MARÍA CORINA LO PLANTEÓ Y ADVIRTIÓ QUINCE AÑOS ANTES
MARÍA CORINA LO PLANTEÓ Y ADVIRTIÓ QUINCE AÑOS ANTES
Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
En 2011, más de cinco años antes de que Donald Trump asumiera por primera vez la presidencia de Estados Unidos, María Corina Machado estaba convencida de que Venezuela debía explotar intensamente su enorme riqueza petrolera. Y advirtió sobre un riesgo que entonces parecía lejano: los avances tecnológicos y los cambios en las fuentes de energía podían reducir la importancia del petróleo y dejar bajo tierra una parte considerable de aquella riqueza. El 3 de noviembre de 2011 lo explicó así: “Tenemos crudo para 200 años, pero mucho antes puede encontrarse un sustituto y esa riqueza se quedaría en el subsuelo. Aumentemos, entonces, la producción”.
No estaba reaccionando a Trump, que todavía tardaría más de cinco años en llegar a la Casa Blanca. Mucho menos podía anticipar la crisis provocada quince años después por el cierre del estrecho de Ormuz. Estaba pensando en algo mucho más amplio: el futuro de la energía y la urgencia de que Venezuela aprovechara su extraordinaria riqueza petrolera.
Aquella visión no era una reflexión aislada. En su programa presidencial de 2012, María Corina proponía abrir la industria petrolera a la inversión privada nacional y extranjera, multiplicar la producción y transformar el papel del Estado. La inversión extranjera aportaría el capital, la tecnología y la capacidad de ejecución necesarios para desarrollar rápidamente las enormes reservas venezolanas. El objetivo no era solamente producir más petróleo, sino convertir esa riqueza en inversión, empleos e ingresos que impulsaran el desarrollo de toda la economía.
Quince años después, la crisis de Ormuz ha vuelto a demostrar la importancia estratégica del petróleo. En este escenario, Venezuela posee ventajas excepcionales: tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y está situada en una región geográficamente alejada de los conflictos del Medio Oriente. Para Estados Unidos existe además una ventaja fundamental: esa gigantesca reserva energética se encuentra en el hemisferio occidental y relativamente cerca de su mercado.
Estas ventajas adquieren especial importancia en momentos en que el precio de los combustibles se ha convertido en un serio asunto político para el electorado estadounidense. En ese contexto, el gobierno de Donald Trump ha anunciado un acuerdo con el interinato encabezado por Delcy Rodríguez para desarrollar parte de las reservas venezolanas.
La objeción de María Corina no es al desarrollo petrolero ni a la participación de Estados Unidos, sino a la forma en que se pretende hacerlo. Un acuerdo de semejante magnitud, que puede comprometer recursos y obligaciones durante décadas, debe ser negociado por un gobierno democráticamente elegido y dentro de un marco jurídico transparente que proteja el patrimonio de los venezolanos y, al mismo tiempo, ofrezca seguridad y garantías a quienes inviertan en el país.
“El patrimonio de nuestro suelo no le pertenece a un régimen ilegítimo”, ha advertido.
Por eso María Corina propone transparencia, instituciones independientes, licitaciones competitivas, estabilidad jurídica y arbitraje internacional. Son garantías para los venezolanos y también para quienes inviertan en Venezuela.
La conclusión es clara: Venezuela necesita elecciones democráticas cuanto antes. Son un derecho de los venezolanos y una garantía para quienes están dispuestos a invertir en el futuro del país.
Un gobierno respaldado por la voluntad popular podrá negociar acuerdos de largo plazo con legitimidad nacional y seguridad jurídica. Postergar las elecciones puede prolongar la incertidumbre, aumentar el riesgo de las inversiones y crear una inestabilidad política capaz de atrasar nuevamente el progreso del país.
Venezuela tiene una oportunidad extraordinaria y no debe perder tiempo. Sus enormes reservas, su ubicación geográfica y la renovada importancia estratégica del petróleo le ofrecen condiciones excepcionales que debe aprovechar con inteligencia. Para hacerlo hay que comprender que democracia, estabilidad y seguridad jurídica no son obstáculos para el desarrollo: son las condiciones para hacerlo posible.
María Corina lo planteó y lo advirtió hace quince años.
NOTA: Ver también: TRUMP VENDE EL FUTURO Y DELCY PAGA EL PRECIO
MARÍA CORINA PROPOSED IT AND WARNED ABOUT IT FIFTEEN YEARS AGO
By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
In 2011, more than five years before Donald Trump first became president of the United States, María Corina Machado was convinced that Venezuela should intensively develop its enormous oil wealth. She also warned of a risk that seemed distant at the time: technological advances and changes in energy sources could diminish the importance of oil and leave a considerable portion of that wealth underground. On November 3, 2011, she explained it this way: “We have crude oil for 200 years, but a substitute may be found long before then and that wealth would remain underground. Let us increase production, then.”
She was not reacting to Trump, who was still more than five years away from entering the White House. Much less could she have anticipated the crisis caused fifteen years later by the closure of the Strait of Hormuz. She was thinking about something much broader: the future of energy and the urgency for Venezuela to take advantage of its extraordinary oil wealth.
That vision was not an isolated reflection. In her 2012 presidential program, María Corina proposed opening the oil industry to domestic and foreign private investment, multiplying production and transforming the role of the state. Foreign investment would provide the capital, technology and execution capacity needed to rapidly develop Venezuela’s enormous reserves. The objective was not merely to produce more oil, but to transform that wealth into investment, jobs and income capable of driving the development of the entire economy.
Fifteen years later, the Hormuz crisis has once again demonstrated oil’s strategic importance. In this environment, Venezuela possesses exceptional advantages: it has the world’s largest proven oil reserves and is located in a region geographically distant from the conflicts of the Middle East. For the United States there is another fundamental advantage: this enormous energy reserve is located in the Western Hemisphere and relatively close to its market.
These advantages become particularly important at a time when fuel prices have become a serious political issue for American voters. In that context, the Donald Trump administration has announced an agreement with the interim government headed by Delcy Rodríguez to develop part of Venezuela’s reserves.
María Corina’s objection is not to oil development or to the participation of the United States, but to the way it is intended to be carried out. An agreement of such magnitude, which could commit resources and obligations for decades, must be negotiated by a democratically elected government and within a transparent legal framework that protects the patrimony of Venezuelans while providing security and guarantees to those who invest in the country.
“The patrimony beneath our soil does not belong to an illegitimate regime,” she has warned.
That is why María Corina proposes transparency, independent institutions, competitive bidding, legal stability and international arbitration. These are guarantees for Venezuelans and also for those who invest in Venezuela.
The conclusion is clear: Venezuela needs democratic elections as soon as possible. They are a right of the Venezuelan people and a guarantee for those willing to invest in the country’s future.
A government backed by the popular will can negotiate long-term agreements with national legitimacy and legal certainty. Postponing elections can prolong uncertainty, increase investment risk and create political instability capable of once again delaying the country’s progress.
Venezuela has an extraordinary opportunity and must not waste time. Its enormous reserves, its geographic location and oil’s renewed strategic importance offer exceptional conditions that the country must use intelligently. To do so, it must understand that democracy, stability and legal certainty are not obstacles to development: they are the conditions that make development possible.
María Corina proposed it and warned about it fifteen years ago.
NOTE: See also: TRUMP SELLS THE FUTURE AND DELCY PAYS THE PRICE
MARÍA CORINA L’A PROPOSÉ ET EN A AVERTI IL Y A QUINZE ANS
Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
En 2011, plus de cinq ans avant que Donald Trump n’accède pour la première fois à la présidence des États-Unis, María Corina Machado était convaincue que le Venezuela devait exploiter intensivement son immense richesse pétrolière. Elle avait également averti d’un risque qui semblait alors lointain : les progrès technologiques et les changements dans les sources d’énergie pouvaient réduire l’importance du pétrole et laisser sous terre une part considérable de cette richesse. Le 3 novembre 2011, elle l’expliquait ainsi : « Nous avons du pétrole brut pour 200 ans, mais un substitut pourrait être trouvé bien avant et cette richesse resterait dans le sous-sol. Augmentons donc la production. »
Elle ne réagissait pas à Trump, qui n’entrerait à la Maison-Blanche que plus de cinq ans plus tard. Elle pouvait encore moins anticiper la crise provoquée quinze ans après par la fermeture du détroit d’Ormuz. Elle pensait à quelque chose de beaucoup plus vaste : l’avenir de l’énergie et l’urgence pour le Venezuela de tirer parti de son extraordinaire richesse pétrolière.
Cette vision n’était pas une réflexion isolée. Dans son programme présidentiel de 2012, María Corina proposait d’ouvrir l’industrie pétrolière aux investissements privés nationaux et étrangers, de multiplier la production et de transformer le rôle de l’État. Les investissements étrangers apporteraient le capital, la technologie et la capacité d’exécution nécessaires au développement rapide des immenses réserves vénézuéliennes. L’objectif n’était pas seulement de produire davantage de pétrole, mais de transformer cette richesse en investissements, emplois et revenus capables de stimuler le développement de toute l’économie.
Quinze ans plus tard, la crise d’Ormuz a de nouveau démontré l’importance stratégique du pétrole. Dans ce contexte, le Venezuela possède des avantages exceptionnels : il détient les plus importantes réserves prouvées de pétrole au monde et se situe dans une région géographiquement éloignée des conflits du Moyen-Orient. Pour les États-Unis, il existe en outre un avantage fondamental : cette gigantesque réserve énergétique se trouve dans l’hémisphère occidental et relativement près de leur marché.
Ces avantages prennent une importance particulière à un moment où le prix des carburants est devenu une question politique sérieuse pour l’électorat américain. Dans ce contexte, le gouvernement de Donald Trump a annoncé un accord avec l’intérim dirigé par Delcy Rodríguez afin de développer une partie des réserves vénézuéliennes.
L’objection de María Corina ne porte ni sur le développement pétrolier ni sur la participation des États-Unis, mais sur la manière dont on entend procéder. Un accord d’une telle ampleur, susceptible d’engager des ressources et des obligations pendant des décennies, doit être négocié par un gouvernement démocratiquement élu et dans un cadre juridique transparent qui protège le patrimoine des Vénézuéliens tout en offrant sécurité et garanties à ceux qui investissent dans le pays.
« Le patrimoine de notre sous-sol n’appartient pas à un régime illégitime », a-t-elle averti.
C’est pourquoi María Corina propose la transparence, des institutions indépendantes, des appels d’offres concurrentiels, la stabilité juridique et l’arbitrage international. Ce sont des garanties pour les Vénézuéliens, mais également pour ceux qui investissent au Venezuela.
La conclusion est claire : le Venezuela a besoin d’élections démocratiques le plus rapidement possible. Elles constituent un droit pour les Vénézuéliens et une garantie pour ceux qui sont disposés à investir dans l’avenir du pays.
Un gouvernement soutenu par la volonté populaire pourra négocier des accords à long terme avec une légitimité nationale et une sécurité juridique. Reporter les élections peut prolonger l’incertitude, accroître le risque des investissements et créer une instabilité politique susceptible de retarder une nouvelle fois le progrès du pays.
Le Venezuela dispose d’une occasion extraordinaire et ne doit pas perdre de temps. Ses immenses réserves, sa situation géographique et l’importance stratégique renouvelée du pétrole lui offrent des conditions exceptionnelles qu’il doit exploiter intelligemment. Pour cela, il faut comprendre que la démocratie, la stabilité et la sécurité juridique ne sont pas des obstacles au développement : elles sont les conditions qui le rendent possible.
María Corina l’a proposé et en a averti il y a quinze ans.
NOTE : Voir également : TRUMP VEND L’AVENIR ET DELCY EN PAIE LE PRIX
MARÍA CORINA LO PROPOSE E LO AVVERTÌ QUINDICI ANNI FA
Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Nel 2011, più di cinque anni prima che Donald Trump assumesse per la prima volta la presidenza degli Stati Uniti, María Corina Machado era convinta che il Venezuela dovesse sfruttare intensamente la sua enorme ricchezza petrolifera. Avvertì inoltre di un rischio che allora sembrava lontano: i progressi tecnologici e i cambiamenti nelle fonti energetiche avrebbero potuto ridurre l’importanza del petrolio e lasciare sottoterra una parte considerevole di quella ricchezza. Il 3 novembre 2011 lo spiegò così: «Abbiamo petrolio greggio per 200 anni, ma molto prima potrebbe essere trovato un sostituto e quella ricchezza rimarrebbe nel sottosuolo. Aumentiamo, dunque, la produzione».
Non stava reagendo a Trump, che sarebbe arrivato alla Casa Bianca solo più di cinque anni dopo. Tanto meno poteva prevedere la crisi provocata quindici anni più tardi dalla chiusura dello stretto di Hormuz. Stava pensando a qualcosa di molto più ampio: al futuro dell’energia e all’urgenza che il Venezuela sfruttasse la sua straordinaria ricchezza petrolifera.
Quella visione non era una riflessione isolata. Nel suo programma presidenziale del 2012, María Corina proponeva di aprire l’industria petrolifera agli investimenti privati nazionali e stranieri, moltiplicare la produzione e trasformare il ruolo dello Stato. Gli investimenti stranieri avrebbero fornito il capitale, la tecnologia e la capacità di esecuzione necessari per sviluppare rapidamente le enormi riserve venezuelane. L’obiettivo non era soltanto produrre più petrolio, ma trasformare quella ricchezza in investimenti, posti di lavoro e redditi capaci di promuovere lo sviluppo dell’intera economia.
Quindici anni dopo, la crisi di Hormuz ha dimostrato ancora una volta l’importanza strategica del petrolio. In questo scenario, il Venezuela possiede vantaggi eccezionali: dispone delle maggiori riserve petrolifere accertate del mondo e si trova in una regione geograficamente lontana dai conflitti del Medio Oriente. Per gli Stati Uniti esiste inoltre un vantaggio fondamentale: questa gigantesca riserva energetica si trova nell’emisfero occidentale e relativamente vicina al loro mercato.
Questi vantaggi assumono particolare importanza in un momento in cui il prezzo dei carburanti è diventato una seria questione politica per l’elettorato statunitense. In questo contesto, il governo di Donald Trump ha annunciato un accordo con l’interim guidato da Delcy Rodríguez per sviluppare una parte delle riserve venezuelane.
L’obiezione di María Corina non riguarda lo sviluppo petrolifero né la partecipazione degli Stati Uniti, ma il modo in cui si intende procedere. Un accordo di tale portata, che può impegnare risorse e obblighi per decenni, deve essere negoziato da un governo democraticamente eletto e all’interno di un quadro giuridico trasparente che protegga il patrimonio dei venezuelani e, allo stesso tempo, offra sicurezza e garanzie a chi investe nel paese.
«Il patrimonio del nostro sottosuolo non appartiene a un regime illegittimo», ha avvertito.
Per questo María Corina propone trasparenza, istituzioni indipendenti, gare competitive, stabilità giuridica e arbitrato internazionale. Sono garanzie per i venezuelani e anche per coloro che investono in Venezuela.
La conclusione è chiara: il Venezuela ha bisogno di elezioni democratiche quanto prima. Sono un diritto dei venezuelani e una garanzia per coloro che sono disposti a investire nel futuro del paese.
Un governo sostenuto dalla volontà popolare potrà negoziare accordi a lungo termine con legittimità nazionale e certezza giuridica. Rinviare le elezioni può prolungare l’incertezza, aumentare il rischio degli investimenti e creare un’instabilità politica capace di ritardare nuovamente il progresso del paese.
Il Venezuela ha davanti a sé un’opportunità straordinaria e non deve perdere tempo. Le sue enormi riserve, la sua posizione geografica e la rinnovata importanza strategica del petrolio gli offrono condizioni eccezionali che deve sfruttare con intelligenza. Per farlo bisogna comprendere che democrazia, stabilità e certezza giuridica non sono ostacoli allo sviluppo: sono le condizioni che lo rendono possibile.
María Corina lo propose e lo avvertì quindici anni fa.
NOTA: Vedi anche: TRUMP VENDE IL FUTURO E DELCY NE PAGA IL PREZZO


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