¿Por qué Putin hace lo que quiere y no pasa nada?


La respuesta a esta pregunta no es difícil.  Vladimir Putin hace lo que quiere porque los Estados Unidos y Europa lo necesitan.  Para tratar de resolver el problema en Siria y para intentar detener el desarrollo de armamento nuclear en Irán Obama necesita a Putin.  Por lo menos eso fue lo que Obama quiso creerse.  Europa necesita la energía que le compra a Rusia.  La NATO que debía frenar militarmente los avances de Rusia ha sido relegada y como si todo esto no fuera suficiente hay grandes negocios entre Rusia y el mundo capitalista.

La guerra en Siria sigue alargándose y los Estados Unidos dependen de Putin para eliminar el armamento químico de Assad.  Obama no va a arriesgar un conflicto con Putin si eso implica un freno a la destrucción de este tipo de arma en Siria.  El dictador Assad apoyado por Rusia continúa ganándoles el terreno a los rebeldes y Putin ha demostrado otra vez  que toma riesgos porque no tiene que pagar ningún costo importante.   

Con la ayuda de Rusia y de China los Estados Unidos lograron traer a Irán a la mesa de negociaciones porque estos tres países se pusieron de acuerdo para castigar económicamente a Irán. El objetivo de Washington es lograr que Irán acepte frenar el desarrollo de armamento nuclear pero sabe que necesita el respaldo continuo de Putin.  Si Rusia rompe filas la estrategia de Washington colapsa y lo único que le quedaría a los Estados Unidos sería – eventualmente - atrasar el programa militar de Irán con acciones aéreas.  Obama no se va a enemistar con Putin por la anexión de Crimea aunque ésta sea ilegal.

Rusia es el mayor exportador de petróleo del mundo.   En el 2012 Rusia exportó a Europa y a los Estados Unidos un total de 160,000 millones de dólares en petróleo, gas y derivados. La casi totalidad de esa exportaciones fue a Europa.  Es muy difícil creer que estos países se arriesgarían a tomar medidas económicas que aunque perjudicarían a Rusia también perjudicarían  sus economías. Putin lo sabe y aunque reclame públicamente debe sonreír ante las medidas tomadas por Occidente contra un grupo de sus funcionarios.

La economía rusa sigue tan dependiente del petróleo que produce, como lo fue antes la del imperio soviético, pero tiene la ventaja que desde que se desplomó el mundo comunista las inversiones extranjeras y los negocios con el resto del mundo han ido creando una cadena de intereses comunes que no es fácil de cortar sin que se perjudiquen muchos bolsillos. Rusia ya no es una potencia mundial como lo fue antes la URSS, ahora es un país capitalista con un autócrata en el poder que protege a los ricos que lo obedecen y castiga a los que no. 

La NATO –la alianza  que ha tenido el propósito de defender militar y políticamente las democracias europeas- no ha estado a las alturas de sus objetivos porque Occidente creyó que Rusia tomaría un camino civilizado en su relación con Occidente.  Putin se ha aprovechado de esto porque primero fueron Francia y Alemania quienes rechazaron en el 2008  la propuesta de George Bush de garantizarle la seguridad a Ucrania y Georgia y luego Obama pensó que podía entenderse con Putin sin necesidad de demostrar músculo militar.  Putin se desquitó de Occidente ante la pérdida de un gobierno amistoso en Kiev y le arrebató Crimea a Ucrania.  Washington y Europa han hecho el ridículo con las medidas hasta ahora anunciadas.

En conclusión,  la debilidad de NATO; los importantes intereses comerciales de Occidente con Rusia; la dependencia energética de Europa y la dependencia de Washington de Vladimir Putin –Siria e Irán− han convertido a los Estados Unidos y a Europa en rehenes virtuales.  Mientras Europa dependa del petróleo y el gas soviético y los Estados Unidos de Putin no hay mucho que Washington o Europa estén dispuestos o puedan hacer.  Debieron haberse preparado hace muchos años para un escenario como el presente, las señales estaban ahí pero no las quisieron tener en cuenta. 

 
Artículo de Patria Pueblo y Libertad


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Obama…quizás



La Presidencia de los Estados Unidos es un trabajo difícil.  No hay título universitario o inteligencia que garantice el éxito. O se tiene experiencia o se aprende de crisis en crisis. Cuando Obama termine su segundo y último periodo en la Casa Blanca habrá tenido el suficiente fogueo para llegar a ser un excelente Presidente, pero entonces será muy tarde. 

Una muestra del aprendizaje del actual mandatario es la crisis en Ucrania donde  las tropas rusas han invadido a Crimea y amenazan el resto de Ucrania.  Obama llegó a la Casa Blanca creyendo que él podía tener una relación de alto nivel y de buena comunicación con Vladimir Putin.  Presunción que este ex coronel de la KGB soviética  parece haber interpretado como debilidad de carácter del Presidente.

Putin no se habría atrevido a ordenar esa operación si el Presidente hubiera sido un Teddy Roosevelt o un Ronald Reagan.  A ninguno de los dos lo habría intimidado la matonería del autócrata ruso a pesar de que los Estados Unidos eran entonces una nación con mucho menos poderío económico y militar que hoy.  Ambos sabían que el temor y la prudencia excesiva   provoca  el abuso y  la violencia de parte de los enemigos de la libertad. 

Con Ronald Reagan o Teddy Roosevelt en la Casa Blanca los octogenarios hermanos Castro no se habrían arriesgado a  tomar de rehén a un ingeniero estadounidense –Alan Gross– y condenarlo injustamente a 15 años prisión con el fin de chantajear a Washington. Tampoco habrían tolerado que oficiales de las fuerzas armadas y de los servicios de inteligencia cubanos ayudaran a los chavistas a dominar Venezuela aniquilando su democracia.  Venezuela es la cabeza de playa de la invasión antidemocrática en  toda Latinoamérica.

Obama no es cobarde, está aprendiendo su trabajo y el caso de Venezuela le ofrece una oportunidad de poner en práctica lo aprendido hasta el momento.  En primer lugar tiene que hacerle saber a los gobiernos latinoamericanos que los Estados Unidos tiene intereses en Latinoamérica  a los que no va a renunciar y que por principio y por conveniencia van a defender la democracia en Venezuela sin ambigüedades. 

Las recientes declaraciones del Secretario de Estados John Kerry parecerían apuntar en esa dirección.  Ha dicho que − los Estados Unidos estaría dispuesto a sancionar al gobierno venezolano - pero que prefieren evitarlo para no perjudicar la delicada situación económica en ese país.   El problema es que es un mensaje que puede ser interpretado como una decisión en cualquier dirección.  Mientras tanto el aparato de represión castrochavista no descansa un minuto en su propósito de desarticular brutalmente las protestas de los venezolanos.

El gobierno estadounidense no debe dejar en manos de los gobernantes de la región el freno a los atropellos de lo que queda de  democracia en Venezuela y debe hacérselos saber claramente.  La mayoría de los gobernantes latinoamericanos  participaron recientemente en Cuba en una reunión de la CELAC en la que demostraron que no tienen interés ni voluntad en defender la democracia de ningún país de la región.  La mayoría acaba de descartar la solicitud de discutir
en el seno de la OEA la violación en Venezuela de la Carta Democrática Interamericana.
 
Obama  tiene dos opciones: Una, parecer que hace y en definitiva no hacer nada para salvar a la oposición democrática venezolana. Dos, poner en práctica sus experiencias y usar la influencia en el mundo y los recursos de su poderosa nación para asegurarse que esa democracia sobreviva en una nación donde demócratas y chavistas puedan contar con medios de información libre, donde tengan garantizados el respeto a sus derechos y estén libres de intromisión extranjera, específicamente la castrista.

Obama no ha podido lograr la paz en Afganistan, Iraq, Siria y Libia. No pudo salvar la democracia en Egipto, ni alcanzar un entendimiento entre palestinos y judíos.  El problema nuclear iraní parece escapársele de las manos y sus relaciones con Rusia empeoran con el tiempo.  Quizás Venezuela y Cuba, que son problemas mucho más sencillos, le permitan al presidente estadounidense ser recordado como el hombre que salvó la democracia en Venezuela,  devolvió al pueblo cubano su libertad y salvó al continente de un futuro incierto y peligroso.  Quizás.


Artículo de Patria Pueblo y Libertad
 

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Huber Matos: Vivo sin odio y sin miedo

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Obama y Cuba (Los Estados Unidos mantienen la hegemonía mundial III)

 
En el primer capítulo de esta serie comentamos de la superioridad económica y militar de los Estados Unidos sobre cualquier otra nación del planeta y de cómo esa supremacía permanecerá sin rival por un tiempo que no es fácil calcular.  En el segundo capítulo tratamos sobre el cambio del Obama que llegó a la Casa Blanca en 2009. Creyendo inicialmente que podría negociar con los enemigos de Estados Unidos, el joven presidente fue modificando su posición original. 
 
En este capítulo analizamos como el Obama de 2009 también intentó una política de acercamiento al castrismo que fue rechazada por la dictadura, y cómo ante esa situación el nuevo gobierno estadounidense se quedó en el limbo, confundió a la comunidad internacional brindándole credibilidad y otros beneficios al régimen castrista.  Esa estrategia de conciliación inicial fue más allá de lo que se conoce pues el gobierno estadounidense trató de convencer a la Unión Europea de que suavizara sus exigencias al régimen cubano. La Unión Europea había acordado de que una normalización de sus relaciones con el gobierno de los Castro dependería del progreso en cuanto a respeto a los derechos humanos -política europea conocida  como la Posición Común.  
 
Los Estados Unidos, responsables de la represión en Cuba
 
Cuando Obama entró en escena como candidato en 2008 la principal crítica de un sector de académicos, políticos y periodistas de los Estados Unidos en el tema cubano era el mantenimiento del embargo hacia Cuba. Para ellos, la confrontación había impedido el acomodo civilizado entre Washington y La Habana.  Además, argumentaban que el embargo era la razón por la actitud recalcitrante del régimen castrista contra los Estados Unidos y la que justificaba un estado de paranoia permanente en el gobierno en Cuba, que a su vez lo inducía a reaccionar represivamente contra cualquier manifestación de oposición en la isla.   Este razonamiento conducía a una inevitable conclusión: la dictadura castrista era represiva y anti-yanqui por culpa de la “política cubana” de los Estados Unidos.  
 
Obama, el mensajero de la paz
 
Por eso cuando Obama puso en práctica su política de apertura y conciliación hacia “Cuba” provocó una ola de elogios y expectativas entre los críticos de la “inoperante y contradictoria” estrategia de confrontación.  En una buena parte del mundo “expertos” y periodistas aplaudieron el inicio del inminente e inevitable cambio en las relaciones de ambos gobiernos. Apertura que abriría el camino a una era de transformaciones en Cuba que conduciría irreversiblemente a una transición hacia la democracia. 
 
La esperada transición no se materializó, pero la creencia de que se había dando un paso irreversible hacia la democracia en Cuba ha permanecido viva en millones de personas en todo el mundo. Obama no puede exonerase de su cuota de responsabilidad en un error que ha restado credibilidad a la oposición democrática cubana favoreciendo a la tiranía.
 
Por este tipo de beneficio gratuito a las dictaduras Hilary Clinton, en uno de los debates por la nominación a la presidencia en 2008, le contestó a Obama que un presidente de los Estados Unidos no podía hablar con regímenes que violaban los derechos humanos sin que ciertas condiciones se hubieran considerado, porque eso brindaba a las tiranías credibilidad sin costo.

Durante su campaña presidencial en Florida Obama prometió eliminar algunas limitaciones de los viajes de los exiliados a Cuba. También prometió que derogaría las restricciones de envíos de dinero a la isla.  Era una forma de ganar votos entre los cubanoamericanos, quienes según Washington se convertirían en una especie de embajadores de la libertad. Ningún medio de comunicación rebatió que durante muchos años Cuba había sido visitada por cientos de miles de exiliados y millones de canadienses y europeos. Todos estos embajadores de la libertad habían amentado en la isla el deseo de huir al extranjero y una buena parte de ellos habían sido promotores y clientes de la industria de la prostitución en Cuba.

Estas medidas conciliatorias de Obama, una vez puestas en práctica en los primeros meses de 2009, le garantizaron al régimen castrista ingresos de miles de millones de dólares.  Para una tiranía que sobrevivía con dificultad gracias a la subvención chavista, esos ingresos adicionales representaron una bonanza inesperada, y son actualmente una fuente de dólares sin la cual el castrismo estaría en una situación mucho más difícil que la actual.  Según los cálculos de expertos, el exilio envía a Cuba aproximadamente cinco mil millones de dólares anuales entre remesas, viajes, mercadería etc. La importancia y magnitud de estos ingresos puede apreciarse cuando se comparan con la subvención venezolana de 10,000 millones de dólares anuales. Las remesas y mercaderías enviadas por el exilio duplican los ingresos que recibe el régimen castrista por turismo extranjero.

Las evidencias del fracaso

Aunque no lo admitiera públicamente, un año después de llegar a la Casa Blanca el optimismo del nuevo gobierno en Washington sobre sus relaciones con el régimen cubano no era el mismo. Las afirmaciones y esperanzas de la nueva era con Cuba, también compartidas por un pequeño sector conciliador de cubanos en el exterior, no habían prosperado.

El 13 de octubre de 2010 el presidente de los Estados Unidos recibió al Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. Entre los temas que conversaron estuvo el de Cuba. Unos días después, el 25 de ese mes, el periódico español El País hizo pública parte de la conversación entre ambos presidentes.

Lo publicado era tan importante como lo que se infería de la conversación.

Veamos:

El Nuevo Herald reproduce la información de “El País” con este párrafo:

“El presidente norteamericano Barack Obama solicitó a España que mediara ante las autoridades cubanas para que éstas hagan más esfuerzos en mejorar las relaciones con Estados Unidos, sostiene el diario español El País en su edición del domingo”.

El País informó que durante su visita a la Casa Blanca Barack Obama le pidió al Presidente José Luis Rodríguez, que le mandara este mensaje a Raúl:

“Decidle a Raúl que si él no da pasos tampoco yo podré darlos… Nosotros estamos dando pasos, pero si ellos no dan pasos también, será muy difícil que podamos continuar”.

“Que les diga a las autoridades cubanas que comprendemos que no se puede cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero que, pasados unos años, cuando se mire hacia atrás, debe quedar claro que éste fue el momento en el que empezaron los cambios”.

Es lógico deducir que esta petición de Obama a Rodríguez Zapatero está precedida por un intercambio previo de mensajes entre Washington y La Habana.

Lo insólito de esta situación es que ya la dictadura cubana estaba recibiendo beneficios cuantiosos por los pasos que habia dado Obama sin haber llegado primero a algún tipo de acuerdo con el régimen de La Habana. Todo parece indicar lo contrario porque Obama está pidiendo alguna señal de reciprocidad.  Pero ésta es una de las dos sorpresas que nos esperan.

La falta de una estrategia alterna

La respuesta cubana a la intermediación de Zapatero no debe haber sido muy positiva porque dos meses después Arturo Valenzuela, Subsecretario de Estado para Latinoamérica, admite el fracaso. El Nuevo Herald informa el 11 de diciembre de 2009 que Valenzuela ha declarado:

“El Gobierno de EEUU se está tomando con "calma'' el acercamiento y el diálogo que inició la Administración del presidente Barack Obama con Cuba, porque no busca un ‘‘cambio súbito'' en este momento en sus relaciones con La Habana…

Washington pretende "tomar el pulso a la situación'' en Cuba para "ver cómo salir adelante''…''Lo que estamos viendo de cara al futuro es cómo seguir avanzando'' en los temas de interés común para EEUU y Cuba, agregó el alto funcionario…

Se trata de "algo que nos estamos tomando en estos momentos con calma''…''No es una cosa en que se está buscando un cambio súbito en este momento. Estamos avanzando'', subrayó el diplomático.

Así que el acercamiento y el diálogo que inició la Administración Obama hacia el castrismo a principios de 2009 ahora debía ser tomado con calma porque Washington en esos momentos no buscaba un cambio súbito en La Habana.   
¿Era La Habana o era Washington quien no quería un cambio súbito? 

La ambigüedad de Valenzuela demuestra que no existía en Washington una estrategia alterna a una posible negativa del régimen castrista a mejorar las relaciones con el nuevo gobierno de Obama y desistir de continuar violando los derechos humanos en Cuba. Simplemente, había que tomarlo con calma. Valenzuela, igual que Obama en sus comentarios a Zapatero, parece sugerir que en algún momento sí se buscó un cambio súbito, pero por alguna negativa, o por un acuerdo con la tiranía, se descartó el objetivo.

¿Por qué no se dijo la verdad?

Ese mismo mes (diciembre del 2010) la dictadura en Cuba arrestó al ciudadano estadounidense Allan Gross y lo acusó de introducir a la isla equipo de comunicación satelital. Equipo que servía para comunicarse directamente con Internet sin pasar por el control del servicio de inteligencia castrista. Gross fue condenado a 15 años de prisión, que hasta el momento cumple mientras miles de millones de dólares siguen fluyendo a Cuba por decisión de Obama. El gobierno de Obama no quiso admitir públicamente el fracaso de su política inicial. No quería pagar un precio político, y mucho menos decir cuál sería su nueva estrategia, pues no le interesaba definirla.

Obama, Cuba y Latinoamérica

Lo que sí logró Obama es que Latinoamérica se convenciera de que Estados Unidos iba a llegar a un acuerdo con la tiranía castrista. Ante esta situación, los países de la región que no eran parte del grupo chavista no estaban dispuestos a quedar como enemigos de La Habana. En marzo de 2009, en forma inesperada, después de 50 años, Costa Rica restableció relaciones con el gobierno cubano. 

El periódico costarricense Al Día recogió declaraciones de dos importantes analistas costarricenses. Para la politóloga Nuria Marín “el acercamiento se da en un momento propicio, tras la llegada de un nuevo gobierno a los Estados Unidos, en donde se marca un cambio en las relaciones internacionales, de apertura al diálogo”. Eduardo Ulibarri, hoy embajador costarricense en la ONU declaró: “No es una medida que celebre. Costa Rica es el penúltimo país latinoamericano que no tenía relaciones con Cuba”.

En junio de 2009 la OEA suspendió las sanciones a “Cuba” que habían sido impuestas en 1962 porque su:

adhesión al marxismo-leninismo es incompatible con el sistema interamericano y que el alineamiento de tal gobierno con el bloque comunista rompía la unidad y solidaridad continental; que el gobierno de Cuba, identificado con el marxismo-leninismo, es incompatible con los principios y objetivos del sistema interamericano y que esta incompatibilidad excluye al gobierno cubano de participar en el sistema interamericano”.
Parecía que en Cuba había dejado de existir una dictadura marxista leninista, o que si existía ya eso no tenía la menor importancia, porque para Latinoamérica y para Washington el sistema interamericano tenía otras prioridades. El gobierno de Obama no se opuso al levantamiento de estas sanciones a pesar de que desde Cuba Fidel Castro había mostrado su desprecio a la organización:

“24 horas antes de que se pactara el levantamiento de la sanción, el ex presidente cubano Fidel Castro reiteró su indiferencia a pertenecer a la OEA y denunció que la organización ha sido desde su creación "cómplice de todos los crímenes contra Cuba".

Todavía con su fe en resolver los problemas a base de diálogo, Obama no se opuso con firmeza al levantamiento condicionado de las sanciones al régimen castrista en el seno de la OEA, ni planteó con determinación una política regional para obligar al gobierno de La Habana a una transición hacia la democracia. 

Arturo Valenzuela ya había resumido la nueva policía de Washington: había que tomarlo con calma.  Unas horas después del levantamiento de las sanciones en la OEA su Secretario General, José Manuel Insulza, declaró a CNN su convencimiento de que los Estados Unidos iban a levantar el embargo a Cuba. Es muy difícil creer que Insulza afirmara esto sin tener una fuente de información muy confiable en el gobierno de los Estados Unidos.  El panorama desde Washington no debe haber sido muy optimista en cuanto a Latinoamérica. Venezuela estaba en manos de Hugo Chávez y del castrismo. Su influencia en la región era innegable y a Obama no le interesaba confrontarla o contradecirla.  La indecisión que ha caracterizado la política exterior de Obama ya estaba presente en fecha tan cercana del inicio de su primer periodo presidencial en Enero de 2009.

Obama y Zapatero contra la Posición Común de la Unión Europea

Un hecho poco conocido e ignorado es que el presidente estadounidense y el presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero trataron de que la Unión Europea desistiera de su política hacia Cuba conocida como la Posición Común. Esta política fue impulsada en 1996 por el ex presidente del gobierno español José María Aznar. La Posición Común condicionaba la normalización de relaciones con Cuba a los avances que debía dar el régimen comunista hacia la democracia, la liberación de todos los presos políticos y la mejora en el respeto de los derechos humanos.

Sin tener señales de interés de un acercamiento de parte del régimen en Cuba ni tampoco que planeara mejorar el respeto a los derechos humanos, Obama y Rodríguez Zapatero, calladamente, trataron de sustituirla por un diálogo no condicionado con La Habana. El Embajador de España en Costa Rica, Arturo Reig, dio la pista de lo que se había convenido entre ambos mandatarios cuando el 28 de octubre de 2009 publicó un artículo en el periódico La Nación titulado: “Nueva Política hacia Cuba”. En ese artículo el embajador Reig señalaba que la política “de puño de hierro” de sucesivas administraciones estadounidenses y la política de la Unión Europea (Posición Común) no habían logrado cambios en Cuba.  El embajador resumía que ambas políticas habían tenido resultado “nulo, repito nulo.”

En el artículo describe sobre una nueva política hacia Cuba, esta vez como parte de un acuerdo entre Obama y Zapatero, y dice:

“Por cuanto antecede y a la vista del callejón sin salida a que han conducido dichas políticas de la UE y de los EE.UU., había que preguntarse si valía la pena persistir en ellas, y tanto la actual Administración estadounidense como España se han planteado si no había llegado el momento de establecer una auténtica interlocución con el régimen cubano para intentar que el ya mencionado proceso de reforma, pacífico, ordenado y negociado entre todos los cubanos, pueda iniciarse, contando con la ayuda y el apoyo de la comunidad internacional y, en particular, con los EE.UU., la OEA y la UE, y dentro de esta última, con el país que todos los europeos reconocen como el que tiene el mejor conocimiento de la situación en Cuba; es decir, España”.

Después de leer al embajador Reig no hay mucho que demostrar en cuanto a la veracidad sobre el acuerdo entre Obama y Zapatero para tratar de sustituir la Posición Común de la Unión Europea, política que todavía hoy en día se mantiene, en buena parte por la presión de Alemania y otras naciones europeas, y en definitiva porque al régimen castrista no le interesa modificar su poder dictatorial.

Conclusiones

La política de Obama hacia Cuba fracasó porque el diálogo con la tiranía castrista no podía prosperar si a la dictadura no le interesaba. Las concesiones a priori de Obama fueron interpretadas en La Habana como debilidad. Como resultado de esa política, el castrismo se ha beneficiado con el ingreso de miles de millones de dólares. Además, se le brindó a la tiranía una aureola de credibilidad cuyos beneficios llegan hasta la fecha.  A pesar de esos beneficios, y de la sustancial subvención que recibe de Venezuela, la situación del régimen castrista y de la economía cubana ha continuado deteriorándose, y como consecuencia el descontento de la población es cada vez mayor.  Esta crítica situación no tiene nada que ver con el aumento de los viajes de los cubanos del exilio a la isla (los embajadores de la libertad) ni con la indefinida política de Obama. 

Para el pueblo cubano la revolución, como mito y como realidad, ha fracasado. La corrupción corroe todo el sistema, especialmente a la nomenclatura. Los cubanos quieren un cambio, no hacia el capitalismo, sino hacia la democracia.  La población sabe que la causa del fracaso no es el embargo estadounidense, sino la incompetencia de los dirigentes y las contradicciones del comunismo.

Ni el apoyo del gobierno español, el brasileño, el venezolano y otros pueden salvar al castrismo. La revolución cubana ha muerto, sus líderes han envejecido y han perdido toda la credibilidad. La única salvación que tiene el régimen castrista solo la puede brindar Obama levantando la restricción de los ciudadanos americanos para que vayan de turistas a Cuba y permitiendo que empresas de Estados Unidos inviertan en Cuba. Es decir, el levantamiento del embargo. El castrismo está dispuesto a pagar un precio por esas concesiones. No es el precio de la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos que quiere y merece el pueblo cubano, sino un precio que sea políticamente aceptable a Obama.

Aunque ya Obama no necesita los votos de los cubanoamericanos, y por lo tanto podría negociar con el régimen castrista ignorando las aspiraciones democráticas de los cubanos, son los congresistas cubanoamericanos en el Congreso de los Estados Unidos (demócratas y republicanos) la verdadera garantía de que esto no sucederá.  Quizás Obama ya conozca al régimen castrista y no intente cometer un nuevo error. En cuyo caso los cubanos podrán continuar luchando por su libertad y eventualmente alcanzarla. Creemos que el presidente de Estados Unidos desea democracia para Cuba y esperamos que la experiencia de su política inicial le haya sido útil. Obama todavía está haciendo historia, y un juicio anticipado de su legado, en cuanto a Cuba y al mundo, sería precipitado.

Epílogo

Estados Unidos es el país más poderoso del mundo en términos económicos y militares. El conflicto entre los extremistas del aislacionismo y sus contrapartes internacionalistas, sumado a la inexperiencia de algunos presidentes estadounidenses y a la arrogancia que viene con un poder tan superior, los han llevado a cometer errores que empañan sus grandes aciertos y la ejemplar solidaridad del pueblo americano con otros pueblos en el mundo.  La participación estadounidense fue decisiva en dos guerras mundiales que se lucharon por la libertad de otros pueblos. Durante una buena parte del siglo pasado la amenaza soviética contra la democracia fue contenida principalmente por Estados Unidos. Los Estados Unidos han puesto freno y fin a genocidios cuando otras naciones no quisieron asumir responsabilidades. 

La contribución por parte de los Estados Unidos al progreso, la libertad y la justicia en el mundo en el siglo pasado es indiscutiblemente favorable a esta nación. El siglo XXI es un siglo de oportunidades y retos, y Estados Unidos continuará siendo una potencia determinante por mucho tiempo. La democracia estadounidense es un ejemplo de vitalidad y dinamismo que ningún pueblo puede desconocer, y que muchos tratan de imitar dentro del contexto de sus culturas.  En el 2011 había 723,277 estudiantes extranjeros estudiando en Estados Unidos, entre ellos 157,558 de China, 103,895 de India, y 73,351 de Corea del Sur. Millones de profesionales extranjeros han pasado por Estados Unidos, avanzando en sus especialidades o formándose en ese país. La influencia positiva de esa cultura exigente, agresiva pero incluyente y democrática, ha sido, es y posiblemente será durante este siglo más importante que su poder militar.

Su posible sustituto como poder mundial podría eventualmente ser China, un régimen que hoy es el mayor violador de los derechos humanos en el mundo.  El hecho incontrovertible es que durante el siglo pasado y lo que va del presente la ciencia moderna, la economía de mercado y el sistema democrático han ido transformado el planeta hacia una nueva civilización mundial, y la contribución de los Estados Unidos en este proceso ha sido decisiva.

Artículo de Patria Pueblo y Libertad

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Del Obama de ayer al de hoy (Los Estados Unidos mantienen la hegemonía mundial II)



 
 


Ayer y hoy

Barack Obama llegó a la presidencia en el 2009 ofreciendo cambios importantes en la política exterior de los Estados Unidos. Su planteamiento fue una mezcla de idealismo y autosuficiencia. Los Estados Unidos dejarían de ser el policía global. Para el nuevo presidente el mundo era como debía ser: lógico. Era cuestión de tomar las decisiones con determinación y sabiduría.  Afirmó que él estaba dispuesto a negociar con los enemigos de los Estados Unidos porque el dialogo era el método apropiado para resolver las diferencias.

Después de algunos años en la Casa Blanca su política cambió de forma radical. Por mucho que quiso distanciarse de su predecesor hoy se parece más a Bush de lo que nadie pudo imaginarse en 2009.  Obama autorizó la acción contra Osama Bin Laden violando la soberanía de Pakistán.  Operación que fue presentada como un golpe mortal al terrorismo contra los Estados Unidos. Algo parecido a la prematura declaración de victoria en Irak -Misión cumplida- del presidente Bush.

Las incursiones de comandos de Estados Unidos en territorios de otros países son más frecuentes de lo que se conocen. Recientemente se secuestró a un jefe terrorista en Libia, y se intentó hacer lo mismo en Somalia. Aviones no tripulados vigilan y atacan objetivos terroristas en varios países. Obama amenazó unilateralmente a Siria con un ataque quirúrgico que resultaría devastador para el régimen de Assad, y ha advertido repetidamente a Irán que no le permitirá el desarrollo de armas nucleares, aunque esto implique un ataque militar en el que solo con súper bombas se podrían destruir las instalaciones subterráneas iraníes.  Todo esto y más lo distancian de su posición del 2009, cuando declaró que ante el uso de la fuerza militar Estados Unidos no debía actuar unilateralmente, sino con sus aliados.

Una estrategia fallida

No podemos dejar de reconocer que en 2008 comenzó una recesión en los Estados Unidos en la que millones de estadounidenses perdieron gran parte de sus ahorros y otros tantos sus trabajos y sus viviendas.  Ante ese panorama y varios miles de muertos, y los gastos de miles de millones de dólares en las guerras de Irak y de Afganistán, el mensaje de Obama tenía sentido para la mayoría del pueblo estadounidense. Sin embargo, como ha sucedido con anterioridad, para evitar la guerra, el mensaje de la paz no siempre es el mejor. Puede ser interpretado como debilidad o temor por la parte contraria.

Si la guerra, como indicó von Clausewitz, es la conducción de la política por otros medios, la renuncia a priori de la opción militar debilita la estrategia política que puede evitar el conflicto.  Por esta razón el presidente Obama, al renunciar al uso de la fuerza, limitó su poder negociador. Es en la combinación de la diplomacia, los incentivos económicos y políticos, la superioridad militar, y la disposición a usarla, en lo que radica la capacidad persuasiva de los Estados Unidos.

No hubo en la primera administración de Obama mejor exponente de esta visión que la del experimentado diplomático Richard Hoolbroke, nombrado enviado especial del propio presidente para Afganistán y Pakistán. Lamentablemente, los planteamientos de Hoolbroke fueron sistemáticamente ignorados por Obama y su pequeño grupo de asesores. Ellos creyeron que podían poner en práctica la nueva versión “intelectual” del aislacionismo estadounidense.  Aislacionismo que se contaminó con una visión estrecha de una retirada de Irak y un mayor compromiso bélico en Afganistán, al que sucederá otra retirada con consecuencias desconocidas.

La Secretaria de Estado Hillary Clinton, quien junto a Hoolbroke insistía en un planteamiento diferente a los problemas de la zona, tampoco pudo influir en los verdaderos directores de la política exterior del nuevo presidente. En otras palabras, el Departamento de Estado no tuvo la participación que le correspondía en la formulación y ejecución de la política exterior del primer gobierno de Obama.

Aislacionismo versus internacionalismo

La contradicción de Obama en la visión y conducción de su política exterior original, con la actual, obedeció tanto a su inexperiencia como a una estrategia hábil que lo llevó a la Casa Blanca y le ganó el premio Nobel de la Paz.  Obama llegó a la presidencia como representante de la influyente tendencia aislacionista en la política de los Estados Unidos.

El aislacionismo ha estado presente durante toda la historia de los Estados Unidos, pero se fortaleció después de la Primera Guerra Mundial.  El Congreso de Estados Unidos no quiso ratificar el ingreso a la Liga de las Naciones -precursora de la ONU- por el temor de que su participación los llevara a otra guerra.  Si los japoneses no hubieran cometido el error de atacar Pearl Harbor habría sido más difícil para Franklin D. Roosevelt involucrar a los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

Los aislacionistas quieren vivir sin involucrarse en los problemas de otros países. Creen que los Estados Unidos pueden sobrevivir y crecer aunque en otras partes del mundo triunfe el despotismo, se viva en la barbarie, o se conspire contra Occidente. Cuando Hitler invadía nación tras nación en Europa y bombardeaba a Inglaterra, los estadounidenses insistían en mantenerse alejados del conflicto. Creían que era un problema que no llegaría a perjudicarlos. A los aislacionistas les sobran argumentos con los cuales defender su posición: los costos de dos guerras mundiales, el fracaso de Vietnam, Irak, Afganistán, etc.

El internacionalismo es la contrapartida de otro sector que cree que su país debe fomentar la libertad, la democracia y el capitalismo en el mundo, tanto por su propia seguridad e intereses como por su liderazgo moral.

Las circunstancias económicas y políticas de los Estados Unidos y la personalidad del presidente de turno, han determinado de qué lado se inclina la balanza en cada periodo.

Un presidente con o sin experiencia

En un país donde está concentrado el mayor poder militar y económico del mundo y donde la presidencia tiene una influencia decisiva en la conducción estratégica, debía asumirse que sus ciudadanos escogerían a una persona con experiencia en cuestiones nacionales e internacionales.  Pero esto sería pensar que el mundo es como debía ser, no como es.

Por falta de esa experiencia y en la ausencia de una estrategia a largo plazo, Estados Unidos ha cometido errores muy graves en países donde puso énfasis en el poderío militar, sin entender que después de la guerra la lucha por la paz es más compleja y más larga.  Obama, como otros presidentes estadounidenses, está aprendiendo su trabajo sobre la marcha.

¿Quién es el enemigo de los Estados Unidos?

El terrorismo internacional es el gran peligro para los Estados Unidos y para Occidente. Terrorismo que sobrevive porque hay estados que lo protegen y lo financian. Por el peligro terrorista -actual o potencial- hay una serie de países que son especialmente importantes para la seguridad de los Estados Unidos.

Por la misma razón, el movimiento conocido como la Primavera Árabe es de importancia para la seguridad de los Estados Unidos.  En este caso, Washington fue sorprendido por los acontecimientos y luego no pudo responder adecuadamente. Libia es un ejemplo. Ante una revuelta popular una coalición internacional logra derrocar al dictador de ese país. Luego deja a la deriva a una nación que no tenía ni la cultura ni las instituciones para dar inicio a una reconstrucción democrática.  El caso de Egipto, por su influencia en el mundo árabe, es aun más grave.

Estados Unidos no es el culpable de los problemas de la zona, pero si es el responsable de haber desaprovechado oportunidades por falta de visión, planeamiento y ejecución. Es culpable de no haber sido un buen líder y no haber usado su influencia en el momento y la proporci
ón oportuna para beneficio de su propia seguridad y la de otros pueblos.

Entre los países de esa zona hay dos cuyo destino debe preocupar a todos los gobiernos democráticos, en particular a los Estados Unidos.

Irán

El gran enemigo de los Estados Unidos en el Oriente es Irán. Un país con ambiciones de poder en toda el área, un estado que respalda el terrorismo en el mundo, y que tiene un programa nuclear que lo lleva paso a paso al desarrollo de armamento atómico. Irán está desarrollando misiles balísticos no para atacar a Israel, porque no los necesita, sino para apuntar a Europa y a los Estados Unidos.

Las promesas de Obama lo llevaron a retirarse de Irak sin medir las repercusiones estratégicas que podrían tener en la zona.  Los estadounidenses pueden estar contentos de que no parecen ya estar involucrados en la guerra de Irak. Es un alivio engañoso.  Irak está hoy bajo la influencia de Irán, el enemigo importante de los Estados Unidos. En otras palabras, dejó pasar al bando contrario a una nación que se encontraba todavía en un estado de inestabilidad muy precario.

Obama no pudo persuadir a la dictadura teocrática de Irán que desistiera de su programa nuclear, y tuvo que organizar una coalición internacional que ha impuesto penalidades económicas que tienen en crisis la economía iraní. Aun así, el programa nuclear continuó avanzando.  Ante esta situación, el único camino que le va quedando a Obama es la solución militar, que ha sido postergada en forma continua, y que puede llevar a los Estados Unidos a un conflicto con Irán en circunstancias poco propicias o de desventaja. Por ejemplo, ante un ataque israelí o cualquier otro tipo de crisis.

Los iraníes, conscientes de que están ante un nuevo Obama, están cambiado su lenguaje, pensando en que pueden verse obligados a negociar si es que quieren evitar el día en que los despierte una lluvia de misiles y bombas.   En realidad son las penalidades económicas, y la amenaza de un ataque los factores que han puesto a pensar al régimen iran, tal vez creen que quizás Obama puede estar dispuesto a actuar.

Siria

Por más de dos años Obama ha evitado involucrarse en la guerra de Siria. Al final tuvo que recurrir a la amenaza inminente de un ataque con misiles y bombas.  Ataque que -aunque se llame limitado- habría sido devastador para el dictador sirio, y habría facilitado la victoria a las fuerzas rebeldes, ahora bajo una fuerte influencia de grupos radicales islámicos.

La preponderancia de los radicales islámicos en el frente de guerra en Siria es en buena parte el resultado de la negativa de Obama de apoyar en su momento a los sectores pro-occidentales que iniciaron la lucha.  Para lograr el respaldo de congresistas republicanos a ese ataque, Obama finalmente tuvo que comprometerse -en secreto- a facilitarles el apoyo que necesitaron con urgencia los rebeldes sirios desde el inicio del conflicto.

Obama tuvo la oportunidad en Siria de debilitar a Irán. Siria es un socio clave del régimen iraní y un respaldo contundente a los rebeldes sirios pudo haber persuadido a Irán de frenar su desarrollo nuclear. Fue una oportunidad perdida por falta de visión y de audacia.

Considerar un éxito de la diplomacia de Obama, o de la de Putin, las negociaciones que llevaron a un acuerdo sobre las armas químicas en Siria es un chiste.  A Assad le han puesto una pistola en la cabeza, y si no negocia le llueven los misiles y pierde el poder.  Además, está entregando, o se espera que entregue, un armamento (químico) que ya no podría usar sin provocar una respuesta decisiva de parte de los Estados Unidos.  Es un caso parecido al de los cohetes soviéticos en Cuba en 1962: una vez descubiertos y puesto en efecto el bloqueo naval de los Estados Unidos a Cuba, no había alternativa para los soviéticos, y mucho menos para Fidel Castro. Tenían que retirarlos.

Conclusión

El aislacionismo extremo y el internacionalismo extremo no son opciones realistas para un presidente estadounidense. Estados Unidos es el país más poderoso del planeta y se debilita si no usa su poder para su propio beneficio y el de sus aliados económicos y políticos.

Obama estaba equivocado en su visión inicial y ha tenido que optar por una política exterior más acorde con la realidad mundial. En el proceso se ha ganado fama de indeciso.  Como su presidencia no ha concluido, habrá que esperar antes de hacer juicios sobre lo que puede o no suceder. Obama cometió un error similar en el caso cubano: hizo concesiones que no fueron correspondidas por el régimen castrista. No había una alternativa de cómo actuar si su política con Cuba fracasaba. Quizás valga la pena evaluar de nuevo esa política igualmente fallida.

Continuará…


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Los Estados Unidos mantienen la hegemonía mundial (I)


Gastos en defensa comparados

Cuando se comenta sobre el mundo multipolar pareciera que ya no existiera una potencia preponderante. La realidad es que los Estados Unidos es el país con más poder en el planeta y lo seguirá siendo hasta que aparezca un sustituto.  Ese poder le ha servido a los Estados Unidos para enriquecerse y para promocionar su ideología -la democracia y el capitalismo.  

Su aplicación ha dependido de las circunstancias de cada momento histórico y en particular del presidente de turno.  Los Estados Unidos de Abraham Lincoln no es el mismo que el de Andrew Jackson.  Lincoln era un estadista con un profundo sentido de justicia. Jackson era un individuo implacable. 

Durante la presidencia de Jackson se cometió genocidio contra los cinco grupos indígenas que poblaban el sureste de los Estados Unidos.  Una de ellos, los cherokees, fueron despojados de sus tierras y propiedades y obligados a una marcha forzada en la que murieron, de hambre, frío y enfermedades, 60,000 de los 130,000 miembros de ese grupo.

Pero los Estados Unidos es el mismo país que se ha involucrado en dos guerras mundiales y salvó a Europa del despotismo y la barbarie. Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial consolidó sus gobiernos democráticos con un visionario Plan Marshall.

Las naciones no siempre son las mismas. La Alemania de Ángela Merkel no es la de Adolfo Hitler.  Los presidentes pueden hacer una diferencia también.  Barack Obama no es una excepción. Su visión del mundo y del papel de los Estados Unidos  en él no es la misma hoy que la que planteaba cuando era candidato o cuando asumió la presidencia en 2009.  

Del poderío de los Estados y de Barack Obama se trata este artículo. 

¿Quién es poderoso y por qué?

En The Rise a Fall of the Great Powers el historiador inglés Paul Kennedy establece una relación directa entre la economía y la preponderancia de las naciones. Su profundo estudio ilustra la razón por la cual determinados paises han alcanzado y luego perdido su hegemonía en los últimos 500 años.  Su conclusión es definitiva: no puede proyectarse un poder militar superior si no hay una economía capaz de sostenerlo a largo plazo. Sin ese poder militar no hay supremacía.

El mundo de hoy es más variado que el de la Guerra Fría, pero entre las naciones más desarrolladas ninguna tiene la capacidad económica y el conocimiento científico y técnico para acercarse a mediano plazo al poderío militar que tienen los Estados Unidos. 

China, que es el competidor más cercano en términos económicos, está todavía muy lejos, y cuando lo alcance o lo supere la disparidad militar podría mantenerse.  No solo el producto interno bruto de los Estados Unidos es más del doble que el de China, sino que los Estados Unidos invierten en su muy superior y sofisticada capacidad defensiva y ofensiva más del doble del porcentaje del producto interno bruto que dedica China a la suya.  Esto podrá cambiar en el futuro, pero el futuro está por escribirse.

Parte importante de la ventaja de los Estados Unidos sobre China es su sistema político. Una democracia como la estadounidense es sinónimo de vitalidad. En E.U. se debaten públicamente los problemas. Y gracias a la seguridad jurídica que impera el país es un dinamo inagotable de creatividad y progreso.  China, por el contrario, es una dictadura que tiene por delante grandes conflictos internos. Su poderío relativo dependerá de la forma en que estos problemas se resuelvan y del entorno mundial del porvenir.

Joseph S. Nye Jr, profesor de la Escuela de Gobierno Kennedy, en Harvard, es uno de los que plantea que el poder de los Estados Unidos no está en discusión por el momento. Un estudio afirma que hasta el 2030 no habrá quien lo sustituya.  Con la autosuficiencia energética a la vista es razonable esperar otros pronósticos optimistas  sobre los Estados Unidos.

Otro aspecto de esa superioridad es que en el bloque de naciones democráticas Estados Unidos es el líder. No es de extrañar que lo siga siendo durante todo este siglo. Además, hay alianzas regionales que cuentan. Las fuerzas armadas de Egipto, Israel, Arabia Saudita y Turquía, sumadas al poderío balístico, aéreo y de información y control de los Estados Unidos representan un muro de contención regional inexpugnable.

El debate sobre el poderío de los Estados Unidos no es nuevo. En el pasado se discutía que el Japón -post guerra- y su capitalismo con énfasis en una novedosa administración de los recursos humanos, estaba destinado a reemplazar el liderazgo de los Estados Unidos.  Todo quedó en especulación. Japón sigue siendo una economía desarrollada con un alto nivel de vida, pero los Estados Unidos mantuvieron su ventaja relativa sin mucha dificultad. 

La URSS fue otro caso aun más espectacular. El estalinismo convirtió a la Unión Soviética en una potencia mundial y la URSS trató de discutir a los Estados Unidos la supremacía. El poder de la URRS fue principalmente el resultado de una inmensa riqueza petrolera, un régimen de explotación de la clase obrera, y una creencia fanática de que el comunismo era la única solución a los problemas del mundo.  El petróleo no salvó al marxismo leninismo sino más bien lo cegó, le hizo creer a los comunistas que tenían la razón. La dictadura del proletariado se desplomó bajo el peso de sus contradicciones.  


Por Huber Matos Araluce

Continuará…


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Obama y el caramelo envenenado de Putin



Putin quiere lograr un acuerdo con Obama con una ventaja similar al que Kruschev obtuvo de Kennedy durante la crisis de los cohetes en 1962.   En octubre de ese año los rusos lograron que los Estados Unidos se comprometieran a no poner en peligro al régimen castrista  a cambio de la retirada de los misiles soviéticos de Cuba. Ahora Putin ofrece el desmantelamiento de las armas químicas en Siria con el propósito de asegurarse la permanencia en el poder de su aliado Bashar al-Assad.

En 1962 en forma subrepticia los rusos habían instalado en Cuba cohetes que amenazaban la seguridad de los Estados Unidos.  Washington descubri
ó las instalaciones en la isla y desplegó un bloqueo naval que impedía la llegada a Cuba de varios barcos rusos que navegaban hacia Cuba con más misiles, además exigieron el desmantelamiento y retirada de los ya instalados.


Como parte del acuerdo entre Washington y Moscú el gobierno soviético se comprometió a desmantelar y  retirar los misiles en Cuba si Kennedy levantaba el bloqueo naval de la isla, retiraba sus cohetes de Turquía y no invadían a Cuba.  Estas últimas dos condiciones fueron aceptadas por Kennedy siempre y cuando se mantuvieran en secreto.

El hecho es que los Estados Unidos desde 1962 nunca han intentado derrocar ni ayudar a derrocar a la dictadura de Fidel Castro por mucho que este régimen ha tratado de presentar a Washington como su enemigo mortal e irreconciliable. 

Durante todo este tiempo los gobiernos de los Estados Unidos y la dictadura castrista han mantenido conversaciones publicas y secretas sobre diversos temas.  

La mayor parte de los fondos que Washington ha invertido en apoyo de la oposición democrática han sido concesiones políticas al electoralmente importante exilio cubanoamericano. 


En la presente crisis, provocada por el uso de armas químicas por parte de la dictadura de Assad y por la decisión del presidente Obama de responder con un ataque, el Secretario de Estado John Kerry dijo en forma espontánea que si Assad renunciaba a su armamento químico se podría evitar tal acción militar de parte de los Estados Unidos.

En la sugerencia un tanto pesimista de Kerry, Putin encontró la fórmula para salvar a la dictadura de su aliado Bashar al-Assad como hizo
Kruschev con Castro en 1962.  

Un ataque como el anunciado por Obama contra Assad podría ser devastador material y  moralmente para los  militares sirios y el apoyo prometido por Obama a los rebeldes garantizaría a la larga el fin de Assad.

Como
Kruschev en 1962, ante esas perspectivas nada promisorias Putin no tenía otra alternativa que probar con un truco para salvar a Assad. 

Se ha  asegurado de que el dictador sirio firmaría el tratado internacional contra la producción, almacenamiento y uso de armas químicas y las pondría bajo supervisión internacional si los Estados Unidos se comprometen a no atacar.  

Aunque no se mencione el fin de la ayuda a los rebeldes sirios se sobreentiende porque este tipo de acuerdo, como en el caso cubano, se trata en forma confidencial.



Todo parece muy sencillo.  Obama obtendría una victoria diplomática y política importantísima.  Putin quedaría como un hombre al que hay que tener en cuenta en el mundo, pero sobre todas las cosas su aliado Assad se quedaría en el poder.

Pero en el detalle esta el secreto, la supuesta renuncia de Assad al armamento químico  es un asunto complejo.  En primer lugar es un proceso que duraría años, aun si no existiera en Siria una guerra civil.

Hay armas químicas en lugares poblados y en conflicto, lo que hace su inventario e inspección una tarea peligrosa y complicada.

Hay armas químicas (binarias) cuyos componentes están almacenados en diferentes lugares.

Los dictadores tienen la tendencia a mentir. Hussein y Gadafi mintieron cuando declararon el inventario de armas similares.  Assad puede quedarse con armamento químico escondido y pensar que no lo va a hacer es desconocer a este tipo de individuos.

Un acuerdo en los términos de Putin inclinar
ía  al  gobierno de los Estados Unidos a preferir la moderación en la actividad de los rebeldes que luchan contra Assad.

Es la única forma de hacer posible la ejecución del convenio –el público y el secreto.  En otras palabras, la ayuda ofrecida recientemente por Obama a la oposición Siria podría desvanecerse.

El ajedrez no ha terminado, pero en estos momentos quienes pueden perder la partida son los rebeldes sirios.  Su suerte dependerá de Francia, de sus aliados regionales y de quienes en Estados Unidos apoyan el derecho de los sirios a la democracia.
 
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Putin sabía anticipadamente del ataque con armas químicas


Siria es un país clave en el conflicto geopolítico del Medio Oriente entre Rusia, Irán y China contra Occidente, especialmente contra los Estados Unidos.  El propósito de estos tres países es desplazar la influencia norteamericana de la zona y tienen posibilidades de lograrlo.

Sin Assad en Siria el poder iraní se retroceder
ía en forma considerable,  Hezbolá se quedaría sin su cordón umbilical  y los shias en Irak tendrían que medirse.  Rusia y China  perderían la partida.

No olvidemos también que en Siria Rusia tiene su única base naval fuera de su territorio y la única en el mediterráneo.  
 
Es muy difícil creer que el gobierno de Vladimir Putin, un ex agente de la KGB soviética, no tiene ojos y oídos en Siria vigilando en detalle lo que sucede.  No tendría sentido que Putin no estuviera  informado de primera mano sobre los preparativos en los d
ías previos al ataque químico. 

Es igualmente difícil creer que Bashar al-Assad tomaría  la decisión de lanzar un ataque de armas químicas contra barrios sunitas en Damasco sin haberlo conversado con Rusia, su principal aliado y única potencia armada global que lo respalda hasta el punto de bloquear una decisión del Consejo de Seguridad de la ONU. Es esos niveles hay protocolos de correspondencia que no se pueden violar a riesgo de una ruptura muy costosa.

¿Por cu
ál razón Assad usaría armas químicas en un momento de la guerra en que ha estabilizado su situación militar y ha logrado avances sobre los rebeldes?  Lejos de estar en una posición desesperada el régimen sirio ha podido sostenerse durante dos años y medio y son los rebeldes quienes parecen haberse estancado.

Además, la presencia entre los rebeldes de unidades vinculadas directamente con Al Qaeda es razón de preocupación en los países occidentales con potencial para debilitar el esfuerzo contra Assad.

Alguna razón poderosa debe haber impulsado a Assad y a Rusia, sin excluir a Ir
án y a China, a arriesgarse usando armas químicas y la misma razón debe haber motivado a Putin a respaldarlo en forma secreta y luego apoyarlo públicamente como lo viene haciendo en la prensa y en la ONU.

Además por que lanzar este ataque exactamente dos semanas antes de la reunión del G 20 en Rusia. 

¿Es que querían que Barak Obama hiciera el ridículo ante el mundo?

Sin dudas lo han logrado.  Pero hay algo más.

Obama no se cansa de prometer que es un ataque limitado y que no se usaran tropas.  Es casi como pedir permiso y  pedir perdón al mismo tiempo. No quiere perder más credibilidad personal y tiene que evitar que los Estados Unidos proyecte la imagen de un gigante irresoluto y temeroso.

Hasta Assad se burla del ataque que le pueden lanzar y dice que está preparado y sobrevivirá. Al mismo tiempo que Irán y Hezbolá amenazan a Occidente con una conflagración en al región y con responder en cualquier parte del mundo.  Toda una matoner
ía bien montada. ¿Fue casualidad?  ¿Un mal cálculo de Assad?

¿Es que est
án sentando un precedente que le permitirá a Irán continuar con su desarrollo de armas nucleares sin mucha preocupación por un futuro ataque estadounidense?

Si ante el
continuo desarrollo nuclear en Irán Obama también tiene que prometer un ataque limitado y sin uso de tropas, el poder persuasivo de los Estados Unidos pasó a la historia.  No hay duda de que el presidente norteamericano se encuentra en una situación en extremo difícil. 

No es de extrañar que los ingleses y la mayoría de los estadounidenses no quieran apoyar un ataque contra Siria por limitado que sea.  No son nada más los recuerdos de Afghanist
án e Irak lo que los frena.

Hay una situación económica difícil tanto en Europa como en los Estados Unidos y las familias están más preocupadas por su economía que por los asuntos mundiales. No quieren un retroceso ante el débil crecimiento que se ha logrado.  Si hubiera abundancia la actitud ser
ía diferente.  Los dirigentes políticos occidentales tienen muy en cuentan los votos.

Pensar que Vladimir Putin no estaba al tanto, como estaban los servicios de espionaje de los Estados Unidos, de los movimientos preparatorios al ataque químico del 21 de agosto exige un alto nivel de ingenuidad.  Creer que Putin no fue informado y consultado previamente sobre este asunto es pecar de candidez.   

Rusia, Irán y Assad  le hicieron jaque a Obama, el juego no ha terminado pero Washington está en aprietos.

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