Por él, por ellos y por el pueblo



Ayer, un 12 de julio de 2019 murió en Miami, Ricardo Bofill, un héroe en la cruzada por el respeto a los derechos humanos en Cuba. Un hombre grande por su humildad, su pasión y su espíritu de sacrifico.

Hoy, un día después, el 13 julio de 1994, hace 26 años, fueron asesinados 41 compatriotas cuando trataban de huir de Cuba en un viejo remolcador el “13 de marzo”, que hundieron los esbirros de la tiranía con una crueldad y una perfidia imperdonable.

Él, luchó por la libertad de todos los cubanos, ellos, como cientos de miles de compatriotas perdieron sus vidas intentando huir de la esclavitud.

Podemos continuar lamentándonos cada año por la muerte de este hombre ejemplar y por los 10 niños y 31 adultos ahogados cuando el “13 marzo” se hundía por los potentes chorros de agua y las embestidas de dos temibles remolcadores enviados a perpetrar la matanza.

No hubo la más mínima piedad ante los gritos desesperados de quienes ofrecían desistir de su intento y regresar a tierra. El régimen, una vez más, daba el ejemplo al pueblo del castigo que esperaba a quienes quisieran huir del paraíso castrista. No era “Patria o Muerte”, era la máxima condena por no someterse. 

Recordarlos cada año es importante por ellos, por nosotros y por nuestro pueblo. Eran y son hermanos de la misma patria, compartieron los sueños de libertad y justicia que a muchos alientan.  Olvidarlos nos haría menos humanos.  Nadie que reniegue de su patria será buen hijo de otro país ni buen amigo de nadie, los abandonará cuando los vientos cambien.

Recordemos que tenemos con ellos una deuda pendiente. Por lo que a la tristeza por el fallecimiento de un prohombre en el exilio y por los niños, mujeres y hombres asesinados en la Bahía de la Habana, debemos sumar la indignación que nos corresponde. 

Hagamos el compromiso de no callar.

Que cada uno de nosotros, esté donde esté, dentro o fuera de Cuba, en lugar de quejarnos porque todavía no somos libres y repartir culpas para exonerar las propias, debemos hacerle saber a los representantes del mal que ultrajó sus vidas, ofende las nuestras y agravia la de todos, que vamos a denunciarlos sin tregua y advertirles una y otra vez que el fin de su tiranía se acerca, que están vencidos por la voluntad de Dios y por las de quienes amamos la libertad.  Solo así honraremos a Ricardo Bofill, a los mártires del 13 de julio y a los que antes y ahora, defendieron y defienden a Cuba.


HuberMatos Araluce
San José, Costa Rica
Julio 13 de 2020
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Hay que investigar al director general de la OMS Tedros Adhanom




Hace apenas dos años,  en abril de 2018, que el Doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, declaró en la apertura de la III Convención Internacional de Salud Pública Cuba Salud 2018 que: “No puedo más que agradecerle a Cuba por el sistema de salud modelo que tiene, que lo hace situarse entre los mejores del mundo”.  Lo dijo ante Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros; José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del Comité Central del Partido, y Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud; así como ministros, viceministros y representantes de más de 50 países.


En ese mismo escenario también declaró que Cuba había convertido en realidad el sueño de que nadie estuviera exento del derecho a la salud. Estas fueron sus palabras: “Es una aspiración ambiciosa, pero si no pensamos en grande seguiremos dejando personas atrás. Los países como Cuba nos recuerdan que esto no es un sueño para el futuro, sino una realidad. Y lo han logrado no porque Cuba sea rica, sino porque se lo han propuesto como un compromiso”.  Durante la apertura del evento, los funcionarios de la OMS y OPS felicitaron al presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez por su reciente elección, el pasado 19 de abril.


El sistema de salud de Cuba elogiado por el director general de la OMS, es muy diferente a la realidad del sistema de salud de Cuba. Sin embargo, ha sido tanta la propaganda aplaudiendo a ese ficticio modelo de salud que la mentira ha prevalecido sobre la verdad en el mundo entero.  La OMS, su director, sus funcionarios y muchos medios de comunicación de países democráticos han hecho honor a la frase atribuida a Joseph Goebbel, el ministro de propaganda de Adolfo Hitler: “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.  Tal vez el aparato de propaganda de la dictadura castrista los engañó a todos, o tal vez se querían dejar engañar por las razones que fueran; hasta por simpatías ideológicas.  


Quien se ha querido interesar en saber la verdad sobre el sistema de salud del castrismo lo ha podido hacer sin muchas dificultades. Los médicos que han huido de Cuba han dado sus testimonios, cientos de miles de cubanos, de todas las edades, blancos y negros que han salido de la Isla, también.  Es ampliamente conocida la falta de higiene en los hospitales de Cuba, que van desde no tener agua ni buena limpieza hasta obligar a los familiares de los pacientes a llevar agua y sábanas.  La tragedia de pedir una ambulancia que nunca llega o llega demasiado tarde.  La falta de medicinas.  Los equipos de diagnóstico que no funcionan por falta de mantenimiento, etc.  Se pueden atribuir todas estas circunstancias al “bloqueo”, de hecho se hace aunque no sea cierto.  Lo que no se puede decir es que es un sistema de salud entre los mejores del mundo como afirmó el señor Tedros Adhanom, director de una institución con mucha credibilidad en el mundo.  


Ahora ante esta situación gravísima por la pandemia originada en China se acusa al señor Tedros Adhanom de haber cooperado con la dictadura china en encubrir lo que allí estaba sucediendo, de no alertar al mundo a tiempo sobre el peligro sino por el contrario darle crédito a las mentiras con que los funcionarios chinos estaban tratado de ocultar la realidad.  Esto me recordó su respaldo al sistema de salud de Cuba y  el apoyo público que en el día de hoy le ha brindado esa dictadura.  Me pregunto si el director general de la OMS es un incompetente o un simpatizante de ambos gobiernos. O, ¿qué otra razón puede haber para aplaudir el desastre de sistema de salud que hay en Cuba y encubrir las mentiras de la dictadura en China?



Huber Matos Araluce

San José, Costa Rica
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¿Cuál es peor? La pandemia castrista o la pandemia china


Por más de seis décadas el pueblo cubano ha sido azotado por la pandemia castrista que es una maldición permanente.  Ésta ha hecho mucho más daño del que hará la pandemia china y lo seguirá haciendo porque el castrismo es un mal que si no se elimina acabará con nosotros, con nuestros hijos y  con sus descendientes. 

No hay comida. No se puede mantener el distanciamiento social porque hay que salir a buscar lo que se encuentre.  No hay agua en muchos lugares.  No hay jabón ni otros productos para la higiene. Las medicinas no se encuentran. No hay limpieza en los hospitales y la basura se acumula en las calles.  No hay equipamiento suficiente para atender a los enfermos del virus. No hay transparencia y abunda la mentira. No se sabe realmente el número de muertos ni el de  contagiados.  Están abiertos todavía los círculos infantiles porque la economía de la dictadura es más importante que la vida del pueblo.  Se mantuvieron abiertas las escuelas, los colegios y las universidades cuando en el mundo hacían lo contrario. Se siguió estimulando el turismo cuando los demás países cerraban sus fronteras.
 

Más de tres generaciones de cubanos perdieron la posibilidad de desarrollar su potencial, solo los que escaparon tuvieron la oportunidad.  Uno de los países más prósperos de este continente fue reducido a la pobreza para que el pueblo tuviera que depender de un régimen que lo ha explotado sin piedad.

Nos dejaría espantados un recuento de los muertos durante las pasadas seis décadas, víctimas de la mala alimentación, enfermedades y epidemias, mala praxis, fusilamientos, asesinatos, ahogados en el mar y confinamientos en las prisiones.  Solo en la guerra de Angola que duró 15 años, entre 1975-1991, en la que participaron 350.000 cubanos, murieron varios miles, la mayoría por enfermedades y accidentes. Los campos de concentración de la UMAP dejaron 72 muertes por torturas y ejecuciones y 180 suicidios, un total de 252 jóvenes cubanos.

El sufrimiento de familias y personas por esas razones y por la separación del exilio no podrá medirse nunca, ese dolor es inconmensurable.  Las alegrías y las memorias perdidas no podrán recuperarse. 

El pueblo fue engañado y reprimido para esclavizarlo. En Venezuela estamos viendo en cámara lenta la destrucción del pueblo, su economía, sus costumbres y su alegría por una variante más vulgar de la pandemia castrista.

Cuba es una isla y si fuera también una democracia estaríamos enfrentado la pandemia china con dignidad en lugar de terror y con esperanza, agua, jabón y comida.

Creo que a la hora del balance de las dos pandemias la castrista ha hecho y continuará ha-ciendo mucho,  mucho más daño que la importada.  La vacuna está dentro de nosotros mismos, hay  que empezar por erradicar el temor al castrismo.  Ahora es la oportunidad o moriremos todos lentamente y arrodillados.

Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
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Cuba, Fidel Castro y las declaraciones demagógicas y falsas de Bernie Sanders

Bernie Sanders es un pre-candidato del Partido Demócrata de los Estados Unidos que aspira a ganar la nominación del partido en la Convención Demócrata en julio y enfrentarse en noviembre al presidente Donald Trump.  Las declaraciones favorables que dio este domingo pasado en CBS sobre Fidel Castro y su campaña de alfabetización a principios de 1959,  lo alejan de esa nominación.  Fueron opiniones  demagógicas y falsas, propias del Bernie Sanders – que como según informa la reconocida periodista Michelle Goldberg - en 1980 fue un representante (elector) de un partido comunista de los Estados Unidos, del “Partido Socialista de los Trabajadores”, que se fundó en los principios de León Trotsky. Según el New York Times, ese partido pidió la abolición del presupuesto militar. También pidió ‘solidaridad’ con los regímenes revolucionarios de Irán, Nicaragua, Granada y Cuba y esto, en medio de la crisis de rehenes iraníes”.  Según Wikipedia ese partido respaldaba fuertemente a Cuba (a Fidel Castro). 


Según Sanders esa campaña de alfabetización, “Enseñar a los niños a leer”, fue una muestra de que no todo lo que hizo Fidel Castro fue malo.  Sanders omitió informar que en 1959 cuando Fidel Castro llegó al poder en Cuba según el WSJ el 80% de los cubanos sabía leer, lo que la situaba en uno de los cuatro primeros lugares en Latinoamérica junto a Argentina, Costa Rica y Chile, países modelos por su nivel de educación.  La campaña tan admirable que Sanders atribuye a Fidel Castro, la sitúa por omisión, en un contexto democrático, no en uno totalitario, como el tiempo ha demostrado ampliamente.  Esa campaña de alfabetización fue parte un plan de adoctrinamiento masivo para imponer una dictadura comunista.


Antes de llegar Fidel Castro al poder, Cuba no era un país de pobres ni ignorantes. Según Kirby Smith y Hugo Llorens, quienes utilizaron datos de la ONU en su estudio sobre Cuba, en la Isla, en 1950 el número de televisores per cápita de Cuba era muy superior al de los demás países latinoamericanos; en 1957 el país ocupaba el quinto lugar en el mundo con 45 televisores por cada mil habitantes, sobrepasado solamente por Mónaco, los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra.  En 1958 Cuba tenía más receptores de radio que Japón, solo superada por Uruguay, a la par de Argentina.  Antes de Fidel Castro, o sea antes de 1959, Cuba ocupaba también la décimo tercera posición en el mundo en el índice de natalidad infantil por encima de Francia, Bélgica, Alemania, Israel, Japón, Austria, Italia, España y Portugal.  Las mejoras en la Tasa de Mortalidad Infantil  (TMI) hechas durante más de seis décadas de dictadura castrista están machadas por la manipulación de datos como demuestra Luis Pablo De La Horra en su reciente estudio. 


Sanders explica a los estadounidenses que Fidel Castro hizo algo bueno aunque aclara que está contra los autoritarismos.  En su escogencia del término autoritario Sanders le hace un favor al presente gobierno de Cuba porque en Cuba no existe un gobierno autoritario lo que existe es un gobierno totalitario.  Un régimen que no permite los partidos políticos e impone un partido único y una ideología única.  Quien manda en Cuba es Raúl Castro, el hermano menor de Fidel Castro, quien ha nombrado un presidente títere: Miguel Díaz Canel.  


Bernie Sanders alega también que en 1980 el pueblo cubano no apoyó a los Estados Unidos en su afán de derrotar a Fidel Castro porque éste “educó a los muchachos, les dio un sistema de salud y transformó a la sociedad completamente”. Para esa fecha, veinte años después de la llegada de Fidel Castro al poder, Cuba recibía un formidable subsidio anual de la URSS que mantenía a flote su depauperada economía centralizada, al estilo soviético.  Había fusilado a miles de demócratas y establecido un régimen represivo implacable.  En esos tiempos Sanders pertenecía a un partido comunista en los Estados Unidos que apoyaba la transformación completa de la sociedad cubana.  Lo más lamentable de las inexactitudes de Bernie Sanders no es que vaya a perder la nominación del Partido Demócrata sino que sus seguidores crean su demagogia sobre Cuba, los cubanos y Fidel Castro.


Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Febrero 27 de 2020

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El circo del impeachment contra Trump


Tres puntos básicos permiten entender de qué se trata el impeachment contra Donald Trump, actualmente avanzando en la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos. Para empezar, el impeachment es un juicio político. Los aspectos propiamente jurídicos son secundarios. Por otra parte, la Constitución de Estados Unidos indica que un presidente sólo puede ser destituido si se confirma que ha cometido muy serios crímenes. Por último, aún si los representantes votan a favor de una condena preliminar, el Senado tiene la potestad de rechazar el proceso y ponerle fin. Un Senado controlado por los republicanos no pareciera tener interés en colaborar con los demócratas para acabar con Trump. Por lo tanto, todo esto parece destinado al fracaso.


El juicio a Trump se ha convertido en un circo. La verdad es que el crimen de Trump fue ganar la elección de 2016. Muy pocos lo esperaban, Hillary Clinton parecía destinada a triunfar, y la noche de su derrota se enfriaron decenas de fiestas celebratorias en Washington. Basta con echar un vistazo a las reacciones de los comentaristas de las grandes cadenas de televisión, accesibles en Youtube, para comprobar la intensidad de la sorpresa y el insoportable dolor que experimentó un sector mayoritario de los medios de comunicación estadounidenses, estrechamente vinculado a los demócratas.


Desde ese día, Donald Trump ha sido considerado por los derrotados como un reo de la justicia, condenado a la defenestración. Cabe repetirlo: el crimen de Trump es ser presidente electo legítimamente, según lo establece la Constitución, a pesar de las ilusiones, sueños y planes del Partido Demócrata y sus aliados en los medios de comunicación y la burocracia del Estado, que incluye agentes politizados en organismos de inteligencia como la CIA y el FBI.


¿Recuerdan los lectores el llamado Rusiagate? Al día siguiente de su victoria, comenzaron los rumores que denunciaban la elección de Trump como fraudulenta. Pronto se regó la especie de una presunta intervención de Rusia en el proceso. Es obvio: un triunfo tan sorpresivo y decepcionante para los demócratas tenía que ser producto de una conspiración, de un complot o de una trampa, pero nunca de una decisión honesta de la gente. La culpabilidad de Trump trascendía los hechos y se ubicaba en el terreno de lo inconcebible.


Luego de tres años de investigaciones y denuncias, de millones de dólares invertidos y de incontables espacios de televisión, radio, redes sociales y páginas de periódicos, un fiscal especial y su equipo, totalmente parcializados por lo demás, fueron incapaces de hallar alguna prueba del Rusiagate y las acusaciones contra Trump. El fiscal Mueller y su grupo quedaron expuestos no propiamente como inútiles, sino lo que es peor, como títeres.


¿Y ahora qué? Los demócratas abandonaron Rusia y aterrizaron en Ucrania. Nadie entiende en realidad cuál es el nuevo crimen que, según afirman, cometió Trump, pero el circo está montado y la Cámara de Representantes dedica sus energías a ocuparse del tema. Los grandes asuntos que afectan al pueblo estadounidense, los problemas económicos y sociales y los retos geopolíticos alrededor del mundo, pasan a segundo plano, ante la urgencia de hacer un exorcismo a la derrota de 2016 y revertir esa elección.


El impeachment a Trump tiene entonces que ver con el pasado y con el futuro. Con el pasado para vengarlo, y con el futuro para impedir mediante un atajo que Trump repita su victoria, así sea necesario proseguir el rumbo de deterioro institucional que tanto daño hace a Estados Unidos. El pánico ante una posible reelección de Trump, por parte de un Partido Demócrata cada vez más radical y desajustado, es el verdadero secreto del impeachment. Todo lo demás es un circo barato y triste.


 Editorial de El Nacional, Venezuela



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