Cuba, Fidel Castro y las declaraciones demagógicas y falsas de Bernie Sanders

Bernie Sanders es un pre-candidato del Partido Demócrata de los Estados Unidos que aspira a ganar la nominación del partido en la Convención Demócrata en julio y enfrentarse en noviembre al presidente Donald Trump.  Las declaraciones favorables que dio este domingo pasado en CBS sobre Fidel Castro y su campaña de alfabetización a principios de 1959,  lo alejan de esa nominación.  Fueron opiniones  demagógicas y falsas, propias del Bernie Sanders – que como según informa la reconocida periodista Michelle Goldberg - en 1980 fue un representante (elector) de un partido comunista de los Estados Unidos, del “Partido Socialista de los Trabajadores”, que se fundó en los principios de León Trotsky. Según el New York Times, ese partido pidió la abolición del presupuesto militar. También pidió ‘solidaridad’ con los regímenes revolucionarios de Irán, Nicaragua, Granada y Cuba y esto, en medio de la crisis de rehenes iraníes”.  Según Wikipedia ese partido respaldaba fuertemente a Cuba (a Fidel Castro). 


Según Sanders esa campaña de alfabetización, “Enseñar a los niños a leer”, fue una muestra de que no todo lo que hizo Fidel Castro fue malo.  Sanders omitió informar que en 1959 cuando Fidel Castro llegó al poder en Cuba según el WSJ el 80% de los cubanos sabía leer, lo que la situaba en uno de los cuatro primeros lugares en Latinoamérica junto a Argentina, Costa Rica y Chile, países modelos por su nivel de educación.  La campaña tan admirable que Sanders atribuye a Fidel Castro, la sitúa por omisión, en un contexto democrático, no en uno totalitario, como el tiempo ha demostrado ampliamente.  Esa campaña de alfabetización fue parte un plan de adoctrinamiento masivo para imponer una dictadura comunista.


Antes de llegar Fidel Castro al poder, Cuba no era un país de pobres ni ignorantes. Según Kirby Smith y Hugo Llorens, quienes utilizaron datos de la ONU en su estudio sobre Cuba, en la Isla, en 1950 el número de televisores per cápita de Cuba era muy superior al de los demás países latinoamericanos; en 1957 el país ocupaba el quinto lugar en el mundo con 45 televisores por cada mil habitantes, sobrepasado solamente por Mónaco, los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra.  En 1958 Cuba tenía más receptores de radio que Japón, solo superada por Uruguay, a la par de Argentina.  Antes de Fidel Castro, o sea antes de 1959, Cuba ocupaba también la décimo tercera posición en el mundo en el índice de natalidad infantil por encima de Francia, Bélgica, Alemania, Israel, Japón, Austria, Italia, España y Portugal.  Las mejoras en la Tasa de Mortalidad Infantil  (TMI) hechas durante más de seis décadas de dictadura castrista están machadas por la manipulación de datos como demuestra Luis Pablo De La Horra en su reciente estudio. 


Sanders explica a los estadounidenses que Fidel Castro hizo algo bueno aunque aclara que está contra los autoritarismos.  En su escogencia del término autoritario Sanders le hace un favor al presente gobierno de Cuba porque en Cuba no existe un gobierno autoritario lo que existe es un gobierno totalitario.  Un régimen que no permite los partidos políticos e impone un partido único y una ideología única.  Quien manda en Cuba es Raúl Castro, el hermano menor de Fidel Castro, quien ha nombrado un presidente títere: Miguel Díaz Canel.  


Bernie Sanders alega también que en 1980 el pueblo cubano no apoyó a los Estados Unidos en su afán de derrotar a Fidel Castro porque éste “educó a los muchachos, les dio un sistema de salud y transformó a la sociedad completamente”. Para esa fecha, veinte años después de la llegada de Fidel Castro al poder, Cuba recibía un formidable subsidio anual de la URSS que mantenía a flote su depauperada economía centralizada, al estilo soviético.  Había fusilado a miles de demócratas y establecido un régimen represivo implacable.  En esos tiempos Sanders pertenecía a un partido comunista en los Estados Unidos que apoyaba la transformación completa de la sociedad cubana.  Lo más lamentable de las inexactitudes de Bernie Sanders no es que vaya a perder la nominación del Partido Demócrata sino que sus seguidores crean su demagogia sobre Cuba, los cubanos y Fidel Castro.


Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Febrero 27 de 2020

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El circo del impeachment contra Trump


Tres puntos básicos permiten entender de qué se trata el impeachment contra Donald Trump, actualmente avanzando en la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos. Para empezar, el impeachment es un juicio político. Los aspectos propiamente jurídicos son secundarios. Por otra parte, la Constitución de Estados Unidos indica que un presidente sólo puede ser destituido si se confirma que ha cometido muy serios crímenes. Por último, aún si los representantes votan a favor de una condena preliminar, el Senado tiene la potestad de rechazar el proceso y ponerle fin. Un Senado controlado por los republicanos no pareciera tener interés en colaborar con los demócratas para acabar con Trump. Por lo tanto, todo esto parece destinado al fracaso.


El juicio a Trump se ha convertido en un circo. La verdad es que el crimen de Trump fue ganar la elección de 2016. Muy pocos lo esperaban, Hillary Clinton parecía destinada a triunfar, y la noche de su derrota se enfriaron decenas de fiestas celebratorias en Washington. Basta con echar un vistazo a las reacciones de los comentaristas de las grandes cadenas de televisión, accesibles en Youtube, para comprobar la intensidad de la sorpresa y el insoportable dolor que experimentó un sector mayoritario de los medios de comunicación estadounidenses, estrechamente vinculado a los demócratas.


Desde ese día, Donald Trump ha sido considerado por los derrotados como un reo de la justicia, condenado a la defenestración. Cabe repetirlo: el crimen de Trump es ser presidente electo legítimamente, según lo establece la Constitución, a pesar de las ilusiones, sueños y planes del Partido Demócrata y sus aliados en los medios de comunicación y la burocracia del Estado, que incluye agentes politizados en organismos de inteligencia como la CIA y el FBI.


¿Recuerdan los lectores el llamado Rusiagate? Al día siguiente de su victoria, comenzaron los rumores que denunciaban la elección de Trump como fraudulenta. Pronto se regó la especie de una presunta intervención de Rusia en el proceso. Es obvio: un triunfo tan sorpresivo y decepcionante para los demócratas tenía que ser producto de una conspiración, de un complot o de una trampa, pero nunca de una decisión honesta de la gente. La culpabilidad de Trump trascendía los hechos y se ubicaba en el terreno de lo inconcebible.


Luego de tres años de investigaciones y denuncias, de millones de dólares invertidos y de incontables espacios de televisión, radio, redes sociales y páginas de periódicos, un fiscal especial y su equipo, totalmente parcializados por lo demás, fueron incapaces de hallar alguna prueba del Rusiagate y las acusaciones contra Trump. El fiscal Mueller y su grupo quedaron expuestos no propiamente como inútiles, sino lo que es peor, como títeres.


¿Y ahora qué? Los demócratas abandonaron Rusia y aterrizaron en Ucrania. Nadie entiende en realidad cuál es el nuevo crimen que, según afirman, cometió Trump, pero el circo está montado y la Cámara de Representantes dedica sus energías a ocuparse del tema. Los grandes asuntos que afectan al pueblo estadounidense, los problemas económicos y sociales y los retos geopolíticos alrededor del mundo, pasan a segundo plano, ante la urgencia de hacer un exorcismo a la derrota de 2016 y revertir esa elección.


El impeachment a Trump tiene entonces que ver con el pasado y con el futuro. Con el pasado para vengarlo, y con el futuro para impedir mediante un atajo que Trump repita su victoria, así sea necesario proseguir el rumbo de deterioro institucional que tanto daño hace a Estados Unidos. El pánico ante una posible reelección de Trump, por parte de un Partido Demócrata cada vez más radical y desajustado, es el verdadero secreto del impeachment. Todo lo demás es un circo barato y triste.


 Editorial de El Nacional, Venezuela



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Para España y Canadá en Cuba lo que importa es el “cash”, no los derechos humano ni la libertad

                           Ministra de Asuntos Exteriores de Canadá Chrystia Freeland y el canciller de la dictadura Bruno Rodríguez

Con el reciente viaje del rey español a Cuba quedó claro que su preocupación fundamental son los negocios de España con Cuba.  España es el tercer socio comercial de Cuba después de Venezuela y de China. En el caso de España las cadenas de hoteles españoles controlan el 90% de las habitaciones de hoteles de cinco estrellas y el 60% de las de cuatro estrellas.  España es el principal inversionista en el área turística en Cuba, entre otros buenos negocios.  El discurso del rey en La Habana, sobre la libertad fue una cortina de humo, en realidad lo que importa es el “cash”, no los derechos humano ni la libertad.


Canadá no se queda atrás.  En una reunión el pasado agosto entre el gobierno de Venezuela y la dictadura castrista, la Ministra de Asuntos Exteriores de Canadá Chrystia Freeland reiteró la “preocupación de Canadá por la decisión de los Estados Unidos de poner fin a la suspensión del Título III de la Ley Helms-Burton. La Ley de Medidas Extraterritoriales Extranjeras (FEMA) de Canadá sigue en vigor y el gobierno federal canadiense defenderá plenamente los intereses de los canadienses que realicen comercio e inversiones legítimos con Cuba", asegura un comunicado de la cancillería canadiense.



Cuando llegue el momento y el régimen castrista esté cercano a su desenlace final, tanto estos políticos canadienses como el rey de España correrán a acomodarse con los demócratas cubanos para proteger sus intereses en Cuba.  No creo que les resulte muy fácil. El precio que tendrán que pagar los cómplices del castrismo deberá ser muy alto, por una cuestión de ejemplo y de dignidad.



Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
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El rey fue a Cuba a promover el turismo a la Isla, ¡Pobre rey! ¡Pobre España!



La única razón de la visita de los reyes de España a Cuba ha sido la de promover el turismo a Cuba y apoyar los negocios de los españoles en la Isla. El rey sabía que ese “tour” sería un acontecimiento noticioso en el mundo de las 400 millones de personas que hablan español.  Fotografías, agasajos, comidas etc.  Si una agencia encargada del promocionar el turismo a Cuba evaluara el valor de tal publicidad nos quedaríamos pasmados. El régimen castrista no habría podido pagarlo. Quien quiere publicitar su negocio en el mundo turístico lo indicado, lo mejor, lo óptimo es que un periodista publique “objetivamente” tus atractivos como destino turístico.   Por ejemplo CNN en español lleva días de días pasando un video sobre las bellezas de Cuba, el valor de tal publicidad, que no se presenta como propaganda, también es increíble.  La excusa, o la razón, son los 500 años de la fundación de La Habana.  No lo habrían hecho en los tiempos de Pinochet, ni aunque Santiago de Chile hubiera cumplido 1000 años de fundada.



Todo esto está pasando después que el gobierno de los Estados Unidos prohibiera en Junio los cruceros a Cuba, en los que viajaban un porcentaje muy alto de turistas estadounidenses y europeos. También después que ese mismo gobierno prohibiera los vuelos de aviones estadounidenses a 9 aeropuertos internacionales de Cuba, excepto al de La Habana.  Sucede después de que Trump hiciera posible las demandas a las empresas extranjeras que en Cuba se benefician de propiedades que fueron confiscadas por el régimen castrista sin la debida compensación.  Todo lo anterior acompañado de fuertes medidas de Washington contra la dictadura  por su responsabilidad en la tragedia venezolana.



Sabemos que el turismo a Cuba ha disminuido y la tendencia es a empeorar.  Ese turismo está principalmente controlado por empresas españolas en asociación con la tiranía castrista. Manejan el 90% de las habitaciones de los hoteles de 5 estrellas y el 60% de los de 4 estrellas. En marzo de 2016 Hosteltur informaba que:

 


"Meliá Hotels International es la que está mejor posicionada. Sus 28 hoteles en gestión representan el 21% de las habitaciones de la isla, a los que se sumarán otros tres en proyecto más uno en Varadero de más de 900 habitaciones, según anunció su vicepresidente y consejero delegado, Gabriel Escarrer…No en vano las cadenas españolas gestionan más del 90% de las habitaciones de los hoteles de 5 estrellas y el 60% de los de 4 de la isla, según datos de Marca España, lo que consolida a nuestro país como el tercer socio comercial de Cuba tras Venezuela y China. Más de diez cadenas españolas cuentan con intereses en Cuba. Entre las mallorquinas suman 50 hoteles y 20.000 habitaciones. Además, Iberia ha incrementado su oferta a Cuba un 30% con vuelos diarios, donde también opera Air Europa.  Cuba registró 3,5 millones de turistas internacionales en 2015 y prevé recibir este año 175.000 turistas más que en 2015. España es el sexto país emisor con 107.368 llegadas el año pasado, un 39,2% más que el ejercicio anterior".




Podríamos continuar dando detalles de la importancia turística de Cuba para España, pero creo que basta con repetir que España es el tercer socio comercial de Cuba después de Venezuela y China y el principal inversionista en el campo del turismo.


 

Con la visita a Cuba el rey le ha servido bien a la industria turística española, a los intereses económicos de España y de paso a los del castrismo que está corto de divisas y enfrenta una crisis política y económica muy seria.  Si la dictadura en Cuba pierde sus cómplices venezolanos entrará en un camino muy difícil.  Los dólares del turismo es lo  único que la pueden salvar, con esos dólares podrá comprar petróleo en el mercado internacional, después de que le deje de llegar el petróleo de Venezuela.




El discurso del rey a favor de la democracia en Cuba era necesario para tratar de salvar la cara con los españoles que no estén de acuerdo con su presencia y su rol en Cuba.  Hacerle caso a esa cortina de humo no tiene sentido, no nos dejemos engañar.  Entre la libertad y el respeto a los derechos humanos de los cubanos y los beneficios que les brinda la Cuba castrista a los negocios españoles en Cuba el rey escogió por esto último.  ¡Pobre rey! ¡Pobre España!  Tan cerca de nuestro corazón y tan lejos de nuestra realidad.





Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Noviembre 14 de 2019
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Venezuela, un día después.




Algún día sabremos los detalles de lo que realmente sucedió detrás del telón el 30 de abril de 2019 en Venezuela.  Esa madrugada un grupo de militares liberó al dirigente Leopoldo López de su “casa por cárcel”  donde cumplía una condena de 15 años.  López y el presidente interino Juan Guaidó, acompañados de ese grupo de militares, se trasladaron a la autopista Francisco Miranda, en las inmediaciones de la base aérea de La Carlota y llamaron al pueblo a respaldar el inicio del fin de la usurpación.  Poco tiempo después el diputado a la Asamblea Nacional por el estado Monagas, José Antonio Mendoza, según publicó El País, informó que el general de división José Adelino Ornella Ferreira era el que comandaba las acciones del levantamiento militar que apoyaba al presidente interino Juan Guaidó. Ornella Ferreira desempeñaba desde el 2017 el cargo de comandante del Segundo Comando y jefe del Estado Mayor Conjunto del Comando Estratégico Operacional. Esto creó una gran expectativa que resultó falsa. Al terminar el día Leopoldo López y su familia se encontraban en una embajada en Caracas mientras Juan Guaidó renovaba el llamado al fin de la usurpación.  ¿Fue un intento fallido debido a la manipulación castrista en Venezuela, fue un levantamiento mal organizado, o una trampa hecha a la oposición? Las especulaciones abundan pero apuntando al devenir, pensemos en Venezuela, un día después.



 ¿Quién ganó y quién perdió?



Parecería que la dictadura logró una victoria temporal pero su imagen se deterioró sustancialmente.  No tuvo que enfrentar un levantamiento militar significativo ni protestas populares masivas.  Por eso pudo sostenerse en el poder con un mínimo de acción represiva contra la población y prácticamente sin ningún conflicto entre unidades militares.  Con sus tropas acuarteladas y afirmando públicamente su lealtad en las diferentes partes del país, el régimen demostró inseguridad.  El repliegue de las tanquetas y de los soldados que salieron de La Carlota a reprimir a los civiles demostró que la tiranía no puede estar segura de su lealtad a la hora de mandarlos a reprimir al pueblo. La carta de renuncia, un día antes del levantamiento, del general de división Manuel Ricardo Cristopher Figuera, director del temible Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), evidencia una ruptura profunda entre los hombres de Maduro.  Después de mencionar los problemas que enfrenta el país el general afirma: “sería irresponsable de mi parte culpar de ello solo al imperio norteamericano…la Patria que una parranda de pillos y bribones están saqueando”.  Las afirmaciones de representantes del gobierno estadounidense y las del general Hugo Carvajal de que, la conspiración incluía a los altos mandos y allegados a Maduro, ha expuesto como nunca su vulnerabilidad y su dependencia del gobierno cubano.  En conclusión, no creo que la narco dictadura haya salido fortalecida de su “victoria” sino lo contrario.  El régimen ya no puede hacer gala de la habitual pedantería triunfalista de antes. Saben que están acorralados y contra el tiempo.



Juan Guaidó y Leopoldo López no tuvieron éxito en el levantamiento pero han demostrado una vez más de que son audaces, dan la cara y se arriesgan junto al pueblo.  Ambos pudieron haber sido detenidos cuando se encontraban bastante vulnerables, en tempranas horas de la mañana, en las cercanías de la base militar La Carlota.  El pueblo no salió masivamente a respaldar un levantamiento militar que mucha gente en Caracas desconocía, incluso horas después de los acontecimientos.  Aunque la gente lamente el fracaso, no se ha dado por vencida.  El pueblo sabe que no hay una unidad monolítica en el régimen, que Maduro estaba escondido y que el apoyo internacional, aunque no se concrete en ayuda militar, está gradualmente debilitando a la dictadura.  Un intento, incluso fallido, era algo impensable hace algún tiempo.  La oposición política venezolana no cesará en su esfuerzo por sacar a Nicolás Maduro del poder.  Ha sobrevivido peores fracasos que éste y siempre se levanta de nuevo.



Quien parece haber perdido más por los sucesos del 30 de abril ha sido el régimen castrista. Venezuela se ha convertido en el campo de batalla entre el gobierno de Trump y la dictadura en la Isla.  Es muy difícil que los Estados Unidos y algunos países latinoamericanos estén dispuestos a permitir la consolidación de una narco dictadura en Venezuela.  El gobierno estadounidense está convencido de que desde La Habana se descarriló el éxito del levantamiento contra Nicolás Maduro. Las amenazas de Donald Trump de castigar económicamente al castrismo si no retira a sus militares de Venezuela y deja de interferir en los asuntos venezolanos, son muestra de que su gobierno no va a pasar por alto la manipulación desde La Habana.  Si Raúl Castro y su grupo pierden Venezuela no solo van a dejar de saquear sus riquezas sino que se van a tener que enfrentar con el gobierno del país más poderoso del planeta.  Apoyar al régimen de Maduro, que es repudiado por el mundo democrático, ha sido la peor operación de relaciones pública del castrismo en toda su historia.  La intervención del castrismo en los eventos del 30 de abril llegó al extremo de que los tuits del general Vladimiro López y el presidente careta de Cuba, Miguel Díaz Canel, resultaron prácticamente idénticos, una increíble chapucería.



Quienes clamen empate en la situación venezolana confunden el caso con un evento deportivo en que el tiempo es limitado.  Con una economía que continúa derrumbándose y sobre la cual cada vez el régimen tiene menos control, con un apoyo del pueblo que no cesa ante las trampas y los reveces, con una solidaridad internacional que una vez parecía algo imposible, la oposición democrática venezolana tomará las riendas del país de una forma o de otra.  Leopoldo López lo dijo una vez: “el que se cansa pierde”.



Huber Matos Araluce

San José, Costa Rica


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El presidente Mujica todavía no se da cuenta que en Venezuela hay una guerra










El presidente Mujica todavía no se da cuenta que en Venezuela hay una guerra. Nos alecciona diciendo que: “Lo más importante que hay que evitar es la guerra y la guerra está arriba de la mesa”. “Es que no estoy discutiendo problemas de legitimidad ni de elecciones, lo que estoy mirando es una realidad”… y esto desemboca en una guerra si no se encuentra una salida”.


Pero es que en Venezuela hay una guerra contra la oposición democrática desde hace muchos  años y esta oposición representa la mayoría del pueblo, también desde hace mucho tiempo.  En esa guerra de la narco dictadura contra el pueblo han muerto miles de personas por enfermedades, por hambre, por asesinatos y por represión.


Muy tarde para Mujica, quien debió haber estado contra la guerra en Venezuela desde que comenz
ó, cuando se destruía la democracia con fraudes y ahogando las libertades, cuando se asesinaban los jóvenes desarmados en las manifestaciones o se sacaban de sus casas. O cuando los chavistas participaban y protegian el narco tráfico. Cuando saqueaban las riquezas de ese país como nunca ha sucedido en este continente.


Mujica se queja de que al gobierno de Maduro le han dado un ultimátum y esa no es forma de evitar una guerra.  Pero es que esta guerra está llegando al final, que es cuando se dan el ultimátum. Y ahora lo que está haciendo los Estados Unidos, en apoyo al presidente interino de Venezuela, es exigiendo una rendición incondicional, pero no una rendición para que se entreguen los miembros de la canallada castro chavista, sino para que se hagan elecciones democráticas con supervisión internacional y garantías institucionales. Sin embargo, la narco dictadura no acepta hacer elecciones con garantías sino que repite que nunca se ir
án del poder.


Mujica culpa a quienes apoyan a la oposición venezolana “a Trump y a sus voceros” de acorralar al gobierno de Maduro y no darles una opción.  Esa oposición que pidió muchas veces, sin ningún éxito, un diálogo serio y elecciones supervisadas. Pero para Mujica el problema es evitar la guerra, la guerra que ya está terminando, la que el debió haber denunciado como tal desde el principio, cuando decía anecdóticamente que: "Maduro estaba loco como una cabra y que se estaba pasando de rosca".  La guerra contra el pueblo, contra la democracia, la que el debió haber denunciado como tal.




Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica
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Raúl Castro, Venezuela y los tambores de guerra


La dictadura castrista, que por semanas mantuvo en silencio los sucesos relacionados con Venezuela, decidió sonar los tambores de guerra y acusar a los Estados Unidos de que desde algunas islas en el Caribe se prepara una invasión al hermano país suramericano.  En Cuba se recogen firmas para apoyar a Nicolás Maduro en sus momentos de peligro.  Las fuerzas armadas castristas han jurado apoyo al régimen de Maduro, los camilitos también.  Corre el rumor en la Isla de que jóvenes del servicio militar serán enviados a Venezuela. Los padres se alarman y los jóvenes también.


¿Mandará Raúl Castro tropas cubanas a pelear contra los “yanquis” en Venezuela?




En absoluto, las consecuencias podrían ser inmediatas y nefastas para las tiranías en Venezuela y en Cuba. Mandar tropas cubanas a Venezuela provocaría una reacción muy negativa entre los 50 países que apoyan al presidente interino de Venezuela y la respuesta no se haría esperar.  Eso lo sabe Raúl Castro y todos los que le acompañan en el poder. La presencia de tropas cubanas en Venezuela justificaría a que Colombia y Brasil intervinieran con sus ejércitos, que son muy superiores en equipamiento, entrenamiento y motivación a las de los de los soldados venezolanos y cubanos.  El presidente de Colombia, Iván Duque ha dicho que su país no va a permitir que se consolide en Venezuela un régimen castrista, el gobierno de Bolsonaro en Brasil tampoco lo aceptará.   Además, la narco dictadura venezolana, que está en la  quiebra, no tiene recursos para sostener una operación militar prolongada y la castrista menos.   Cuba se quedaría sin turistas si se involucra en una aventura militar en Venezuela.  Los Estados Unidos puede prohibir las remesas y los viajes del exilio a la Isla, en fin, al castrismo se le acabaría el petróleo, se le acabaría el turismo y se le acabarían las remesas.  Sería el preludio del fin para la dictadura en la Isla.


¿Entonces por qué tocan los tambores de guerra?




Raúl Castro mandó a tocar los tambores porque tiene pánico.  El dictador piensa que el miedo a una guerra en Venezuela, en la que la que los cubanos crean que Cuba está dispuesta a involucrarse, confundiría y atemorizaría al pueblo cubano. Eso es lo que necesita Raúl Castro ante la situación que tiene en Cuba, que el pueblo se confunda y se asuste.  La tiranía sabe que el descontento popular va en aumento y no tiene forma de neutralizarlo.  El pueblo se queja de la falta de comida y de medicinas, del maltrato, de la corrupción y de la ausencia de esperanzas.  El régimen ha ofrecido una constitución que se ha convertido en un boomerang  porque la mayoría del pueblo la rechaza. Díaz Canel tiene tan poca legitimidad en Cuba como Nicolás Maduro en Venezuela. Díaz Canel es una marioneta de Raúl y como ha dicho el presidente Trump: “Maduro es un títere del castrismo”. 


Raúl tiene miedo a que con la caída de Maduro se le acabará el saqueo de los recursos venezolanos, que son los que han permitido que el castrismo sobreviva en Cuba.  Miedo a que una vez que Venezuela salga del tutelaje castrista, el movimiento prodemocrático dirigido por Donald Trump sea fiel a su promesa de ayudar a que los pueblos de Nicaragua y Cuba se deshagan de sus actuales dictaduras.


 Agitar el enemigo exterior para desviar la atención de la gente en los momentos de crisis nacional es la clásica receta de las dictaduras.  Sin embargo, haberse decidido por esta estrategia ha sido un gran error de Raúl Castro.  Era más inteligente haberse quedado callado, en lo posible aislar al pueblo cubano de los sucesos de Venezuela y que lo que pasara allí no tuviera el impacto que ahora tendrá en Cuba.  Meterse en una bronca en que no se va a participar porque no se puede pelear ha sido otro gran error. Con amagos de subirse al cuadrilátero, se ha expuesto a que le den antes de tiempo.  No lo van a perdonar.  Si manda un grupito de tontos útiles a Venezuela van a hacer el ridículo.  El hecho es que el miedo y la falta de neuronas se apoderaron de Raúl y lo dominaron. Tic… tac.



Huber Matos, San José, Costa Rica, febrero 21 de 2019.
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