¿IRÁN O CUBA? TRUMP ANTE UNA DERROTA ELECTORAL

 


¿IRÁN O CUBA? TRUMP ANTE UNA DERROTA ELECTORAL

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
2 de noviembre de 2026

Donald Trump enfrenta las elecciones legislativas mañana 3 de noviembre. Si los republicanos sufren una derrota importante, el presidente podría encontrarse debilitado ante sus adversarios internos y ante las potencias que desafían la influencia de Estados Unidos.

China, Rusia e Irán observarían cuidadosamente las consecuencias de una derrota republicana. Si interpretaran que Trump ha quedado políticamente arrinconado, podrían considerar que Washington dispone de menos capacidad para sostener sus amenazas y compromisos internacionales.

Un resultado negativo no le quitaría sus facultades presidenciales, pero proyectaría la imagen de un mandatario cuya autoridad política ha sido cuestionada por el electorado. Para Trump, que ha construido buena parte de su imagen alrededor de la fortaleza, la determinación y la capacidad de imponer condiciones, semejante percepción representaría un problema considerable.

La hipótesis que podemos considerar es que Trump no esperaría pasivamente a que sus adversarios explotaran una derrota. Por el contrario, podría intentar cambiar inmediatamente el escenario, con declaraciones o un acontecimiento internacional que desplazaría la atención pública hacia su actuación como comandante en jefe.

No se trataría necesariamente de resolver un conflicto internacional, sino de recuperar la iniciativa política y proyectar una imagen de poder.

Trump tendría aproximadamente dos meses, desde las elecciones del 3 de noviembre hasta la instalación del nuevo Congreso el 3 de enero de 2027, para actuar mientras continúa funcionando el Congreso saliente. Ese período podría ofrecerle la oportunidad de modificar el ambiente político antes de que sus adversarios asumieran sus nuevas posiciones legislativas.

Dos escenarios posibles: Irán y Cuba.

En el caso de Irán, los preparativos militares han ocupado la atención internacional. El pasado 29 de octubre se informó de reuniones de Trump con altos mandos militares para examinar posibles operaciones. Washington también habría advertido a varios aliados sobre la posibilidad de nuevos ataques después de las elecciones.

Una ofensiva contra Irán produciría repercusiones mundiales inmediatas, pero también podría desencadenar una confrontación regional de consecuencias imprevisibles.

El precio del petróleo podría subir inmediatamente y la población estadounidense lo reclamaría. Sería un riesgo serio atacar a Irán con un Congreso o una parte de él que no lo respalde.

Cuba presenta un escenario diferente.

Trump ha manifestado públicamente su intención de ocuparse de Cuba después de Irán. Si Trump descarta una ofensiva contra Irán, Cuba podría adquirir mayor importancia entre sus alternativas para recuperar la iniciativa política. Una acción decisiva contra la dictadura podría ofrecer a Trump un acontecimiento de repercusión nacional e internacional, con riesgos potencialmente menores que una nueva guerra contra Irán.

La presión estadounidense podría obligar al régimen castrista a realizar concesiones importantes. Trump siempre ha dejado la puerta abierta a un acuerdo que evite el uso de la fuerza por parte de los Estados Unidos. Marco Rubio ha repetido una y otra vez que el cambio en Cuba tiene que ser total, pero el presidente es Trump.

En estas consideraciones he dejado por fuera el caso de Ucrania porque Zelenski, los ucranianos y la Unión Europea se oponen a concesiones territoriales de Ucrania a cambio de un tratado de paz con Putin. Es difícil que las presiones de Trump obliguen a capitular a Ucrania y a la Unión Europea.

En el caso de Cuba, Trump tendría dos incentivos coincidentes: proteger su imagen personal y reafirmar la autoridad internacional de Estados Unidos. Podría intentar conseguirlo mediante un acuerdo con la jerarquía castrista, siguiendo una fórmula parecida a la aplicada en Venezuela. Otra alternativa sería garantizar al pueblo cubano que Estados Unidos no permitiría una masacre si se levantara contra el régimen. Finalmente, quedaría la posibilidad de una acción militar estadounidense.

Una hipótesis política puede construirse relacionando la conducta pública de un dirigente, las circunstancias que enfrenta y las alternativas que tiene a su disposición.

Si los republicanos sufren una derrota importante el 3 de noviembre, la pregunta no será solamente cómo reaccionará Trump ante sus adversarios políticos en Estados Unidos, sino qué estará dispuesto a hacer en el escenario internacional para demostrar que continúa siendo un presidente capaz de imponer su voluntad. En esa búsqueda de recuperar la iniciativa, Cuba podría convertirse en una de sus opciones.

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IRAN OR CUBA? TRUMP FACING AN ELECTORAL DEFEAT

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
November 2, 2026

Donald Trump faces the congressional elections tomorrow, November 3. If Republicans suffer a major defeat, the president could find himself weakened before his domestic opponents and the powers challenging U.S. influence.

China, Russia and Iran would closely watch the consequences of a Republican defeat. If they concluded that Trump had been politically cornered, they might believe Washington had less ability to uphold its threats and international commitments.

A negative result would not strip him of his presidential powers, but it would project the image of a leader whose political authority had been questioned by voters. For Trump, who has built much of his image around strength, determination and the ability to impose terms, such a perception would pose a considerable problem.

One hypothesis worth considering is that Trump would not passively wait for his adversaries to exploit a defeat. Instead, he might try to change the situation immediately, through statements or an international event that would shift public attention toward his actions as commander in chief.

The aim would not necessarily be to resolve an international conflict, but to regain the political initiative and project an image of power.

Trump would have approximately two months, from the November 3 elections until the new Congress takes office on January 3, 2027, to act while the outgoing Congress remains in place. That period could give him an opportunity to change the political climate before his opponents assume their new legislative positions.

Two possible scenarios: Iran and Cuba.

In Iran’s case, military preparations have attracted international attention. On October 29, reports emerged of Trump meeting with senior military commanders to examine possible operations. Washington also reportedly warned several allies of the possibility of further attacks after the elections.

An offensive against Iran would have immediate worldwide repercussions, but it could also trigger a regional confrontation with unpredictable consequences.

Oil prices could rise immediately, prompting complaints from the American public. Attacking Iran with a Congress, or part of it, unwilling to support him would be a serious risk.

Cuba presents a different scenario.

Trump has publicly expressed his intention to address Cuba after Iran. If he rules out an offensive against Iran, Cuba could gain importance among his alternatives for regaining the political initiative. Decisive action against the dictatorship could give Trump an event with national and international repercussions, potentially involving fewer risks than a new war against Iran.

U.S. pressure could force the Castro regime to make significant concessions. Trump has always left the door open to an agreement that would avoid the use of force by the United States. Marco Rubio has repeatedly said that change in Cuba must be total, but Trump is the president.

I have left Ukraine out of these considerations because Zelensky, the Ukrainians and the European Union oppose territorial concessions by Ukraine in exchange for a peace treaty with Putin. It is difficult to see Trump’s pressure forcing Ukraine and the European Union to capitulate.

In Cuba’s case, Trump would have two coinciding incentives: protecting his personal image and reaffirming U.S. international authority. He could try to achieve this through an agreement with the Castro leadership, following a formula similar to the one applied in Venezuela. Another option would be to guarantee the Cuban people that the United States would not allow a massacre if they rose up against the regime. Finally, there would remain the possibility of U.S. military action.

A political hypothesis can be constructed by relating a leader’s public conduct, the circumstances he faces and the alternatives available to him.

If Republicans suffer a major defeat on November 3, the question will not only be how Trump reacts to his political adversaries in the United States, but what he might be willing to do on the international stage to show that he remains a president capable of imposing his will. In that effort to regain the initiative, Cuba could become one of his options.

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IRAN OU CUBA ? TRUMP FACE À UNE DÉFAITE ÉLECTORALE

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
2 novembre 2026

Donald Trump affronte demain, 3 novembre, les élections législatives. Si les républicains subissent une lourde défaite, le président pourrait se retrouver affaibli face à ses adversaires intérieurs et aux puissances qui contestent l’influence des États-Unis.

La Chine, la Russie et l’Iran observeraient attentivement les conséquences d’une défaite républicaine. S’ils estimaient que Trump est politiquement acculé, ils pourraient considérer que Washington dispose de moins de moyens pour faire respecter ses menaces et ses engagements internationaux.

Un résultat défavorable ne lui retirerait pas ses pouvoirs présidentiels, mais donnerait l’image d’un dirigeant dont l’autorité politique a été remise en cause par les électeurs. Pour Trump, qui a construit une grande partie de son image sur la force, la détermination et la capacité d’imposer ses conditions, une telle perception représenterait un problème considérable.

L’hypothèse que nous pouvons envisager est que Trump n’attendrait pas passivement que ses adversaires exploitent une défaite. Il pourrait au contraire tenter de changer immédiatement la situation, par des déclarations ou par un événement international qui détournerait l’attention du public vers son action de commandant en chef.

Il ne s’agirait pas nécessairement de résoudre un conflit international, mais de reprendre l’initiative politique et de projeter une image de puissance.

Trump disposerait d’environ deux mois, entre les élections du 3 novembre et l’entrée en fonction du nouveau Congrès le 3 janvier 2027, pour agir tandis que le Congrès sortant reste en place. Cette période pourrait lui permettre de modifier le climat politique avant que ses adversaires occupent leurs nouveaux sièges au Parlement.

Deux scénarios possibles : l’Iran et Cuba.

Dans le cas de l’Iran, les préparatifs militaires ont retenu l’attention internationale. Le 29 octobre, des informations ont fait état de réunions entre Trump et de hauts responsables militaires afin d’examiner d’éventuelles opérations. Washington aurait également averti plusieurs alliés de la possibilité de nouvelles attaques après les élections.

Une offensive contre l’Iran aurait des répercussions mondiales immédiates, mais pourrait aussi déclencher un affrontement régional aux conséquences imprévisibles.

Le prix du pétrole pourrait augmenter immédiatement et susciter des protestations dans la population américaine. Attaquer l’Iran sans le soutien du Congrès, ou d’une partie de celui-ci, constituerait un risque sérieux.

Cuba présente un scénario différent.

Trump a publiquement manifesté son intention de s’occuper de Cuba après l’Iran. S’il écarte une offensive contre l’Iran, Cuba pourrait prendre davantage d’importance parmi les options lui permettant de reprendre l’initiative politique. Une action décisive contre la dictature pourrait lui offrir un événement d’envergure nationale et internationale, avec des risques potentiellement moindres qu’une nouvelle guerre contre l’Iran.

La pression américaine pourrait contraindre le régime castriste à faire d’importantes concessions. Trump a toujours laissé ouverte la possibilité d’un accord évitant le recours à la force par les États-Unis. Marco Rubio a répété à maintes reprises que le changement à Cuba devait être total, mais c’est Trump qui est président.

J’ai laissé l’Ukraine de côté dans cette analyse, car Zelensky, les Ukrainiens et l’Union européenne s’opposent à des concessions territoriales ukrainiennes en échange d’un traité de paix avec Poutine. Il est difficile d’imaginer que les pressions de Trump obligent l’Ukraine et l’Union européenne à capituler.

Dans le cas de Cuba, Trump aurait deux motivations convergentes : protéger son image personnelle et réaffirmer l’autorité internationale des États-Unis. Il pourrait chercher à y parvenir par un accord avec la hiérarchie castriste, selon une formule semblable à celle appliquée au Venezuela. Une autre possibilité serait de garantir au peuple cubain que les États-Unis ne permettraient pas un massacre s’il se soulevait contre le régime. Enfin, l’option d’une intervention militaire américaine demeurerait.

Une hypothèse politique peut se construire en mettant en relation la conduite publique d’un dirigeant, les circonstances auxquelles il fait face et les options dont il dispose.

Si les républicains subissent une lourde défaite le 3 novembre, la question ne sera pas seulement de savoir comment Trump réagira face à ses adversaires politiques aux États-Unis, mais aussi ce qu’il serait prêt à faire sur la scène internationale pour montrer qu’il demeure un président capable d’imposer sa volonté. Dans cette recherche d’une reprise de l’initiative, Cuba pourrait devenir l’une de ses options.

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IRAN O CUBA? TRUMP DI FRONTE A UNA SCONFITTA ELETTORALE

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
2 novembre 2026

Donald Trump affronta domani, 3 novembre, le elezioni legislative. Se i repubblicani subiranno una pesante sconfitta, il presidente potrebbe ritrovarsi indebolito di fronte agli avversari interni e alle potenze che sfidano l’influenza degli Stati Uniti.

Cina, Russia e Iran osserverebbero attentamente le conseguenze di una sconfitta repubblicana. Se ritenessero Trump politicamente messo alle strette, potrebbero pensare che Washington abbia meno capacità di sostenere le proprie minacce e i propri impegni internazionali.

Un risultato negativo non gli toglierebbe i poteri presidenziali, ma proietterebbe l’immagine di un leader la cui autorità politica è stata messa in discussione dagli elettori. Per Trump, che ha costruito gran parte della propria immagine sulla forza, sulla determinazione e sulla capacità di imporre condizioni, una simile percezione rappresenterebbe un problema considerevole.

L’ipotesi che possiamo prendere in considerazione è che Trump non aspetterebbe passivamente che gli avversari sfruttino una sconfitta. Al contrario, potrebbe tentare di cambiare immediatamente lo scenario, con dichiarazioni o un evento internazionale capace di spostare l’attenzione pubblica sulla sua azione di comandante in capo.

Non si tratterebbe necessariamente di risolvere un conflitto internazionale, ma di recuperare l’iniziativa politica e proiettare un’immagine di potere.

Trump avrebbe circa due mesi, dalle elezioni del 3 novembre all’insediamento del nuovo Congresso il 3 gennaio 2027, per agire mentre resta in funzione il Congresso uscente. Questo periodo potrebbe offrirgli l’opportunità di modificare il clima politico prima che i suoi avversari assumano i nuovi incarichi legislativi.

Due possibili scenari: Iran e Cuba.

Nel caso dell’Iran, i preparativi militari hanno attirato l’attenzione internazionale. Il 29 ottobre sono state riferite riunioni tra Trump e gli alti comandi militari per esaminare possibili operazioni. Washington avrebbe inoltre avvertito diversi alleati della possibilità di nuovi attacchi dopo le elezioni.

Un’offensiva contro l’Iran avrebbe ripercussioni mondiali immediate, ma potrebbe anche innescare uno scontro regionale dalle conseguenze imprevedibili.

Il prezzo del petrolio potrebbe salire immediatamente, suscitando proteste tra la popolazione statunitense. Attaccare l’Iran senza il sostegno del Congresso, o di una sua parte, sarebbe un rischio serio.

Cuba presenta uno scenario diverso.

Trump ha manifestato pubblicamente l’intenzione di occuparsi di Cuba dopo l’Iran. Se escludesse un’offensiva contro l’Iran, Cuba potrebbe acquistare maggiore importanza tra le alternative per recuperare l’iniziativa politica. Un’azione decisiva contro la dittatura potrebbe offrirgli un evento di risonanza nazionale e internazionale, con rischi potenzialmente inferiori a quelli di una nuova guerra contro l’Iran.

La pressione statunitense potrebbe costringere il regime castrista a fare concessioni importanti. Trump ha sempre lasciato aperta la porta a un accordo che eviti l’uso della forza da parte degli Stati Uniti. Marco Rubio ha ripetuto più volte che il cambiamento a Cuba deve essere totale, ma il presidente è Trump.

In queste considerazioni ho lasciato fuori l’Ucraina perché Zelensky, gli ucraini e l’Unione europea si oppongono a concessioni territoriali ucraine in cambio di un trattato di pace con Putin. È difficile che le pressioni di Trump costringano l’Ucraina e l’Unione europea a capitolare.

Nel caso di Cuba, Trump avrebbe due incentivi convergenti: proteggere la propria immagine personale e riaffermare l’autorità internazionale degli Stati Uniti. Potrebbe cercare di riuscirci attraverso un accordo con la gerarchia castrista, seguendo una formula simile a quella applicata in Venezuela. Un’altra alternativa sarebbe garantire al popolo cubano che gli Stati Uniti non permetterebbero un massacro se si sollevasse contro il regime. Infine, resterebbe la possibilità di un’azione militare statunitense.

Un’ipotesi politica può essere costruita mettendo in relazione la condotta pubblica di un dirigente, le circostanze che affronta e le alternative a sua disposizione.

Se i repubblicani subiranno una pesante sconfitta il 3 novembre, la domanda non sarà soltanto come Trump reagirà ai suoi avversari politici negli Stati Uniti, ma che cosa sarà disposto a fare sulla scena internazionale per dimostrare di essere ancora un presidente capace di imporre la propria volontà. In questa ricerca di recuperare l’iniziativa, Cuba potrebbe diventare una delle sue opzioni.

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