sábado, 12 de septiembre de 2026

 


¿QUÉ APRENDIÓ LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL SOBRE CUBA?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Aries Cañellas, historiador cubano, profesor e investigador, ha publicado en Diario de Cuba los dos primeros artículos de una investigación sobre Cuba y la Inteligencia Artificial que todavía no ha terminado. Faltan otros dos, según anuncia el propio autor.

Cañellas se propuso investigar qué parte del enorme volumen de información producido durante décadas alrededor de la Revolución cubana había llegado hasta la inteligencia artificial y podía haber influido en lo que esta aprendió sobre Cuba. Sus primeros resultados son sorprendentes.

La inteligencia artificial es un fenómeno relativamente nuevo, aunque sus raíces se remontan a varias décadas atrás. En 1956, un pequeño grupo de científicos reunidos en Dartmouth, Estados Unidos, comenzó a plantear formalmente la posibilidad de construir máquinas capaces de realizar tareas propias de la inteligencia humana. Aquellos pioneros disponían de computadoras extraordinariamente primitivas comparadas con las actuales. Sus ideas fueron desarrollándose durante décadas hasta que el enorme aumento de la capacidad de las computadoras, unido al trabajo de miles de científicos, ingenieros y desarrolladores, permitió alcanzar los extraordinarios resultados que estamos viendo hoy.

La inteligencia artificial no nació sabiendo quién era Fidel Castro, cómo era Cuba antes de 1959 o qué ocurrió después de la Revolución. Hubo que enseñárselo. En lenguaje técnico se dice que fue entrenada.

Para hacerlo, los sistemas de inteligencia artificial procesaron cantidades gigantescas de información producida anteriormente por los seres humanos: libros, periódicos, revistas, investigaciones académicas, páginas de Internet, transcripciones de videos y muchas otras fuentes. Y ese aprendizaje no se ha detenido. La inteligencia artificial continúa incorporando nueva información y aumentando extraordinariamente sus capacidades.

La magnitud de lo que puede llegar a conocer y procesar resulta difícil de imaginar. Una inteligencia artificial puede conversar sobre las teorías acerca del origen del universo, explicar la evolución de las especies, analizar los últimos avances de la medicina, discutir los errores estratégicos de Cartago durante las guerras púnicas contra Roma y, segundos después, comparar las mejores lavadoras de platos que existen en el mercado.

Y no se limita a localizar información. Puede relacionarla, analizarla, resumirla, traducirla, compararla y utilizarla para responder preguntas que nunca antes le habían formulado.

Podemos imaginar ese proceso como el de una persona que entra en una biblioteca gigantesca y lee millones de documentos. La inteligencia artificial no guarda simplemente cada libro para reproducirlo después, sino que durante su entrenamiento aprende patrones, relaciones entre conceptos, formas de describir acontecimientos y asociaciones entre personajes, ideas y hechos.

Y aquí aparece algo todavía más extraordinario.

Los sistemas más avanzados ya no se limitan a contestar preguntas. Pueden razonar sobre problemas complejos, escribir y analizar programas de computación, trabajar con enormes cantidades de información, utilizar herramientas y ejecutar tareas que requieren numerosos pasos. Su capacidad continúa avanzando a una velocidad que hace apenas unos años parecía difícil de imaginar.

Hasta dónde llegará ese proceso es objeto de una discusión mundial. Investigadores y las propias empresas que desarrollan estos sistemas estudian incluso la posibilidad de que futuras inteligencias artificiales alcancen capacidades intelectuales superiores a las humanas y los problemas que podrían surgir para mantenerlas bajo nuestro control. Otros especialistas están convencidos de que nos acercamos rápidamente al momento en que la Inteligencia Artificial superará la capacidad intelectual humana.

Ese es un tema que merece ser tratado por separado.

Por ahora nos interesa una pregunta mucho más sencilla: si la inteligencia artificial tuvo que aprender de la información que los seres humanos habíamos producido, ¿qué encontró cuando comenzó a aprender sobre Cuba?

Y es aquí donde las investigaciones de Aries Cañellas se convierten en un tema revelador. Sus dos primeros artículos muestran una presencia considerable de información relacionada con el castrismo en los materiales que ha podido rastrear.

Pero todavía falta una parte fundamental de su investigación: conocer qué presencia tuvieron quienes rompieron con el régimen, se exiliaron, lo combatieron o escribieron contra él.

Cañellas ha anunciado otros dos artículos dedicados precisamente a esa otra parte de la historia. Esperemos a conocer sus resultados antes de sacar conclusiones.

Mientras tanto, dejamos a nuestros lectores los enlaces a los dos primeros artículos de su investigación.

El rastro del discurso oficial cubano en los corpus de entrenamiento de la IA

El rastro del discurso oficial cubano en los corpus de entrenamiento de la IA (II)

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WHAT DID ARTIFICIAL INTELLIGENCE LEARN ABOUT CUBA?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Aries Cañellas, a Cuban historian, professor and researcher, has published in Diario de Cuba the first two articles of an investigation into Cuba and Artificial Intelligence that is not yet complete. Two more articles remain, according to the author himself.

Cañellas set out to investigate how much of the enormous volume of information produced over decades around the Cuban Revolution had reached artificial intelligence and could have influenced what it learned about Cuba. His initial findings are surprising.

Artificial intelligence is a relatively new phenomenon, although its roots go back several decades. In 1956, a small group of scientists meeting at Dartmouth in the United States began formally exploring the possibility of building machines capable of performing tasks associated with human intelligence. Those pioneers had computers that were extraordinarily primitive compared with today's. Their ideas developed over decades until the enormous increase in computing power, combined with the work of thousands of scientists, engineers and developers, made possible the extraordinary results we are seeing today.

Artificial intelligence was not born knowing who Fidel Castro was, what Cuba was like before 1959, or what happened after the Revolution. It had to be taught. In technical language, we say it was trained.

To accomplish this, artificial intelligence systems processed gigantic amounts of information previously produced by human beings: books, newspapers, magazines, academic research, Internet pages, video transcripts and many other sources. And that learning has not stopped. Artificial intelligence continues to incorporate new information and dramatically increase its capabilities.

The scale of what it can come to know and process is difficult to imagine. An artificial intelligence can discuss theories about the origin of the universe, explain the evolution of species, analyze the latest advances in medicine, discuss Carthage's strategic mistakes during the Punic Wars against Rome and, seconds later, compare the best dishwashers available on the market.

And it does not merely locate information. It can relate it, analyze it, summarize it, translate it, compare it and use it to answer questions it has never been asked before.

We can imagine this process as a person entering a gigantic library and reading millions of documents. Artificial intelligence does not simply store each book in order to reproduce it later. During its training, it learns patterns, relationships between concepts, ways of describing events, and associations among people, ideas and facts.

And here something even more extraordinary appears.

The most advanced systems are no longer limited to answering questions. They can reason about complex problems, write and analyze computer programs, work with enormous amounts of information, use tools, and carry out tasks requiring numerous steps. Their capabilities continue to advance at a speed that only a few years ago would have seemed difficult to imagine.

How far this process will go is the subject of a worldwide debate. Researchers and the companies developing these systems are even studying the possibility that future artificial intelligences could achieve intellectual capabilities superior to those of humans, and the problems that could arise in keeping them under our control. Other specialists are convinced that we are rapidly approaching the moment when Artificial Intelligence will surpass human intellectual capacity.

That is a subject that deserves to be addressed separately.

For now, we are interested in a much simpler question: if artificial intelligence had to learn from the information human beings had produced, what did it find when it began learning about Cuba?

This is where Aries Cañellas's research becomes revealing. His first two articles show a considerable presence of information related to Castroism in the materials he has been able to trace.

But a fundamental part of his investigation is still missing: determining the presence of those who broke with the regime, went into exile, fought it, or wrote against it.

Cañellas has announced two additional articles devoted precisely to this other part of the story. Let us wait to see his results before drawing conclusions.

Meanwhile, we leave our readers the links to the first two articles of his investigation.

The Trace of Cuba's Official Discourse in AI Training Corpora

The Trace of Cuba's Official Discourse in AI Training Corpora (II)

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QU'A APPRIS L'INTELLIGENCE ARTIFICIELLE SUR CUBA ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Aries Cañellas, historien cubain, professeur et chercheur, a publié dans Diario de Cuba les deux premiers articles d'une enquête sur Cuba et l'Intelligence Artificielle qui n'est pas encore terminée. Deux autres articles restent à paraître, selon l'auteur lui-même.

Cañellas a entrepris d'étudier quelle partie de l'énorme volume d'informations produites pendant des décennies autour de la Révolution cubaine était parvenue jusqu'à l'intelligence artificielle et avait pu influencer ce qu'elle avait appris sur Cuba. Ses premiers résultats sont surprenants.

L'intelligence artificielle est un phénomène relativement nouveau, bien que ses racines remontent à plusieurs décennies. En 1956, un petit groupe de scientifiques réunis à Dartmouth, aux États-Unis, commença à envisager formellement la possibilité de construire des machines capables d'accomplir des tâches propres à l'intelligence humaine. Ces pionniers disposaient d'ordinateurs extraordinairement primitifs par rapport à ceux d'aujourd'hui. Leurs idées se sont développées pendant des décennies jusqu'à ce que l'augmentation considérable de la puissance des ordinateurs, associée au travail de milliers de scientifiques, d'ingénieurs et de développeurs, permette d'atteindre les résultats extraordinaires que nous observons aujourd'hui.

L'intelligence artificielle n'est pas née en sachant qui était Fidel Castro, à quoi ressemblait Cuba avant 1959 ou ce qui s'est passé après la Révolution. Il a fallu le lui apprendre. Dans le langage technique, on dit qu'elle a été entraînée.

Pour ce faire, les systèmes d'intelligence artificielle ont traité des quantités gigantesques d'informations produites auparavant par les êtres humains : livres, journaux, revues, recherches universitaires, pages Internet, transcriptions de vidéos et de nombreuses autres sources. Et cet apprentissage ne s'est pas arrêté. L'intelligence artificielle continue d'intégrer de nouvelles informations et d'accroître extraordinairement ses capacités.

L'ampleur de ce qu'elle peut parvenir à connaître et à traiter est difficile à imaginer. Une intelligence artificielle peut discuter des théories sur l'origine de l'univers, expliquer l'évolution des espèces, analyser les dernières avancées de la médecine, examiner les erreurs stratégiques de Carthage pendant les guerres puniques contre Rome et, quelques secondes plus tard, comparer les meilleurs lave-vaisselle disponibles sur le marché.

Et elle ne se limite pas à localiser des informations. Elle peut les mettre en relation, les analyser, les résumer, les traduire, les comparer et les utiliser pour répondre à des questions qui ne lui avaient jamais été posées auparavant.

Nous pouvons imaginer ce processus comme celui d'une personne qui entre dans une bibliothèque gigantesque et lit des millions de documents. L'intelligence artificielle ne conserve pas simplement chaque livre pour le reproduire ensuite ; au cours de son entraînement, elle apprend des schémas, des relations entre les concepts, des manières de décrire les événements et des associations entre les personnages, les idées et les faits.

Et c'est ici qu'apparaît quelque chose d'encore plus extraordinaire.

Les systèmes les plus avancés ne se limitent plus à répondre à des questions. Ils peuvent raisonner sur des problèmes complexes, écrire et analyser des programmes informatiques, travailler avec d'énormes quantités d'informations, utiliser des outils et exécuter des tâches nécessitant de nombreuses étapes. Leurs capacités continuent de progresser à une vitesse qui, il y a seulement quelques années, aurait semblé difficile à imaginer.

Jusqu'où ira ce processus fait l'objet d'un débat mondial. Les chercheurs et les entreprises qui développent ces systèmes étudient même la possibilité que de futures intelligences artificielles atteignent des capacités intellectuelles supérieures à celles des êtres humains, ainsi que les problèmes qui pourraient surgir pour les maintenir sous notre contrôle. D'autres spécialistes sont convaincus que nous approchons rapidement du moment où l'Intelligence Artificielle dépassera la capacité intellectuelle humaine.

C'est un sujet qui mérite d'être traité séparément.

Pour l'instant, une question beaucoup plus simple nous intéresse : si l'intelligence artificielle a dû apprendre à partir des informations que les êtres humains avaient produites, qu'a-t-elle trouvé lorsqu'elle a commencé à apprendre sur Cuba ?

C'est ici que les recherches d'Aries Cañellas deviennent révélatrices. Ses deux premiers articles montrent une présence considérable d'informations liées au castrisme dans les matériaux qu'il a pu retracer.

Mais il manque encore une partie fondamentale de son enquête : connaître la présence de ceux qui ont rompu avec le régime, se sont exilés, l'ont combattu ou ont écrit contre lui.

Cañellas a annoncé deux autres articles consacrés précisément à cette autre partie de l'histoire. Attendons d'en connaître les résultats avant de tirer des conclusions.

En attendant, nous proposons à nos lecteurs les liens vers les deux premiers articles de son enquête.

La trace du discours officiel cubain dans les corpus d'entraînement de l'IA

La trace du discours officiel cubain dans les corpus d'entraînement de l'IA (II)

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CHE COSA HA IMPARATO L'INTELLIGENZA ARTIFICIALE SU CUBA?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Aries Cañellas, storico cubano, professore e ricercatore, ha pubblicato su Diario de Cuba i primi due articoli di una ricerca su Cuba e l'Intelligenza Artificiale che non è ancora terminata. Mancano altri due articoli, secondo quanto annunciato dallo stesso autore.

Cañellas si è proposto di indagare quale parte dell'enorme volume di informazioni prodotto nel corso di decenni intorno alla Rivoluzione cubana sia arrivata fino all'intelligenza artificiale e possa aver influenzato ciò che essa ha imparato su Cuba. I suoi primi risultati sono sorprendenti.

L'intelligenza artificiale è un fenomeno relativamente nuovo, anche se le sue radici risalgono a diversi decenni fa. Nel 1956, un piccolo gruppo di scienziati riuniti a Dartmouth, negli Stati Uniti, cominciò a considerare formalmente la possibilità di costruire macchine capaci di svolgere compiti propri dell'intelligenza umana. Quei pionieri disponevano di computer straordinariamente primitivi rispetto a quelli attuali. Le loro idee si svilupparono nel corso dei decenni fino a quando l'enorme aumento della capacità dei computer, unito al lavoro di migliaia di scienziati, ingegneri e sviluppatori, rese possibili gli straordinari risultati che stiamo vedendo oggi.

L'intelligenza artificiale non è nata sapendo chi fosse Fidel Castro, com'era Cuba prima del 1959 o che cosa accadde dopo la Rivoluzione. È stato necessario insegnarglielo. Nel linguaggio tecnico si dice che è stata addestrata.

Per farlo, i sistemi di intelligenza artificiale hanno elaborato quantità gigantesche di informazioni prodotte in precedenza dagli esseri umani: libri, giornali, riviste, ricerche accademiche, pagine Internet, trascrizioni di video e molte altre fonti. E questo apprendimento non si è fermato. L'intelligenza artificiale continua a incorporare nuove informazioni e ad aumentare straordinariamente le proprie capacità.

La vastità di ciò che può arrivare a conoscere ed elaborare è difficile da immaginare. Un'intelligenza artificiale può conversare sulle teorie relative all'origine dell'universo, spiegare l'evoluzione delle specie, analizzare gli ultimi progressi della medicina, discutere gli errori strategici di Cartagine durante le guerre puniche contro Roma e, pochi secondi dopo, confrontare le migliori lavastoviglie disponibili sul mercato.

E non si limita a localizzare informazioni. Può metterle in relazione, analizzarle, riassumerle, tradurle, confrontarle e utilizzarle per rispondere a domande che non le erano mai state poste prima.

Possiamo immaginare questo processo come quello di una persona che entra in una biblioteca gigantesca e legge milioni di documenti. L'intelligenza artificiale non conserva semplicemente ogni libro per riprodurlo in seguito, ma durante il suo addestramento apprende schemi, relazioni tra concetti, modi di descrivere gli avvenimenti e associazioni tra personaggi, idee e fatti.

E qui appare qualcosa di ancora più straordinario.

I sistemi più avanzati non si limitano più a rispondere alle domande. Possono ragionare su problemi complessi, scrivere e analizzare programmi informatici, lavorare con enormi quantità di informazioni, utilizzare strumenti ed eseguire compiti che richiedono numerosi passaggi. Le loro capacità continuano ad avanzare a una velocità che solo pochi anni fa sarebbe sembrata difficile da immaginare.

Fino a dove arriverà questo processo è oggetto di un dibattito mondiale. I ricercatori e le stesse aziende che sviluppano questi sistemi studiano persino la possibilità che future intelligenze artificiali raggiungano capacità intellettuali superiori a quelle umane e i problemi che potrebbero sorgere per mantenerle sotto il nostro controllo. Altri specialisti sono convinti che ci stiamo rapidamente avvicinando al momento in cui l'Intelligenza Artificiale supererà la capacità intellettuale umana.

Questo è un tema che merita di essere affrontato separatamente.

Per ora ci interessa una domanda molto più semplice: se l'intelligenza artificiale ha dovuto imparare dalle informazioni che gli esseri umani avevano prodotto, che cosa ha trovato quando ha cominciato a conoscere Cuba?

Ed è qui che le ricerche di Aries Cañellas diventano rivelatrici. I suoi primi due articoli mostrano una presenza considerevole di informazioni legate al castrismo nei materiali che è riuscito a rintracciare.

Ma manca ancora una parte fondamentale della sua ricerca: conoscere quale presenza abbiano avuto coloro che ruppero con il regime, andarono in esilio, lo combatterono o scrissero contro di esso.

Cañellas ha annunciato altri due articoli dedicati precisamente a quest'altra parte della storia. Aspettiamo di conoscerne i risultati prima di trarre conclusioni.

Nel frattempo, lasciamo ai nostri lettori i collegamenti ai primi due articoli della sua ricerca.

La traccia del discorso ufficiale cubano nei corpus di addestramento dell'IA

La traccia del discorso ufficiale cubano nei corpus di addestramento dell'IA (II)

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