sábado, 29 de noviembre de 2025

“NEGOCIOS NO GUERRA: EL VERDADERO PLAN DE TRUMP PARA LOGRAR LA PAZ EN UCRANIA”

 


Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

Por Drew Hinshaw, Benoit Faucon, Rebecca Ballhaus, Thomas Grove, Joe Parkinson y Annie Ng. Publicado en la edición del domingo 29 de diciembre de The Wall Street Journal.

 

El domingo 29 de noviembre he leído este artículo:  “Negocios no guerra: el verdadero plan de Trump para lograr la paz en ucrania”que describe una versión desconocida de cómo un reducido círculo de empresarios influyentes y figuras cercanas a la administración Trump ha intentado redefinir la política estadounidense hacia Rusia y la guerra en Ucrania, concibiendo la paz como un gran acuerdo empresarial más que como un proceso diplomático tradicional.

 

En el centro de esta estrategia se encuentra el magnate inmobiliario Steve Witkoff, designado por Trump como su enviado especial para Rusia y Ucrania. En su mansión de Miami Beach, Witkoff recibió al ruso Kirill Dmitriev —jefe del fondo soberano de Rusia y estrecho aliado de Putin— junto con Jared Kushner. Allí trabajaron en la revisión de un plan de paz de 28 puntos, redactado en gran parte por Dmitriev. Pero la propuesta iba mucho más allá de un alto al fuego: buscaba desbloquear cerca de 300.000 millones de dólares en activos del banco central ruso congelados en Europa, para financiar proyectos conjuntos entre compañías estadounidenses y rusas, así como una reconstrucción de Ucrania liderada por Estados Unidos. También contemplaba grandes proyectos energéticos y mineros en el Ártico e incluso cooperación espacial, como una misión conjunta a Marte con SpaceX.

 

Para el Kremlin, estas conversaciones forman parte de una estrategia diseñada antes de que Trump asumiera el cargo: evadir al aparato tradicional de seguridad nacional de Estados Unidos y presentar a Rusia no como una amenaza, sino como una oportunidad económica gigantesca. Al ofrecer acuerdos de recursos naturales y energía a inversionistas estadounidenses, Moscú aspira a reconfigurar el mapa económico europeo y, al mismo tiempo, debilitar los vínculos entre Washington y sus aliados de la OTAN. Witkoff y Kushner comparten la visión de Trump de que los negocios pueden resolver conflictos que los diplomáticos han considerado intratables durante décadas.

 

Cuando el plan se filtró, las reacciones en Europa y Ucrania fueron inmediatas y contundentes. Líderes europeos y ucranianos denunciaron que reflejaba principalmente los argumentos de Rusia y violaba casi todas las líneas rojas de Kyiv, recompensando la agresión de Putin con beneficios comerciales. El primer ministro polaco Donald Tusk lo resumió así: “Esto no trata de paz. Trata de negocios.”

 

Dentro de la Casa Blanca de Trump, sin embargo, muchos asesores consideran que esa mezcla de negocios y geopolítica es precisamente el objetivo. Creen que permitir que empresas estadounidenses entren rápidamente en una Rusia “postguerra” podría convertirlas en garantes comerciales de la estabilidad. Interlocutores rusos han señalado que prefieren que sean compañías estadounidenses —y no europeas— las que obtengan los beneficios.

 

Mientras tanto, oligarcas cercanos a Putin, como Gennady Timchenko, Yuri Kovalchuk y los hermanos Rotenberg, han contactado discretamente a empresas estadounidenses para ofrecer concesiones de gas y minería de tierras raras. Grandes firmas como Exxon Mobil también han estudiado formas de volver a proyectos energéticos en Rusia, si las sanciones se alivianan.

 

En paralelo, Witkoff ha mantenido durante meses una diplomacia altamente personalizada con Putin y Dmitriev, a menudo dejando a agencias como la CIA y el Departamento de Estado solo parcialmente informadas. Esto alarmó a servicios de inteligencia europeos, que descubrieron que importantes acuerdos económicos estaban siendo ligados al proceso de paz. Un intento de cumbre en Alaska entre Trump y Putin fracasó rápidamente tras una larga disertación histórica de Putin. Más tarde, cuando Zelensky visitó Washington pidiendo misiles de largo alcance, Trump —tras hablar con Putin— rechazó la solicitud, y Witkoff propuso a los ucranianos incentivos económicos como una exención arancelaria por 10 años.

 

En conjunto, el artículo describe un experimento polémico y sin precedentes: empresarios operando fuera de los canales diplomáticos tradicionales para intentar poner fin a una guerra devastadora —o, como temen algunos europeos, para permitir que Putin prolongue el conflicto mientras seduce a Estados Unidos con promesas de negocios futuros.

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