Venezuela: elecciones o guerra civil


Caterina Ciarcelluti protesta en las calles de Caracas 

Aunque el pueblo venezolano insiste en una salida constitucional la narco dictadura prefiere un enfrentamiento violento.  No se imaginan que pueden perder la guerra civil que están provocando. Si creen que podrán triunfar con tropas descontentas, con los bandidos de los colectivos y con civiles armados (milicias), no se han dado cuenta de sus propias debilidades ni del formidable enemigo al que tendrán que enfrentarse. 

Entre otros factores, en una  guerra la motivación y los recursos son determinantes. La cúpula gobernante está cometiendo el error de pensar que cuenta con ambos y se va a llevar una desagradable sorpresa. La oposición que ganó la mayoría en la Asamblea Nacional en 2015  obtuvo los votos de un porcentaje significativo de soldados y de sus familiares. Hoy el 78% de los venezolanos rechaza al gobierno.

Los colectivos son sanguinarios pero son algunos miles de cobardes que se dedican a matar y a robar sin correr peligro, cuando tengan que arriesgar sus vidas cruzarán huyendo la frontera colombiana. Las milicias no tienen la cohesión ni la disciplina de un ejército regular y veremos cómo reaccionan frente a un pueblo decidido a luchar el tiempo que sea necesario.

La primera gran derrota del régimen dictatorial sería quedarse sin la exportación de petróleo, de su venta dependerán las compras de recursos para sostener una guerra que puede prolongarse.  Las refinerías son difíciles de proteger y serán objetivo fácil en el conflicto.  Cuando la dictadura venda el oro que le queda para comprar armas, municiones y todo lo demás que se irá agotando, la victoria será cuestión de tiempo. 
A los revolucionarios demócratas les sobrarán patriotas, capacidad y motivación. En las ciudades y en las montañas tendrán miles de hombre y mujeres dispuestos a enfrentarse a un gobierno que les negó una salida pacífica. Tendrán a su lado suficientes ex oficiales de las fuerzas armadas venezolanas para apoyarlos a combatir.

Venezuela tiene dos grandes fronteras terrestres y la narco dictadura tendrá que dedicar la mayor parte de su capacidad militar a vigilarlas y a tratar de contener a los guerrilleros demócratas. Con lo que les quede difícilmente podrán controlar las zonas urbanas.  Maduro  tendrá que rogar por pertrechos a sus superiores castristas y a Irán, Rusia, China y Corea del Norte para que le apoyen con préstamos.  

Los verdaderos revolucionarios tendrán lo que necesiten porque hay millones de latinoamericanos que los apoyarán. La lucha en Venezuela es también por la democracia y la libertad en América porque  la alianza del narcotráfico, el terrorismo y la ambición no se van a detener en Caracas.  

Mientras no sea Estados Unidos quien dirija a los revolucionarios venezolanos, éstos podrán triunfar. La experiencia de los cubanos con la invasión de Playa Girón no puede ignorarse.  El gobierno de Kennedy lanzó unos cuantos cientos de exiliados a un fracaso seguro y en un afán por no parecer involucrados,  los abandonaron.   A Fidel Castro lo consolidó ese fracaso de Playa Girón.  La línea roja de Obama en Siria es otro ejemplo.  .

Las consecuencias de una guerra civil serían desastrosas para un pueblo que mayoritariamente repudia a Maduro.  Si ahora faltan comida y medicinas, una vez iniciada las hostilidades la situación empeorará y el respaldo popular a favor de los revolucionarios demócratas puede ser arrollador. 
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El binomio Raúl-Maduro está equivocado en su plan de neutralizar a la oposición con violencia.  Creen que con redadas sorpresivas de miles de opositores podrán romper la columna vertebral de la resistencia.  No se dan cuenta que aunque tengan algún éxito temporal van a ser derrotados en la guerra civil.  Raúl Castro parece haber persuadido a Maduro y sus asociados de que no hay otro camino que el de la represión, en realidad su problema es que sin el control de Venezuela el castrismo está perdido en Cuba.

Una guerra civil en Venezuela no será una tormenta en un vaso de agua.  En su desesperación el castrismo puede ordenar a los terroristas que tienen en varios países a que lancen ataques  para crear el caos y atemorizar a los pueblos y sus gobernantes.  Las consecuencias económicas y política de tales acciones no pueden subestimarse.  Por esta razón las naciones que quieren un cambio democrático en Venezuela  tienen que actuar en forma decidida y contundente.   Deben hacerle saber a la narco dictadura que, o se celebran elecciones democráticas o apoyarán a la oposición democrática con todo lo que necesite. Simultáneamente deben advertirle a Raúl Castro que si no hay elecciones democráticas en Venezuela, su régimen en la Isla pagará las consecuencias de una guerra en ese país y de lo que intente hacer en otros.

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, mayo 3, 2017. 

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Withdrawal from the OAS is a victory for Venezuelan opposition



Jigsaw word: DICTATORSHIP, balloon: Come on, Nicolás…a little effort…you got it!

The announcement by Venezuela’s narco-dictatorship of its imminent withdrawal from the OAS is an important victory for the democratic Venezuelan opposition. This retreat is a serious mistake, as was the recent, unnecessary coup d’Etat to the Asamblea Nacional (National Assembly). Now, the group in power thought it was more intelligent to challenge the world with a withdrawal than to risk being expelled, as the Castrista régime was in 1962 when it was banished from the regional body.

This escape is an acknowledgement of imminent defeat, they know the Inter-American Democratic Charter will be applied to them and that the group of unconditional governments has neither the votes nor the moral credibility to make up for whatever decision the majority makes.

The problem is that instead of fighting until the last minute and even after, they have admitted before the world that the lack the reasoning and the will to face up to the democratic community’s demands. Thus, it is an acknowledgement that, yes, they are a dictatorship, yes, they use repression against an unarmed people and no, they will not hold elections even if they have to swamp Venezuela’s streets in blood.

This decision’s first negative impact is against the governments that have been voting in favor of Maduro in the OAS. They have even risked a rift with Washington. Now their ally in Caracas, with no warning, withdraws from the arena. The narco-dictatorship has expelled itself and leaves them in a bad position. What are they going to do, withdraw as well?

The other harmful result of the decision has to do with the millions of Latin American sympathizers with the demagogic left who still had some hope that thing would be solved the right way and one way or another all that was being said about repression and corruption in Venezuela would be left behind with a compromise. Among them we could include the percentage of Venezuelans who support the regime for ideological reasons of out of fanaticism.

By leaving the OAS under these circumstances, Maduro’s government cuts its political and moral ties with the community in the Americas and remains with its strategic allies: Russia, Iran, China North Korea, Hezbollah, the Castrista dictatorship and the drug-trafficking mafia. Venezuelan generals and all those supporting Maduro and mentor Raúl Castro cannot claim to be bolivarians any longer. At the Angostura Congress in Panama in 1863, Simón Bolívar warned: “Nothing is as dangerous as allowing the same citizen to remain in power for a long time. The people become used to obeying him, and he to control it, where usurpation and tyranny arise.”

The OAS no longer has to expel that government, nor does it necessarily have to suffer a split among its members when, demanding an election solution in Venezuela, it must apply some type of punishment to a regime that has left. 

The countries truly committed to the Inter-American Democratic Charter are free to make up a group to support democratic Venezuelan opposition with whatever it is needed to prevent their country from falling into the darkness of totalitarianism.

The Venezuelan narco-dictatorship has opened the door for a community made up only of governments democratically elected to organize itself without ceasing to belong to the OAS. They can establish privileged trade, political and diplomatic bonds among them. They must even be capable of helping peoples who lose their freedoms. Actually, the Inter-American Democratic Charter is not an effective instrument, because it lacks coercive power, only allowing for dictatorships to shed their masks when convenient.

Lastly, the great beneficiary from this scarcely intelligent decision to withdraw from the OAS is the democratic Venezuelan opposition which, marching down the streets and paying a heroic quota of sacrifice has won the admiration and solidarity of millions of democrats the world over and has forced the narco-dictatorship to fully take off its mask.

By Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, April 27, 2017. 

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El retiro de la OEA es un triunfo de la oposición venezolana


El anuncio de la narco dictadura venezolana  de su inminente retiro de la OEA es un importante triunfo de la oposición democrática venezolana.  Esta retirada es un serio error, como lo fue el innecesario reciente golpe de estado a la Asamblea Nacional.  Ahora, al grupo en el poder se le ocurrió que era más inteligente desafiar al mundo con una renuncia que arriesgarse a una expulsión, como sufrió el régimen castrista en 1962 cuando fue desterrado del organismo regional.   

Esta huida es una admisión de derrota inminente, saben que se les aplicará la Carta Democrática Interamericana y que el grupo de gobiernos incondicionales que los apoya no tiene ni los votos ni la credibilidad moral para compensar cualquiera que sea la decisión de la mayoría. 

El problema es que en lugar de dar la pelea hasta el último minuto e incluso después, han reconocido ante el mundo de que no tienen los argumentos ni la voluntad de enfrentar la exigencias de la comunidad democrática.  Es pues, un reconocimiento de que sí, son una dictadura, sí usan la represión contra un pueblo desarmado y no, no van a celebrar elecciones de ninguna manera aunque tengan que anegar de sangre las calles de Venezuela. 

El primer impacto negativo de esta decisión es contra los gobiernos que han estado votando a favor de Maduro en la OEA. Ellos se han arriesgado,  incluso a un distanciamiento con Washington.  Ahora su aliado en Caracas, sin previo aviso, se retira del ruedo.  La narco dictadura se ha expulsado a sí misma y los deja mal parados. ¿Qué van a hacer, retirarse también?

El otro resultado perjudicial de la decisión tiene que ver con los millones de latinoamericanos simpatizantes de la izquierda demagógica que todavía tenían alguna esperanza de que las cosas se arreglaran por las buenas y de una u otra forma todo lo que se decía de la represión y la corrupción en Venezuela quedará atrás con una formula conciliatoria. Entre estos podíamos incluir al porcentaje de venezolanos que son partidarios del régimen por razones ideológicas o por fanatismo.  
Al salir de la OEA en estas circunstancias el gobierno de Maduro rompe sus lazos políticos y morales con la comunidad americana y se queda con sus aliados estratégicos: Rusia, Irán, China, Corea del Norte, Hezbolá, la dictadura castrista y la mafia del narcotráfico.  Los generales venezolanos y todos los que apoyen a Maduro y a su tutor Raúl Castro ya no pueden ni presentarse como bolivarianos.  En el congreso de la Angostura en Panamá en 1863, Simón Bolívar advirtió: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder.  El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él a mandarlo, de donde se originan la usurpación y la tiranía”.

Ya la OEA no tiene que expulsar a ese gobierno, ni tiene necesariamente que sufrir una fractura entre sus miembros cuando exigiendo una salida electoral en Venezuela, deba aplicar algún tipo de penalidad a un régimen que se fue. Quedan en libertad los países verdaderamente comprometidos con la Carta Interamericana Democrática de formar un grupo que apoye a la oposición democrática venezolana con lo que haga falta para evitar que su país caiga en las tinieblas del totalitarismo. 

La narco dictadura venezolana ha abierto la puerta para que se organice, sin dejar de pertenecer a la OEA, una comunidad de gobiernos democráticos a la que pertenezcan nada más que los gobiernos elegidos democráticamente. Entre ellos pueden establecer lazos comerciales, políticos y diplomáticos privilegiados. Incluso deben estar en capacidad de ayudar a los pueblos que pierdan sus libertades. En realidad la Carta Interamericana Democrática no es un instrumento efectivo porque no tiene poder coercitivo, nada más que le sirve a las dictaduras para enmascararse hasta que les conviene.

Por último, el gran beneficiario de esta poco inteligente decisión de retirarse de la OEA es la oposición democrática venezolana que, marchando en las calles y pagando una heroica cuota de sacrificio ha ganado la admiración y solidaridad de millones de demócratas en el mundo y ha obligado a la narco dictadura a quitarse la careta completamente. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, abril 27 de 2017.
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En las calles de Venezuela no solo está en juego la libertad de su valiente pueblo

El pueblo marchando pacificamente 
es atacado por el gobierno 

El pueblo venezolano no se ha dejado intimidar por la violencia. Ni los cientos de detenidos, ni los asesinatos, ni la amenaza de armar medio millón de milicianos han sido suficientes para paralizar a los hombres y mujeres que marchan por las calles exigiendo el fin de la narcodictadura. El pueblo no está midiendo sus fuerzas con las de Maduro como describen algunos medios. Esas fuerzas se miden en las urnas, no entre venezolanos desarmados y una mafia de asesinos protegida por la policía y el ejército que también se han dedicado a la represión. Lo que piden los venezolanos en las calles es el respeto a la constitución.  

La realidad es que Venezuela está secuestrada y el reclamo popular fue claramente expresado por el sacerdote José Palmar: “Nicolás Maduro, tienes que renunciar por incapaz, por imbécil, por estúpido, porque te entregaste a Cuba”.  

Paola Andreina Ramírez Gómez de 23 años, 
asesinada hoy 19 de abril en el estado de Tachira

Entregarse al castrismo fue el pecado original del chavismo pues dejó en manos del dictador Fidel Castro la estrategia que debía seguir Hugo Chávez: como el petróleo de Venezuela estaba en manos del Estado, Chávez  podía suprimir las libertades que le molestaran, apoderarse de la estructura productiva privada, sin que importaran las consecuencias.  Igual a lo que hizo el Partido Comunista en la URSS, el chavismo cabalgaría sobre un mar inagotable de petróleo, que le permitiría comprar al pueblo con propaganda y beneficios sociales mientras se consolidaba la dictadura. De paso, darle la mano salvadora a la “revolución” cubana con una generosa subvención. En un binomio de demagogia, poder económico e intimidación las dictaduras de Cuba y Venezuela comprarían el silencio de los políticos en Latinoamérica y alimentarían la capacidad de movilización de las organizaciones de izquierda para ir tomando el poder país por país. No parecían equivocadas tales elucubraciones pues según  los expertos de aquellos tiempos el petróleo era un bien cuyo consumo aumentaba y las reservas no eran suficientes para satisfacer la creciente demanda mundial por lo que su precio debía subir.

Carlos José Moreno de 17 años fue ultimado en 
la plaza La Estrella de San Bernardino, Caracas.

Casi lo logran, si no hubiera sido por George Mitchell, quien después de años de trabajo, en 1997 ya demostraba que podía aumentarse significativamente la extracción de gas y petróleo fracturando con agua y químicos a alta presión las formaciones geológicas. Su innovación es considerada la más importante del siglo en el campo de la energía. La revolución creada por Mitchell, el descubrimiento de nuevas reservas y un uso más racional del combustible se trajeron abajo los precios del petróleo y los planes castro-chavistas. A pesar de estas nuevas realidades la estrategia de Fidel Castro y su pupilo Hugo Chávez  se mantuvo inalterable, posiblemente por conveniencia del dictador cubano. La economía venezolana se comenzó a derrumbar, los líderes del chavismo se concentraron en enriquecerse y el narcotráfico se entronizó en las más altas esferas.  Contaban todavía con el respaldo del Brasil de Lula y de Rousseff, la Argentina de los Kirchner, el silencio de muchos presidentes latinoamericanos y la pasividad del presidente Barack Obama dedicado a excusarse públicamente del comportamiento pasado de los Estados Unidos.  

Los cambios en el mercado petrolero, el despilfarro, la corrupción gubernamental, el narcotráfico de altos funcionarios y la destrucción sistemática de la empresa privada han llevado al país al caos. A estos hechos se sumaron cambios políticos en Latinoamérica adversos a los planes de expansión de Castro y de Chávez y un giro radical en la presidencia de los Estados Unidos. La dictadura venezolana sabe que está acorralada y aspira a neutralizar con violencia a un pueblo desarmado.  Hoy 19 de abril lo han demostrado una vez más atacando multitudinarias manifestaciones pacíficas que tenían derecho a manifestarse y en las que dos jóvenes fueron asesinados.  La comunidad internacional debe respaldar al pueblo venezolano con acciones prácticas y contundentes que nieguen ingresos de divisas al régimen, que castiguen a los responsables de actos represivos contra la población, a los responsables de violar sus obligaciones constitucionales y a la dictadura castrista por su complicidad en esta tragedia. El pueblo venezolano está arriesgando su vida y su libertad en las calles con la esperanza de ese respaldo decisivo.  Por la libertad y la democracia de Venezuela hay que dar todos los pasos que sean necesarios.  En las calles de esa nación no solo está en juego la libertad de su valiente pueblo sino también la estabilidad en un continente asediado por el narcotráfico y el terrorismo. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, abril 19 de 2017.
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Declaraciones de Almagro sobre hechos en Venezuela

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Maduro en La Habana


Como sabe que no puede hablar por teléfono con Raúl porque sus conversaciones son interceptadas por los servicios secretos de los Estados Unidos, Maduro viajó a Cuba para informar cómo están las cosas en su país y allí decidir con sus superiores lo que debe hacerse en Venezuela. Por esta razón inventaron una reunión de emergencia del ALBA en La Habana. Los titulares informativos dicen que fue a pedir apoyo diplomático para su gobierno en crisis. Eso es una pamplina periodística, ni el ALBA ni el castrismo pueden darle nada en un  terreno donde no  tienen peso moral, ni diplomático, ni económico. 

El problema inmediato en Venezuela  es la constancia y el incremento de las manifestaciones populares contra la dictadura en la capital y en otras ciudades. Esto sucede en el contexto de un repudio mundial por la poco inteligente manipulación del Tribunal Supremo de Justicia al quitarle la inmunidad a los miembros de la Asamblea Nacional y a ésta de sus funciones, complicada por la absurda marcha atrás que dio al alegar que él, Maduro, no estaba enterado de lo que había sucedido.

El panorama se ha complicado por dos razones adicionales: primero, en la OEA hay un Secretario General que sin el apoyo de la mayoría de los países insistió en aplicar la Carta Democrática Interamericana y ahora con el apoyo de la mayoría, su liderazgo no se puede neutralizar con insultos. Segundo, en la Casa Blanca hay un presidente que no le dio miedo dar órdenes de bombardear una instalación militar en Siria y no hay ninguna razón para que tema exigirle al régimen venezolano un calendario electoral;  de lo contrario podría suspender la compra de  petróleo hasta que se hagan elecciones.

La reunión en La Habana ha sido muy importante.  Ante el incremento de las manifestaciones, ante la posición de la OEA que ha sido respaldada por diversas entidades internacionales y ante la incertidumbre de lo que podría hacer el nuevo mandatario estadounidense, no hay muchas alternativas. No podrán mantenerse en el poder con el freno medio puesto: tirando perdigones, lanzando gases lacrimógenos y de vez en cuando matando a un estudiante y arrestando brutalmente a cientos de venezolanos.   

Tienen que inventar un truco político para entretener a la oposición y al mundo, algo que ya no es fácil. O tienen que lanzarse por la vía sangrienta soltando  en las calles, a los grupos de bandoleros y criminales conocidos como “colectivos”, una creación castrista en Venezuela. Estos perros de la guerra se movilizan con absoluta impunidad atacando con armas a los manifestantes desarmados.  Esta maniobra tiene la ventaja, eso creen los 200 generales venezolanos, que ellos no serán inculpados por los crímenes de los “colectivos”.

Pueden haber decidido ya el aumento de la represión pero cometerán un gravísimo error, mayor que el mal planeado y peor justificado golpe de estado reciente a la Asamblea Nacional.  El panorama ha cambiado y lo que sucede en Venezuela está muy cerca del corazón de millones de personas en todo el mundo, lo han ganado los venezolanos con su valor y su sacrificio. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica
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La OEA no tiene ejército y los demócratas somos solidarios a medias


Marvinia Jiménez, costurera de 35 años, es arrojada al piso por una funcionaria de la Guardia Nacional durante una protesta que se desarrolló el lunes pasado en Valencia, (Carabobo, centro) “cómo la patean, cómo le golpean la cabeza con un casco”.  Jiménez, liberada anoche después de ser detenida el lunes, fue imputada por tribunales por presuntamente cometer cinco delitos, entre ellos la agresión a funcionarios de la Guardia Nacional, y está sometida a un régimen de presentación cada 45 días. Febrero de 2014.
En el caso de Venezuela, la mayoría de los países latinoamericanos han decidido que la OEA debe aplicar la Carta Democrática Interamericana. Señalan que en ese país la democracia agoniza y exigen que el régimen actual fije un calendario electoral que permita una salida pacífica al conflicto.  El problema es que la OEA no tiene un ejército que pueda obligar al régimen maduro-raulista  a dejar de encarcelar, golpear  y matar a quien se le oponga.  

Por esta razón la policía y el ejército, más las turbas armadas, conocidas como colectivos*  se han lanzado a las calles a reprimir a la oposición democrática, que desarmada, heroicamente trata de defender lo poco que queda de derechos en la patria de El Libertador.  Se juegan la libertad y la vida en las calles y esperan ayuda de la comunidad internacional.

El problema es que la OEA no tiene un ejército, lo que tiene es una cuota de poder moral que solo puede brindar aliento a esa oposición que lucha en absoluta desventaja. Poder moral que puede sumar a millones de personas y a gobiernos del mundo a solidarizarse con los demócratas venezolanos.  Nada más.

Enmy Blanco, hija de Carlos Blanco dirigente del partido Alianza al Bravo Pueblo, fue agredida por colectivos en la protesta ocurrida en las cercanías del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en la parroquia Candelaria, municipio Libertador, el viernes 31 de marzo de 2017.  El Nacional

Por eso cuando las cárceles se llenen de venezolanos, los hospitales de heridos, los cementerios de muertos y los derrotados tomen el camino del exilio, el binomio maduro-raulista habrá ganado la pelea.  Nuestra solidaridad y la de la OEA habrán sido insuficientes para defender la democracia en la patria de El Libertador. Quedaremos desmoralizados en nuestros propios países. Algo peligroso porque el cáncer del populismo, su dinero y sus agentes están en todas partes esperando el momento de debilidad en cada lugar. 

Venezolanos protestan por la intromisión castrista

Eso lo saben Raúl y Maduro y la banda de corruptos que los rodea tanto en Cuba como en Venezuela. Saben que los demócratas no somos como ellos, que son capaces de cualquier cosa por defender sus intereses.  Nosotros somos solidarios a medias porque la no violencia nos ha llevado a capitular antes de levantar los puños.  En nosotros la defensa de la democracia no pasa de los discursos y las declaraciones.   

Lo saben porque la dictadura castrista fue expulsada de la OEA en 1962 y nada sucedió.  Miles de cubanos murieron fusilados, cientos de miles pasaron parte de su vida en las cárceles y los Estados Unidos siempre dieron a la oposición la ayuda a cuenta gotas.  La CIA organizó la invasión de Playa Girón que fracasó porque fue un intento militarmente absurdo y políticamente ridículo. Ese fracaso consolidó la dictadura castrista de Fidel Castro que se mantuvo en el poder durante tres décadas por la subvención anual  que le daba la Unión Soviética y hasta el día de hoy por la subvención que le dio el régimen de Chávez y ahora el de Maduro. 

Con Venezuela el maduro-raulismo está seguro que sucederá lo mismo que pasó en Cuba.  Se irán de la OEA antes de que los expulsen o cuando les dé la gana. Insultarán a cada uno de los presidentes y los gobiernos que les pidan decentemente el camino electoral.  Tienen a Putin, a Irán y  a China que los suplen de armas y lo que haga falta para aterrorizar el pueblo y asustar a los gobiernos que se pasen de la raya.  Además tienen a los capitalistas que con tal de hacer negocios no les importan los presos, los heridos y los  muertos en las dictaduras mientras ellos logren buenas ganancias. Maduro y Raúl prefieren que los venezolanos se mueran de hambre porque así son más fáciles de domesticar.  Todo por la sencilla razón de que la OEA no tiene ejército y los demócratas somos solidarios a medias.

Si la OEA no tiene ejército ¿qué hacemos con Venezuela, la salvamos o la abandonamos? Para salvarla, en un primer intento, la mayoría de los países de la OEA y la Unión Europea tienen que exigir la inmediata liberación de los presos políticos, un fin a la represión contra la oposición y un calendario electoral, o, cortar sus relaciones comerciales con Venezuela, incluyendo la compra de petróleo por parte de los Estados Unidos.  

Si ese primer intento no funciona porque el régimen castrista y sus subordinados chavistas insisten en la guerra contra el pueblo venezolano, hay que aplicarle las mismas medidas al castrismo: cortar las relaciones comerciales con la dictadura de la Isla, incluyendo la venta de comida de los Estados Unidos a Cuba y desestimular el turismo a Cuba por parte de los canadienses, los europeos, los latinoamericanos y los exiliados cubanos.  

Entonces quizás la mafia maduro-raulista se asuste y repiense su estrategia aniquiladora por temor a una tercera etapa de confrontación militar en la que lo primero que les sucedería es la pérdida de las refinerías que son un blanco fácil.  Y sin petróleo se les acaba la matonería. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

*en 29 de marzo de 2014 El Nuevo Herald publicó:  Ex agentes de Inteligencia de Venezuela y fuentes con acceso directo a oficiales activos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana dijeron a El Nuevo Herald que Cuba juega un papel estelar en la represión emprendida por Maduro contra los manifestantes venezolanos, encargándose de operaciones que van desde la seguridad en los alrededores del palacio presidencial hasta la planificación de futuros arrestos de opositores…los cubanos son los que están planificando las operaciones de entre 600 y 1,000 hombres armados que conforman las bandas paramilitares chavistas, conocidas en Venezuela como colectivos”.

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Un paso en falso de “Raúl Maduro” en Venezuela


Ante las exigencias de la mayoría de los países miembros de la OEA de discutir la crisis en Venezuela en el contexto de la Carta Democrática Interamericana de ese organismo,  el gobierno títere de Nicolás Maduro dio un paso que no podía haber tomado sin el apoyo y seguramente la iniciativa de su tutor de turno, Raúl Castro: el de deslegitimar los poderes de la Asamblea Nacional con un pronunciamiento del Tribunal Supremo de Justicia que la sustituía en sus competencias.

Ante tal acción, la reacción de condena  de la comunidad internacional ha sido generalizada, intensa y definitiva: denuncian sorprendidos el golpe de estado en Venezuela.  El castro-chavismo, que ante la iniciativa de la OEA pudo seguir alegando intervención en los asuntos internos y acusar a los Estados Unidos de manipulación, proporcionó al Secretario General de la OEA, Luis Almagro y a la oposición venezolana, la prueba irrefutable de que ese régimen nunca tuvo la intención y tampoco la tiene, de buscar una salida negociada o electoral a la crisis.  Si hubieran sido más inteligentes el binomio “Raúl Maduro” podía haber esperado una acción más decisiva de la OEA para retirarse del organismo y entonces lanzarse contra la oposición venezolana incluyendo la Asamblea Nacional.

Pero apretaron el gatillo a destiempo y apuntaron mal.  A quienes todavía apoyan a Maduro, dentro y fuera de Venezuela, les debe haber caído como un balde de agua fría.  Las declaraciones de la Fiscal General de la Republica, Luisa Ortega Díaz, condenando la ruptura constitucional, parecen ser una señal de desacuerdo entre los chavistas por este mal paso.  Hasta el presidente colombiano, que se ha cuidado mucho de no mortificar a “Raúl Maduro", se ha pronunciado contra el golpe de estado y la cancillería del gobierno de Rafael Correa ha salido con la pamplina de hablar del diálogo como vía de solución.  Ha sido la cancillería porque Correa se ha quedado muy calladito: "Ante los hechos suscitados en los últimos días en la República Bolivariana de Venezuela, que evidencian una profunda fractura entre el Gobierno y la oposición y un impasse entre poderes del Estado, el Gobierno del Ecuador reitera su posición a favor del diálogo". 

Al deslegitimar la Asamblea Nacional, el castro-chavismo ha hecho una declaración de guerra contra el pueblo venezolano, la oposición y la comunidad democrática internacional. No debía haber sido una sorpresa para nadie porque el domingo 5 de este mes, durante la XIV cumbre de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que se celebró en Caracas, Raúl Castro declaró que: "En Venezuela se libra hoy la batalla decisiva por la soberanía, la emancipación, la integración, y el desarrollo de nuestra América" y ratificó "el compromiso asumido en nuestra declaración de acompañar la defensa de Venezuela y la posición digna, valiente, y constructiva del presidente Nicolás Maduro".

En realidad lo que se libra en Venezuela es la supervivencia de la dictadura castrista en Cuba y la de los corruptos y narcotraficantes que dominan el estado venezolano.  La comunidad internacional  cometería una gran injusticia y un gran error en no incluir en su estrategia el hecho de que ambos regímenes, el de Cuba y el de Venezuela, son una mafia sin escrúpulos que debe ser desarticulada como una unidad.  Dejar en manos del desarmado pueblo venezolano y del igualmente desarmado pueblo cubano semejante tarea sería un error imperdonable cuyas consecuencias tendrán que pagarse tarde o temprano.

Huber Matos Araluce
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El freno al Referendo Revocatorio no es un fracaso sino un triunfo de la oposición


La oposición venezolana no puede interpretar el freno al Referendo Revocatorio como un fracaso sino como una victoria más en una contienda que tan hábilmente ha sabido conducir.  Es cierto, cualquiera se desalienta cuando se le escapa la cucaracha que ya iba a aplastar y con sus últimas fuerzas nos sorprende escapando hacia un agujero.  

La MUD no pudo ridiculizar a la dictadura recogiendo mucho más del 20% de las firmas reglamentarias, ni la pudo sentenciar a muerte con los resultados abrumadores de un revocatorio en este o en el próximo año.   Eso habría sido la pelea del burro amarrado –la dictadura- contra el tigre suelto –la oposición- y el burro, como la cucaracha, salió corriendo. 

Nicolás Maduro y su pandilla han tenido que quitarse la última máscara que les quedaba y reconocer ante el mundo su hipocresía como actores auténticos en un juego democrático.  Ya no pueden engañar ni a sus propios seguidores y aunque no lo parezca, tendrá graves consecuencias.

En Miraflores se impuso la visión de La Habana de que no se puede perder el poder pacíficamente porque el castrismo, que tiene la esperanza de que los Estados Unidos los salve, todavía necesita seguir chupando los recursos de Venezuela para sostenerse en el poder en Cuba.  No era muy difícil convencer ni a los generales narcotraficantes ni a los ladrones.

 ¿Y ahora qué hacer?

Primero, la oposición debe reconocer su triunfo y así consolidar sus filas, su moral y su imagen ante el pueblo y el mundo;  hay que continuar el trabajo de persuasión política, pacífico y civilista como hasta ahora.  No se debe caer en la trampa del impulso a la violencia, que por falta de recursos y respaldo internacional, podría favorecer al chavismo castrista con una victoria fácil en ese terreno. Si hay un sector que quiere prepararse para este tipo de enfrentamiento, la MUD no debe estar involucrada para que pueda seguir trabajando en el país, donde todavía hay mucho que hacer, hasta que se pueda.  

Segundo, hay que consolidar la solidaridad internacional dedicando aún más esfuerzos.  Es importante lograr el respaldo de los gobiernos, pero sobre todo de los pueblos. Hay que asegurar la aplicación de la Carta Democrática y cerrarles el paso a las empresas capitalistas que negocian con la dictadura y a la banca internacional que en busca de ganancias pueda ayudarla.

Tercero, es necesario tocar las puertas y el corazón de cada soldado del ejército venezolano para que sepa que el pueblo espera que ellos defiendan la Constitución que ha sido pisoteada por una banda de corruptos y narcotraficantes que han hundido al país y han arrendado la soberanía a la mafia que llevó a Cuba a la miseria.

Cuarto, las dictaduras de Rusia, China, Irán y Cuba deben saber que su ayuda a la dictadura en Venezuela tendrá un precio. Nadie es inmune al repudio mundial ni a las consecuencias presentes y futuras por su actual complicidad. 

Nunca olvidemos que las luchas por la libertad no son fáciles ni rápidas y: el que se cansa pierde.


Por Huber Matos Araluce 

Patria, Pueblo y Libertad


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La herencia de Vladimir Padrino López



En Venezuela la supremacía entregada al Ministro de Defensa, sobre todos los demás ministros y el vicepresidente, es una acción desesperada del poder,  es un segundo golpe de estado.  El primero fue en diciembre de 2015, cuando ante el triunfo mayoritario de la oposición a la Asamblea Nacional, el gobierno en forma arbitraria tomó el control total del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para estar en capacidad de anular las futuras decisiones de la Asamblea.  En ese entonces el Ministro de Defensa Vladimir Padrino López se opuso al uso del ejército para evitar la victoria de la oposición, pero permitió la jugada en la que el TSJ dejaba a la Asamblea a merced de Nicolás Maduro y sus aliados.  

En aquel entonces, según informó el periodista Antonio María Delgado de El Nuevo Herald: “el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, se rehusó a colaborar con las intenciones de Maduro y del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, de desconocer la masiva victoria de la oposición, lo que hubiera gestado un peligroso escenario de violencia… La posibilidad de modificar el resultado fue discutida a inicios de la semana pasada en una reunión sostenida en el Fuerte Tiuna, la principal sede militar de Caracas, en la que participó la máxima cúpula del régimen, el alto mando militar, los organismos de inteligencia y al menos un representante del gobierno cubano…”.  Sin duda, el jefe militar tuvo en el 2015 el respaldo de la oficialidad y de los soldados demostrando un poder de veto decisivo que evitó el uso de la fuerza pero no impidió un golpe de estado que ha sido funesto para el país.

Ahora, ante una circunstancia de mucha mayor gravedad y en buena parte resultado de ese primer golpe de estado, los super poderes dados al Ministro de Defensa demuestran que Maduro y sus aliados cercanos están en crisis terminal. Maduro, lejos de enderezar los entuertos que heredó de Chávez los complicó con los propios, poniendo en peligro los privilegios de los jerarcas, la seguridad de los narco chavistas y las fortunas acumuladas durante 17 años de corrupción. Ahora creen que Padrino López es su tabla de salvación. En otras palabras, es la figura y la posición del Ministro de Defensa las que están en juego.  El chavismo ha aceptado sus términos o ha recurrido a él con la esperanza de mantenerse en el poder, pero son remotas las posibilidades de que un hombre y un ejército puedan enderezar un desastre tan complejo y profundo como en el que se encuentra Venezuela.  El poder embriaga y Padrino López puede creer lo contrario, o puede esperar que el país se hunda más en el caos para tomar las riendas y descartar a sus aliados actuales.

Por Huber Matos Araluce 

Patria, Pueblo y Libertad



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Venezuela será la Siria de América



Maduro lanzó el Ejército a las calles dejando claro que no está dispuesto a entregar el poder

Por Jaime Gutiérrez Góngora

Al referirse a la actual crisis en Venezuela, muchos politólogos y analistas alertan sobre una próxima “implosión” o “radicalización” de la situación en ese país. Prefieren no afrontar la realidad. Venezuela ya es un país fracasado. Fue liquidado por el socialismo del siglo XXI y el petróleo –las dos cosas– de la misma forma como la dictadura del proletariado y el petróleo liquidaron a la Unión Soviética.

La mediación internacional es un noble pero ya inútil intento de evitar un cruento desenlace de lo que es el inicio de una guerra civil. La esperanza de que el gran triunfo de la oposición contra Maduro en las pasadas elecciones parlamentarias podría milagrosamente lograr que él y su pacotilla abandonaran el control del Ejecutivo por medio de un referendo revocatorio, probó ser una vana ilusión.
Don Nicolás respondió radicalizando el proceso con el uso de la fuerza. Embaucó al Ejército y lo lanzó a las calles a cometer un acto totalitario, destapando así –por fin– la mentira de que en Venezuela existe un régimen democrático.

Mostró sus cartas a su pueblo y ante el mundo. Evitar un conflicto armado solo depende ahora de que el pueblo venezolano dócilmente acepte la largamente temida dictadura. Pero es improbable que este sea el resultado.

Desesperación. Venezuela ya está cerca de una hambruna. La clase media se ha proletarizado. Turbas detienen y asaltan camiones de basura porque tienen hambre (CNN 26/5/16). El sistema de salud se derrumbó. Los pacientes hospitalizados son humillados, vestidos con harapos y con colchones en el suelo.

Los familiares se ven obligados a salir a la calle a comprar jeringas, agujas, jabón y las más indispensables medicinas. Su pueblo vive humillado y los pueblos no toleran mansamente la humillación. Al hambre y a la carencia de acceso a la atención médica se le ha agregado, ahora, la represión del gobierno.

Lo que hace probable una guerra civil en Venezuela es que su Ejército no está unido como para pensar que un típico “golpe de Estado” pudiera resolver el problema a corto plazo.

Hay en Venezuela dos fuerzas armadas: una de estas es el grupo poderoso pero minoritario conocido como los narcogenerales. El otro ejército consiste en un grupo mayoritario de oficiales de bajo rango. Estos resienten el control que ejerce el chavismo sobre las fuerzas armadas. Resienten también el favoritismo hacia los oficiales prochavistas y, sobre todo, el control de las fuerzas armadas por los cubanos. A este otro ejército solo le falta un líder para sublevarse.

Chávez creó pandillas paramilitares de apoyo para su gobierno y las armó hasta los dientes con armas pesadas. La Colectiva Alexis Vive, uno de estos grupos, prospera y crece en los tugurios de las laderas en el occidente de Caracas.
Chávez armó, también, lo que llamó una “reserva civil”. Además, repartió armas pesadas a quienes llamó “partisanos” (personas sin entrenamiento militar) para aplastar posibles sublevaciones dentro del Ejército. Uno de estos grupos es el Frente Francisco de Miranda, que cuenta con una gran capacidad bélica.

Violencia galopante. Venezuela es ya uno de los países más violentos del mundo. En Irak, un país con la misma población que Venezuela, hubo 4.644 muertes de civiles por asesinatos en el 2009 mientras que en Venezuela el número de asesinatos llegó a más de 16.000 en el mismo año.
Tienen armas los dos ejércitos, las pandillas paramilitares, la “reserva civil”, los “partisanos” y los narcotraficantes. Todos con un poderoso interés en preservar su jugoso statu quo. Solo los patriotas y los exiliados –un grupo multitudinario– están desarmados.

Con un pueblo hambriento, humillado, carente de medicinas y servicios médicos y ahora con el gobierno reprimiendo con violencia protestas pacíficas, todo lo que falta es la chispa que desate la guerra civil que siempre se hace crónica.

Colombia, su vecino, es un ejemplo del peligro que representa para un país la cronicidad de un conflicto armado.

Es también inevitable que después de desatada la violencia, Venezuela se vea involucrada en un conflicto regional. Chávez hizo un sonado viaje a Rusia y China para comprar grandes cantidades de armamento. Esto obligó a sus principales vecinos, Brasil y Colombia, a lanzarse a una carrera armamentista.

Brasil adquirió armas de Francia por $15.000 millones. El ministro de defensa brasileño, Nelson Jobim, calificó esa extraordinaria compra como de “importancia vital” para la seguridad de su país, siendo Venezuela su único peligro. Y en abril del 2010, Brasil firmó un acuerdo de cooperación militar con Estados Unidos a solo cinco meses de que Colombia suscribiera otro igual con Washington.

La chispa. De la misma forma se inició la guerra civil en Siria. Paso a paso. El 15 de marzo del 2011 se iniciaron protestas pacíficas en Siria que exigían la caída del régimen represivo de Bashar al Asad. Para el Viernes Santo la oposición logró una movilización de su pueblo sin precedentes. Las fuerzas de seguridad de Asad abrieron fuego para dispersar a la multitud. Fue la jornada más sangrienta de la historia de ese país. Fue la chispa que desató la guerra.

En el próximo paso hacia la debacle, soldados sunitas se revelaron contra sus superiores alawitas. Los chiitas libaneses se lanzaron a defender el régimen. Luego Irán hizo lo mismo y finalmente Rusia se lanzó a apoyar a Asad. Al Qaeda y el Frente al Nusra por su parte atacaron a Bashar. De estos grupos salió el Estado Islámico, que hoy día amenaza a Asad, a Oriente Medio y a la civilización occidental.
Una progresiva radicalización del conflicto en Siria terminó en una hecatombe. La de Siria ya es una guerra regional en la cual están involucrados Líbano, Irak, Irán, Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos.

Para el 2014, uno de cada 20 sirios había sido asesinado o herido durante la guerra; uno de cada cinco era refugiado, y la esperanza de vida en Siria ha bajado 20 años desde que comenzó el conflicto.

En Venezuela, ya Maduro lanzó su Ejército a las calles dejando claro que está dispuesto a usar la fuerza para cumplir con la promesa de Chávez de entregar cualquier cosa menos el poder.

El Dr. Jaime Gutiérrez Góngora es un medico costarricense. Articulo publicado en La Nación, Costa Rica
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Los Castro y el camino de las balas en Venezuela



En el campo de batalla de Venezuela hay dos caminos: el de los votos o el de las balas.  La oposición prefiere el de los votos porque con certeza ganará el referendo y habría menos riesgo de un golpe de estado. Los castro chavistas lo saben y por eso escogen el de las balas en lugar de perder el poder mansamente. Ellos están organizados, entrenados y apertrechados para la violencia contra el pueblo. Han decidido jugarse el poder masacrando a la juventud en las calles. Prefieren hasta un golpe militar que quedarse sin legitimidad por la vía de las urnas.  



Para tomar el camino del revocatorio hacen falta dos voluntades, la de la oposición y la del gobierno pero,  para tomar el camino de la balas solo hace falta una, la del eje castro chavista.  Además, los Castro pueden estar calculando que al apoyar el camino de la violencia se pueden negociar concesiones con el ejército venezolano, con el  gobierno de Obama y con otros gobiernos.

No es fácil evaluar las opciones en Venezuela sin entender que el destino del castrismo en Cuba está íntimamente ligado al de Maduro y los procastristas venezolanos.  Si Nicolás Maduro pierde la presidencia en un referendo, Fidel y Raúl Castro se enfrentarían a una grave situación en Cuba.

El régimen en la Isla se quedaría sin más de 8.500 millones de dólares de subvención venezolana, las consecuencias serían desastrosas. Ni con el turismo estadounidense ni con el levantamiento del embargo podrían sustituirse esos ingresos. Además, el impacto político en Cuba de un cambio pacífico en Venezuela podría ser el epitafio de un régimen que sobrevive saqueando a Venezuela. 

Maduro y los Castro creen que tienen una posibilidad de imponerse por la vía de la represión. Con un golpe rápido y radical pueden eliminar la dirigencia de la oposición como hicieron con Leopoldo López, o aun peor.  Ni les importan ni les preocupan los muertos porque la lección de Venezuela le serviría de advertencia al pueblo cubano para que sepa que las calles de Cuba se anegarán de sangre si algún día intenta enfrentar al régimen.

Las Fuerzas Armadas venezolanas son una incógnita, pueden obligar a Maduro por el camino del revocatorio conscientes de que lo perderá, o dejarlo que tome el de la violencia y decidir en la marcha si lo apoyan o lo sacrifican. Mientras tanto, los jóvenes venezolanos tendrían que lanzarse a las calles y jugarse la vida por los derechos que están obligados a defender los militares.

La oposición apela a la comunidad internacional para que presione a los que quieren definir la contienda por la vía de las balas.  Es una estrategia inteligente pero sin garantías.  El Secretario General de la OEA está por el referendo pero poco podrá hacer sin un apoyo contundente de la mayoría de los estados miembros. Si la izquierda demagógica latinoamericana y la indecisión de Obama se imponen, la inefectividad de la OEA será la luz verde para Nicolás Maduro. 

Estamos ante la tragedia de un pueblo valiente pero desarmado luchando contra una dictadura a la que se le sobran recursos y  falta de escrúpulos.  

Los venezolanos pueden triunfar pero además de astucia y heroísmo necesitan desesperadamente el respaldo moral y material de los demócratas del mundo.   

Por Huber Matos Araluce 

Patria, Pueblo y Libertad



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Dilma Rousseff ¿Juicio político o impeachment?

Manifestación en Brasil pidiendo el 
impeachment de la presidente

Con frecuencia se lee y se escucha en los medios de comunicación sobre el juicio político a Dilma Rousseff, dando la impresión de que la presidente brasileña es víctima de una acusación política.  Lo cierto es que Dilma Rouseff ha sido acusada de manipulación fiscal en el 2014 y 2015  porque violó normas fiscales, maquillando el déficit presupuestal y de esta forma dando la impresión de que la gestión de su gobierno fue mejor de lo que realmente había sido. Esto sucedió previo a las elecciones de octubre de 2014 en que ella fue reelecta por un estrecho margen del 51.6% de los votos.

Hélio Bicudo fue uno de los tres juristas que recomendaron al Congreso la acusación contra la presidente.  Días después de formular la denuncia, Bicudo dijo a BBC Mundo que la presidente había cometido una serie de actos "en el sentido de violar la legislación respecto a la salud fiscal del país, dando la impresión de que todo estaba bien". Bicudo fue fundador del Partido de los Trabajadores, el partido de la presidente.  El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el más importante aliado de la coalición que la llevó al poder, también le retiró su apoyo como lo ha hecho la mayoría de la población.

La comisión de diputados que analizó el pedido de "impeachment" se pronunció a favor de abrir el proceso contra Rousseff, porque los hechos denunciados contribuyeron a "una crisis fiscal sin precedentes".  Redactado por el diputado Jovair Arantes y aprobado en la comisión, el informe sostiene que la denuncia apunta a una "usurpación" de la prerrogativa del Congreso de autorizar gastos públicos. "Tales actos revelan serios indicios de gravísimos y sistemáticos atentados a la Constitución".

Independiente del contexto político en que se ventilan los cargos y de otros posibles delitos atribuibles a Dilma Roussef, de los cuales no ha sido acusada hasta el momento, a ella se le ha acusado de violaciones a las leyes, no de estar más o menos a la izquierda en el espectro ideológico.  Presentar el proceso como un juicio político es dar la impresión de que la presidente es víctima inocente de una maniobra.  Impeachment y no juicio político es la palabra apropiada para caracterizar el proceso contra Dilma Rouseff.  Este es un término de origen legal anglosajón:

Cito: “El Artículo Primero de la Constitución de Estados Unidos garantiza que los altos funcionarios puedan ser procesados por mandato de la Cámara de Representantes a causa de delitos graves, a excepción de los miembros del legislativo (sin imposición de sanciones penales). Al igual que en el modelo británico, una vez que el Congreso abre el proceso, es el Senado quien se encarga de llevar a cabo el juicio. Para condenar al acusado son necesarias las dos terceras partes de los votos de los senadores. Este eventual castigo consiste en la destitución del acusado y su inhabilitación para desempeñar otros cargos públicos”.  “En Estados Unidos, de catorce procesos de impeachment iniciados a nivel federal, sólo cuatro acabaron con una resolución condenatoria. Sólo dos presidentes han sido juzgados mediante este procedimiento, Bill Clinton (1998-1999) y Andrew Johnson (1868), y los dos fueron absueltos. Richard Nixon interrumpió el proceso al dimitir de su cargo en 1974 tras la aprobación de su impeachment”.

Dilma Rousseff comenzó su primer periodo presidencial con el 77% de apoyo que ha descendido hoy hasta el 10%.  En otras palabras la mayoría de los brasileños la repudia.  El escándalo de corrupción de Petrobras la salpica porque Dilma Rousseff presidió el Consejo de Administración de Petrobrás entre 2003 y 2010, cuando se aprobaron y ejecutaron algunas de las operaciones de corrupción más escandalosas del caso.  Su situación política empeoró por su burdo intento en marzo pasado de hacer jefe de su gabinete al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva para salvarlo de una investigación por corrupción.  Proteger a un sospechoso de corrupción no te hace un corrupto pero te convierte en su cómplice.  Brasil se encuentra en recesión entre otras razones porque ella no tomó a tiempo medidas preventivas. Dilma Rousseff nunca debió tratar de encubrir a Lula, ni manipular las finanzas del gobierno ni darse el lujo de ignorar la corrupción sistemática en Petrobrás.


Por Huber Matos A.

Patria, Pueblo y Libertad


Recomiendo leer el artículo de BBC Mundo
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