¿QUIÉN PUEDE PROTEGER LA VIDA DE MARÍA CORINA?
¿QUIÉN PUEDE PROTEGER LA VIDA DE MARÍA CORINA?
Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
“Cuando mueren los mendigos no se ven cometas; los cielos mismos resplandecen ante la muerte de los príncipes”, escribió William Shakespeare hace más de cuatro siglos, en Julio César.
John F. Kennedy fue uno de esos príncipes de la historia. Su asesinato el 22 de noviembre de 1963 truncó una presidencia en pleno desarrollo y dejó una pregunta que nunca tendrá respuesta: ¿hasta dónde habría podido cambiar el rumbo de Estados Unidos y del mundo si hubiera vivido?
La vida de María Corina Machado es vital para la transición hacia la democracia en Venezuela. Su liderazgo ocupa un lugar central en este proceso y, en consecuencia, quien ejerza el control efectivo del país tiene la responsabilidad de garantizar su vida, su integridad y su seguridad. Pero su importancia trasciende las fronteras venezolanas: su vida es también vital para las aspiraciones democráticas de los pueblos de Cuba y Nicaragua y para el futuro de la democracia en América Latina.
La historia advierte lo que puede ocurrir cuando un dirigente decisivo desaparece en un momento crítico. Yitzhak Rabin conducía un proceso destinado a transformar las relaciones entre israelíes y palestinos cuando fue asesinado en 1995 por un extremista israelí contrario a los Acuerdos de Oslo. Su muerte eliminó a uno de los principales protagonistas de aquel proceso y la historia tomó otro camino.
Alexéi Navalny, el principal opositor político de Vladímir Putin, ya había sobrevivido a un intento de envenenamiento en 2020. Regresó a Rusia, fue encarcelado y murió en 2024 en una colonia penal de Siberia. Posteriormente se comprobó la presencia de una toxina letal en muestras de su cuerpo. Con su muerte desapareció la figura más importante de la oposición rusa.
Colombia conoce también las consecuencias del asesinato de dirigentes que podían influir decisivamente en el futuro del país. Jorge Eliécer Gaitán, la gran figura popular del liberalismo colombiano, fue asesinado en Bogotá el 9 de abril de 1948. Su muerte desencadenó el Bogotazo y agravó un período de violencia que marcaría al país durante décadas. Cuarenta y un años después, Luis Carlos Galán, candidato presidencial y uno de los principales adversarios del narcotráfico, fue asesinado por sicarios durante un acto electoral en Soacha. En ambos casos, Colombia perdió violentamente a dirigentes que ocupaban un lugar central en momentos decisivos de su historia.
No son pocos los que, si tienen la oportunidad, tratarán de eliminar a María Corina: el narcotráfico y sus socios chavistas, para quienes una Venezuela democrática y con una justicia independiente amenaza su poder, sus negocios y su impunidad. El crimen organizado en Venezuela, en América Latina y más allá de la región. Los colectivos armados, que durante años han servido como instrumentos de intimidación y violencia y para quienes una democracia con Estado de derecho amenaza su poder y su impunidad. Los miembros del interinato y sus seguidores involucrados en hechos de corrupción y violencia. La dictadura castrista y la nicaragüense, para las cuales María Corina representa un peligro porque ha expresado públicamente, en más de una ocasión, su compromiso de apoyar el regreso de la democracia en esos países.
En estas circunstancias, el único poder con capacidad real para garantizar la vida de María Corina Machado es el gobierno de Donald Trump. Si la estrategia de Washington hasta ahora ha sido tutelar la transición venezolana para evitar una nueva etapa de violencia y conducir al país hacia la democracia, ninguna responsabilidad de ese tutelaje puede ser más importante que proteger su vida.
La desaparición de María Corina podría alterar profundamente el curso de la transición, como ocurrió en otros momentos de la historia con dirigentes cuya ausencia cambió el destino de sus países. Si existe el poder para impedirlo, existe también una responsabilidad que la historia juzgará: la de quien pudo protegerla y no lo hizo.
WHO CAN PROTECT MARÍA CORINA’S LIFE?
By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
“When beggars die, there are no comets seen; the heavens themselves blaze forth the death of princes,” William Shakespeare wrote more than four centuries ago in Julius Caesar.
John F. Kennedy was one of those princes of history. His assassination on November 22, 1963, cut short a presidency still unfolding and left a question that will never be answered: how far might he have changed the course of the United States and the world had he lived?
María Corina Machado's life is vital to the transition to democracy in Venezuela. Her leadership occupies a central place in this process and, consequently, whoever exercises effective control over the country has the responsibility to guarantee her life, physical integrity, and safety. But her importance extends beyond Venezuela's borders: her life is also vital to the democratic aspirations of the peoples of Cuba and Nicaragua and to the future of democracy in Latin America.
History warns of what can happen when a decisive leader disappears at a critical moment. Yitzhak Rabin was leading a process intended to transform relations between Israelis and Palestinians when he was assassinated in 1995 by an Israeli extremist opposed to the Oslo Accords. His death removed one of the principal protagonists of that process, and history took another course.
Alexei Navalny, Vladimir Putin's leading political opponent, had already survived a poisoning attempt in 2020. He returned to Russia, was imprisoned, and died in 2024 in a Siberian penal colony. The presence of a lethal toxin was subsequently confirmed in samples from his body. With his death, the most important figure in the Russian opposition disappeared.
Colombia also knows the consequences of the assassination of leaders who could decisively influence the country's future. Jorge Eliécer Gaitán, the great popular figure of Colombian liberalism, was assassinated in Bogotá on April 9, 1948. His death triggered the Bogotazo and aggravated a period of violence that would mark the country for decades. Forty-one years later, Luis Carlos Galán, a presidential candidate and one of the main opponents of drug trafficking, was assassinated by hired gunmen at an election rally in Soacha. In both cases, Colombia violently lost leaders who occupied a central place at decisive moments in its history.
There are many who, given the opportunity, would try to eliminate María Corina: drug traffickers and their Chavista associates, for whom a democratic Venezuela with an independent judiciary threatens their power, businesses, and impunity. Organized crime in Venezuela, Latin America, and beyond. Armed colectivos, which for years have served as instruments of intimidation and violence and for whom democracy under the rule of law threatens their power and impunity. Members of the interim administration and their followers implicated in corruption and violence. The Castro and Nicaraguan dictatorships, for which María Corina represents a danger because she has publicly expressed, on more than one occasion, her commitment to supporting the return of democracy in those countries.
Under these circumstances, the only power with the real capacity to guarantee María Corina Machado's life is Donald Trump's government. If Washington's strategy so far has been to oversee Venezuela's transition in order to avoid another period of violence and lead the country toward democracy, no responsibility of that oversight can be more important than protecting her life.
María Corina's disappearance could profoundly alter the course of the transition, as happened at other moments in history with leaders whose absence changed their countries' destiny. If the power to prevent it exists, so does a responsibility that history will judge: that of whoever could have protected her and did not.
QUI PEUT PROTÉGER LA VIE DE MARÍA CORINA ?
Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
« Quand meurent les mendiants, on ne voit pas de comètes ; les cieux eux-mêmes s'embrasent à la mort des princes », écrivait William Shakespeare il y a plus de quatre siècles dans Jules César.
John F. Kennedy fut l'un de ces princes de l'histoire. Son assassinat, le 22 novembre 1963, interrompit une présidence en plein essor et laissa une question sans réponse : jusqu'où aurait-il pu changer le cours des États-Unis et du monde s'il avait vécu ?
La vie de María Corina Machado est vitale pour la transition vers la démocratie au Venezuela. Son leadership occupe une place centrale dans ce processus et, par conséquent, quiconque exerce le contrôle effectif du pays a la responsabilité de garantir sa vie, son intégrité et sa sécurité. Mais son importance dépasse les frontières vénézuéliennes : sa vie est également vitale pour les aspirations démocratiques des peuples de Cuba et du Nicaragua et pour l'avenir de la démocratie en Amérique latine.
L'histoire nous avertit de ce qui peut se produire lorsqu'un dirigeant décisif disparaît à un moment critique. Yitzhak Rabin conduisait un processus destiné à transformer les relations entre Israéliens et Palestiniens lorsqu'il fut assassiné en 1995 par un extrémiste israélien opposé aux accords d'Oslo. Sa mort priva ce processus de l'un de ses principaux protagonistes et l'histoire prit une autre direction.
Alexeï Navalny, principal opposant politique de Vladimir Poutine, avait déjà survécu à une tentative d'empoisonnement en 2020. Il retourna en Russie, fut emprisonné et mourut en 2024 dans une colonie pénitentiaire de Sibérie. La présence d'une toxine mortelle fut ensuite confirmée dans des échantillons prélevés sur son corps. Avec sa mort disparaissait la figure la plus importante de l'opposition russe.
La Colombie connaît également les conséquences de l'assassinat de dirigeants qui auraient pu influencer de manière décisive l'avenir du pays. Jorge Eliécer Gaitán, grande figure populaire du libéralisme colombien, fut assassiné à Bogotá le 9 avril 1948. Sa mort déclencha le Bogotazo et aggrava une période de violence qui allait marquer le pays pendant des décennies. Quarante et un ans plus tard, Luis Carlos Galán, candidat à la présidence et l'un des principaux adversaires du narcotrafic, fut assassiné par des tueurs à gages lors d'un rassemblement électoral à Soacha. Dans les deux cas, la Colombie perdit violemment des dirigeants qui occupaient une place centrale à des moments décisifs de son histoire.
Ils sont nombreux ceux qui, s'ils en ont l'occasion, tenteront d'éliminer María Corina : le narcotrafic et ses associés chavistes, pour lesquels un Venezuela démocratique doté d'une justice indépendante menace leur pouvoir, leurs affaires et leur impunité. Le crime organisé au Venezuela, en Amérique latine et au-delà. Les colectivos armés, qui servent depuis des années d'instruments d'intimidation et de violence et pour lesquels une démocratie fondée sur l'État de droit menace leur pouvoir et leur impunité. Les membres de l'administration intérimaire et leurs partisans impliqués dans des actes de corruption et de violence. Les dictatures castriste et nicaraguayenne, pour lesquelles María Corina représente un danger puisqu'elle a exprimé publiquement, à plusieurs reprises, son engagement à soutenir le retour de la démocratie dans ces pays.
Dans ces circonstances, le seul pouvoir disposant d'une capacité réelle de garantir la vie de María Corina Machado est le gouvernement de Donald Trump. Si la stratégie de Washington a jusqu'ici consisté à superviser la transition vénézuélienne afin d'éviter une nouvelle période de violence et de conduire le pays vers la démocratie, aucune responsabilité liée à cette supervision ne peut être plus importante que la protection de sa vie.
La disparition de María Corina pourrait profondément modifier le cours de la transition, comme cela s'est produit à d'autres moments de l'histoire avec des dirigeants dont l'absence a changé le destin de leurs pays. Si le pouvoir de l'empêcher existe, il existe aussi une responsabilité que l'histoire jugera : celle de celui qui aurait pu la protéger et ne l'a pas fait.
CHI PUÒ PROTEGGERE LA VITA DI MARÍA CORINA?
Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
«Quando muoiono i mendicanti non si vedono comete; i cieli stessi risplendono alla morte dei principi», scrisse William Shakespeare più di quattro secoli fa nel Giulio Cesare.
John F. Kennedy fu uno di quei principi della storia. Il suo assassinio, il 22 novembre 1963, troncò una presidenza ancora in pieno sviluppo e lasciò una domanda destinata a rimanere senza risposta: fino a che punto avrebbe potuto cambiare il corso degli Stati Uniti e del mondo se fosse vissuto?
La vita di María Corina Machado è vitale per la transizione verso la democrazia in Venezuela. La sua leadership occupa un posto centrale in questo processo e, di conseguenza, chi esercita il controllo effettivo del paese ha la responsabilità di garantirne la vita, l'integrità e la sicurezza. Ma la sua importanza supera i confini venezuelani: la sua vita è vitale anche per le aspirazioni democratiche dei popoli di Cuba e Nicaragua e per il futuro della democrazia in America Latina.
La storia ci avverte di ciò che può accadere quando un leader decisivo scompare in un momento critico. Yitzhak Rabin guidava un processo destinato a trasformare i rapporti tra israeliani e palestinesi quando fu assassinato nel 1995 da un estremista israeliano contrario agli Accordi di Oslo. La sua morte eliminò uno dei principali protagonisti di quel processo e la storia prese un'altra direzione.
Alexei Navalny, il principale oppositore politico di Vladimir Putin, era già sopravvissuto a un tentativo di avvelenamento nel 2020. Tornò in Russia, fu incarcerato e morì nel 2024 in una colonia penale in Siberia. Successivamente fu confermata la presenza di una tossina letale in campioni prelevati dal suo corpo. Con la sua morte scomparve la figura più importante dell'opposizione russa.
Anche la Colombia conosce le conseguenze dell'assassinio di leader che avrebbero potuto influenzare in modo decisivo il futuro del paese. Jorge Eliécer Gaitán, grande figura popolare del liberalismo colombiano, fu assassinato a Bogotá il 9 aprile 1948. La sua morte scatenò il Bogotazo e aggravò un periodo di violenza che avrebbe segnato il paese per decenni. Quarantuno anni dopo, Luis Carlos Galán, candidato alla presidenza e uno dei principali avversari del narcotraffico, fu assassinato da sicari durante una manifestazione elettorale a Soacha. In entrambi i casi, la Colombia perse violentemente leader che occupavano un posto centrale in momenti decisivi della sua storia.
Non sono pochi coloro che, se ne avranno l'occasione, cercheranno di eliminare María Corina: il narcotraffico e i suoi soci chavisti, per i quali un Venezuela democratico con una giustizia indipendente minaccia il loro potere, i loro affari e la loro impunità. La criminalità organizzata in Venezuela, in America Latina e oltre. I colectivos armati, che per anni sono serviti come strumenti di intimidazione e violenza e per i quali una democrazia fondata sullo Stato di diritto minaccia il loro potere e la loro impunità. I membri dell'amministrazione ad interim e i loro sostenitori coinvolti in episodi di corruzione e violenza. Le dittature castrista e nicaraguense, per le quali María Corina rappresenta un pericolo perché ha espresso pubblicamente, più di una volta, il proprio impegno a sostenere il ritorno della democrazia in quei paesi.
In queste circostanze, l'unico potere con la capacità reale di garantire la vita di María Corina Machado è il governo di Donald Trump. Se la strategia di Washington finora è stata quella di supervisionare la transizione venezuelana per evitare una nuova fase di violenza e condurre il paese verso la democrazia, nessuna responsabilità di tale supervisione può essere più importante della protezione della sua vita.
La scomparsa di María Corina potrebbe alterare profondamente il corso della transizione, come è avvenuto in altri momenti della storia con leader la cui assenza ha cambiato il destino dei loro paesi. Se esiste il potere di impedirlo, esiste anche una responsabilità che la storia giudicherà: quella di chi avrebbe potuto proteggerla e non lo ha fatto.




