EL NEW YORK TIMES INFORMA SOBRE PROTESTAS EN CUBA
Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica
Un reciente reportaje del periodista José de Córdoba, publicado el 16 de marzo de 2026 en The New York Times, describe un fenómeno que podría marcar una nueva etapa en la crisis cubana: el aumento acelerado de las protestas nocturnas en varias ciudades del país.
Que uno de los periódicos más influyentes del mundo dedique un análisis detallado a estas manifestaciones no es un hecho menor. The New York Times no solo informa; también ayuda a establecer la agenda del debate internacional. Cuando este medio dirige su atención hacia la situación interna de Cuba, suele significar que la crisis ha alcanzado un nivel de gravedad que comienza a preocupar seriamente a gobiernos, analistas y centros de poder en el mundo.
El reportaje describe cómo, cada vez con mayor frecuencia, los cubanos salen a protestar después del anochecer. En muchos barrios de La Habana y otras ciudades, los ciudadanos golpean ollas y sartenes —una forma de protesta conocida como cacerolazo— para expresar su frustración por los apagones prolongados, la escasez de alimentos y el deterioro general de las condiciones de vida.
La noche ofrece una cierta protección. En un país donde el Estado mantiene una extensa red de vigilancia y control social, la oscuridad reduce la capacidad de identificación de los manifestantes. Los apagones, que ya son parte de la vida cotidiana de millones de cubanos, terminan convirtiéndose paradójicamente en un aliado involuntario de la protesta.
El episodio más dramático ocurrió en la ciudad de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila. Según el reportaje, cientos de manifestantes se enfrentaron a la policía y posteriormente atacaron la sede local del Partido Comunista de Cuba, institución que constituye el verdadero centro del poder político en el país.
Los manifestantes lanzaron piedras contra el edificio, subieron al segundo piso y comenzaron a arrojar documentos y muebles por las ventanas. Luego prendieron fuego a parte del mobiliario en la calle. En el momento de la protesta, la ciudad llevaba más de 30 horas sin electricidad.
Este detalle es significativo. Durante décadas, el régimen cubano ha logrado mantener el control político incluso en medio de profundas crisis económicas. Sin embargo, el ataque directo a una sede del Partido Comunista representa algo más que una simple protesta por los apagones. Significa que una parte de la población ha comenzado a perder el miedo a desafiar directamente a la estructura política del régimen.
El detonante inmediato de la crisis es la situación energética. El sistema eléctrico cubano se encuentra al borde del colapso tras décadas de falta de inversión y mantenimiento. Muchas de las plantas termoeléctricas del país tienen más de cuarenta años de antigüedad y funcionan con equipos deteriorados. Como resultado, grandes regiones del país quedan a oscuras durante largas horas casi todas las noches.
El gobierno cubano atribuye gran parte de la crisis a las sanciones de Estados Unidos. El reportaje señala que la situación se ha agravado después de nuevas medidas adoptadas por la administración de Donald Trump destinadas a restringir el suministro de combustible a la isla mediante sanciones contra países que envíen petróleo a Cuba.
Sin embargo, incluso analistas citados en el artículo reconocen que la crisis cubana tiene raíces mucho más profundas. Décadas de control estatal de la economía, la eliminación del sector privado, la falta de inversión productiva y la dependencia de subsidios externos han debilitado gravemente la capacidad económica del país.
Durante años, el régimen logró sobrevivir gracias a ayudas externas primero de la Unión Soviética y posteriormente de Venezuela. Pero el colapso del modelo venezolano y la crisis económica regional han reducido drásticamente esos apoyos.
Las cifras recopiladas por la organización de derechos humanos Cubalex muestran que las protestas están creciendo rápidamente. Según sus registros, se produjeron 31 protestas en enero, 60 en febrero y 130 en la primera mitad de marzo. Esta tendencia sugiere un aumento acelerado del malestar social en la isla.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel ha reconocido públicamente la frustración de la población, pero al mismo tiempo ha advertido que el gobierno no tolerará protestas violentas. Varias personas han sido arrestadas tras los disturbios en Morón y podrían enfrentar cargos graves como insurrección o terrorismo, acusaciones que el régimen ha utilizado en el pasado para reprimir manifestaciones.
Al mismo tiempo, el gobierno parece intentar aliviar parcialmente las tensiones. Las autoridades anunciaron la liberación de 51 prisioneros, entre ellos algunos activistas encarcelados en protestas anteriores. También se espera que el gobierno anuncie nuevas medidas económicas que permitirían a miembros de la diáspora cubana invertir en empresas o propiedades en la isla.
Estas decisiones podrían estar vinculadas a conversaciones preliminares entre La Habana y Washington. Históricamente, el régimen cubano ha utilizado liberaciones de presos políticos y reformas económicas limitadas como gestos destinados a facilitar negociaciones con Estados Unidos.
Sin embargo, la situación económica continúa deteriorándose rápidamente. La escasez de combustible ha reducido el transporte público, afectado la producción agrícola y paralizado gran parte del turismo. Mientras tanto, los apagones prolongados se han convertido en una experiencia cotidiana para millones de cubanos.
Los expertos citados en el reportaje advierten que un solo episodio violento no significa necesariamente que el sistema político esté a punto de colapsar. La historia demuestra que muchos regímenes autoritarios pueden sobrevivir durante años incluso en medio de profundas crisis económicas.
Pero también es cierto que las protestas nocturnas, los apagones generalizados y el aumento constante del descontento social han sido, en otros países, señales tempranas de cambios políticos importantes.
Hoy Cuba enfrenta una de las crisis más graves desde el colapso de la Unión Soviética. Si la situación energética continúa deteriorándose y las protestas siguen multiplicándose, el país podría estar entrando en una etapa de creciente inestabilidad cuyo desenlace aún es imposible de prever.


0 comentarios:
Publicar un comentario