POR QUÉ EL AGRICULTOR NORTEAMERICANO ESCOGE ENTRE MAÍZ O SOYA… Y EL CUBANO NO PUEDE ESCOGER
Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica
En Estados Unidos, un agricultor no siembra por costumbre ni por obligación política. Siembra según un cálculo frío: cuánto le cuesta producir y cuánto puede perder o ganar. Esa es la base del problema actual.
Hoy, muchos agricultores norteamericanos están cambiando del maíz a la soya. ¿Por qué? Porque el maíz se ha vuelto demasiado caro de producir. Requiere grandes cantidades de fertilizante, especialmente nitrógeno, cuyo precio se ha disparado por conflictos internacionales y el aumento del combustible. En cambio, la soya necesita mucho menos fertilizante, lo que reduce significativamente los costos.
Pero aquí está el punto clave que muchos no entienden: no es que la soya dé grandes ganancias. Es que hace perder menos dinero.
Un agricultor puede perder dinero un año. Incluso dos. Pero si pierde constantemente, quiebra. Por eso, cuando el maíz empieza a generar pérdidas fuertes, el agricultor no tiene opción: cambia a soya para reducir el daño.
Esto no es prosperidad. Es supervivencia económica.
PERDER MENOS NO ES GANAR… PERO TE MANTIENE VIVO
Entre perder mucho y perder poco hay una diferencia enorme. Si pierdes mucho, te quedas sin capital rápidamente. Si pierdes menos, puedes resistir y esperar mejores condiciones.
El agricultor norteamericano está tomando decisiones para mantenerse en el negocio, no para enriquecerse en este momento. Reduce fertilizantes, siembra menos maíz, usa menos semillas, todo con el objetivo de aguantar.
Es una lógica simple: si no puedo ganar, al menos no me hundo.
EL AGRICULTOR CUBANO NO TIENE ESA OPCIÓN
En Cuba, el problema no es solo económico. Es estructural.
El campesino cubano no decide libremente qué sembrar ni cómo producir. Está atrapado en un sistema donde el Estado impone planes de producción, los insumos son escasos o inexistentes, no hay acceso libre a mercados ni a importaciones, y los pagos por lo producido suelen ser tardíos o insuficientes.
Además, no existe un sistema funcional de crédito ni seguros agrícolas que permita absorber pérdidas. Esto limita completamente la capacidad de adaptación.
Mientras el agricultor en Estados Unidos cambia de maíz a soya para perder menos, el cubano muchas veces ni siquiera tiene fertilizante para ningún cultivo, no puede cambiar libremente de producción, y no controla ni el precio ni el destino de lo que produce.
LA DIFERENCIA REAL: MERCADO VS SISTEMA
La diferencia esencial es clara: en Estados Unidos, el agricultor responde al mercado; en Cuba, el agricultor responde al sistema.
Uno tiene margen de maniobra. El otro no.
El agricultor norteamericano puede estar en crisis, pero tiene herramientas para reaccionar. El cubano, en muchos casos, ni siquiera puede tomar decisiones básicas para salvar su producción.
CONCLUSIÓN
El agricultor estadounidense hoy no está eligiendo entre dos cultivos por conveniencia, sino entre dos formas de perder dinero. Pero aun así, tiene algo vital: la capacidad de decidir y adaptarse.
El agricultor cubano, en cambio, muchas veces no elige entre perder más o perder menos. Simplemente no tiene elección.
Y en economía, no poder elegir no es una desventaja menor. Es la diferencia entre resistir… o colapsar.


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