Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica
El 12 de agosto de 2026, Ucrania lanzó uno de
sus mayores ataques contra la base naval rusa de Novorossiysk, en la región de
Krasnodar, a más de 300 kilómetros del frente. La operación combinó drones
aéreos y navales con misiles de largo alcance y golpeó buques de guerra,
posiciones de defensa aérea e infraestructura portuaria.
Según el Estado Mayor ucraniano, cuatro buques
de guerra rusos sufrieron daños de distinto grado: las fragatas Admiral Makarov
y Admiral Essen, un buque lanzamisiles de la clase Buyan-M y el patrullero
Vasily Bykov. El alcance definitivo de esos daños todavía debe ser confirmado
independientemente.
El presidente Volodymyr Zelensky afirmó que se
utilizó una combinación de drones a reacción Palianytsia, misiles Neptune y
drones navales. Imágenes satelitales analizadas por Exilenova+ muestran daños
en distintos puntos de las instalaciones y cerca de los sistemas de lanzamiento
vertical de las fragatas, además de posibles afectaciones a un dragaminas, un
buque de investigación y un petrolero.
El ataque dejó tres muertos, entre ellos una
niña de ocho años, y 24 heridos. Novorossiysk declaró el estado de emergencia y
dos importantes terminales graneleras suspendieron temporalmente sus
operaciones.
Pero la verdadera importancia del ataque se
comprende cuando se observa lo que ha ocurrido con la Flota rusa del Mar Negro
desde el comienzo de la guerra.
DE SEBASTOPOL A NOVOROSSIYSK
Sebastopol es una ciudad portuaria situada en
Crimea, la península ucraniana ocupada y anexada ilegalmente por Rusia en 2014.
Durante décadas ha sido la principal base de la Flota rusa del Mar Negro y uno
de los centros fundamentales del poder naval de Moscú en la región. Incluso
antes de la anexión, Rusia mantenía allí su flota mediante acuerdos con
Ucrania.
Después de la invasión a gran escala de
febrero de 2022, Ucrania comenzó a atacar sistemáticamente buques, submarinos,
astilleros, radares, sistemas de defensa aérea y otras instalaciones militares
rusas en Crimea.
Esos ataques cambiaron progresivamente el equilibrio
naval.
La presión ucraniana llegó a tal punto que
Rusia tuvo que dispersar y trasladar una parte importante de sus principales
unidades navales desde Sebastopol hacia Novorossiysk, situado cientos de
kilómetros más al este, en la costa rusa del Mar Negro.
Novorossiysk debía proporcionar lo que
Sebastopol había dejado de ofrecer: distancia y seguridad.
El ataque del 12 de agosto demuestra que esa
distancia ya no garantiza la seguridad de la flota.
Ucrania no se limitó a atacar varios buques
rusos. Golpeó el puerto al que Rusia había trasladado parte de su flota
precisamente para protegerla de los ataques ucranianos.
Y lo consiguió sin disponer de una gran flota
convencional comparable a la rusa.
En lugar de enfrentarse barco contra barco,
Ucrania ha desarrollado una estrategia basada en misiles de precisión, drones
aéreos, embarcaciones navales no tripuladas e inteligencia. Esa combinación ha
permitido atacar buques e instalaciones a distancias cada vez mayores.
El resultado tiene una importancia militar
considerable: un país sin una poderosa flota convencional ha obligado a una
potencia naval muy superior a retirar y dispersar parte de sus buques en el Mar
Negro.
UN PUERTO VITAL PARA RUSIA
Novorossiysk no es solamente una base naval.
Es también uno de los principales centros de exportación rusos y una
infraestructura fundamental para el transporte de cereales, petróleo y otras
mercancías hacia los mercados internacionales.
Rusia es el mayor exportador mundial de trigo,
y una parte considerable de esas exportaciones sale a través de los puertos
rusos del Mar Negro. Por eso, cualquier interrupción prolongada de las
operaciones en Novorossiysk puede tener consecuencias económicas que
trascienden la guerra.
Tras el ataque, dos importantes terminales
graneleras suspendieron temporalmente sus operaciones, poniendo de manifiesto
la vulnerabilidad de un puerto que cumple simultáneamente una función militar y
económica.
Ahí reside otra de las consecuencias de la
operación ucraniana: Novorossiysk concentra dos intereses estratégicos rusos en
un mismo lugar. Alberga una parte importante del poder naval que Rusia trasladó
desde Crimea y, al mismo tiempo, constituye una de sus grandes puertas de
salida hacia los mercados internacionales.
UNA GUERRA QUE CAMBIÓ EL MAR NEGRO
Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala
en 2022, poseía una superioridad naval abrumadora. Su Flota del Mar Negro podía
bloquear puertos ucranianos, lanzar misiles contra el territorio de Ucrania y
operar con una libertad que Kiev no podía desafiar mediante una flota
convencional.
Cuatro años después, la situación es muy
diferente.
Ucrania ha hundido o dañado buques, golpeado
instalaciones militares en Crimea y desarrollado drones navales capaces de
recorrer grandes distancias. Al mismo tiempo, ha aumentado progresivamente el
alcance y la precisión de sus sistemas de ataque.
Cada nueva capacidad ha reducido el espacio
del Mar Negro en el que los buques rusos pueden considerarse seguros.
Primero fue Sebastopol.
Rusia respondió trasladando parte de su flota
hacia Novorossiysk.
Ahora Ucrania ha demostrado que también puede
llegar allí.
¿DÓNDE PUEDE PROTEGER RUSIA SU FLOTA?
THE RUSSIAN BLACK SEA FLEET IS RUNNING OUT OF SAFE HAVENS
Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica
On August 12, 2026, Ukraine launched one of its largest attacks against the Russian naval base at Novorossiysk, in the Krasnodar region, more than 300 kilometers from the front. The operation combined aerial and naval drones with long-range missiles and struck warships, air-defense positions, and port infrastructure.
According to the Ukrainian General Staff, four Russian warships sustained varying degrees of damage: the frigates Admiral Makarov and Admiral Essen, a Buyan-M-class missile ship, and the patrol ship Vasily Bykov. The full extent of the damage has yet to be independently confirmed.
President Volodymyr Zelensky said that the operation employed a combination of Palianytsia jet-powered drones, Neptune missiles, and naval drones. Satellite imagery analyzed by Exilenova+ shows damage at several points within the facilities and near the frigates’ vertical launch systems, as well as possible damage to a minesweeper, a research vessel, and an oil tanker.
The attack left three people dead, including an eight-year-old girl, and 24 wounded. Novorossiysk declared a state of emergency, and two major bulk terminals temporarily suspended operations.
But the true significance of the attack becomes clear when we consider what has happened to Russia’s Black Sea Fleet since the beginning of the war.
FROM SEVASTOPOL TO NOVOROSSIYSK
Sevastopol is a port city in Crimea, the Ukrainian peninsula occupied and illegally annexed by Russia in 2014. For decades, it has been the principal base of Russia’s Black Sea Fleet and one of the main centers of Moscow’s naval power in the region. Even before the annexation, Russia maintained its fleet there under agreements with Ukraine.
Following the full-scale invasion in February 2022, Ukraine began systematically attacking ships, submarines, shipyards, radars, air-defense systems, and other Russian military facilities in Crimea.
Those attacks progressively changed the naval balance.
Ukrainian pressure reached the point where Russia was forced to disperse and relocate a significant portion of its major naval units from Sevastopol to Novorossiysk, hundreds of kilometers farther east on Russia’s Black Sea coast.
Novorossiysk was supposed to provide what Sevastopol could no longer offer: distance and security.
The August 12 attack demonstrates that distance no longer guarantees the fleet’s safety.
Ukraine did not simply attack several Russian warships. It struck the port to which Russia had moved part of its fleet precisely to protect it from Ukrainian attacks.
And Ukraine accomplished this without possessing a large conventional fleet comparable to Russia’s.
Rather than confronting Russia ship for ship, Ukraine has developed a strategy based on precision missiles, aerial drones, unmanned naval vessels, and intelligence. That combination has made it possible to strike ships and installations at increasingly greater distances.
The result is militarily significant: a country without a powerful conventional navy has forced a far superior naval power to withdraw and disperse part of its fleet in the Black Sea.
A VITAL PORT FOR RUSSIA
Novorossiysk is not merely a naval base. It is also one of Russia’s principal export hubs and a critical piece of infrastructure for transporting grain, oil, and other commodities to international markets.
Russia is the world’s largest wheat exporter, and a considerable share of those exports passes through Russian Black Sea ports. Any prolonged disruption of operations at Novorossiysk could therefore have economic consequences extending far beyond the war.
Following the attack, two major bulk terminals temporarily suspended operations, highlighting the vulnerability of a port that simultaneously serves military and economic functions.
This points to another consequence of the Ukrainian operation: Novorossiysk concentrates two Russian strategic interests in the same location. It hosts an important part of the naval power Russia transferred from Crimea while also serving as one of the country’s major gateways to international markets.
A WAR THAT CHANGED THE BLACK SEA
When Russia launched its full-scale invasion in 2022, it possessed overwhelming naval superiority. Its Black Sea Fleet could blockade Ukrainian ports, launch missiles against Ukrainian territory, and operate with a degree of freedom that Kyiv could not challenge with a conventional fleet.
Four years later, the situation is very different.
Ukraine has sunk or damaged ships, struck military installations in Crimea, and developed naval drones capable of traveling long distances. At the same time, it has progressively increased the range and precision of its strike systems.
Each new capability has reduced the area of the Black Sea in which Russian warships can consider themselves safe.
First it was Sevastopol.
Russia responded by moving part of its fleet to Novorossiysk.
Now Ukraine has demonstrated that it can reach them there as well.
WHERE CAN RUSSIA PROTECT ITS FLEET?
LA FLOTTE RUSSE DE LA MER NOIRE SE RETROUVE SANS REFUGE
Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica
Le 12 août 2026, l’Ukraine a lancé l’une de ses plus importantes attaques contre la base navale russe de Novorossiysk, dans la région de Krasnodar, à plus de 300 kilomètres du front. L’opération a combiné des drones aériens et navals avec des missiles à longue portée et a frappé des navires de guerre, des positions de défense antiaérienne et des infrastructures portuaires.
Selon l’état-major ukrainien, quatre navires de guerre russes ont subi des dommages d’ampleur variable : les frégates Admiral Makarov et Admiral Essen, un navire lance-missiles de la classe Buyan-M et le patrouilleur Vasily Bykov. L’étendue définitive de ces dommages doit encore être confirmée de manière indépendante.
Le président Volodymyr Zelensky a affirmé que l’opération avait employé une combinaison de drones à réaction Palianytsia, de missiles Neptune et de drones navals. Des images satellites analysées par Exilenova+ montrent des dommages en différents points des installations et à proximité des systèmes de lancement vertical des frégates, ainsi que de possibles dégâts sur un dragueur de mines, un navire de recherche et un pétrolier.
L’attaque a fait trois morts, dont une fillette de huit ans, et 24 blessés. Novorossiysk a déclaré l’état d’urgence et deux importantes installations portuaires de vrac ont temporairement suspendu leurs opérations.
Mais la véritable importance de cette attaque apparaît lorsqu’on examine ce qui est arrivé à la flotte russe de la mer Noire depuis le début de la guerre.
DE SÉBASTOPOL À NOVOROSSIYSK
Sébastopol est une ville portuaire située en Crimée, péninsule ukrainienne occupée et illégalement annexée par la Russie en 2014. Pendant des décennies, elle a constitué la principale base de la flotte russe de la mer Noire et l’un des centres fondamentaux de la puissance navale de Moscou dans la région. Même avant l’annexion, la Russie y maintenait sa flotte dans le cadre d’accords conclus avec l’Ukraine.
Après l’invasion à grande échelle de février 2022, l’Ukraine a commencé à attaquer systématiquement des navires, des sous-marins, des chantiers navals, des radars, des systèmes de défense antiaérienne et d’autres installations militaires russes en Crimée.
Ces attaques ont progressivement modifié l’équilibre naval.
La pression ukrainienne a atteint un niveau tel que la Russie a dû disperser et transférer une partie importante de ses principales unités navales de Sébastopol vers Novorossiysk, située plusieurs centaines de kilomètres plus à l’est, sur la côte russe de la mer Noire.
Novorossiysk devait offrir ce que Sébastopol ne pouvait plus garantir : la distance et la sécurité.
L’attaque du 12 août démontre que cette distance ne garantit plus la sécurité de la flotte.
L’Ukraine ne s’est pas contentée d’attaquer plusieurs navires russes. Elle a frappé le port vers lequel la Russie avait transféré une partie de sa flotte précisément pour la protéger des attaques ukrainiennes.
Et elle y est parvenue sans disposer d’une grande flotte conventionnelle comparable à celle de la Russie.
Au lieu d’affronter la Russie navire contre navire, l’Ukraine a développé une stratégie fondée sur des missiles de précision, des drones aériens, des embarcations navales sans équipage et le renseignement. Cette combinaison lui a permis de frapper des navires et des installations à des distances toujours plus importantes.
Le résultat est considérable sur le plan militaire : un pays dépourvu d’une puissante marine conventionnelle a contraint une puissance navale très supérieure à retirer et à disperser une partie de ses navires en mer Noire.
UN PORT VITAL POUR LA RUSSIE
Novorossiysk n’est pas seulement une base navale. C’est également l’un des principaux centres d’exportation russes et une infrastructure essentielle pour le transport de céréales, de pétrole et d’autres marchandises vers les marchés internationaux.
La Russie est le premier exportateur mondial de blé, et une part considérable de ces exportations transite par les ports russes de la mer Noire. Toute interruption prolongée des opérations à Novorossiysk pourrait donc avoir des conséquences économiques dépassant largement le cadre de la guerre.
Après l’attaque, deux importantes installations de vrac ont temporairement suspendu leurs opérations, mettant en évidence la vulnérabilité d’un port qui remplit simultanément des fonctions militaires et économiques.
C’est là une autre conséquence de l’opération ukrainienne : Novorossiysk concentre en un même lieu deux intérêts stratégiques russes. Le port abrite une partie importante de la puissance navale transférée par la Russie depuis la Crimée et constitue en même temps l’une de ses principales portes d’accès aux marchés internationaux.
UNE GUERRE QUI A CHANGÉ LA MER NOIRE
Lorsque la Russie a lancé son invasion à grande échelle en 2022, elle disposait d’une supériorité navale écrasante. Sa flotte de la mer Noire pouvait bloquer les ports ukrainiens, lancer des missiles contre le territoire ukrainien et opérer avec une liberté que Kyiv ne pouvait contester avec une flotte conventionnelle.
Quatre ans plus tard, la situation est très différente.
L’Ukraine a coulé ou endommagé des navires, frappé des installations militaires en Crimée et développé des drones navals capables de parcourir de grandes distances. Parallèlement, elle a progressivement accru la portée et la précision de ses systèmes d’attaque.
Chaque nouvelle capacité a réduit l’espace de la mer Noire dans lequel les navires russes peuvent se considérer en sécurité.
D’abord, ce fut Sébastopol.
La Russie a réagi en transférant une partie de sa flotte vers Novorossiysk.
Aujourd’hui, l’Ukraine a démontré qu’elle pouvait également l’atteindre là-bas.
OÙ LA RUSSIE PEUT-ELLE PROTÉGER SA FLOTTE ?
ITALIANO
LA FLOTTA RUSSA DEL MAR NERO RIMANE SENZA RIFUGIO
Huber Matos Araluce. San José, Costa Rica
Il 12 agosto 2026, l’Ucraina ha lanciato uno dei suoi più grandi attacchi contro la base navale russa di Novorossiysk, nella regione di Krasnodar, a oltre 300 chilometri dal fronte. L’operazione ha combinato droni aerei e navali con missili a lungo raggio, colpendo navi da guerra, postazioni della difesa aerea e infrastrutture portuali.
Secondo lo Stato Maggiore ucraino, quattro navi da guerra russe hanno subito danni di diversa entità: le fregate Admiral Makarov e Admiral Essen, una nave lanciamissili della classe Buyan-M e il pattugliatore Vasily Bykov. L’entità definitiva dei danni deve ancora essere confermata in modo indipendente.
Il presidente Volodymyr Zelensky ha affermato che nell’operazione è stata utilizzata una combinazione di droni a reazione Palianytsia, missili Neptune e droni navali. Immagini satellitari analizzate da Exilenova+ mostrano danni in diversi punti delle installazioni e nei pressi dei sistemi di lancio verticale delle fregate, oltre a possibili danni a un dragamine, una nave da ricerca e una petroliera.
L’attacco ha provocato tre morti, tra cui una bambina di otto anni, e 24 feriti. Novorossiysk ha dichiarato lo stato di emergenza e due importanti terminal per merci alla rinfusa hanno temporaneamente sospeso le operazioni.
Ma la vera importanza dell’attacco si comprende osservando ciò che è accaduto alla Flotta russa del Mar Nero dall’inizio della guerra.
DA SEBASTOPOLI A NOVOROSSIYSK
Sebastopoli è una città portuale situata in Crimea, la penisola ucraina occupata e illegalmente annessa dalla Russia nel 2014. Per decenni è stata la principale base della Flotta russa del Mar Nero e uno dei centri fondamentali della potenza navale di Mosca nella regione. Anche prima dell’annessione, la Russia manteneva lì la propria flotta in base ad accordi con l’Ucraina.
Dopo l’invasione su vasta scala del febbraio 2022, l’Ucraina ha iniziato ad attaccare sistematicamente navi, sottomarini, cantieri navali, radar, sistemi di difesa aerea e altre installazioni militari russe in Crimea.
Questi attacchi hanno progressivamente modificato l’equilibrio navale.
La pressione ucraina è arrivata al punto che la Russia è stata costretta a disperdere e trasferire una parte importante delle sue principali unità navali da Sebastopoli a Novorossiysk, situata centinaia di chilometri più a est, sulla costa russa del Mar Nero.
Novorossiysk avrebbe dovuto offrire ciò che Sebastopoli non poteva più garantire: distanza e sicurezza.
L’attacco del 12 agosto dimostra che quella distanza non garantisce più la sicurezza della flotta.
L’Ucraina non si è limitata ad attaccare diverse navi russe. Ha colpito il porto verso il quale la Russia aveva trasferito parte della propria flotta proprio per proteggerla dagli attacchi ucraini.
E ci è riuscita senza disporre di una grande flotta convenzionale paragonabile a quella russa.
Invece di affrontare la Russia nave contro nave, l’Ucraina ha sviluppato una strategia basata su missili di precisione, droni aerei, imbarcazioni navali senza equipaggio e intelligence. Questa combinazione ha permesso di colpire navi e installazioni a distanze sempre maggiori.
Il risultato ha una notevole importanza militare: un paese privo di una potente marina convenzionale ha costretto una potenza navale nettamente superiore a ritirare e disperdere parte delle proprie navi nel Mar Nero.
UN PORTO VITALE PER LA RUSSIA
Novorossiysk non è soltanto una base navale. È anche uno dei principali centri russi per le esportazioni e un’infrastruttura fondamentale per il trasporto di cereali, petrolio e altre merci verso i mercati internazionali.
La Russia è il maggiore esportatore mondiale di grano e una parte considerevole di queste esportazioni passa attraverso i porti russi del Mar Nero. Qualsiasi interruzione prolungata delle operazioni a Novorossiysk potrebbe quindi avere conseguenze economiche che vanno ben oltre la guerra.
Dopo l’attacco, due importanti terminal per merci alla rinfusa hanno temporaneamente sospeso le operazioni, mettendo in evidenza la vulnerabilità di un porto che svolge contemporaneamente funzioni militari ed economiche.
Qui risiede un’altra conseguenza dell’operazione ucraina: Novorossiysk concentra nello stesso luogo due interessi strategici russi. Ospita una parte importante della potenza navale trasferita dalla Russia dalla Crimea e, allo stesso tempo, costituisce una delle principali porte del paese verso i mercati internazionali.
UNA GUERRA CHE HA CAMBIATO IL MAR NERO
Quando la Russia lanciò la sua invasione su vasta scala nel 2022, disponeva di una schiacciante superiorità navale. La sua Flotta del Mar Nero poteva bloccare i porti ucraini, lanciare missili contro il territorio dell’Ucraina e operare con una libertà che Kyiv non poteva contrastare con una flotta convenzionale.
Quattro anni dopo, la situazione è molto diversa.
L’Ucraina ha affondato o danneggiato navi, colpito installazioni militari in Crimea e sviluppato droni navali capaci di percorrere grandi distanze. Allo stesso tempo, ha progressivamente aumentato la portata e la precisione dei propri sistemi d’attacco.
Ogni nuova capacità ha ridotto lo spazio del Mar Nero nel quale le navi russe possono considerarsi al sicuro.
Prima è stata Sebastopoli.
La Russia ha risposto trasferendo parte della propria flotta verso Novorossiysk.
Ora l’Ucraina ha dimostrato di poter arrivare anche lì.
DOVE PUÒ LA RUSSIA PROTEGGERE LA SUA FLOTTA?
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