sábado, 10 de octubre de 2009

Por qué no se debe levantar el embargo (10)

Quienes afirmaron que el embargo era un fracaso porque no había logrado el colapso del castrismo inventaron una falacia, porque nadie nunca creyó que el embargo sería la vía para acabar con la dictadura castrista. Algunos países obtuvieron buenas ganancias pretendiendo que iban a mejorar la situación de las libertades en la isla con amistad y comercio, pero se quedaron en cero en el campo de los derechos humanos en Cuba.

Otro argumento es que sin el embargo estadounidense ya se habrían logrado cambios importantes en Cuba. Es decir que si los Estados Unidos hubieran practicado similar política de amistad y negocios con el castrismo, este se habría transformado en una democracia. Otra falacia.

Esta afirmación pasa por alto "la naturaleza de las dictaduras totalitarias y los dictadores." Recordemos la respuesta de Fidel, dos meses después del triunfo de la revolución, cuando mi padre le recordó su promesa pública de repartir las ganancias de las empresas entre los trabajadores:

“No se puede, Huber. Si posibilitamos que los trabajadores tengan independencia económica, eso conducirá en los hechos a la independencia política.”

Así que desde el principio, mucho antes de haberse declarado marxista leninista, Castro le confesaba en privado a uno de sus comandantes que estaba decidido a que los trabajadores cubanos no tuvieran independencia política. Ningún dinero, ninguna independencia; algún dinero, alguna independencia. Mucho dinero, un peligro grave para El Comandante en Jefe.

Quienes conocen a Castro saben de su obsesión contra cualquiera que pueda acumular dinero. Siempre que el régimen ha dado libertad a los campesinos para producir y vender, en las próximas cosechas aparece la comida. Los agricultores ganan más, aparecen los intermediarios y hasta “pequeños burgueses”. Entonces, en un ataque de rabia o de miedo, el dictador los condena públicamente, ordena persecución, arrestos y confiscaciones, y de regreso el pueblo a pasar hambre y necesidades.

En su defensa, algunos apologistas del castrismo han señalado la lealtad de Fidel al “voluntarismo”, del que El Che Guevara quiso ser el ideólogo. El hombre nuevo de la revolución debía motivarse por altruismo, no por egoísmo, es decir por dinero.

El concepto del hombre nuevo asume que las personas son capaces de superar el egoísmo y tener como meta principal el bien de los demás. En el extremo opuesto están aquellos que creen que el hombre es espiritualmente incapaz de superar sus peores cualidades. ¿Dónde está Castro?

Si Fidel creía a los obreros cubanos incapaces de manejar su independencia política, es decir su libertad para elegir el tipo de sociedad en que querían vivir, no tenía entonces fe en que los trabajadores pudieran razonar y decidir aquello que era bueno para el individuo y lo es también para la comunidad.

Castro, por lo tanto, no compartía la concepción marxista de la naturaleza humana. No podía creer en el ideal marxista-leninista de alcanzar el comunismo, etapa final del socialismo, en el que el hombre habría podido construir una relación social de tal bondad que hacia innecesario el estado.

Castro está más cerca de Maquiavelo en cuanto a la supremacía de las bajas pasiones en los individuos. Pero aun Maquiavelo es más optimista que Fidel respecto a las personas. Castro realmente se ubica en la corriente filosófica que considera que la humanidad es naturalmente egoísta y perversa, por lo que es necesario que el estado tenga a la gente bajo control para protegerlos de ellos mismos.

¿Pero qué tiene que ver esa filosofía con el embargo?

Mucho.

Es absurdo pensar que un individuo con tanto poder, y tan convencido de la maldad humana como Castro, hubiera estado dispuesto a permitir que los cubanos siquiera se acercaran a un mínimo de democracia. Por el contrario durante medio siglo ha hecho todo lo posible por asegurarse lo contrario. Por esta razón, cuando ha tenido que abrirse al capitalismo para sobrevivir, se ha cuidado de dejar por fuera a los cubanos, convirtiendo al estado castrista en socio de la inversión extranjera. Hasta el punto de que los empleados cubanos de esas empresas reciben una fracción de los sueldos, pasando la mayor parte a manos del gobierno.

El estado (que era y sería siempre Fidel) controlaría en Cuba toda la actividad política, económica, cultural y social. En teoría, los obreros recibirían casa, comida, ropa, educación, transporte y salud a cambio de su obediencia. De la cuna a la tumba, obediencia exclusiva a Fidel. ¿Por qué alarmarse entonces si ganan $17 dólares al mes? Por esta razón – filosófico-política - fracasaron quienes han sido sus aliados comerciales en lograr flexibilizar un régimen donde manda quien se cree un “superhombre” sobre todos los demás débiles pecadores. Él ha salvado a los cubanos del error de la independencia política.

Continuará…

2 comentarios:

Lori dijo...

Magnífico Huber, la verdad más grande que el sol.
Castro, el mismísimo diablo, la libertad a cambio del sometimiento y bueno un sometimiento terrible, porque ya no puede garantizar ni el mínimo de nada. Vimos al tenebroso de Ramiro Valdés en Santiago de Cuba diciéndole a las gentes que "Papá Estado" no podía garantizarles la comida, degenerao que es, por qué no se van si ellos como administradores de la finca han acabado con todo?.
Si nos pudiera brindar información, Huber sobre las propiedades que Ramiro Valdés se ha agenciado por Galicia y también Fidel Castro Díaz-Balart por Chile, gracias.

12 de octubre de 2009, 8:52
CubaCID dijo...

Lori no tengo idea de las propiedades que tienen. Fidel es peor que lo mas malo que ve en todas las personas. Saludos

12 de octubre de 2009, 10:40

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