones, y por las que falten, la carga al machete está en el exilio, como lo estuvo en los tiempos de José Martí.

Ni la falta de unidad entre los cubanos, ni todos los infiltrados en Miami, ni los medios que nos hacen la guerra, ni el mundo entero, puede impedir que el exilio ponga de rodillas al castrismo.

Entonces el pueblo cubano tendrá la oportunidad y la posibilidad de materializar un cambio en Cuba. Transición en que no habrá sangre en las calles, porque nadie se atreverá a enfrentar a millones de cubanos con fe, determinación y esperanzas de vivir en libertad.

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LA CARGA AL MACHETE ESTÁ EN EL EXILIO ( I )


Oteando el futuro inmediato de Cuba no me queda duda de que el fin del castrismo depende de lo que haga o deje de hacer el exilio cubano.

Los exiliados están en capacidad de descarrilar la trasformación hacia un capitalismo al estilo chino, ruso o vietnamita con el que la clase dominante castrista intenta mantenerse en el poder.

Además, un levantamiento popular en Cuba o cualquier tipo de acción colectiva que acabe de desintegrar la maquinaria dictatorial será el resultado directo de la percepción que tenga el pueblo cubano del exilio y de la asistencia real que este pueda brindarle.

Un exilio luchando por su gente en la Isla sin dudas ni vacilaciones, o un exilio paralizado por las frustraciones, hará la diferencia.

Por esta razón, por años el castrismo ha dirigido contra el exilio toda la manipulación imaginable, con el fin de saturarlo de pesimismo y paralizarlo.

El exilio es el gran peligro para la dictadura, porque es el disparador del cambio.

¿Qué se puede hacer?  ¿Levantar el embargo?

Hay quienes proponen con absoluta certeza que la gradual introducción del capitalismo en la Isla conducirá irreversiblemente hacia la democracia. El paso indispensable para iniciar este proceso es que los Estados Unidos levanten el embargo sin poner condiciones a quienes gobiernan en Cuba.

Esta es también la visión que está tratando de proyectar la dictadura con el objetivo de que Estados Unidos, al levantar el embargo, haga posible que lleguen a Cuba las inversiones extranjeras que salvarían a la maltrecha economía castrista y en consecuencia a la dictadura post comunista.

El problema es que el esquema de llegar a la democracia por el camino del capitalismo no resiste ni la más ligera critica.

Cuando la Federación Rusa nació como nación independiente después de la desintegración de la URSS, y China renunció al maoísmo marxista, las naciones del occidente democrático quisieron creer que, como el comunismo había fracasado, el capitalismo conduciría inevitablemente a la democracia. Y, sin exigir ningún precio político, las grandes democracias industriales apoyaron las transformaciones económicas de Rusia y de China.

El resultado está a la vista: no solo la libertad individual no se respeta en  Rusia ni China, sino que ambas naciones se han convertido en peligros estratégicos para el mundo democrático.

Rusia se apoderó de Crimea por la fuerza y continúa desestabilizando a Ucrania para someterla. La Unión Europea y los países que formaron parte de la URSS saben que las intenciones del Kremlin son el renacimiento de un imperialismo en el cual ni los derechos humanos ni la paz tienen espacio.

Están revitalizando a la OTAN para tratar de evitar o frenar lo que pueda venir del Kremlin.

China, que todavía es un pigmeo militar comparado con las superpotencias nucleares, amenaza con frecuencia a sus vecinos asiáticos y desafía a Estados Unidos. El día en que China llegue a tener un poderío militar similar o cercano al de los Estados Unidos, pasará de las amenazas al chantaje y, si tiene la oportunidad, a los hechos.

Preparándose para ese escenario, el gobierno de Obama ha enfocado sus esfuerzos hacia Asia. Les urge fortalecer su alianza con las naciones del área y unidos contener militar, política y económicamente a la China del mañana.

Nadie sabe si en el futuro podrá salir de un laboratorio un descubrimiento que le dé a una nación una ventaja suprema sobre las demás. A fin de cuentas, Hitler estuvo más cerca de la energía atómica que nadie, y Alemania fue la precursora de los misiles y de los motores jet.

Volviendo al presente, China acaba de demostrar que lejos de darle a Hong Kong el respiro de libertad al que se comprometió formalmente cuando Inglaterra entregó ese territorio, le ha impuesto en forma arbitraria un yugo dictatorial. El trato injusto y abusivo que se da a las minorías en China es otra muestra de sus intenciones.

La tesis del capitalismo como precursor de la democracia es un disparate: el capitalismo fue un socio en la Alemania de Hitler y en la Italia de Musolini, lo es en Nicaragua, donde los empresarios nicaragüenses están muy contentos con “el compañero” Daniel Ortega, a pesar de que Nicaragua dista mucho de ser una democracia.

En resumen, el capitalismo nunca ha sido el promotor automático de la democracia, y en muchos casos ha sido un feliz y próspero aliado de las dictaduras.

La transición hacia la democracia en algunos países dictatoriales ha sido posible por factores culturales, presiones externas y cambios institucionales fundamentados en constituciones democráticas.

En espera de Moisés

Ante el reto que hasta ahora ha representado más de medio siglo de tiranía, entre muchos cubanos se ha esperado la aparición de un líder carismático con capacidad y poder de convocatoria para capitalizar el descontento interno.

El tiempo ha demostrado que cuando ha aparecido alguien con la potencialidad para enfrentar al régimen, la maquinaria represiva lo liquida misteriosamente. En otros casos, las expectativas han resultado ilusas o completamente equivocadas.

En esa búsqueda del “salvador” hemos perdido una enorme cantidad de energía, hemos acumulado frustraciones, y se ha invertido tiempo y recursos. Además, corremos un grave peligro: el pueblo que vuelve a confiar demasiado en un líder puede pagar de nuevo su fe con frustraciones o cadenas.

Por estas razones, no es recomendable seguir esperando a un “salvador” o poner mucha esperanza en quien los medios promocionen. Los periódicos, la televisión y la radio también tienen sus intereses. Esperar por un líder es una espera incierta y, si apareciera, la dictadura lo asesinará.

Por estas razones, lo prudente es apoyar estrategias, planeamientos y el trabajo real que se hace a nivel organizacional, sin que esto dependa de un predestinado. Necesitamos organizaciones verdaderas, con estrategias inteligentes y trabajos auténticos.

El levantamiento popular

Otra expectativa de muchos cubanos exiliados ha sido la del levantamiento popular en la Isla. Una rebelión del pueblo de tal magnitud que neutralizaría la respuesta represiva de la dictadura.

Quienes lo esperan, o lo alientan, argumentan que en otros países ha sucedido. Pasan por alto que en esos otros lugares las condiciones eran completamente diferentes a las de Cuba.

Al no materializarse la rebelión, la conclusión fácil ha sido afirmar que los cubanos son cobardes, y que lo que quieren es huir hacia los Estados Unidos.

Quizás los cubanos en la Isla no sean tan cobardes. Tal vez es justificado el  temor a lanzarse a luchar sin armas contra un sistema que ha demostrado un nivel brutal de crueldad y violencia. No es fácil irse a la calle a jugarse la vida por un futuro incierto, sin recursos ni respaldo internacional.

Las protestas de miles de iraníes que comenzaron el 12 de junio del 2009 llamaron la atención del mundo entero, pero no hubo ninguna nación que les diera un apoyo efectivo, y fueron aplastadas fácilmente con represión.

Los heroicos guerrilleros campesinos de la Sierra del Escambray en Cuba fueron exterminados, sin tener el apoyo ni la solidaridad del exilio, y mucho menos del gobierno de los Estados Unidos.

¿Pueden confiar quienes intenten un levantamiento en Cuba en un respaldo efectivo del exilio?

No, el exilio no está preparado ni sicológica ni materialmente para darlo. En Cuba la gente sabe que no lo puede esperar. Mucho menos podrían esperar los cubanos en la Isla un apoyo del gobierno de Obama para una acción de ese tipo.

Un levantamiento popular en Cuba crearía una mini crisis en Washington. Seguramente los asesores del Presidente le recomendarían que dejara pasar los días, que quizás la revuelta sería aplastada, y así evitarían declaraciones que luego tendrían que lamentar.

Bashir al Assad, en Siria, se paseó por la “línea roja” definida por Obama como el límite que obligaría a su gobierno a tomar una acción armada si se usaban armas químicas contra civiles. En Cuba no se le ha advertido al régimen de ninguna línea de ningún color.

Hemos sido testigos de la muerte de 200,000 sirios, y si el Califato no hubiera degollado  dos ciudadanos americanos y uno inglés estaríamos contando sirios e iraquíes asesinados, desaparecidos y exiliados con absoluta impunidad. Lamentablemente, los seguimos contando.

Ni los rebeldes moderados de Siria recibieron ayuda militar cuando la necesitaban, ni el ejército ucraniano la recibió ante la invasión rusa.

El presidente Obama rechaza involucrarse militarmente en otros países, y aunque las consecuencias de esa política sean beneficiosas o perjudiciales para los Estados Unidos, en el presente o en el futuro, no olvidemos que el pueblo americano lo eligió por esa promesa y lo apoyó en esa decisión. El hecho es que Obama no quiere problemas con el castrismo.

Si Washington ha tolerado pacientemente durante casi cinco años la injusticia cometida contra el ciudadano norteamericano Alan Gross, ¿qué pueden esperar los cubanos de la calle? No hay razón para que los cubanos de la Isla esperen ninguna ayuda concreta y a tiempo del gobierno de Estados Unidos.

Los cubanos podrían rebelarse en un futuro, pero esta opción solamente tendría posibilidades de materializarse si el pueblo en la Isla estuviera convencido de que el exilio es un confiable, y un influyente compañero en la lucha.

Hay que convencer al pueblo cubano, con hechos, de que somos hermanos de lucha; convencerlo ahora. Hay que prepararse para que tenga el respaldo cuando lo necesite.

A los que viven en nuestra patria les llegará el momento de dar el tiro de gracia a la dictadura. Mientras tanto, la carga al machete está en el exilio.

¿Por qué?

Porque los exiliados tenemos la libertad, los recursos, la motivación, la información y, sobre todo, las ventajas para ganarle al castrismo en los escenarios donde es más vulnerable…

(continuará…)

Huber Matos Araluce




* La primera carga al machete: Hecho ocurrido el 4 de noviembre de 1868, en Pino de Baire, antigua provincia de Oriente, Cuba (hoy provincia de Santiago de Cuba), durante el inicio de la Guerra de los Diez Años. Desde la ciudad de Santiago de Cuba salió rumbo a Bayamo una columna española de más de 700 hombres, al mando del coronel Quirós. En su avance, la fuerza peninsular llega prácticamente sin detenerse hasta el caserío de Baire, donde cae en una emboscada, preparada por el entonces sargento del Ejército Libertador Máximo Gómez. Debido a la gran superioridad de las fuerzas enemigas, Gómez decide atacarlos a corta distancia utilizando machetes, arma que el conocía muy bien por haberla usado en las contiendas en su país natal. El resultado del combate fue desastroso para la columna española, que tuvo que retirarse después de tener decenas de muertos y heridos. Por la parte mambí solo resultaron heridos unos pocos hombres.
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LA GUERRA FRÍA II O LA TERCERA GUERRA MUNDIAL




No es extraño que en política el hecho imprevisto sea a veces más determinante que la acción preconcebida. Es el elemento sorpresivo, que al no estar incluido como factor de equilibrio, inclina la balanza provocando crisis en un andamiaje aparentemente estable.

No fue este el caso de la invasión y anexión de Crimea por parte de Rusia a finales de febrero de 2014. En una campaña militar con un mínimo de violencia el ejército ruso tomó el control de los 27,000 kilómetros cuadrados y dos millones y medio de habitantes que eran parte de Ucrania.

El suceso, que en otros tiempos habría provocado una guerra, solo fue una sorpresa desagradable entre los dirigentes del mundo globalizado. Ante el hecho consumado no había nada que hacer.  

El mundo no estaba preparado para que un miembro del equipo de dirección diera un zarpazo por sorpresa.

La invasión quizás revivió en silencio el fantasma de agresiones que, por no haberse frenado a tiempo, abrieron el camino a catástrofes en las que en el pasado perecieron millones de seres humanos. 

¡Pero no todo el mundo cree en fantasmas!

Un caso imprevisto

La anexión de Crimea y otros hechos atribuibles directa o indirectamente a Vladimir Putin son consecuencias de un fenómeno imprevisto: la pérdida del poder a finales de este febrero de Viktor Yanukovych, el presidente ucraniano.

La huída de Yanukovych no fue parte de las especulaciones de los analistas políticos y mucho menos de los cálculos de Putin. Él era el hombre del Kremlin en Ucrania, un dirigente firmemente establecido en la política de su país.

Su huída dejó a Vladimir Putin sin el aliado clave en su plan de mantener a Ucrania gravitando hacia Rusia en lugar de moverse hacia la Unión Europea.

La caída de Yanukovych fue el resultado de su reacción radical e innecesaria contra las demostraciones populares a favor de que se insistiera en que el país formara parte de la Unión Europea.

Después de semanas de protestas populares, el 17 de enero de 2014 Yanukovych firmó una serie de medidas prohibiendo prácticamente todas las formas de manifestaciones contra el gobierno ucraniano.

Estas medidas, sumadas a una represión violenta contra los manifestantes -que incluyeron francotiradores oficiales-  polarizaron a la población de tal manera que el tema de la Unión Europea pasó a un segundo plano.  

Putin, seguramente debe haberse sentido tranquilo de que su socio en Kiev estaba finalmente imponiendo el orden en Ucrania.

Yanukovych  no sabía que acababa de firmar  su sentencia al convertir a su propia persona en el motivo de ira de la población.

Ucrania a las buenas o a las malas

La huίda de Yanukovych desató en Vladimir Putin una serie de actos irreflexivos cuyas consecuencias estremecerían al mundo y dañarían su imagen para siempre.

Putin tomó la huída de su socio en Kiev como un desafío personal. Instintivamente, dejó de jugar el ajedrez para entrar en el campo del chantaje y la violencia, que le ha dado magníficos resultados en Rusia.

Invadió Crimea, y aunque no provocó en Occidente ni el toque de un tambor, la acción fue una bofetada a todos los que lo habían tratado como un socio del club de gobernantes civilizados.

No hubo una reacción mayor porque primaron los intereses económicos de las empresas occidentales y las preocupaciones de los políticos por las economías de sus países. 

Ante esta reacción limitada Putin cometió el segundo error.

Organizó un ejército de separatistas en Ucrania, le blindó su territorio con una sofisticada defensa antiaérea y alimentó una guerra que, según él, desangraría a Ucrania.

En otra palabras, Ucrania por las buenas o Ucrania por las malas. Una muestra de su agresividad personal, de sus ambiciones y del poco respeto que le merecía Occidente.

Putin fuera de la realidad

A fin de cuentas, los dirigentes de Occidente lo habían tratado siempre como el líder que conduciría a Rusia hacia la convergencia con la economía capitalista.

Por estas razones, y gracias la buena voluntad y a la falta de experiencia de la mayoría de ellos, Putin había sido siempre tratado de igual a igual. 

A los políticos del campo democrático no les había preocupado mucho su pasado, ni que durante su gobierno se asesinaran periodistas, se acosaran y encarcelaran opositores y que algunas personas perdieran sus empresas y hasta sus vidas en forma misteriosa.

Lo que importaba es que gracias a su mano de hierro y principalmente a la bonanza de los precios del petróleo, Putin había puesto orden en Rusia. Los capitalistas invirtieron en Rusia y le prestaron miles de millones de dólares. 

En Rusia había un mercado por explotar y fabulosas ganancias por administrar. 

Después de todo, siempre se podía acudir al cómodo argumento de que los negocios y el desarrollo conducen irremediablemente a la democracia. ¡Si no es así que importa!  Ya las ganancias se habrían repartido.

El resultado ha sido todo lo contrario a lo que esperaban nuestros dirigentes. Putin llevó a Rusia paso a paso por el camino de la autocracia y el despotismo, demostrando que era tan depredador como lo fueron los antiguos jerarcas del Kremlin.

Despertó Occidente

Entonces sucedió otro hecho imprevisible: con uno de los cohetes rusos encargados de proteger a su ejército separatista en el este de Ucrania se derribó un avión de pasajeros.
  
Las 298 víctimas del avión de Air Malaysa cambiaron la permisibilidad de la que había gozado Putin hasta ese momento.

Occidente fue finalmente alertado de que sus dirigentes estaban tratando con guantes de seda a un hombre despiadado que había confundido la prudencia de las democracias con su debilidad.

Las reacciones, aunque tardías, están a la vista.

Nuevas sanciones dirigidas a frenar el crecimiento económico ruso a largo plazo y a castigar a empresas y aliados de Putin se pusieron en vigor.

El gobierno estadounidense ha denunciado la violación por parte de Rusia del tratado sobre el desarrollo de misiles cruceros firmado entre Reagan y Gorbachov en 1987.

Los Estados Unidos ha suspendido la cooperación recientemente acordada por medio de la cual científicos de ambos países podrían visitar los lugares de desarrollo avanzado:  los científicos rusos visitarían 137 sitios de investigación del complejo nuclear de los Estados Unidos,  como  los centros de diseño de armas  atómicas de Los Álamos, Alburquerque y Livermore, y tendrían acceso al poderoso láser de cinco mil millones de dólares en Livermore, en el que se crean explosiones de bombas de hidrogeno en miniatura.

Rusia ha sido advertida de que una invasión de sus tropas a Ucrania acarrea un costo considerable con nuevas penalidades.

El nuevo error de descartar a Rusia y a Putin

Aunque ahora se quiera disminuir el peso de Rusia en el mundo, Putin está al mando de un considerable poder. Ha demostrado que puede sostener a un dictador tan despreciado como Bashir al Assad en Siria, y también puede sembrar o ayudar a sembrar el caos en el mundo.

Putin tiene el control de un país que es el segundo productor de gas natural del planeta y el tercero de petróleo. Sus misiles de largo alcance y sus bombarderos nucleares tienen la capacidad de crear una verdadera catástrofe en cualquier parte.

Aun peor, nadie ha tenido en Rusia, ni incluso en los tiempos de la URSS, una concentración de poder personal y de poder militar y económico de la magnitud que la que tiene Vladimir Putin.

Sus errores solo pueden atribuirse a su carácter, a su formación, a sus ambiciones y a la ceguera con que el poder engaña a los hombres sin cultura, sin visión y sin grandeza.

Si de vez en cuando hemos visto una película en que un militar ruso fanático lleva al mundo al borde de un holocausto nuclear, ahora tenemos en Putin el candidato a un papel estelar.

Odia a Occidente visceralmente, y después de su fracaso en Ucrania, si es que por fin no se decide a invadir, lo odiará más. Habrá quedado como un traidor ante los separatistas, y como un flojo antes los hombres de línea dura en el Kremlin.

Si Occidente con sus medidas provoca una recesión en Rusia y si lo aísla indefinidamente del escenario político que necesita, su ego herido y sus complejos de origen lo convertirán en un hombre aun más peligroso.

Que sus acciones lo hayan hecho muy popular en Rusia no nos debe sorprender. La popularidad de los conquistadores es cosa común en la historia, y solo se mantiene con más invasiones victoriosas y con un nivel de vida que difícilmente Rusia puede sostener sin un aumento de las inversiones y los negocios con Occidente.

Vladimir Putin ha perdido legitimidad y prestigio en un mundo que le abrió las puertas. Puede ser que trate de recuperar el terreno perdido, porque el error ha sido muy grande y las consecuencias económicas y políticas pueden llegar a ser muy serias.

Quizá ha comenzado la Guerra Fría II, o tal vez estemos en los preludios de la III Guerra Mundial. Una Rusia tiranizada y una China antidemocrática pueden ser fuentes de negocios y enriquecimiento, pero no son garantías de la paz mundial a largo plazo. 

Siempre puede aparecer un imprevisto.

Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica
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