GEORGINA CID CRESPO: LA MUJER QUE PREFIRIÓ PERDER A SU HERMANO ANTES QUE TRAICIONAR A SUS COMPAÑEROS
GEORGINA CID CRESPO: LA MUJER QUE PREFIRIÓ PERDER A SU HERMANO ANTES QUE TRAICIONAR A SUS COMPAÑEROS
Por Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
26 de octubre de 2026
El fallecimiento de Georgina Cid Crespo, conocida cariñosamente como “Yoyi”, nos recuerda una de las historias más conmovedoras del presidio político cubano. Una mujer que sufrió casi 17 años de encarcelamiento y perdió a varios familiares en la lucha contra las dictaduras de Fulgencio Batista y Fidel Castro.
José Bello, en una nota publicada con motivo de su fallecimiento, informa que Georgina murió en el Saint Anne’s Nursing Center, donde llevaba tiempo recibiendo atención. Había sido condenada en 1961 a veinte años de prisión, en la causa 123, por un tribunal de La Habana. Permaneció encarcelada durante 16 años, nueve meses y cuatro días.
La familia Cid sufrió pérdidas bajo dos dictaduras. Según Bello, su hermano Eladio “Lalo” fue asesinado durante los sucesos de la embajada de Haití, bajo el gobierno de Batista. Su padre, Eladio Cid Vergara, murió en los calabozos de la Seguridad del Estado castrista. Otro hermano, Francisco, fue fusilado en Santiago de Cuba el 12 de diciembre de 1969, después de desembarcar con un comando que pretendía establecer un frente guerrillero en Oriente.
Pero detrás de aquella última tragedia existe una historia extraordinaria, reconstruida por la periodista Myriam Márquez en su reportaje “Heroínas olvidadas del presidio político”, publicado por The Miami Herald en diciembre de 2008.
El 7 de diciembre de 1969, Georgina estaba encarcelada en América Libre, una granja de trabajos forzados situada en las afueras de La Habana. Dos interrogadores le plantearon una terrible alternativa: denunciar las actividades clandestinas de sus compañeros o permitir que su hermano Francisco fuera ejecutado.
Georgina explicó a Márquez, casi cuatro décadas después, que estaba dispuesta a entregar su propia vida para salvar la de Francisco, a quien consideraba mejor y más útil que ella. Pero no podía poner en peligro la seguridad de otras personas, ni siquiera para salvar a alguien tan querido.
Aquella decisión revela la dimensión moral de su resistencia. No se trataba solamente de soportar interrogatorios, privaciones y años de prisión. Se enfrentaba a una elección que podía perseguirla durante el resto de su existencia: salvar a su hermano a costa de entregar a sus compañeros o permanecer fiel a sus principios.
Francisco fue fusilado cinco días después. Márquez describe el último encuentro entre ambos: un hombre golpeado, demacrado y reducido físicamente por el cautiverio, que pudo abrazar por última vez a su hermana. Dejó una esposa encarcelada, Ofelia Rodríguez, y un hijo pequeño.
El reportaje también rescata la historia de miles de cubanas que padecieron prisión por enfrentarse al régimen castrista. Muchas habían respaldado inicialmente la revolución, pero terminaron oponiéndose a ella cuando las promesas democráticas fueron sustituidas por la represión política.
Georgina compartió con aquellas mujeres años de sufrimiento, solidaridad y resistencia. Algunas fueron conocidas como las plantadas porque rechazaron los programas de reeducación política impuestos por sus carceleros.
Después de recuperar su libertad, Georgina reconstruyó su vida en Miami junto a Orlando Castro García, también antiguo preso político, fallecido el 23 de octubre de 2025, según informa José Bello.
En el reportaje de Márquez, Georgina recordaba con especial gratitud haber conocido durante su encarcelamiento a mujeres de extraordinarios valores morales y espirituales, unidas por el sufrimiento y la solidaridad.
Su muerte nos deja una responsabilidad: preservar la memoria de quienes sacrificaron su libertad, sus familias y, en numerosos casos, sus vidas por sus convicciones.
Georgina Cid Crespo representa a una generación de cubanas cuya historia merece ser conocida por las nuevas generaciones.
Descanse en paz.
Fuentes: José Bello, nota sobre el fallecimiento de Georgina Cid Crespo, 26 de octubre de 2026. Myriam Márquez, “Heroínas olvidadas del presidio político”, The Miami Herald, diciembre de 2008.
GEORGINA CID CRESPO: THE WOMAN WHO CHOSE TO LOSE HER BROTHER RATHER THAN BETRAY HER FELLOW PRISONERS
By Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
October 26, 2026
The death of Georgina Cid Crespo, affectionately known as “Yoyi,” recalls one of the most moving stories of Cuba's political prisoners. She endured almost 17 years of imprisonment and lost several family members in the struggle against the dictatorships of Fulgencio Batista and Fidel Castro.
In a tribute published following her death, José Bello reports that Georgina died at Saint Anne’s Nursing Center, where she had been receiving care for some time. In 1961, a Havana court sentenced her to twenty years in prison in case number 123. She remained imprisoned for 16 years, nine months, and four days.
The Cid family suffered losses under two dictatorships. According to Bello, her brother Eladio “Lalo” was killed during the events surrounding the Haitian embassy under Batista's government. Her father, Eladio Cid Vergara, died in the cells of Castro's State Security. Another brother, Francisco, was executed in Santiago de Cuba on December 12, 1969, after landing with a commando group that intended to establish a guerrilla front in eastern Cuba.
But behind that last tragedy lies an extraordinary story, reconstructed by journalist Myriam Márquez in her report “Forgotten Heroines of Political Imprisonment,” published by The Miami Herald in December 2008.
On December 7, 1969, Georgina was imprisoned at América Libre, a forced-labor farm outside Havana. Two interrogators presented her with a terrible choice: reveal the clandestine activities of her fellow prisoners or allow her brother Francisco to be executed.
Nearly four decades later, Georgina explained to Márquez that she would have willingly given her own life to save Francisco, whom she considered a better and more useful person than herself. But she could not endanger the safety of others, not even to save someone she loved so dearly.
That decision reveals the moral dimension of her resistance. It was not simply a matter of enduring interrogations, deprivation, and years in prison. She faced a choice that could haunt her for the rest of her life: save her brother by betraying her companions or remain faithful to her principles.
Francisco was executed five days later. Márquez describes their final meeting: a beaten, emaciated man, physically weakened by captivity, who was able to embrace his sister one last time. He left behind an imprisoned wife, Ofelia Rodríguez, and a young son.
The report also recovers the history of thousands of Cuban women imprisoned for opposing the Castro regime. Many had initially supported the revolution but eventually turned against it when democratic promises gave way to political repression.
Georgina shared years of suffering, solidarity, and resistance with those women. Some became known as the plantadas because they refused the political reeducation programs imposed by their jailers.
After regaining her freedom, Georgina rebuilt her life in Miami alongside Orlando Castro García, also a former political prisoner, who died on October 23, 2025, according to José Bello.
In Márquez's report, Georgina recalled with particular gratitude the extraordinary moral and spiritual qualities of the women she met during her imprisonment, united by suffering and solidarity.
Her death leaves us with a responsibility: to preserve the memory of those who sacrificed their freedom, their families, and, in many cases, their lives for their convictions.
Georgina Cid Crespo represents a generation of Cuban women whose history deserves to be known by future generations.
May she rest in peace.
Sources: José Bello, tribute following the death of Georgina Cid Crespo, October 26, 2026. Myriam Márquez, “Heroínas olvidadas del presidio político,” The Miami Herald, December 2008.
GEORGINA CID CRESPO : LA FEMME QUI PRÉFÉRA PERDRE SON FRÈRE PLUTÔT QUE DE TRAHIR SES COMPAGNONS
Par Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
26 octobre 2026
La mort de Georgina Cid Crespo, affectueusement surnommée « Yoyi », nous rappelle l'une des histoires les plus bouleversantes des prisonniers politiques cubains. Cette femme a subi près de 17 années d'emprisonnement et perdu plusieurs membres de sa famille dans la lutte contre les dictatures de Fulgencio Batista et de Fidel Castro.
Dans un hommage publié à l'occasion de son décès, José Bello rapporte que Georgina est morte au Saint Anne’s Nursing Center, où elle recevait des soins depuis quelque temps. En 1961, un tribunal de La Havane l'avait condamnée à vingt ans de prison dans l'affaire numéro 123. Elle est restée emprisonnée pendant 16 ans, neuf mois et quatre jours.
La famille Cid a subi des pertes sous deux dictatures. Selon Bello, son frère Eladio « Lalo » fut assassiné lors des événements de l'ambassade d'Haïti, sous le gouvernement de Batista. Son père, Eladio Cid Vergara, mourut dans les cachots de la Sécurité de l'État castriste. Un autre frère, Francisco, fut fusillé à Santiago de Cuba le 12 décembre 1969, après avoir débarqué avec un commando qui cherchait à établir un front de guérilla dans l'est de Cuba.
Mais derrière cette dernière tragédie se cache une histoire extraordinaire, reconstituée par la journaliste Myriam Márquez dans son reportage « Heroínas olvidadas del presidio político », publié par The Miami Herald en décembre 2008.
Le 7 décembre 1969, Georgina était emprisonnée à América Libre, une ferme de travaux forcés située aux environs de La Havane. Deux interrogateurs lui présentèrent une terrible alternative : dénoncer les activités clandestines de ses compagnons ou laisser son frère Francisco être exécuté.
Près de quatre décennies plus tard, Georgina expliqua à Márquez qu'elle aurait volontiers donné sa propre vie pour sauver Francisco, qu'elle considérait comme meilleur et plus utile qu'elle-même. Mais elle ne pouvait mettre en danger la sécurité d'autres personnes, même pour sauver un être aussi cher.
Cette décision révèle la dimension morale de sa résistance. Il ne s'agissait pas seulement de supporter les interrogatoires, les privations et les années de prison. Elle affrontait un choix susceptible de la poursuivre toute sa vie : sauver son frère au prix de la trahison de ses compagnons ou rester fidèle à ses principes.
Francisco fut fusillé cinq jours plus tard. Márquez décrit leur dernière rencontre : un homme battu, amaigri et physiquement affaibli par la captivité, qui put embrasser sa sœur une dernière fois. Il laissait derrière lui une épouse emprisonnée, Ofelia Rodríguez, et un jeune fils.
Le reportage retrace également l'histoire de milliers de Cubaines emprisonnées pour s'être opposées au régime castriste. Beaucoup avaient initialement soutenu la révolution, mais finirent par s'y opposer lorsque les promesses démocratiques furent remplacées par la répression politique.
Georgina partagea avec ces femmes des années de souffrance, de solidarité et de résistance. Certaines furent connues sous le nom de plantadas parce qu'elles refusaient les programmes de rééducation politique imposés par leurs geôliers.
Après avoir retrouvé la liberté, Georgina reconstruisit sa vie à Miami aux côtés d'Orlando Castro García, lui aussi ancien prisonnier politique, décédé le 23 octobre 2025, selon José Bello.
Dans le reportage de Márquez, Georgina évoquait avec une gratitude particulière les femmes aux qualités morales et spirituelles extraordinaires qu'elle avait rencontrées pendant son emprisonnement, unies par la souffrance et la solidarité.
Sa mort nous laisse une responsabilité : préserver la mémoire de ceux qui ont sacrifié leur liberté, leur famille et, dans de nombreux cas, leur vie pour leurs convictions.
Georgina Cid Crespo représente une génération de Cubaines dont l'histoire mérite d'être connue des nouvelles générations.
Qu'elle repose en paix.
Sources : José Bello, hommage à Georgina Cid Crespo, 26 octobre 2026. Myriam Márquez, « Heroínas olvidadas del presidio político », The Miami Herald, décembre 2008.
GEORGINA CID CRESPO: LA DONNA CHE PREFERÌ PERDERE SUO FRATELLO PIUTTOSTO CHE TRADIRE I SUOI COMPAGNI
Di Huber Matos Araluce
San José, Costa Rica
26 ottobre 2026
La morte di Georgina Cid Crespo, affettuosamente conosciuta come “Yoyi”, ci ricorda una delle storie più commoventi dei prigionieri politici cubani. Una donna che sopportò quasi 17 anni di carcere e perse diversi familiari nella lotta contro le dittature di Fulgencio Batista e Fidel Castro.
In una nota pubblicata in occasione della sua morte, José Bello riferisce che Georgina è deceduta al Saint Anne’s Nursing Center, dove riceveva assistenza da tempo. Nel 1961 era stata condannata a vent'anni di carcere da un tribunale dell'Avana, nel procedimento numero 123. Rimase in prigione per 16 anni, nove mesi e quattro giorni.
La famiglia Cid subì perdite sotto due dittature. Secondo Bello, suo fratello Eladio “Lalo” fu ucciso durante gli eventi dell'ambasciata di Haiti, sotto il governo di Batista. Suo padre, Eladio Cid Vergara, morì nelle celle della Sicurezza dello Stato castrista. Un altro fratello, Francisco, fu fucilato a Santiago de Cuba il 12 dicembre 1969, dopo essere sbarcato con un commando che intendeva stabilire un fronte guerrigliero nella parte orientale di Cuba.
Ma dietro quest'ultima tragedia si nasconde una storia straordinaria, ricostruita dalla giornalista Myriam Márquez nel suo reportage “Heroínas olvidadas del presidio político”, pubblicato da The Miami Herald nel dicembre 2008.
Il 7 dicembre 1969, Georgina era detenuta ad América Libre, una fattoria di lavori forzati alla periferia dell'Avana. Due interrogatori le presentarono una terribile alternativa: denunciare le attività clandestine dei suoi compagni oppure lasciare che suo fratello Francisco venisse giustiziato.
Quasi quattro decenni dopo, Georgina spiegò a Márquez che sarebbe stata disposta a dare la propria vita per salvare Francisco, che considerava migliore e più utile di lei. Ma non poteva mettere in pericolo la sicurezza di altre persone, neppure per salvare qualcuno che amava così profondamente.
Quella decisione rivela la dimensione morale della sua resistenza. Non si trattava soltanto di sopportare interrogatori, privazioni e anni di prigionia. Si trovava davanti a una scelta che avrebbe potuto perseguitarla per il resto della vita: salvare suo fratello tradendo i compagni oppure rimanere fedele ai propri principi.
Francisco fu fucilato cinque giorni dopo. Márquez descrive il loro ultimo incontro: un uomo picchiato, emaciato e fisicamente debilitato dalla prigionia, che poté abbracciare sua sorella per l'ultima volta. Lasciò una moglie incarcerata, Ofelia Rodríguez, e un figlio piccolo.
Il reportage recupera anche la storia di migliaia di donne cubane imprigionate per essersi opposte al regime castrista. Molte avevano inizialmente sostenuto la rivoluzione, ma finirono per opporvisi quando le promesse democratiche furono sostituite dalla repressione politica.
Georgina condivise con quelle donne anni di sofferenza, solidarietà e resistenza. Alcune divennero note come plantadas perché rifiutavano i programmi di rieducazione politica imposti dai loro carcerieri.
Dopo aver riacquistato la libertà, Georgina ricostruì la propria vita a Miami accanto a Orlando Castro García, anche lui ex prigioniero politico, morto il 23 ottobre 2025, secondo quanto riferisce José Bello.
Nel reportage di Márquez, Georgina ricordava con particolare gratitudine di aver conosciuto durante la prigionia donne dalle straordinarie qualità morali e spirituali, unite dalla sofferenza e dalla solidarietà.
La sua morte ci lascia una responsabilità: preservare la memoria di coloro che sacrificarono la libertà, le famiglie e, in numerosi casi, la vita per le proprie convinzioni.
Georgina Cid Crespo rappresenta una generazione di donne cubane la cui storia merita di essere conosciuta dalle nuove generazioni.
Riposi in pace.
Fonti: José Bello, nota sulla morte di Georgina Cid Crespo, 26 ottobre 2026. Myriam Márquez, “Heroínas olvidadas del presidio político”, The Miami Herald, dicembre 2008.


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