MARÍA CORINA NO FUE A WASHINGTON A BUSCAR APOYO, SINO A DARLO
Por Huber Matos Araluce
María Corina Machado no necesita el respaldo de ningún actor político externo para triunfar en unas futuras elecciones libres y supervisadas internacionalmente en Venezuela, ya que su liderazgo y legitimidad se sostienen en un amplio apoyo interno y en una capacidad demostrada de movilización electoral. Su victoria abrumadora en las primarias opositoras de 2023, donde obtuvo más del 92 % de los votos, la consolidó como la principal figura de agregación del electorado opositor. Posteriormente, aun impedida de competir formalmente, su respaldo explícito a la candidatura de Edmundo González Urrutia resultó determinante para articular una mayoría electoral contraria al oficialismo, lo que confirma que su influencia política trasciende su participación directa en la contienda. En un escenario de elecciones auténticamente libres, con garantías institucionales y supervisión internacional, la combinación de liderazgo reconocido, apoyo popular previo y capacidad de transferencia de capital político posiciona a Machado como una candidata con alta probabilidad de victoria, independientemente de avales o apoyos externos.
María Corina Machado no viajó a Washington para solicitar el apoyo político de Donald Trump, porque no lo necesita para consolidar su liderazgo ni para ganar unas futuras elecciones libres en Venezuela. Tampoco fue a competir con Delcy Rodríguez —actual “presidenta interina” de una dictadura electoralmente derrotada y ampliamente rechazada por la mayoría del pueblo venezolano— por reconocimiento o legitimidad internacional. Su visita respondió a un objetivo distinto y más estratégico: transmitirle a los venezolanos y al mundo democrático que Donald Trump apoya una transición hacia la democracia en Venezuela, despejando así las dudas que determinados articulistas y comentaristas han intentado sembrar sobre la supuesta indiferencia o ambigüedad de Trump frente a la causa democrática venezolana. En ese sentido, Machado fue a respaldar políticamente a Trump, que en ese momento enfrentaba cuestionamientos sobre su enfoque hacia Venezuela, y no al revés.
En coherencia con ese propósito, María Corina Machado no “entregó” el Premio Nobel de la Paz —que es intransferible—, sino que ofreció voluntariamente la medalla que recibió como laureada, un gesto plenamente legítimo y personal. Machado fue clara al explicar el significado histórico del acto, al evocar cómo el marqués de Lafayette entregó a Simón Bolívar una medalla con la efigie de George Washington, y cómo, al presentar su propia medalla a Trump, devolvía simbólicamente ese honor como reconocimiento a su papel en la lucha contra la dictadura venezolana. Lejos de ser un gesto de subordinación, el acto buscó reforzar un vínculo histórico, político y moral entre la causa democrática venezolana y la tradición republicana estadounidense.
Sobre el presente y el futuro de Venezuela, el presidente Donald Trump ha
declarado que Estados Unidos asumirá la conducción del proceso político en el
país “hasta que se pueda hacer una transición segura y apropiada”,
estableciendo explícitamente que la salida hacia la democracia será supervisada
desde Washington y no inmediata. En términos operativos, esa responsabilidad ha
recaído en el secretario de Estado, Marco Rubio, quien ha delineado
públicamente un esquema secuencial basado en tres etapas: una fase inicial de
estabilización, orientada a evitar el colapso institucional y garantizar el
control del territorio; una segunda fase de recuperación económica y social; y una
tercera fase de transición política hacia un orden democrático mediante la
reconstrucción institucional y un proceso electoral.
Ante la insistencia de comentaristas y supuestos “expertos” en afirmar que no
se conocen las verdaderas intenciones de Trump respecto a Venezuela, la visita
de María Corina Machado a Washington y su declaración expresa de confianza en
el compromiso de Trump con la democracia venezolana constituyen una
contribución política extraordinaria, tanto para el debate internacional como para
la claridad que hoy necesita el pueblo venezolano.
María Corina Machado no fue a Washington a pedir legitimidad, sino a ejercerla; no a recibir apoyo, sino a darlo; y no a representar una ambición personal, sino a afirmar que la causa democrática venezolana ya tiene liderazgo, rumbo y mayoría.
San José, Costa Rica


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