PUTIN, LA OTAN Y EL AVISPERO
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PUTIN, LA OTAN Y EL AVISPERO
Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Quien alguna vez en su vida, por travieso, le tiró una piedra a un avispero y tuvo que correr desesperadamente para evitar las dolorosas picaduras entenderá fácilmente este artículo.
Ayer, en “¿QUÉ MENSAJE DE TRUMP LLEVÓ EL JEFE DE LA CIA A PUTIN?”, nos preguntamos qué podía explicar el sorpresivo viaje a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe. Hoy apareció una explicación. The Wall Street Journal informó que el propósito de la visita había sido advertir a Rusia que no atacara a ningún país de la OTAN.
La información se basó en personas conocedoras de la visita y en nuevas evaluaciones de la inteligencia estadounidense según las cuales Vladimir Putin podría intentar poner a prueba la determinación de la OTAN mediante un ataque limitado contra uno de sus miembros “en los próximos años”.
Es una posibilidad que los servicios de inteligencia tienen necesariamente que estudiar. Otra cosa es que explique por qué el director de la CIA tuvo que viajar personalmente a Moscú precisamente ahora.
Una incursión rusa en Lituania, aunque fuera limitada, sería como tirar una piedra contra un avispero. Lituania defendería de inmediato su territorio y uno o varios de sus aliados quedarían bajo enorme presión para ayudarla a expulsar a las fuerzas rusas.
Putin sabría dónde comienza la operación, pero no dónde termina. Una vez iniciado el combate, Moscú perdería el control sobre la magnitud de la respuesta.
La experiencia de Ucrania hace todavía más peligroso semejante cálculo. Putin creyó que su invasión se impondría rápidamente y terminó provocando años de guerra, el fortalecimiento de la OTAN, el rearme europeo y un apoyo militar masivo a Ucrania.
Atacar territorio de la OTAN sería repetir aquella apuesta a una escala mucho más peligrosa. Putin puede decidir tirar la piedra. Lo que no puede decidir es cómo reaccionará el avispero.
¿Por qué una eventualidad tan peligrosa para el propio Putin y que la inteligencia estadounidense sitúa en un horizonte de varios años requiere precisamente ahora el viaje excepcional del director de la CIA a Moscú?
La contradicción aumenta con las palabras del propio Trump. Preguntado sobre la posibilidad de que Rusia ataque a la OTAN, dijo que no estaba preocupado “en absoluto” y posteriormente afirmó que Rusia no atacará territorio de la Alianza. También rechazó que Ratcliffe hubiera viajado para llevar esa advertencia a Moscú.
Toomas Hendrik Ilves, expresidente de Estonia, uno de los países bálticos señalados como posibles objetivos, también expresó “serias dudas” de que esa amenaza explicara el viaje. Ilves señaló que una agresión contra los países bálticos podría involucrar rápidamente a Finlandia, Suecia, Dinamarca y Polonia.
Y esos países tendrían razones propias para reaccionar. Permitir que Rusia ocupara territorio de un aliado sin obligarla a retirarse sería enviar a Moscú una señal peligrosísima: puede volver a intentarlo. Una incursión concebida para poner a prueba a la OTAN obligaría precisamente a sus miembros a demostrar que semejante aventura no puede tener éxito.
Entonces la pregunta sigue en pie: ¿fue realmente una hipotética incursión rusa en los próximos años lo que hizo necesario enviar ahora al jefe de la CIA a Moscú?
También se ha publicado que Ratcliffe habló sobre Irán. Pudo hacerlo, pero que Irán estuviera sobre la mesa tampoco significa que fuera la razón de un viaje tan excepcional. Moscú tiene influencia sobre Teherán, pero no controla sus decisiones.
Hay que distinguir entre los asuntos tratados durante una misión y el asunto que hizo necesaria la misión.
La guerra de Ucrania ofrece una explicación mucho más coherente con la urgencia del viaje. Rusia lleva años combatiendo, Europa aumenta su compromiso militar y Ucrania cada vez tiene mayor capacidad para atacar objetivos estratégicos dentro de Rusia. Trump, por su parte, quiere terminar un conflicto que se ha convertido en uno de los grandes desafíos de su presidencia.
Fue el propio Trump quien dejó la pista más importante. Después de calificar el viaje de Ratcliffe de “semi-rutinario”, afirmó: “Algo puede salir de esto”, e inmediatamente habló de sus esfuerzos para terminar la guerra de Ucrania.
Ahí está, a nuestro juicio, la verdadera razón del viaje. Ratcliffe fue a Moscú a llevarle a Putin un mensaje de Trump: todavía estás a tiempo de negociar una salida a la guerra.
Sería una advertencia acompañada de una oportunidad: negocia ahora, cuando todavía puedes hacerlo desde una posición favorable, porque las condiciones de mañana pueden ser mucho peores que las de hoy.
Y entonces las palabras de Trump, pronunciadas después del viaje de Ratcliffe, adquieren todo su significado:
“Algo puede salir de esto.”
PUTIN, NATO AND THE WASP NEST
By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Anyone who, as a mischievous youngster, once threw a stone at a wasp nest and then had to run desperately to escape the painful stings will easily understand this article.
Yesterday, in “WHAT MESSAGE FROM TRUMP DID THE CIA CHIEF TAKE TO PUTIN?”, we asked what might explain CIA Director John Ratcliffe’s surprise trip to Moscow. Today an explanation emerged. The Wall Street Journal reported that the purpose of the visit was to warn Russia not to attack any NATO country.
The report was based on people briefed on the visit and on new U.S. intelligence assessments indicating that Vladimir Putin might try to test NATO’s resolve through a limited attack on one of its members “in the next few years.”
That is a possibility intelligence services necessarily have to study. Whether it explains why the CIA director had to travel personally to Moscow precisely now is another matter.
A Russian incursion into Lithuania, even a limited one, would be like throwing a stone at a wasp nest. Lithuania would immediately defend its territory, and one or more of its allies would come under enormous pressure to help drive Russian forces out.
Putin would know where the operation begins, but not where it ends. Once the fighting started, Moscow would lose control over the scale of the response.
The experience of Ukraine makes such a calculation even more dangerous. Putin believed his invasion would prevail quickly and instead triggered years of war, a stronger NATO, European rearmament and massive military support for Ukraine.
Attacking NATO territory would mean repeating that gamble on a far more dangerous scale. Putin can decide to throw the stone. What he cannot decide is how the wasp nest will react.
Why would an eventuality so dangerous for Putin himself, and one that U.S. intelligence places several years into the future, require an exceptional trip by the CIA director to Moscow precisely now?
The contradiction grows with Trump’s own words. Asked about the possibility of Russia attacking NATO, he said he was not concerned “at all” and later stated that Russia would not attack Alliance territory. He also rejected the idea that Ratcliffe had traveled to Moscow to deliver such a warning.
Toomas Hendrik Ilves, the former president of Estonia, one of the Baltic countries identified as a possible target, also expressed “serious doubts” that such a threat explained the trip. Ilves noted that aggression against the Baltic states could quickly involve Finland, Sweden, Denmark and Poland.
Those countries would also have reasons of their own to react. Allowing Russia to occupy allied territory without forcing it to withdraw would send Moscow an extremely dangerous signal: it can try again. An incursion designed to test NATO would compel its members to demonstrate precisely that such an adventure cannot succeed.
The question therefore remains: was a hypothetical Russian incursion sometime in the next few years really what made it necessary to send the CIA chief to Moscow now?
It has also been published that Ratcliffe discussed Iran. He may well have done so, but Iran being on the table does not mean it was the reason for such an exceptional trip. Moscow has influence over Tehran, but it does not control Iran’s decisions.
A distinction must be made between the subjects discussed during a mission and the issue that made the mission necessary.
The war in Ukraine offers a far more coherent explanation for the urgency of the trip. Russia has been fighting for years, Europe is increasing its military commitment, and Ukraine has a growing ability to strike strategic targets inside Russia. Trump, meanwhile, wants to end a conflict that has become one of the major challenges of his presidency.
Trump himself left the most important clue. After describing Ratcliffe’s trip as “semi-routine,” he said: “Something may come out of it,” and immediately spoke about his efforts to end the war in Ukraine.
That, in our judgment, is the real reason for the trip. Ratcliffe went to Moscow to carry a message from Trump to Putin: you still have time to negotiate an end to the war.
It would be a warning accompanied by an opportunity: negotiate now, while you can still do so from a favorable position, because tomorrow’s conditions may be far worse than today’s.
And then Trump’s words, spoken after Ratcliffe’s trip, take on their full meaning:
“Something may come out of it.”
POUTINE, L’OTAN ET LE NID DE GUÊPES
Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Quiconque, dans sa jeunesse et par espièglerie, a un jour lancé une pierre contre un nid de guêpes avant de devoir courir désespérément pour échapper à leurs douloureuses piqûres comprendra facilement cet article.
Hier, dans « QUEL MESSAGE DE TRUMP LE CHEF DE LA CIA A-T-IL PORTÉ À POUTINE ? », nous nous demandions ce qui pouvait expliquer le voyage surprise à Moscou du directeur de la CIA, John Ratcliffe. Aujourd’hui, une explication est apparue. The Wall Street Journal a rapporté que le but de cette visite était d’avertir la Russie de ne pas attaquer un pays de l’OTAN.
L’information s’appuyait sur des personnes informées de la visite et sur de nouvelles évaluations des services de renseignement américains selon lesquelles Vladimir Poutine pourrait tenter de mettre à l’épreuve la détermination de l’OTAN au moyen d’une attaque limitée contre l’un de ses membres « dans les prochaines années ».
C’est une possibilité que les services de renseignement doivent nécessairement étudier. Mais cela n’explique pas forcément pourquoi le directeur de la CIA devait se rendre personnellement à Moscou précisément maintenant.
Une incursion russe en Lituanie, même limitée, reviendrait à lancer une pierre contre un nid de guêpes. La Lituanie défendrait immédiatement son territoire et un ou plusieurs de ses alliés subiraient une énorme pression pour l’aider à expulser les forces russes.
Poutine saurait où commence l’opération, mais pas où elle se termine. Une fois les combats engagés, Moscou perdrait le contrôle de l’ampleur de la riposte.
L’expérience de l’Ukraine rend un tel calcul encore plus dangereux. Poutine croyait que son invasion s’imposerait rapidement et elle a finalement provoqué des années de guerre, le renforcement de l’OTAN, le réarmement européen et un soutien militaire massif à l’Ukraine.
Attaquer le territoire de l’OTAN reviendrait à répéter ce pari à une échelle beaucoup plus dangereuse. Poutine peut décider de lancer la pierre. Ce qu’il ne peut pas décider, c’est la réaction du nid de guêpes.
Pourquoi une éventualité aussi dangereuse pour Poutine lui-même, et que le renseignement américain situe dans un horizon de plusieurs années, exigerait-elle précisément maintenant un voyage exceptionnel du directeur de la CIA à Moscou ?
La contradiction s’accentue avec les propres paroles de Trump. Interrogé sur la possibilité que la Russie attaque l’OTAN, il a déclaré ne pas être inquiet « du tout » et a ensuite affirmé que la Russie n’attaquerait pas le territoire de l’Alliance. Il a également rejeté l’idée que Ratcliffe se soit rendu à Moscou pour transmettre cet avertissement.
Toomas Hendrik Ilves, ancien président de l’Estonie, l’un des pays baltes cités comme cible possible, a lui aussi exprimé de « sérieux doutes » quant au fait que cette menace puisse expliquer le voyage. Ilves a souligné qu’une agression contre les pays baltes pourrait rapidement impliquer la Finlande, la Suède, le Danemark et la Pologne.
Ces pays auraient également leurs propres raisons de réagir. Permettre à la Russie d’occuper le territoire d’un allié sans l’obliger à se retirer enverrait à Moscou un signal extrêmement dangereux : elle peut recommencer. Une incursion destinée à tester l’OTAN obligerait précisément ses membres à démontrer qu’une telle aventure ne peut réussir.
La question demeure donc : une hypothétique incursion russe dans les prochaines années était-elle réellement ce qui rendait nécessaire l’envoi du chef de la CIA à Moscou maintenant ?
Il a également été publié que Ratcliffe avait parlé de l’Iran. C’est possible, mais le fait que l’Iran ait figuré à l’ordre du jour ne signifie pas qu’il ait été la raison d’un voyage aussi exceptionnel. Moscou exerce une influence sur Téhéran, mais ne contrôle pas ses décisions.
Il faut distinguer les sujets abordés pendant une mission de la question qui a rendu cette mission nécessaire.
La guerre en Ukraine offre une explication beaucoup plus cohérente avec l’urgence du voyage. La Russie combat depuis des années, l’Europe augmente son engagement militaire et l’Ukraine possède une capacité croissante à frapper des objectifs stratégiques à l’intérieur de la Russie. Trump, de son côté, veut mettre fin à un conflit devenu l’un des grands défis de sa présidence.
Trump lui-même a laissé l’indice le plus important. Après avoir qualifié le voyage de Ratcliffe de « semi-routinier », il a déclaré : « Quelque chose peut en sortir », puis a immédiatement parlé de ses efforts pour mettre fin à la guerre en Ukraine.
C’est là, selon nous, la véritable raison du voyage. Ratcliffe s’est rendu à Moscou pour transmettre à Poutine un message de Trump : il est encore temps de négocier une sortie de guerre.
Ce serait un avertissement accompagné d’une occasion : négocie maintenant, tant que tu peux encore le faire depuis une position favorable, car les conditions de demain pourraient être bien pires que celles d’aujourd’hui.
Alors les paroles de Trump, prononcées après le voyage de Ratcliffe, prennent tout leur sens :
« Quelque chose peut en sortir. »
PUTIN, LA NATO E IL VESPAIO
Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Chiunque, da ragazzo e per monelleria, abbia mai lanciato una pietra contro un vespaio e abbia poi dovuto correre disperatamente per evitare le dolorose punture capirà facilmente questo articolo.
Ieri, in “QUALE MESSAGGIO DI TRUMP HA PORTATO A PUTIN IL CAPO DELLA CIA?”, ci siamo chiesti cosa potesse spiegare il viaggio a sorpresa a Mosca del direttore della CIA, John Ratcliffe. Oggi è apparsa una spiegazione. The Wall Street Journal ha riferito che lo scopo della visita era avvertire la Russia di non attaccare alcun paese della NATO.
L’informazione si basava su persone informate sulla visita e su nuove valutazioni dell’intelligence statunitense secondo cui Vladimir Putin potrebbe tentare di mettere alla prova la determinazione della NATO con un attacco limitato contro uno dei suoi membri “nei prossimi anni”.
È una possibilità che i servizi d’intelligence devono necessariamente studiare. Un’altra cosa è che ciò spieghi perché il direttore della CIA abbia dovuto recarsi personalmente a Mosca proprio adesso.
Un’incursione russa in Lituania, anche se limitata, sarebbe come lanciare una pietra contro un vespaio. La Lituania difenderebbe immediatamente il proprio territorio e uno o più dei suoi alleati si troverebbero sotto un’enorme pressione per aiutarla a espellere le forze russe.
Putin saprebbe dove comincia l’operazione, ma non dove finisce. Una volta iniziati i combattimenti, Mosca perderebbe il controllo sulla portata della risposta.
L’esperienza dell’Ucraina rende un simile calcolo ancora più pericoloso. Putin pensava che la sua invasione si sarebbe imposta rapidamente e ha invece provocato anni di guerra, il rafforzamento della NATO, il riarmo europeo e un massiccio sostegno militare all’Ucraina.
Attaccare territorio NATO significherebbe ripetere quella scommessa su una scala molto più pericolosa. Putin può decidere di lanciare la pietra. Quello che non può decidere è come reagirà il vespaio.
Perché un’eventualità tanto pericolosa per Putin stesso, e che l’intelligence statunitense colloca in un orizzonte di diversi anni, dovrebbe richiedere proprio adesso un viaggio eccezionale del direttore della CIA a Mosca?
La contraddizione aumenta con le parole dello stesso Trump. Interrogato sulla possibilità che la Russia attacchi la NATO, ha detto di non essere preoccupato “affatto” e successivamente ha affermato che la Russia non attaccherà territorio dell’Alleanza. Ha inoltre respinto l’idea che Ratcliffe fosse andato a Mosca per portare quell’avvertimento.
Toomas Hendrik Ilves, ex presidente dell’Estonia, uno dei paesi baltici indicati come possibili obiettivi, ha anch’egli espresso “seri dubbi” sul fatto che quella minaccia spiegasse il viaggio. Ilves ha osservato che un’aggressione contro i paesi baltici potrebbe coinvolgere rapidamente Finlandia, Svezia, Danimarca e Polonia.
Anche questi paesi avrebbero motivi propri per reagire. Permettere alla Russia di occupare territorio di un alleato senza costringerla a ritirarsi invierebbe a Mosca un segnale estremamente pericoloso: può provarci di nuovo. Un’incursione concepita per mettere alla prova la NATO costringerebbe proprio i suoi membri a dimostrare che una simile avventura non può avere successo.
La domanda dunque rimane: fu davvero una ipotetica incursione russa nei prossimi anni a rendere necessario mandare adesso il capo della CIA a Mosca?
È stato inoltre pubblicato che Ratcliffe abbia parlato dell’Iran. Può averlo fatto, ma il fatto che l’Iran fosse sul tavolo non significa che fosse la ragione di un viaggio così eccezionale. Mosca esercita influenza su Teheran, ma non ne controlla le decisioni.
Bisogna distinguere tra gli argomenti discussi durante una missione e la questione che ha reso necessaria quella missione.
La guerra in Ucraina offre una spiegazione molto più coerente con l’urgenza del viaggio. La Russia combatte da anni, l’Europa aumenta il proprio impegno militare e l’Ucraina possiede una capacità crescente di colpire obiettivi strategici all’interno della Russia. Trump, da parte sua, vuole porre fine a un conflitto diventato una delle grandi sfide della sua presidenza.
È stato lo stesso Trump a lasciare l’indizio più importante. Dopo aver definito il viaggio di Ratcliffe “semi-routinario”, ha affermato: “Qualcosa può venirne fuori”, e subito dopo ha parlato dei suoi sforzi per porre fine alla guerra in Ucraina.
È questa, a nostro giudizio, la vera ragione del viaggio. Ratcliffe è andato a Mosca per portare a Putin un messaggio di Trump: sei ancora in tempo per negoziare una via d’uscita dalla guerra.
Sarebbe un avvertimento accompagnato da un’opportunità: negozia adesso, finché puoi ancora farlo da una posizione favorevole, perché le condizioni di domani potrebbero essere molto peggiori di quelle di oggi.
E allora le parole di Trump, pronunciate dopo il viaggio di Ratcliffe, acquistano tutto il loro significato:
“Qualcosa può venirne fuori.”


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