LA CAJA DE PANDORA DE PUTIN
Español | English | Français | Italiano
LA CAJA DE PANDORA DE PUTIN
Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Vladimir Putin acaba de lanzar una amenaza contra Ucrania que, por las palabras que escogió, merece mucha más atención de la que ha recibido.
Después de los efectivos ataques ucranianos contra objetivos estratégicos y económicos dentro de Rusia, Putin declaró: “El régimen de Kiev se propuso dañar nuestra economía. ¿Qué hizo? Abrió esta caja de Pandora. Pues bien, esperen una respuesta dirigida contra sus sectores económicos más sensibles”.
¿Qué quiso decir Putin cuando habló de la caja de Pandora?
Para comprender la gravedad de sus palabras hay que regresar casi tres mil años, a una historia de los antiguos griegos.
Según el mito, Zeus, furioso porque Prometeo había robado el fuego de los dioses para entregarlo a los seres humanos, decidió castigarlos. Ordenó crear a Pandora, una mujer a quien los dioses concedieron numerosos dones.
Pandora llegó con una gran vasija que no debía abrir. Pero levantó la tapa.
De ella escaparon los males que desde entonces acompañarían a la humanidad: enfermedades, sufrimientos y toda clase de desgracias. Cuando Pandora intentó cerrarla era demasiado tarde.
Solo una cosa quedó dentro: la esperanza.
Con el paso de los siglos, aquella vasija se convirtió en la expresión que todos conocemos: la caja de Pandora. Abrirla significa desencadenar males y consecuencias que después resulta imposible volver a encerrar.
Ahora volvamos a Putin.
Después de más de cuatro años de una guerra en la que Ucrania ha sufrido ciudades destruidas, civiles asesinados, torturas, violaciones, niños muertos y millones de personas obligadas a abandonar sus hogares, Putin amenaza con que Ucrania acaba de abrir la caja de Pandora.
La amenaza es gravísima.
Rusia lleva años atacando la infraestructura energética, industrial y económica de Ucrania: centrales eléctricas, fábricas, puertos, ferrocarriles y otras instalaciones esenciales. También ha atacado ciudades, zonas residenciales, hospitales y escuelas.
Putin no puede estar anunciando como una novedad que Rusia comenzará ahora a castigar la economía ucraniana o a hacer sufrir a su población.
Eso ya lo ha estado haciendo.
Y en Europa también.
Alexander Litvinenko fue asesinado con polonio en Londres. Años después, agentes rusos llevaron Novichok a Salisbury para intentar asesinar a Sergei Skripal; una ciudadana británica murió como consecuencia de aquella operación.
Desde la invasión de Ucrania, las agresiones contra países europeos se han intensificado: sabotajes, incendios provocados, ciberataques, interferencias y operaciones contra infraestructuras críticas destinadas, entre otras cosas, a castigar a quienes ayudan a Ucrania y debilitar su voluntad de continuar haciéndolo.
Esto no es una posibilidad futura. Ya está ocurriendo.
Si Putin lleva años castigando a Ucrania y ha intensificado las agresiones contra quienes la sostienen, resulta difícil creer que haya escogido una expresión de semejante gravedad simplemente para anunciar más de lo mismo.
Y plantea una pregunta inquietante:
¿Qué puede estar pensando un criminal de guerra cuando, después de más de cuatro años de asesinatos, torturas, violaciones, deportaciones de niños y destrucción de ciudades, anuncia nuevas atrocidades?
No conocemos sus planes. Pero conocemos sus antecedentes.
Una nueva escalada podría significar ataques todavía más destructivos contra Ucrania, nuevas formas de terror contra su población o armas y métodos más devastadores. También podría intensificar las agresiones contra los países que la sostienen, buscando sembrar miedo, provocar daños económicos y debilitar políticamente su respaldo.
Pero los atropellos de Putin, tanto en Ucrania como en Europa, han provocado un cambio de percepción y de acción.
Al principio de la invasión, muchos gobiernos europeos ayudaban a Ucrania con extraordinaria cautela. Entregaban determinadas armas y negaban otras. Temían provocar una escalada con Rusia. La prioridad era impedir que Ucrania fuera derrotada.
Cuatro años después, la situación es muy diferente.
Numerosos gobiernos europeos consideran a Putin una amenaza para ellos mismos y han llegado a una conclusión estratégica fundamental:
la seguridad de Ucrania y la seguridad de Europa están unidas.
Ucrania ya no es solamente una nación invadida a la que hay que ayudar.
Es la primera línea de defensa de Europa.
Y esa visión se traduce en hechos. Europa aumenta sus gastos militares, fortalece su defensa aérea, amplía la producción de armamentos y profundiza su cooperación militar, industrial y tecnológica con Ucrania.
Ucrania participa en el Consejo OTAN-Ucrania y la Alianza coordina armamento y entrenamiento para sus fuerzas. Sin pertenecer formalmente a la OTAN, Ucrania se ha convertido en un socio virtual de la Alianza.
Con la Unión Europea ocurre algo semejante. Ucrania avanza hacia su ingreso y su industria militar se integra progresivamente con la europea. Sin ser todavía miembro, parece en muchos aspectos un miembro honorario de la Unión Europea.
La amenaza de Putin tampoco encuentra a la misma Europa de febrero de 2022. Apenas dos días después de sus palabras, la Coalición de Voluntarios, que reúne a más de 30 países, anunció que las amenazas rusas no la disuadirían: aumentará el apoyo militar, fortalecerá urgentemente la defensa aérea ucraniana y profundizará la cooperación tecnológica y militar.
Lo que Putin esté preparando podría resultar en un infierno, en desgracias mayores que todas las experimentadas hasta ahora dentro y fuera de Ucrania y, a su vez, en otra colosal equivocación.
Pero no olvidemos cómo termina el antiguo mito que el propio Putin acaba de invocar.
Después de que de la vasija de Pandora escaparan todos los males que desde entonces han acompañado a la humanidad, dentro quedó una sola cosa.
La esperanza.
Precisamente lo que Ucrania, Europa y todos los pueblos del mundo necesitan y merecen.
PUTIN'S PANDORA'S BOX
Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Vladimir Putin has just issued a threat against Ukraine that, because of the words he chose, deserves far more attention than it has received.
After effective Ukrainian strikes against strategic and economic targets inside Russia, Putin declared: “The Kyiv regime set out to damage our economy. What did it do? It opened this Pandora’s box. Well then, expect a response directed at the most sensitive sectors of your economy.”
What did Putin mean when he spoke of Pandora’s box?
To understand the gravity of his words, we must go back almost three thousand years to a story told by the ancient Greeks.
According to the myth, Zeus, enraged because Prometheus had stolen fire from the gods and given it to human beings, decided to punish them. He ordered the creation of Pandora, a woman upon whom the gods bestowed many gifts.
Pandora arrived with a large vessel that was not to be opened. But she lifted the lid.
From it escaped the evils that would thereafter accompany humanity: disease, suffering and every kind of misfortune. By the time Pandora tried to close it, it was too late.
Only one thing remained inside: hope.
Over the centuries, that vessel became the expression we all know: Pandora’s box. To open it means to unleash evils and consequences that afterward become impossible to contain again.
Now let us return to Putin.
After more than four years of a war in which Ukraine has endured destroyed cities, murdered civilians, torture, rape, dead children and millions of people forced from their homes, Putin now threatens that Ukraine has opened Pandora’s box.
The threat is extremely serious.
Russia has spent years attacking Ukraine’s energy, industrial and economic infrastructure: power plants, factories, ports, railways and other essential facilities. It has also attacked cities, residential areas, hospitals and schools.
Putin cannot seriously be announcing as something new that Russia will now begin punishing the Ukrainian economy or inflicting suffering on its population.
He has already been doing that.
And in Europe as well.
Alexander Litvinenko was murdered with polonium in London. Years later, Russian agents brought Novichok to Salisbury in an attempt to kill Sergei Skripal; a British citizen died as a consequence of that operation.
Since the invasion of Ukraine, aggression against European countries has intensified: sabotage, arson, cyberattacks, interference and operations against critical infrastructure aimed, among other things, at punishing those who help Ukraine and weakening their willingness to continue doing so.
This is not a future possibility. It is already happening.
If Putin has spent years punishing Ukraine and has intensified aggression against those supporting it, it is difficult to believe that he chose an expression of such gravity simply to announce more of the same.
And that raises a disturbing question:
What can a war criminal be thinking when, after more than four years of killings, torture, rape, deportations of children and the destruction of cities, he announces new atrocities?
We do not know his plans. But we know his record.
A new escalation could mean even more destructive attacks against Ukraine, new forms of terror against its population, or more devastating weapons and methods. It could also intensify aggression against the countries supporting Ukraine, seeking to spread fear, inflict economic damage and politically weaken their support.
But Putin’s abuses, both in Ukraine and in Europe, have produced a change in perception and action.
At the beginning of the invasion, many European governments helped Ukraine with extraordinary caution. They supplied certain weapons while withholding others. They feared provoking an escalation with Russia. The priority was to prevent Ukraine from being defeated.
Four years later, the situation is very different.
Many European governments now regard Putin as a threat to themselves and have reached a fundamental strategic conclusion:
the security of Ukraine and the security of Europe are linked.
Ukraine is no longer merely an invaded nation that must be helped.
It is Europe’s first line of defense.
And that vision is being translated into action. Europe is increasing military spending, strengthening air defense, expanding arms production and deepening military, industrial and technological cooperation with Ukraine.
Ukraine participates in the NATO-Ukraine Council, and the Alliance coordinates weapons and training for its forces. Without formally belonging to NATO, Ukraine has become a virtual partner of the Alliance.
Something similar is happening with the European Union. Ukraine is moving toward membership, while its defense industry is progressively integrating with Europe’s. Although it is not yet a member, in many respects it resembles an honorary member of the European Union.
Putin’s threat also confronts a very different Europe from that of February 2022. Barely two days after his words, the Coalition of the Willing, bringing together more than 30 countries, announced that Russian threats would not deter it: military support would increase, Ukrainian air defense would urgently be strengthened, and technological and military cooperation would deepen.
What Putin may be preparing could result in hell, in misfortunes greater than any experienced so far inside and outside Ukraine and, at the same time, in another colossal mistake.
But let us not forget how the ancient myth Putin himself has just invoked ends.
After all the evils that have accompanied humanity escaped from Pandora’s vessel, only one thing remained inside.
Hope.
Precisely what Ukraine, Europe and all the peoples of the world need and deserve.
LA BOÎTE DE PANDORE DE POUTINE
Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Vladimir Poutine vient de lancer contre l’Ukraine une menace qui, par les mots qu’il a choisis, mérite beaucoup plus d’attention qu’elle n’en a reçu.
Après les attaques efficaces de l’Ukraine contre des objectifs stratégiques et économiques à l’intérieur de la Russie, Poutine a déclaré : « Le régime de Kiev a entrepris de nuire à notre économie. Qu’a-t-il fait ? Il a ouvert cette boîte de Pandore. Eh bien, attendez-vous à une réponse dirigée contre les secteurs les plus sensibles de votre économie. »
Que voulait dire Poutine lorsqu’il a parlé de la boîte de Pandore ?
Pour comprendre la gravité de ses paroles, il faut remonter près de trois mille ans en arrière, à une histoire racontée par les anciens Grecs.
Selon le mythe, Zeus, furieux parce que Prométhée avait volé le feu aux dieux pour le donner aux êtres humains, décida de les punir. Il ordonna la création de Pandore, une femme à qui les dieux accordèrent de nombreux dons.
Pandore arriva avec une grande jarre qu’elle ne devait pas ouvrir. Mais elle souleva le couvercle.
De la jarre s’échappèrent les maux qui accompagneraient désormais l’humanité : maladies, souffrances et toutes sortes de malheurs. Lorsque Pandore tenta de la refermer, il était trop tard.
Une seule chose resta à l’intérieur : l’espérance.
Au fil des siècles, cette jarre est devenue l’expression que nous connaissons tous : la boîte de Pandore. L’ouvrir signifie déclencher des maux et des conséquences qu’il devient ensuite impossible de contenir.
Revenons maintenant à Poutine.
Après plus de quatre années d’une guerre au cours de laquelle l’Ukraine a subi des villes détruites, des civils assassinés, des tortures, des viols, la mort d’enfants et l’exode de millions de personnes, Poutine menace maintenant en affirmant que l’Ukraine vient d’ouvrir la boîte de Pandore.
La menace est extrêmement grave.
Depuis des années, la Russie attaque les infrastructures énergétiques, industrielles et économiques de l’Ukraine : centrales électriques, usines, ports, chemins de fer et autres installations essentielles. Elle a également attaqué des villes, des quartiers résidentiels, des hôpitaux et des écoles.
Poutine ne peut donc présenter comme une nouveauté le fait que la Russie commencerait maintenant à punir l’économie ukrainienne ou à faire souffrir sa population.
C’est déjà ce qu’elle fait.
Et en Europe également.
Alexander Litvinenko a été assassiné au polonium à Londres. Des années plus tard, des agents russes ont introduit du Novitchok à Salisbury pour tenter d’assassiner Sergei Skripal ; une citoyenne britannique est morte à la suite de cette opération.
Depuis l’invasion de l’Ukraine, les agressions contre les pays européens se sont intensifiées : sabotages, incendies criminels, cyberattaques, interférences et opérations contre des infrastructures critiques visant, entre autres, à punir ceux qui aident l’Ukraine et à affaiblir leur volonté de continuer à le faire.
Ce n’est pas une possibilité future. Cela se produit déjà.
Si Poutine punit l’Ukraine depuis des années et intensifie les agressions contre ceux qui la soutiennent, il est difficile de croire qu’il ait choisi une expression d’une telle gravité simplement pour annoncer davantage de la même chose.
Et cela soulève une question inquiétante :
Que peut penser un criminel de guerre lorsque, après plus de quatre années d’assassinats, de tortures, de viols, de déportations d’enfants et de destruction de villes, il annonce de nouvelles atrocités ?
Nous ne connaissons pas ses plans. Mais nous connaissons ses antécédents.
Une nouvelle escalade pourrait signifier des attaques encore plus destructrices contre l’Ukraine, de nouvelles formes de terreur contre sa population ou l’emploi d’armes et de méthodes plus dévastatrices. Elle pourrait aussi intensifier les agressions contre les pays qui soutiennent l’Ukraine afin de semer la peur, provoquer des dommages économiques et affaiblir politiquement leur soutien.
Mais les exactions de Poutine, en Ukraine comme en Europe, ont provoqué un changement de perception et d’action.
Au début de l’invasion, de nombreux gouvernements européens aidaient l’Ukraine avec une extrême prudence. Ils fournissaient certaines armes et en refusaient d’autres. Ils craignaient de provoquer une escalade avec la Russie. La priorité était d’empêcher la défaite de l’Ukraine.
Quatre ans plus tard, la situation est très différente.
De nombreux gouvernements européens considèrent désormais Poutine comme une menace pour eux-mêmes et sont parvenus à une conclusion stratégique fondamentale :
la sécurité de l’Ukraine et la sécurité de l’Europe sont liées.
L’Ukraine n’est plus seulement une nation envahie qu’il faut aider.
Elle est la première ligne de défense de l’Europe.
Et cette vision se traduit par des actes. L’Europe augmente ses dépenses militaires, renforce sa défense aérienne, accroît sa production d’armements et approfondit sa coopération militaire, industrielle et technologique avec l’Ukraine.
L’Ukraine participe au Conseil OTAN-Ukraine et l’Alliance coordonne l’armement et l’entraînement de ses forces. Sans appartenir officiellement à l’OTAN, l’Ukraine est devenue un partenaire virtuel de l’Alliance.
Une transformation semblable se produit avec l’Union européenne. L’Ukraine avance vers l’adhésion et son industrie militaire s’intègre progressivement à celle de l’Europe. Sans être encore membre, elle ressemble à bien des égards à un membre honoraire de l’Union européenne.
La menace de Poutine ne rencontre pas non plus la même Europe qu’en février 2022. À peine deux jours après ses paroles, la Coalition des volontaires, qui réunit plus de 30 pays, a annoncé que les menaces russes ne la dissuaderaient pas : l’aide militaire sera accrue, la défense aérienne ukrainienne sera renforcée de toute urgence et la coopération technologique et militaire sera approfondie.
Ce que prépare Poutine pourrait provoquer un enfer, des malheurs plus grands encore que tous ceux déjà vécus à l’intérieur et à l’extérieur de l’Ukraine et, en même temps, une nouvelle erreur colossale.
Mais n’oublions pas comment se termine l’ancien mythe que Poutine lui-même vient d’invoquer.
Après que tous les maux qui ont accompagné l’humanité se furent échappés de la jarre de Pandore, une seule chose resta à l’intérieur.
L’espérance.
Précisément ce dont l’Ukraine, l’Europe et tous les peuples du monde ont besoin et qu’ils méritent.
IL VASO DI PANDORA DI PUTIN
Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Vladimir Putin ha appena lanciato contro l’Ucraina una minaccia che, per le parole che ha scelto, merita molta più attenzione di quella che ha ricevuto.
Dopo gli efficaci attacchi ucraini contro obiettivi strategici ed economici all’interno della Russia, Putin ha dichiarato: “Il regime di Kiev ha deciso di danneggiare la nostra economia. Che cosa ha fatto? Ha aperto questo vaso di Pandora. Ebbene, aspettatevi una risposta diretta contro i settori più sensibili della vostra economia”.
Che cosa ha voluto dire Putin parlando del vaso di Pandora?
Per comprendere la gravità delle sue parole bisogna tornare indietro di quasi tremila anni, a una storia raccontata dagli antichi greci.
Secondo il mito, Zeus, furioso perché Prometeo aveva rubato il fuoco agli dei per consegnarlo agli esseri umani, decise di punirli. Ordinò di creare Pandora, una donna alla quale gli dei concessero numerosi doni.
Pandora arrivò con un grande vaso che non doveva aprire. Ma sollevò il coperchio.
Dal vaso uscirono i mali che da allora avrebbero accompagnato l’umanità: malattie, sofferenze e ogni genere di disgrazia. Quando Pandora cercò di richiuderlo, era ormai troppo tardi.
Dentro rimase una sola cosa: la speranza.
Con il passare dei secoli, quel vaso divenne l’espressione che tutti conosciamo: il vaso di Pandora. Aprirlo significa scatenare mali e conseguenze che poi diventa impossibile rinchiudere nuovamente.
Torniamo ora a Putin.
Dopo più di quattro anni di una guerra in cui l’Ucraina ha subito città distrutte, civili assassinati, torture, stupri, bambini morti e milioni di persone costrette ad abbandonare le proprie case, Putin minaccia affermando che l’Ucraina ha appena aperto il vaso di Pandora.
La minaccia è gravissima.
Da anni la Russia attacca le infrastrutture energetiche, industriali ed economiche dell’Ucraina: centrali elettriche, fabbriche, porti, ferrovie e altre installazioni essenziali. Ha inoltre attaccato città, quartieri residenziali, ospedali e scuole.
Putin non può presentare come una novità il fatto che la Russia comincerà ora a colpire l’economia ucraina o a far soffrire la sua popolazione.
Lo sta già facendo.
E anche in Europa.
Alexander Litvinenko fu assassinato con il polonio a Londra. Anni dopo, agenti russi portarono il Novichok a Salisbury nel tentativo di assassinare Sergei Skripal; una cittadina britannica morì in conseguenza di quell’operazione.
Dall’invasione dell’Ucraina, le aggressioni contro i paesi europei si sono intensificate: sabotaggi, incendi dolosi, cyberattacchi, interferenze e operazioni contro infrastrutture critiche destinate, tra le altre cose, a punire chi aiuta l’Ucraina e a indebolirne la volontà di continuare a farlo.
Questa non è una possibilità futura. Sta già accadendo.
Se Putin da anni punisce l’Ucraina e ha intensificato le aggressioni contro coloro che la sostengono, è difficile credere che abbia scelto un’espressione di tale gravità semplicemente per annunciare ancora una volta la stessa cosa.
E questo solleva una domanda inquietante:
Che cosa può pensare un criminale di guerra quando, dopo più di quattro anni di omicidi, torture, stupri, deportazioni di bambini e distruzione di città, annuncia nuove atrocità?
Non conosciamo i suoi piani. Ma conosciamo i suoi precedenti.
Una nuova escalation potrebbe significare attacchi ancora più distruttivi contro l’Ucraina, nuove forme di terrore contro la sua popolazione oppure armi e metodi più devastanti. Potrebbe inoltre intensificare le aggressioni contro i paesi che sostengono l’Ucraina, cercando di seminare paura, provocare danni economici e indebolirne politicamente il sostegno.
Ma gli abusi di Putin, tanto in Ucraina quanto in Europa, hanno provocato un cambiamento di percezione e di azione.
All’inizio dell’invasione, molti governi europei aiutavano l’Ucraina con straordinaria cautela. Fornivano determinate armi e ne negavano altre. Temevano di provocare un’escalation con la Russia. La priorità era impedire che l’Ucraina venisse sconfitta.
Quattro anni dopo, la situazione è molto diversa.
Numerosi governi europei considerano Putin una minaccia per loro stessi e sono giunti a una conclusione strategica fondamentale:
la sicurezza dell’Ucraina e la sicurezza dell’Europa sono unite.
L’Ucraina non è più soltanto una nazione invasa che deve essere aiutata.
È la prima linea di difesa dell’Europa.
E questa visione si traduce in fatti. L’Europa aumenta le spese militari, rafforza la difesa aerea, amplia la produzione di armamenti e approfondisce la cooperazione militare, industriale e tecnologica con l’Ucraina.
L’Ucraina partecipa al Consiglio NATO-Ucraina e l’Alleanza coordina armamenti e addestramento per le sue forze. Senza appartenere formalmente alla NATO, l’Ucraina è diventata un partner virtuale dell’Alleanza.
Con l’Unione Europea avviene qualcosa di simile. L’Ucraina avanza verso l’adesione e la sua industria militare si integra progressivamente con quella europea. Pur non essendo ancora membro, sotto molti aspetti appare come un membro onorario dell’Unione Europea.
La minaccia di Putin non trova nemmeno la stessa Europa del febbraio 2022. Appena due giorni dopo le sue parole, la Coalizione dei Volenterosi, che riunisce più di 30 paesi, ha annunciato che le minacce russe non l’avrebbero dissuasa: aumenterà il sostegno militare, rafforzerà urgentemente la difesa aerea ucraina e approfondirà la cooperazione tecnologica e militare.
Ciò che Putin sta preparando potrebbe trasformarsi in un inferno, in disgrazie ancora maggiori di tutte quelle sperimentate finora dentro e fuori dall’Ucraina e, allo stesso tempo, in un altro colossale errore.
Ma non dimentichiamo come termina l’antico mito che lo stesso Putin ha appena evocato.
Dopo che dal vaso di Pandora furono usciti tutti i mali che da allora hanno accompagnato l’umanità, all’interno rimase una sola cosa.
La speranza.
Proprio ciò di cui l’Ucraina, l’Europa e tutti i popoli del mondo hanno bisogno e che meritano.


1 comentarios:
Muy bonito comentario que nos predicedias nefastos
25 de agosto de 2026 a las 16:38Publicar un comentario