¿POR QUÉ RUSIA TEME QUE UCRANIA LLEGUE PRIMERO?
Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
13 de octubre de 2026
El 9 de octubre de 2026, el presidente Donald Trump anunció que había alcanzado un acuerdo con Vladímir Putin para suministrar diésel ruso al mercado estadounidense e internacional, con el propósito de reducir los precios de los combustibles. Según Trump, Rusia entregaría inicialmente más de 300.000 toneladas, otras 500.000 en noviembre, un millón adicional poco después y posteriormente otros tres millones. En total, más de 4,8 millones de toneladas, equivalentes aproximadamente a 36 millones de barriles, suficientes para cubrir nueve días y medio del consumo estadounidense de diésel y otros destilados, si toda esa cantidad se destinara a Estados Unidos.
Al día siguiente, Trump criticó al presidente ucraniano Volodímir Zelenski por los ataques contra las refinerías rusas, le exigió detenerlos y declaró que había llegado el momento de que Ucrania escogiera un nuevo presidente.
Un día después, Trump anunció que Rusia y Ucrania habían alcanzado un acuerdo para suspender inmediatamente los ataques contra las instalaciones energéticas de ambos países. Sin embargo, ninguna de las partes había confirmado semejante compromiso.
Zelenski declaró al medio digital estadounidense Axios que acababa de enterarse del supuesto acuerdo, aunque Ucrania estaba dispuesta a suspender sus ataques si Rusia hacía lo mismo.
Al día siguiente del anuncio, el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, rechazó conceder a Ucrania una tregua que le permitiera rearmarse. «No creo que Zelenski se haya ganado un respiro. No creo que volvamos a dejarnos engañar por garantías y promesas», declaró. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, tampoco confirmó el acuerdo y afirmó que los contactos continuaban.
Ese mismo día, cuando un periodista cuestionó a Trump sobre la aceptación del acuerdo por ambas partes, el presidente respondió: «Porque yo dije que estaban de acuerdo».
La secuencia permite concluir que Trump no había anunciado un acuerdo bilateral confirmado, sino que intentaba convertir una propuesta estadounidense en un compromiso mediante el peso de su autoridad presidencial. Las declaraciones públicas de los protagonistas respaldan esa interpretación.
La conducta de Ucrania fue diferente. El martes 13, Zelenski afirmó que durante los dos días anteriores sus fuerzas habían suspendido voluntariamente los ataques contra las refinerías y otras instalaciones energéticas rusas. Ucrania cumplía así una propuesta de Trump, no un acuerdo bilateral. Según Zelenski, durante ese período fueron atacadas 19 regiones ucranianas.
Después del anuncio de Trump, Rusia continuó bombardeando Ucrania. El domingo 11 de octubre atacó instalaciones eléctricas en Kiev y la central termoeléctrica CHP-5 de Járkov. Durante la noche del 11 al 12 lanzó 121 drones y un misil Kh-59 contra territorio ucraniano, con impactos reportados en 15 lugares, entre ellos instalaciones de producción de gas en Járkov y un depósito de petróleo en la región de Rivne. Zelenski denunció que solamente el lunes 12 fueron atacadas seis instalaciones energéticas. Estos bombardeos, sumados a las declaraciones de Lavrov y Peskov, ponen de manifiesto que Rusia no había confirmado ni aplicado la suspensión de ataques energéticos anunciada por Trump.
Considero que la clave de este impasse podría encontrarse en las declaraciones del ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, cuando afirmó que Moscú no permitiría una tregua que ofreciera a Ucrania la oportunidad de rearmarse. Sin embargo, la continuación de los ataques rusos no impedirá necesariamente que Ucrania siga recibiendo armamento del exterior.
Existe otro escenario. Con sus ataques contra las instalaciones eléctricas y otros objetivos ucranianos, Rusia podría estar intentando retrasar el avance de Ucrania en una carrera tecnológica para desarrollar sistemas de combate cada vez más autónomos, capaces de coordinar drones, misiles y otras armas mediante inteligencia artificial. Ucrania ya ha demostrado una notable capacidad de innovación militar, especialmente con sus drones navales y de largo alcance.
La posibilidad de que Ucrania desarrolle primero sistemas autónomos capaces de ejecutar ataques coordinados de gran magnitud introduce una nueva dimensión estratégica. Una capacidad semejante podría modificar el equilibrio militar y aumentar considerablemente el costo de continuar la guerra para Rusia.
En mi opinión, las declaraciones de Lavrov permiten plantear una hipótesis: Moscú teme que Ucrania llegue primero al desarrollo de una capacidad militar capaz de cambiar decisivamente el curso de la guerra.
Y las guerras del futuro.
WHY DOES RUSSIA FEAR UKRAINE GETTING THERE FIRST?
By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
October 13, 2026
On October 9, 2026, President Donald Trump announced that he had reached an agreement with Vladimir Putin to supply Russian diesel to the U.S. and international markets in order to lower fuel prices. According to Trump, Russia would initially deliver more than 300,000 metric tons, another 500,000 in November, an additional million shortly afterward, and then another three million. In total, more than 4.8 million metric tons, equivalent to approximately 36 million barrels—enough to cover nine and a half days of U.S. consumption of diesel and other distillates if all of it were destined for the United States.
The following day, Trump criticized Ukrainian President Volodymyr Zelenskyy for the attacks on Russian refineries, demanded that he stop them, and declared that it was time for Ukraine to choose a new president.
One day later, Trump announced that Russia and Ukraine had reached an agreement to immediately suspend attacks on each other's energy facilities. Neither side, however, had confirmed such a commitment.
Zelenskyy told the U.S. digital news outlet Axios that he had only just learned of the purported agreement, although Ukraine was willing to suspend its attacks if Russia did the same.
The day after the announcement, Russian Foreign Minister Sergei Lavrov rejected granting Ukraine a truce that would allow it to rearm. “I don't think Zelenskyy has earned a respite. I don't think we will allow ourselves to be deceived again by guarantees and promises,” he declared. Kremlin spokesman Dmitry Peskov likewise did not confirm the agreement and said contacts were continuing.
That same day, when a journalist questioned Trump about whether both sides had accepted the agreement, the president replied: “Because I said they agreed.”
The sequence suggests that Trump had not announced a confirmed bilateral agreement, but was trying to turn a U.S. proposal into a commitment through the weight of his presidential authority. The protagonists' public statements support that interpretation.
Ukraine's conduct was different. On Tuesday the 13th, Zelenskyy said that for the preceding two days his forces had voluntarily suspended attacks on Russian refineries and other energy facilities. Ukraine was thus complying with a Trump proposal, not a bilateral agreement. According to Zelenskyy, 19 Ukrainian regions had been attacked during that period.
After Trump's announcement, Russia continued bombing Ukraine. On Sunday, October 11, it struck electrical facilities in Kyiv and the CHP-5 thermal power plant in Kharkiv. During the night of October 11–12, it launched 121 drones and a Kh-59 missile against Ukrainian territory, with impacts reported at 15 locations, including gas-production facilities in Kharkiv and an oil depot in the Rivne region. Zelenskyy reported that six energy facilities were attacked on Monday the 12th alone. These strikes, together with Lavrov's and Peskov's statements, show that Russia had neither confirmed nor implemented the suspension of energy attacks announced by Trump.
I believe the key to this impasse may lie in Russian Foreign Minister Sergei Lavrov's statements that Moscow would not permit a truce giving Ukraine an opportunity to rearm. Yet continued Russian attacks will not necessarily prevent Ukraine from receiving weapons from abroad.
There is another scenario. By attacking electrical facilities and other Ukrainian targets, Russia may be trying to slow Ukraine's progress in a technological race to develop increasingly autonomous combat systems capable of coordinating drones, missiles, and other weapons through artificial intelligence. Ukraine has already demonstrated a remarkable capacity for military innovation, particularly with its naval and long-range drones.
The possibility that Ukraine could be the first to develop autonomous systems capable of carrying out large-scale coordinated attacks introduces a new strategic dimension. Such a capability could shift the military balance and considerably increase the cost to Russia of continuing the war.
In my opinion, Lavrov's statements suggest a hypothesis: Moscow fears that Ukraine will be the first to develop a military capability able to decisively change the course of the war.
And the wars of the future.
POURQUOI LA RUSSIE CRAINT-ELLE QUE L’UKRAINE ARRIVE LA PREMIÈRE ?
Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
13 octobre 2026
Le 9 octobre 2026, le président Donald Trump a annoncé avoir conclu un accord avec Vladimir Poutine pour fournir du diesel russe aux marchés américain et international afin de réduire les prix des carburants. Selon Trump, la Russie livrerait d'abord plus de 300 000 tonnes, puis 500 000 autres en novembre, un million supplémentaire peu après et enfin trois millions de tonnes additionnelles. Au total, plus de 4,8 millions de tonnes, soit environ 36 millions de barils, de quoi couvrir neuf jours et demi de consommation américaine de diesel et d'autres distillats si la totalité était destinée aux États-Unis.
Le lendemain, Trump a critiqué le président ukrainien Volodymyr Zelensky pour les attaques contre les raffineries russes, exigé leur arrêt et déclaré que le moment était venu pour l'Ukraine de choisir un nouveau président.
Un jour plus tard, Trump a annoncé que la Russie et l'Ukraine avaient conclu un accord visant à suspendre immédiatement les attaques contre leurs installations énergétiques respectives. Pourtant, aucune des deux parties n'avait confirmé un tel engagement.
Zelensky a déclaré au média numérique américain Axios qu'il venait seulement d'apprendre l'existence de cet accord supposé, tout en précisant que l'Ukraine était prête à suspendre ses attaques si la Russie en faisait autant.
Le lendemain de l'annonce, le ministre russe des Affaires étrangères, Sergueï Lavrov, a refusé d'accorder à l'Ukraine une trêve lui permettant de se réarmer. « Je ne pense pas que Zelensky ait mérité un répit. Je ne pense pas que nous nous laisserons de nouveau tromper par des garanties et des promesses », a-t-il déclaré. Le porte-parole du Kremlin, Dmitri Peskov, n'a pas davantage confirmé l'accord et a affirmé que les contacts se poursuivaient.
Ce même jour, interrogé par un journaliste sur l'acceptation de l'accord par les deux parties, Trump a répondu : « Parce que j'ai dit qu'ils étaient d'accord. »
Cette succession d'événements permet de conclure que Trump n'avait pas annoncé un accord bilatéral confirmé, mais cherchait à transformer une proposition américaine en engagement grâce au poids de son autorité présidentielle. Les déclarations publiques des protagonistes étayent cette interprétation.
L'attitude de l'Ukraine a été différente. Le mardi 13, Zelensky a affirmé que ses forces avaient volontairement suspendu, au cours des deux jours précédents, les attaques contre les raffineries et autres installations énergétiques russes. L'Ukraine donnait ainsi suite à une proposition de Trump, et non à un accord bilatéral. Selon Zelensky, 19 régions ukrainiennes avaient été attaquées pendant cette période.
Après l'annonce de Trump, la Russie a continué à bombarder l'Ukraine. Le dimanche 11 octobre, elle a frappé des installations électriques à Kiev ainsi que la centrale thermique CHP-5 de Kharkiv. Dans la nuit du 11 au 12, elle a lancé 121 drones et un missile Kh-59 contre le territoire ukrainien, avec des impacts signalés sur 15 sites, notamment des installations de production de gaz à Kharkiv et un dépôt pétrolier dans la région de Rivne. Zelensky a dénoncé des attaques contre six installations énergétiques pour la seule journée du lundi 12. Ces bombardements, ajoutés aux déclarations de Lavrov et Peskov, montrent que la Russie n'avait ni confirmé ni appliqué la suspension des attaques énergétiques annoncée par Trump.
Je considère que la clé de cette impasse pourrait se trouver dans les déclarations du ministre russe des Affaires étrangères, Sergueï Lavrov, selon lesquelles Moscou ne permettrait pas une trêve donnant à l'Ukraine l'occasion de se réarmer. Toutefois, la poursuite des attaques russes n'empêchera pas nécessairement l'Ukraine de continuer à recevoir des armes de l'étranger.
Un autre scénario existe. En frappant les installations électriques et d'autres cibles ukrainiennes, la Russie pourrait chercher à ralentir les progrès de l'Ukraine dans une course technologique visant à développer des systèmes de combat toujours plus autonomes, capables de coordonner drones, missiles et autres armes grâce à l'intelligence artificielle. L'Ukraine a déjà démontré une remarquable capacité d'innovation militaire, notamment avec ses drones navals et à longue portée.
La possibilité que l'Ukraine développe la première des systèmes autonomes capables de mener des attaques coordonnées de grande ampleur introduit une nouvelle dimension stratégique. Une telle capacité pourrait modifier l'équilibre militaire et accroître considérablement le coût de la poursuite de la guerre pour la Russie.
À mon avis, les déclarations de Lavrov permettent de formuler une hypothèse : Moscou craint que l'Ukraine ne soit la première à développer une capacité militaire susceptible de changer de manière décisive le cours de la guerre.
Et les guerres du futur.
PERCHÉ LA RUSSIA TEME CHE L’UCRAINA ARRIVI PER PRIMA?
Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
13 ottobre 2026
Il 9 ottobre 2026, il presidente Donald Trump ha annunciato di aver raggiunto un accordo con Vladimir Putin per fornire gasolio russo ai mercati statunitense e internazionale, allo scopo di ridurre i prezzi dei carburanti. Secondo Trump, la Russia avrebbe consegnato inizialmente oltre 300.000 tonnellate, altre 500.000 a novembre, un ulteriore milione poco dopo e successivamente altri tre milioni. In totale, oltre 4,8 milioni di tonnellate, equivalenti a circa 36 milioni di barili, sufficienti a coprire nove giorni e mezzo del consumo statunitense di gasolio e altri distillati, se l'intera quantità fosse destinata agli Stati Uniti.
Il giorno seguente, Trump ha criticato il presidente ucraino Volodymyr Zelensky per gli attacchi alle raffinerie russe, gli ha chiesto di fermarli e ha dichiarato che era giunto il momento per l'Ucraina di scegliere un nuovo presidente.
Un giorno dopo, Trump ha annunciato che Russia e Ucraina avevano raggiunto un accordo per sospendere immediatamente gli attacchi contro gli impianti energetici di entrambi i paesi. Tuttavia, nessuna delle due parti aveva confermato un simile impegno.
Zelensky ha dichiarato al giornale digitale statunitense Axios di aver appena saputo del presunto accordo, sebbene l'Ucraina fosse disposta a sospendere i propri attacchi se la Russia avesse fatto altrettanto.
Il giorno dopo l'annuncio, il ministro degli Esteri russo Sergej Lavrov ha respinto l'idea di concedere all'Ucraina una tregua che le consentisse di riarmarsi. «Non credo che Zelensky si sia guadagnato una pausa. Non credo che ci lasceremo ingannare ancora da garanzie e promesse», ha dichiarato. Anche il portavoce del Cremlino, Dmitrij Peskov, non ha confermato l'accordo, affermando che i contatti proseguivano.
Quello stesso giorno, quando un giornalista ha chiesto a Trump se entrambe le parti avessero accettato l'accordo, il presidente ha risposto: «Perché ho detto io che erano d'accordo».
La sequenza consente di concludere che Trump non aveva annunciato un accordo bilaterale confermato, ma cercava di trasformare una proposta statunitense in un impegno grazie al peso della propria autorità presidenziale. Le dichiarazioni pubbliche dei protagonisti sostengono questa interpretazione.
La condotta dell'Ucraina è stata diversa. Martedì 13, Zelensky ha affermato che nei due giorni precedenti le sue forze avevano sospeso volontariamente gli attacchi contro le raffinerie e altri impianti energetici russi. L'Ucraina aderiva così a una proposta di Trump, non a un accordo bilaterale. Secondo Zelensky, in quel periodo erano state attaccate 19 regioni ucraine.
Dopo l'annuncio di Trump, la Russia ha continuato a bombardare l'Ucraina. Domenica 11 ottobre ha colpito impianti elettrici a Kiev e la centrale termoelettrica CHP-5 di Kharkiv. Nella notte tra l'11 e il 12 ha lanciato 121 droni e un missile Kh-59 contro il territorio ucraino, con impatti segnalati in 15 località, tra cui impianti di produzione di gas a Kharkiv e un deposito petrolifero nella regione di Rivne. Zelensky ha denunciato che soltanto lunedì 12 erano stati attaccati sei impianti energetici. Questi bombardamenti, insieme alle dichiarazioni di Lavrov e Peskov, mostrano che la Russia non aveva né confermato né applicato la sospensione degli attacchi energetici annunciata da Trump.
Ritengo che la chiave di questa situazione di stallo possa trovarsi nelle dichiarazioni del ministro degli Esteri russo Sergej Lavrov, secondo cui Mosca non avrebbe permesso una tregua che offrisse all'Ucraina l'opportunità di riarmarsi. Tuttavia, il proseguimento degli attacchi russi non impedirà necessariamente all'Ucraina di continuare a ricevere armamenti dall'estero.
Esiste un altro scenario. Con i suoi attacchi agli impianti elettrici e ad altri obiettivi ucraini, la Russia potrebbe cercare di rallentare i progressi dell'Ucraina in una corsa tecnologica per sviluppare sistemi di combattimento sempre più autonomi, capaci di coordinare droni, missili e altre armi mediante l'intelligenza artificiale. L'Ucraina ha già dimostrato una notevole capacità di innovazione militare, soprattutto con i suoi droni navali e a lungo raggio.
La possibilità che l'Ucraina sviluppi per prima sistemi autonomi capaci di eseguire attacchi coordinati su vasta scala introduce una nuova dimensione strategica. Una simile capacità potrebbe modificare l'equilibrio militare e aumentare considerevolmente il costo della prosecuzione della guerra per la Russia.
A mio avviso, le dichiarazioni di Lavrov consentono di formulare un'ipotesi: Mosca teme che l'Ucraina arrivi per prima a sviluppare una capacità militare in grado di cambiare decisivamente il corso della guerra.
E le guerre del futuro.


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