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Maduro no es chavista, es castrista


Maduro siempre se ha presentado con una máscara chavista pero él es castrista. A la hora de obedecer y decidir, su lealtad está en La Habana. Hay evidencias para afirmarlo pero la última es irrebatible: la decisión de liquidar el más importante  legado de Hugo Chávez - la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela - adoptada el 15 de diciembre de 1999 mediante un referéndum popular. 

Esa constitución garantiza elecciones regionales y presidenciales, entre otros derechos, como el de manifestarse en las calles. La narco dictadura  ha pospuesto las elecciones y no se ha podido hacer mucho al respecto, pero le ha sido imposible frenar las protestas populares y estas tienen en crisis al régimen que Maduro preside. Por esta razón él, su camarilla y Raúl Castro, están empecinados en borrar del mapa la constitución de Chávez.  

Si tiene duda sobre la decisión de Raúl Castro, lea sus declaraciones del 6 de marzo pasado en la XIV cumbre de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) que se celebró en Caracas, allí advirtió: "En Venezuela se libra hoy la batalla decisiva por la soberanía, la emancipación, la integración, y el desarrollo de nuestra América".  Es decir la batalla decisiva de toda América y por supuesto, en especial, la de su dictadura en Cuba.

Descartar la actual constitución es una decisión equivocada por varias razones. En su intento por desmantelar la herencia constitucional de Chávez, Maduro ha creado un frente de oposición en el sector de la población aun leal al chavismo, que aunque es minoritario es de este grupo del que proviene su único respaldo popular. 

En este nuevo frente están incluidos miles de militares y de funcionarios públicos, como es el caso de la Fiscal General Luisa Ortega. Si antes de llamar a esta constituyente Maduro confrontaba a la oposición organizada y la mayoría de los venezolanos lo rechazaba, ahora también se enfrenta a los chavistas que no están de acuerdo con el procedimiento inconstitucional de convocar a una constituyente que va a barrer con el legado intelectual de Hugo Chávez. Además, esta ruptura le da la oportunidad de apartarse a los chavistas que quieren desligarse del régimen actual, sin que los puedan acusar de pasarse al bando de la oposición. 

Con este paso radical y desesperado con el que piensan que van a evitar su final, el castrismo y Maduro lo están acelerando. Tratando de liquidar la constitución vigente le han facilitado a los chavistas descontentos un espacio ideológico, político y moral hacia el cual pueden migrar.  Así, al enfrentar a Maduro, tienen la oportunidad de ganarse el derecho a seguir viviendo en una Venezuela post castrista sin cargar con las responsabilidad de un régimen represivo y corrupto que dilapidó una fortuna, arruinó al país y asesinó a hombres, mujeres y niños.

¿Por qué Maduro y su grupo actúan de esta forma?  Porque cuando el miedo y la soberbia se juntan es fácil equivocarse. Sin la subvención petrolera de Venezuela la dictadura en la Isla  difícilmente podrá sobrevivir.  Pero si lo hiciera, Cuba quedará mucho peor de lo que ya está y el impacto de la caída de la dictadura venezolana puede ser un ejemplo tentador para el pueblo cubano. Además, los narcotraficantes y los corruptos que se han enriquecido al amparo de los gobiernos de Chávez y Maduro, difícilmente encontrarán un lugar seguro para vivir, a menos que decidan irse a Irán, a Rusia, o a China, donde ni ellos como fugitivos tendrán garantías aseguradas.

¿Entonces por qué la constituyente?  Primero, porque no valoraron la reacción adversa en el sector chavista “auténtico”.  Segundo, porque ellos creen que invitando a la minoría chavista a respaldar una nueva constitución tendrán su apoyo incondicional.  Esta nueva constitución será a una declaración de guerra total contra quienes se les opongan y por esta razón necesitan el respaldo popular que les queda. 

Los castristas en Venezuela y en Cuba han llegado a la conclusión de Raúl Castro: “En Venezuela se libra hoy la batalla decisiva…” y por eso están dando los pasos para aniquilar a la oposición aunque tengan que asesinar a miles de personas en las calles y ciudades de Venezuela.  Ese será su error final y fatal. 

Huber Matos Araluce, junio 16 2017, San José, Costa Rica





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Para el comunismo y para el capitalismo el fin justifica los medios


Cuando se trata de ganancias al capitalismo no le importan los atropellos y asesinatos que cometa una dictadura y si las utilidades son buenas no tiene ningún escrúpulo en asociarse.  En otras palabras tanto para el comunismo como para el capitalismo el fin justifica los medios. Hay sus excepciones, pero eso son: exactamente excepciones. Esperemos que ese capitalismo inhumano que predomina hoy se transforme para el bien de la humanidad.  Lo que está pasando en Cuba y Venezuela nos brinda una oportunidad.

Resulta que Goldman Sachs, una de la empresa de inversiones más grandes de los Estados Unidos, acaba de comprarle bonos a la narco dictadura venezolana por $865 millones de dólares. Esto es un respiro que le permitirá a ese régimen en crisis tener más recursos para reprimir a los venezolanos que se juegan la vida día a día en la calles luchando por la democracia.  

El negocio de Goldman Sachs está en que comprando esos bonos a un 31% de su valor nominal, podrá exigirle a un futuro gobierno democrático de Venezuela el 100% de lo que dice la dictadura que valen, o sea $2800 millones de dólares. Esto es un robo premeditado al pueblo venezolano. Como estos compromisos se hacen con el estado venezolano y no con la dictadura, el próximo gobierno de Venezuela tendrá que honrarlo o arriesgarse a que nadie en la comunidad financiera internacional le preste un centavo, así de sencillo.

Algo parecido viene sucediendo en Cuba. El castrismo, que está bordeando el abismo desde hace rato, como aceptó públicamente Raúl Casto en diciembre de 2010, decidió que su salvación estaba en abrirle las puertas al capitalismo.  Por esta razón llevan años asociándose con empresas transnacionales para explotar los mejores negocios de Cuba, que también implica explotar a los trabajadores y a los campesinos cubanos quienes viven en la miseria o muy cerca de ella.

Los capitalistas demagógicamente argumentan que el desarrollo económico lleva directo a la libertad, lo contrario es la verdad.  La historia lo ha demostrado, son las naciones con seguridad jurídica y libertad las que han progresado siempre. La Rusia y la China capitalista de nuestros tiempos son tenebrosas dictaduras que asesinan periodistas y opositores, y donde se violan los derechos humanos en forma sistemática. 

A fin de cuentas, para los capitalistas como Goldman Sachs, Venezuela es una oportunidad porque un futuro gobierno democrático tendrá que pagar lo que hoy compra a la narco dictadura a precio de oferta y para los capitalistas que invierten en Cuba, la Isla es el lugar donde conviene invertir a precio de oferta también, sus negocios rinden ganancias ahora y mañana creen que tendrán en sus manos la economía del país. Este esquema en que el fin justifica los medios para bandoleros de un lado y del otro tiene que acabar.  ¿Por qué no empezar en Venezuela y en Cuba? Hay que castigar a los cómplices. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, mayo 30, 2017. 
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Venezuela será la Siria de América



Maduro lanzó el Ejército a las calles dejando claro que no está dispuesto a entregar el poder

Por Jaime Gutiérrez Góngora

Al referirse a la actual crisis en Venezuela, muchos politólogos y analistas alertan sobre una próxima “implosión” o “radicalización” de la situación en ese país. Prefieren no afrontar la realidad. Venezuela ya es un país fracasado. Fue liquidado por el socialismo del siglo XXI y el petróleo –las dos cosas– de la misma forma como la dictadura del proletariado y el petróleo liquidaron a la Unión Soviética.

La mediación internacional es un noble pero ya inútil intento de evitar un cruento desenlace de lo que es el inicio de una guerra civil. La esperanza de que el gran triunfo de la oposición contra Maduro en las pasadas elecciones parlamentarias podría milagrosamente lograr que él y su pacotilla abandonaran el control del Ejecutivo por medio de un referendo revocatorio, probó ser una vana ilusión.
Don Nicolás respondió radicalizando el proceso con el uso de la fuerza. Embaucó al Ejército y lo lanzó a las calles a cometer un acto totalitario, destapando así –por fin– la mentira de que en Venezuela existe un régimen democrático.

Mostró sus cartas a su pueblo y ante el mundo. Evitar un conflicto armado solo depende ahora de que el pueblo venezolano dócilmente acepte la largamente temida dictadura. Pero es improbable que este sea el resultado.

Desesperación. Venezuela ya está cerca de una hambruna. La clase media se ha proletarizado. Turbas detienen y asaltan camiones de basura porque tienen hambre (CNN 26/5/16). El sistema de salud se derrumbó. Los pacientes hospitalizados son humillados, vestidos con harapos y con colchones en el suelo.

Los familiares se ven obligados a salir a la calle a comprar jeringas, agujas, jabón y las más indispensables medicinas. Su pueblo vive humillado y los pueblos no toleran mansamente la humillación. Al hambre y a la carencia de acceso a la atención médica se le ha agregado, ahora, la represión del gobierno.

Lo que hace probable una guerra civil en Venezuela es que su Ejército no está unido como para pensar que un típico “golpe de Estado” pudiera resolver el problema a corto plazo.

Hay en Venezuela dos fuerzas armadas: una de estas es el grupo poderoso pero minoritario conocido como los narcogenerales. El otro ejército consiste en un grupo mayoritario de oficiales de bajo rango. Estos resienten el control que ejerce el chavismo sobre las fuerzas armadas. Resienten también el favoritismo hacia los oficiales prochavistas y, sobre todo, el control de las fuerzas armadas por los cubanos. A este otro ejército solo le falta un líder para sublevarse.

Chávez creó pandillas paramilitares de apoyo para su gobierno y las armó hasta los dientes con armas pesadas. La Colectiva Alexis Vive, uno de estos grupos, prospera y crece en los tugurios de las laderas en el occidente de Caracas.
Chávez armó, también, lo que llamó una “reserva civil”. Además, repartió armas pesadas a quienes llamó “partisanos” (personas sin entrenamiento militar) para aplastar posibles sublevaciones dentro del Ejército. Uno de estos grupos es el Frente Francisco de Miranda, que cuenta con una gran capacidad bélica.

Violencia galopante. Venezuela es ya uno de los países más violentos del mundo. En Irak, un país con la misma población que Venezuela, hubo 4.644 muertes de civiles por asesinatos en el 2009 mientras que en Venezuela el número de asesinatos llegó a más de 16.000 en el mismo año.
Tienen armas los dos ejércitos, las pandillas paramilitares, la “reserva civil”, los “partisanos” y los narcotraficantes. Todos con un poderoso interés en preservar su jugoso statu quo. Solo los patriotas y los exiliados –un grupo multitudinario– están desarmados.

Con un pueblo hambriento, humillado, carente de medicinas y servicios médicos y ahora con el gobierno reprimiendo con violencia protestas pacíficas, todo lo que falta es la chispa que desate la guerra civil que siempre se hace crónica.

Colombia, su vecino, es un ejemplo del peligro que representa para un país la cronicidad de un conflicto armado.

Es también inevitable que después de desatada la violencia, Venezuela se vea involucrada en un conflicto regional. Chávez hizo un sonado viaje a Rusia y China para comprar grandes cantidades de armamento. Esto obligó a sus principales vecinos, Brasil y Colombia, a lanzarse a una carrera armamentista.

Brasil adquirió armas de Francia por $15.000 millones. El ministro de defensa brasileño, Nelson Jobim, calificó esa extraordinaria compra como de “importancia vital” para la seguridad de su país, siendo Venezuela su único peligro. Y en abril del 2010, Brasil firmó un acuerdo de cooperación militar con Estados Unidos a solo cinco meses de que Colombia suscribiera otro igual con Washington.

La chispa. De la misma forma se inició la guerra civil en Siria. Paso a paso. El 15 de marzo del 2011 se iniciaron protestas pacíficas en Siria que exigían la caída del régimen represivo de Bashar al Asad. Para el Viernes Santo la oposición logró una movilización de su pueblo sin precedentes. Las fuerzas de seguridad de Asad abrieron fuego para dispersar a la multitud. Fue la jornada más sangrienta de la historia de ese país. Fue la chispa que desató la guerra.

En el próximo paso hacia la debacle, soldados sunitas se revelaron contra sus superiores alawitas. Los chiitas libaneses se lanzaron a defender el régimen. Luego Irán hizo lo mismo y finalmente Rusia se lanzó a apoyar a Asad. Al Qaeda y el Frente al Nusra por su parte atacaron a Bashar. De estos grupos salió el Estado Islámico, que hoy día amenaza a Asad, a Oriente Medio y a la civilización occidental.
Una progresiva radicalización del conflicto en Siria terminó en una hecatombe. La de Siria ya es una guerra regional en la cual están involucrados Líbano, Irak, Irán, Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos.

Para el 2014, uno de cada 20 sirios había sido asesinado o herido durante la guerra; uno de cada cinco era refugiado, y la esperanza de vida en Siria ha bajado 20 años desde que comenzó el conflicto.

En Venezuela, ya Maduro lanzó su Ejército a las calles dejando claro que está dispuesto a usar la fuerza para cumplir con la promesa de Chávez de entregar cualquier cosa menos el poder.

El Dr. Jaime Gutiérrez Góngora es un medico costarricense. Articulo publicado en La Nación, Costa Rica
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Obama en Venezuela: castigando a los monos y no al dueño del circo


El gobierno de los Estados Unidos acaba de anunciar penalidades contra siete funcionarios del gobierno venezolano por su participación en las violaciones a los derechos humanos.  Son buenas y malas noticias al mismo tiempo. Estos individuos seguramente son responsables de los atropellos que se les imputan, pero: ¿por qué no castigar al dueño del circo?  

Ellos y cientos o miles de represores más obedecen órdenes superiores. Las de un pequeño grupo de venezolanos que bajo la guía, el apoyo y la vigilancia de la dictadura castrista mueven los hilos de una estrategia dirigida a consolidar un régimen dictatorial en Venezuela. 

La función de Nicolás Maduro es administrar el protectorado castrista en que se ha convertido Venezuela.  Si alguien todavía tiene dudas de esta realidad podría poner atención a las declaraciones de Miguel Henrique Otero, presidente/director del diario venezolano El Nacional, quien en una reciente participación en la reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa en Panamá dijo que:

 “Venezuela se convirtió en un “protectorado de Cuba, sin haber perdido una guerra, un protectorado voluntario, un país donde toda su área estratégica está controlada por los cubanos…En esta etapa, el aparato productivo nacional ha sido sistemáticamente desmantelado, para convertir a Venezuela en un país importador. Cuba ha tenido la prioridad de la exportación para obtener divisas preferenciales, convirtiendo a la isla en un triangulador de importaciones”.

“La principal causa del desabastecimiento en el país se debe a la expropiación de las empresas privadas, que pasaron a manos de cubanos. El sector eléctrico también colapsó debido a la asesoría castrista… Igual esquema se aplicó en la administración de puertos y aeropuertos, así como al Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería, Saime, que lleva un registro detallado de la cantidad de habitantes, así como empresas públicas y privadas, por parte de la Universidad de Ciencias Informáticas de La Habana. Todo esto sumado a los beneficios de la diplomacia internacional de Venezuela en favor de Cuba”.

“A Venezuela, mantener a Cuba le ha costado 100 mil barriles diarios de petróleo, de lo cual revendían una parte. Es decir, en subsidios, Cuba ha recibido cercano a los 50 mil millones de dólares, lo que representa el triple de lo que le aportó la desintegrada Unión Soviética a la isla en todos sus años de relación”.

Antes que Miguel Henrique Otero otros venezolanos han denunciado que Venezuela está en manos del castrismo y sus aliados chavistas.  El general Antonio Rivero declaró que de los cien mil cubanos que hay en su país, 20.000 están allí para evitar una revuelta militar contra Maduro.  Y El Nuevo Herald informó sobre la estrecha relación de oficiales cubanos y los grupos paramilitares conocidos como “colectivos” que fueron los responsables de los asesinatos de más de 43 manifestantes el pasado año.

Los gobiernos de Latinoamérica no hablan sobre el secuestro de la democracia en Venezuela ni tampoco de la violencia desatada contra la oposición democrática en ese país.  Después de todo Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo y los políticos de la región son calculadores.  Pero es inexplicable que Washington denuncie la situación en Venezuela en los términos que lo hace y calle sobre la responsabilidad del castrismo en la destrucción de la democracia venezolana.  

¿Qué puede ganar el presidente Obama castigando a los monos y no al dueño del circo? ¿Cómo puede declarar que Venezuela es un problema de seguridad nacional para los Estados Unidos sin denunciar que esta amenaza es el resultado de la conspiración castro chavista?  

Raúl Castro acaba de hacer declaraciones de apoyo incondicional a Nicolás Maduro y lanzó ataques furibundos contra los Estados Unidos.   Su hija Mariela gritó en una plaza pública en Caracas: “¡Cuba y Venezuela, una sola bandera” y “¡Viva Maduro, carajo, viva la Revolución Bolivariana, viva la libertad de los pueblos!  Más claro ni el agua.

Si Cuba y Venezuela tienen una sola bandera y si Venezuela es un problema de seguridad nacional para los Estados Unidos cúal es sofisma por medio del cual se puede concluir que el castrismo que usa a Venezuela para replicarse en el continente no lo es también.

Por Huber Matos Araluce


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Venezuela, The New York Times y Cuba



El  24 de febrero el New York Times ha publicado un editorial sobre Venezuela que me han dejado pasmado por tres razones.  Primero argumenta que la comunidad internacional ha sido solidaria con los demócratas venezolanos; segundo responsabiliza a la oposición venezolana de no haber sido más efectiva en su lucha y tercero, ignora la participación castrista contra la democracia en Venezuela. 

Refiriéndose  al respaldo internacional con que cuentan los demócratas venezolanos el editorial de este periódico dice:

   “…si la comunidad internacional continúa defendiendo su causa e insisten en que se lleve a cabo una elecciones  justas, podría ser posible”.  

Nada más fuera de la realidad porque si algo caracteriza el problema venezolano es la total ausencia de solidaridad de la comunidad internacional contra los atropellos que se vienen cometiendo contra la institucionalidad democrática en Venezuela.  

El editorial menciona el número de alcaldes opositores que están sujetos a acusaciones de parte del gobierno y cita unas declaraciones del Presidente Juan Manuel Santos de Colombia en que expresa preocupación por lo que está sucediendo en Venezuela y pide que se respeten los principios democráticos.  Pudo haber citado, pero no lo hizo, declaraciones igualmente diplomáticas y nada comprometedoras de Brasil y de Chile, así como las del Secretario General de OEA, que se ha visto obligado a decir algo porque su largo silencio sobre el tema es demasiado comprometedor. 

La realidad es que mayoría de los gobiernos de Latinoamérica, aun antes el violento e injusto encarcelamiento de Antonio Ledezma, el alcalde de Caracas, han guardado silencio o distancia.  En Costa Rica ni la Asamblea Legislativa pudo pasar una resolución pidiéndole al gobierno que le brindara asilo a Ledesma. 

El editorialista del New York Times debía haber leído  -o lo leyó y no le hizo caso-  el artículo de Andrés Oppenheimer publicado hace tres días en el Nuevo Herald, antes de que se escribiera el mencionado editorial: El silencio regional ante la situación de Venezuela,  donde Oppenheimer, un periodista experto en Latinoamérica, claramente define la situación:

“A juzgar por la débil reacción de las instituciones regionales como la OEA y la UNASUR ante el arresto arbitrario del alcalde metropolitano de Caracas Antonio Ledezma y otros líderes de la oposición en Venezuela, es difícil no llegar a la conclusión de que estas organizaciones se han convertido en sociedades de protección mutua para regímenes represivos... En lugar de exigir de la liberación inmediata de Ledezma, al igual que la del líder opositor Leopoldo López y otros prisioneros políticos a los que las Naciones Unidas consideran fueron objeto de “arrestos arbitrarios”, las principales organizaciones regionales y casi todos los presidentes latinoamericanos brillaron por su ausencia”.

Un segundo aspecto de este editorial es que culpa a la división de la oposición venezolana por no haber podido enfrentar con más efectividad a Hugo Chávez ni a Nicolás Maduro.  Dice así:

“Mientras el señor Maduro dice que él está tomando acción contra un golpe de estado potencial, el hecho es que la oposición esta pobremente organizada y que no ha podido movilizarse contra el señor Maduro ni su predecesor, el líder populista Hugo Chávez”.

Es injusto desconocer que con toda la maquinaria del régimen chavista y un mínimo de medios de comunicación, la oposición logró en las pasadas elecciones presidenciales casi sobrepasar el candidato Maduro.  Las tendencias que aparecieron después de ese fraude –porque no fueron elecciones en igualdad de condiciones- son completamente normales antes la falta de apoyo internacional y la maquinaria represiva chavista.

Tercero, el editorial desconoce, más bien ignora,  la grave, importante y decisiva intervención del régimen castrista en Venezuela en el campo de la represión contra la oposición, la censura de prensa y el control sobre las Fuerza Armadas venezolanas, sus servicios de inteligencia y otras áreas de importancia clave del estado Venezolano.

Este editorial deja a cualquiera pasmado, atónito, estupefacto.

Por Huber Matos Araluce

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“AHORA SÍ GANAMOS LA GUERRA”: HACIA LA CONSOLIDACIÓN DE LAS TIRANÍAS EN CUBA Y EN VENEZUELA


Quisiera dentro de un tiempo, ojalá no muy lejano, que lo que escribo aquí sea un verdadero disparate. Nada desearía más.

Lo veo claramente, Obama no va a perder el tiempo ni la simpatía de la izquierda de los Estados Unidos y de Latinoamérica enfrentando al castro-chavismo en Cuba y/o, en Venezuela.

Los cubanos y los venezolanos demócratas no solo hemos perdido un presidente aliado sino que éste se ha convertido en un amigo de nuestros enemigos. Hasta bromas intercambió con Raúl Castro por teléfono.

No nos debía extrañar, él es un hombre tan pragmático que después de anunciar que los terroristas habían degollado al periodista estadounidense James Foley se fue a pasar un buen rato jugando golf el pasado agosto.

Obama ha logrado una gran victoria entre quienes creen que saben lo que está pasando en Cuba y en su ignorancia de la realidad se alegran de esta componenda.

En la Cumbre de las Américas a celebrarse en Panamá el próximo abril habrá dos ovaciones, una para Barack Obama y otra para Raúl Castro.

La Carta Democrática Interamericana de la OEA, aprobada en 2001, es letra muerta. La OEA y casi la totalidad de los gobiernos representados en esta organización se han convertido en sus enterradores.

Los latinoamericanos demócratas y bien intencionados que hoy se alegran del restablecimiento de relaciones entre la democracia norteamericana y la dictadura castrista no se asusten un día si a sus fronteras llega la nueva ola: “la dictadura de partido único en matrimonio con el capitalismo”.

El anuncio del presidente Obama del restablecimiento de relaciones diplomáticas con el gobierno de Raúl Castro y de toda una serie de medidas de orden político, comercial y diplomático que le acompañan, incluyendo el objetivo expresado por el Presidente de que el embargo se levante, me lleva a la conclusión de que Obama está satisfecho con el hecho de que en Cuba se consolide una dictadura al estilo chino o ruso -o algo parecido- siempre y cuando no mortifique mucho a los Estados Unidos.

No es de extrañar que la dictadura castrista ayude a la CIA y al FBI a darle seguimiento a los elementos terroristas islámicos que están infiltrados en Latinoamérica.

Es pura retórica la argumentación de que el embargo no ha podido lograr un cambio en Cuba y que esta nueva política avanzará la causa de los cubanos demócratas porque el gobierno de los Estados Unidos tendrá más influencia con el régimen cubano.

¿Ha tenido Obama más influencia con Putin después que lo trató como un líder civilizado?  La influencia de Obama entre los dirigentes del mundo está por el suelo. La pequeña Lituania está entrenando por su cuenta, una fuerza para repeler una invasión rusa, antes de que llegue otra pequeña fuerza móvil que la OTAN dice que estará lista dentro de dos años.

Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía, por meses se negó a hablar por teléfono con Obama.  Abdalá II de Jordania admitió a Charlie Rose en su programa de entrevistas televisivas que mucha de la violencia que aterroriza el Medio Oriente se pudo haber evitado si los Estados Unidos hubieran tomado a tiempo las medidas que él recomendó. No fue el único que las planteó.

Los cambios en Cuba

Quienes en el mundo piensen, repitan y escriban al compás del todavía fresco entusiasmo porque creen que ahora se abre la verdadera posibilidad de cambios en Cuba están un poco atrasados.

Los cambios en Cuba empezaron hace un montón de años cuando Fidel Castro -no fue Raúl- decidió que no se podría desarrollar la industria turística en Cuba si no era en sociedad con las cadenas hoteleras españolas.

Otros sectores fueron puestos en subasta -por ejemplo la minería- mucho antes que Raúl Castro heredara el poder.

Mientras tanto, las corporaciones manejadas por militares en Cuba acaparaban todo tipo de empresa.

Este cambio hacia el capitalismo obedecía a una decisión: la única manera en que el castrismo se mantendría en el poder era si el capitalismo lo sostenía. Eso lo inventaron en China, en Vietnam y en Rusia hace mucho tiempo.

En Cuba seguirán llevándose a cabo cambios cosméticos para engañar, pero el poder y las libertades fundamentales se quedan dónde están.

Hace más de 20 años que mi padre regresó de una reunión con un alto oficial en el Pentágono. No habían discutido nada especial, el militar quería conocerlo, o quería aprovechar la ocasión para decirle que habían recibido la visita de una representación militar de Cuba de alto nivel.

La comitiva había llegado con una propuesta:

Nosotros en Cuba estamos convencidos de que el régimen no es viable a largo plazo y necesitamos 20 años para el cambio y estamos preparando gente joven para esa transición.

La respuesta de los oficiales del Pentágono fue explicarles que ellos no podían decidir el asunto y que debían tratarlo con el Departamento de Estado.

Así que esto de los cambios no es nada nuevo, hechos a su  manera, no hacia la democracia.

Son cambios para quedarse en el poder, dar un poco de Internet como en China y en Rusia y dar libertades mientras éstas no representen un peligro para la clase dominante.

Asesinar y encarcelar opositores en lugar de fusilarlos y compartir con el capitalismo la explotación de un pueblo privado de libertad y de derechos. ¿Se les parece a China o a Rusia?

Otro argumento absurdo, que ahora se repite, es que ha sido el colapso de la economía venezolana y la posibilidad de que Cuba perdiera la subvención de ese país, lo que ha obligado a la dictadura en Cuba a llegar a un acuerdo con Obama. No lo creo.

La decisión de un acuerdo con los Estados Unidos obedece al reconocimiento de que aún con la subvención venezolana el castrismo no podía atraer capitales a Cuba porque sin el mercado de los Estados Unidos y el visto bueno de Washington quien invirtiera en la Isla estaba corriendo un riesgo muy grande.

Raúl viene pidiendo este arreglo desde que heredó el poder de su hermano.

Según Obama las conversaciones secretas comenzaron hace 18 meses, pero hace tan solo un año, en el funeral de Nelson Mandela, vimos las fotos casi lastimosas de un Raúl Castro suplicándole a Obama.

Obama por lo visto no había cedido a las peticiones del régimen castrista en ese momento. Hace 18 meses los precios del petróleo estaban muy buenos, no había crisis en Venezuela, donde se robaban los dólares a manos llenas.

Fue la gravedad de Hugo Chávez y su muerte lo que decidió finalmente a La Habana a empezar el juego de las negociaciones con los Estados Unidos, con el propósito de un acomodo que les garantizara el poder en Cuba.

En ese tiempo los precios del petróleo eran muy altos y nadie imaginaba el escenario actual.

Lo que realmente le preocupaba al castrismo era que Nicolás Maduro, su hombre en Caracas, no pudiera mantener el control. Les preocupaba que Estados Unidos aprovechara la oportunidad.  No tenían por qué preocuparse.

También les preocupaba que unos cuantos miles de venezolanos se tiraran a la calle a desafiar el régimen. No sabían lo que podía suceder y temían que alguien en el mundo los apoyara.

Tampoco tenían por qué preocuparse en La Habana, ya que la experiencia demostró que nadie apoyó con fuerza a los jóvenes venezolanos, entre ellos Obama. No se pasó de la retórica. Los gobiernos de Latinoamérica callaron, y con raras excepciones dijeron algo en voz baja.

La dictadura estaba consciente del desastre que se le avecinaba, mucho antes que esta reciente crisis del petróleo.

En diciembre de 2010 Raúl Castro reconoció públicamente:

“O rectificamos o ya se acaba el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos, y hundiremos (...) el esfuerzo de generaciones enteras”.

Fue Obama el que no quería llegar a un acuerdo porque le perjudicaría políticamente en los Estados Unidos.

Esperó hasta perder el control del Congreso para hacer lo que Carlos Alberto Montaner ha descrito como algo “que le pedía el cuerpo”.

Obama no es una mala persona, cree que sabe mucho, pero no sabe tanto. Es un incauto y un pusilánime.

No lo digo yo, es la opinión de muchos expertos en los Estados Unidos, entre ellos la de varios de sus Secretarios de Estado, Defensa, y directores de la CIA.

Desconoció los consejos de su ex Secretaria de Estado, y sus dos ex Secretarios de Defensa sobre la necesidad de tener una política diferente en Siria. Y ya han muerto 200,000 seres humanos en ese país, y la cuenta sigue aumentando.

Antes de eso había ignorado el planteamiento estratégico propuesto por Richard Hoolbroke, su embajador especial para Afganistán y Pakistán, el diplomático con más experiencia en el área, que además contaba con todo el apoyo de Hillary Clinton.

Se burló incluso del potencial terrorista de ISIS cuando este grupo empezaba su guerra asesina y miren lo que ha pasado.

Pero no solo se burló de este incipiente grupo terrorista, sino que ignoró las recomendaciones de la Secretaria del Estado Hillary Clinton, del Director de la CIA David Petreaus y del General Martin Dempsey, Jefe del Estado Mayor.

Confió en Vladimir Putin como el que trata como un socio razonable, y le prometió que en su segundo mandato sería más flexible.

Putin, que es un mafioso, se dio cuenta que podía hacer lo que le diera en gana, porque no enfrentaba a un Ronald Reagan, y ahí tienen, muertos y heridos, la anexión de Crimea, y quien sabe cuántas sorpresas terribles más le esperan a Occidente.

Por muchas razones en estos momentos el 67% de la población estadounidense piensa que su país va por mal camino.

El secreto y la mentira

Obama ha aprovechado este diciembre para decir la verdad que ocultaba con mentiras.

Porque hasta ahora había reiterado una y otra vez en público que no habría un arreglo con el régimen castrista hasta que el país se encaminara al respeto de los derechos humanos.

Tampoco nos debe extrañar el uso de la mentira.

A los norteamericanos Obama les prometió, y repitió una y otra vez, que con su plan de servicios de salud -Obamacare- cada persona tendría el derecho a quedarse con el seguro que tenía y con el médico que lo trataba. Resultó lo contrario, y eso lo resiente la mayoría del pueblo americano.

Venezuela y el chavismo

El último alegrón de burro de quienes hoy aplauden la reconciliación de Obama con Raúl Castro es que creen que Raúl Castro ha desconocido a Nicolás Maduro y que el autócrata venezolano ha quedado en el ridículo con su retórica anti-norteamericana.

No amigos, Venezuela es el país con las reservas de petróleo más grandes del mundo y ni los chavistas, ni mucho menos Raúl Castro y la mafia castrista que controla a Venezuela, van a abandonar ese tesoro.

El castro-chavismo es un reptil de varias cabezas. No van a perder el petróleo venezolano; lo van a mantener a sangre y fuego y lo harán contra el pueblo y contra quien en los Estados Unidos o en cualquier parte pretenda ayudar a los venezolanos a recuperar su democracia.

Habrá primero miles de muertos en las calles de Venezuela antes de que Raúl Castro y sus cómplices pierdan el control de esas reservas prodigiosas.

El triunfo castro-chavista ha sido magistral. En los dos años que le quedan a Obama en la Casa Blanca van a tratar de destruir a la oposición democrática venezolana como sea.

No tienen que apurarse tanto, porque los republicanos, aunque controlan el Congreso, se comportarán con mucha cautela si quieren ganar la presidencia en 2016.

Obama podrá firmar sanciones simbólicas contra este y aquel chavista, eso no tiene mucha importancia.

Las muestras están a la vista: los estudiantes asesinados y los estudiantes detenidos, la prisión de Leopoldo López, y las acusaciones contra María Corina Machado. Están triturando a la oposición y el mundo calla, y cuando algunos hablan, de palabras no pasan.

Ahora las castro-chavistas tienen luz verde en Venezuela, porque del Presidente de Estados Unidos lo único que escuchará la oposición venezolana serán palabras bonitas.

No importa que el precio del petróleo esté a $60 o baje a $40 dólares el barril.  Comerán menos los venezolanos, aprenderán a no comer, como los cubanos, y no pasará nada, porque la represión se encargará de ellos, y se morirá el que se tenga que morir.

El petróleo y el dinero que necesite el castrismo seguirá llegando a Cuba desde Venezuela, para sostener la maltrecha economía de la Isla mientras los capitalistas extranjeros montan negocios y el turismo estadounidense contribuye con algunos miles de millones de dólares.

Raúl Castro acaba de ser muy claro al respecto aclarando que seguirán

“brindando apoyo frente a los intentos de desestabilizar al Gobierno de Maduro”.

Conclusiones

Acaba de anunciarse ese arreglo entre “Los Estados Unidos y Cuba”, que según los optimistas abre el camino a la democracia en la Isla.

Parece que Raúl Castro no piensa lo mismo. No se ha secado la tinta del convenio, si es que algo se firmó, cuando el General ha dicho:

“Ahora sí ganamos la guerra”.

Es lógico que se sienta eufórico, porque en Cuba y en Venezuela se sienten con luz verde para consolidar a una dictadura de partido único con una economía mixta.

Empresas estatales controladas directamente por el dictador, y la otra parte de las riquezas del país repartidas entre la nueva oligarquía y los capitalistas extranjeros obedientes de las reglas del régimen.

Habrá más cuentapropistas, que entonces serán llamados pequeños empresarios, porque al Estado no le interesará seguir manejando miles de restaurantes y otras pequeñas empresas que le han dado pérdidas por años. Pero todo el mundo tendrá que portarse bien.

Que nadie se equivoque con el cambio que espera, porque Raúl Castro acaba de decir que:

 “…de la misma forma que nunca nos hemos propuesto que los Estados Unidos cambien su sistema político, exigiremos respeto al nuestro”.

Tres días después del firmado el acuerdo, un bote con 29 cubanos, -entre ellos mujeres y niños que huían de la Isla, fue hundido por unidades del régimen a 22 millas de las costas de Matanzas. Y el campesino dirigente del CID en Velasco, Manuel León Martínez, fue amenazado de muerte por un esbirro de la tiranía.

Todo parece viento en popa y a toda vela para el castro-chavismo, pero quizás la providencia, las circunstancias cambiantes, el amor por la libertad de cubanos y venezolanos, lograrán que el triunfalismo de la tiranía castrista y su satélite venezolano naufrague en el intento.

Tenemos que luchar para que la libertad y la democracia triunfen en Cuba y en Venezuela.

Es un reto en que no solo está en juego la libertad de ambos pueblos; en esta guerra que Raúl Castro cree haber ganado se decidirá el futuro de la democracia en América Latina.

Cuando esto suceda, el silencio y la complicidad con que se apoya a estas tiranías serán nada más que otro capítulo cobarde y sucio en la historia de América.

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Huber Matos Araluce acusa a Obama de 'vender' a la oposición cubana a cambio de 'popularidad'


El dirigente de la organización opositora Cuba Independiente y Democrática (CID) Huber Matos Araluce afirmó el viernes que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en un esfuerzo por recuperar popularidad, vendió a la oposición interna en Cuba, informó la agencia Notimex.

La negociación Estados Unidos-Cuba, llevada a cabo durante un año y medio, en ese sentido constituye un error del mandatario estadounidense en materia de política exterior e implicó mentir a la oposición interna cubana, dijo Matos.

Obama no solamente fortaleció al Gobierno cubano sino que hizo lo mismo con el de Venezuela, aliado de la Isla, aseguró Matos Araluce.

"Nos ha vendido por popularidad", denunció Matos, hijo del comandante revolucionario y posterior disidente Huber Matos, que falleció este año y fue fundador de CID.

"Barack Obama lo hizo porque su nivel de popularidad en Estados Unidos es un desastre y porque su nivel de confianza en el mundo es un desastre", aseguró.

"El paso de Obama no ha sido correspondido con un mínimo de garantías del Gobierno de la Isla, en cuanto al camino a la democracia y al respeto a los derechos humanos", señaló Matos.

"El The New York Times, hace una semana, le indicó y le aconsejó que, si llegaba a un acuerdo con Cuba, eso iba a ser un triunfo internacional", agregó el empresario radicado en Costa Rica.

"Lo ha sido, porque toda la izquierda de América Latina lo apoya, porque toda la izquierda americana lo apoya también. Eso es demagogia", indicó.

Matos señaló: "Creo que el presidente Obama ha cometido un error más, en el campo de la política exterior. En el caso cubano, Obama lleva varios años diciendo públicamente que no va a llegarse a un arreglo con el régimen de La Habana, a menos que haya, y se den pasos hacia el respeto a los derechos humanos, en Cuba”.

"Entonces, de un momento a otro, dice que lleva negociando 18 meses, y que ha llegado a este acuerdo, sin mencionar ninguna garantía de posibilidad de democratización del pueblo cubano".

"Lo que ha dicho es de que, con un acercamiento, Estados Unidos va a influenciar en los eventos en Cuba", aunque "no ha podido influenciar en los eventos" en otros países, dijo el dirigente opositor.

"Es decir: es un hombre que, en el campo internacional, ha demostrado que no tiene experiencia, que no sabe tomar decisiones", aseguró.

En cuanto a la repercusión en Cuba, Matos dijo que "en la Isla, la información que yo tengo es que la oposición se siente defraudada por lo que ha sucedido".

"Porque la oposición, en forma sistemática, en forma respetuosa, y reiterada, le ha estado pidiendo a Obama, que no afloje, porque el régimen está en una situación difícil y va a hacer concesiones a la oposición tarde o temprano".

"Aquí, lo importante es que el régimen hiciera concesiones a la oposición, no al Gobierno de Estados Unidos", enfatizó. "Y hay un punto importante: ya los cubanos estamos cansados de que nos digan cómo tenemos que hacer las cosas".

Dijo que "cualquier presidente latinoamericano, cualquier analista de una universidad, te dice cómo, los cubanos, tenemos que resolver el problema, como si fuéramos un pueblo prehistórico, o si fuéramos 11 millones de individuos que tenemos problemas mentales".

"Los cubanos, sabemos cómo tenemos que resolver el problema, y, si hemos demorado 50 años en resolverlo, eso se debe a una serie de consideraciones que hay que analizar", reflexionó.

Añadió que el pueblo cubano "quiere una democracia, quiere un Estado de Derecho, quiere una Constitución, quiere poder trabajar, y quiere tener libertad, quiere vivir en una democracia", explicó.

"Los jóvenes cubanos saben lo que quieren y saben lo que no quieren: que no los sigan explotando con un sueldo de 17 dólares al mes, algo que saben los cubanos de adentro, y lo sabemos lo cubanos de afuera, y sabemos cómo resolverlo", agregó.

"Obama debería resolver los problemas que tiene en Estados Unidos, antes de meterse en las cosas de Cuba, a espaldas de la oposición, y en contra de la oposición cubana", sugirió.

En ese sentido, Matos indicó que Estados Unidos "se cree que por su poder puede negociar lo que crea, sobre cualquier país, pero tiene que entender que los países tienen derecho a resolver sus problemas".

Aclaró que "los cubanos sí necesitamos solidaridad de los demócratas, de los gobiernos demócratas, de los pueblos que viven una democracia, pero la solidaridad es un cosa y la intromisión es otra".

En opinión de Matos, "hay algo, todavía más grave que todo esto", ya que "yo creo que, lo que ha sucedido, entre Barack Obama y Raúl Castro, consolida al chavismo, en Venezuela. Raúl Castro no está abandonando a Nicolás Maduro, lo acaba de declarar".

Las autoridades cubanas "no van a abandonar a Venezuela, por la sencilla razón de que Venezuela tiene las riquezas petroleras más grandes del mundo, y el gobierno de Raúl Castro, ni los chavistas, van a soltar eso".

A su vez, dijo que en las calles de Venezuela se va a insistir en la represión, en la forma que sea, "los chavistas no dejan el poder aunque el petróleo baje a 30 dólares o a 20 dólares", vaticinó.

En tal contexto, "los venezolanos van a dejar de comer, tendrán que aprender a comer como se come en Cuba, muy mal", indicó

Diario de Cuba 

Patria, Pueblo y Libertad
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Cuba y Corea del Norte: el cuentapropismo y la transición democrática


El tema de cómo ayudar a la democratización de Cuba ha estado dominado por el simplismo, la política y los intereses.  Con poca frecuencia se plantea el asunto con objetividad. 

¿Qué deben hacer Europa y los Estados Unidos para propiciar una democracia en Cuba?

La respuesta es parte de un debate permanente donde parece que ni empresarios, ni periodistas, ni  algunos políticos europeos y otros estadounidenses tienen que probar o demostrar nada.  

La mayoría proponen lo que les parece o conviene plantear, sin tener en cuenta la experiencia histórica ni los hechos. 

Por ejemplo, lo primero que ignoran o tergiversan es el impacto que han tenido en Cuba políticas opuestas: La de los Estados Unidos versus la de  Europa y el resto del planeta. 

Mientras los Estados Unidos mantuvieron un embargo comercial a la Isla, prohibiendo originalmente a las empresas norteamericanos comerciar con Cuba, todas las democracias industrializadas del mundo tomaron la posición completamente contraria.  

Desde Canadá hasta Japón, incluyendo  Europa, por más de medio siglo le dieron préstamos y crédito al gobierno de Cuba.   Le han vendido y le han comprado todo lo que se ha podido comerciar, además de proporcionarle asistencia y ayudas gratuitas. 

El embargo estadounidense no ha impedido que Cuba exporte sus principales productos: azúcar, tabaco, níquel y servicios médicos a quien los ha querido pagar en el mundo, excluyendo a los Estados Unidos. 

Ni mucho menos ese embargo ha evitado que millones de canadienses, latinoamericanos, europeos y ciudadanos de otros países hayan viajado como turistas a Cuba.  

El fracaso económico del castrismo se debe a la economía socialista, fracaso que han experimentado todos los gobiernos que impusieron ese modelo.  

El ejemplo más reciente es el de Venezuela y su “socialismo del siglo 21”.  El  gobierno chavista,  anti yanqui y anti imperialista  tiene a los Estados Unidos como uno de sus más importantes socios comerciales. 

A pesar de esto, Venezuela, con uno de las reservas energéticas más grandes del mundo está al borde del precipicio económico.

El embargo de los Estados Unidos

Para quienes señalan que el embargo estadounidense ha fracasado, parten del supuesto que éste tenía que lograr el colapso del castrismo o hacerlo cambiar.  La conclusión es tan falsa como fácil. 

El embargo de los Estados Unidos no tuvo tal propósito y nunca hubiera podido lograrlo porque el gobierno cubano dependía de un generoso subsidio de la Unión Soviética. Además Cuba podía comerciar con casi todo los países del mundo.  

Fue hasta que la URSS se desplomó que comenzó una crisis grave en Cuba que pudo superarse porque Venezuela tomó el papel salvador del bloque  soviético. 

Habría que considerar el impacto del mantenimiento o la suspensión del embargo estadounidense si Venezuela dejara de subvencionar al régimen castrista. 

Aunque sería iluso creer que el fin de esta subvención daría inicio en forma irreversible a una transición democrática en Cuba.

Quienes se oponen al embargo no han tenido en cuenta que el embargo puede haber persuadido  a elementos dentro del gobierno cubano de que la transición democrática es un precio que tendrán que pagar –con o sin los Castro- para normalizar la relación con los Estados Unidos y salvarse ellos mismos del caos y de la justicia del pueblo.

Desde otra perspectiva los anti embargo callan que la política de amistad y de comercio que la Unión Europea hacia el régimen castrista tampoco ha logrado un cambio de sistema en Cuba. 

La política del policía malo (Los Estados Unidos) y la del policía bueno (La Unión Europea) merecen estudio porque esta situación ha hecho más fácil la vida a la dictadura en Cuba.

Quizás lo que no funcionó ayer como se pretendió o como se alega, puede estar teniendo resultados ahora o los tendrá en el futuro.

¿Estaría la democracia garantizada?

¿Podría sobrevivir otra dictadura en Cuba?  ¿Una que protegiera los intereses y personajes del castrismo?  

Nada está escrito y nada está fuera de las posibilidades.  Una estrategia de apoyo al pueblo cubano no puede rechazar tal escenario y tampoco como enfrentarlo.  

Lo que no se puede argumentar es que cualquier política hacia Cuba puede por sí sola lograr un cambio. 

Este es el principal error del grupo que propone una mayor flexibilidad  hacia el régimen de la Isla, que eventualmente conduciría a un levantamiento del embargo.

Son varios son los factores que pueden llevar a un que un país sometido a una dictadura se mueva hacia una democracia y que ésta se consolide.

Uno de ellos es la voluntad del régimen en el poder.  En el caso del castrismo ha sido su convencimiento de que es peligroso ceder y el hecho de que siempre ha tenido un padrino que lo financie.

Hasta ahora ha sido el castrismo el que no ha permitido que ni la presión estadounidense ni la amistad y colaboración europea hayan logrado verdadero progreso en el campo del pluralismo político y el respeto a los derechos humanos.  

Tampoco lo hará con cualquier otro planteamiento que lo considere desestabilizador. 

Por eso cuando alguien propone alguna nueva idea sobre cómo los Estados Unido o la Unión Europea deben relacionarse con el régimen castrista, tiene que aceptar que durante medio siglo la dictadura castrista, por decisión propia, ha sido un muro infranqueable.

Si el que propone una nueva política al presidente Obama está convencido de que de la dictadura quiere ir hacia una transición democrática, tiene la obligación de demostrarlo y no tomar por cierto lo que puede ser una cuestión puramente táctica. 

Ante crisis severas hay dictaduras que han cedido mientras otras se han radicalizado.  Desde la guerra fría hasta nuestros días los ejemplos no faltan. 

Cuando en el pasado el castrismo se ha encontrado en problemas ha hecho concesiones y luego de superada la crisis ha vuelto a la  rigidez.

A fin de cuentas el  regreso de Cuba a la democracia es nada más que una posibilidad.   La defensa o sugerencia de determinadas medidas lograr un cambio autentico en esa dirección debe considerarse en un contexto del que no pueden estar ausentes las experiencias de otros países.

El cuentapropismo y la empresa privada

¿Conduciría a la democratización de Corea del Norte que los Estados Unidos apoyara una mayor autonomía de los habitantes de ese país?

Eso dependería de que el régimen de Corea del Norte aceptara que sus súbditos tuvieran mayor autonomía. Parece improbable que esto  dependa de lo que hiciera o dejara de hacer los Estados Unidos. 

En todo caso, sin cambios políticos fundamentales en Corea, lo que hoy se pueda permitir, mañana podría convertirse en un delito. Esta ha sido la experiencia en Cuba. 

Sin embargo, uno de los firmantes de la carta a Obama en que le piden mayor flexibilidad hacia “Cuba”, Arturo Valenzuela, ex subsecretario de Estado para Latinoamérica, afirmó en una entrevista al periódico El Mundo que:

“No habrá liberalización en Cuba hasta que el pueblo gane autonomía”.

Está claro que  Corea del Norte como en Cuba, esa autonomía dependerá  de la decisión de cada dictadura, no de la decisión de Barack Obama. 

Usar como ejemplo la existencia de cuentapropistas o de empresas privadas en Cuba para demostrar la certeza o posibilidad de un cambio hacia la democracia es una ilusión, ignorancia  o demagogia.

En Corea del Norte también hay cuentapropistas e inversiones extranjeras y esto no es indicio ni garantía de que el país se esté encaminando hacia la democracia.  

En Corea del Norte: “…La forma más popular de ganar dinero es con pequeñas tiendas o restaurantes, o pequeñas industrias haciendo ropa o zapatos, enseñando en forma privada y brindando servicios médicos privados…” Recientemente hay un creciente número de personas que están involucrándose en el negocio de los transportes registrando ilegalmente vehículos y botes en nombre de compañías o agencias  y apropiándose de las ganancias ya que está prohibido a una persona ser dueño de un vehículo”.

En Corea del Norte hay varias zonas francas en la que se han instalado empresas capitalistas, muchas de ellas de la vecina y enemiga mortal Corea del Sur.  En este sentido Corea del Norte está mucho más avanzada que Cuba. 

Los ilusos no han dejado de hablar y de escribir del proyecto de Mariel en Cuba como la epifanía del “cambio” del capitalismo a la democracia. Pero sin  garantías de orden constitucional e institucional que incluyan el respeto a los derechos humanos no habrá una verdadera democratización.

En conclusión, la presencia de cuentapropistas y de empresarios en una dictadura no es garantía de democracia ni de transición a la democracia.  

China, Rusia, Vietnam, Siria e Irán, entre otros, son países donde se violan sistemáticamente los derechos humanos, sin embargo, en estas naciones hay muchas más libertades y garantías económicas que las que el régimen de Raúl Castro ha planteado y permite en Cuba.

Ninguno de ni esos sistemas están evolucionando hacia el multipartidismo y la democracia verdadera.

El argumento de Arturo Valenzuela de que:

 “No habrá liberalización en Cuba hasta que el pueblo gane autonomía” 

 Es una afirmación muy discutible por otra razón.

Hay países que han pasado de la dictadura a la democracia sin necesidad de tal “autonomía económica” y hay pueblos que con autonomía económica aún viven bajo regímenes tiránicos.

¿Hay cambios en Cuba que garanticen un futuro democrático?

Descartado el factor del cuentapropismo o incluso de la empresa privada como determinante de una transición a la democracia,  tendremos que preguntarnos si el régimen castrista está tomando acciones en esta  dirección para fortalecer su precaria economía y así afianzar la dictadura o para iniciar una transición democrática.

Las acciones y declaraciones del castrismo en este sentido están bien documentadas. 

Mientras para muchos los cambios en Cuba son parte de una estratagema de supervivencia ante la crisis venezolana, otros dan por seguro de que esos cambios son las señales de una nueva era en la que los Estados Unidos no deben perder la oportunidad.

Las dictaduras se resisten al cambio mientras pueden.  Esto depende de una serie de circunstancias  y de factores internos y externos, todos interactuando. 

El deterioro económico actual en Cuba y la debilidad política del régimen son consecuencia de decisiones de la dictadura y de la dependencia que el castrismo siempre ha tenido de la subvención externa.

Lo que hace falta no son propuestas aisladas sino una estrategia que contemple los diferentes escenarios,  porque ni el cuentapropismo, ni la desaparición de Raúl ni de Fidel Castro, ni el fin de la subvención venezolana, ni una mayor flexibilización del gobierno de Obama hacia el régimen en la Isla, necesariamente van a conducir a Cuba hacia la democracia.

El presente y el futuro del pueblo cubano se encuentran en juego y no hay espacio para la demagogia, la superficialidad y el error.

Huber Matos Araluce

Artículo publicado por Cubanalisis

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