sábado, 9 de octubre de 2010

Den Xiaoping Castro (II)


Cuando Raúl Castro se sintió heredero y comenzó a criticar el legado de su hermano Fidel, creó expectativas que no ha podido ni remotamente cumplir en cuatro años. La explicación que dan muchos de sus críticos y también quienes lo defienden es que fue el enfermo dictador quien lo frenó. Es una explicación sencilla y en consecuencia atractiva, pero no necesariamente correcta. Ha servido más para excusar a Raúl que para entender lo sucedido en todo este tiempo.


Un análisis de este período demuestra que, en su afán obsesivo por asegurarse el poder, Raúl pasó por alto la gravedad y complejidad de la crisis interna y supuso que se desarrollaría en un escenario internacional muy optimista. Por ambos errores está pagando un alto precio.


Comencemos por el principio. Inmediatamente después de la gravedad de Fidel Castro, Raúl comenzó a colocar a sus incondicionales donde pudo. Quería consolidarse y cobrarle algunas cuentas pendientes a la gente que no le hicieron caso cuando eran protegidos de Fidel. No se preocupó por la capacidad de sus adeptos; escogió individuos que no cuestionaran su sucesión.


Tuvo la ventaja de que un grupo de la nomenclatura, pequeño pero importante, necesitaba con urgencia un sucesor legítimo. Estaban temerosos ante la posible muerte de Fidel. Con un criterio equivalente al de las dinastías, para ellos el heredero tenía que ser un Castro; no les importaba que Raúl no fuera de su agrado y que no tuviera los atributos demagógicos de su predecesor. No podían correr riesgos. La frase del General Ramiro Valdés: “Raúl es el cancerbero de la revolución” lo decía todo. La revolución eran ellos y sus privilegios; necesitaban un perro guardián.


Temían la reacción del pueblo ante la desaparición de Fidel. El temor era lógico; nunca habían pensado con cabeza propia. Fidel lo decidía todo y aunque poco a poco algunos de ellos habían estado haciendo tienda aparte y enriqueciéndose, la estabilidad del régimen había sido la tarea de Fidel, maestro en represión. Sin su presencia o la de un sustituto “legítimo” todos corrían peligro.


Raúl pensó que una vez consolidado en el poder podía dirigir al país como a un ejército. Creyó que llamando a todos los abuelos incondicionales de su “Segundo Frente” en la Sierra Maestra, más a quienes por conveniencia se le habían plegado, podía manejar un país ingobernable. Una grave equivocación.


También subestimó y tergiversó las esperanzas de los viejos miembros del Partido Comunista que estaban convencidos de la urgente necesidad de un cambio de rumbo para evitar la crisis que ellos veían venir. Esperanzas compartidas por un sector de la población y de la nomenclatura.


Xiaoping Castro vio como un peligro los deseos de cambio de estos “reformistas”. Hizo todo lo contrario al auténtico Deng Xiaoping en China. En lugar de mantener en reserva o usar a estos dirigentes que eran quienes tenían alguna credibilidad entre los cubanos, Raúl los purgó y los castigó. Los percibió como competidores, aunque en realidad no lo eran, no porque no quisieran sino porque no tenían ningún poder real que los apoyara.


Raúl defenestró a Carlos Lage, a Felipe Pérez Roque y a docenas de individuos que representaban una esperanza para la burocracia frustrada, para los militantes del Partido Comunista y para la población. Lage y Pérez Roque Fueron acusados por comentarios negativos acerca de los hermanos Castro ante un funcionario del servicio de inteligencia español. Esto no era una conspiración sino una aspiración. Ellos esperaban ser nombrados para dirigir los cambios cuando Fidel muriera. Raúl seguiría controlando el aparato militar y represivo; en una dictadura ahí es donde reside el poder.


El miedo y la ignorancia de Raúl fueron determinantes. Desalentó esta forma a unos mandos medios que perdieron la fe, y desde entonces no le han respondido. Incluso decepcionó a posibles aliados en el exterior.


Continuará…


2 comentarios:

eduardo dijo...

Me confunde un poco este articulo , parece ser que el andamiaje del socialismo soporta cualquier peso , pues ya establecido , no importa si lo comanda un astuto y mal intencionado demagogo o un borrachín ,torpe e impredecible . ademas , no me queda claro que precio esta pagando Raul por lo que a hecho , los cubanos son los que tendrán que pagar por sus....... no tengo la palabra , creo que seria ¨ ideas ¨ pero no quiero elogiarlo .

10 de octubre de 2010, 7:05
Huber Matos Araluce dijo...

Eduardo, es una serie, ten paciencia. El andamiaje totalitario en el caso de Corea del Norte es como una dinastia, en el caso cubano pretenden tomar el mismo camino.

Tu le has puesto atencion a algo de lo que no queremos hablar mucho. Raul esta ahi siendo un incompetente por ese andamiaje.

En cuanto a que el pueblo sufre los errores no hay duda. Pero este es un articulo sobre Raul. Sus errores le han traido mayor despretigio que el que tenia.

Uno de los aspectos que he querido destacar que con el argumento de que Fidel no lo dejaba hacer los cambios en realidad se le ha estado excusando.

Gracias por tus observaciones

10 de octubre de 2010, 7:23

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