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Maduro no es chavista, es castrista


Maduro siempre se ha presentado con una máscara chavista pero él es castrista. A la hora de obedecer y decidir, su lealtad está en La Habana. Hay evidencias para afirmarlo pero la última es irrebatible: la decisión de liquidar el más importante  legado de Hugo Chávez - la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela - adoptada el 15 de diciembre de 1999 mediante un referéndum popular. 

Esa constitución garantiza elecciones regionales y presidenciales, entre otros derechos, como el de manifestarse en las calles. La narco dictadura  ha pospuesto las elecciones y no se ha podido hacer mucho al respecto, pero le ha sido imposible frenar las protestas populares y estas tienen en crisis al régimen que Maduro preside. Por esta razón él, su camarilla y Raúl Castro, están empecinados en borrar del mapa la constitución de Chávez.  

Si tiene duda sobre la decisión de Raúl Castro, lea sus declaraciones del 6 de marzo pasado en la XIV cumbre de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) que se celebró en Caracas, allí advirtió: "En Venezuela se libra hoy la batalla decisiva por la soberanía, la emancipación, la integración, y el desarrollo de nuestra América".  Es decir la batalla decisiva de toda América y por supuesto, en especial, la de su dictadura en Cuba.

Descartar la actual constitución es una decisión equivocada por varias razones. En su intento por desmantelar la herencia constitucional de Chávez, Maduro ha creado un frente de oposición en el sector de la población aun leal al chavismo, que aunque es minoritario es de este grupo del que proviene su único respaldo popular. 

En este nuevo frente están incluidos miles de militares y de funcionarios públicos, como es el caso de la Fiscal General Luisa Ortega. Si antes de llamar a esta constituyente Maduro confrontaba a la oposición organizada y la mayoría de los venezolanos lo rechazaba, ahora también se enfrenta a los chavistas que no están de acuerdo con el procedimiento inconstitucional de convocar a una constituyente que va a barrer con el legado intelectual de Hugo Chávez. Además, esta ruptura le da la oportunidad de apartarse a los chavistas que quieren desligarse del régimen actual, sin que los puedan acusar de pasarse al bando de la oposición. 

Con este paso radical y desesperado con el que piensan que van a evitar su final, el castrismo y Maduro lo están acelerando. Tratando de liquidar la constitución vigente le han facilitado a los chavistas descontentos un espacio ideológico, político y moral hacia el cual pueden migrar.  Así, al enfrentar a Maduro, tienen la oportunidad de ganarse el derecho a seguir viviendo en una Venezuela post castrista sin cargar con las responsabilidad de un régimen represivo y corrupto que dilapidó una fortuna, arruinó al país y asesinó a hombres, mujeres y niños.

¿Por qué Maduro y su grupo actúan de esta forma?  Porque cuando el miedo y la soberbia se juntan es fácil equivocarse. Sin la subvención petrolera de Venezuela la dictadura en la Isla  difícilmente podrá sobrevivir.  Pero si lo hiciera, Cuba quedará mucho peor de lo que ya está y el impacto de la caída de la dictadura venezolana puede ser un ejemplo tentador para el pueblo cubano. Además, los narcotraficantes y los corruptos que se han enriquecido al amparo de los gobiernos de Chávez y Maduro, difícilmente encontrarán un lugar seguro para vivir, a menos que decidan irse a Irán, a Rusia, o a China, donde ni ellos como fugitivos tendrán garantías aseguradas.

¿Entonces por qué la constituyente?  Primero, porque no valoraron la reacción adversa en el sector chavista “auténtico”.  Segundo, porque ellos creen que invitando a la minoría chavista a respaldar una nueva constitución tendrán su apoyo incondicional.  Esta nueva constitución será a una declaración de guerra total contra quienes se les opongan y por esta razón necesitan el respaldo popular que les queda. 

Los castristas en Venezuela y en Cuba han llegado a la conclusión de Raúl Castro: “En Venezuela se libra hoy la batalla decisiva…” y por eso están dando los pasos para aniquilar a la oposición aunque tengan que asesinar a miles de personas en las calles y ciudades de Venezuela.  Ese será su error final y fatal. 

Huber Matos Araluce, junio 16 2017, San José, Costa Rica





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Venezuela: elecciones o guerra civil


Caterina Ciarcelluti protesta en las calles de Caracas 

Aunque el pueblo venezolano insiste en una salida constitucional la narco dictadura prefiere un enfrentamiento violento.  No se imaginan que pueden perder la guerra civil que están provocando. Si creen que podrán triunfar con tropas descontentas, con los bandidos de los colectivos y con civiles armados (milicias), no se han dado cuenta de sus propias debilidades ni del formidable enemigo al que tendrán que enfrentarse. 

Entre otros factores, en una  guerra la motivación y los recursos son determinantes. La cúpula gobernante está cometiendo el error de pensar que cuenta con ambos y se va a llevar una desagradable sorpresa. La oposición que ganó la mayoría en la Asamblea Nacional en 2015  obtuvo los votos de un porcentaje significativo de soldados y de sus familiares. Hoy el 78% de los venezolanos rechaza al gobierno.

Los colectivos son sanguinarios pero son algunos miles de cobardes que se dedican a matar y a robar sin correr peligro, cuando tengan que arriesgar sus vidas cruzarán huyendo la frontera colombiana. Las milicias no tienen la cohesión ni la disciplina de un ejército regular y veremos cómo reaccionan frente a un pueblo decidido a luchar el tiempo que sea necesario.

La primera gran derrota del régimen dictatorial sería quedarse sin la exportación de petróleo, de su venta dependerán las compras de recursos para sostener una guerra que puede prolongarse.  Las refinerías son difíciles de proteger y serán objetivo fácil en el conflicto.  Cuando la dictadura venda el oro que le queda para comprar armas, municiones y todo lo demás que se irá agotando, la victoria será cuestión de tiempo. 
A los revolucionarios demócratas les sobrarán patriotas, capacidad y motivación. En las ciudades y en las montañas tendrán miles de hombre y mujeres dispuestos a enfrentarse a un gobierno que les negó una salida pacífica. Tendrán a su lado suficientes ex oficiales de las fuerzas armadas venezolanas para apoyarlos a combatir.

Venezuela tiene dos grandes fronteras terrestres y la narco dictadura tendrá que dedicar la mayor parte de su capacidad militar a vigilarlas y a tratar de contener a los guerrilleros demócratas. Con lo que les quede difícilmente podrán controlar las zonas urbanas.  Maduro  tendrá que rogar por pertrechos a sus superiores castristas y a Irán, Rusia, China y Corea del Norte para que le apoyen con préstamos.  

Los verdaderos revolucionarios tendrán lo que necesiten porque hay millones de latinoamericanos que los apoyarán. La lucha en Venezuela es también por la democracia y la libertad en América porque  la alianza del narcotráfico, el terrorismo y la ambición no se van a detener en Caracas.  

Mientras no sea Estados Unidos quien dirija a los revolucionarios venezolanos, éstos podrán triunfar. La experiencia de los cubanos con la invasión de Playa Girón no puede ignorarse.  El gobierno de Kennedy lanzó unos cuantos cientos de exiliados a un fracaso seguro y en un afán por no parecer involucrados,  los abandonaron.   A Fidel Castro lo consolidó ese fracaso de Playa Girón.  La línea roja de Obama en Siria es otro ejemplo.  .

Las consecuencias de una guerra civil serían desastrosas para un pueblo que mayoritariamente repudia a Maduro.  Si ahora faltan comida y medicinas, una vez iniciada las hostilidades la situación empeorará y el respaldo popular a favor de los revolucionarios demócratas puede ser arrollador. 
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El binomio Raúl-Maduro está equivocado en su plan de neutralizar a la oposición con violencia.  Creen que con redadas sorpresivas de miles de opositores podrán romper la columna vertebral de la resistencia.  No se dan cuenta que aunque tengan algún éxito temporal van a ser derrotados en la guerra civil.  Raúl Castro parece haber persuadido a Maduro y sus asociados de que no hay otro camino que el de la represión, en realidad su problema es que sin el control de Venezuela el castrismo está perdido en Cuba.

Una guerra civil en Venezuela no será una tormenta en un vaso de agua.  En su desesperación el castrismo puede ordenar a los terroristas que tienen en varios países a que lancen ataques  para crear el caos y atemorizar a los pueblos y sus gobernantes.  Las consecuencias económicas y política de tales acciones no pueden subestimarse.  Por esta razón las naciones que quieren un cambio democrático en Venezuela  tienen que actuar en forma decidida y contundente.   Deben hacerle saber a la narco dictadura que, o se celebran elecciones democráticas o apoyarán a la oposición democrática con todo lo que necesite. Simultáneamente deben advertirle a Raúl Castro que si no hay elecciones democráticas en Venezuela, su régimen en la Isla pagará las consecuencias de una guerra en ese país y de lo que intente hacer en otros.

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, mayo 3, 2017. 

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El retiro de la OEA es un triunfo de la oposición venezolana


El anuncio de la narco dictadura venezolana  de su inminente retiro de la OEA es un importante triunfo de la oposición democrática venezolana.  Esta retirada es un serio error, como lo fue el innecesario reciente golpe de estado a la Asamblea Nacional.  Ahora, al grupo en el poder se le ocurrió que era más inteligente desafiar al mundo con una renuncia que arriesgarse a una expulsión, como sufrió el régimen castrista en 1962 cuando fue desterrado del organismo regional.   

Esta huida es una admisión de derrota inminente, saben que se les aplicará la Carta Democrática Interamericana y que el grupo de gobiernos incondicionales que los apoya no tiene ni los votos ni la credibilidad moral para compensar cualquiera que sea la decisión de la mayoría. 

El problema es que en lugar de dar la pelea hasta el último minuto e incluso después, han reconocido ante el mundo de que no tienen los argumentos ni la voluntad de enfrentar la exigencias de la comunidad democrática.  Es pues, un reconocimiento de que sí, son una dictadura, sí usan la represión contra un pueblo desarmado y no, no van a celebrar elecciones de ninguna manera aunque tengan que anegar de sangre las calles de Venezuela. 

El primer impacto negativo de esta decisión es contra los gobiernos que han estado votando a favor de Maduro en la OEA. Ellos se han arriesgado,  incluso a un distanciamiento con Washington.  Ahora su aliado en Caracas, sin previo aviso, se retira del ruedo.  La narco dictadura se ha expulsado a sí misma y los deja mal parados. ¿Qué van a hacer, retirarse también?

El otro resultado perjudicial de la decisión tiene que ver con los millones de latinoamericanos simpatizantes de la izquierda demagógica que todavía tenían alguna esperanza de que las cosas se arreglaran por las buenas y de una u otra forma todo lo que se decía de la represión y la corrupción en Venezuela quedará atrás con una formula conciliatoria. Entre estos podíamos incluir al porcentaje de venezolanos que son partidarios del régimen por razones ideológicas o por fanatismo.  
Al salir de la OEA en estas circunstancias el gobierno de Maduro rompe sus lazos políticos y morales con la comunidad americana y se queda con sus aliados estratégicos: Rusia, Irán, China, Corea del Norte, Hezbolá, la dictadura castrista y la mafia del narcotráfico.  Los generales venezolanos y todos los que apoyen a Maduro y a su tutor Raúl Castro ya no pueden ni presentarse como bolivarianos.  En el congreso de la Angostura en Panamá en 1863, Simón Bolívar advirtió: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder.  El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él a mandarlo, de donde se originan la usurpación y la tiranía”.

Ya la OEA no tiene que expulsar a ese gobierno, ni tiene necesariamente que sufrir una fractura entre sus miembros cuando exigiendo una salida electoral en Venezuela, deba aplicar algún tipo de penalidad a un régimen que se fue. Quedan en libertad los países verdaderamente comprometidos con la Carta Interamericana Democrática de formar un grupo que apoye a la oposición democrática venezolana con lo que haga falta para evitar que su país caiga en las tinieblas del totalitarismo. 

La narco dictadura venezolana ha abierto la puerta para que se organice, sin dejar de pertenecer a la OEA, una comunidad de gobiernos democráticos a la que pertenezcan nada más que los gobiernos elegidos democráticamente. Entre ellos pueden establecer lazos comerciales, políticos y diplomáticos privilegiados. Incluso deben estar en capacidad de ayudar a los pueblos que pierdan sus libertades. En realidad la Carta Interamericana Democrática no es un instrumento efectivo porque no tiene poder coercitivo, nada más que le sirve a las dictaduras para enmascararse hasta que les conviene.

Por último, el gran beneficiario de esta poco inteligente decisión de retirarse de la OEA es la oposición democrática venezolana que, marchando en las calles y pagando una heroica cuota de sacrificio ha ganado la admiración y solidaridad de millones de demócratas en el mundo y ha obligado a la narco dictadura a quitarse la careta completamente. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, abril 27 de 2017.
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En las calles de Venezuela no solo está en juego la libertad de su valiente pueblo

El pueblo marchando pacificamente 
es atacado por el gobierno 

El pueblo venezolano no se ha dejado intimidar por la violencia. Ni los cientos de detenidos, ni los asesinatos, ni la amenaza de armar medio millón de milicianos han sido suficientes para paralizar a los hombres y mujeres que marchan por las calles exigiendo el fin de la narcodictadura. El pueblo no está midiendo sus fuerzas con las de Maduro como describen algunos medios. Esas fuerzas se miden en las urnas, no entre venezolanos desarmados y una mafia de asesinos protegida por la policía y el ejército que también se han dedicado a la represión. Lo que piden los venezolanos en las calles es el respeto a la constitución.  

La realidad es que Venezuela está secuestrada y el reclamo popular fue claramente expresado por el sacerdote José Palmar: “Nicolás Maduro, tienes que renunciar por incapaz, por imbécil, por estúpido, porque te entregaste a Cuba”.  

Paola Andreina Ramírez Gómez de 23 años, 
asesinada hoy 19 de abril en el estado de Tachira

Entregarse al castrismo fue el pecado original del chavismo pues dejó en manos del dictador Fidel Castro la estrategia que debía seguir Hugo Chávez: como el petróleo de Venezuela estaba en manos del Estado, Chávez  podía suprimir las libertades que le molestaran, apoderarse de la estructura productiva privada, sin que importaran las consecuencias.  Igual a lo que hizo el Partido Comunista en la URSS, el chavismo cabalgaría sobre un mar inagotable de petróleo, que le permitiría comprar al pueblo con propaganda y beneficios sociales mientras se consolidaba la dictadura. De paso, darle la mano salvadora a la “revolución” cubana con una generosa subvención. En un binomio de demagogia, poder económico e intimidación las dictaduras de Cuba y Venezuela comprarían el silencio de los políticos en Latinoamérica y alimentarían la capacidad de movilización de las organizaciones de izquierda para ir tomando el poder país por país. No parecían equivocadas tales elucubraciones pues según  los expertos de aquellos tiempos el petróleo era un bien cuyo consumo aumentaba y las reservas no eran suficientes para satisfacer la creciente demanda mundial por lo que su precio debía subir.

Carlos José Moreno de 17 años fue ultimado en 
la plaza La Estrella de San Bernardino, Caracas.

Casi lo logran, si no hubiera sido por George Mitchell, quien después de años de trabajo, en 1997 ya demostraba que podía aumentarse significativamente la extracción de gas y petróleo fracturando con agua y químicos a alta presión las formaciones geológicas. Su innovación es considerada la más importante del siglo en el campo de la energía. La revolución creada por Mitchell, el descubrimiento de nuevas reservas y un uso más racional del combustible se trajeron abajo los precios del petróleo y los planes castro-chavistas. A pesar de estas nuevas realidades la estrategia de Fidel Castro y su pupilo Hugo Chávez  se mantuvo inalterable, posiblemente por conveniencia del dictador cubano. La economía venezolana se comenzó a derrumbar, los líderes del chavismo se concentraron en enriquecerse y el narcotráfico se entronizó en las más altas esferas.  Contaban todavía con el respaldo del Brasil de Lula y de Rousseff, la Argentina de los Kirchner, el silencio de muchos presidentes latinoamericanos y la pasividad del presidente Barack Obama dedicado a excusarse públicamente del comportamiento pasado de los Estados Unidos.  

Los cambios en el mercado petrolero, el despilfarro, la corrupción gubernamental, el narcotráfico de altos funcionarios y la destrucción sistemática de la empresa privada han llevado al país al caos. A estos hechos se sumaron cambios políticos en Latinoamérica adversos a los planes de expansión de Castro y de Chávez y un giro radical en la presidencia de los Estados Unidos. La dictadura venezolana sabe que está acorralada y aspira a neutralizar con violencia a un pueblo desarmado.  Hoy 19 de abril lo han demostrado una vez más atacando multitudinarias manifestaciones pacíficas que tenían derecho a manifestarse y en las que dos jóvenes fueron asesinados.  La comunidad internacional debe respaldar al pueblo venezolano con acciones prácticas y contundentes que nieguen ingresos de divisas al régimen, que castiguen a los responsables de actos represivos contra la población, a los responsables de violar sus obligaciones constitucionales y a la dictadura castrista por su complicidad en esta tragedia. El pueblo venezolano está arriesgando su vida y su libertad en las calles con la esperanza de ese respaldo decisivo.  Por la libertad y la democracia de Venezuela hay que dar todos los pasos que sean necesarios.  En las calles de esa nación no solo está en juego la libertad de su valiente pueblo sino también la estabilidad en un continente asediado por el narcotráfico y el terrorismo. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, abril 19 de 2017.
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La herencia de Vladimir Padrino López



En Venezuela la supremacía entregada al Ministro de Defensa, sobre todos los demás ministros y el vicepresidente, es una acción desesperada del poder,  es un segundo golpe de estado.  El primero fue en diciembre de 2015, cuando ante el triunfo mayoritario de la oposición a la Asamblea Nacional, el gobierno en forma arbitraria tomó el control total del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para estar en capacidad de anular las futuras decisiones de la Asamblea.  En ese entonces el Ministro de Defensa Vladimir Padrino López se opuso al uso del ejército para evitar la victoria de la oposición, pero permitió la jugada en la que el TSJ dejaba a la Asamblea a merced de Nicolás Maduro y sus aliados.  

En aquel entonces, según informó el periodista Antonio María Delgado de El Nuevo Herald: “el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, se rehusó a colaborar con las intenciones de Maduro y del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, de desconocer la masiva victoria de la oposición, lo que hubiera gestado un peligroso escenario de violencia… La posibilidad de modificar el resultado fue discutida a inicios de la semana pasada en una reunión sostenida en el Fuerte Tiuna, la principal sede militar de Caracas, en la que participó la máxima cúpula del régimen, el alto mando militar, los organismos de inteligencia y al menos un representante del gobierno cubano…”.  Sin duda, el jefe militar tuvo en el 2015 el respaldo de la oficialidad y de los soldados demostrando un poder de veto decisivo que evitó el uso de la fuerza pero no impidió un golpe de estado que ha sido funesto para el país.

Ahora, ante una circunstancia de mucha mayor gravedad y en buena parte resultado de ese primer golpe de estado, los super poderes dados al Ministro de Defensa demuestran que Maduro y sus aliados cercanos están en crisis terminal. Maduro, lejos de enderezar los entuertos que heredó de Chávez los complicó con los propios, poniendo en peligro los privilegios de los jerarcas, la seguridad de los narco chavistas y las fortunas acumuladas durante 17 años de corrupción. Ahora creen que Padrino López es su tabla de salvación. En otras palabras, es la figura y la posición del Ministro de Defensa las que están en juego.  El chavismo ha aceptado sus términos o ha recurrido a él con la esperanza de mantenerse en el poder, pero son remotas las posibilidades de que un hombre y un ejército puedan enderezar un desastre tan complejo y profundo como en el que se encuentra Venezuela.  El poder embriaga y Padrino López puede creer lo contrario, o puede esperar que el país se hunda más en el caos para tomar las riendas y descartar a sus aliados actuales.

Por Huber Matos Araluce 

Patria, Pueblo y Libertad



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Un coronel castrista en Panamá

Génesis Carmona murió tras ser herida de bala en una protesta en el marco de las marchas contra el gobierno de Nicolás Maduro en febrero de 2014


El presidente Barack Obama ha anunciado que el Departamento de Estado ha puesto en sus manos una recomendación para que “Cuba” sea sacada de la lista de estados que promueven el terrorismo. Por la forma en que Obama hizo el anuncio no cabe duda de que él aprobará la recomendación. Esto representa para la dictadura castrista el acceso a préstamos que necesita desesperadamente y también  conducirá a eliminar la restricción que tienen los ciudadanos estadounidenses de viajar a Cuba como turistas. Los ingresos por el turismo tendrán el objetivo de sustituir la subvención de los petrodólares chavistas si esta desaparece.  

En Panamá Raúl Castro se refirió al mismo tema y afirmó que Cuba nunca debió haber estado en esa lista. Como Obama llega seis años en la presidencia hay que asumir que en algún momento de ese periodo el gobierno cubano dejó de apoyar el terrorismo. Tal vez algún día –o quizás nunca- sepamos en qué fecha eso sucedió. O quizás estar o no en la lista es una cuestión de conveniencia o interpretación.

Los hechos contradicen que el régimen castrista haya dejado de ser terrorista. Sus vínculos públicos y secretos con la dictadura de Corea del Norte y el tráfico secreto de armas a ese país lo comprueban. El barco Chong Chon Gang, con 35 tripulantes a bordo fue interceptado el 10 de julio de 2013 cuando trataba de cruzar el Canal de Panamá. Cuando las autoridades panameñas lo registraron encontraron armamento sin declarar escondido en contenedores bajo toneladas de sacos de azúcar.

Aun de mayor significancia es la participación del régimen de la Isla con personal militar, de inteligencia y represión en Venezuela.  Es irrebatible por documentado el hecho de que el gobierno de la Isla ha sido y es un factor decisivo en la vigilancia y la represión de los opositores demócratas venezolanos y en el control de las fuerzas armadas de ese país. Políticos, militares de alto rango y periodistas venezolanos han denunciado una y otra vez esta situación. 

Roberto Redman falleció horas después de ayudar a Bassil Alejandro Da Costa, otra de las víctimas de las protestas en Venezuela

El 16 de marzo de 2014 un artículo de El Nuevo Herald informó que: “Los grupos paramilitares chavistas, que han estado detrás de gran parte de la violencia registrada en las manifestaciones de Venezuela, están siendo coordinados por personal cubano enviado por La Habana para ayudar al régimen de Nicolás Maduro a superar lo que es visto como la mayor amenaza enfrentada por la revolución bolivariana en más de una década”.

El coronel castrista Alexis Frutos con oficiales venezolanos

Como si todo esto y mucho más -información a la que tiene acceso el presidente estadounidense-  no fuera suficiente, la presencia de un Coronel castrista dirigiendo la violencia contra un grupo de cubano demócratas en Panamá no solo es una evidencia de que el régimen castrista promueve y practica el terrorismo fuera de Cuba sino que lo hace en forma pública y sin consecuencias. 

El Coronel Alexis Frutos en Parque Porras el 9 de abril

El pasado 9 de abril, durante la celebración de la VII Cumbre de las Américas un grupo de cubanos rendían  homenaje a José Martí en el Parque Porras de la capital panameña cuando una turba violenta y enardecida los atacó salvamente. 

Según informa El Nuevo Herald el jefe de los atacantes fue identificado por ex oficiales que trabajaron con él como el coronel Alexis Frutos Weeden, oficial del régimen castrista que  “dirigió por décadas operaciones de espionaje en distintos países de América Latina y que hoy día probablemente es el hombre más influyente que la Isla tiene en Venezuela”. 

El coronel -de espaldas- tratando de agredir a Orlando Gutierrez

Exiliados cubanos agredidos el 9 de abril de 2015 en Panamá

El nivel oficial del coronel Alexis Frutos podría explicar la razón por la cual ni él ni ninguno de los atacantes que lo acompañaron fueron detenidos, por el contrario los cubanos que pacíficamente honraban la memoria ante un busto de José Martí, la víctimas, fueron detenidas por la policía durante todo ese día hasta por la noche sin ninguna justificación. 

Además de este incidente que está ampliamente documentado, turbas procastristas enardecidas interrumpieron con amenenazas e insultos sesiones de los talleres de trabajo las delegaciones de la sociedad civil latinoamericana que participaron en la Cumbre –incluyendo a cubanos demócratas. Los latinoamericanos no podían creer lo que estaban viviendo. 

El presidente Barack Obama podrá quitar al régimen castrista de la lista de estados que promueven el terrorismo como parte de uno de los acuerdos convenidos durante esos 18 meses de conversaciones secretas de los que nosotros los cubanos y el mundo se enteró el pasado 17 de diciembre, sin embargo, la realidad es que la práctica terrorista del castrismo y el apoyo dado a terroristas de otros países –y el que se está dando- no se pueden borrar de la historia y del presente con una decisión por muy presidencial que esta sea. Uno puede tener derecho a su propia opinión pero no a ignorar o a tergiversar los hechos.

Por Huber Matos Araluce

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Maduro no está regresado con las manos vacías


Dicen las noticias que Nicolás Maduro está regresado con las manos vacías de su viaje a China.  Lo dudo.  No creo que los chinos hayan perdido la oportunidad de hacerle, al atribulado venezolano, proposiciones interesantes de corto plazo y de largo alcance.  Habrían sido malos comerciantes y los chinos tienen fama de ser muy hábiles.  ¿Quién perdería la oportunidad de sentarse a negociar con el representante de un país que está en la quiebra pero tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo?

China tiene necesidades energéticas insaciables. En mayo de 2014 firmaron la compra de gas a los rusos por un valor estimado de 400 mil millones de dólares. La entrega se extendería por tres décadas a un promedio de 38 mil millones de metros cúbicos de gas al año. En noviembre pasado firmaron otro convenio parecido y para finales de esta década Rusia puede estar enviando anualmente a China 68 mil millones de metros cúbicos de gas. Esto nada más representa un poco menos del 20% de la energía que necesita China.  

Ya el gobierno chino ha prestado $42 millones a Venezuela de lo que este país ha repagado $24 millones. Los chavistas ahora tienen una emergencia de $16 mil millones. Si esto se compara con los cientos de miles de millones de dólares negociados con Rusia el año pasado, el monto que necesita el régimen chavista representa un porcentaje modesto.

Pero miremos el bosque desde lejos, en Latinoamérica China tiene dos oportunidades estratégicas que le brindarían grandes beneficios durante este siglo.  Una es un canal en Nicaragua y la otra son las reservas de petróleo a precio de quiebra en un país controlado por los castro-chavistas, es decir por amigos. Por el canal de Nicaragua los chinos podrán transportar en sus enormes barcos hacia Asia y otros lugares, el combustible comprado a Venezuela a precios de “viernes negro”.  No nos sorprendamos si en el futuro los maoístas y los castro-chavistas anuncian un convenio espectacular.  

Se ha filtrado en las noticias que los chinos exigieron a Maduro el control de la Zona de Desarrollo de Guayana, puede ser una fábula pero tendría  sentido. Siempre habría forma de plantearlo,  a fin de cuentas el canal en Nicaragua no es un proyecto del gobierno chino sino de un empresario de Hong Kong que parece tener las conexiones para reunir los $50,000 millones que dicen costará la obra.  El gobierno chavista puede justificar la negociación con una empresa china que venga a poner orden en el caos creado por el populismo chavista.

La propuesta de los chinos puede ser otra pero cualquier otra que fuera, Nicolás Maduro no podía aceptarla en Pekín. Maduro tenía que regresar a Venezuela y plantearla al grupo que lo mantiene en el poder.  La decisión se tomará entre éstos y Raúl Castro y los suyos en La Habana.  Quizás a Raúl le guste la idea pues la participación de China en la industria venezolana de los hidrocarburos podría ser una garantía para la dictadura en la Isla.

China invierte a largo plazo, lo ha hecho en Rusia sin preocuparle demasiado si Vladimir Putin permanecerá en control en las próximas décadas. Una negociación con Venezuela estaría garantizada por el poder económico que tiene China y por el petróleo y el gas de Venezuela. Estén o no los chavistas en el poder los venezolanos tendrán que honrar los compromisos que haga Maduro o el que le siga en la presidencia.  En una reciente carta al dictador Chino Xi Jinping la dirigente opositora María Corina Machado le ha escrito: 

“Puedo afirmar con responsabilidad que al  Iograr la transición hacia Ia democracia, el nuevo gobierno de Venezuela honrará los compromisos asumidos con Ia República Popular de China en términos que sean beneficiosos y justos para ambas naciones”.

Si la oferta “secreta” de China a Maduro se acepta o se sigue conversando, a los chinos les sobra paciencia. Estuvieron negociando 10 años con los rusos y fue en los momentos de crisis en el Kremlin que se llegó a un acuerdo, por cierto muy favorable para el gobierno asiático.  Maduro y el chavismo tienen una seria situación en sus manos, pero todavía el escogido por los Castro tiene el 22% de aprobación, tiene las fuerzas armadas que lo respaldan y también el aparato represivo.  

Mientras Raúl Castro lo apoye, la OEA siga controlada por pusilánimes y el presidente Obama continúe su política de acercamiento y flexibilización con el dictador cubano, no veo la razón por la cual Nicolás Maduro tenga que preocuparse. Quisiera equivocarme.

Por Huber Matos Araluce

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