lunes, 31 de agosto de 2026

TRUMP VENDE EL FUTURO Y DELCY PAGA EL PRECIO

 

TRUMP VENDE EL FUTURO Y DELCY PAGA EL PRECIO

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

El acuerdo petrolero anunciado entre Estados Unidos y el interinato representado por Delcy Rodríguez debe analizarse como parte de una estrategia política de largo alcance. En política, como en el ajedrez, lo que se ve en una determinada jugada no necesariamente revela el objetivo final ni el plan que ha comenzado a desarrollarse.

Por lo que se ha publicado hasta ahora, la interpretación inmediata parece evidente. Donald Trump está aprovechando el poder que tiene sobre el régimen venezolano para imponer condiciones excepcionalmente favorables a Estados Unidos.

Pero lo que parece favorecer la permanencia de Delcy Rodríguez puede tener un propósito muy diferente. Para entenderlo hay que mirar más allá del acuerdo petrolero y preguntarse qué le conviene a Estados Unidos, qué le conviene a Venezuela y, sobre todo, qué le conviene políticamente a Donald Trump en los próximos meses.

La prioridad inmediata de Trump son las elecciones legislativas de noviembre, en las que los republicanos corren el riesgo de perder el control de la Cámara de Representantes y necesitan conservar también el Senado. El acuerdo le permite presentarse ante los electores anunciando una victoria de enormes proporciones: acceso privilegiado al desarrollo de reservas venezolanas estimadas en 65.000 millones de barriles y a una parte de la producción a costo, que Trump presenta como una forma de fortalecer las reservas petroleras de Estados Unidos y reducir el precio de la gasolina. Aumentar sustancialmente la producción venezolana tomará años. Trump está vendiendo el futuro, pero su efecto político puede producirse ahora y ayudar a los republicanos a conservar el control del Congreso.

Para Delcy Rodríguez, en cambio, el costo político del anuncio ha sido profundo. Su escasa popularidad ya había sufrido un nuevo golpe por la ineficiencia demostrada después del terremoto de junio. Ahora queda atrapada entre dos sectores: para muchos chavistas, educados durante décadas en la denuncia del “imperialismo norteamericano” y la defensa del petróleo como patrimonio nacional, aparece como una traidora a los principios que el chavismo proclamó durante décadas; para sus adversarios, una gobernante no elegida por el pueblo que compromete una parte extraordinaria de la riqueza nacional en condiciones excepcionalmente favorables a Washington aparece como una vendepatria.

Un costo político de esta magnitud difícilmente podía ser ignorado por Trump y Marco Rubio, quienes negociaron el acuerdo. Tampoco podía ignorarlo Delcy Rodríguez, que ante la magnitud de las críticas se ha visto obligada a defenderlo públicamente y asegurar que Venezuela conserva la propiedad y la soberanía sobre sus recursos.

Pero un acuerdo petrolero de esta magnitud, destinado a movilizar enormes inversiones y mantenerse durante décadas, necesita una seguridad política y jurídica que el interinato representado por Delcy Rodríguez no puede proporcionarle. Para que sus beneficios se materialicen y puedan convertirse también en un éxito que los republicanos presenten en las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos, tendría que ser renegociado con un gobierno surgido de elecciones democráticas en Venezuela, capaz de corregir las condiciones que resulten perjudiciales para el país y darle al acuerdo la legitimidad y estabilidad necesarias para sobrevivir a futuros cambios de gobierno en ambas naciones.

Marco Rubio siempre ha advertido que preparar elecciones democráticas en Venezuela requiere tiempo. Pero los acontecimientos parecen estar acelerando el proceso. El acuerdo petrolero agrega ahora una razón poderosa: cuanto antes exista un gobierno elegido democráticamente, antes podrá renegociar y legitimar un acuerdo que necesita seguridad política y jurídica para perdurar.

Lo que hoy puede parecer una expoliación de la riqueza venezolana podría transformarse entonces en un acuerdo beneficioso para Venezuela y Estados Unidos. La necesidad de darle seguridad política y jurídica contribuiría a acortar la vida del interinato y acelerar las elecciones, para que un gobierno democrático pueda renegociar aquellas condiciones que resulten perjudiciales para Venezuela.

Delcy Rodríguez no tendría necesariamente que quedar excluida del proceso. En el mejor de los casos para ella, podría presentarse como candidata, pero tendría que someterse al voto popular representando a un chavismo debilitado y posiblemente dividido por el propio acuerdo que acaba de firmar.

La paradoja es que el mismo acuerdo que hoy parece fortalecer a Delcy Rodríguez puede haber comenzado a acortar la vida del interinato. Trump obtiene ahora un posible beneficio político; Venezuela puede obtener después un acuerdo renegociado por un gobierno democrático, beneficioso para ambos países y con la seguridad necesaria para perdurar. Entre una cosa y la otra están las elecciones venezolanas, que ahora hay más razones para celebrar cuanto antes. En política, como en el ajedrez, una jugada puede parecer una cosa cuando se hace y revelar un propósito muy diferente cuando comienza a verse hacia dónde conduce.

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TRUMP SELLS THE FUTURE AND DELCY PAYS THE PRICE

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

The oil agreement announced between the United States and the interim government represented by Delcy Rodríguez should be analyzed as part of a far-reaching political strategy. In politics, as in chess, what we see in a particular move does not necessarily reveal the ultimate objective or the plan that has begun to unfold.

Based on what has been published so far, the immediate interpretation seems obvious. Donald Trump is using the leverage he holds over the Venezuelan regime to impose exceptionally favorable terms for the United States.

But what appears to favor Delcy Rodríguez's continued hold on power may serve a very different purpose. To understand it, we have to look beyond the oil agreement and ask what benefits the United States, what benefits Venezuela and, above all, what benefits Donald Trump politically in the coming months.

Trump's immediate priority is the November congressional elections, in which Republicans risk losing control of the House of Representatives and also need to retain the Senate. The agreement allows him to go before voters announcing a victory of enormous proportions: privileged access to the development of Venezuelan reserves estimated at 65 billion barrels and to a share of production at cost, which Trump presents as a way to strengthen U.S. oil reserves and reduce gasoline prices. A substantial increase in Venezuelan production will take years. Trump is selling the future, but the political effect of that future can be felt now and help Republicans retain control of Congress.

For Delcy Rodríguez, by contrast, the political cost of the announcement has been profound. Her already limited popularity had suffered another blow from the inefficiency demonstrated after the June earthquake. She is now trapped between two camps: to many Chavistas, educated for decades in denunciations of “American imperialism” and in the defense of oil as national patrimony, she appears to be a traitor to the principles Chavismo proclaimed for decades; to her opponents, an unelected ruler who commits an extraordinary portion of the nation's wealth on terms exceptionally favorable to Washington appears to be selling out her country.

A political cost of this magnitude could hardly have escaped Trump and Marco Rubio, who negotiated the agreement. Nor could Delcy Rodríguez have been unaware of it. Faced with the scale of the criticism, she has been forced to defend the agreement publicly and insist that Venezuela retains ownership and sovereignty over its resources.

But an oil agreement of this magnitude, intended to mobilize enormous investments and remain in force for decades, requires political and legal security that the interim government represented by Delcy Rodríguez cannot provide. For its benefits to materialize and also become a success Republicans can present to voters in the next U.S. presidential election, it would have to be renegotiated with a government emerging from democratic elections in Venezuela, capable of correcting terms that are harmful to the country and giving the agreement the legitimacy and stability needed to survive future changes of government in both nations.

Marco Rubio has consistently warned that preparing democratic elections in Venezuela requires time. But events appear to be accelerating the process. The oil agreement now adds a powerful reason: the sooner a democratically elected government exists, the sooner it can renegotiate and legitimize an agreement that requires political and legal certainty to endure.

What today may look like the plunder of Venezuelan wealth could then be transformed into an agreement beneficial to both Venezuela and the United States. The need to provide political and legal security would contribute to shortening the life of the interim government and accelerating elections, allowing a democratic government to renegotiate those terms that are harmful to Venezuela.

Delcy Rodríguez would not necessarily have to be excluded from the process. In the best possible scenario for her, she could run as a candidate, but she would have to submit herself to the popular vote while representing a weakened Chavista movement, possibly divided by the very agreement she has just signed.

The paradox is that the same agreement that today appears to strengthen Delcy Rodríguez may already have begun to shorten the life of the interim government. Trump gains a possible political benefit now; Venezuela can later obtain an agreement renegotiated by a democratic government, beneficial to both countries and supported by the security needed to endure. Between one and the other lie Venezuelan elections, which there are now even more reasons to hold as soon as possible. In politics, as in chess, a move can appear to be one thing when it is made and reveal a very different purpose when we begin to see where it leads.

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TRUMP VEND L’AVENIR ET DELCY EN PAIE LE PRIX

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

L’accord pétrolier annoncé entre les États-Unis et l’intérim représenté par Delcy Rodríguez doit être analysé comme faisant partie d’une stratégie politique de longue portée. En politique, comme aux échecs, ce que l’on voit dans un coup donné ne révèle pas nécessairement l’objectif final ni le plan qui a commencé à se déployer.

D’après ce qui a été publié jusqu’à présent, l’interprétation immédiate semble évidente. Donald Trump profite du pouvoir dont il dispose sur le régime vénézuélien pour imposer des conditions exceptionnellement favorables aux États-Unis.

Mais ce qui semble favoriser le maintien de Delcy Rodríguez au pouvoir peut poursuivre un objectif très différent. Pour le comprendre, il faut regarder au-delà de l’accord pétrolier et se demander ce qui convient aux États-Unis, ce qui convient au Venezuela et, surtout, ce qui convient politiquement à Donald Trump dans les prochains mois.

La priorité immédiate de Trump est constituée par les élections législatives de novembre, au cours desquelles les républicains risquent de perdre le contrôle de la Chambre des représentants et doivent également conserver le Sénat. L’accord lui permet de se présenter devant les électeurs en annonçant une victoire d’une ampleur considérable : un accès privilégié au développement de réserves vénézuéliennes estimées à 65 milliards de barils ainsi qu’à une partie de la production au prix de revient, que Trump présente comme un moyen de renforcer les réserves pétrolières des États-Unis et de réduire le prix de l’essence. Une augmentation substantielle de la production vénézuélienne prendra des années. Trump vend l’avenir, mais l’effet politique de cet avenir peut se produire dès maintenant et aider les républicains à conserver le contrôle du Congrès.

Pour Delcy Rodríguez, en revanche, le coût politique de l’annonce a été profond. Sa faible popularité avait déjà subi un nouveau coup en raison de l’inefficacité démontrée après le tremblement de terre de juin. Elle se retrouve désormais prise entre deux camps : pour de nombreux chavistes, formés pendant des décennies à dénoncer « l’impérialisme nord-américain » et à défendre le pétrole comme patrimoine national, elle apparaît comme une traîtresse aux principes proclamés par le chavisme pendant des décennies ; pour ses adversaires, une dirigeante non élue par le peuple qui engage une part extraordinaire de la richesse nationale dans des conditions exceptionnellement favorables à Washington apparaît comme quelqu’un qui brade la patrie.

Un coût politique d’une telle ampleur pouvait difficilement échapper à Trump et à Marco Rubio, qui ont négocié l’accord. Delcy Rodríguez ne pouvait pas davantage l’ignorer : face à l’ampleur des critiques, elle s’est vue contrainte de défendre publiquement l’accord et d’assurer que le Venezuela conserve la propriété et la souveraineté sur ses ressources.

Mais un accord pétrolier de cette ampleur, destiné à mobiliser d’énormes investissements et à durer plusieurs décennies, a besoin d’une sécurité politique et juridique que l’intérim représenté par Delcy Rodríguez ne peut lui apporter. Pour que ses avantages se matérialisent et puissent également devenir un succès que les républicains présenteront aux électeurs lors de la prochaine élection présidentielle américaine, il devrait être renégocié avec un gouvernement issu d’élections démocratiques au Venezuela, capable de corriger les conditions préjudiciables au pays et de donner à l’accord la légitimité et la stabilité nécessaires pour survivre aux futurs changements de gouvernement dans les deux nations.

Marco Rubio a toujours averti que la préparation d’élections démocratiques au Venezuela exige du temps. Mais les événements semblent accélérer le processus. L’accord pétrolier ajoute maintenant une raison puissante : plus tôt un gouvernement démocratiquement élu existera, plus tôt il pourra renégocier et légitimer un accord qui a besoin de sécurité politique et juridique pour durer.

Ce qui peut aujourd’hui apparaître comme une spoliation de la richesse vénézuélienne pourrait alors se transformer en un accord avantageux pour le Venezuela comme pour les États-Unis. La nécessité de lui donner une sécurité politique et juridique contribuerait à raccourcir la durée de l’intérim et à accélérer les élections, afin qu’un gouvernement démocratique puisse renégocier les conditions qui seraient préjudiciables au Venezuela.

Delcy Rodríguez ne devrait pas nécessairement être exclue du processus. Dans le meilleur des cas pour elle, elle pourrait se présenter comme candidate, mais elle devrait se soumettre au vote populaire en représentant un chavisme affaibli et peut-être divisé par l’accord même qu’elle vient de signer.

Le paradoxe est que l’accord même qui semble aujourd’hui renforcer Delcy Rodríguez a peut-être déjà commencé à raccourcir la durée de l’intérim. Trump obtient maintenant un possible bénéfice politique ; le Venezuela peut ensuite obtenir un accord renégocié par un gouvernement démocratique, avantageux pour les deux pays et doté de la sécurité nécessaire pour durer. Entre les deux se trouvent les élections vénézuéliennes, qu’il existe désormais encore davantage de raisons d’organiser au plus vite. En politique, comme aux échecs, un coup peut sembler être une chose au moment où il est joué et révéler un objectif très différent lorsque l’on commence à voir où il conduit.

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TRUMP VENDE IL FUTURO E DELCY NE PAGA IL PREZZO

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

L’accordo petrolifero annunciato tra gli Stati Uniti e l’interim rappresentato da Delcy Rodríguez deve essere analizzato come parte di una strategia politica di ampio respiro. In politica, come negli scacchi, ciò che si vede in una determinata mossa non rivela necessariamente l’obiettivo finale né il piano che ha cominciato a svilupparsi.

Da quanto è stato pubblicato finora, l’interpretazione immediata sembra evidente. Donald Trump sta sfruttando il potere che esercita sul regime venezuelano per imporre condizioni eccezionalmente favorevoli agli Stati Uniti.

Ma ciò che sembra favorire la permanenza al potere di Delcy Rodríguez potrebbe avere uno scopo molto diverso. Per comprenderlo bisogna guardare oltre l’accordo petrolifero e chiedersi che cosa convenga agli Stati Uniti, che cosa convenga al Venezuela e, soprattutto, che cosa convenga politicamente a Donald Trump nei prossimi mesi.

La priorità immediata di Trump sono le elezioni legislative di novembre, nelle quali i repubblicani rischiano di perdere il controllo della Camera dei Rappresentanti e devono anche mantenere il Senato. L’accordo gli permette di presentarsi agli elettori annunciando una vittoria di enormi proporzioni: accesso privilegiato allo sviluppo di riserve venezuelane stimate in 65 miliardi di barili e a una parte della produzione al costo, che Trump presenta come un modo per rafforzare le riserve petrolifere degli Stati Uniti e ridurre il prezzo della benzina. Aumentare sostanzialmente la produzione venezuelana richiederà anni. Trump sta vendendo il futuro, ma l’effetto politico di quel futuro può prodursi adesso e aiutare i repubblicani a mantenere il controllo del Congresso.

Per Delcy Rodríguez, invece, il costo politico dell’annuncio è stato profondo. La sua già scarsa popolarità aveva subito un nuovo colpo a causa dell’inefficienza dimostrata dopo il terremoto di giugno. Ora si trova intrappolata tra due settori: per molti chavisti, educati per decenni nella denuncia dell’“imperialismo nordamericano” e nella difesa del petrolio come patrimonio nazionale, appare come una traditrice dei principi proclamati dal chavismo per decenni; per i suoi avversari, una governante non eletta dal popolo che impegna una parte straordinaria della ricchezza nazionale a condizioni eccezionalmente favorevoli a Washington appare come una traditrice della patria.

Un costo politico di questa portata difficilmente poteva essere ignorato da Trump e Marco Rubio, che hanno negoziato l’accordo. Né poteva ignorarlo Delcy Rodríguez, che di fronte all’ampiezza delle critiche si è vista costretta a difenderlo pubblicamente e ad assicurare che il Venezuela conserva la proprietà e la sovranità sulle proprie risorse.

Ma un accordo petrolifero di questa portata, destinato a mobilitare enormi investimenti e a durare per decenni, ha bisogno di una sicurezza politica e giuridica che l’interim rappresentato da Delcy Rodríguez non può garantirgli. Affinché i suoi benefici si concretizzino e possano diventare anche un successo che i repubblicani presenteranno agli elettori nelle prossime elezioni presidenziali degli Stati Uniti, dovrebbe essere rinegoziato con un governo nato da elezioni democratiche in Venezuela, capace di correggere le condizioni dannose per il paese e di dare all’accordo la legittimità e la stabilità necessarie per sopravvivere ai futuri cambi di governo in entrambe le nazioni.

Marco Rubio ha sempre avvertito che preparare elezioni democratiche in Venezuela richiede tempo. Ma gli avvenimenti sembrano accelerare il processo. L’accordo petrolifero aggiunge ora una ragione potente: prima esisterà un governo eletto democraticamente, prima potrà rinegoziare e legittimare un accordo che necessita di sicurezza politica e giuridica per durare.

Quello che oggi può apparire come una spoliazione della ricchezza venezuelana potrebbe allora trasformarsi in un accordo vantaggioso sia per il Venezuela sia per gli Stati Uniti. La necessità di conferirgli sicurezza politica e giuridica contribuirebbe ad abbreviare la durata dell’interim e ad accelerare le elezioni, affinché un governo democratico possa rinegoziare le condizioni che risultino dannose per il Venezuela.

Delcy Rodríguez non dovrebbe necessariamente essere esclusa dal processo. Nel migliore dei casi per lei, potrebbe presentarsi come candidata, ma dovrebbe sottoporsi al voto popolare rappresentando un chavismo indebolito e forse diviso proprio dall’accordo che ha appena firmato.

Il paradosso è che lo stesso accordo che oggi sembra rafforzare Delcy Rodríguez potrebbe aver già cominciato ad abbreviare la durata dell’interim. Trump ottiene ora un possibile beneficio politico; il Venezuela può ottenere in seguito un accordo rinegoziato da un governo democratico, vantaggioso per entrambi i paesi e dotato della sicurezza necessaria per durare. Tra l’una e l’altra cosa ci sono le elezioni venezuelane, che oggi ci sono ancora più ragioni per celebrare il prima possibile. In politica, come negli scacchi, una mossa può sembrare una cosa quando viene fatta e rivelare uno scopo molto diverso quando si comincia a vedere dove conduce.

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