LA CAPTURA DE MADURO Y EL GOLPE MORTAL AL MITO DE LA INTELIGENCIA CASTRISTA
Por Patria Pueblo y Libertad
Fuente original: The Wall Street Journal – Santiago Pérez
5 de enero de 2026
Durante décadas, el régimen cubano cultivó con celo el mito de un aparato de inteligencia omnipresente, infalible y temida, capaz de sobrevivir al colapso soviético, infiltrarse en gobiernos extranjeros y sostener dictaduras aliadas. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos ha demolido ese mito de forma abrupta y pública.
La operación militar estadounidense en Caracas, ejecutada con precisión quirúrgica en la madrugada del sábado, no solo terminó con el principal sostén político del castrismo en América Latina, sino que expuso una verdad incómoda para La Habana: su sistema de inteligencia y seguridad, considerado durante años uno de los pilares del poder revolucionario, mostró fallas graves, vulnerabilidades estructurales y una alarmante incapacidad de respuesta.
Según confirmó el propio régimen cubano, 32 oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior murieron mientras integraban el dispositivo de seguridad personal de Maduro. Se trata de una cifra extraordinaria para una operación de protección que, en teoría, debía anticipar amenazas, neutralizar riesgos y garantizar rutas de escape. Nada de eso ocurrió.
Durante la Guerra Fría, los servicios de inteligencia cubanos fueron aliados estratégicos de la KGB soviética, construyendo extensas redes de informantes en América Latina y África, desarticulando conspiraciones internas y exportando “know-how” represivo a gobiernos afines. Tras la caída de la Unión Soviética, esa maquinaria encontró en Venezuela su tabla de salvación: petróleo subsidiado a cambio de control político, militar e institucional.
Maduro no era un protegido más. Era la joya de la corona del castrismo en el continente. Por eso, el hecho de que fuerzas estadounidenses lograran capturarlo junto a su esposa, antes incluso de que alcanzara una sala segura, representa una humillación estratégica sin precedentes para La Habana.
Expertos citados por The Wall Street Journal coinciden en que lo más grave no fue solo la incapacidad de proteger a Maduro, sino la total imposibilidad de infligir daño alguno a las fuerzas estadounidenses. No hubo bajas norteamericanas, no se perdió equipamiento, y el factor sorpresa se mantuvo intacto hasta el final. En términos de inteligencia, el fracaso fue absoluto.
Este golpe llega en el peor momento posible para el régimen cubano. La isla atraviesa una implosión económica sin precedentes, sostenida únicamente por la represión y por los restos de alianzas externas cada vez más frágiles. Venezuela era la última gran fuente de oxígeno económico y energético. Su pérdida no es solo simbólica: es existencial.
Como señalan antiguos oficiales de inteligencia cubanos citados en el reportaje, los regímenes autoritarios pueden permitir que la población pase hambre, pero no que su aparato represivo se debilite. Sin recursos, sin petróleo subsidiado y ahora sin la aura de invulnerabilidad, el sistema comienza a mostrar grietas internas peligrosas.
Las declaraciones del presidente Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio no dejan dudas sobre la lectura estratégica de Washington: Cuba ya no es el titiritero silencioso de Venezuela, sino un régimen en retroceso, obligado a enfrentar las consecuencias de décadas de intervención, control y dependencia.
La captura de Maduro no marca solo el fin de un hombre fuerte. Marca el principio del colapso del eje La Habana–Caracas y deja al descubierto una verdad que el castrismo intentó ocultar durante años: su poder no era eterno, su inteligencia no era infalible y su control sobre la región tenía fecha de caducidad.


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