martes, 21 de julio de 2009

LA DEMOCRACIA Y LA SOBERANIA POPULAR

Más de dos milenios nos separan de la democracia ateniense. Los griegos la practicaron casi en forma directa a nivel de ciudad. En países con millones o cientos de millones de habitantes la democracia es solamente viable por medio de la representatividad. Cada persona legalmente apta para votar decide en quién delega, por un periodo de tiempo limitado, dentro de marcos jurídicos preestablecidos, su pequeña cuota de poder.

Todos aceptan que el poder viene del pueblo y al pueblo pertenece. Quien lo representa no recibe un cheque en blanco, sino un mandato temporal y condicionado. El “mandatario” debe cumplir sus promesas de campaña y respetar las reglas del juego; no inhibe esto la posibilidad de inspirar nuevos cursos de acción, pero los gobernantes hábiles tratan siempre de que sus actos legitimen su autoridad. Las encuestas de opinión juegan un papel importante en este sentido.

De la constitución de cada país nacen instituciones, leyes y organizaciones garantes de los derechos y responsables del cumplimiento de los deberes ciudadanos. En el contexto electoral, el contrato social que se llama constitución tiene el propósito de garantizar la soberanía popular, soberanía que, ante la vigencia de la constitución, tiene que ser canalizada constitucionalmente.

En una democracia hay otros dos poderes independientes, tan importantes como el del presidente y sus ministros. Uno es el de los representantes de los ciudadanos que discuten y aprueban las leyes: los legisladores. El otro es el poder judicial, cuya función es la de administrar justicia y, en un caso muy particular e importante, decidir si una ley se apega a la constitución o la contradice.

Los tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial son las tres columnas clásicas del edificio democrático construidas sobre los cimientos de la constitución. Hasta la invención de la Internet los medios de comunicación masivos, el llamado cuarto poder, tuvieron una influencia desproporcionada en la formación de opinión pública. Esto va desapareciendo muy rápidamente. En nuestras sociedades actuales hay también una variedad importante de organizaciones civiles que luchan por objetivos concretos.

El equilibrio de todo ese conjunto de elementos debe conducir a la eficiencia de una sociedad y en consecuencia a sus posibilidades de progreso, o, en caso contrario, al atraso y las frustraciones. Después de 20 siglos el instrumento democrático –la democracia- ha demostrado superioridad sobre otros sistemas en armonizar aspiraciones y conflictos en nuestras cada vez más complejas sociedades.


En la democracia la mayoría elige al gobernante, pero el poder de la mayoría tampoco es ilimitado. Parte esencial de la democracia es el respeto a las minorías. Sin esa condición la mayoría se convierte en tiranía. En el curso de la historia las “tiranías de las mayorías” han demostrado ser tan crueles como todas las demás. El derecho de las minorías es muy importante. ¿Porque es moral? ¿Porque es justo? No.

Los derechos de la minoría son importantes porque en un sistema democrático los ciudadanos tienen garantizada la posibilidad de cambiar de opinión. Lo que una vez la mayoría de los votantes consideró acertado más tarde puede no parecer la mejor opción. En consecuencia, ante nuevas propuestas o nuevas circunstancias se puede configurar una nueva mayoría. Generalmente las mayorías no lo son por grandes proporciones numéricas.

La minoría tiene derechos y también obligaciones. Ante el desacuerdo, la oposición no puede subvertir el orden, o conspirar contra el sistema constitucional pactado. Esas acciones la pueden situar en una posición de ilegalidad y hasta de indefensión.


La democracia es un ideal y una realidad. Es la realidad tratando de alcanzar un ideal en un permanente experimento de proposiciones, pruebas, logros y fracasos. Por eso no es válido desechar la realidad democrática de una nación porque su sociedad no haya alcanzado todos los criterios del ideal democrático, ni se puede desechar el ideal democrático porque no se haya logrado su completa realización en ninguna parte.



6 comentarios:

azayas48 dijo...

Hola. Acabo de encontrar por casualidad este blog. Me parecen muy lúcidos sus análisis. Lo felicito de todo corazón. Veo con satisfacción que Ud. sigue con bien las enseñanzas de su padre, al cual profeso mi más total admiración. Reciba un saludo cordial, y le deseo que le vaya bonito.

Alfredo David Zayas Cañedo
Mexico DF

21 de julio de 2009, 8:47
Huber Matos Araluce dijo...

Gracias Alfredo: Con estos comentarios trato de hacer una humilde contribucion a la comprension de los problemas comunes. Comparto su admiracion por mi padre, no porque sea su hijo sino porque lo conozco por dentro y por fuera, saludos, Huber

22 de julio de 2009, 10:31
Anónimo dijo...

primeramente esto da hasco eres de verdad un burro por que ni siquiera habla sobre soberania bobote

8 de agosto de 2012, 16:20
Huber Matos Araluce dijo...

Anonimo asco no se escribe con h, creo que lo de burro y bobote te queda mejor a ti, sufre

10 de agosto de 2012, 6:35
Anónimo dijo...

dejen de ser tan idiotas cualquiera se puede equivocar

23 de enero de 2013, 4:51
jose freddy pavas dijo...

eh una de las causas por la cual siempre nos imponen modelos , de democracia y soberanía, hay quienes con acciones concretas imponen e implementan modelos en países subdesarrollados,nuestra coherencia no llega a ser de tal modo que entre la minoría no llegamos a recibir con respeto la desicion y la opinión de otro, al llamar al otro ignorante ignoramos su condición socio-natural juzgando sin conocer,
! si las minorías no nos unimos todo modelo de democracia sera, como quien lleva borregos al matadero consultándoles si quieren ser sacrificados...


20 de febrero de 2014, 20:52

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