RUSIA PROMETE Y NO CUMPLE MIENTRAS EL CASTRISMO COLAPSA
Por Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica
Autos, apagones y propaganda en la relación ruso-castrista
Según una nota divulgada por el portal CubitaNow basada en un despacho de la agencia estatal rusa TASS difundido por la Embajada de Cuba en Rusia, el gobierno ruso anunció planes para aumentar en 2026 el ensamblaje de vehículos UAZ en la Isla. "En diciembre de 2024, Rusia entregó un lote de 16 vehículos".Aunque, "En fases iniciales del proyecto se mencionó una capacidad potencial de hasta 500 vehículos anuales" ahora no se menciona ni esa cantidad. A pesar de esta cifra ridícula comparada con los 10 segundos que demora ensamblar un vehículo en la fabrica de Hyundai en Ulsan, Corea del Sur, alardear sobre la ampliación de este proyecto roza el absurdo en el contexto actual del país. Cuba atraviesa una crisis profunda de combustible que mantiene paralizados el transporte público, la agricultura y buena parte de la actividad económica. En esas condiciones, hablar de fabricar o ensamblar automóviles carece de sentido práctico: no existe energía estable, no hay combustible para operar los vehículos y no hay una red logística funcional. Más que un proyecto industrial viable, el ensamblaje de autos UAZ en Cuba se presenta como un gesto propagandístico, desconectado de las necesidades urgentes de la población y de la realidad material del país.
Este tipo de anuncios no es nuevo y se inscribe en un patrón reiterado de promesas económicas que no se traducen en soluciones reales. En los últimos años, proyectos presentados como ejemplos de cooperación estratégica entre Moscú y La Habana han terminado reducidos a entregas simbólicas, plantas subutilizadas o simples titulares sin impacto estructural. La ausencia de cifras concretas, plazos verificables y compromisos exigibles refuerza la percepción de que estos convenios responden más a intereses políticos y diplomáticos que a un verdadero plan de recuperación económica para Cuba.
La experiencia en el sector energético ilustra con claridad este patrón de promesas incumplidas. Desde 2015, cuando Rusia concedió a Cuba un crédito estatal de 1 200 millones de euros para construir y modernizar unidades termoeléctricas, los compromisos han sido reiterados sin resultados tangibles. Ese proyecto nunca se ejecutó porque el régimen cubano no pudo cumplir ni siquiera con los requisitos financieros iniciales. En 2019 y 2020 se renovaron acuerdos de modernización, y en 2024 y 2025 Moscú volvió a anunciar planes de inversión por más de 1 000 millones de dólares, incluyendo el sector energético, mientras el país sigue sumido en apagones crónicos. Tras una década de anuncios, la realidad es que el sistema eléctrico cubano continúa colapsado.
En este contexto, anuncios como el del ensamblaje de vehículos UAZ no representan una estrategia de desarrollo, sino una puesta en escena política. Mientras no se resuelvan los problemas básicos de energía, combustible y funcionamiento económico, estos proyectos seguirán siendo promesas recicladas que no cambian la realidad cotidiana de los cubanos ni ofrecen una salida creíble a la crisis estructural del país.

0 comentarios:
Publicar un comentario