lunes, 28 de septiembre de 2026

WASHINGTON QUIERE NEGOCIAR UNA SALIDA ¿Y NOSOTROS QUÉ?

 


WASHINGTON QUIERE NEGOCIAR UNA SALIDA ¿Y NOSOTROS QUÉ?

Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Para la inmensa mayoría del pueblo cubano, dentro y fuera de la Isla, que ha estado esperando que una intervención militar estadounidense ponga fin al régimen castrista, las recientes declaraciones de Donald Trump y Marco Rubio deben haber sido profundamente decepcionantes. Ambos han dejado claro que Washington prefiere una solución negociada. No es una especulación: es la estrategia que están describiendo públicamente. Lo que permanece en secreto es con quién están negociando, qué se está negociando y quiénes quedarían fuera de cualquier acuerdo.

Donald Trump acaba de decir que cree que Estados Unidos y Cuba “llegarán a un acuerdo” y que no piensa que sea necesario utilizar a los militares. Marco Rubio, a quien Trump ha encargado el asunto cubano, ha sido todavía más explícito: la preferencia de Estados Unidos es avanzar de manera “negociada” y “política”, sin recurrir a la fuerza militar. Rubio también ha dejado claro que no todos los dirigentes del régimen recibirían el mismo trato: hay algunos con quienes Washington nunca trabajaría, pero hay otros con quienes sí estaría dispuesto a hacerlo si contribuyen a conducir al país hacia la libertad política y económica.

Venezuela ofrece un precedente demasiado reciente para ignorarlo. Antes de la captura de Nicolás Maduro, Washington ya mantenía contactos con figuras fundamentales del chavismo. Delcy Rodríguez y su hermano Jorge habían conversado con representantes estadounidenses sobre un escenario en el que Maduro dejara el poder. También sabemos que funcionarios de Estados Unidos mantuvieron durante meses conversaciones con Diosdado Cabello, quien controlaba una parte esencial del aparato represivo. Vladimir Padrino López, al frente de las Fuerzas Armadas, permaneció igualmente en su posición. Maduro, en cambio, quedó fuera del entendimiento y terminó capturado por fuerzas estadounidenses.

El resultado es preocupante. La captura de Maduro no provocó el derrumbe del chavismo. Delcy Rodríguez asumió el poder mientras buena parte de la estructura política, militar y represiva permaneció en su sitio. Washington ejerce hoy una enorme influencia sobre Venezuela, mientras los mismos que ayer saquearon y destruyeron la economía venezolana y reprimieron al pueblo continúan al mando.

Cuánto tiempo durará esta situación es desconocido. Lo que sí es público es el descontento del pueblo y de la oposición venezolana por la demora en la celebración de elecciones. El reclamo de los venezolanos por elecciones democráticas es intenso y cuenta con respaldo internacional. Esa presión puede obligar a Washington a acelerar el proceso electoral para que sea un gobierno legítimamente elegido por los venezolanos el que negocie con Estados Unidos los intereses comunes de ambos países.

¿Y NOSOTROS QUÉ?

Para los cubanos, todo esto es una advertencia. No podemos dejar en manos del gobierno de Trump el futuro de Cuba. Sin negar las intenciones de Donald Trump y Marco Rubio de ayudar a materializar un cambio en Cuba, ambos están sujetos a las contingencias de la política estadounidense y a las prioridades de su país. A Trump le quedan poco más de 24 meses en la presidencia.

En Estados Unidos existe una democracia y el pueblo norteamericano manda. Los estadounidenses no quieren ver a sus soldados muertos o heridos en otros países, a menos que consideren que está en juego algo vital para la seguridad de su nación. No quieren soldados estadounidenses en Irán, a pesar de la hostilidad declarada del régimen iraní hacia Estados Unidos. Cuba no es vital para el pueblo estadounidense.

El régimen castrista está en su mayor crisis de supervivencia desde que llegó al poder. Estados Unidos está sometiendo al castrismo a una presión de tal magnitud que la dictadura se debilita cada vez más. Los cubanos, dentro y fuera de Cuba, tenemos que asumir la responsabilidad por nuestro destino y poner en práctica la estrategia para derrocar al régimen. Mientras sigamos esperando por los “marines”, estamos delegando nuestra responsabilidad y nuestra autoridad. Martí lo advirtió hace casi siglo y medio: “La libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.

No estoy apelando a la clásica excusa de que los cubanos en la Isla tienen que tirarse desarmados a la calle. Es el pueblo, el de adentro y el de afuera, nosotros, quienes tenemos que desterrar el fatalismo y el lamento, unirnos en un propósito y perseverar hasta lograrlo.

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WASHINGTON WANTS TO NEGOTIATE A WAY OUT. WHAT ABOUT US?

By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

For the overwhelming majority of the Cuban people, both on and off the Island, who have been waiting for a U.S. military intervention to bring an end to the Castro regime, the recent statements by Donald Trump and Marco Rubio must have been deeply disappointing. Both have made it clear that Washington prefers a negotiated solution. This is not speculation: it is the strategy they are publicly describing. What remains secret is whom they are negotiating with, what is being negotiated, and who would be left out of any agreement.

Donald Trump has just said that he believes the United States and Cuba “will make a deal” and that he does not think it will be necessary to use the military. Marco Rubio, whom Trump has placed in charge of the Cuba issue, has been even more explicit: the United States prefers to proceed in a “negotiated” and “political” manner, without resorting to military force. Rubio has also made clear that not all leaders of the regime would receive the same treatment: there are some with whom Washington would never work, but there are others with whom it would be willing to work if they help lead the country toward political and economic freedom.

Venezuela offers a precedent too recent to ignore. Before Nicolás Maduro was captured, Washington was already in contact with key figures of Chavismo. Delcy Rodríguez and her brother Jorge had spoken with U.S. representatives about a scenario in which Maduro would leave power. We also know that U.S. officials held talks for months with Diosdado Cabello, who controlled an essential part of the repressive apparatus. Vladimir Padrino López, at the head of the Armed Forces, also remained in his position. Maduro, by contrast, was left outside the understanding and ended up being captured by U.S. forces.

The result is troubling. Maduro's capture did not bring about the collapse of Chavismo. Delcy Rodríguez assumed power while much of the political, military and repressive structure remained in place. Washington today exercises enormous influence over Venezuela, while the same people who yesterday looted and destroyed the Venezuelan economy and repressed the people remain in command.

How long this situation will last is unknown. What is public is the dissatisfaction of the Venezuelan people and the opposition over the delay in holding elections. Venezuelans' demand for democratic elections is intense and has international support. That pressure could force Washington to accelerate the electoral process so that a government legitimately elected by Venezuelans can negotiate with the United States the interests shared by both countries.

WHAT ABOUT US?

For Cubans, all of this is a warning. We cannot leave Cuba's future in the hands of the Trump administration. Without denying Donald Trump and Marco Rubio's intentions to help bring about change in Cuba, both are subject to the contingencies of U.S. politics and to the priorities of their country. Trump has a little more than 24 months left in the presidency.

The United States is a democracy and the American people have the final say. Americans do not want to see their soldiers killed or wounded in other countries unless they believe something vital to their nation's security is at stake. They do not want American soldiers in Iran, despite the Iranian regime's declared hostility toward the United States. Cuba is not vital to the American people.

The Castro regime is facing its greatest survival crisis since it came to power. The United States is subjecting Castroism to pressure of such magnitude that the dictatorship grows weaker by the day. Cubans, both inside and outside Cuba, must assume responsibility for our destiny and put into practice the strategy to overthrow the regime. As long as we continue waiting for the “Marines,” we are delegating our responsibility and our authority. Martí warned us almost a century and a half ago: “Freedom is very costly, and it is necessary either to resign oneself to living without it, or to decide to buy it at its price.”

I am not appealing to the classic excuse that Cubans on the Island must take to the streets unarmed. It is the people, those inside and those outside, all of us, who must cast aside fatalism and lament, unite around a purpose and persevere until we achieve it.

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WASHINGTON VEUT NÉGOCIER UNE ISSUE. ET NOUS, QUE FAISONS-NOUS ?

Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Pour l'immense majorité du peuple cubain, à l'intérieur comme à l'extérieur de l'île, qui attendait qu'une intervention militaire américaine mette fin au régime castriste, les récentes déclarations de Donald Trump et de Marco Rubio ont dû être profondément décevantes. Tous deux ont clairement indiqué que Washington préfère une solution négociée. Ce n'est pas une spéculation : c'est la stratégie qu'ils décrivent publiquement. Ce qui reste secret, c'est avec qui ils négocient, ce qui est négocié et qui serait exclu de tout accord.

Donald Trump vient de déclarer qu'il pense que les États-Unis et Cuba « parviendront à un accord » et qu'il ne croit pas nécessaire de recourir aux militaires. Marco Rubio, à qui Trump a confié le dossier cubain, a été encore plus explicite : la préférence des États-Unis est d'avancer de manière « négociée » et « politique », sans recourir à la force militaire. Rubio a également clairement indiqué que tous les dirigeants du régime ne recevraient pas le même traitement : il y en a certains avec lesquels Washington ne travaillerait jamais, mais il y en a d'autres avec lesquels il serait disposé à travailler s'ils contribuent à conduire le pays vers la liberté politique et économique.

Le Venezuela offre un précédent trop récent pour être ignoré. Avant la capture de Nicolás Maduro, Washington entretenait déjà des contacts avec des figures fondamentales du chavisme. Delcy Rodríguez et son frère Jorge avaient discuté avec des représentants américains d'un scénario dans lequel Maduro quitterait le pouvoir. Nous savons également que des responsables américains ont entretenu pendant des mois des conversations avec Diosdado Cabello, qui contrôlait une partie essentielle de l'appareil répressif. Vladimir Padrino López, à la tête des Forces armées, est lui aussi resté à son poste. Maduro, en revanche, est resté en dehors de l'entente et a finalement été capturé par les forces américaines.

Le résultat est préoccupant. La capture de Maduro n'a pas provoqué l'effondrement du chavisme. Delcy Rodríguez a assumé le pouvoir tandis qu'une grande partie de la structure politique, militaire et répressive est restée en place. Washington exerce aujourd'hui une énorme influence sur le Venezuela, tandis que ceux-là mêmes qui hier ont pillé et détruit l'économie vénézuélienne et réprimé le peuple restent aux commandes.

On ignore combien de temps cette situation durera. Ce qui est public, en revanche, c'est le mécontentement du peuple et de l'opposition vénézuélienne face au retard dans la tenue d'élections. La revendication des Vénézuéliens en faveur d'élections démocratiques est intense et bénéficie d'un soutien international. Cette pression pourrait obliger Washington à accélérer le processus électoral afin qu'un gouvernement légitimement élu par les Vénézuéliens négocie avec les États-Unis les intérêts communs aux deux pays.

ET NOUS, QUE FAISONS-NOUS ?

Pour les Cubains, tout cela est un avertissement. Nous ne pouvons pas laisser l'avenir de Cuba entre les mains du gouvernement de Trump. Sans nier les intentions de Donald Trump et de Marco Rubio d'aider à concrétiser un changement à Cuba, tous deux sont soumis aux aléas de la politique américaine et aux priorités de leur pays. Il reste à Trump un peu plus de 24 mois à la présidence.

Les États-Unis sont une démocratie et le peuple américain décide. Les Américains ne veulent pas voir leurs soldats morts ou blessés dans d'autres pays, sauf s'ils considèrent qu'un intérêt vital pour la sécurité de leur nation est en jeu. Ils ne veulent pas de soldats américains en Iran, malgré l'hostilité déclarée du régime iranien envers les États-Unis. Cuba n'est pas vital pour le peuple américain.

Le régime castriste traverse sa plus grave crise de survie depuis son arrivée au pouvoir. Les États-Unis soumettent le castrisme à une pression d'une telle ampleur que la dictature s'affaiblit de plus en plus. Les Cubains, à l'intérieur comme à l'extérieur de Cuba, devons assumer la responsabilité de notre destin et mettre en pratique la stratégie permettant de renverser le régime. Tant que nous continuerons à attendre les « Marines », nous déléguerons notre responsabilité et notre autorité. Martí nous a avertis il y a près d'un siècle et demi : « La liberté coûte très cher, et il faut soit se résigner à vivre sans elle, soit se décider à la payer à son prix. »

Je ne fais pas appel à l'excuse classique selon laquelle les Cubains de l'île doivent descendre désarmés dans la rue. C'est le peuple, celui de l'intérieur et celui de l'extérieur, nous tous, qui devons chasser le fatalisme et les lamentations, nous unir autour d'un objectif et persévérer jusqu'à l'atteindre.

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WASHINGTON VUOLE NEGOZIARE UNA VIA D'USCITA. E NOI?

Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica

Per l'immensa maggioranza del popolo cubano, dentro e fuori dall'Isola, che ha atteso che un intervento militare statunitense ponesse fine al regime castrista, le recenti dichiarazioni di Donald Trump e Marco Rubio devono essere state profondamente deludenti. Entrambi hanno chiarito che Washington preferisce una soluzione negoziata. Non è una speculazione: è la strategia che stanno descrivendo pubblicamente. Ciò che rimane segreto è con chi stanno negoziando, che cosa si sta negoziando e chi resterebbe fuori da qualsiasi accordo.

Donald Trump ha appena detto di credere che gli Stati Uniti e Cuba «raggiungeranno un accordo» e che non pensa sarà necessario usare i militari. Marco Rubio, al quale Trump ha affidato la questione cubana, è stato ancora più esplicito: la preferenza degli Stati Uniti è procedere in modo «negoziato» e «politico», senza ricorrere alla forza militare. Rubio ha inoltre chiarito che non tutti i dirigenti del regime riceverebbero lo stesso trattamento: ce ne sono alcuni con i quali Washington non lavorerebbe mai, ma ce ne sono altri con i quali sarebbe disposto a lavorare se contribuiranno a condurre il paese verso la libertà politica ed economica.

Il Venezuela offre un precedente troppo recente per essere ignorato. Prima della cattura di Nicolás Maduro, Washington era già in contatto con figure fondamentali del chavismo. Delcy Rodríguez e suo fratello Jorge avevano parlato con rappresentanti statunitensi di uno scenario in cui Maduro avrebbe lasciato il potere. Sappiamo inoltre che funzionari degli Stati Uniti hanno intrattenuto per mesi conversazioni con Diosdado Cabello, che controllava una parte essenziale dell'apparato repressivo. Vladimir Padrino López, a capo delle Forze Armate, rimase anch'egli al suo posto. Maduro, invece, rimase fuori dall'intesa e finì per essere catturato dalle forze statunitensi.

Il risultato è preoccupante. La cattura di Maduro non ha provocato il crollo del chavismo. Delcy Rodríguez ha assunto il potere mentre buona parte della struttura politica, militare e repressiva è rimasta al suo posto. Washington esercita oggi un'enorme influenza sul Venezuela, mentre gli stessi che ieri hanno saccheggiato e distrutto l'economia venezuelana e represso il popolo continuano a comandare.

Non si sa quanto durerà questa situazione. Ciò che è pubblico è il malcontento del popolo e dell'opposizione venezuelana per il ritardo nello svolgimento delle elezioni. La richiesta dei venezuelani di elezioni democratiche è intensa e gode di sostegno internazionale. Questa pressione potrebbe costringere Washington ad accelerare il processo elettorale affinché sia un governo legittimamente eletto dai venezuelani a negoziare con gli Stati Uniti gli interessi comuni a entrambi i paesi.

E NOI?

Per i cubani, tutto questo è un avvertimento. Non possiamo lasciare il futuro di Cuba nelle mani del governo Trump. Senza negare le intenzioni di Donald Trump e Marco Rubio di contribuire a realizzare un cambiamento a Cuba, entrambi sono soggetti alle contingenze della politica statunitense e alle priorità del loro paese. A Trump restano poco più di 24 mesi alla presidenza.

Negli Stati Uniti esiste una democrazia e il popolo americano decide. Gli americani non vogliono vedere i propri soldati morti o feriti in altri paesi, a meno che non ritengano che sia in gioco qualcosa di vitale per la sicurezza della loro nazione. Non vogliono soldati americani in Iran, nonostante l'ostilità dichiarata del regime iraniano verso gli Stati Uniti. Cuba non è vitale per il popolo americano.

Il regime castrista attraversa la più grave crisi di sopravvivenza da quando è arrivato al potere. Gli Stati Uniti stanno sottoponendo il castrismo a una pressione di tale portata che la dittatura si indebolisce sempre di più. I cubani, dentro e fuori Cuba, dobbiamo assumerci la responsabilità del nostro destino e mettere in pratica la strategia per rovesciare il regime. Finché continueremo ad aspettare i «Marines», stiamo delegando la nostra responsabilità e la nostra autorità. Martí lo ammonì quasi un secolo e mezzo fa: «La libertà costa molto cara, ed è necessario o rassegnarsi a vivere senza di essa, oppure decidersi a pagarne il prezzo.»

Non sto facendo appello alla classica scusa secondo cui i cubani sull'Isola devono scendere disarmati in strada. È il popolo, quello dentro e quello fuori, noi, che dobbiamo liberarci del fatalismo e del lamento, unirci attorno a uno scopo e perseverare fino a raggiungerlo.

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