RUSIA TIENE PETRÓLEO, PERO LE FALTA COMBUSTIBLE
RUSIA TIENE PETRÓLEO, PERO LE FALTA COMBUSTIBLE
“Rusia, lamentablemente, ha perdido el control de su industria del diésel.”
Donald Trump, 21 de septiembre de 2026
Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Hace apenas unos días publiqué “Putin no puede ganar la guerra terrestre en Ucrania”. Allí comenté cómo, después de más de cuatro años de guerra, Rusia continúa pagando un extraordinario costo humano para conseguir avances territoriales muy pequeños.
Pero mientras esa guerra continúa en las trincheras, otra batalla está produciendo consecuencias cada vez más difíciles de ocultar.
Ucrania está golpeando sistemáticamente las refinerías que convierten el petróleo ruso en gasolina, diésel y combustible de aviación. Cómo ha conseguido atacar instalaciones situadas a cientos y hasta miles de kilómetros es otra historia.
La historia de hoy es lo que está ocurriendo con el combustible ruso.
Rusia tiene 32 grandes refinerías y aproximadamente 6,5 millones de barriles diarios de capacidad de refinación. Sin embargo, en junio procesaron solamente 3,8 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en más de veinte años y alrededor de 30% menos que un año antes.
La producción de gasolina ha caído aproximadamente 20% respecto a 2025. La de diésel, casi 30%.
El petróleo que sale de un pozo no puede utilizarse directamente en un camión, tractor, automóvil o vehículo militar. Primero tiene que pasar por una refinería.
Rusia no se está quedando sin petróleo. Está teniendo crecientes dificultades para convertirlo en los combustibles que necesita.
La historia demuestra la importancia que esto puede tener durante una guerra.
En 1944 los Aliados concentraron sus bombardeos sobre las refinerías y plantas de combustible sintético de Alemania. La producción alemana de combustible de aviación se desplomó. Alemania todavía tenía tanques y aviones, pero cada vez encontraba mayores dificultades para proporcionarles combustible.
Durante la ofensiva de las Ardenas, en diciembre de 1944, la escasez era tan grave que los planes alemanes dependían en parte de capturar depósitos estadounidenses para mantener avanzando sus tanques.
Alemania no perdió la guerra solamente por falta de combustible. Pero quedó una lección: una potencia militar puede tener soldados, tanques y aviones; sin suficiente combustible, su capacidad para utilizarlos disminuye.
Ochenta y dos años después, Ucrania ha comprendido la misma vulnerabilidad.
Durante los primeros ocho meses de 2026, una refinería rusa fue alcanzada, como promedio, una vez cada tres días. A finales de agosto, solamente cinco de las 32 grandes refinerías rusas no habían sido alcanzadas.
Las consecuencias comienzan a sentirse.
Rusia, que exportaba aproximadamente la mitad del diésel y gasóleo que producía, ha restringido las exportaciones de gasolina, combustible de aviación y diésel para proteger el abastecimiento interno.
También ha comenzado a importar gasolina desde países como Bielorrusia y Kazajistán.
La paradoja es extraordinaria: uno de los mayores productores de petróleo del mundo está importando gasolina.
Para finales de agosto, el precio promedio de la gasolina había aumentado más de 19% desde comienzos del año y el diésel aproximadamente 18%.
El problema ya ha trascendido las fronteras rusas.
Donald Trump ha pedido públicamente a Volodímir Zelensky que deje de atacar las instalaciones rusas que producen diésel. “Zelensky tiene que hacer una cosa”, declaró Trump el 13 de septiembre. “Tiene que dejar de destruir el combustible diésel en Rusia”.
Trump argumenta que la reducción de los suministros rusos está contribuyendo a elevar los precios internacionales.
Zelensky ha respondido planteando una reciprocidad: Ucrania está dispuesta a dejar de atacar las instalaciones energéticas rusas si Rusia deja de atacar la infraestructura energética y crítica de Ucrania.
Durante años Rusia ha lanzado misiles y drones contra ciudades ucranianas, causando numerosas víctimas civiles y destruyendo viviendas, hospitales y otras instalaciones. También ha atacado sistemáticamente la infraestructura energética, dejando a millones de personas expuestas a cortes de electricidad, calefacción y agua.
Ahora Ucrania golpea una vulnerabilidad rusa diferente: las refinerías que abastecen de combustible a su economía y contribuyen a sostener su esfuerzo militar.
Rusia continúa siendo uno de los mayores productores de petróleo del mundo. Pero disponer de petróleo crudo no garantiza disponer de los combustibles necesarios.
Necesita gasolina. Necesita diésel. Necesita combustible de aviación.
Y está produciendo cada vez menos.
Cómo un país mucho más pequeño ha conseguido alcanzar repetidamente instalaciones situadas a cientos y hasta miles de kilómetros de sus fronteras es la pregunta que queda pendiente.
Esa es otra historia.
RUSSIA HAS OIL, BUT IT IS RUNNING SHORT OF FUEL
“Russia, unfortunately, has lost control of its diesel industry.”
Donald Trump, September 21, 2026
By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Just a few days ago I published “Putin Cannot Win the Ground War in Ukraine.” There I discussed how, after more than four years of war, Russia continues to pay an extraordinary human cost for very small territorial gains.
But while that war continues in the trenches, another battle is producing consequences that are becoming increasingly difficult to hide.
Ukraine is systematically striking the refineries that turn Russian oil into gasoline, diesel and aviation fuel. How it has managed to attack facilities located hundreds and even thousands of kilometers away is another story.
Today's story is what is happening to Russian fuel.
Russia has 32 major refineries and approximately 6.5 million barrels per day of refining capacity. Yet in June they processed only 3.8 million barrels per day, the lowest level in more than twenty years and about 30% less than a year earlier.
Gasoline production has fallen approximately 20% compared with 2025. Diesel production, nearly 30%.
Oil coming out of a well cannot be used directly in a truck, tractor, automobile or military vehicle. It first has to pass through a refinery.
Russia is not running out of oil. It is having growing difficulty turning it into the fuels it needs.
History shows how important this can become during a war.
In 1944 the Allies concentrated their bombing on Germany's refineries and synthetic-fuel plants. German aviation-fuel production collapsed. Germany still had tanks and aircraft, but it found it increasingly difficult to provide them with fuel.
During the Battle of the Bulge in December 1944, the shortage was so severe that German plans depended in part on capturing American fuel depots to keep their tanks moving.
Germany did not lose the war solely because of a lack of fuel. But one lesson remained: a military power can have soldiers, tanks and aircraft; without enough fuel, its ability to use them declines.
Eighty-two years later, Ukraine has understood the same vulnerability.
During the first eight months of 2026, a Russian refinery was hit, on average, once every three days. By the end of August, only five of Russia's 32 major refineries had not been hit.
The consequences are beginning to be felt.
Russia, which exported approximately half of the diesel and gas oil it produced, has restricted exports of gasoline, aviation fuel and diesel in order to protect domestic supplies.
It has also begun importing gasoline from countries such as Belarus and Kazakhstan.
The paradox is extraordinary: one of the world's largest oil producers is importing gasoline.
By the end of August, the average price of gasoline had risen more than 19% since the beginning of the year and diesel by approximately 18%.
The problem has already moved beyond Russia's borders.
Donald Trump has publicly asked Volodymyr Zelensky to stop attacking Russian facilities that produce diesel. “Zelensky has to do one thing,” Trump said on September 13. “He has to stop destroying the diesel fuel in Russia.”
Trump argues that the reduction in Russian supplies is helping drive international prices higher.
Zelensky has responded by proposing reciprocity: Ukraine is willing to stop attacking Russian energy facilities if Russia stops attacking Ukraine's energy and critical infrastructure.
For years Russia has launched missiles and drones against Ukrainian cities, causing numerous civilian casualties and destroying homes, hospitals and other facilities. It has also systematically attacked energy infrastructure, leaving millions of people exposed to cuts in electricity, heating and water.
Ukraine is now striking a different Russian vulnerability: the refineries that supply fuel to its economy and help sustain its war effort.
Russia remains one of the world's largest oil producers. But having crude oil does not guarantee having the fuels that are needed.
It needs gasoline. It needs diesel. It needs aviation fuel.
And it is producing less and less of them.
How a much smaller country has managed to repeatedly strike facilities located hundreds and even thousands of kilometers from its borders is the question that remains.
That is another story.
LA RUSSIE A DU PÉTROLE, MAIS ELLE MANQUE DE CARBURANT
« La Russie, malheureusement, a perdu le contrôle de son industrie du diesel. »
Donald Trump, 21 septembre 2026
Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Il y a quelques jours à peine, j'ai publié « Poutine ne peut pas gagner la guerre terrestre en Ukraine ». J'y expliquais comment, après plus de quatre années de guerre, la Russie continue de payer un coût humain extraordinaire pour obtenir de très faibles gains territoriaux.
Mais tandis que cette guerre se poursuit dans les tranchées, une autre bataille produit des conséquences de plus en plus difficiles à dissimuler.
L'Ukraine frappe systématiquement les raffineries qui transforment le pétrole russe en essence, diesel et carburant d'aviation. La manière dont elle a réussi à attaquer des installations situées à des centaines, voire des milliers de kilomètres, est une autre histoire.
L'histoire d'aujourd'hui est celle de ce qui arrive au carburant russe.
La Russie possède 32 grandes raffineries et une capacité de raffinage d'environ 6,5 millions de barils par jour. Pourtant, en juin, elles n'ont traité que 3,8 millions de barils par jour, le niveau le plus bas depuis plus de vingt ans et environ 30 % de moins qu'un an auparavant.
La production d'essence a chuté d'environ 20 % par rapport à 2025. Celle de diesel, de près de 30 %.
Le pétrole qui sort d'un puits ne peut pas être utilisé directement dans un camion, un tracteur, une automobile ou un véhicule militaire. Il doit d'abord passer par une raffinerie.
La Russie ne manque pas de pétrole. Elle éprouve des difficultés croissantes à le transformer en carburants dont elle a besoin.
L'histoire montre l'importance que cela peut avoir pendant une guerre.
En 1944, les Alliés concentrèrent leurs bombardements sur les raffineries et les usines allemandes de carburant synthétique. La production allemande de carburant d'aviation s'effondra. L'Allemagne disposait encore de chars et d'avions, mais elle avait de plus en plus de mal à leur fournir du carburant.
Pendant l'offensive des Ardennes, en décembre 1944, la pénurie était si grave que les plans allemands dépendaient en partie de la capture de dépôts américains pour permettre à leurs chars de continuer à avancer.
L'Allemagne n'a pas perdu la guerre uniquement par manque de carburant. Mais une leçon demeure : une puissance militaire peut disposer de soldats, de chars et d'avions ; sans suffisamment de carburant, sa capacité à les utiliser diminue.
Quatre-vingt-deux ans plus tard, l'Ukraine a compris la même vulnérabilité.
Au cours des huit premiers mois de 2026, une raffinerie russe a été touchée, en moyenne, une fois tous les trois jours. À la fin du mois d'août, seules cinq des 32 grandes raffineries russes n'avaient pas été touchées.
Les conséquences commencent à se faire sentir.
La Russie, qui exportait environ la moitié du diesel et du gazole qu'elle produisait, a restreint les exportations d'essence, de carburant d'aviation et de diesel afin de protéger l'approvisionnement intérieur.
Elle a également commencé à importer de l'essence depuis des pays comme la Biélorussie et le Kazakhstan.
Le paradoxe est extraordinaire : l'un des plus grands producteurs de pétrole au monde importe de l'essence.
À la fin du mois d'août, le prix moyen de l'essence avait augmenté de plus de 19 % depuis le début de l'année et celui du diesel d'environ 18 %.
Le problème a déjà dépassé les frontières russes.
Donald Trump a publiquement demandé à Volodymyr Zelensky de cesser d'attaquer les installations russes qui produisent du diesel. « Zelensky doit faire une chose », a déclaré Trump le 13 septembre. « Il doit arrêter de détruire le diesel en Russie. »
Trump affirme que la diminution des approvisionnements russes contribue à faire monter les prix internationaux.
Zelensky a répondu en proposant la réciprocité : l'Ukraine est disposée à cesser d'attaquer les installations énergétiques russes si la Russie cesse d'attaquer les infrastructures énergétiques et critiques de l'Ukraine.
Pendant des années, la Russie a lancé des missiles et des drones contre des villes ukrainiennes, faisant de nombreuses victimes civiles et détruisant des habitations, des hôpitaux et d'autres installations. Elle a également attaqué systématiquement les infrastructures énergétiques, exposant des millions de personnes à des coupures d'électricité, de chauffage et d'eau.
L'Ukraine frappe maintenant une autre vulnérabilité russe : les raffineries qui fournissent le carburant à son économie et contribuent à soutenir son effort de guerre.
La Russie reste l'un des plus grands producteurs de pétrole au monde. Mais disposer de pétrole brut ne garantit pas de disposer des carburants nécessaires.
Elle a besoin d'essence. Elle a besoin de diesel. Elle a besoin de carburant d'aviation.
Et elle en produit de moins en moins.
Comment un pays beaucoup plus petit a-t-il réussi à frapper à plusieurs reprises des installations situées à des centaines, voire des milliers de kilomètres de ses frontières ? C'est la question qui reste en suspens.
C'est une autre histoire.
LA RUSSIA HA PETROLIO, MA LE MANCA IL CARBURANTE
“La Russia, purtroppo, ha perso il controllo della sua industria del diesel.”
Donald Trump, 21 settembre 2026
Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
Solo pochi giorni fa ho pubblicato “Putin non può vincere la guerra terrestre in Ucraina”. In quell'articolo spiegavo come, dopo più di quattro anni di guerra, la Russia continui a pagare un costo umano straordinario per ottenere progressi territoriali molto limitati.
Ma mentre quella guerra continua nelle trincee, un'altra battaglia sta producendo conseguenze sempre più difficili da nascondere.
L'Ucraina sta colpendo sistematicamente le raffinerie che trasformano il petrolio russo in benzina, diesel e carburante per l'aviazione. Come sia riuscita ad attaccare impianti situati a centinaia e perfino migliaia di chilometri di distanza è un'altra storia.
La storia di oggi è ciò che sta accadendo al carburante russo.
La Russia dispone di 32 grandi raffinerie e di una capacità di raffinazione di circa 6,5 milioni di barili al giorno. Tuttavia, a giugno ne hanno lavorati soltanto 3,8 milioni al giorno, il livello più basso da oltre vent'anni e circa il 30% in meno rispetto a un anno prima.
La produzione di benzina è diminuita di circa il 20% rispetto al 2025. Quella di diesel, di quasi il 30%.
Il petrolio che esce da un pozzo non può essere utilizzato direttamente in un camion, un trattore, un'automobile o un veicolo militare. Prima deve passare attraverso una raffineria.
La Russia non sta esaurendo il petrolio. Sta incontrando crescenti difficoltà nel trasformarlo nei carburanti di cui ha bisogno.
La storia dimostra quanto questo possa essere importante durante una guerra.
Nel 1944 gli Alleati concentrarono i bombardamenti sulle raffinerie e sugli impianti tedeschi di carburante sintetico. La produzione tedesca di carburante per l'aviazione crollò. La Germania disponeva ancora di carri armati e aerei, ma incontrava sempre maggiori difficoltà a rifornirli di carburante.
Durante l'offensiva delle Ardenne, nel dicembre 1944, la scarsità era così grave che i piani tedeschi dipendevano in parte dalla conquista di depositi americani per mantenere in movimento i loro carri armati.
La Germania non perse la guerra soltanto per mancanza di carburante. Ma rimase una lezione: una potenza militare può avere soldati, carri armati e aerei; senza carburante sufficiente, la sua capacità di utilizzarli diminuisce.
Ottantadue anni dopo, l'Ucraina ha compreso la stessa vulnerabilità.
Durante i primi otto mesi del 2026, una raffineria russa è stata colpita, in media, una volta ogni tre giorni. Alla fine di agosto, soltanto cinque delle 32 grandi raffinerie russe non erano state colpite.
Le conseguenze cominciano a farsi sentire.
La Russia, che esportava circa la metà del diesel e del gasolio che produceva, ha limitato le esportazioni di benzina, carburante per l'aviazione e diesel per proteggere le forniture interne.
Ha anche cominciato a importare benzina da paesi come Bielorussia e Kazakistan.
Il paradosso è straordinario: uno dei maggiori produttori di petrolio al mondo sta importando benzina.
Alla fine di agosto, il prezzo medio della benzina era aumentato di oltre il 19% dall'inizio dell'anno e quello del diesel di circa il 18%.
Il problema ha ormai superato i confini russi.
Donald Trump ha chiesto pubblicamente a Volodymyr Zelensky di smettere di attaccare gli impianti russi che producono diesel. “Zelensky deve fare una cosa”, ha dichiarato Trump il 13 settembre. “Deve smettere di distruggere il carburante diesel in Russia”.
Trump sostiene che la riduzione delle forniture russe contribuisce all'aumento dei prezzi internazionali.
Zelensky ha risposto proponendo reciprocità: l'Ucraina è disposta a smettere di attaccare gli impianti energetici russi se la Russia smette di attaccare le infrastrutture energetiche e critiche dell'Ucraina.
Per anni la Russia ha lanciato missili e droni contro città ucraine, causando numerose vittime civili e distruggendo abitazioni, ospedali e altre strutture. Ha inoltre attaccato sistematicamente le infrastrutture energetiche, lasciando milioni di persone esposte a interruzioni di elettricità, riscaldamento e acqua.
Ora l'Ucraina colpisce una diversa vulnerabilità russa: le raffinerie che forniscono carburante alla sua economia e contribuiscono a sostenere il suo sforzo bellico.
La Russia continua a essere uno dei maggiori produttori di petrolio al mondo. Ma disporre di petrolio greggio non garantisce di disporre dei carburanti necessari.
Ha bisogno di benzina. Ha bisogno di diesel. Ha bisogno di carburante per l'aviazione.
E ne sta producendo sempre meno.
Come abbia fatto un paese molto più piccolo a colpire ripetutamente impianti situati a centinaia e perfino migliaia di chilometri dai propri confini è la domanda che rimane aperta.
Questa è un'altra storia.


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