El multitudinario y patriótico desfile en Miami, seguido por las marchas en Los Ángeles, New York y otras ciudades, trajeron a la superficie una realidad sepultada por años de fracasos y frustraciones: los cubanos del exilio podemos agruparnos alrededor de diferentes banderas políticas y ventilar nuestras diferencias ideológicas como enemigos al parecer irreconciliables; pero cuando el clarín suena, somos un solo pueblo que ama a Cuba y que nunca la ha olvidado.
Pero ¿durará el entusiasmo? ¿Estamos ante un fervor pasajero? ¿Morirá cuando la tiranía no se desmorone ante nuestros ojos, como tantos esperan?
Corremos el peligro de confundir la etapa final del castrismo – que puede durar su tiempo - con un colapso cercano e inevitable. Estamos celebrando la victoria antes de ganar una batalla en la cual la mayoría de los exilados todavía no ha decidido participar.
La tarea no es ni fácil ni corta. Cada cubano exiliado debe evaluar si ya cumplió con quienes luchan en Cuba, o si aprovechará la oportunidad histórica de ayudar a enterrar un régimen enfermo y a sembrar el árbol de la democracia en su lugar.
Cada compatriota se debe preguntar si quiere ser espectador o protagonista. Si va a contribuir con los aplausos desde la gradería o si va a asumir la responsabilidad que le corresponde.
En Cuba hay una oposición que ha mostrado valor y determinación. Es un pequeño ejército de activistas que día a día no saben ni cómo van a alimentar a sus familias. Sin embargo, no descansan y luchan sin recursos.
Ni Orlando Zapata, que murió sin saber el impacto trascendental de su muerte, ni los presos políticos, ni las Damas de Blanco, ni los disidentes se detuvieron a esperar las condiciones ideales para enfrentar al régimen.
No esperaron que el pueblo cubano perdiera el temor, que las organizaciones del exilio o de la isla se unieran, que Washington los ayudara o que España y Latinoamérica dejaran de coquetear con el castrismo. Simplemente dieron un paso adelante.
El exilio debe emularlos. La decisión de participar en este esfuerzo es una cuestión de índole personal: se simpatiza con los que luchan por la democracia o se es indiferente. Si la decisión es la de la solidaridad, hay que actuar.
Ya sea que usted decida apoyar a quienes en la isla organizan el partido Cuba Independiente y Democrática (CID), o bien que escoja alguna otra opción, le invito a que sea selectivo; a que estudie, pregunte y le dé seguimiento a su patrocinio.
El exilio cubano puede influir de una manera determinante en el fin del castrismo y en un auténtico tránsito a la democracia, evitando que una negociación a espaldas del pueblo cubano, le arrebate de nuevo su soberanía.
Estas marchas patrióticas han derrumbado el mito del derrotismo que tanto daño ha causado hasta ahora. Ha comenzado una nueva etapa y solo asumiendo la responsabilidad que nos corresponde, cumpliremos con los que ayer murieron por la libertad, los que hoy se sacrifican por ella y los que mañana y siempre la defenderán. No atrasemos la ayuda a los compatriotas que en Cuba harán buen uso de ella.
Patria, Pueblo y Libertad
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Al cabo de más de cincuenta años, quedó claro para todos que la tiranía militar totalitaria castrista se abroqueló en la falsedad. Terminaron casados con la mentira y obligados a vivir con ella. La verdad se ocultó en lo profundo del corazón de los cubanos, hasta que un día salió de sus escondites. Hoy esta verdad engrandecida es repetida en voz baja en un eco colectivo de crescendo interminable.
Una de las últimas emisiones del estelar televisivo Mesa Redonda, específicamente la dedicada a las Damas de Blanco, consiguió desnudar, (sin duda razonable alguna) la catadura moral, tanto de realizadores como de participantes.
Enrique Ubieta (la hiena de la Calle del Medio) y Reinaldo Taladrid, descendieron todos los escalones de la infamia. El primero, trató inútilmente de denigrar la memoria de Orlando Zapata Tamayo, el segundo, a las Damas de Blanco.
De Ubieta es poco lo que hay que decir. Comenzó su ascenso en los medios oficiales y cada quien trepa o repta como puede.
En relación con Taladrid, digamos que resulta muy difícil encontrar en Cuba a un hombre dispuesto a hablar mal o calumniar a una mujer. Eso no lo haría ni el más envilecido de los segurosos, a fin de cuentas, ellos también son hombres. Están unidos al pueblo que oprimen por valores compartidos y estos son sagrados: a una mujer, ni con el pétalo de una rosa. En fin, Taladrid ya escogió su estilo de ser diferente.
De esta emisión, puede concluirse que logró una combinación muy especial: un trepador y un desalmado. El resto lo conformó el mismo elenco de sinvergüenzas de costumbre.
Este patético desenlace de reunir a un grupo de voceros oficiales para repetir mentiras en las que nadie cree, es sintomático. La tiranía militar totalitaria castrista se casó con la mentira y se obligó a vivir con ella. La buena noticia es que la verdad, una vez despierta, jamás vuelve a dormirse.
Comenzó el conteo regresivo para el régimen. La duración de este, depende de todos los cubanos. De nuestra integridad y de nuestra firmeza. Editorial de
Primavera Digital
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El saldo de las últimas semanas ha sido casi catastrófico para el castrismo. La muerte de Orlando Zapata conmovió al pueblo cubano y al mundo; la huelga de Guillermo Fariñas no permitió que el tema se diluyera; el atropello a las Damas de Blanco alimentó la indignación de millones de personas y sus continuas protestas provocaron admiración.
Con la condena del Parlamento Europeo, el gobierno español ha perdido su capacidad para influenciar sobre el tema cubano en el seno de la Unión Europea. El hecho es irreversible: el castrismo se quedó sin su principal aliado en el viejo continente.
Las repercusiones de la decisión casi unánime del Parlamento Europeo van bastante más allá de quitarle a España su autoridad en este asunto. Es la primera vez que en esa parte del mundo se condena tan fuertemente los desmanes de esa fracasada, arcaica e inflexible tiranía.
Ni el propio Congreso de los Estados Unidos hubiera podido articular una denuncia como la del Parlamento Europeo. Quienes defienden la normalización de las relaciones con la dictadura castrista, como por ejemplo el senador John F. Kerry, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, se hubieran opuesto a una condena así.
Mientras Europa asume la defensa de la democracia en la isla, el gobierno de Obama ha quedado en el limbo por su propia inexperiencia e ingenuidad ante el castrismo, y por haberse dejado ilusionar por los cantos de sirena del gobierno de Zapatero respecto de Cuba.
Las repercusiones de la nueva posición europea fueron reforzadas por las contundentes denuncias del presidente Oscar Arias, sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, y por la condena de los socialistas chilenos y el presidente de ese país. México no quiso quedarse fuera y también hizo sus críticas.
Ante las posiciones diáfanas y valientes de europeos y latinoamericanos, las declaraciones de Lula da Silva tratando de justificar la muerte de Orlando Zapata en Cuba fueron tontas y ridículas. El liderazgo moral de Lula en la región quedó maltrecho y su respaldo incondicional a la tiranía castrista ha perdido importancia.
Como si todo esto no fuera suficiente, la preocupación expresada por el Secretario General de la ONU por la muerte de Zapata demuestra cuán serio ha sido el revés para Raúl Castro.
Antes de estos acontecimientos había una actitud hacia la tiranía en Cuba que iba desde la cobardía, la indiferencia y la tolerancia hasta la complicidad. Esto ya no es igual. Incluso la prensa internacional, que reportaba o comentaba sobre Cuba desde esas mismas posiciones, ha dado un giro.
Estamos en presencia del fin de lo quedaba del mito del castrismo en el mundo.
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Nicolae Ceausescu
San José, Costa Rica, Marzo 16 de 2010
Comandante Raúl Castro: Es probable que a estas alturas no te hayas dado cuenta de las consecuencias del heroísmo de Orlando Zapata. La historia demuestra que la permanencia prolongada en el poder distorsiona la visión de quienes lo detentan.
El Parlamento Europeo, que representa a casi 500 millones de personas, votó mayoritariamente por condenar su muerte, exigir la libertad de los presos políticos y la democratización de Cuba; en realidad esto es una condena para ti, para Fidel y al medio siglo de tiranía.
El sacrificio de Zapata ha reducido aun más esa minoría que el régimen ha mantenido engañada en el mundo. La campaña de mentiras que muchos han querido creer por demasiado tiempo va quedando al descubierto.
Los gobiernos que respaldan a la tiranía, como España y Brasil, son hoy cuestionados por muchos de sus compatriotas y por millones de ciudadanos del mundo democrático. Los gobernantes latinoamericanos que han callado los atropellos de la dictadura en Cuba, han quedado en el ridículo ante la denuncia del presidente Oscar Arias, un líder que ha demostrado tener valor y principios.
Hasta los medios de prensa internacionales, que se han comportado como rehenes de la dictadura en Cuba, en esta oportunidad no han sido tan cautelosos en el manejo de la muerte de Zapata, de la huelga de Guillermo Fariñas y de otros presos políticos en la isla.
Es probable que tú comprendas en algún grado las consecuencias de todo esto. Súmale la silenciosa condena del pueblo cubano y la indignación de la gente en la calle por ese crimen y por la calumnia racista con que ustedes trataron de justificarlo.
Miles de cubanos miembros de las Fuerzas Armadas, del Ministerio del Interior y del gobierno, repudian calladamente la muerte de Zapata y la grosera justificación del gobierno.
El pueblo cubano es el recurso más importante en el proceso de desarrollo económico, cultural y político de la Nueva República. Por no entender eso, todas tus seudoreformas han fracasado y seguirán fracasando.
Sin un Estado de Derecho no habrá un pueblo dispuesto a trabajar con fe, entusiasmo y confianza. Sin un gobierno legítimo, con leyes e instituciones independientes del capricho o de los intereses de quien gobierne, no habrá confianza ni garantías para el progreso de la Cuba del siglo XXI a que tiene derecho la juventud cubana.
No llegarán a Cuba los recursos financieros sin un régimen democrático. Ni los recursos financieros, ni las inversiones necesarias para revertir medio siglo de atraso, abandono, corrupción y despilfarro.
Un cambio sin democracia equivaldría a una piñata donde los privilegiados del poder y el capital extranjero se repartirían el patrimonio de Cuba. Ustedes creen que el pueblo se conformará si le reparten migajas. Piensan que así podrán continuar mandando mientras ellos siguen viviendo como ciudadanos de segunda categoría.
Tú y Fidel traicionaron la revolución democrática por la que luchamos en la Sierra Maestra. Tú y Fidel traicionaron al pueblo cubano y trataron de justificar esa traición con las promesas de la utopía comunista, que resultó un fraude de proporciones históricas.
El 21 de octubre de 1959 le dije a Fidel que el camino que tomaba llevaría a nuestro país al desastre y, por esa razón me hicieron pasar dos décadas en prisión, que viví con orgullo porque fui leal a mi pueblo y a los ideales democráticos de la Revolución.
Una semana después de arrestarme, ustedes asesinaron al Comandante Camilo Cienfuegos.
Tu y Fidel mandaron a miles de compatriotas al pelotón de fusilamiento. Nunca sabremos cuantos cubanos fueron asesinados en secreto, ni cuantos perdieron su vida en el mar en desesperados intentos por alcanzar la libertad. Cientos de miles de ciudadanos han pagado con largas condenas de prisión su amor a la libertad. Todavía hay un presidio político injustificado y brutal. Solamente Dios puede tener una compresión real del daño moral y del sufrimiento causado al pueblo cubano durante medio siglo.
Como si todo esto no fuera suficientemente vergonzoso, ustedes han estado seriamente involucrados en el narcotráfico y el terrorismo internacional.
Cuba está en la ruina material y tú y tu hermano han envejecido en el poder, queriéndole hacer creer a todo el mundo que el desastre es por culpa del “bloqueo” estadounidense. En realidad tú y Fidel despilfarraron los inmensos recursos que la URSS puso a su disposición por treinta años, como también hicieron con los préstamos de la cuantiosa deuda externa que tiene Cuba y los miles de millones de dólares que le han sustraído a Venezuela, con la complicidad del lacayo que tienen allí en el poder.
El heroísmo de Orlando Zapata ha despertado al mundo y ha cautivado al pueblo cubano. La indignación que ha provocado su asesinato es el principio del fin del castrismo. Tú puedes escuchar lo que te ha pedido Juan Juan Almeida, el hijo del comandante Almeida, e irte de Cuba porque eres el responsable principal de esa muerte.
Le vas a ahorrar a nuestro pueblo un sacrificio final y vas a darles la oportunidad de redimirse a los miembros de las Fuerzas Armadas, del Ministerio del Interior y del gobierno que quieren participar en un auténtico cambio de rumbo.
Fidel está fuera de la realidad y todos estamos presenciando su castigo en vida, pero tú puedes evitar correr la suerte de Ceauşescu, porque antes de que el pueblo te alcance, el propio ejército, en lugar de responsabilizarse ante la población con tu fuga, hará justicia contigo; sálvate y salva a tu familia, todavía estás a tiempo.
Huber Matos
Comandante de la Revolución
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Quiero sumar mi voz a un coro de indignación que recorre buena parte de nuestra América y del mundo. El pasado 23 de febrero, mientras los líderes latinoamericanos nos encontrábamos reunidos en Cancún, hablando sobre democracia y libertad, murió en La Habana Orlando Zapata Tamayo, opositor del régimen castrista y preso político desde hacía siete años.
Una huelga de hambre de 85 días no fue suficiente para convencer al Gobierno cubano de que era necesario preservar la vida de esta persona, por encima de cualquier diferencia ideológica. 85 días no fueron suficientes para mover a compasión a un régimen que se vanagloria de su solidaridad, pero que en la práctica aplica esa solidaridad únicamente a sus simpatizantes.
Nada podemos hacer ahora para salvar a este disidente, pero podemos aún alzar la voz en nombre de Guillermo Fariñas Hernández, que desde hace 17 días se encuentra en huelga de hambre en Santa Clara, pidiendo la liberación de otros presos políticos cubanos, en particular de aquellos en precario estado de salud.
Sin duda, la huelga de hambre es un arma delicada como herramienta de protesta. Sería riesgoso que cualquier Estado de derecho se viera en la obligación de liberar a sus privados de libertad, si deciden rechazar su alimentación. Pero estos presos no son como los demás, ni Cuba cumple las condiciones de un Estado de derecho. Se trata de presos políticos o de consciencia, que no han cometido otro delito más que oponerse a un régimen, que fueron juzgados por un sistema judicial de independencia cuestionable y que deben sufrir penas excesivas sin haber causado un daño a otras personas.
Los presos políticos no existen en las democracias. En ningún país verdaderamente libre, uno va a prisión por pensar distinto. Cuba puede hacer todos los esfuerzos de oratoria que desee para vender la idea de que es una "democracia especial", pero cada preso político niega en la práctica esa afirmación. Cada preso político es una prueba irrefutable de autoritarismo.
A esto se suma el hecho de que se trata de personas con una salud muy debilitada. Y aquí sí es cierto que no importan las razones por las cuales alguien haya entrado en prisión. Todo Gobierno que respete los derechos humanos, debe al menos mostrar compasión ante el estado de una persona débil, en lugar de llamarla "chantajista".
Siempre he luchado por una transición cubana hacia la democracia. Siempre he luchado porque ese régimen de partido único se convierta en un régimen pluralista, y deje de ser una excepción en el continente americano. Estoy convencido de que en una democracia, si uno no tiene oposición, debe crearla, no perseguirla, reprimirla y condenarla a un infierno carcelario, que es lo que hace el régimen de Raúl Castro.
El Gobierno cubano tiene ahora en sus manos la oportunidad de demostrarle al mundo los primeros signos de esa transición democrática, que desde hace mucho tiempo esperamos. Tiene la oportunidad de demostrar que puede aprender a respetar los derechos humanos, sobre todo los derechos de sus opositores, porque no tiene ningún mérito que respete sólo los derechos de sus partidarios.
Si el Gobierno cubano liberara a sus presos políticos, tendría más autoridad para reclamar respeto a su sistema político y a su forma de hacer las cosas. Estoy consciente de que al hacer estas afirmaciones me expongo a todo tipo de acusaciones de parte del régimen cubano. Me acusarán de inmiscuirme en asuntos internos, de irrespetar su soberanía y, casi con certeza, de ser un lacayo del imperio. Sin duda, soy un lacayo del imperio: del imperio de la razón, de la compasión y de la libertad. No voy a callarme cuando se vulneran los derechos humanos. No voy a callarme cuando la sola existencia de un régimen como el de Cuba es una afrenta a la democracia. No voy a callarme cuando se pone en jaque la vida de seres humanos, por defender a ultranza una causa ideológica que prescribió hace años. He vivido lo suficiente para saber que no hay nada peor que tener miedo a decir la verdad.
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El castrismo cayó en su propia trampa. No imaginó las repercusiones. Decidió dejar morir a Orlando Zapata después de acorralarlo con condenas y maltratos, y de privarlo de agua durante 18 dieciocho días.
Entonces Guillermo Fariñas, con su protesta solidaria y un lenguaje audaz e inteligente, les hizo frente. Este ex combatiente castrista de la guerra de Angola ha demostrado, entre otras cosas, que a la hora de ventilar trapos sucios él sí puede y la tiranía no.
La maquinaria castrista, atrapada en sus propios embustes, ha reaccionado torpemente.
¿Quiere decir todo esto que estamos ante las puertas del cambio? ¡No! Estamos en el camino de la victoria de la libertad, que es en la misma dirección, pero no en el momento histórico final. Sin embargo hay razones para sentirse optimista.
¿Por qué?
1) Porque la dictadura ha perdido completamente la credibilidad y tiene que recurrir a la represión como único medio para contener el descontento de la inmensa mayoría del pueblo cubano.
2) Porque la tiranía ha perdido lo que ellos llamaron la batalla de ideas. Con todas sus promesas convertidas en fracaso no puede ofrecer a la juventud ni prosperidad ni justicia; por eso eluden hablar del futuro. Insisten en la temática de la agresión imperialista con una generación que no se deja manipular por los argumentos del bloqueo.
3) Porque el fracaso del totalitarismo marxista y de la economía estatizada en el mundo deja a la democracia multipartidista, con economía de mercado, como la única opción atractiva para los nuevos cubanos.
4) Porque para sobrevivir, la tiranía castrista siempre ha dependido de subvenciones y de complicidad. Hoy depende del subsidio chavista como ayer del de la URSS, pero nadie puede garantizar la permanencia de Chávez. Sin éste, la complicidad de gobiernos como los de España y Brasil puede ser transitoria.
5) Porque la condena internacional contra los atropellos del régimen está teniendo una repercusión positiva en el pueblo cubano. Los cómplices internacionales quedan al descubierto cuando un gobierno como el francés protesta por los abusos en Cuba, y cuando el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek declara que: “No se debe guardar silencio ante la violación de los derechos humanos en Cuba…es muy triste que un joven pierda su vida por querer protestar contra los abusos del gobierno."
Ha pasado medio siglo, muchos patriotas cubanos han quedado en el camino. Pero como el agua de los ríos, la vida en los pueblos se renueva constantemente. Una Cuba nueva ha nacido y busca su destino. Nada la detendrá. Es la Cuba de José Martí, es la Cuba de Orlando Zapata, el albañil que “venció, aún a costa de su vida.” Pintura de Carlos Verdial http://www.galeriavalanti.com/pages/a_cverdial.html
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Dando lectura a la II parte de su reflexión “El último encuentro con Lula” del 1º de Marzo de 2010, pude leer en uno de los párrafos finales “Lula conoce desde hace muchos años que en nuestro país jamás se torturó a nadie, jamás se ordenó el asesinato de un adversario, jamás se mintió al pueblo” Entiendo esto, por la situación generada para el gobierno de Cuba, tras el deceso del Prisionero de Conciencia Orlando Zapata Tamayo, reconocido como tal por Amnistía Internacional.
Yo: Ricardo Santiago Medina Salabarria, de 41 año de edad, vecino de Santo Tomas # 359 (azotea) entre Árbol Seco y Retiro, municipio Centro Habana, sacerdote de profesión, hago pública mi inconformidad y afirmo que EN CUBA SI SE MALTRATA, SE GOLPEA, SE VEJA y SE TORTURA, a los adversarios del gobierno.
El 1º de agosto de 1994 falleció mi tío menor Osvaldo Medina Dulzaide, de 33 años de edad, a consecuencia de una golpiza. Como causa de muerte se certifico “asfixia mecánica” su cuerpo mostraba varios hematomas, este acto fue denunciado por mi el 22 de de Marzo de 2003, tras escuchar el discurso del entonces jefe de la diplomacia cubana Felipe Pérez Roque, en el pleno de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, el miércoles 16 de marzo, en la que pedía un solo caso de un preso maltratado en las cárceles de Cuba.
En un proceso carente de garantías legales fui arrestado el 22 de julio de 2005 y fui golpeado, de igual forma mi esposa Katia Sonia Martín Véliz y mis dos hijas pequeñas (gemelas) que no alcanzaban los dos años de vida; Estuve 15 meses y 3 días en prisión y nunca fui presentado a ningún tribunal, además de negar todos los recursos presentados por mi defensa.
En mi transitar por estaciones de la policía, Departamento de Investigaciones de 100 y Aldabó, prisión provincial de Pinar del Río y Prisión de Taco-Taco, municipio San Cristóbal, provincia de Pinar del Río, (en el entretiempo del 17 Mayo 06-25 Octubre 06) fui testigo de dos golpizas de las que fuera objeto Orlando Zapata Tamayo, estas golpizas fueron ordenadas por el Mayor Juan Ramón Castillo Sánchez, jefe de la prisión Taco-Taco y tuvo pleno conocimiento de ello el Teniente Coronel Abel Santovenia Po, Director Provincial de Cárceles y Prisiones, en otras dos oportunidades Zapata Tamayo fue encadenado y esposado por más de 12 horas.Yo fui testigo. Por protestar fueron golpeados y encausados 4 presos comunes.
-El 24 de febrero de 2006, por leer un comunicado, fue golpeado el recluso Ariel Hernández Paula, residente en Cabaña, municipio Mariel, a consecuencia de esta golpiza le desprendieron los riñones, a este recluso se le negó la asistencia religiosa en la sala de penados del Hospital Provincial Abel Santamaría el Jefe de la Prisión Provincial de Pinar del Río, Mayor Jesús.
-También doy testimonio de palizas en contra de los Prisioneros de Conciencia Nelson Molinet Espino y Normando Hernández González quien fue arrastrado en presencia de los demás presos comunes, en el mes de abril 2006, Prisión Provincial Pinar del Río, dirigida por el Mayor Jesús. -Mientras el presidente Lula estaba en la habana el 24 de febrero, era golpeada Yoani Sánchez, en la 4ta unidad de la PNR del municipio Cerro, ubicada en Infanta y Amenidad; Samper Jefe de Sección 21 la despidió momentos más tarde con escusas no aceptadas, por estar desteñido desdichadamente también fui testigo presencial.
Con mucho respeto me toca decirle al presidente de Brasil que en Cuba se tortura, se maltrata y se veja a los adversarios políticos. A mi me consta que SI.
Ricardo Santiago Medina Salabarría
Ex prisionero político
Miembro del Ejecutivo Nacional del Partido Cuba Independiente y Democrática Secretario de Presos Políticos 2 de Marzo 2010
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Huber Matos Comandante de la revolución cubana; exprisionero político 07:56 a.m. 03/03/2010
Es el 14 de febrero de 1969; estoy preso desde hace casi diez años por haber denunciado los designios antidemocráticos de Fidel Castro. Ahora me tienen en la prisión de La Cabaña en La Habana. Es de madrugada y me acabo de llevar una impresión muy desagradable: mientras me lavaba la boca vi una sombra colgando. Me acerco: es el cuerpo del compañero Rafael Domínguez Socorro. Se ha suicidado, su cadáver todavía está caliente. Llamo a los compañeros, pero ya no se puede hacer nada. Domínguez había perdido la razón en prisión y dos compañeros lo cuidaban.
He comenzado mi segunda huelga de hambre. Nerín Sánchez, Tony Lamas y yo decidimos apoyar la protesta de nuestros compañeros. Hace solo veinte días los tres acabábamos de terminar otra huelga de hambre. En la decisión de entrar a una huelga de hambre, de la cual no se sabe si se saldrá vivo, pueden entrar en juego muchos factores, pero el fundamental es la necesidad de reafirmar el respeto a sí mismo como ser humano.
En circunstancias abrumadoramente humillantes, física y moralmente inaceptables, es el espíritu de supervivencia de la dignidad el que toma la decisión de ir a la huelga de hambre.
En las mazmorras y los calabozos donde por medio siglo los Castro han encerrado a quienes nos hemos atrevido a desafiarlos, los vínculos con la vida son tenues. Se reducen a una mísera alimentación, un poco de luz ocasional, a veces contactos esporádicos y vigilados con la familia. Lo demás es odio, desprecio y maltrato. Uno vive arrinconado en el refugio que le ofrecen sus valores morales y su espíritu. Lo único que la garra del régimen no puede alcanzar.
Pero la vida del preso político, en Cuba, es solamente una versión intensificada de la que viven los demás cubanos. Cuba es hoy una inmensa cárcel, controlada a base de miedo y opresión. De lo contrario, no se explicaría que miles de compatriotas decidan jugarse la vida en balsas precarias e improvisadas para tratar de salir. Salir hacia lo que sea, aun sabiendo que hay muchas posibilidades de no llegar vivos a ninguna parte. El hambre de libertad de los seres humanos es tan fuerte y temeraria como la dignidad.
Más que una protesta. Pero en la huelga de hambre del preso político hay mucho más que una protesta. Hay un doble desafío: a uno mismo y a los opresores. El desafío a uno mismo es evidente: ¿podré aguantar? ¿Cuánto? ¿Estoy verdaderamente decidido a morir de hambre si es necesario?
El opresor tiene varias opciones, desde ceder pronto a las exigencias del preso para tratar de tapar el asunto, hasta convertir su acción en una larga tortura, ejemplarizante para los demás, o bien, en última instancia, simplemente dejar morir al prisionero. A mí no me dejaron morir esa vez porque mi compañero de huelga, Tony Lamas, decidió renunciar a ella para ir a gritar por los pasillos de prisión: “están asesinando a Huber”.
Al régimen le preocuparon las posibles repercusiones de hacerse responsable de la muerte de un comandante de la revolución. Orlando Zapata, un albañil negro, poco conocido dentro o fuera de Cuba, les pareció sin importancia.
Que el sacrificio de Zapata se agigante, que afecte decisivamente al moribundo régimen, depende de todos nosotros, los que quedamos vivos. El mundo se ha acostumbrado a tolerar esa llaga en el costado de la dignidad humana que es el régimen dictatorial y totalitario de los Castro.
Tal vez esta muerte actúe como un revulsivo, como una sacudida sobre la conciencia moral de las naciones.
Si los Gobiernos no reaccionan como deben, entonces que lo hagan los pueblos, levantando su dedo acusador contra gobernantes que prefieren ignorar los principios que dicen defender, con tal de seguir haciendo negocios con un régimen manchado de sangre e ignominia.
Publicado por el periódico La Nación, marzo 4 2010 San José Costa Rica
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El proceso que condujo a la muerte del preso político Orlando Zapata se pudo perpetrar con impunidad por la complacencia, rayana en complicidad, de la comunidad internacional con la dictadura más opresiva y larga que ha padecido un pueblo en este continente.
Orlando Zapata agonizaba en la isla en los mismos días que el gobierno español escenificaba un teatro en Madrid, donde se discutía, en términos “optimistas”, la situación de los derechos humanos en Cuba. A esas discusiones no se invitó a ningún representante de la oposición democrática cubana. El Ministro de Relaciones Exteriores de España, Miguel Ángel Moratinos, anunciaba una era de progreso en el respeto a los derechos humanos en Cuba, si la Unión Europea suavizaba su política hacia la tiranía castrista.
En la misma semana de la muerte de Orlando Zapata los gobiernos latinoamericanos se reunían en México. Entre los invitados, de igual a igual y de abrazo en abrazo, estaba Raúl Castro, el dictador sustituto de Cuba y el responsable final de la muerte de Orlando Zapata.
Varios de los presidentes allí reunidos tienen estrechas relaciones con la tiranía castrista, y en el pasado reciente desfilaron por La Habana para desearle salud a un tirano que ha superado en criminalidad, crueldad y descaro a todos los dictadores de la historia latinoamericana.
En esa reciente reunión en México, como en la cumbre de la OEA celebrada en junio del pasado año en Tegucigalpa, todos los presidentes latinoamericanos callaron sobre la opresión que sufre el pueblo cubano y la persecución permanente contra la oposición democrática en la isla.
El caso más contradictorio es el del Presidente Luiz Ignacio Da Silva, un presidente demócrata que ha hecho pública su simpatía y cercana amistad con los dictadores de Cuba: Fidel y Raúl Castro. Lula ha proclamado su interés en que Brasil se convierta en el principal socio comercial de ese régimen, al que le ha autorizado créditos por mil millones de dólares. Orlando Zapata murió en La Habana cuando el presidente brasileño disfrutaba de la compañía de sus íntimos amigos, el viejo y nuevo dictador de Cuba. Su tardío pésame por la muerte de Zapata no lo exonera de una relación vergonzosa.
Hasta el gobierno de los Estados Unidos muestra una actitud timorata con la dictadura castrista. Da la impresión de que, si la actual administración pudiera, ya habría cortado los fondos a todos los programas de apoyo a la oposición democrática cubana y habría permitido que los capitales estadounidenses estuvieran comprando a precio de subasta las empresas cubanas.
Si todos estos dirigentes y sus gobiernos hubieran demostrado hacia Cuba solo una parte del interés y las acciones que tomaron por defender la constitucionalidad y la democracia hondureña, Orlando Zapata estaría vivo, los presos políticos cubanos estarían libres y una transición a la democracia en Cuba sería posible. Pero no es así. Se congratulan de sus acomodos y negocios con la tiranía, entre ellos un turismo, igualmente cómplice, que representa una de sus dos más importantes fuentes de ingresos.
A falta de solidaridad internacional, Orlando Zapata sabía que no tenía otra alternativa que estar dispuesto a pagar con su vida el respeto que merecía como persona. El castrismo es especialmente despiadado contra los negros que se le rebelan.
Sin solidaridad internacional, el pueblo cubano ha sido acorralado hacia una situación en la cual tendrá que pagar muy caro el precio de su libertad. Las declaraciones momentáneas de repudio por este crimen, de parte de quienes hasta ayer han estado escudando y excusando a la tiranía, no nos deben ilusionar.
En las democracias occidentales hay grandes intereses económicos y políticos que están por encima de los principios y la solidaridad humana; esos intereses prevalecerán.
Los aliados de Castro lo seguirán siendo. Quienes en el mundo callan ante los atropellos de la dictadura castrista, por conveniencia o por cobardía, continuarán guardando silencio hasta que la rueda de la historia esté a punto de aplastar a la tiranía. Hasta entonces, no debemos esperar otra cosa que la indiferencia o la complicidad de los gobiernos democráticos insensibles a la lucha del pueblo cubano por su libertad.
Orlando Zapata no puede morir en vano. Su heroísmo unió a la oposición como nunca pudo la razón o un proyecto político. Aunque momentáneo, ese frente común ha demostrado que en él reside nuestra autoridad moral y nuestro poder de convocatoria. Cuando acabe de perder el temor, el pueblo cubano se unirá a la oposición en las calles y estoy seguro de que los militares descontentos nos respaldarán.
Todos los cubanos somos hermanos de Orlando Zapata; su heroico sacrificio nos obliga a un compromiso de lucha sin descanso. Que desde hoy y hasta el derrocamiento de la tiranía, en los campos y en las ciudades, en las escuelas y las universidades, en las cárceles y en el exilio, al comenzar y al terminar el día honremos su memoria con un mensaje de libertad: ¡Viva Zapata!
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Con los auspicios del gobierno español se acaban de celebrar en Madrid dos actividades que, según explica el Ministro Miguel Ángel Moratinos, han servido para “consolidar la confianza y la promoción, y el respeto de los derechos humanos" en Cuba. España ha reiterado que quiere persuadir a la Unión Europea a cambiar su política hacia Cuba.
España sabe que no podrá lograrlo, porque varios países europeos, escépticos del régimen castrista, han expresado su oposición a suavizar aun más su política hacia Cuba. La insistencia española tiene otros propósitos.
Como España es uno de los socios principales de la más vieja y represiva dictadura de Latinoamérica, su actual gobierno necesita hacerle creer a los socialistas españoles que es un defensor de los derechos humanos en Cuba. Millones de televidentes, lectores de periódicos, radioescuchas y cibernautas en España y en otras latitudes, ya habrán visto los titulares anunciando el nuevo esfuerzo español por tan loable objetivo.
Es también muy importante para España dar la impresión, en la Unión Europea, de que es en alguna forma la representante de sus ex colonias latinoamericanas. En el caso cubano trata de hacer creer que está especialmente capacitada para entender lo que pasa en la isla. Por ejemplo, según el embajador español en Costa Rica, España es: “el país que todos los europeos reconocen como el que tiene el mejor conocimiento de la situación en Cuba.”
Hasta el gobierno de los Estados Unidos se ha llegado a creer que el intermediario ideal para hablar con los Castro es Rodríguez Zapatero. Hace unos meses el presidente Obama pidió al presidente español su mediación ante Raúl Castro para descongelar la situación entre ambos gobiernos, por cierto sin ningún éxito. Véase "Cuba en el limbo y el error de Obama (2)".
Con su hábil, constante e indirecta defensa de la tiranía castrista, responsabilizando a los gobiernos occidentales de practicar una política absurda hacia Cuba, España gana puntos con la dictadura de la isla. Además del comercio, el régimen castrista ha privilegiado a los empresarios españoles con un cuasi monopolio de la industria turística de la Cuba.
Las conversaciones sobre derechos humanos entre la dictadura y el gobierno de España, en los términos favorables en que las presenta siempre Madrid, le sirven a la tiranía para demostrar a la oposición interna, a los presos, a sus familiares y al pueblo cubano que, a la hora de hablar del tema de los derechos humanos en Cuba, ninguno de ellos cuenta.
Por esta razón el gobierno español no permitió que ningún representante de la oposición democrática cubana participara en estas recientes actividades en Madrid. El mejor golpe contra un enemigo es el que lo desmoraliza, y en esto el gobierno español es un aliado ideal de la tiranía.
En Cuba los atropellos contra ciudadanos apolíticos aumentan, la represión contra la oposición democrática es incesante, las condenas a prisión son completamente injustificadas y el trato a los presos políticos en las cárceles es brutal. El gobierno español lo sabe perfectamente. Por eso, para demostrar cuán importante es la relación entre los socialistas españoles y los castristas cubanos, de vez en cuando la tiranía le regala al gobierno español algunos presos políticos, que son exhibidos como prueba del éxito de la estrategia española hacia Cuba.
El pragmatismo español no es difícil de entender, España es uno de los socios comerciales más importantes de la dictadura cubana. Como para el gobierno de Zapatero los negocios están por encima de los principios, su conducta es completamente congruente. Es un gobierno que le hace el juego al castrismo al mismo tiempo que evita criticar a otro buen comprador, Hugo Chávez, pasando por alto que este militar autócrata está aniquilando sistemáticamente la democracia venezolana.
No hay ninguna contradicción, tampoco, en que el gobierno español retirara su embajador de Tegucigalpa y denunciara a Honduras porque sus militares, su Corte Suprema y su Congreso violaron la constitución, al tiempo que tiene magníficas relaciones diplomáticas con la dictadura más antigua de la región y con la versión venezolana. Honduras no tiene ni petróleo ni mucho turismo; es el segundo país más pobre de Latinoamérica y por eso, y solo por eso, en lugar de guantes de seda merecía el látigo.
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En su análisis “¿Hacia dónde va la barca a cubana? Una mirada al entorno económico”, Boris Moreno, presbítero y máster en Ciencias Económicas, plantea que le gustaría que, con el auspicio de la revista de la Arquidiócesis de la Habana: PalabraNuevaNet, se pudiera iniciar un debate sobre las medidas que propone. Lo felicito por su análisis de la realidad cubana y sugiero leer detenidamente su artículo. Como no comparto algunas de sus recomendaciones, acepto su invitación a discutirlas.
Para enderezar el rumbo de Cuba, donde “la desesperanza se ha expandido y el horizonte de un agravamiento de la crisis, atenazada por el entorno internacional, pudiera romper la frágil cohesión social”, el Pbro. Moreno divide sus recomendaciones entre las que define como de “mínimo acceso” y otras como de “anestesia general”. Para facilitar la lectura de este artículo enumero en resumen sus propuestas.
Las de “mínimo acceso”:
a) Garantías al trabajo por cuenta propia.
b) A futuro una ley que proteja la pequeña y mediana empresa.
c) “Amparo de las actividades comerciales minoristas.”
d) Ampliar el pago por resultado en la fuerza laboral.
e) A futuro “una ley de empresa, de quiebra y de desempleo.”
f) Mayores seguridades para la inversión extranjera.
g) Que el presupuesto se apegue al principio de subsidiariedad y una contraloría.
Entre las medidas de “anestesia general” propone en primer lugar la que considera más importante: “el compromiso formal del gobierno en reconocer la capacidad de opinar de todos los ciudadanos sin que esto implique represalias de ningún tipo”. Además:
a) “El cambio de la política de sustitución de importaciones por otra de promoción de exportaciones”
b) Darle espacio a la banca internacional.
c) “La unificación de la moneda.”
d) “Una reforma empresarial …potenciando formas complementarias a la empresa estatal.”
e) Un cambio de concepción institucional donde los ministerios pasen a ser centros de orientación y regulación en su área.
f) Entrada en la isla de mecanismos internacionales que viabilicen el flujo de recursos financieros frescos.
g) Privilegiar con ofertas de inversión el ingreso de capitales.
h) Constitución de un mercado financiero.
En cuanto a las medidas propuestas como de “mínimo acceso” creo que el régimen castrista pudiera ponerlas en práctica sin arriesgar necesariamente su monopolio del poder. Es más, si se hubieran implementado hace tres años, sus resultados habrían ayudado a hacer menos aguda la crisis actual y hoy el castrismo tendría un respiro; en otras palabras, la sucesión de un hermano a otro habría sido más exitosa, en detrimento de un futuro democrático y de un desarrollo económico beneficioso para todos los cubanos. Estoy seguro de que esto no es lo que desea el Pbro. Moreno, pero por rigor lógico creo necesario señalarlo.
Objeto la recomendación de dar mayores seguridades a la inversión extranjera, al mismo tiempo que se propone “para futuro” una ley que proteja a la pequeña y mediana empresa. El castrismo, consciente del fracaso de la economía estatal, ha pactado con capital extranjero para sostenerse en el poder. Por esta razón les niega a los cubanos el derecho a desarrollar empresas privadas, mientras privilegia la inversión extranjera en el turismo, la minería, la exploración petrolera, etc.
La mayoría de estos socios capitalistas son los más interesados en que la tiranía se mantenga en el poder, porque ésta les garantiza sus privilegios en la isla. Caso típico es el de la industria del turismo y otras inversiones españolas en Cuba, y su influencia en la política procastrista del gobierno español. El capital estadounidense es uno de los factores que ejercen mayor presión en Washington para una normalización de las relaciones entre ambos gobiernos, sin que el respeto a los derechos humanos en Cuba sea una condicionante.
Darle ventajas al capital extranjero sin priorizar las medidas que permitan a los cubanos la posibilidad de competir, equivale a seguir entregando nuestro país a las transnacionales y a empresarios extranjeros, socios presentes o futuros del régimen. También estoy convencido de que el Pbro. Moreno está muy lejos de desear una Cuba así.
En términos generales las recomendaciones de “mínimo acceso” no nos conducirían a un régimen democrático, sino al mantenimiento de un grupo incompetente y corrupto en el poder, que tiene toda la intención de detentarlo hasta sus últimos días y pasarlo a sus herederos como un patrimonio familiar. Por esa vía, el actual régimen podría convertirse en una hibridocracia, definida por el politólogo Fernando Mires como el régimen donde “los enemigos de la democracia necesitan de la democracia para ocultar, en nombre de la misma democracia, a las más astutas dictaduras”: China, Vietnam, Venezuela.
Sobre las recomendaciones de “anestesia general” el Pbro. Moreno no se hace ilusiones con la situación política actual, sino todo lo contrario, y por esta razón plantea que la medida más importante de ese segundo grupo de recomendaciones es: “el compromiso formal del gobierno en reconocer la capacidad de opinar de todos los ciudadanos sin que esto implique represalias de ningún tipo”.
Esa posibilidad asume un cambio radical en la voluntad política de la dirigencia en el poder en Cuba, quienquiera que esté al mando, e independiente de la forma en que haya llegado a asumirlo. Podría ser un cambio de táctica o de pensamiento del actual gobernante, o un cambio por herencia, o por un golpe de estado, o por el triunfo de una revuelta popular. Si esto es así, por voluntad de quien esté en el poder, corremos el peligro de que el respeto a las opiniones sea revertido luego por el mismo gobernante que lo permitió, o por el que le siga. Por estas consideraciones la garantía de libertad de expresión debe estar respaldada, no por un “compromiso formal del gobierno”, sino por una constitución democrática y por un Estado de Derecho.
La sugerencia del “cambio de la política de sustitución de importaciones a otra de promoción de exportaciones” no puede ser más acertada. Su argumento es que las importaciones actuales son completamente necesarias y que hay que pagarlas aumentando las exportaciones. Esto exige un nivel de eficiencia en la economía cubana que requiere un cambio estructural total, y un cambio político capaz de estimular a la población a participar con entusiasmo en un proceso que va a rendir frutos, pero no de la noche a la mañana. En los artículos “Cuba: agricultura y desarrollo”, “Cuba: el dinero y la comida” y “Cuba: la importancia del desarrollo agrícola” elaboro sobre el tema.
Otro aspecto considerado en las propuestas de Pbro. Moreno, es el de “Una reforma empresarial …potenciando las formas complementarias a la empresa estatal”. Pienso que en el desarrollo económico sostenido, sostenible y acelerado que requiere nuestro país, la empresa privada debe ser el eje y la empresa estatal debe ser la complementaria. El problema a debatir es cuáles empresas estatales deben ser privatizadas, ya sea total o parcialmente, y en qué forma, y cuáles deben quedar como propiedad pública y en qué forma (entes autónomos o directamente bajo el control del Ejecutivo). Cuanto mayor sea el porcentaje de la economía que quede en manos del Estado, ésta será menos eficiente y mayor el margen de abuso y corrupción.
Al mismo tiempo debemos asegurarnos de que las empresas que sean privatizadas no queden en manos del grupo en el poder o de sus socios extranjeros, ni que éstas se vayan a subastar indiscriminadamente sin que los cubanos, en particular quienes hoy viven, trabajan y sufren en la isla, tengan posibilidades de participación presente o futura. Esto no representa un rechazo a la necesaria inversión extranjera, sino un llamado a crear mecanismos financieros y de inversión que permitan a los cubanos participar efectivamente en la propiedad de las empresas. Está pendiente un ejercicio de creatividad jurídica y económica que permita lograr ese objetivo.
En este aspecto debemos traer al debate el asunto de las propiedades confiscadas a estadounidenses o a cubanos. La forma más acelerada de resolver esos derechos es la de indemnizar a los dueños originales o a sus herederos, sin excluirlos de reclamaciones judiciales como corresponde en un Estado de Derecho. La indemnización permitiría hacer justicia en el menor tiempo posible y dar inicio al necesario despegue económico de la isla, aunque en algunos casos, técnicamente, puede ser más conveniente para el país la devolución de determinadas empresas.
Las propuestas del Pbro. Boris Moreno, como él aclara, “no son conclusivas ni abarcan todo el entorno económico”, pero sin duda pueden servir como base a un debate en que dejemos de enfocarnos en los fracasos de medio siglo de estatismo totalitario y discutamos sobre el desarrollo de la Nueva República.
Veo en las propuestas de “anestesia general” los claros trazos de una economía de mercado insertada en un mundo globalizado y respaldada institucional y legalmente por un Estado de Derecho. Esto debe enfatizarse como condición fundamental para que “la barca cubana” pueda orientarse hacia horizontes de libertad, progreso, justicia y solidaridad que beneficien a todo el pueblo cubano.
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Cuando en la víspera de la revolución francesa, alguien informó a la reina María Antonieta, que el pueblo se quejaba porque no tenía pan, la soberana francesa de origen austríaco exclamó, -Bueno, ¡que coman pasteles!
Esta respuesta superficial y desconsiderada ha tenido su réplica moderna más de dos siglos después, con el océano por medio. Cuando en Cuba escaseó el pan, hace algunas semanas, los medios al servicio del gobierno explicaron que ‘como hay frío, la gente come más…’
Esto da la medida de que el dislate en que incurrió el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés en su ya célebre referencia a ‘Papa Estado’, no fue tal. Se trata de una abstracción o realización que la élite de gobierno y su sector favorecido comparten sobre el pueblo y sobre sí mismos. Una visión ciertamente superficial y desconsiderada que trae a colación aquella frase genial que el escritor norteamericano Ernest Hemingway escogió para una de sus novelas: Tener y no tener.
Sobre esto, Hemingway solía decir que dos linajes pueblan la tierra. Uno de ellos sería ‘tener’ y el otro, ‘no tener’. Según el escritor, los intereses entre ambos linajes son irreconciliables.
Como en la Francia pre revolucionaría, en Cuba existe una élite y un sector favorecido que detenta todas las ventajas y prerrogativas. El resto nada tiene, sólo obligaciones, miseria y limitaciones. Se habla del odio que se incuba contra los detentadores en el seno de la mayoría desfavorecida. Pero este hoy se revierte retroalimentado desde una actitud de insufrible pedantería, superficialidad y cruel diletantismo desde el sector favorecido. Hoy se muestran más inclinados a no perder sus prebendas que a encontrar el equilibrio para una convivencia ciudadana armónica.
Esta creciente insensibilidad de vez en vez muestra sus frutos corrompidos. Se ha llegado al punto de no retorno en que la clase privilegiada cubana, vive el espejismo o la falsa ilusión de creer que sus prebendas son legítimas.
Se vive entre el odio que sube y la indiferencia y el desprecio que descienden. El poder se sostiene con el auge represivo y recetas de gobernabilidad excluyentes, de franco corte fascista. Al menos en Cuba, cincuenta años de permanencia deslavaron definitivamente las cosméticas populistas.
La opulencia escandalosa en que viven los llamados ‘Comandantes de la revolución’, los miembros prominentes del partido único, el estamento militar superior y sus familiares y miñones, ofende la sensibilidad de todos los cubanos. El pueblo dice: No queremos pasteles. Queremos pan, pero lo queremos con libertad.
Editorial de Primavera Digital
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La presencia del comandante castrista Ramiro Valdés en Venezuela es objeto de conjetura y polémica. El precio que pagarán por esta decisión Hugo Chávez, su “padre político” Fidel Castro y los herederos del poder en Cuba, será mayor que cualquier ventaja que pretendan alcanzar.
La explicación oficial de que Valdés se encuentra en Venezuela para ayudar a resolver el problema eléctrico es un disparate. Él no tiene ni capacidad ni experiencia en la materia. Si hubiera llegado un grupo de expertos cubanos a colaborar con ingenieros venezolanos, el caso sería menos controversial, pero mandar a un comandante represor es otra cosa.
Pudiera ser que Valdés haya viajado a Venezuela a orquestar un negocio lucrativo para el castrismo: instalar plantas generadoras de electricidad que consumen una cantidad considerable de combustible. En este plan, como en otros, pretenden que millones de dólares sean transferidos de Venezuela a Cuba por concepto de asesoría, compra e instalación de plantas eléctricas. No es nada nuevo. Castro ha servido como intermediario con empresas extranjeras en la compra de millones de dólares de equipo médico para Venezuela. La tiranía en Cuba está en la quiebra y busca una justificación adicional para exprimir un poco más a los venezolanos.
Pero el viaje del comandante castrista no tiene que obedecer a una sola razón. Los efectos de la renuncia de tres ministros, entre ellos el de Defensa y también Vicepresidente, así como las protestas masivas por el cierre de RCTV, pueden haber tomado por sorpresa al alto mando cubano en la isla.
Estos acontecimientos seguramente han tenido un efecto negativo en las Fuerzas Armadas venezolanas y en el aparato político chavista, y los Castro no van a arriesgarse a perder la seudo-colonia que los mantiene en el poder en Cuba. Entre otros beneficios, la tiranía recibe de Venezuela petróleo que equivale a la casi mitad del consumo de la isla, más de 10.000 millones de dólares en los últimos cinco años. El castrismo “paga” con la mano de obra esclava de miles de profesionales cubanos, más cientos de agentes de inteligencia y subversión.
Ramiro Valdés “en su tiempo libre” puede supervisar de primera mano el aparato de espionaje y represión que los castristas montaron y dirigen en Venezuela. Su estancia allí hará menos necesarios los frecuentes viajes de Chávez a Cuba cada vez que necesita instrucciones; hay que guardar las apariencias de la dependencia.
La presencia de Ramiro Valdés en Venezuela tiene un costo político. Según las últimas encuestas de Latinbarómetro en 2009, Chávez era el dirigente menos popular en Latinoamérica. Los últimos acontecimientos y esta visita restan en lugar de sumar.
No puede pasarse por alto el nacionalismo en Latinoamérica. La intromisión y el poder de los cubanos en los mecanismos oficiales y en otras esferas provocan rechazos en Venezuela. Aunque los médicos cubanos han contribuido a la salud, también han creado un sismo entre los médicos venezolanos con consecuencias imprevisibles para el futuro de la salud pública en ese país.
Algún porcentaje del chavismo debe haber puesto en duda la sabiduría de la visita de Ramiro Valdés a Venezuela; llega un militar castrista con un historial siniestro, exactamente después de renuncias en el gobierno y manifestaciones de protesta en las calles.
La perdida de credibilidad de Chávez entre un porcentaje de sus seguidores no puede subestimarse. Su mayor riesgo consiste en continuar descendiendo en popularidad. ¿Que pasará en Venezuela cuando esta ande por el 30%? La visita de Ramiro Valdés le ha restado puntos y ha polarizado aun más a la oposición democrática. Creo que el error se originó en La Habana, donde se cometen muchos errores.
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La auténtica interlocución con el régimen cubano Lo más sorprendente de la revelación del embajador de España en Costa Rica, Arturo Reig, indicando que Washington y Madrid están considerando la eliminación de la “Posición Común” de la Unión Europea, es que en ningún momento el Departamento de Estado de los Estados Unidos, ni su Secretario de Estado Adjunto para Latinoamérica, Arturo Valenzuela, han mencionado que entre Madrid y Washington se haya estado discutiendo o se haya llegado a un consenso para descartar la “Posición Común”, como plantea el embajador. Estamos seguros de que el embajador Reig no ha inventado lo que ha escrito, tiene que haber sido informado oficialmente por Madrid o se lo comunicaron a título personal.
Otro aspecto que no deja de ser un tanto enigmático es que el embajador define a la nueva relación que propone España, como “una autentica interlocución” con el castrismo. Lo que el embajador Reig define como auténtico, parece ser diferente al dialogo “profundo”, forma en que ha definido Moratinos la relación entre Madrid y La Habana durante los siete años de gobierno socialista de España.
En cuanto a la “Posición Común”, Moratinos argumenta que ésta impone al gobierno de Cuba condiciones para mejorar sus relaciones. Según él, ese condicionamiento no funciona, lo que tendrá éxito es un acuerdo por el cual “jurídicamente”, el gobierno castrista se compromete con la Unión Europea a mejorar la situación de los derechos humanos en Cuba. Todo esto parece haberlo sacado Moratinos, como un mago de un sombrero, y pretende venderlo como la última y brillante creación de la política exterior española respecto a Cuba.
En todo caso, este “nuevo” acuerdo con el que España pretende que se sustituya la “Posición Común” de la Unión Europea, no puede pasar por alto la clausula de respeto a los derechos humanos que rige las relaciones de la Unión Europea con todos los demás países desde 1996.
Todo lo anterior nos obliga a algunas observaciones:
1) ¿Por qué razón el “dialogo profundo” que ha llevado a cabo el gobierno del Partido Socialista Obrero Español durante años con la tiranía castrista no fue efectivo y ahora se espera que una interlocución auténtica lo sea? ¿Acaso un juego semántico hará la diferencia?
2) ¿Cómo se va a alcanzar un acuerdo jurídicamente vinculante entre la Unión Europea y un régimen tiránico en Cuba, que se ha negado por medio siglo a negociar absolutamente nada que tenga que ver con sus sistema político interno?
3) ¿Por qué España, que es la que propone una auténtica interlocución y ese acuerdo jurídico con el castrismo, no demuestra con hechos que su relación bilateral con la tiranía ha traído beneficios en el mejoramiento de los derechos humanos del pueblo cubano?
El gobierno español no puede dar respuesta lógica ni persuasiva a estos cuestionamientos. Por el contrario, mientras el Presidente Rodríguez Zapatero dice que con Cuba hay que tener una política exigente, su Ministro de Relaciones y su embajador en Costa Rica hablan otro idioma. La realidad de las relaciones entre el castrismo y el gobierno español no parecen ser tan promisorias. Por meses la tiranía ha retenido arbitrariamente la repatriación de cientos de millones de dólares de ganancias de empresas españolas en Cuba y recientemente, no permitió el ingreso a Cuba de un parlamentario socialista que viajando con su esposa, llegaron de vacaciones a la isla.
Ante la inconsistencia de la posición del gobierno socialista de España y ante la oposición de países miembros de la Unión Europea y del Partido Popular español a cambiar la “Posición Común” respecto a Cuba, el gobierno de Rodríguez Zapatero trata de salvar la cara diciendo que si lo sigue pretendiendo, pero que ahora no es una prioridad, como lo fue hasta hace poco tiempo.
Obama y Zapatero parecen tener más de una coincidencia en su visión del mundo y en su enfoque hacia Cuba. Mientras Zapatero se equivocó y creyó que podía llegar a un acuerdo con los terroristas de la ETA, Obama creyó que él podía llegar a un acuerdo con el castrismo, un régimen que su propio gobierno tiene en la lista de promotores del terrorismo. Ambos presidentes coincidieron con Hugo Chávez que había que devolverle la presidencia a Zelaya en Honduras, pasando por alto que Zelaya había violado la constitución hondureña y que era un estrecho aliado del autócrata venezolano Hugo Chávez y del dictador Fidel Castro.
Como hemos documentado, la coincidencia respecto a Cuba también parece ir más allá de lo que conocemos. Washington no solo se ha servido del gobierno español como intermediario ante la tiranía castrista, sino que ha discutido secretamente con Madrid un cambio de la política de la Unión Europea respecto a Cuba.
Como para España en sus relaciones con Cuba, la prioridad son los negocios por encima del respeto a los derechos humanos, esta asociación entre Obama y Zapatero sobre cómo tratar con el castrismo es en extremo preocupante. A los intereses comerciales españoles les sirve una dictadura en Cuba, en lugar de un estado de derecho donde las empresas españolas no podrían explotar a los trabajadores cubanos como lo hacen en el presente. A los intereses comerciales estadounidenses les será igualmente útil un trato con el castrismo.
La política de “pasos y conciliación” de Obama ha fracasado y en lugar de aliarse con Madrid para insistir en ese error con otro nombre, el gobierno de Obama debía poner las cartas sobre la mesa, admitir su equivocación y reformular una nueva estrategia hacia Cuba. La cortina de humo diciendo que la cuestión de Cuba hay que tomarla con calma es síntoma de desconcierto o confabulación. Pretenden dejar a Cuba en el limbo o esperan las condiciones para pactar con el castrismo.
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Obama y Zapatero contra la Unión Europea
No ha terminado el mes de octubre de 2009, en el cual los presidentes Rodríguez Zapatero y Barack Obama se han reunido en Washington; el periódico español El País unos días después ha publicado los términos de la conversación sobre Cuba entre ambos mandatarios, cuando el 28 de octubre, Arturo Reig, el Embajador de España en Costa Rica, escribe un revelador artículo en el periódico La Nación: “Nueva Política hacia Cuba”.
En el articulo, además de defender la reciente visita a Cuba de su canciller, Miguel Angel Moratinos, el embajador Reig señala que la política “de puño de hierro” de sucesivas administraciones estadounidenses y la política de la Unión Europea (Posición Común)1 no han logrado cambios en Cuba.
El embajador resume que ambas políticas han tenido resultados “nulo, repito nulo.”
El embajador Reig es selectivo en sus críticas de políticas fracasadas hacia Cuba. Lo hace con igual vehemencia contra la política “de puño de hierro” de Estados Unidos y contra la “Posición Común” de la Unión Europea, pero no hace ningún comentario sobre el fracaso de la nueva política de Obama hacia Cuba, que ha sido una política de apertura y conciliación, basada en la premisa de que al ser completamente diferente a la que Washington había puesto en práctica por medio siglo, sería correspondida por el régimen de La Habana con otros pasos igualmente conciliadores.
Esa es la política que el presidente Obama reconoce en su conversación con Zapatero como la que no ha producido resultados, por lo que Obama insiste en que –Zapatero- le haga saber a Raúl Castro, que si él no da pasos, entonces Estados Unidos no puede seguirlos dando unilateralmente.
Tampoco el embajador Reig critica el fracaso de la política de amistad y negocios que España ha tenido con el castrismo por medio siglo, incluyendo los últimos siete años del gobierno socialista español. Durante los años del gobierno socialista, el canciller Moratinos ha insistido en el éxito de lo que el describía como un diálogo, que cada vez se profundizaba más entre los gobiernos de Cuba y España.
Relación que ha sido fructífera en términos comerciales para España, pero que no ha logrado avanzar el respeto a los derechos humanos en Cuba.Aplicando el criterio del embajador Reig, de que no se ha avanzado en el respeto a los derechos humanos en Cuba, por las políticas equivocadas de los gobiernos hacia el régimen de la isla, tendríamos cuatro estrategias fallidas en lugar de dos como plantea el embajador Reig.
Dos políticas estadounidenses, una europea y una española:
1) La política de “de puño de hierro” estadounidense.
2) La política de “pasos y conciliación” de Barack Obama
3) La política conocida como “Posición Común” de la Unión Europea.
4) La de amistad y comercio (profundización del dialogo) de España, incluyendo los siete últimos años de Rodríguez Zapatero.
El embajador Reig solo crítica a una estadounidense y la europea (1 y 3), pasando por alto el fracaso de Obama y el de su proprio presidente (Rodríguez Zapatero).
Durante medio siglo, los países hoy miembros de la Unión Europea, en oposición a Washington, tuvieron buenas relaciones comerciales y diplomáticas con el castrismo, facilitándole créditos y asistencia de diferente índole. Esa política, que precedió a la “Posición Común” tampoco logró avanzar el respeto a los derechos humanos en Cuba.
Pero el Embajador Reig nos revela una sorpresa en su artículo.
Nos habla de una quinta política hacia la tiranía castrista, esta vez como parte de un acuerdo entre Obama y Zapatero. En su artículo dice así:
“Por cuanto antecede y a la vista del callejón sin salida a que han conducido dichas políticas de la UE y de los EE. UU., había que preguntarse si valía la pena persistir en ellas y tanto la actual Administración estadounidense como España se han planteado si no había llegado el momento de establecer una auténtica interlocución con el régimen cubano para intentar que el ya mencionado proceso de reforma, pacífico, ordenado y negociado entre todos los cubanos, pueda iniciarse, contando con la ayuda y el apoyo de la comunidad internacional y, en particular, con los EE. UU., la OEA y la UE, y dentro de esta última, con el país que todos los europeos reconocen como el que tiene el mejor conocimiento de la situación en Cuba; es decir, España”.
Continuara...
(1) Impulsada en 1996 por el ex presidente del Gobierno español José María Aznar, la "posición común" de la UE condicionaba la normalización de relaciones con Cuba a los avances que debía dar el régimen comunista hacia la democracia, la liberación de todos los presos políticos y la mejora de los derechos humanos.
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Con Irán se fracasó… ¿con el castrismo no?
En sus declaraciones de principios de noviembre de 2009, el Subsecretario de Estado Adjunto, Arturo Valenzuela, pareciera que descifra el enigma de lo que realmente piensa hacer la administración de Obama respecto a Cuba; aunque es evidente, que lo prioritario de su mensaje es no reconocer el error en que han incurrido - por sus expectativas en extremo optimistas – con sus gestos conciliatorios hacia el castrismo.
Según esas declaraciones de Valenzuela, el gobierno de Obama no buscaba un cambio súbito en Cuba, dando la impresión que era por esa razón que había que tomar el asunto cubano con calma. Pero en esas mismas declaraciones admite que Washington pretende "tomar el pulso a la situación'' en Cuba para "ver cómo salir adelante”.
Luego entonces ¿hay que tomar el asunto con calma porque no se ha podido “salir adelante,” o porque “no se busca un cambio súbito”?
La realidad es que no se ha podido “salir adelante,” y hay que tomarlo con “calma” porque el castrismo no ha correspondido a los pasos que por un año ha dado la administración de Obama con su nueva política de apertura.
Otra interpretación, como señalamos con anterioridad, es que Washington haya llegado a un acuerdo con la dictadura, en el que no está condicionado el levantamiento del embargo, al respeto de los derechos humanos en Cuba, y estaría esperando las circunstancias propicias para implementarlo.
Esta retórica de Washington en el asunto cubano, podemos compararla con la crítica que provocó en los Estados Unidos, el tiempo que se demoró Obama para tomar una decisión sobre el envío de más tropas a Afganistán.
Es difícil imaginar a Obama anunciando que lo de Afganistán había que tomarlo con calma y que su administración se iba a dedicar por un tiempo indeterminado, a tomarle el pulso a la situación en Afganistán para “ver cómo salir adelante”.
O como el caso de Irán, donde la política de apertura con Mahmoud Ahmadinejad ha fracasado y el presidente Obama anunciara que la iban a coger on calma para tomarle el pulso a la situación iraní y “ver cómo salir adelante”. Por el contrario, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha reconocido públicamente que la política de apertura hacia Irán fracasó y considera necesario recurrir a otros procedimientos.
Cuba no es Afganistán ni es Irán, lo sabemos. Ni Latinoamérica es una prioridad para los Estados Unidos y por esta razón y por este error, hoy tienen un grupo de países liderados por el eje castro-chavista que en su alianza con Irán representan un problema potencial para los Estados Unidos en el frente terrorista. Además del perjuicio que ocasiona al desarrollo en Latinoamérica, la amenaza y actividades de este grupo.
En Cuba no mueren estadounidenses como en Irak y Afganistán, quienes mueren o son golpeados en las calles y brutalizados en las cárceles son los cubanos. No se cuestiona aquí tampoco la importancia relativa para los Estados Unidos de Irán y Afganistán con Cuba.
Ni se está juzgando ahora la moralidad de la política estadounidense hacia Cuba. Lo que se critica es haber formulado una estrategia equívoca, fundamentada en prejuicios ideológicos y luego no reconocer su fracaso. Querer cubrirlo con una cortina de humo, en lugar de hacer una revisión para a determinar que sucedió, donde se erró, y qué debe y puede hacerse.
A menos que la intención sea otra y hay indicios de que pueda serlo. En sus conversaciones con Rodríguez Zapatero, Obama parece haber ido bastante más allá de pedirle que intercediera con Raúl Castro para que este correspondiera con cambios en Cuba.
Según el embajador español en Costa Rica, Obama se ha puesto de acuerdo con Zapatero, para tratar de sustituir la “Posición Común” Europea respecto a Cuba y cambiarla por una política que no condicione las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Europea con el régimen castrista, a un respeto de los derechos humanos en la isla. El Embajador de España en Costa Rica, en un artículo “Nueva política hacia Cuba” publicado por La Nación el 28 de octubre de 2009 nos da la pista.
Continuará…
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La política de tomarla con calma
No han pasado dos meses desde que Obama le pidió a Rodríguez Zapatero intervenir con Raúl Castro a ver si continuaban dando “pasos”, cuando Arturo Valenzuela, Secretario de Estado Adjunto para Latinoamérica, parece interpretar que hubo una respuesta negativa.
EFE y El Nuevo Herald informan el 11 de diciembre de 2009 que Valenzuela ha declarado:
El Gobierno de EEUU se está tomando con "calma'' el acercamiento y el diálogo que inició la Administración del presidente Barack Obama con Cuba, porque no busca un ‘‘cambio súbito'' en este momento en sus relaciones con La Habana…Washington pretende "tomar el pulso a la situación'' en Cuba para "ver cómo salir adelante''…''Lo que estamos viendo de cara al futuro es cómo seguir avanzando'' en los temas de interés común para EEUU y Cuba, agregó el alto funcionario… Sin embargo, recalcó que se trata de "algo que nos estamos tomando en estos momentos con calma''…''No es una cosa en que se está buscando un cambio súbito en este momento. Estamos avanzando'', subrayó el diplomático.
Así que el acercamiento y el diálogo que inició la Administración Obama hacia el castrismo hace un año ahora hay que tomarlos con “calma” porque Washington en estos momentos no busca un cambio súbito en La Habana.
Valenzuela, igual que Obama en sus comentarios a Zapatero, parece sugerir que en algún momento sí se buscó un cambio súbito, pero por alguna negativa o por un acuerdo con la tiranía se modificó el objetivo.
¿Cuánto dura un cambio que no es súbito? ¿Cuál es el plazo? ¿Cuándo y con cuál criterio se decidió las características del cambio y cómo llegar a alcanzarlo? ¿Le ha aceptado Washington a Raúl el plazo de 20 años que pidió hace años una misión de militares castristas? ¿Se harán públicos los términos en una segunda administración Obama? Son muchas las preguntas sin respuesta.
Señalemos diferentes posibilidades:
1) Se reacciona ante el fracaso de un año de intentos estadounidenses, sin respuesta positiva por parte del castrismo y sin querer aceptar el fracaso de la política de “pasos y conciliación”. Entonces se inventa o se acepta el argumento de la imposibilidad del cambio súbito y se recurre a la figura de la toma del pulso, porque no hay idea de cómo proceder. No se quiere hacer un esfuerzo por pasar a una política más dinámica, por temor a parecerse a la que pusieron en práctica gobiernos republicanos y demócratas antes de la llegada de Obama a la Casa Blanca. En resumen, dejemos a Cuba en el limbo.
2) O se ha llegado a la conclusión de que, por el momento, es mejor no hacer nada en el asunto cubano. Hay que dejar pasar el tiempo hasta que se gane la reelección y entonces, al no necesitar ya los votos del exilio cubano, se puede levantar el embargo unilateralmente, sin condicionarlo al respeto a los derechos humanos en Cuba, y llegar a un acuerdo con la tiranía que facilite las inversiones estadounidenses en la isla.
3) Washington se lavaría las manos dejando en otros (la comunidad internacional) la responsabilidad de lo que pase con Cuba. Como declaró Valenzuela, el asunto es: “cómo seguir avanzando en los temas de interés común para EEUU y Cuba”. Que no son necesariamente los temas de interés del pueblo cubano, sino los temas de interés común entre un gobierno estadounidense que ha demostrado su pragmatismo e inexperiencia, y una tiranía en Cuba que ha demostrado su resistencia a cambios que la alejen del poder y de sus privilegios.
Un acuerdo entre Obama y Zapatero podría diluir en el seno de la “comunidad internacional” el papel de los Estados Unidos en Cuba. Algo parecido a lo que trató de hacer en Honduras cuando, en lugar de ejercer su liderazgo y condenar las violaciones a los Constitución de ambas partes, estuvo de acuerdo hasta con Hugo Chávez en exigir una restitución de Zelaya, objetivo que era un absurdo político, aunque una popular posición demagógica.
Continuará…
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