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LA CARGA AL MACHETE ESTÁ EN EL EXILIO ( I I )



En la primera parte de este artículo escribí que, oteando el futuro inmediato de Cuba, no me quedaba duda de que el fin del castrismo depende de lo que haga o deje de hacer el exilio cubano, porque los exiliados están en capacidad de descarrilar la transformación hacia un capitalismo al estilo chino, ruso o vietnamita, con el que la clase dominante castrista intenta mantenerse en el poder.

Y un levantamiento popular u otro tipo de acción colectiva en Cuba sería el resultado directo de la percepción que tenga el pueblo cubano del exilio y de la asistencia real que éste pueda brindarle.
  
Por esta razón, el castrismo, por años, ha dirigido contra el exilio toda la manipulación imaginable, con el fin de saturarlo de pesimismo y paralizarlo. El exilio es el gran peligro para la dictadura, porque es el disparador del cambio.

En esta segunda parte comienzo por lo obvio:

El gobierno de Obama no ha cometido hasta ahora el error de consolidar a la dictadura castrista porque se lo han impedido los congresistas cubanoamericanos en Washington; en otras palabras, se lo ha impedido el exilio cubano.

Sin estos congresistas, a quien Obama respeta, es muy probable que el turismo a Cuba estaría ya sustituyendo el vital ingreso de la subvención venezolana sin la cual el régimen castrista colapsaría.

Además, el levantamiento del embargo sería el próximo objetivo de la alianza procastrista.

No hay mejor muestra del poder del exilio cubano que el hecho de que los exiliados, con su derecho al voto en los Estados Unidos, han elegido un grupo de congresistas cubanoamericanos inteligentes, trabajadores y comprometidos con la libertad de Cuba.

Ellos son los que han impedido que el régimen castrista pueda aprovecharse de la candidez de muchos políticos estadounidenses y enfrentarse a los intereses creados en los Estados Unidos y en otros países.

Esto debe ser razón de orgullo y optimismo para los exiliados cubanos. Son ellos quienes por mucho tiempo han estado ganando la batalla más importante contra el castrismo.

Por todas estas razones, y por el sentido de oportunidad que se presenta, el exilio tiene que potenciar su inmenso y demostrado poder.

Aunque el exilio ha impedido que el actual gobierno en Washington cometa un error que favorezca al castrismo, esto puede cambiar.

Barack Obama puede ser menos propenso a dar un paso sin garantías democráticas en el caso cubano debido a las dificultades que enfrenta en el ámbito internacional.

Pero The New York Times acaba de sugerirle, en reciente editorial, que aproveche las circunstancias y coseche una victoria internacional llegando a un acuerdo con el gobierno cubano.

Académicos y personalidades del partido demócrata, como Hilary Clinton, han insistido en un cambio en la política hacia Cuba.

Si Hilary Clinton alcanza la candidatura demócrata y luego la presidencia, y sigue sus propios consejos, llegaría a un arreglo con el castrismo que condenaría al pueblo cubano  a una lucha más larga por la democracia.

No estoy proponiendo una campaña negativa contra Hilary Clinton, pero se puede hacer mucho para convencer a un sector del electorado latino, que votaría por ella, de que normalizar las relaciones con el castrismo es convertir a Cuba en un Vietnam, antidemocrático, abusivo y corrupto.

La señora Clinton seguramente tendrá en cuenta la opinión de los votantes latinoamericanos sobre el tema cubano.

Al mismo tiempo, el exilio debe estar consciente de que Washington no va a permitir fácilmente que el exilio se disponga a determinar ni los presentes ni los futuros acontecimientos en Cuba.

En los dos años y tres meses que le quedan en la presidencia al presidente Barack Obama lo menos que quiere es una convulsión en Cuba que le obligaría a tomar decisiones muy serias.

¿Por qué el exilio es tan decisivo?

Porque los exiliados tienen la libertad, los recursos, la motivación y, sobre todo, las ventajas para ganarle al castrismo en los escenarios donde es más vulnerable. Ya lo ha hecho en Washington.

En más de medio siglo la diferencia no ha sido que el castrismo tuviera la razón y los demócratas cubanos fueran los equivocados.

La diferencia es que la dictadura siempre ha tenido inmensos recursos a disposición y la oposición cubana ha luchado con migajas.

¿Cuáles son los escenarios vulnerables?

Además de un trabajo con los latinos en los Estados Unidos, otro campo de acción son el turismo extranjero a Cuba y el pueblo cubano.

Un proyecto informativo del exilio puede llevar a la industria turística castro-capitalista a la ruina.

No es necesaria una gran reducción del turismo para que los hoteles en Cuba pasen de las ganancias a las pérdidas.

Sin las inversiones extranjeras, sin el turismo estadounidense, sin la eventual subvención venezolana, y con una disminución del turismo extranjero, el único ingreso importante de la dictadura serían las remesas y los viajes de los cubanos a la Isla.

Esa última fuente de ingreso que le quedaría al castrismo es la más vulnerable de todas a la influencia del exilio cubano.

El pueblo cubano en la Isla tiene que saber con toda certeza que centenares de miles de cubanos que viven en los Estados Unidos estarán dispuestos a salir a protestar a la calle si se pretende ayudar al castrismo, o cuando sea necesario respaldarlo en sus demandas y sus acciones.

Esto requiere un trabajo de persuasión política muy bien diseñado y una ejecución profesional. No podemos seguir repitiendo que el pueblo tiene miedo y que lo único que quiere es irse de Cuba. Esto son situaciones circunstanciales.

Hay que apoyar a los cubanos que están enfrentándose en Cuba, hay que asegurarse que los recursos les llegan a ellos directamente y que no son desviados por quienes los reciben. Hay que tener la certeza de que a quien se ayuda es un opositor auténtico.

Conclusión

Si el exilio cubano comprende su verdadero potencial y se levanta por encima de la confusión y las frustraciones con que lo tratan de paralizar, el exilio comenzará la batalla final contra el castrismo.

Por todas estas razones, y por las que falten, la carga al machete está en el exilio, como lo estuvo en los tiempos de José Martí.

Ni la falta de unidad entre los cubanos, ni todos los infiltrados en Miami, ni los medios que nos hacen la guerra, ni el mundo entero, puede impedir que el exilio ponga de rodillas al castrismo.

Entonces el pueblo cubano tendrá la oportunidad y la posibilidad de materializar un cambio en Cuba. Transición en que no habrá sangre en las calles, porque nadie se atreverá a enfrentar a millones de cubanos con fe, determinación y esperanzas de vivir en libertad.

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LA CARGA AL MACHETE ESTÁ EN EL EXILIO ( I )


Oteando el futuro inmediato de Cuba no me queda duda de que el fin del castrismo depende de lo que haga o deje de hacer el exilio cubano.

Los exiliados están en capacidad de descarrilar la trasformación hacia un capitalismo al estilo chino, ruso o vietnamita con el que la clase dominante castrista intenta mantenerse en el poder.

Además, un levantamiento popular en Cuba o cualquier tipo de acción colectiva que acabe de desintegrar la maquinaria dictatorial será el resultado directo de la percepción que tenga el pueblo cubano del exilio y de la asistencia real que este pueda brindarle.

Un exilio luchando por su gente en la Isla sin dudas ni vacilaciones, o un exilio paralizado por las frustraciones, hará la diferencia.

Por esta razón, por años el castrismo ha dirigido contra el exilio toda la manipulación imaginable, con el fin de saturarlo de pesimismo y paralizarlo.

El exilio es el gran peligro para la dictadura, porque es el disparador del cambio.

¿Qué se puede hacer?  ¿Levantar el embargo?

Hay quienes proponen con absoluta certeza que la gradual introducción del capitalismo en la Isla conducirá irreversiblemente hacia la democracia. El paso indispensable para iniciar este proceso es que los Estados Unidos levanten el embargo sin poner condiciones a quienes gobiernan en Cuba.

Esta es también la visión que está tratando de proyectar la dictadura con el objetivo de que Estados Unidos, al levantar el embargo, haga posible que lleguen a Cuba las inversiones extranjeras que salvarían a la maltrecha economía castrista y en consecuencia a la dictadura post comunista.

El problema es que el esquema de llegar a la democracia por el camino del capitalismo no resiste ni la más ligera critica.

Cuando la Federación Rusa nació como nación independiente después de la desintegración de la URSS, y China renunció al maoísmo marxista, las naciones del occidente democrático quisieron creer que, como el comunismo había fracasado, el capitalismo conduciría inevitablemente a la democracia. Y, sin exigir ningún precio político, las grandes democracias industriales apoyaron las transformaciones económicas de Rusia y de China.

El resultado está a la vista: no solo la libertad individual no se respeta en  Rusia ni China, sino que ambas naciones se han convertido en peligros estratégicos para el mundo democrático.

Rusia se apoderó de Crimea por la fuerza y continúa desestabilizando a Ucrania para someterla. La Unión Europea y los países que formaron parte de la URSS saben que las intenciones del Kremlin son el renacimiento de un imperialismo en el cual ni los derechos humanos ni la paz tienen espacio.

Están revitalizando a la OTAN para tratar de evitar o frenar lo que pueda venir del Kremlin.

China, que todavía es un pigmeo militar comparado con las superpotencias nucleares, amenaza con frecuencia a sus vecinos asiáticos y desafía a Estados Unidos. El día en que China llegue a tener un poderío militar similar o cercano al de los Estados Unidos, pasará de las amenazas al chantaje y, si tiene la oportunidad, a los hechos.

Preparándose para ese escenario, el gobierno de Obama ha enfocado sus esfuerzos hacia Asia. Les urge fortalecer su alianza con las naciones del área y unidos contener militar, política y económicamente a la China del mañana.

Nadie sabe si en el futuro podrá salir de un laboratorio un descubrimiento que le dé a una nación una ventaja suprema sobre las demás. A fin de cuentas, Hitler estuvo más cerca de la energía atómica que nadie, y Alemania fue la precursora de los misiles y de los motores jet.

Volviendo al presente, China acaba de demostrar que lejos de darle a Hong Kong el respiro de libertad al que se comprometió formalmente cuando Inglaterra entregó ese territorio, le ha impuesto en forma arbitraria un yugo dictatorial. El trato injusto y abusivo que se da a las minorías en China es otra muestra de sus intenciones.

La tesis del capitalismo como precursor de la democracia es un disparate: el capitalismo fue un socio en la Alemania de Hitler y en la Italia de Musolini, lo es en Nicaragua, donde los empresarios nicaragüenses están muy contentos con “el compañero” Daniel Ortega, a pesar de que Nicaragua dista mucho de ser una democracia.

En resumen, el capitalismo nunca ha sido el promotor automático de la democracia, y en muchos casos ha sido un feliz y próspero aliado de las dictaduras.

La transición hacia la democracia en algunos países dictatoriales ha sido posible por factores culturales, presiones externas y cambios institucionales fundamentados en constituciones democráticas.

En espera de Moisés

Ante el reto que hasta ahora ha representado más de medio siglo de tiranía, entre muchos cubanos se ha esperado la aparición de un líder carismático con capacidad y poder de convocatoria para capitalizar el descontento interno.

El tiempo ha demostrado que cuando ha aparecido alguien con la potencialidad para enfrentar al régimen, la maquinaria represiva lo liquida misteriosamente. En otros casos, las expectativas han resultado ilusas o completamente equivocadas.

En esa búsqueda del “salvador” hemos perdido una enorme cantidad de energía, hemos acumulado frustraciones, y se ha invertido tiempo y recursos. Además, corremos un grave peligro: el pueblo que vuelve a confiar demasiado en un líder puede pagar de nuevo su fe con frustraciones o cadenas.

Por estas razones, no es recomendable seguir esperando a un “salvador” o poner mucha esperanza en quien los medios promocionen. Los periódicos, la televisión y la radio también tienen sus intereses. Esperar por un líder es una espera incierta y, si apareciera, la dictadura lo asesinará.

Por estas razones, lo prudente es apoyar estrategias, planeamientos y el trabajo real que se hace a nivel organizacional, sin que esto dependa de un predestinado. Necesitamos organizaciones verdaderas, con estrategias inteligentes y trabajos auténticos.

El levantamiento popular

Otra expectativa de muchos cubanos exiliados ha sido la del levantamiento popular en la Isla. Una rebelión del pueblo de tal magnitud que neutralizaría la respuesta represiva de la dictadura.

Quienes lo esperan, o lo alientan, argumentan que en otros países ha sucedido. Pasan por alto que en esos otros lugares las condiciones eran completamente diferentes a las de Cuba.

Al no materializarse la rebelión, la conclusión fácil ha sido afirmar que los cubanos son cobardes, y que lo que quieren es huir hacia los Estados Unidos.

Quizás los cubanos en la Isla no sean tan cobardes. Tal vez es justificado el  temor a lanzarse a luchar sin armas contra un sistema que ha demostrado un nivel brutal de crueldad y violencia. No es fácil irse a la calle a jugarse la vida por un futuro incierto, sin recursos ni respaldo internacional.

Las protestas de miles de iraníes que comenzaron el 12 de junio del 2009 llamaron la atención del mundo entero, pero no hubo ninguna nación que les diera un apoyo efectivo, y fueron aplastadas fácilmente con represión.

Los heroicos guerrilleros campesinos de la Sierra del Escambray en Cuba fueron exterminados, sin tener el apoyo ni la solidaridad del exilio, y mucho menos del gobierno de los Estados Unidos.

¿Pueden confiar quienes intenten un levantamiento en Cuba en un respaldo efectivo del exilio?

No, el exilio no está preparado ni sicológica ni materialmente para darlo. En Cuba la gente sabe que no lo puede esperar. Mucho menos podrían esperar los cubanos en la Isla un apoyo del gobierno de Obama para una acción de ese tipo.

Un levantamiento popular en Cuba crearía una mini crisis en Washington. Seguramente los asesores del Presidente le recomendarían que dejara pasar los días, que quizás la revuelta sería aplastada, y así evitarían declaraciones que luego tendrían que lamentar.

Bashir al Assad, en Siria, se paseó por la “línea roja” definida por Obama como el límite que obligaría a su gobierno a tomar una acción armada si se usaban armas químicas contra civiles. En Cuba no se le ha advertido al régimen de ninguna línea de ningún color.

Hemos sido testigos de la muerte de 200,000 sirios, y si el Califato no hubiera degollado  dos ciudadanos americanos y uno inglés estaríamos contando sirios e iraquíes asesinados, desaparecidos y exiliados con absoluta impunidad. Lamentablemente, los seguimos contando.

Ni los rebeldes moderados de Siria recibieron ayuda militar cuando la necesitaban, ni el ejército ucraniano la recibió ante la invasión rusa.

El presidente Obama rechaza involucrarse militarmente en otros países, y aunque las consecuencias de esa política sean beneficiosas o perjudiciales para los Estados Unidos, en el presente o en el futuro, no olvidemos que el pueblo americano lo eligió por esa promesa y lo apoyó en esa decisión. El hecho es que Obama no quiere problemas con el castrismo.

Si Washington ha tolerado pacientemente durante casi cinco años la injusticia cometida contra el ciudadano norteamericano Alan Gross, ¿qué pueden esperar los cubanos de la calle? No hay razón para que los cubanos de la Isla esperen ninguna ayuda concreta y a tiempo del gobierno de Estados Unidos.

Los cubanos podrían rebelarse en un futuro, pero esta opción solamente tendría posibilidades de materializarse si el pueblo en la Isla estuviera convencido de que el exilio es un confiable, y un influyente compañero en la lucha.

Hay que convencer al pueblo cubano, con hechos, de que somos hermanos de lucha; convencerlo ahora. Hay que prepararse para que tenga el respaldo cuando lo necesite.

A los que viven en nuestra patria les llegará el momento de dar el tiro de gracia a la dictadura. Mientras tanto, la carga al machete está en el exilio.

¿Por qué?

Porque los exiliados tenemos la libertad, los recursos, la motivación, la información y, sobre todo, las ventajas para ganarle al castrismo en los escenarios donde es más vulnerable…

(continuará…)

Huber Matos Araluce




* La primera carga al machete: Hecho ocurrido el 4 de noviembre de 1868, en Pino de Baire, antigua provincia de Oriente, Cuba (hoy provincia de Santiago de Cuba), durante el inicio de la Guerra de los Diez Años. Desde la ciudad de Santiago de Cuba salió rumbo a Bayamo una columna española de más de 700 hombres, al mando del coronel Quirós. En su avance, la fuerza peninsular llega prácticamente sin detenerse hasta el caserío de Baire, donde cae en una emboscada, preparada por el entonces sargento del Ejército Libertador Máximo Gómez. Debido a la gran superioridad de las fuerzas enemigas, Gómez decide atacarlos a corta distancia utilizando machetes, arma que el conocía muy bien por haberla usado en las contiendas en su país natal. El resultado del combate fue desastroso para la columna española, que tuvo que retirarse después de tener decenas de muertos y heridos. Por la parte mambí solo resultaron heridos unos pocos hombres.
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POR QUE NO SE DEBE LEVANTAR EL EMBARGO (19)


Conclusiones finales (2 de 3)

Uno de los argumentos utilizados por los enemigos del embargo es que se trata de una política equivocada para lograr cambios hacia la libertad en Cuba. Según ellos lo inteligente, lo europeo - el polo opuesto a la falta de imaginación americana – es una estrategia basada en la amistad y el comercio. Esa modalidad, practicada especialmente por España desde los tiempos del dictador Franco hasta los del actual gobierno del Partido Socialista Obrero Español, tampoco logró ningún mejoramiento en el respeto a los derechos humanos en Cuba. Fue y sigue siendo una excusa para justificar negocios multimillonarios en la isla.

Con solo amistad y negocios, no era difícil suponer que se fracasaría en el campo de los derechos humanos. En Cuba se entronizó una dictadura por designio ideológico y decisión personal de Fidel Castro, quien se ha negado a darles libertades a los cubanos porque cree que son incapaces de manejarlas. Por eso en Cuba hay menos teléfonos celulares que en Haití (479,000 vs 3.2 millones) y el acceso a Internet tiene que estar autorizado por el estado, que controla también todos los medios de comunicación. Ninguna política de amistad y comercio iba a cambiar al sistema comunista, el miedo a la libertad del pueblo, ni las obsesiones del dictador.

Se ha abusado del frágil argumento de que, sin el embargo, la tiranía se quedaría sin excusa para sus fracasos y su política represiva. Como si las dictaduras se sostuvieran sobre excusas. Las dictaduras son fábricas de excusas para estimular el odio y justificar la violencia. Hugo Chávez, el hijo político de Fidel Castro, quien tiene como principal socio comercial a los Estados Unidos, es tan enemigo de la democracia venezolana como del “imperialismo yanqui”. Al castrismo le sobrarán siempre excusas para mantenerse en el poder.

Se afirma que, sin el embargo, el pueblo cubano se daría cuenta de que la pobreza en que vive no es culpa de los “americanos”. Es cierto que la propaganda castrista fue efectiva en responsabilizar al embargo de todos los problemas, pero, con el tiempo, cada vez más cubanos han comprendido que este no es el caso. En la última encuesta que se hizo en Cuba, publicada por el “Instituto Republicano” un 75% de los cubanos de la isla dijo que votaría por un sistema democrático si tuviera la oportunidad; y solo el 8% creen que un levantamiento del embargo mejoraría la situación económica.

Esta minoría del 8% contrasta con la inmensa mayoría que piensa que aun sin el embargo su suerte no mejoraría sustancialmente. Mientras la economía siga controlada por el Estado, los ciudadanos saben que siempre serán una especie de esclavos. Además, en un contexto dictatorial el capitalismo explota brutalmente a los trabajadores con el consentimiento oficial. La cadena de Hoteles Meliá le paga a un empleado en Cuba $25 dólares al mes, mientras su contraparte en Costa Rica recibe un sueldo mensual de $800 dólares.

Otro caso: la más importante y “revolucionaria” reforma propuesta por Raúl Castro para resolver la crisis alimentaria en Cuba, es entregar en usufructo las tierras estatales a los campesinos. Pero, sin un título de propiedad, los agricultores están sometidos a un permanente chantaje político y saben que de la noche a la mañana pueden ser despojados por el gobierno de la tierra que les prestaron, perder sus fuentes de ingreso, su forma de vivir y el capital acumulado en mejoras. Consecuencia directa de no tener la protección de un Estado de Derecho.

Hay quienes propugnan el levantamiento unilateral del embargo porque este conduciría al desarrollo del capitalismo en Cuba y a su corolario político: la democracia representativa. Quienes piensan así sustituyen las lecciones de la historia por una quimera. No conocen la preocupante experiencia de las transiciones en los países ex comunistas. Están ignorando la naturaleza de las dictaduras y sus burocracias, el apego a los privilegios y la corrupción, sumadas a los intereses del capitalismo, cuando el entorno le permite desarrollarse en su versión abusiva.

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Por qué no se debe levantar el embargo (18) Conclusiones Finales (1 de 3)


En los capítulos anteriores hemos analizado uno de los temas más polémicos del último medio siglo de la historia de Cuba: el embargo estadounidense contra el régimen castrista. Uno a uno han ido quedando sin sustento los mitos y falsedades con que se ataca esta política y se han perfilado con más claridad las circunstancias, los actores y sus verdaderos intereses.

En el caso del embargo, como con cualquier tema que exija objetividad, hay que ser riguroso, tener información sólida y marginar los prejuicios. Condiciones difíciles de cumplir entre aquellos que abordan con simplismo o con pasión la problemática cubana. Es bastante común, a la hora de hacer diagnósticos y dar recetas de cómo resolverla, escuchar a “expertos” en el embargo repetir la propaganda que oyeron o leyeron, o una opinión que desconoce la complejidad del asunto.

También se argumenta contra el embargo desde actitudes anti-estadounidenses; en estos casos solo sirve para demostrar, no el error o el acierto de esta política, sino las garras o la estupidez de los Estados Unidos. El embargo ha sido un festín para quienes en el mundo desprecian a los Estados Unidos.

Empezamos esta serie refutando el mito de que el embargo es un designio de Washington contra el castrismo. En realidad esta política se ha mantenido desde 1962 por la voluntad y presión de los cubanos del exilio. Equivocados o no. Por algo el entonces candidato Barack Obama fue a Miami y le aseguró al exilio que el embargo no se levantaría hasta que en Cuba no se liberara a los presos políticos y se respetara los derechos humanos.

El embargo - en conclusión - es un asunto entre cubanos. Por un lado los exilados que han presionado a Washington para que mantenga el embargo, y por otro los castristas que lo manipulan y denuncian como una agresión “imperialista” contra el pueblo cubano. En todo caso sería una agresión de los cubanos exilados contra la dictadura de la isla, aunque también se argumenta, demagógicamente, que es una agresión de los cubanos del exilio contra los cubanos de adentro.

Una vez desprovisto el embargo del designio “imperialista”, era necesario aclarar otro mito tan persistente como equívoco: que el embargo era un fracaso porque no había logrado el derrumbe del castrismo. Para los cubanos exilados el embargo nunca fue el instrumento que derrotaría al castrismo. Pensar así habría sido una ilusión tonta, porque todos sabíamos que la URSS sostenía a la dictadura en Cuba con una subvención de muchos miles de millones de dólares anuales, más una sustancial asistencia militar. Eso no se lo trae abajo un embargo comercial.

Una vez que se desplomó la URSS tampoco los cubanos exilados creyeron que el embargo era la bala de plata. Hace quince años, en una brillante exposición, el dirigente cubano José Antonio Font señaló que el fin del régimen en Cuba se acercaría con el deterioro físico de Castro, el agotamiento del sistema y la educación de la oposición en la isla. Recomendó que se mantuviera el embargo para evitar que la dictadura se oxigenara con el turismo norteamericano y con otras fuentes de ingresos desde los Estados Unidos.

Otro mito, repetido hasta convertirse en axioma, ha sido que el embargo es la causa del fracaso económico en la isla. En realidad toda economía estatizada ha sumido al pueblo en la pobreza. Cuba es nada más que otro ejemplo, acentuado por las decisiones políticas y económicas del faraón isleño. Para un régimen que ha recibido más de un millón de dólares de subvención por cada kilómetro cuadrado de extensión territorial, además de cuantiosas inversiones extranjeras en las últimas décadas, y que además comercia con todo el mundo, incluidos en la práctica los Estados Unidos, el nivel de pobreza que padecen los cubanos es impresionante.

Otro mito, hoy día, es el de la negativa de los Estados Unidos de vender medicinas a Cuba. Cuando esa prohibición existió, al régimen castrista le sobraban recursos para comprar medicinas a mejor precio en otras partes del mundo, como afirmó el presidente Jimmy Carter y el propio Fidel Castro confirmó. Desde el año 2000 esa prohibición fue eliminada, pero aun se sigue esgrimiendo el argumento como arma de propaganda, aunque en el 2007 Estados Unidos fuera el mayor proveedor de comida y ayuda humanitaria a Cuba y lo sigue siendo hasta el día de hoy.

Finalmente, toda la comida que la dictadura castrista compra en los Estados Unidos se paga con los dólares que mandan a la isla, como remesas, los exilados cubanos; estos dólares el estado cubano los monopoliza con una tasa de cambio arbitraria e injusta.

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Por qué no se debe levantar el embargo (17)

¿Qué quieren Raúl Castro y sus socios?

Raúl es un hombre astuto que ha vivido bajo la sombra de su hermano. Esto se debe en parte a diferencias obvias entre ambos personajes. Fidel siempre lo ha humillado como a pocas personas en su círculo de poder. El alcoholismo de Raúl tampoco es un secreto, a veces evidente en su comportamiento público.

Él y sus socios están conscientes de que han heredado un país convertido en un verdadero desastre. La cúpula gobernante se compone de personas que se acercan a los 80 años de edad. Del liderazgo original ya han muerto varios; algunos escogieron el suicidio. Para los que quedan, un cambio de cualquier tipo es difícil de asimilar. Han acumulado bastante dinero… tienen desde cotos de caza privados a la usanza soviética, hasta inversiones en el extranjero.

Esta vieja nomenclatura sabe que Estados Unidos es el único país que puede garantizarles la permanencia en el poder. Es el país de donde pueden llegar los cuantiosos recursos que necesita con urgencia la economía cubana. Solo el turismo estadounidense representaría un ingreso de miles de millones de dólares. También el acceso al mercado norteamericano es una condición para atraer inversionistas extranjeros.

¿Qué le ha ofrecido el grupo raulista a Estados Unidos? Cambios, cambios hacia el capitalismo. Si es necesario, repartir a Cuba en pedazos y entregársela a los empresarios norteamericanos. Los castristas argumentan que los inversionistas estadounidenses necesitarán en Cuba un gobierno que mantenga el orden como lo hacen los ex comunistas en China.

Tentar a los estadounidenses con las virtudes del capitalismo es muy fácil. La mayoría de ellos están convencidos de que el capitalismo es la madre de todas las virtudes, especialmente del poderío del que viven orgullosos. Se olvidan de que su país alcanzó ese nivel porque el dinamismo de su pueblo, y la riqueza de las tierras que colonizaron, se desarrollaron dentro de un estado de derecho excepcionalmente práctico y moderno. Las obligaciones y garantías de su constitución, sus instituciones y sus leyes, les permitieron dejar atrás al resto de un mundo destruido dos veces en el mismo siglo por guerras mundiales.

Junto con esa creencia de que el capitalismo lo resuelve todo, hay grandes intereses en los Estados Unidos que presionan para hacer negocios en Cuba. A Cuba hay que hacerla nueva. Hay que fabricar carreteras, acueductos, puertos, centros comerciales, cientos de miles de viviendas, hoteles, el 90% de la vías férreas necesitan reemplazos, etc. Está el negocio potencial del petróleo de aguas profundas. Más la industria azucarera y la posibilidad de fabricar etanol en cantidades exportables. Estos intereses estadounidenses han visto como los españoles monopolizan la industria turística de Cuba, mientras ellos se quedaban fuera. Y como los canadienses se han apoderado de una buena parte de la minería cubana.

Para el grupo castrista la única forma de camuflar las riquezas que han hecho al amparo del poder es en un sistema sin transparencia, en el que nadie tenga que rendir cuentas. Así sucedió en Rusia y en China. Los viejos comunistas aliados a la mafia y a los nuevos barones del capitalismo, en nombre del cambio se apoderaron de riquezas naturales y de las grandes empresas. No fue un cambio hacia la democracia sino hacia lo peor del capitalismo.

Ese es el tipo de cambio que quieren los castristas. Una especie de China caribeña. La democracia dicen, vendrá después, hay que tener paciencia, llegará con el tiempo.

Es un escenario ideal para capitalistas estadounidenses: Cuba, un país sin sindicatos, con sueldos miserables, sin huelgas, sin leyes ambientales que respetar. Una pequeña China a 90 millas. Son un pueblo inteligente que gana un promedio de $17 dólares mensuales y que tal vez por el doble se entusiasme. Un país con funcionarios corruptos y complacientes, sin una oposición política problemática y sin una prensa independiente que investigue y denuncie.

Raúl y su grupo tienen su hoja de ruta trazada, le han hecho ofertas secretas a la administración Obama y mientras tanto, hasta donde puedan, seguirán con Chávez. Para todo esto preparan un timo colosal al pueblo cubano.

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Por qué no se debe levantar el embargo (16)

Raul Castro y sus interés en negociar con los Estados Unidos

El deseo de Raúl Castro de negociar con los Estados Unidos precede el triunfo de Obama. Raúl había aconsejado públicamente a la administración Bush que le convenía llegar a un acuerdo con el gobierno cubano con Fidel en vida. A quien en realidad le convenía era a Raúl que, consciente que sería el heredero de su hermano, quería recibir un poder consolidado por un compromiso con Washington antes de la desaparición de Fidel. Así evitaría tener que ser él quien lo negociara desde una posición débil, como resultado de un ilegítimo traspaso del poder del anciano mayor al anciano menor.

El asunto no se quedó en el plano de las declaraciones públicas. Los castristas hicieron un bizarro intento de negociación y enviaron una delegación de militares cubanos a conversar con militares estadounidenses. Viajaron incognito de Cuba a Washington y fueron recibidos amablemente en el Pentágono. Expresaron que en Cuba el alto mando había llegado a la conclusión de que era necesario un cambio de rumbo al sistema. Necesitaban un plazo de 20 años y otras condiciones. Los militares estadounidenses se quedaron estupefactos. Les dijeron a los militares cubanos que ellos no eran la dependencia del gobierno para poder discutir una propuesta así. Se habían equivocado de oficina.

En Cuba saben que para desembarazarse del estatismo económico, las negociaciones con los Estados Unidos son inevitables. Los socios comerciales de Cuba en el mundo democrático, España y Canadá por ejemplo, no se arriesgarían a hacer las cuantiosas inversiones que necesita la economía de la isla para iniciar un despegue capitalista, como por ejemplo el de China. España y Canadá han hecho buenos negocios con la dictadura, pero no han tenido siempre las mejores experiencias en Cuba. Recientemente Moratinos viajó a La Habana a pedir que se inicie al pago de 450 millones de dólares que el gobierno cubano les ha retenido a empresarios españoles. Canadá no ha sido inmune a similares experiencias.

China ha sido cuidadosa con sus inversiones en la isla. Prefiere dar préstamos sabiendo que, tarde o temprano, algún gobierno cubano le pagará. México mantiene su distancia y Lula, a pesar de su admiración por Fidel Castro y su amistad con Raúl, no puede obligar a los empresarios brasileños a hacer grandes inversiones en Cuba. El fracaso del castrismo es reconocido incluso entre sus socios del socialismo del siglo XXI. Hasta Rafael Correa, el presidente ecuatoriano aliado de Hugo Chávez, recientemente declaró que en Cuba hay que hacer cambios.

Si el panorama interno y externo no es favorable para el castrismo, hay un escenario que les quita el sueño. Dentro de 36 meses habrá elecciones presidenciales en Venezuela. La popularidad decreciente de Hugo Chávez es difícil de revertir. Chávez puede radicalizar el proceso y liquidar lo que queda de democracia en Venezuela, pero aun así, los castristas no pueden confiar en forma indefinida con el subsidio venezolano.

Esta subvención es lo que ha evitado que una economía en quiebra entre en una etapa crítica. Si esto llega a suceder, el descontento reprimido por décadas difícilmente podrá contenerse.

La transición del estatismo a la economía de mercado no es una asignatura nueva. Existe experiencia documentada de los éxitos y fracasos de los países que fueron dominados por los comunistas. Raúl Castro y su pequeño grupo saben que necesitan el financiamiento, el capital y el mercado estadounidense para evitar el ruinoso desenlace que tienen por delante. Independientemente de las poses de teatro de que están dispuestos a conversar con los Estados Unidos de igual a igual, fue Raúl Castro quien ofreció negociar de todo con Obama: “presos políticos, libertad de prensa y derechos humanos.”

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Por qué no se debe levantar el embargo (15)

¿Que sería justo para los cubanos?

La economía estatizada ha fracasado dondequiera que se ha intentado. La experiencia del castrismo en Cuba es una prueba más. El camino del desarrollo económico es la economía de mercado. Por otra parte, el cambio del estatismo a la propiedad privada no garantiza por sí mismo la democracia, como tantos ciegamente creen. La historia muestra muchos matrimonios entre criminales dictaduras y el capitalismo.

En un país empobrecido por el totalitarismo comunista, el grupo que no quiere renunciar al poder tiene la alternativa de atraer la inversión extranjera, controlar la nacional privilegiando a los incondicionales, y evitar el desarrollo de un verdadero estado de derecho (Rusia, China).

Por el contrario, en los países ex comunistas donde ha habido una autentica transición hacia la libertad, se ha priorizado el desarrollo de un estado de derecho. Se ha legalizado la propiedad privada y se ha fomentado la inversión nacional y extranjera (Hungría, Polonia, la República Checa).

En un cambio hacia una economía de mercado en Cuba, los cubanos que viven en la isla deben tener la posibilidad de participar en igualdad de condiciones en el desarrollo del país. Si no es así, el capital foráneo tendrá la ventaja para apoderarse de los activos más valiosos y de los mejores negocios.

Cuba se convertiría en una neo-colonia de los Estados Unidos, China y España, con un porcentaje considerable de su economía en manos de los comunistas reciclados y de los cómplices de Hugo Chávez.

Para evitar este escenario, desde el inicio del cambio los cubanos deben tener acceso a un mercado de financiamiento que les permita competir por los méritos de sus proyectos y no por su incondicionalidad política. Es obvio que estas condiciones solo pueden materializarse en el contexto de un estado de derecho. Por esto el cambio en Cuba debe ser hacia la democracia, la única que puede evitar el escamoteo del patrimonio nacional.

El actual gobierno de Cuba, sin ningún pudor, ha favorecido al capitalismo extranjero con el que se ha asociado. Las compañías españolas, canadienses etc., han estado protegidas por una legislación que las privilegia, mientras que niega a los cubanos iguales oportunidades. Los extranjeros en Cuba han ido acaparando cuanto espacio económico la dictadura les ha facilitado. El levantamiento incondicional del embargo intensificaría esa situación hasta dejar a Cuba en manos de un capitalismo cómplice del régimen.

La ausencia de una prensa libre, de partidos políticos, de un sistema judicial independiente y de legisladores que respondan a la población, es el paraíso del atropello y la corrupción. Por eso un cambio en Cuba no debe priorizar el capitalismo, sino la democracia.

El presidente Dimitri A. Medvedev, se quejó recientemente del atraso económico de Rusia y resaltó la necesidad de que la democracia y los derechos humanos fueran protegidos, y de que el país escogiera regularmente nuevos líderes en elecciones libres.

Los cubanos no merecen seguir el camino de Rusia o de China. Quienes se deslumbran por el progreso económico de China cierran los ojos a que es lugar del mundo donde se cometen más violaciones a los derechos humanos. Es un país donde los disidentes son sistemáticamente perseguidos e ignorados. Donde los trabadores no tienen derechos y los campesinos son expulsados de sus tierras, cuando un desarrollador privado las necesita para construir viviendas de lujo. Es un país de juicios sin garantías procesales.

Un levantamiento del embargo que no se condicione al establecimiento de un estado derecho en Cuba, consagrado en una constitución democrática, en leyes e instituciones, le dará la luz verde a la actual tiranía para que, en una subasta disfrazada de transición hacia la libertad, remate el patrimonio nacional al mejor postor extranjero.

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Por qué no se debe levantar el embargo (14)



El embargo y los intereses creados

La dictadura castrista y el gobierno de los Estados Unidos negocian el futuro de un pueblo que ninguno de ellos representa. ¿Quiénes más tienen intereses?

El pueblo cubano. En varias encuestas hechas en Cuba, aun bajo el temor de la represión, los cubanos han afirmado mayoritariamente que quieren vivir en democracia.

Las empresas estadounidenses, que lo único que les interesa de Cuba es hacer dinero. Prefieren a un Raúl Castro reformista que a un presidente elegido por el pueblo. Quieren tener más ventajas que los cubanos a la hora de comprar negocios; todo lo que puedan al menor precio posible: tierras, hoteles, fábricas, etc. Una transición hacia la democracia los limitaría. En una sucesión castrista hacia el capitalismo, son el tigre suelto contra un pueblo amarrado.

El empresariado europeo está en la misma situación; hasta ahora se ha aprovechado de que en Cuba sólo los extranjeros pueden tener negocios. Le ha sido fácil comprar funcionarios y pagar sueldos miserables. No se preocupan por sindicatos, huelgas o reclamos laborales. Prefieren una evolución muy lenta para mantener sus privilegios actuales. No quieren competencia, ni tener que rendir cuentas por su asociación con la tiranía.

La izquierda estadounidense, que ha defendido al castrismo durante medio siglo. Lo exonera de todos los abusos. Sigue culpando al embargo por las desgracias del pueblo cubano y quisiera que le dieran al régimen la oportunidad de una transición, aunque fuese a un capitalismo como el chino.

La administración de Obama, que quisiera complacer el apetito de los empresarios estadounidenses y las simpatías procastristas de la izquierda americana. Todo eso sin ofender al exilio cubano y sin parecer que están dándole oxígeno a la dictadura castrista.

Los gobiernos latinoamericanos que, reunidos en Honduras en junio de 2009, apoyaron el levantamiento de las sanciones impuestas al castrismo en la OEA. Un primer paso para abrirle la puerta a una dictadura que no ha demostrado ningún interés por respetar los derechos humanos. En esa ocasión, ni un solo presidente fue capaz de mencionar el derecho del pueblo cubano a vivir en democracia. Pero a los 30 días todos se unieron para expulsar a Honduras de la OEA y reclamar el regreso de la democracia. Un cambio democrático en Cuba seria embarazoso para los presidentes que hasta hoy profesan admiración y amistad a Fidel y a Raúl Castro.

Para Hugo Chávez el desmantelamiento del castrismo sería el principio del fin de su proyecto autocrático en Venezuela. Su gobierno no escatima recursos en mantener la dictadura en Cuba y seguramente trata de influenciar en las negociaciones sobre el embargo.

La izquierda demagógica latinoamericana, que sigue creyendo en los logros de la revolución, sin querer aceptar que se pagaron con el subsidio soviético. Logros que han ido desapareciendo en la medida en que la dictadura no les encuentra nuevas fuentes de financiamiento. Y la otra izquierda, la que todavía admira a Fidel Castro porque se le plantó a los americanos. No parece importarles que esto le costara la libertad al pueblo cubano, ni que lo hundiera en la pobreza, ni que lo convirtiera en presa fácil de mezquinos intereses.

Es evidente que contra la democracia en Cuba conspiran muchos intereses. Un acomodo con la sucesión raulista beneficia a los capitalistas estadounidenses y a los europeos, sería más que aceptable para la mayoría de los gobiernos latinoamericanos y para las izquierdas en todos los continentes.

El panorama podría parecer abrumador contra las aspiraciones democráticas de los cubanos. Pero ninguno de los grupos que apoya una sucesión castrista en Cuba está dispuesto a financiarla con los recursos que necesita. Quien puede contribuir a asegurar la vida del castrismo es Barack Obama.

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Por qué no se debe levantar el embargo (13)


Negociar el levantamiento del embargo con Castro ha sido imposible, porque solo hubiera estado dispuesto a negociar la rendición incondicional de los Estados Unidos a todas sus exigencias y condiciones. En la dialéctica totalitaria, el contrario no es un opositor político al que se le gana espacio, sino un enemigo. Los enemigos se combaten para destruirlos. Así de sencillo.

El deterioro de la vida de la población precedió por muchos años a la enfermedad de Castro y su decadencia mental. Hace tiempo el pueblo sabe que no puede vestirse, curarse o alimentarse con promesas incumplidas. Cada vez más, los cubanos comprenden que el embargo no es la razón de sus desgracias. El pueblo responsabiliza a Fidel con el fracaso, lo sabe y lo sufre. Los cubanos están al tanto de que Raúl es alcohólico y de que no lo respetan ni en las altas instancias del régimen. Carlos Lage (ex vicepresidente) y Felipe Pérez Roque (ex ministro de relaciones exteriores) fueron removidos de sus cargos hace unos meses por burlarse de la incompetencia de los Castro. El pueblo no es ajeno a los privilegios con que viven las familias de Fidel, Raúl y los principales generales.

El hermano heredero y sus asociados viven con temor de que el colapso de la URSS pueda repetirse en Venezuela. Según “The Economist” Cuba está en la quiebra, a pesar de los miles de millones de dólares de subsidio venezolano. Sin Chávez la economía colapsaría, y el pueblo podría salir a las calles a exigir ropa, transporte, vivienda, medicina y comida. Una vez en la calle, los más decididos pueden toman el control de las cosas. Si la dictadura saca a la policía política vestida de civil a dar golpes – con varillas de construcción dentro de periódicos - o manda los tanques, el desenlace es imprevisible.

Como en Cuba no hay raulistas, sino un grupo en el poder atemorizado y sin capacidad para resolver la crisis, la oferta pública de Raúl Castro, de hablar de todo con Obama, no se puede tomar a la ligera. Después de medio siglo de “triunfo socialista” y lucha contra la democracia (a la que llamaban pluriporquería), han llegado a la conclusión de que tienen que tomar otra vereda, otro camino u otro atajo.

Conscientes de la magnitud de los problemas, los castristas pueden intentar hacer cambios para quedarse en el poder, mimetizando el sistema con eso que ha definido el politólogo Fernando Mires como una “hibridrocracia.” Algo más complejo y peligroso que una dictadura con disfraz de democracia. O tal vez los herederos intenten quedarse en el poder, pero si la situación se complica, quieran parecer desde ahora dando pasos hacia una transición democrática de la que reclamarían autoría.

Cuando vamos a comenzar una negociación cualquiera, preguntémonos: ¿se nos ocurriría, como primer paso, cederle incondicionalmente a la otra parte lo que quiere? Si así lo hiciéramos seríamos incautos. Lo indicado y lo usual es plantear lo que queremos y de ahí en adelante negociar asegurándonos de no ceder en lo fundamental.

Creo que la negociación entre la administración de Barak Obama y la dictadura castrista ha comenzado, aunque las partes lo oculten y lo nieguen. Y no es una negociación en la que participa el pueblo cubano.

¿Qué querrán Raúl Castro y sus socios, qué querrá Washington?

¿Lo mejor para el pueblo cubano? Lo dudo, de ambas partes.

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Por qué no se debe levantar el embargo (12)

Si alguna duda hubiera sobre el rechazo de Fidel Castro para hacer cambios en Cuba, qué mejor prueba que los tres años que han pasado desde el 2006, cuando por razones de salud tuvo que apartarse del mando y, como un verdadero monarca, lo delegó temporalmente en su hermano.

Raúl creyó realmente que había heredado el poder. Hizo críticas sobre la realidad cubana e invitó a la población ha expresarse. Incluso tomaron relevancia los consejos de algunos economistas de la nomenclatura castrista sobre la necesidad de hacer cambios estructurales.

Se generaron expectativas entre los cubanos. Las agencias noticiosas internacionales, siempre prestas a dar créditos al castrismo, pronosticaron el triunfo del pragmatismo sobre el dogmatismo. A golpe de editoriales, artículos y notas periodísticas en la prensa internacional, la era de Raúl había comenzado.

Pasó el tiempo y las reformas esperadas se esfumaron. Tres años se perdieron en medio de una seria crisis económica y política, agravada por la inacción y luego acentuada por la recesión mundial. ¿Qué sucedía? El enigma se empezó a descifrar cuando se supo que el viejo dictador había superado la gravedad y desde su convalecencia frenaba los cambios.

La verdad salió a la superficie. En abril del 2009 Raúl Castro, respondiendo a una iniciativa de Obama, dijo le había enviado al gobierno norteamericano el mensaje de que estaba dispuesto a conversar de todo con Washington. Fidel Castro, desde su reclusión, reaccionó “aclarando” lo que había querido decir su hermano Raúl e indicando que el sistema político de Cuba no era negociable. La oferta de Raúl a Obama no necesitaba ninguna clarificación, había sido simple y concreta: Raúl, el presidente designado, estaba dispuesto a conversar de todo con Obama: “derechos humanos, libertad de prensa y presos políticos”. En una oferta así está implícita la disposición de negociar.

No se puede entender en todo su alcance la descalificación de Fidel a la propuesta de Raúl a Obama, si no se tiene en cuenta la crisis por la que atravesaba Cuba. Deficiencias graves en el sistema de salud, crisis en el sector de la vivienda, el transporte, los suministros alimentarios, etc. sumadas a una infraestructura obsoleta y deteriorada, la corrupción y los privilegios. Problemas que no tienen nada que ver con el embargo estadounidense, sino con la ineficiencia de la economía cubana y un sistema político que la población rechaza.

Tampoco es comprensible la conducta de Fidel Castro si no se relaciona con la de otros dictadores, Mao o Hitler, por ejemplo. Individuos obsesionados por su rol histórico, su influencia mundial y su poder total. Personalidades patológicas que usaron las ideas y los pueblos que pretendieron defender, como simples instrumentos en su afán de gloria personal.

Bajo ninguna fórmula Castro se quedaría sin el enemigo yanqui. Tener enemigos es parte de la ecuación totalitaria; sin enemigos no hay guerras y sin estas no hay gloria. El enemigo justifica el monopolio del poder y también sus excesos. Aún al borde de su tumba, Fidel Castro tiene que culpar a los Estados Unidos de la gran catástrofe que es Cuba; cualquiera es culpable menos Fidel, el verdadero responsable.

Los dictadores son especialistas en inventar enemigos. Aun si se levantara el embargo, Castro no daría tregua al imperialismo yanqui, ni al capitalismo explotador. Tampoco dejaría de perseguir a la oposición democrática, contra la que usa los más insultantes peyorativos. Fidel, siempre en busca de acentuar la maldad de los Estados Unidos, ha lanzado una campaña temática para convertir en héroes a los cinco cubanos condenados como espías en los Estados Unidos.

Negociar el levantamiento del embargo con Castro ha sido imposible, porque solo hubiera estado dispuesto a negociar la rendición incondicional de los Estados Unidos a todas sus exigencias y condiciones. En la dialéctica totalitaria, el contrario no es un opositor político al que se le gana espacio, sino un enemigo. Los enemigos se combaten para destruirlos. Así de sencillo.

Raúl Castro y sus acólitos han heredado un poder en decadencia. Además, ante el pueblo, ellos han sido cómplices de los abusos y del fracaso. Como la dictadura depende de Hugo Chávez y del petróleo venezolano, los herederos del poder se preguntaran con frecuencia: ¿Cuánto durara Chávez? ¿Se repetirá otro colapso como el de URSS?

Raúl y sus socios no son demócratas ni les interesa la democracia. Ellos son millonarios y están viejos, pero firmemente aferrados a los restos del naufragio. Dicen que están dispuestos a hablar de todo con Obama.

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Por qué no se debe levantar el embargo (11)

Durante medio siglo de absoluto poder en Cuba, Fidel Castro ha demostrado ser un consumado actor de teatro, amable con los visitantes extranjeros pero despótico con sus subordinados. En su capacidad de mentir y simular ejemplifica con creces los consejos de Maquiavelo a los príncipes italianos.

Si hubiese que comparar su carácter con alguno de los dictadores que lo antecedieron, Hitler podría ser su hermano gemelo. Ambos buenos oradores y oportunistas, tan pagados de sí mismos que el narcisismo los llevó a cometer grandes errores. Inflexibles en sus propósitos, llenos de odio y amantes de la guerra. De haber tenido bombas atómicas, Hitler no hubiera dudado un instante en usarlas; su locura llevó a Alemania al desastre.

El 22 de setiembre de 2009 el periódico The New York Times reveló que el General soviético Adrian A. Danilevich, en un estudio para el Pentágono, “Soviet Intentions 1965-1985” , había informado que, en los 80, Castro quería que la URSS lanzara bombas nucleares contra los Estados Unidos. El alto mando soviético tuvo que disuadirlo activamente, explicándole que la contaminación perjudicaría a Cuba.

Hitler se aprovechó de las circunstancias de una frágil y humillada Alemania para tomar el poder democráticamente e imponer una dictadura brutal. Si los seis millones de judíos le hubieran jurado lealtad al nazismo no se habrían salvado de las cámaras de gases. Tampoco los países europeos habrían evitado la invasión, si le hubieran reconocido al “Führer” la superioridad de la “raza aria”. Hitler no andaba en busca de aduladores sino de conquistas y esclavos.

Durante la lucha contra Batista Castro prometió al pueblo apoyar la democracia representativa; una vez firme en el poder confesó que siempre había sido comunista, pero que de haberlo admitido antes todavía estaría peleando en la Sierra Maestra.

Castro necesitaba enemigos. Convirtió a los demócratas cubanos en contrarrevolucionarios. Fusiló a miles, mando a prisión a cientos de miles, y casi dos millones han huido al exilio. Hasta el día de hoy quienes se le oponen son acusados indistintamente de agentes de la CIA, gusanos o traidores.

El argumento de que sin el embargo Fidel Castro no habría tenido excusa con la cual justificar la represión, pasa por alto que a los dictadores siempre les sobran excusas para reprimir a sus enemigos.

En pocos años Cuba perdió gran parte de la masa de población con talento creativo y formación profesional que había hecho del país una nación en vías de desarrollo. La fama del ballet cubano, la música, la educación y la medicina precedieron al castrismo. En 1958 Cuba tenía 160 estaciones de radio y era el país con más radiorreceptores en Latinoamérica; 23 estaciones de televisión y 600 salas de cine. Con 38.384 fábricas de todos los tamaños y 161 centrales azucareros, 75% de los cuales eran propiedad de cubanos, el parque industrial de la isla era respetable. (1)

Fidel le declaró la guerra al “imperialismo” después de que los soviéticos le aseguraron que tendría todo el apoyo económico, político y militar que necesitara. Provocó el embargo estadounidense confiscando las empresas y propiedades norteamericanas sin pagar o prometer compensación.

Como Nasser en Egipto, Castro pudo haber tomado una posición independiente, dejando las puertas del mercado de Estados Unidos abiertas, pero para sus proyectos mundiales necesitaba a los Estados Unidos como enemigo y a la URSS como socio y aliado. Creyó que el mercado soviético sería un buen sustituto permanente. En ambas cosas se equivocó. No se dio cuenta de que ya en aquellos tiempos la URSS daba señas de agotamiento sistémico.

Fidel Castro derrochó recursos en aventuras subversivas en Latinoamérica y mandó ejércitos cubanos a guerras africanas. Como un dios, se propuso hacer el “hombre nuevo” de la revolución. El ciudadano altruista sin independencia política. Lo que logró fue que la nueva generación de cubanos se niega a trabajar. Negros, blancos y mulatos sueñan con huir de su país a cualquier parte.

La mayoría de los comandantes, coroneles, profesores, economistas, sociólogos, banqueros, abogados etc., que al conocer la mentalidad de Castro se fueron apartando del proceso, piensan que mientras esté en el poder, o pueda influir, no habrá un cambio democrático en Cuba, ni aunque los americanos se le arrodillaran.

No hay razón para dudar de que sin el embargo estadounidense Castro actuaría como lo hace su hijo político Hugo Chávez. Los Estados Unidos son el socio comercial más importante de Venezuela, pero para Chávez son su peor enemigo. Acusa a un presidente (Bush) de ser el mismísimo diablo y al otro (Obama) de ser un hipócrita. Considera al capitalismo el responsable de los males del mundo, el sistema a destruir para en su lugar construir el nuevo socialismo.

Continuará…

(1) Manuel Cereijo, El Nuevo Herald, enero 31 de 2009

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