VIMA: UN ASCENSO QUE MERECE EXPLICACIÓN
VIMA: UN ASCENSO QUE MERECE EXPLICACIÓN
Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
El 1 de septiembre de 2026, la firma estadounidense Continental Strategy puso fin a su representación de Vima World en Washington. Apenas cinco semanas antes, el 24 de julio, Vima la había contratado para realizar gestiones ante el Gobierno federal de Estados Unidos en asuntos relacionados con comercio, industria alimentaria, relaciones exteriores y oportunidades de negocios en América Latina. El documento presentado para registrar la terminación de esa relación no explica el motivo. ¿Qué ocurrió en esas cinco semanas para que Continental Strategy decidiera dejar de representar a Vima?
La historia de Vima hace que la pregunta resulte todavía más inquietante. Vima ha tenido desde sus orígenes una extraña vinculación con el régimen castrista. Vima nació en La Habana en 1994. Desde allí comenzó posteriormente su expansión hacia otros mercados hasta convertirse, tres décadas después, en un grupo internacional que emplea a más de 500 personas y factura más de 200 millones de euros anuales. Lo extraordinario ocurrió al principio: apenas siete años después de su nacimiento, La Voz de Galicia informó que Vima controlaba el 15% de la distribución alimentaria de Cuba y el 25% de la destinada al sector hotelero. No fue una multinacional que llegó a conquistar el mercado cubano: fue una empresa que nació en la Cuba de Fidel Castro, creció vertiginosamente dentro de su economía controlada y desde allí se convirtió en una compañía internacional.
Las circunstancias difícilmente pudieron alinearse mejor. Vima comenzó a operar precisamente cuando el régimen castrista, golpeado por la desaparición de la Unión Soviética, apostaba por el turismo internacional como una de sus principales fuentes de divisas. La empresa estableció una parte fundamental de su infraestructura en Berroa, en La Habana del Este, donde el régimen había desarrollado un complejo de almacenes y depósitos aduanales para el comercio exterior. Allí funcionaba Havana in Bond, una operación desarrollada por CIMEX. Al frente de Havana in Bond estuvo Víctor Peña Blanco, identificado por antiguos integrantes de CIMEX como un oficial procedente de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior que posteriormente pasó a las estructuras económicas del régimen. En pocos años, aquella empresa recién nacida se había convertido en uno de los grandes distribuidores de alimentos de una economía donde el Estado decidía quién podía importar, almacenar, distribuir y vender.
Y surge una pregunta elemental: ¿para qué hacía falta Vima? Meliá, uno de sus principales clientes, era ya una gran cadena hotelera internacional que disponía de experiencia, proveedores y estructuras de compra para abastecer sus establecimientos en diferentes países. No necesitaba que una empresa recién creada le enseñara dónde comprar pescado, carne, vegetales o conservas. El régimen castrista tampoco necesitaba a Víctor Moro para localizar alimentos en el mercado mundial: disponía de empresas importadoras propias y compraba directamente en numerosos países. Si Meliá sabía comprar sus alimentos y el régimen también podía comprarlos directamente, ¿qué justificaba colocar a Vima en medio de aquel negocio? Y, sobre todo, ¿por qué Víctor Moro?
La Venezuela chavista ofrece una pista sobre cómo funcionan estos negocios en sistemas donde el poder político decide quién puede enriquecerse. El colombiano Alex Saab no llegó a Venezuela encabezando una gran multinacional de alimentos. Se abrió camino en los negocios con el gobierno de Hugo Chávez y posteriormente se convirtió, bajo Nicolás Maduro, en intermediario de enormes operaciones estatales. En el negocio de los alimentos de los CLAP, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos documentó un mecanismo en el que sociedades privadas obtenían contratos sin licitación, compraban alimentos en el exterior y los revendían al Estado venezolano. Según el Tesoro, Saab y sus socios obtuvieron cientos de millones de dólares mediante contratos sobrevalorados y parte de esos beneficios fue utilizada para pagar sobornos y mantener el acceso a funcionarios que concedían los contratos. El Estado venezolano podía comprar aquellos alimentos directamente. El intermediario existía porque el sistema necesitaba al intermediario.
El fenómeno tampoco es exclusivamente venezolano. En la Rusia de Vladimir Putin, la relación entre poder político y grandes fortunas ha sido estudiada durante años: empresarios favorecidos reciben contratos, activos y oportunidades extraordinarias mientras su permanencia depende de la lealtad al Kremlin. Quienes permanecen dentro del sistema prosperan y comparten; quienes dejan de ser considerados confiables pueden perder negocios y propiedades.
Cuba fue durante décadas mucho más hermética que Venezuela y Rusia. No conocemos las cuentas privadas de sus gobernantes, los acuerdos secretos ni los beneficiarios finales de muchas operaciones realizadas bajo el castrismo. Pero conocemos el sistema político que decidía quién podía hacer negocios y conocemos los resultados. Vima nació en La Habana y siete años después controlaba porcentajes extraordinarios de la distribución de alimentos. La explicación de semejante ascenso no puede limitarse a que Víctor Moro era un empresario hábil.
Y Víctor Moro no permaneció simplemente como el propietario extranjero de una distribuidora de alimentos. Llegó a presidir la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba, la única organización patronal legalmente reconocida por el régimen, convirtiéndose en interlocutor de algunas de las principales compañías españolas establecidas en la Isla. Existe además una referencia periodística de 2006 según la cual Moro se relacionaba personalmente con Fidel Castro. El empresario cuya compañía había nacido en La Habana y prosperado extraordinariamente dentro del sistema había terminado también extraordinariamente cerca del poder que controlaba ese sistema.
En la Cuba de Fidel Castro nadie alcanzaba semejante posición económica por casualidad. El régimen decidía quién podía entrar en sus negocios, quién podía crecer y hasta dónde podía hacerlo. Un empresario extranjero que llegó a controlar una parte extraordinaria de la distribución de alimentos no había sido escogido por simpático: tenía que ser alguien útil y confiable para el poder. En una dictadura, esa confianza convierte al empresario privilegiado en un incondicional, porque su prosperidad depende precisamente de quienes le concedieron el privilegio.
Treinta y dos años después del nacimiento de Vima en La Habana, algo ocurrió en Washington. Continental Strategy aceptó representarla y cinco semanas después rompió la relación. El documento de terminación no dice por qué. Después de recorrer la historia de Vima, queda una pregunta inevitable: ¿Se enteró Continental Strategy de la trastienda de Vima?
VIMA: A RISE THAT DEMANDS AN EXPLANATION
By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
On September 1, 2026, the U.S. firm Continental Strategy ended its representation of Vima World in Washington. Barely five weeks earlier, on July 24, Vima had hired the firm to lobby the U.S. federal government on matters related to trade, the food industry, foreign relations, and business opportunities in Latin America. The document filed to register the termination of that relationship gives no reason for it. What happened during those five weeks that led Continental Strategy to stop representing Vima?
Vima's history makes the question even more unsettling. From its origins, Vima has had an unusual connection with the Castro regime. Vima was born in Havana in 1994. From there it later expanded into other markets until, three decades later, it became an international group employing more than 500 people and generating more than 200 million euros in annual revenue. The extraordinary part came at the beginning: barely seven years after its birth, La Voz de Galicia reported that Vima controlled 15% of Cuba's food distribution and 25% of the distribution destined for the hotel sector. It was not a multinational that arrived to conquer the Cuban market: it was a company born in Fidel Castro's Cuba, grew at breakneck speed inside its controlled economy, and from there became an international company.
The circumstances could hardly have aligned more favorably. Vima began operating precisely when the Castro regime, battered by the disappearance of the Soviet Union, was betting on international tourism as one of its main sources of hard currency. The company established a fundamental part of its infrastructure in Berroa, in eastern Havana, where the regime had developed a complex of warehouses and bonded facilities for foreign trade. Havana in Bond operated there, an operation developed by CIMEX. At the head of Havana in Bond was Víctor Peña Blanco, identified by former CIMEX insiders as an officer from the Interior Ministry's Special Troops who later moved into the regime's economic structures. Within a few years, that newly created company had become one of the major food distributors in an economy where the state decided who could import, store, distribute, and sell.
And an elementary question arises: why was Vima needed? Meliá, one of its main clients, was already a major international hotel chain with the experience, suppliers, and purchasing structures needed to supply its properties in different countries. It did not need a newly created company to teach it where to buy fish, meat, vegetables, or canned goods. Nor did the Castro regime need Víctor Moro to locate food on the world market: it had its own importing companies and bought directly from numerous countries. If Meliá knew how to buy its food and the regime could also buy it directly, what justified placing Vima in the middle of that business? And above all, why Víctor Moro?
Chavista Venezuela offers a clue to how these businesses work in systems where political power decides who is allowed to become rich. Colombian businessman Alex Saab did not arrive in Venezuela at the head of a major food multinational. He made his way into business with Hugo Chávez's government and later became, under Nicolás Maduro, an intermediary in enormous state operations. In the CLAP food business, the U.S. Department of the Treasury documented a mechanism in which private companies obtained no-bid contracts, bought food abroad, and resold it to the Venezuelan state. According to Treasury, Saab and his partners obtained hundreds of millions of dollars through overpriced contracts, and part of those profits was used to pay bribes and maintain access to the officials who awarded the contracts. The Venezuelan state could have bought that food directly. The intermediary existed because the system needed the intermediary.
Nor is the phenomenon exclusively Venezuelan. In Vladimir Putin's Russia, the relationship between political power and great fortunes has been studied for years: favored businessmen receive contracts, assets, and extraordinary opportunities while their continued position depends on loyalty to the Kremlin. Those who remain inside the system prosper and share; those who cease to be considered reliable can lose businesses and property.
For decades, Cuba was far more opaque than Venezuela and Russia. We do not know the private accounts of its rulers, the secret agreements, or the ultimate beneficiaries of many operations carried out under Castroism. But we know the political system that decided who could do business, and we know the results. Vima was born in Havana and seven years later controlled extraordinary shares of food distribution. An ascent of that kind cannot be explained simply by saying that Víctor Moro was a skillful businessman.
And Víctor Moro did not remain simply the foreign owner of a food distribution company. He went on to preside over the Association of Spanish Businessmen in Cuba, the only employers' organization legally recognized by the regime, becoming an interlocutor for some of the leading Spanish companies established on the island. There is also a 2006 press reference according to which Moro had personal relations with Fidel Castro. The businessman whose company had been born in Havana and prospered extraordinarily within the system had also ended up extraordinarily close to the power that controlled that system.
In Fidel Castro's Cuba, nobody reached such an economic position by chance. The regime decided who could enter its businesses, who could grow, and how far they could go. A foreign businessman who came to control an extraordinary share of food distribution had not been chosen because he was likable: he had to be someone useful and trustworthy to those in power. In a dictatorship, that trust turns the privileged businessman into a loyalist, because his prosperity depends precisely on those who granted him the privilege.
Thirty-two years after Vima was born in Havana, something happened in Washington. Continental Strategy agreed to represent it and five weeks later broke off the relationship. The termination filing does not say why. After reviewing Vima's history, one unavoidable question remains: Did Continental Strategy learn what was going on behind the scenes at Vima?
VIMA : UNE ASCENSION QUI MÉRITE UNE EXPLICATION
Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Le 1er septembre 2026, le cabinet américain Continental Strategy a mis fin à sa représentation de Vima World à Washington. À peine cinq semaines plus tôt, le 24 juillet, Vima l'avait engagé pour effectuer des démarches auprès du gouvernement fédéral des États-Unis sur des questions liées au commerce, à l'industrie alimentaire, aux relations extérieures et aux possibilités d'affaires en Amérique latine. Le document déposé pour enregistrer la fin de cette relation n'en explique pas le motif. Que s'est-il passé pendant ces cinq semaines pour que Continental Strategy décide de ne plus représenter Vima ?
L'histoire de Vima rend la question encore plus inquiétante. Depuis ses origines, Vima entretient un lien étrange avec le régime castriste. Vima est née à La Havane en 1994. C'est depuis Cuba qu'elle a ensuite commencé son expansion vers d'autres marchés jusqu'à devenir, trois décennies plus tard, un groupe international qui emploie plus de 500 personnes et réalise plus de 200 millions d'euros de chiffre d'affaires annuel. L'extraordinaire s'est produit au début : à peine sept ans après sa naissance, La Voz de Galicia rapportait que Vima contrôlait 15 % de la distribution alimentaire à Cuba et 25 % de celle destinée au secteur hôtelier. Il ne s'agissait donc pas d'une multinationale venue conquérir le marché cubain : c'était une entreprise née dans le Cuba de Fidel Castro, qui a connu une croissance vertigineuse au sein de son économie contrôlée et qui, depuis là, est devenue une entreprise internationale.
Les circonstances pouvaient difficilement être plus favorables. Vima a commencé ses activités précisément au moment où le régime castriste, frappé par la disparition de l'Union soviétique, misait sur le tourisme international comme l'une de ses principales sources de devises. L'entreprise a installé une partie essentielle de son infrastructure à Berroa, dans l'est de La Havane, où le régime avait développé un complexe d'entrepôts et de dépôts sous douane destinés au commerce extérieur. Havana in Bond y opérait, une structure développée par CIMEX. À la tête de Havana in Bond se trouvait Víctor Peña Blanco, identifié par d'anciens membres de CIMEX comme un officier issu des Troupes spéciales du ministère de l'Intérieur, ensuite transféré vers les structures économiques du régime. En quelques années, cette entreprise à peine créée était devenue l'un des grands distributeurs alimentaires d'une économie dans laquelle l'État décidait qui pouvait importer, stocker, distribuer et vendre.
Une question élémentaire se pose alors : à quoi servait Vima ? Meliá, l'un de ses principaux clients, était déjà une grande chaîne hôtelière internationale disposant de l'expérience, des fournisseurs et des structures d'achat nécessaires pour approvisionner ses établissements dans différents pays. Elle n'avait pas besoin qu'une entreprise nouvellement créée lui apprenne où acheter du poisson, de la viande, des légumes ou des conserves. Le régime castriste, de son côté, n'avait pas besoin de Víctor Moro pour trouver des aliments sur le marché mondial : il disposait de ses propres entreprises importatrices et achetait directement dans de nombreux pays. Si Meliá savait acheter les aliments dont ses hôtels avaient besoin et si le régime pouvait lui aussi les acheter directement, qu'est-ce qui justifiait de placer Vima au milieu de cette affaire ? Et surtout, pourquoi Víctor Moro ?
Le Venezuela chaviste offre une piste sur la manière dont fonctionnent ces affaires dans les systèmes où le pouvoir politique décide qui peut s'enrichir. Le Colombien Alex Saab n'est pas arrivé au Venezuela à la tête d'une grande multinationale alimentaire. Il s'est fait une place dans les affaires avec le gouvernement de Hugo Chávez et est ensuite devenu, sous Nicolás Maduro, l'intermédiaire d'énormes opérations de l'État. Dans le commerce des aliments des CLAP, le département du Trésor des États-Unis a documenté un mécanisme dans lequel des sociétés privées obtenaient des contrats sans appel d'offres, achetaient des aliments à l'étranger et les revendaient à l'État vénézuélien. Selon le Trésor, Saab et ses associés ont obtenu des centaines de millions de dollars grâce à des contrats surévalués, et une partie de ces bénéfices a servi à verser des pots-de-vin et à conserver l'accès aux fonctionnaires qui accordaient les contrats. L'État vénézuélien pouvait acheter ces aliments directement. L'intermédiaire existait parce que le système avait besoin de l'intermédiaire.
Le phénomène n'est pas exclusivement vénézuélien. Dans la Russie de Vladimir Poutine, la relation entre le pouvoir politique et les grandes fortunes est étudiée depuis des années : des hommes d'affaires favorisés reçoivent des contrats, des actifs et des possibilités extraordinaires, tandis que leur maintien dans le système dépend de leur loyauté envers le Kremlin. Ceux qui restent dans le système prospèrent et partagent ; ceux qui cessent d'être considérés comme fiables peuvent perdre leurs entreprises et leurs biens.
Pendant des décennies, Cuba a été beaucoup plus hermétique que le Venezuela et la Russie. Nous ne connaissons ni les comptes privés de ses dirigeants, ni les accords secrets, ni les bénéficiaires finaux de nombreuses opérations réalisées sous le castrisme. Mais nous connaissons le système politique qui décidait qui pouvait faire des affaires et nous en connaissons les résultats. Vima est née à La Havane et, sept ans plus tard, contrôlait des parts extraordinaires de la distribution alimentaire. Une telle ascension ne peut pas s'expliquer simplement en disant que Víctor Moro était un homme d'affaires habile.
Et Víctor Moro n'est pas resté simplement le propriétaire étranger d'une entreprise de distribution alimentaire. Il est devenu président de l'Association des entrepreneurs espagnols à Cuba, la seule organisation patronale légalement reconnue par le régime, devenant ainsi l'interlocuteur de certaines des principales entreprises espagnoles établies dans l'île. Il existe en outre une référence journalistique de 2006 selon laquelle Moro entretenait des relations personnelles avec Fidel Castro. L'homme d'affaires dont l'entreprise était née à La Havane et avait prospéré de façon extraordinaire au sein du système avait également fini par se retrouver extraordinairement proche du pouvoir qui contrôlait ce système.
Dans le Cuba de Fidel Castro, personne n'atteignait une telle position économique par hasard. Le régime décidait qui pouvait entrer dans ses affaires, qui pouvait grandir et jusqu'où il pouvait aller. Un homme d'affaires étranger qui en était arrivé à contrôler une part extraordinaire de la distribution alimentaire n'avait pas été choisi parce qu'il était sympathique : il devait être utile et digne de confiance aux yeux du pouvoir. Dans une dictature, cette confiance transforme l'entrepreneur privilégié en inconditionnel, car sa prospérité dépend précisément de ceux qui lui ont accordé ce privilège.
Trente-deux ans après la naissance de Vima à La Havane, quelque chose s'est passé à Washington. Continental Strategy a accepté de la représenter et, cinq semaines plus tard, a rompu la relation. Le document de résiliation n'explique pas pourquoi. Après avoir parcouru l'histoire de Vima, une question inévitable demeure : Continental Strategy a-t-elle découvert les dessous de Vima ?
VIMA: UN'ASCESA CHE MERITA UNA SPIEGAZIONE
Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Il 1º settembre 2026, la società statunitense Continental Strategy ha posto fine alla sua rappresentanza di Vima World a Washington. Appena cinque settimane prima, il 24 luglio, Vima l'aveva incaricata di svolgere attività presso il governo federale degli Stati Uniti su questioni legate al commercio, all'industria alimentare, alle relazioni estere e alle opportunità d'affari in America Latina. Il documento depositato per registrare la cessazione di quel rapporto non ne spiega il motivo. Che cosa è accaduto in quelle cinque settimane perché Continental Strategy decidesse di smettere di rappresentare Vima?
La storia di Vima rende la domanda ancora più inquietante. Fin dalle sue origini, Vima ha avuto uno strano legame con il regime castrista. Vima è nata all'Avana nel 1994. Da lì ha poi iniziato la sua espansione verso altri mercati fino a diventare, tre decenni dopo, un gruppo internazionale che impiega più di 500 persone e fattura oltre 200 milioni di euro all'anno. L'aspetto straordinario si verificò all'inizio: appena sette anni dopo la sua nascita, La Voz de Galicia riferì che Vima controllava il 15% della distribuzione alimentare di Cuba e il 25% di quella destinata al settore alberghiero. Non era una multinazionale arrivata a conquistare il mercato cubano: era un'azienda nata nella Cuba di Fidel Castro, cresciuta vertiginosamente all'interno della sua economia controllata e da lì diventata una società internazionale.
Le circostanze difficilmente avrebbero potuto allinearsi meglio. Vima iniziò a operare proprio quando il regime castrista, colpito dalla scomparsa dell'Unione Sovietica, puntava sul turismo internazionale come una delle sue principali fonti di valuta estera. L'azienda stabilì una parte fondamentale della propria infrastruttura a Berroa, nella zona orientale dell'Avana, dove il regime aveva sviluppato un complesso di magazzini e depositi doganali per il commercio estero. Lì operava Havana in Bond, un'operazione sviluppata da CIMEX. Alla guida di Havana in Bond vi fu Víctor Peña Blanco, identificato da ex membri di CIMEX come un ufficiale proveniente dalle Truppe Speciali del Ministero dell'Interno, successivamente trasferito nelle strutture economiche del regime. In pochi anni, quella società appena nata era diventata uno dei grandi distributori di alimenti di un'economia in cui lo Stato decideva chi poteva importare, immagazzinare, distribuire e vendere.
E sorge una domanda elementare: a che cosa serviva Vima? Meliá, uno dei suoi principali clienti, era già una grande catena alberghiera internazionale dotata di esperienza, fornitori e strutture d'acquisto per rifornire i propri hotel in diversi paesi. Non aveva bisogno che un'azienda appena creata le insegnasse dove comprare pesce, carne, verdure o conserve. Neppure il regime castrista aveva bisogno di Víctor Moro per trovare alimenti sul mercato mondiale: disponeva delle proprie imprese importatrici e acquistava direttamente in numerosi paesi. Se Meliá sapeva comprare gli alimenti di cui aveva bisogno e il regime poteva anch'esso acquistarli direttamente, che cosa giustificava la presenza di Vima in mezzo a quell'affare? E soprattutto, perché Víctor Moro?
Il Venezuela chavista offre un indizio su come funzionano questi affari nei sistemi in cui il potere politico decide chi può arricchirsi. Il colombiano Alex Saab non arrivò in Venezuela alla guida di una grande multinazionale alimentare. Si fece strada negli affari con il governo di Hugo Chávez e successivamente divenne, sotto Nicolás Maduro, intermediario di enormi operazioni statali. Nel business degli alimenti dei CLAP, il Dipartimento del Tesoro degli Stati Uniti documentò un meccanismo in cui società private ottenevano contratti senza gara, acquistavano alimenti all'estero e li rivendevano allo Stato venezuelano. Secondo il Tesoro, Saab e i suoi soci ottennero centinaia di milioni di dollari attraverso contratti gonfiati e una parte di quei profitti venne utilizzata per pagare tangenti e mantenere l'accesso ai funzionari che assegnavano i contratti. Lo Stato venezuelano poteva comprare direttamente quegli alimenti. L'intermediario esisteva perché il sistema aveva bisogno dell'intermediario.
Il fenomeno non è esclusivamente venezuelano. Nella Russia di Vladimir Putin, il rapporto tra potere politico e grandi fortune è studiato da anni: imprenditori favoriti ricevono contratti, beni e opportunità straordinarie mentre la loro permanenza nel sistema dipende dalla lealtà al Cremlino. Chi rimane nel sistema prospera e condivide; chi smette di essere considerato affidabile può perdere affari e proprietà.
Per decenni Cuba è stata molto più ermetica del Venezuela e della Russia. Non conosciamo i conti privati dei suoi governanti, gli accordi segreti né i beneficiari finali di molte operazioni realizzate sotto il castrismo. Ma conosciamo il sistema politico che decideva chi poteva fare affari e ne conosciamo i risultati. Vima è nata all'Avana e sette anni dopo controllava quote straordinarie della distribuzione alimentare. Una simile ascesa non può essere spiegata semplicemente dicendo che Víctor Moro era un imprenditore abile.
E Víctor Moro non rimase semplicemente il proprietario straniero di un'impresa di distribuzione alimentare. Arrivò a presiedere l'Associazione degli Imprenditori Spagnoli a Cuba, l'unica organizzazione datoriale legalmente riconosciuta dal regime, diventando interlocutore di alcune delle principali società spagnole presenti sull'isola. Esiste inoltre un riferimento giornalistico del 2006 secondo cui Moro aveva rapporti personali con Fidel Castro. L'imprenditore la cui società era nata all'Avana e aveva prosperato in modo straordinario all'interno del sistema era finito anche straordinariamente vicino al potere che controllava quel sistema.
Nella Cuba di Fidel Castro nessuno raggiungeva una simile posizione economica per caso. Il regime decideva chi poteva entrare nei suoi affari, chi poteva crescere e fino a che punto poteva farlo. Un imprenditore straniero arrivato a controllare una parte straordinaria della distribuzione alimentare non era stato scelto perché simpatico: doveva essere qualcuno utile e affidabile per il potere. In una dittatura, quella fiducia trasforma l'imprenditore privilegiato in un incondizionato, perché la sua prosperità dipende precisamente da coloro che gli hanno concesso il privilegio.
Trentadue anni dopo la nascita di Vima all'Avana, qualcosa è accaduto a Washington. Continental Strategy ha accettato di rappresentarla e cinque settimane dopo ha interrotto il rapporto. Il documento di cessazione non spiega perché. Dopo aver ripercorso la storia di Vima, resta una domanda inevitabile: Continental Strategy ha scoperto il retroscena di Vima?


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