LA CHARLATANERÍA DE FIDEL CASTRO PARA ESCONDER EL MIEDO DEL RÉGIMEN
La “Guerra de todo el
Pueblo”, una doctrina obsoleta para un país sin petróleo ni defensa real
La llamada “doctrina militar” de Fidel Castro, conocida como Guerra de todo el
Pueblo, no constituye en sentido estricto una doctrina militar auténtica, sino
una exageración ideológica que raya en la charlatanería estratégica. Se trata
de un conjunto de ideas formuladas hace más de medio siglo, ancladas en la
lógica de la guerrilla rural, el sacrificio humano masivo y la movilización
permanente de la población civil, propias de un mundo bipolar que ya no existe.
En las condiciones del siglo XXI —marcadas por la supremacía tecnológica, la
guerra aérea, los sistemas de precisión, la inteligencia satelital y la guerra
electrónica— estas concepciones no solo están superadas, sino que resultan
irrelevantes desde el punto de vista militar y peligrosas desde el punto de
vista político, al confundir defensa nacional con propaganda y resistencia con
inmolación colectiva.
Esta construcción ideológica cumple, sin embargo, una función clara: no la de defender al país, sino la de encubrir la extrema vulnerabilidad del régimen en un momento de profundo temor estratégico. Tras los recientes acontecimientos en Venezuela y el colapso del suministro de petróleo subvencionado que durante años sostuvo artificialmente a la economía cubana, la dictadura se enfrenta a una realidad inédita: carece de recursos energéticos, de divisas y de aliados dispuestos a sostenerla indefinidamente. En ese contexto de fragilidad, la retórica militar se reactiva como mecanismo de supervivencia política. La Guerra de todo el Pueblo convierte la escasez, el apagón y la precariedad en supuestas virtudes patrióticas, trasladando el costo del fracaso estructural del Estado a una población exhausta, obligada a asumir el sacrificio como destino histórico.
Comparada con doctrinas militares auténticas —como las de Estados Unidos, la OTAN o Israel— la brecha es abismal. Las doctrinas modernas se orientan a disuadir o ganar conflictos con rapidez, minimizar bajas, proteger a la población civil y alcanzar objetivos políticos claramente definidos mediante superioridad tecnológica, control del espacio aéreo e integración efectiva de fuerzas. Son doctrinas dinámicas, sometidas a revisión constante, que reconocen que la guerra moderna se decide por información, precisión y velocidad. La doctrina castrista, en cambio, carece de concepto de victoria, no define condiciones de finalización del conflicto y no incorpora ninguna respuesta creíble a las amenazas contemporáneas. No evoluciona porque no es el resultado de análisis profesional, sino de un dogma ideológico congelado, concebido para perpetuar la obediencia y no para enfrentar la realidad.
La obsolescencia de esta supuesta doctrina queda finalmente expuesta al analizar el armamento real de la dictadura castrista. Las Fuerzas Armadas cubanas dependen casi por completo de equipos soviéticos de la Guerra Fría: aviones de combate anticuados, sistemas de defensa aérea incapaces de enfrentar drones o misiles modernos, blindados sin protección activa y una marina limitada a funciones costeras. Cuba no posee superioridad aérea, ni defensa antimisiles creíble, ni capacidades avanzadas de guerra electrónica. En estas condiciones, hablar de una resistencia eficaz frente a un adversario moderno no es estrategia ni disuasión: es propaganda. Una propaganda que revela la verdad esencial del régimen: incapaz de defenderse frente a amenazas reales, pero siempre dispuesto a recurrir a mitos del pasado y al sacrificio del propio pueblo para aferrarse al poder.
.jpg)

0 comentarios:
Publicar un comentario