PUTIN NO PUEDE GANAR LA GUERRA TERRESTRE EN UCRANIA
PUTIN NO PUEDE GANAR LA GUERRA TERRESTRE EN UCRANIA
Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Putin no puede ganar la guerra terrestre en Ucrania. No puede ganarla y su ejército continúa debilitándose. Lo que les falta a los soldados y oficiales rusos les sobra a los ucranianos. Putin, por el momento, no tiene posibilidades de alcanzar una victoria en ese escenario.
A Rusia, al ritmo actual, cada kilómetro cuadrado de avance neto le está costando aproximadamente 500 soldados muertos o heridos. En los últimos seis meses, entre 180.000 y 200.000 soldados rusos han muerto o resultado heridos para conseguir un avance territorial neto de apenas unos 360 kilómetros cuadrados. Si ese ritmo se mantuviera hasta finales de 2027, Rusia sufriría alrededor de medio millón de bajas adicionales para avanzar menos de 1.000 kilómetros cuadrados.
¿Cómo se explica que un ejército considerado al comenzar la invasión como uno de los más poderosos del mundo avance tan poco después de cuatro años de guerra y pague un precio tan extraordinario por cada kilómetro conquistado?
Una primera explicación es que Putin desconocía el verdadero estado del ejército que envió a conquistar Ucrania.
Los problemas del soldado ruso no comenzaron en Ucrania. En Afganistán, el ejército soviético ya padeció abusos contra los reclutas, corrupción, problemas de disciplina y desmoralización. En Chechenia reaparecieron soldados deficientemente entrenados, fallas de mando y logística y condiciones miserables en el frente.
Décadas después, testimonios e investigaciones sobre la guerra en Ucrania describen problemas semejantes: agotamiento, abusos de los superiores y métodos brutales para imponer la disciplina, incluidas palizas, privación de alimentos y agua, confinamientos, amenazas y el envío de soldados a misiones de asalto de altísimo riesgo. Incluso hombres heridos o enfermos han sido devueltos al frente. A ello se sumó la incorporación de miles de condenados sacados de las cárceles para combatir.
La demostración más reveladora de la gravedad de los problemas que arrastra el ejército ruso se produjo cuando, en agosto de 2024, las fuerzas ucranianas cruzaron la frontera y penetraron en la región de Kursk. Llegaron a controlar aproximadamente 1.376 kilómetros cuadrados de territorio ruso, además de alrededor de un centenar de poblaciones. Rusia, que había invadido Ucrania, se encontró de pronto incapaz de expulsar rápidamente a fuerzas ucranianas de su propio territorio.
Cuando las fuerzas rusas no consiguieron desalojarlas, Putin tuvo que recurrir también a tropas de Corea del Norte para ayudar a recuperar el territorio.
Los norcoreanos aportaron disciplina, cohesión y disposición al combate. Pero tuvieron que enfrentarse a soldados ucranianos experimentados y motivados, y el costo fue extraordinario: estimaciones occidentales calculan más de 6.000 norcoreanos muertos o heridos entre aproximadamente 11.000 inicialmente desplegados, más de la mitad de aquella fuerza.
A esos problemas se suma una tradición militar profundamente vertical, en la que el soldado ha sido tratado con frecuencia como un recurso reemplazable. El subordinado cumple la orden y difícilmente cuestiona a quien está por encima. El sistema puede producir obediencia, pero también permite aceptar enormes pérdidas humanas y hace que los errores asciendan intactos por la cadena de mando.
En un sistema político autoritario, esa misma verticalidad militar puede prolongarse hasta la cúspide del poder. Los altos mandos pueden terminar diciéndole al dirigente lo que este quiere escuchar. Putin podía disponer de informes, generales y servicios de inteligencia y, sin embargo, desconocer el verdadero estado del ejército que estaba enviando a la guerra.
La invasión de Ucrania mostró las consecuencias. La llamada “operación militar especial” fue preparada por Putin y un círculo extraordinariamente reducido. Incluso altos oficiales rusos desconocieron hasta poco antes de la invasión la magnitud de lo que se preparaba. El Royal United Services Institute (RUSI), centro británico especializado en estudios militares y de defensa, encontró que el plan prácticamente no contemplaba qué hacer si sus premisas iniciales resultaban equivocadas y que la cultura militar rusa tendía a continuar reforzando operaciones fallidas mientras no llegara desde arriba la orden de cambiarlas.
Ahí puede encontrarse una de las debilidades fundamentales del ejército ruso. El mismo sistema que convierte al soldado en un recurso reemplazable exige obediencia al oficial y termina exigiéndola también al general. Putin creyó conocer el ejército que mandaba. La guerra demostró hasta qué punto lo desconocía.
Putin tampoco comprendió al país que pretendía conquistar.
La aparición de un líder como Volodímir Zelensky no fue un accidente histórico. Cuando las fuerzas rusas avanzaban sobre Kyiv en los primeros días de la invasión y Estados Unidos le ofreció la posibilidad de abandonar la capital, decidió permanecer. Su respuesta se haría famosa: necesitaba municiones, no que lo sacaran del país.
Pero aquella decisión representaba algo que iba mucho más allá de Zelensky. Los ucranianos tenían una larga historia de lucha por conservar o recuperar su independencia.
Desde el siglo IX, Kyiv había sido el centro de un poderoso Estado medieval, siglos antes del ascenso de Moscú. En 1648, los cosacos ucranianos se rebelaron contra el dominio polaco y establecieron un gobierno propio que posteriormente perdió su autonomía ante Rusia. En 1918 los ucranianos proclamaron nuevamente su independencia, pero el Ejército Rojo terminó imponiendo el poder soviético. En 1991 la recuperaron. En el referendo del 1 de diciembre, el 90,32% de quienes votaron respaldó la independencia, que obtuvo mayoría en todas las regiones del país, incluidas Crimea y Sebastopol.
Esa historia ayuda a explicar una diferencia fundamental entre los dos ejércitos. Un soldado ruso puede perder esta guerra y regresar a Rusia. Para el ucraniano, detrás del frente están su familia, su ciudad y su propio país. Una derrota puede significar perder aquello que está defendiendo.
La participación de las mujeres ofrece una medida concreta de esa movilización. A comienzos de 2025, más de 70.000 mujeres servían en las Fuerzas Armadas de Ucrania y más de 5.500 estaban directamente en el frente, según el Ministerio de Defensa ucraniano.
Putin inició la invasión creyendo conocer el ejército que enviaba a combatir y el país que pretendía conquistar. Se equivocó en ambos cálculos.
Sobreestimó a su ejército y subestimó a los ucranianos.
PUTIN CANNOT WIN THE GROUND WAR IN UKRAINE
By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Putin cannot win the ground war in Ukraine. He cannot win it, and his army continues to weaken. What Russian soldiers and officers lack, the Ukrainians possess. For the moment, Putin has no prospect of achieving victory on that battlefield.
At the current pace, every square kilometer of net Russian advance is costing approximately 500 soldiers killed or wounded. During the last six months, between 180,000 and 200,000 Russian soldiers have been killed or wounded to achieve a net territorial gain of only about 360 square kilometers. If that pace continued through the end of 2027, Russia would suffer roughly another half-million casualties to advance less than 1,000 square kilometers.
How can an army regarded at the beginning of the invasion as one of the most powerful in the world advance so little after four years of war and pay such an extraordinary price for every kilometer it captures?
One explanation is that Putin did not know the true condition of the army he sent to conquer Ukraine.
The problems of the Russian soldier did not begin in Ukraine. In Afghanistan, the Soviet army already suffered from abuse of recruits, corruption, disciplinary problems and demoralization. In Chechnya, poorly trained soldiers, command and logistical failures and miserable conditions at the front reappeared.
Decades later, testimony and investigations into the war in Ukraine describe similar problems: exhaustion, abuse by superiors and brutal methods of enforcing discipline, including beatings, deprivation of food and water, confinement, threats and the deployment of soldiers on extremely dangerous assault missions. Even wounded or sick men have been returned to the front. Thousands of convicts taken from prisons were also incorporated into the fighting.
The most revealing demonstration of the seriousness of the problems affecting the Russian army came when, in August 2024, Ukrainian forces crossed the border and entered Russia's Kursk region. They eventually controlled approximately 1,376 square kilometers of Russian territory and around one hundred settlements. Russia, which had invaded Ukraine, suddenly found itself unable to expel Ukrainian forces quickly from its own territory.
When Russian forces failed to dislodge them, Putin also had to turn to North Korean troops to help recover the territory.
The North Koreans brought discipline, cohesion and willingness to fight. But they confronted experienced and highly motivated Ukrainian soldiers, and the cost was extraordinary: Western estimates put North Korean casualties at more than 6,000 killed or wounded out of approximately 11,000 initially deployed, more than half of that force.
These problems are compounded by a deeply vertical military tradition in which the soldier has often been treated as a replaceable resource. A subordinate carries out an order and rarely challenges the person above him. The system can produce obedience, but it can also tolerate enormous human losses and allow errors to travel intact up the chain of command.
In an authoritarian political system, that same military verticality can extend all the way to the summit of power. Senior commanders may end up telling the leader what he wants to hear. Putin could have reports, generals and intelligence services at his disposal and still fail to understand the true condition of the army he was sending to war.
The invasion of Ukraine demonstrated the consequences. The so-called “special military operation” was prepared by Putin and an extraordinarily small circle. Even senior Russian officers did not know until shortly before the invasion the full scale of what was being prepared. The Royal United Services Institute (RUSI), a British defense and military studies institution, found that the plan provided almost no guidance for what to do if its initial assumptions proved wrong and that Russian military culture tended to continue reinforcing failed operations until an order to change course came from above.
There lies one of the Russian army's fundamental weaknesses. The same system that turns the soldier into a replaceable resource demands obedience from the officer and ultimately demands it from the general as well. Putin believed he knew the army he commanded. The war demonstrated just how little he understood it.
Putin also failed to understand the country he intended to conquer.
The emergence of a leader like Volodymyr Zelensky was not a historical accident. When Russian forces were advancing on Kyiv during the first days of the invasion and the United States offered him the possibility of leaving the capital, he chose to remain. His response became famous: he needed ammunition, not a ride out of the country.
But that decision represented something that went far beyond Zelensky. Ukrainians had a long history of struggling to preserve or recover their independence.
Since the ninth century, Kyiv had been the center of a powerful medieval state, centuries before the rise of Moscow. In 1648, Ukrainian Cossacks rebelled against Polish rule and established their own government, which later lost its autonomy to Russia. In 1918, Ukrainians once again proclaimed independence, but the Red Army ultimately imposed Soviet rule. In 1991 they recovered it. In the December 1 referendum, 90.32% of those who voted supported independence, which won a majority in every region of the country, including Crimea and Sevastopol.
That history helps explain a fundamental difference between the two armies. A Russian soldier can lose this war and return to Russia. For a Ukrainian, behind the front are his family, his city and his own country. Defeat can mean losing what he is defending.
The participation of women provides a concrete measure of that mobilization. At the beginning of 2025, more than 70,000 women were serving in the Armed Forces of Ukraine and more than 5,500 were directly on the front line, according to the Ukrainian Ministry of Defense.
Putin began the invasion believing he understood both the army he was sending to fight and the country he intended to conquer. He miscalculated both.
He overestimated his army and underestimated the Ukrainians.
POUTINE NE PEUT PAS GAGNER LA GUERRE TERRESTRE EN UKRAINE
Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Poutine ne peut pas gagner la guerre terrestre en Ukraine. Il ne peut pas la gagner et son armée continue de s'affaiblir. Ce qui manque aux soldats et aux officiers russes, les Ukrainiens le possèdent. Pour le moment, Poutine n'a aucune possibilité d'obtenir une victoire sur ce théâtre de guerre.
Au rythme actuel, chaque kilomètre carré d'avancée nette coûte à la Russie environ 500 soldats tués ou blessés. Au cours des six derniers mois, entre 180 000 et 200 000 soldats russes ont été tués ou blessés pour obtenir un gain territorial net d'à peine 360 kilomètres carrés. Si ce rythme se maintenait jusqu'à la fin de 2027, la Russie subirait environ un demi-million de pertes supplémentaires pour avancer de moins de 1 000 kilomètres carrés.
Comment expliquer qu'une armée considérée au début de l'invasion comme l'une des plus puissantes du monde avance si peu après quatre années de guerre et paie un prix aussi extraordinaire pour chaque kilomètre conquis ?
Une première explication est que Poutine ignorait l'état réel de l'armée qu'il avait envoyée conquérir l'Ukraine.
Les problèmes du soldat russe n'ont pas commencé en Ukraine. En Afghanistan, l'armée soviétique souffrait déjà d'abus contre les recrues, de corruption, de problèmes de discipline et de démoralisation. En Tchétchénie sont réapparus des soldats mal entraînés, des défaillances de commandement et de logistique ainsi que des conditions misérables sur le front.
Des décennies plus tard, les témoignages et les enquêtes sur la guerre en Ukraine décrivent des problèmes semblables : épuisement, abus de la part des supérieurs et méthodes brutales pour imposer la discipline, notamment des passages à tabac, la privation de nourriture et d'eau, l'enfermement, les menaces et l'envoi de soldats dans des missions d'assaut extrêmement dangereuses. Même des hommes blessés ou malades ont été renvoyés au front. À cela s'est ajoutée l'incorporation de milliers de condamnés sortis des prisons pour combattre.
La démonstration la plus révélatrice de la gravité des problèmes qui affectent l'armée russe s'est produite lorsqu'en août 2024 les forces ukrainiennes ont franchi la frontière et pénétré dans la région russe de Koursk. Elles sont parvenues à contrôler environ 1 376 kilomètres carrés de territoire russe ainsi qu'une centaine de localités. La Russie, qui avait envahi l'Ukraine, s'est soudain retrouvée incapable d'expulser rapidement les forces ukrainiennes de son propre territoire.
Lorsque les forces russes n'ont pas réussi à les déloger, Poutine a également dû faire appel à des troupes nord-coréennes pour aider à reconquérir le territoire.
Les Nord-Coréens ont apporté discipline, cohésion et disposition au combat. Mais ils ont dû affronter des soldats ukrainiens expérimentés et motivés, et le coût a été extraordinaire : les estimations occidentales font état de plus de 6 000 Nord-Coréens tués ou blessés sur environ 11 000 initialement déployés, soit plus de la moitié de cette force.
À ces problèmes s'ajoute une tradition militaire profondément verticale, dans laquelle le soldat a souvent été traité comme une ressource remplaçable. Le subordonné exécute l'ordre et remet rarement en question celui qui se trouve au-dessus de lui. Le système peut produire de l'obéissance, mais il peut également accepter d'énormes pertes humaines et permettre aux erreurs de remonter intactes toute la chaîne de commandement.
Dans un système politique autoritaire, cette même verticalité militaire peut se prolonger jusqu'au sommet du pouvoir. Les hauts commandements peuvent finir par dire au dirigeant ce qu'il souhaite entendre. Poutine pouvait disposer de rapports, de généraux et de services de renseignement et pourtant ignorer l'état réel de l'armée qu'il envoyait à la guerre.
L'invasion de l'Ukraine en a montré les conséquences. La prétendue « opération militaire spéciale » a été préparée par Poutine et un cercle extraordinairement restreint. Même de hauts officiers russes ignoraient jusqu'à peu de temps avant l'invasion l'ampleur de ce qui se préparait. Le Royal United Services Institute (RUSI), centre britannique spécialisé dans les études militaires et de défense, a constaté que le plan ne prévoyait pratiquement pas ce qu'il fallait faire si ses hypothèses initiales se révélaient erronées et que la culture militaire russe avait tendance à continuer de renforcer des opérations qui échouaient tant qu'un ordre de changement ne venait pas d'en haut.
C'est là que l'on peut trouver l'une des faiblesses fondamentales de l'armée russe. Le même système qui transforme le soldat en ressource remplaçable exige l'obéissance de l'officier et finit par l'exiger également du général. Poutine croyait connaître l'armée qu'il commandait. La guerre a démontré à quel point il la connaissait mal.
Poutine n'a pas davantage compris le pays qu'il voulait conquérir.
L'apparition d'un dirigeant comme Volodymyr Zelensky n'était pas un accident historique. Lorsque les forces russes avançaient sur Kyiv dans les premiers jours de l'invasion et que les États-Unis lui ont offert la possibilité de quitter la capitale, il a décidé de rester. Sa réponse allait devenir célèbre : il avait besoin de munitions, pas qu'on le fasse sortir du pays.
Mais cette décision représentait quelque chose qui allait bien au-delà de Zelensky. Les Ukrainiens avaient une longue histoire de lutte pour conserver ou reconquérir leur indépendance.
Depuis le IXe siècle, Kyiv avait été le centre d'un puissant État médiéval, plusieurs siècles avant l'ascension de Moscou. En 1648, les cosaques ukrainiens se révoltèrent contre la domination polonaise et établirent leur propre gouvernement, qui perdit ensuite son autonomie au profit de la Russie. En 1918, les Ukrainiens proclamèrent de nouveau leur indépendance, mais l'Armée rouge finit par imposer le pouvoir soviétique. En 1991, ils la recouvrèrent. Lors du référendum du 1er décembre, 90,32 % des votants approuvèrent l'indépendance, qui obtint une majorité dans toutes les régions du pays, y compris en Crimée et à Sébastopol.
Cette histoire contribue à expliquer une différence fondamentale entre les deux armées. Un soldat russe peut perdre cette guerre et retourner en Russie. Pour l'Ukrainien, derrière le front se trouvent sa famille, sa ville et son propre pays. Une défaite peut signifier perdre ce qu'il défend.
La participation des femmes offre une mesure concrète de cette mobilisation. Au début de 2025, plus de 70 000 femmes servaient dans les Forces armées ukrainiennes et plus de 5 500 se trouvaient directement sur le front, selon le ministère ukrainien de la Défense.
Poutine a commencé l'invasion en croyant connaître l'armée qu'il envoyait combattre et le pays qu'il voulait conquérir. Il s'est trompé dans les deux calculs.
Il a surestimé son armée et sous-estimé les Ukrainiens.
PUTIN NON PUÒ VINCERE LA GUERRA TERRESTRE IN UCRAINA
Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Putin non può vincere la guerra terrestre in Ucraina. Non può vincerla e il suo esercito continua a indebolirsi. Ciò che manca ai soldati e agli ufficiali russi, gli ucraini lo possiedono. Per il momento Putin non ha possibilità di ottenere una vittoria su questo campo di battaglia.
Al ritmo attuale, ogni chilometro quadrato di avanzata netta costa alla Russia circa 500 soldati morti o feriti. Negli ultimi sei mesi, tra 180.000 e 200.000 soldati russi sono morti o rimasti feriti per ottenere un guadagno territoriale netto di appena 360 chilometri quadrati. Se questo ritmo continuasse fino alla fine del 2027, la Russia subirebbe circa mezzo milione di ulteriori perdite per avanzare meno di 1.000 chilometri quadrati.
Come si spiega che un esercito considerato all'inizio dell'invasione uno dei più potenti del mondo avanzi così poco dopo quattro anni di guerra e paghi un prezzo tanto straordinario per ogni chilometro conquistato?
Una prima spiegazione è che Putin ignorava il vero stato dell'esercito che aveva inviato a conquistare l'Ucraina.
I problemi del soldato russo non sono cominciati in Ucraina. In Afghanistan, l'esercito sovietico soffriva già di abusi contro le reclute, corruzione, problemi disciplinari e demoralizzazione. In Cecenia ricomparvero soldati scarsamente addestrati, carenze di comando e logistica e condizioni miserabili al fronte.
Decenni dopo, testimonianze e indagini sulla guerra in Ucraina descrivono problemi simili: esaurimento, abusi da parte dei superiori e metodi brutali per imporre la disciplina, comprese percosse, privazione di cibo e acqua, confinamento, minacce e l'invio di soldati in missioni d'assalto ad altissimo rischio. Persino uomini feriti o malati sono stati rimandati al fronte. A ciò si è aggiunta l'incorporazione di migliaia di detenuti prelevati dalle carceri per combattere.
La dimostrazione più rivelatrice della gravità dei problemi che affliggono l'esercito russo si è avuta quando, nell'agosto 2024, le forze ucraine hanno attraversato il confine e sono penetrate nella regione russa di Kursk. Arrivarono a controllare circa 1.376 chilometri quadrati di territorio russo e un centinaio di località. La Russia, che aveva invaso l'Ucraina, si trovò improvvisamente incapace di espellere rapidamente le forze ucraine dal proprio territorio.
Quando le forze russe non riuscirono a sloggiarle, Putin dovette ricorrere anche alle truppe della Corea del Nord per contribuire a riconquistare il territorio.
I nordcoreani portarono disciplina, coesione e disponibilità al combattimento. Ma dovettero affrontare soldati ucraini esperti e motivati, e il costo fu straordinario: le stime occidentali calcolano oltre 6.000 nordcoreani morti o feriti su circa 11.000 inizialmente schierati, più della metà di quella forza.
A questi problemi si aggiunge una tradizione militare profondamente verticale, nella quale il soldato è stato spesso trattato come una risorsa sostituibile. Il subordinato esegue l'ordine e difficilmente mette in discussione chi si trova sopra di lui. Il sistema può produrre obbedienza, ma può anche accettare enormi perdite umane e permettere agli errori di risalire intatti lungo la catena di comando.
In un sistema politico autoritario, quella stessa verticalità militare può estendersi fino al vertice del potere. Gli alti comandanti possono finire per dire al leader ciò che vuole sentirsi dire. Putin poteva disporre di rapporti, generali e servizi di intelligence e tuttavia ignorare il vero stato dell'esercito che stava mandando in guerra.
L'invasione dell'Ucraina ne mostrò le conseguenze. La cosiddetta “operazione militare speciale” fu preparata da Putin e da una cerchia straordinariamente ristretta. Persino alti ufficiali russi ignorarono fino a poco prima dell'invasione la portata di ciò che si stava preparando. Il Royal United Services Institute (RUSI), centro britannico specializzato in studi militari e di difesa, ha rilevato inoltre che il piano praticamente non prevedeva cosa fare nel caso in cui le sue premesse iniziali si fossero rivelate errate e che la cultura militare russa tendeva a continuare a rafforzare operazioni fallimentari finché dall'alto non arrivava l'ordine di cambiarle.
Qui può trovarsi una delle debolezze fondamentali dell'esercito russo. Lo stesso sistema che trasforma il soldato in una risorsa sostituibile esige obbedienza dall'ufficiale e finisce per esigerla anche dal generale. Putin credeva di conoscere l'esercito che comandava. La guerra ha dimostrato fino a che punto non lo conoscesse.
Putin non comprese neppure il paese che intendeva conquistare.
L'emergere di un leader come Volodymyr Zelensky non fu un incidente storico. Quando le forze russe avanzavano su Kyiv nei primi giorni dell'invasione e gli Stati Uniti gli offrirono la possibilità di lasciare la capitale, decise di restare. La sua risposta sarebbe diventata famosa: aveva bisogno di munizioni, non che lo portassero fuori dal paese.
Ma quella decisione rappresentava qualcosa che andava ben oltre Zelensky. Gli ucraini avevano una lunga storia di lotta per conservare o riconquistare la propria indipendenza.
Dal IX secolo Kyiv era stata il centro di un potente Stato medievale, secoli prima dell'ascesa di Mosca. Nel 1648 i cosacchi ucraini si ribellarono al dominio polacco e stabilirono un proprio governo, che successivamente perse la sua autonomia a favore della Russia. Nel 1918 gli ucraini proclamarono nuovamente l'indipendenza, ma l'Armata Rossa finì per imporre il potere sovietico. Nel 1991 la recuperarono. Nel referendum del 1º dicembre, il 90,32% dei votanti sostenne l'indipendenza, che ottenne la maggioranza in tutte le regioni del paese, comprese la Crimea e Sebastopoli.
Questa storia aiuta a spiegare una differenza fondamentale tra i due eserciti. Un soldato russo può perdere questa guerra e tornare in Russia. Per l'ucraino, dietro il fronte ci sono la sua famiglia, la sua città e il suo stesso paese. Una sconfitta può significare perdere ciò che sta difendendo.
La partecipazione delle donne offre una misura concreta di questa mobilitazione. All'inizio del 2025, più di 70.000 donne prestavano servizio nelle Forze Armate dell'Ucraina e più di 5.500 si trovavano direttamente al fronte, secondo il Ministero della Difesa ucraino.
Putin iniziò l'invasione credendo di conoscere sia l'esercito che mandava a combattere sia il paese che intendeva conquistare. Sbagliò entrambi i calcoli.
Sopravvalutò il proprio esercito e sottovalutò gli ucraini.


0 comentarios:
Publicar un comentario