PUTIN Y EL ERROR DE LOS HOMBRES QUE QUIEREN HACER HISTORIA
Por Huber Matos Ataluce, San José, Costa Rica
Uno de los mayores riesgos para cualquier líder es enamorarse de la historia que desea protagonizar. Vladimir Putin parece haber caído en esa trampa. Admirador de gobernantes que expandieron el poder ruso y dejaron una huella duradera en la historia, desde Pedro el Grande hasta Stalin, terminó viendo su papel no como el de un administrador temporal del Estado, sino como el de un hombre destinado a restaurar la grandeza de Rusia. Como ocurrió con otros líderes antes que él, la admiración por las figuras del pasado pudo haber terminado nublando su capacidad para evaluar con objetividad los riesgos del presente.
La invasión de Ucrania fue mucho más que una operación militar. Fue una apuesta geopolítica destinada a demostrar que Estados Unidos ya no podía imponer su voluntad al resto del mundo. Una rápida victoria rusa habría humillado a Washington, debilitado la credibilidad de sus alianzas y consolidado la asociación estratégica entre Rusia y China como alternativa al orden internacional liderado por Estados Unidos. Para Putin, el triunfo en Ucrania debía convertirse en el acontecimiento que lo colocara entre los grandes protagonistas de la historia rusa.
Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. La invasión fortaleció a la OTAN, provocó el ingreso de Finlandia y Suecia en la alianza, consolidó la cooperación militar occidental y aceleró el rearme europeo. También expuso debilidades inesperadas de las fuerzas armadas rusas y ofreció a Estados Unidos una oportunidad estratégica excepcional. En abril de 2022, el entonces Secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, declaró que Washington quería ver a Rusia "debilitada hasta el punto de que no pueda hacer el tipo de cosas que ha hecho al invadir Ucrania". Lo que Putin esperaba que fuera una demostración de fuerza terminó convirtiéndose en una guerra de desgaste que permitió a sus adversarios erosionar gradualmente el poder militar y económico ruso.
Los recientes ataques ucranianos contra San Petersburgo, bases aéreas, fábricas de armamento, refinerías e infraestructuras energéticas dentro de Rusia reflejan hasta qué punto han cambiado las circunstancias desde 2022. Lejos de enfrentarse a una Ucrania derrotada, Putin se enfrenta hoy a un país más experimentado, más innovador y respaldado por gobiernos que consideran fundamental impedir una victoria rusa.
Cada ataque contra objetivos que antes parecían intocables recuerda una realidad incómoda para el Kremlin: la guerra que debía demostrar la decadencia de Occidente terminó fortaleciendo a sus adversarios. La historia decidirá si Putin será recordado como el hombre que restauró la grandeza de Rusia o como el líder que, en su intento de desafiar a Estados Unidos y cambiar el orden mundial, provocó uno de los mayores errores estratégicos del siglo XXI.


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