En las calles de Venezuela no solo está en juego la libertad de su valiente pueblo

El pueblo marchando pacificamente 
es atacado por el gobierno 

El pueblo venezolano no se ha dejado intimidar por la violencia. Ni los cientos de detenidos, ni los asesinatos, ni la amenaza de armar medio millón de milicianos han sido suficientes para paralizar a los hombres y mujeres que marchan por las calles exigiendo el fin de la narcodictadura. El pueblo no está midiendo sus fuerzas con las de Maduro como describen algunos medios. Esas fuerzas se miden en las urnas, no entre venezolanos desarmados y una mafia de asesinos protegida por la policía y el ejército que también se han dedicado a la represión. Lo que piden los venezolanos en las calles es el respeto a la constitución.  

La realidad es que Venezuela está secuestrada y el reclamo popular fue claramente expresado por el sacerdote José Palmar: “Nicolás Maduro, tienes que renunciar por incapaz, por imbécil, por estúpido, porque te entregaste a Cuba”.  

Paola Andreina Ramírez Gómez de 23 años, 
asesinada hoy 19 de abril en el estado de Tachira

Entregarse al castrismo fue el pecado original del chavismo pues dejó en manos del dictador Fidel Castro la estrategia que debía seguir Hugo Chávez: como el petróleo de Venezuela estaba en manos del Estado, Chávez  podía suprimir las libertades que le molestaran, apoderarse de la estructura productiva privada, sin que importaran las consecuencias.  Igual a lo que hizo el Partido Comunista en la URSS, el chavismo cabalgaría sobre un mar inagotable de petróleo, que le permitiría comprar al pueblo con propaganda y beneficios sociales mientras se consolidaba la dictadura. De paso, darle la mano salvadora a la “revolución” cubana con una generosa subvención. En un binomio de demagogia, poder económico e intimidación las dictaduras de Cuba y Venezuela comprarían el silencio de los políticos en Latinoamérica y alimentarían la capacidad de movilización de las organizaciones de izquierda para ir tomando el poder país por país. No parecían equivocadas tales elucubraciones pues según  los expertos de aquellos tiempos el petróleo era un bien cuyo consumo aumentaba y las reservas no eran suficientes para satisfacer la creciente demanda mundial por lo que su precio debía subir.

Carlos José Moreno de 17 años fue ultimado en 
la plaza La Estrella de San Bernardino, Caracas.

Casi lo logran, si no hubiera sido por George Mitchell, quien después de años de trabajo, en 1997 ya demostraba que podía aumentarse significativamente la extracción de gas y petróleo fracturando con agua y químicos a alta presión las formaciones geológicas. Su innovación es considerada la más importante del siglo en el campo de la energía. La revolución creada por Mitchell, el descubrimiento de nuevas reservas y un uso más racional del combustible se trajeron abajo los precios del petróleo y los planes castro-chavistas. A pesar de estas nuevas realidades la estrategia de Fidel Castro y su pupilo Hugo Chávez  se mantuvo inalterable, posiblemente por conveniencia del dictador cubano. La economía venezolana se comenzó a derrumbar, los líderes del chavismo se concentraron en enriquecerse y el narcotráfico se entronizó en las más altas esferas.  Contaban todavía con el respaldo del Brasil de Lula y de Rousseff, la Argentina de los Kirchner, el silencio de muchos presidentes latinoamericanos y la pasividad del presidente Barack Obama dedicado a excusarse públicamente del comportamiento pasado de los Estados Unidos.  

Los cambios en el mercado petrolero, el despilfarro, la corrupción gubernamental, el narcotráfico de altos funcionarios y la destrucción sistemática de la empresa privada han llevado al país al caos. A estos hechos se sumaron cambios políticos en Latinoamérica adversos a los planes de expansión de Castro y de Chávez y un giro radical en la presidencia de los Estados Unidos. La dictadura venezolana sabe que está acorralada y aspira a neutralizar con violencia a un pueblo desarmado.  Hoy 19 de abril lo han demostrado una vez más atacando multitudinarias manifestaciones pacíficas que tenían derecho a manifestarse y en las que dos jóvenes fueron asesinados.  La comunidad internacional debe respaldar al pueblo venezolano con acciones prácticas y contundentes que nieguen ingresos de divisas al régimen, que castiguen a los responsables de actos represivos contra la población, a los responsables de violar sus obligaciones constitucionales y a la dictadura castrista por su complicidad en esta tragedia. El pueblo venezolano está arriesgando su vida y su libertad en las calles con la esperanza de ese respaldo decisivo.  Por la libertad y la democracia de Venezuela hay que dar todos los pasos que sean necesarios.  En las calles de esa nación no solo está en juego la libertad de su valiente pueblo sino también la estabilidad en un continente asediado por el narcotráfico y el terrorismo. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, abril 19 de 2017.
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Declaraciones de Almagro sobre hechos en Venezuela

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Maduro en La Habana


Como sabe que no puede hablar por teléfono con Raúl porque sus conversaciones son interceptadas por los servicios secretos de los Estados Unidos, Maduro viajó a Cuba para informar cómo están las cosas en su país y allí decidir con sus superiores lo que debe hacerse en Venezuela. Por esta razón inventaron una reunión de emergencia del ALBA en La Habana. Los titulares informativos dicen que fue a pedir apoyo diplomático para su gobierno en crisis. Eso es una pamplina periodística, ni el ALBA ni el castrismo pueden darle nada en un  terreno donde no  tienen peso moral, ni diplomático, ni económico. 

El problema inmediato en Venezuela  es la constancia y el incremento de las manifestaciones populares contra la dictadura en la capital y en otras ciudades. Esto sucede en el contexto de un repudio mundial por la poco inteligente manipulación del Tribunal Supremo de Justicia al quitarle la inmunidad a los miembros de la Asamblea Nacional y a ésta de sus funciones, complicada por la absurda marcha atrás que dio al alegar que él, Maduro, no estaba enterado de lo que había sucedido.

El panorama se ha complicado por dos razones adicionales: primero, en la OEA hay un Secretario General que sin el apoyo de la mayoría de los países insistió en aplicar la Carta Democrática Interamericana y ahora con el apoyo de la mayoría, su liderazgo no se puede neutralizar con insultos. Segundo, en la Casa Blanca hay un presidente que no le dio miedo dar órdenes de bombardear una instalación militar en Siria y no hay ninguna razón para que tema exigirle al régimen venezolano un calendario electoral;  de lo contrario podría suspender la compra de  petróleo hasta que se hagan elecciones.

La reunión en La Habana ha sido muy importante.  Ante el incremento de las manifestaciones, ante la posición de la OEA que ha sido respaldada por diversas entidades internacionales y ante la incertidumbre de lo que podría hacer el nuevo mandatario estadounidense, no hay muchas alternativas. No podrán mantenerse en el poder con el freno medio puesto: tirando perdigones, lanzando gases lacrimógenos y de vez en cuando matando a un estudiante y arrestando brutalmente a cientos de venezolanos.   

Tienen que inventar un truco político para entretener a la oposición y al mundo, algo que ya no es fácil. O tienen que lanzarse por la vía sangrienta soltando  en las calles, a los grupos de bandoleros y criminales conocidos como “colectivos”, una creación castrista en Venezuela. Estos perros de la guerra se movilizan con absoluta impunidad atacando con armas a los manifestantes desarmados.  Esta maniobra tiene la ventaja, eso creen los 200 generales venezolanos, que ellos no serán inculpados por los crímenes de los “colectivos”.

Pueden haber decidido ya el aumento de la represión pero cometerán un gravísimo error, mayor que el mal planeado y peor justificado golpe de estado reciente a la Asamblea Nacional.  El panorama ha cambiado y lo que sucede en Venezuela está muy cerca del corazón de millones de personas en todo el mundo, lo han ganado los venezolanos con su valor y su sacrificio. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica
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La OEA no tiene ejército y los demócratas somos solidarios a medias


Marvinia Jiménez, costurera de 35 años, es arrojada al piso por una funcionaria de la Guardia Nacional durante una protesta que se desarrolló el lunes pasado en Valencia, (Carabobo, centro) “cómo la patean, cómo le golpean la cabeza con un casco”.  Jiménez, liberada anoche después de ser detenida el lunes, fue imputada por tribunales por presuntamente cometer cinco delitos, entre ellos la agresión a funcionarios de la Guardia Nacional, y está sometida a un régimen de presentación cada 45 días. Febrero de 2014.
En el caso de Venezuela, la mayoría de los países latinoamericanos han decidido que la OEA debe aplicar la Carta Democrática Interamericana. Señalan que en ese país la democracia agoniza y exigen que el régimen actual fije un calendario electoral que permita una salida pacífica al conflicto.  El problema es que la OEA no tiene un ejército que pueda obligar al régimen maduro-raulista  a dejar de encarcelar, golpear  y matar a quien se le oponga.  

Por esta razón la policía y el ejército, más las turbas armadas, conocidas como colectivos*  se han lanzado a las calles a reprimir a la oposición democrática, que desarmada, heroicamente trata de defender lo poco que queda de derechos en la patria de El Libertador.  Se juegan la libertad y la vida en las calles y esperan ayuda de la comunidad internacional.

El problema es que la OEA no tiene un ejército, lo que tiene es una cuota de poder moral que solo puede brindar aliento a esa oposición que lucha en absoluta desventaja. Poder moral que puede sumar a millones de personas y a gobiernos del mundo a solidarizarse con los demócratas venezolanos.  Nada más.

Enmy Blanco, hija de Carlos Blanco dirigente del partido Alianza al Bravo Pueblo, fue agredida por colectivos en la protesta ocurrida en las cercanías del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en la parroquia Candelaria, municipio Libertador, el viernes 31 de marzo de 2017.  El Nacional

Por eso cuando las cárceles se llenen de venezolanos, los hospitales de heridos, los cementerios de muertos y los derrotados tomen el camino del exilio, el binomio maduro-raulista habrá ganado la pelea.  Nuestra solidaridad y la de la OEA habrán sido insuficientes para defender la democracia en la patria de El Libertador. Quedaremos desmoralizados en nuestros propios países. Algo peligroso porque el cáncer del populismo, su dinero y sus agentes están en todas partes esperando el momento de debilidad en cada lugar. 

Venezolanos protestan por la intromisión castrista

Eso lo saben Raúl y Maduro y la banda de corruptos que los rodea tanto en Cuba como en Venezuela. Saben que los demócratas no somos como ellos, que son capaces de cualquier cosa por defender sus intereses.  Nosotros somos solidarios a medias porque la no violencia nos ha llevado a capitular antes de levantar los puños.  En nosotros la defensa de la democracia no pasa de los discursos y las declaraciones.   

Lo saben porque la dictadura castrista fue expulsada de la OEA en 1962 y nada sucedió.  Miles de cubanos murieron fusilados, cientos de miles pasaron parte de su vida en las cárceles y los Estados Unidos siempre dieron a la oposición la ayuda a cuenta gotas.  La CIA organizó la invasión de Playa Girón que fracasó porque fue un intento militarmente absurdo y políticamente ridículo. Ese fracaso consolidó la dictadura castrista de Fidel Castro que se mantuvo en el poder durante tres décadas por la subvención anual  que le daba la Unión Soviética y hasta el día de hoy por la subvención que le dio el régimen de Chávez y ahora el de Maduro. 

Con Venezuela el maduro-raulismo está seguro que sucederá lo mismo que pasó en Cuba.  Se irán de la OEA antes de que los expulsen o cuando les dé la gana. Insultarán a cada uno de los presidentes y los gobiernos que les pidan decentemente el camino electoral.  Tienen a Putin, a Irán y  a China que los suplen de armas y lo que haga falta para aterrorizar el pueblo y asustar a los gobiernos que se pasen de la raya.  Además tienen a los capitalistas que con tal de hacer negocios no les importan los presos, los heridos y los  muertos en las dictaduras mientras ellos logren buenas ganancias. Maduro y Raúl prefieren que los venezolanos se mueran de hambre porque así son más fáciles de domesticar.  Todo por la sencilla razón de que la OEA no tiene ejército y los demócratas somos solidarios a medias.

Si la OEA no tiene ejército ¿qué hacemos con Venezuela, la salvamos o la abandonamos? Para salvarla, en un primer intento, la mayoría de los países de la OEA y la Unión Europea tienen que exigir la inmediata liberación de los presos políticos, un fin a la represión contra la oposición y un calendario electoral, o, cortar sus relaciones comerciales con Venezuela, incluyendo la compra de petróleo por parte de los Estados Unidos.  

Si ese primer intento no funciona porque el régimen castrista y sus subordinados chavistas insisten en la guerra contra el pueblo venezolano, hay que aplicarle las mismas medidas al castrismo: cortar las relaciones comerciales con la dictadura de la Isla, incluyendo la venta de comida de los Estados Unidos a Cuba y desestimular el turismo a Cuba por parte de los canadienses, los europeos, los latinoamericanos y los exiliados cubanos.  

Entonces quizás la mafia maduro-raulista se asuste y repiense su estrategia aniquiladora por temor a una tercera etapa de confrontación militar en la que lo primero que les sucedería es la pérdida de las refinerías que son un blanco fácil.  Y sin petróleo se les acaba la matonería. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

*en 29 de marzo de 2014 El Nuevo Herald publicó:  Ex agentes de Inteligencia de Venezuela y fuentes con acceso directo a oficiales activos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana dijeron a El Nuevo Herald que Cuba juega un papel estelar en la represión emprendida por Maduro contra los manifestantes venezolanos, encargándose de operaciones que van desde la seguridad en los alrededores del palacio presidencial hasta la planificación de futuros arrestos de opositores…los cubanos son los que están planificando las operaciones de entre 600 y 1,000 hombres armados que conforman las bandas paramilitares chavistas, conocidas en Venezuela como colectivos”.

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