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Withdrawal from the OAS is a victory for Venezuelan opposition



Jigsaw word: DICTATORSHIP, balloon: Come on, Nicolás…a little effort…you got it!

The announcement by Venezuela’s narco-dictatorship of its imminent withdrawal from the OAS is an important victory for the democratic Venezuelan opposition. This retreat is a serious mistake, as was the recent, unnecessary coup d’Etat to the Asamblea Nacional (National Assembly). Now, the group in power thought it was more intelligent to challenge the world with a withdrawal than to risk being expelled, as the Castrista régime was in 1962 when it was banished from the regional body.

This escape is an acknowledgement of imminent defeat, they know the Inter-American Democratic Charter will be applied to them and that the group of unconditional governments has neither the votes nor the moral credibility to make up for whatever decision the majority makes.

The problem is that instead of fighting until the last minute and even after, they have admitted before the world that the lack the reasoning and the will to face up to the democratic community’s demands. Thus, it is an acknowledgement that, yes, they are a dictatorship, yes, they use repression against an unarmed people and no, they will not hold elections even if they have to swamp Venezuela’s streets in blood.

This decision’s first negative impact is against the governments that have been voting in favor of Maduro in the OAS. They have even risked a rift with Washington. Now their ally in Caracas, with no warning, withdraws from the arena. The narco-dictatorship has expelled itself and leaves them in a bad position. What are they going to do, withdraw as well?

The other harmful result of the decision has to do with the millions of Latin American sympathizers with the demagogic left who still had some hope that thing would be solved the right way and one way or another all that was being said about repression and corruption in Venezuela would be left behind with a compromise. Among them we could include the percentage of Venezuelans who support the regime for ideological reasons of out of fanaticism.

By leaving the OAS under these circumstances, Maduro’s government cuts its political and moral ties with the community in the Americas and remains with its strategic allies: Russia, Iran, China North Korea, Hezbollah, the Castrista dictatorship and the drug-trafficking mafia. Venezuelan generals and all those supporting Maduro and mentor Raúl Castro cannot claim to be bolivarians any longer. At the Angostura Congress in Panama in 1863, Simón Bolívar warned: “Nothing is as dangerous as allowing the same citizen to remain in power for a long time. The people become used to obeying him, and he to control it, where usurpation and tyranny arise.”

The OAS no longer has to expel that government, nor does it necessarily have to suffer a split among its members when, demanding an election solution in Venezuela, it must apply some type of punishment to a regime that has left. 

The countries truly committed to the Inter-American Democratic Charter are free to make up a group to support democratic Venezuelan opposition with whatever it is needed to prevent their country from falling into the darkness of totalitarianism.

The Venezuelan narco-dictatorship has opened the door for a community made up only of governments democratically elected to organize itself without ceasing to belong to the OAS. They can establish privileged trade, political and diplomatic bonds among them. They must even be capable of helping peoples who lose their freedoms. Actually, the Inter-American Democratic Charter is not an effective instrument, because it lacks coercive power, only allowing for dictatorships to shed their masks when convenient.

Lastly, the great beneficiary from this scarcely intelligent decision to withdraw from the OAS is the democratic Venezuelan opposition which, marching down the streets and paying a heroic quota of sacrifice has won the admiration and solidarity of millions of democrats the world over and has forced the narco-dictatorship to fully take off its mask.

By Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, April 27, 2017. 

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El retiro de la OEA es un triunfo de la oposición venezolana


El anuncio de la narco dictadura venezolana  de su inminente retiro de la OEA es un importante triunfo de la oposición democrática venezolana.  Esta retirada es un serio error, como lo fue el innecesario reciente golpe de estado a la Asamblea Nacional.  Ahora, al grupo en el poder se le ocurrió que era más inteligente desafiar al mundo con una renuncia que arriesgarse a una expulsión, como sufrió el régimen castrista en 1962 cuando fue desterrado del organismo regional.   

Esta huida es una admisión de derrota inminente, saben que se les aplicará la Carta Democrática Interamericana y que el grupo de gobiernos incondicionales que los apoya no tiene ni los votos ni la credibilidad moral para compensar cualquiera que sea la decisión de la mayoría. 

El problema es que en lugar de dar la pelea hasta el último minuto e incluso después, han reconocido ante el mundo de que no tienen los argumentos ni la voluntad de enfrentar la exigencias de la comunidad democrática.  Es pues, un reconocimiento de que sí, son una dictadura, sí usan la represión contra un pueblo desarmado y no, no van a celebrar elecciones de ninguna manera aunque tengan que anegar de sangre las calles de Venezuela. 

El primer impacto negativo de esta decisión es contra los gobiernos que han estado votando a favor de Maduro en la OEA. Ellos se han arriesgado,  incluso a un distanciamiento con Washington.  Ahora su aliado en Caracas, sin previo aviso, se retira del ruedo.  La narco dictadura se ha expulsado a sí misma y los deja mal parados. ¿Qué van a hacer, retirarse también?

El otro resultado perjudicial de la decisión tiene que ver con los millones de latinoamericanos simpatizantes de la izquierda demagógica que todavía tenían alguna esperanza de que las cosas se arreglaran por las buenas y de una u otra forma todo lo que se decía de la represión y la corrupción en Venezuela quedará atrás con una formula conciliatoria. Entre estos podíamos incluir al porcentaje de venezolanos que son partidarios del régimen por razones ideológicas o por fanatismo.  
Al salir de la OEA en estas circunstancias el gobierno de Maduro rompe sus lazos políticos y morales con la comunidad americana y se queda con sus aliados estratégicos: Rusia, Irán, China, Corea del Norte, Hezbolá, la dictadura castrista y la mafia del narcotráfico.  Los generales venezolanos y todos los que apoyen a Maduro y a su tutor Raúl Castro ya no pueden ni presentarse como bolivarianos.  En el congreso de la Angostura en Panamá en 1863, Simón Bolívar advirtió: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder.  El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él a mandarlo, de donde se originan la usurpación y la tiranía”.

Ya la OEA no tiene que expulsar a ese gobierno, ni tiene necesariamente que sufrir una fractura entre sus miembros cuando exigiendo una salida electoral en Venezuela, deba aplicar algún tipo de penalidad a un régimen que se fue. Quedan en libertad los países verdaderamente comprometidos con la Carta Interamericana Democrática de formar un grupo que apoye a la oposición democrática venezolana con lo que haga falta para evitar que su país caiga en las tinieblas del totalitarismo. 

La narco dictadura venezolana ha abierto la puerta para que se organice, sin dejar de pertenecer a la OEA, una comunidad de gobiernos democráticos a la que pertenezcan nada más que los gobiernos elegidos democráticamente. Entre ellos pueden establecer lazos comerciales, políticos y diplomáticos privilegiados. Incluso deben estar en capacidad de ayudar a los pueblos que pierdan sus libertades. En realidad la Carta Interamericana Democrática no es un instrumento efectivo porque no tiene poder coercitivo, nada más que le sirve a las dictaduras para enmascararse hasta que les conviene.

Por último, el gran beneficiario de esta poco inteligente decisión de retirarse de la OEA es la oposición democrática venezolana que, marchando en las calles y pagando una heroica cuota de sacrificio ha ganado la admiración y solidaridad de millones de demócratas en el mundo y ha obligado a la narco dictadura a quitarse la careta completamente. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica, abril 27 de 2017.
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La OEA no tiene ejército y los demócratas somos solidarios a medias


Marvinia Jiménez, costurera de 35 años, es arrojada al piso por una funcionaria de la Guardia Nacional durante una protesta que se desarrolló el lunes pasado en Valencia, (Carabobo, centro) “cómo la patean, cómo le golpean la cabeza con un casco”.  Jiménez, liberada anoche después de ser detenida el lunes, fue imputada por tribunales por presuntamente cometer cinco delitos, entre ellos la agresión a funcionarios de la Guardia Nacional, y está sometida a un régimen de presentación cada 45 días. Febrero de 2014.
En el caso de Venezuela, la mayoría de los países latinoamericanos han decidido que la OEA debe aplicar la Carta Democrática Interamericana. Señalan que en ese país la democracia agoniza y exigen que el régimen actual fije un calendario electoral que permita una salida pacífica al conflicto.  El problema es que la OEA no tiene un ejército que pueda obligar al régimen maduro-raulista  a dejar de encarcelar, golpear  y matar a quien se le oponga.  

Por esta razón la policía y el ejército, más las turbas armadas, conocidas como colectivos*  se han lanzado a las calles a reprimir a la oposición democrática, que desarmada, heroicamente trata de defender lo poco que queda de derechos en la patria de El Libertador.  Se juegan la libertad y la vida en las calles y esperan ayuda de la comunidad internacional.

El problema es que la OEA no tiene un ejército, lo que tiene es una cuota de poder moral que solo puede brindar aliento a esa oposición que lucha en absoluta desventaja. Poder moral que puede sumar a millones de personas y a gobiernos del mundo a solidarizarse con los demócratas venezolanos.  Nada más.

Enmy Blanco, hija de Carlos Blanco dirigente del partido Alianza al Bravo Pueblo, fue agredida por colectivos en la protesta ocurrida en las cercanías del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en la parroquia Candelaria, municipio Libertador, el viernes 31 de marzo de 2017.  El Nacional

Por eso cuando las cárceles se llenen de venezolanos, los hospitales de heridos, los cementerios de muertos y los derrotados tomen el camino del exilio, el binomio maduro-raulista habrá ganado la pelea.  Nuestra solidaridad y la de la OEA habrán sido insuficientes para defender la democracia en la patria de El Libertador. Quedaremos desmoralizados en nuestros propios países. Algo peligroso porque el cáncer del populismo, su dinero y sus agentes están en todas partes esperando el momento de debilidad en cada lugar. 

Venezolanos protestan por la intromisión castrista

Eso lo saben Raúl y Maduro y la banda de corruptos que los rodea tanto en Cuba como en Venezuela. Saben que los demócratas no somos como ellos, que son capaces de cualquier cosa por defender sus intereses.  Nosotros somos solidarios a medias porque la no violencia nos ha llevado a capitular antes de levantar los puños.  En nosotros la defensa de la democracia no pasa de los discursos y las declaraciones.   

Lo saben porque la dictadura castrista fue expulsada de la OEA en 1962 y nada sucedió.  Miles de cubanos murieron fusilados, cientos de miles pasaron parte de su vida en las cárceles y los Estados Unidos siempre dieron a la oposición la ayuda a cuenta gotas.  La CIA organizó la invasión de Playa Girón que fracasó porque fue un intento militarmente absurdo y políticamente ridículo. Ese fracaso consolidó la dictadura castrista de Fidel Castro que se mantuvo en el poder durante tres décadas por la subvención anual  que le daba la Unión Soviética y hasta el día de hoy por la subvención que le dio el régimen de Chávez y ahora el de Maduro. 

Con Venezuela el maduro-raulismo está seguro que sucederá lo mismo que pasó en Cuba.  Se irán de la OEA antes de que los expulsen o cuando les dé la gana. Insultarán a cada uno de los presidentes y los gobiernos que les pidan decentemente el camino electoral.  Tienen a Putin, a Irán y  a China que los suplen de armas y lo que haga falta para aterrorizar el pueblo y asustar a los gobiernos que se pasen de la raya.  Además tienen a los capitalistas que con tal de hacer negocios no les importan los presos, los heridos y los  muertos en las dictaduras mientras ellos logren buenas ganancias. Maduro y Raúl prefieren que los venezolanos se mueran de hambre porque así son más fáciles de domesticar.  Todo por la sencilla razón de que la OEA no tiene ejército y los demócratas somos solidarios a medias.

Si la OEA no tiene ejército ¿qué hacemos con Venezuela, la salvamos o la abandonamos? Para salvarla, en un primer intento, la mayoría de los países de la OEA y la Unión Europea tienen que exigir la inmediata liberación de los presos políticos, un fin a la represión contra la oposición y un calendario electoral, o, cortar sus relaciones comerciales con Venezuela, incluyendo la compra de petróleo por parte de los Estados Unidos.  

Si ese primer intento no funciona porque el régimen castrista y sus subordinados chavistas insisten en la guerra contra el pueblo venezolano, hay que aplicarle las mismas medidas al castrismo: cortar las relaciones comerciales con la dictadura de la Isla, incluyendo la venta de comida de los Estados Unidos a Cuba y desestimular el turismo a Cuba por parte de los canadienses, los europeos, los latinoamericanos y los exiliados cubanos.  

Entonces quizás la mafia maduro-raulista se asuste y repiense su estrategia aniquiladora por temor a una tercera etapa de confrontación militar en la que lo primero que les sucedería es la pérdida de las refinerías que son un blanco fácil.  Y sin petróleo se les acaba la matonería. 

Por Huber Matos Araluce, San José, Costa Rica

*en 29 de marzo de 2014 El Nuevo Herald publicó:  Ex agentes de Inteligencia de Venezuela y fuentes con acceso directo a oficiales activos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana dijeron a El Nuevo Herald que Cuba juega un papel estelar en la represión emprendida por Maduro contra los manifestantes venezolanos, encargándose de operaciones que van desde la seguridad en los alrededores del palacio presidencial hasta la planificación de futuros arrestos de opositores…los cubanos son los que están planificando las operaciones de entre 600 y 1,000 hombres armados que conforman las bandas paramilitares chavistas, conocidas en Venezuela como colectivos”.

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Venezuela, The New York Times y Cuba



El  24 de febrero el New York Times ha publicado un editorial sobre Venezuela que me han dejado pasmado por tres razones.  Primero argumenta que la comunidad internacional ha sido solidaria con los demócratas venezolanos; segundo responsabiliza a la oposición venezolana de no haber sido más efectiva en su lucha y tercero, ignora la participación castrista contra la democracia en Venezuela. 

Refiriéndose  al respaldo internacional con que cuentan los demócratas venezolanos el editorial de este periódico dice:

   “…si la comunidad internacional continúa defendiendo su causa e insisten en que se lleve a cabo una elecciones  justas, podría ser posible”.  

Nada más fuera de la realidad porque si algo caracteriza el problema venezolano es la total ausencia de solidaridad de la comunidad internacional contra los atropellos que se vienen cometiendo contra la institucionalidad democrática en Venezuela.  

El editorial menciona el número de alcaldes opositores que están sujetos a acusaciones de parte del gobierno y cita unas declaraciones del Presidente Juan Manuel Santos de Colombia en que expresa preocupación por lo que está sucediendo en Venezuela y pide que se respeten los principios democráticos.  Pudo haber citado, pero no lo hizo, declaraciones igualmente diplomáticas y nada comprometedoras de Brasil y de Chile, así como las del Secretario General de OEA, que se ha visto obligado a decir algo porque su largo silencio sobre el tema es demasiado comprometedor. 

La realidad es que mayoría de los gobiernos de Latinoamérica, aun antes el violento e injusto encarcelamiento de Antonio Ledezma, el alcalde de Caracas, han guardado silencio o distancia.  En Costa Rica ni la Asamblea Legislativa pudo pasar una resolución pidiéndole al gobierno que le brindara asilo a Ledesma. 

El editorialista del New York Times debía haber leído  -o lo leyó y no le hizo caso-  el artículo de Andrés Oppenheimer publicado hace tres días en el Nuevo Herald, antes de que se escribiera el mencionado editorial: El silencio regional ante la situación de Venezuela,  donde Oppenheimer, un periodista experto en Latinoamérica, claramente define la situación:

“A juzgar por la débil reacción de las instituciones regionales como la OEA y la UNASUR ante el arresto arbitrario del alcalde metropolitano de Caracas Antonio Ledezma y otros líderes de la oposición en Venezuela, es difícil no llegar a la conclusión de que estas organizaciones se han convertido en sociedades de protección mutua para regímenes represivos... En lugar de exigir de la liberación inmediata de Ledezma, al igual que la del líder opositor Leopoldo López y otros prisioneros políticos a los que las Naciones Unidas consideran fueron objeto de “arrestos arbitrarios”, las principales organizaciones regionales y casi todos los presidentes latinoamericanos brillaron por su ausencia”.

Un segundo aspecto de este editorial es que culpa a la división de la oposición venezolana por no haber podido enfrentar con más efectividad a Hugo Chávez ni a Nicolás Maduro.  Dice así:

“Mientras el señor Maduro dice que él está tomando acción contra un golpe de estado potencial, el hecho es que la oposición esta pobremente organizada y que no ha podido movilizarse contra el señor Maduro ni su predecesor, el líder populista Hugo Chávez”.

Es injusto desconocer que con toda la maquinaria del régimen chavista y un mínimo de medios de comunicación, la oposición logró en las pasadas elecciones presidenciales casi sobrepasar el candidato Maduro.  Las tendencias que aparecieron después de ese fraude –porque no fueron elecciones en igualdad de condiciones- son completamente normales antes la falta de apoyo internacional y la maquinaria represiva chavista.

Tercero, el editorial desconoce, más bien ignora,  la grave, importante y decisiva intervención del régimen castrista en Venezuela en el campo de la represión contra la oposición, la censura de prensa y el control sobre las Fuerza Armadas venezolanas, sus servicios de inteligencia y otras áreas de importancia clave del estado Venezolano.

Este editorial deja a cualquiera pasmado, atónito, estupefacto.

Por Huber Matos Araluce

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Maduro no está regresado con las manos vacías


Dicen las noticias que Nicolás Maduro está regresado con las manos vacías de su viaje a China.  Lo dudo.  No creo que los chinos hayan perdido la oportunidad de hacerle, al atribulado venezolano, proposiciones interesantes de corto plazo y de largo alcance.  Habrían sido malos comerciantes y los chinos tienen fama de ser muy hábiles.  ¿Quién perdería la oportunidad de sentarse a negociar con el representante de un país que está en la quiebra pero tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo?

China tiene necesidades energéticas insaciables. En mayo de 2014 firmaron la compra de gas a los rusos por un valor estimado de 400 mil millones de dólares. La entrega se extendería por tres décadas a un promedio de 38 mil millones de metros cúbicos de gas al año. En noviembre pasado firmaron otro convenio parecido y para finales de esta década Rusia puede estar enviando anualmente a China 68 mil millones de metros cúbicos de gas. Esto nada más representa un poco menos del 20% de la energía que necesita China.  

Ya el gobierno chino ha prestado $42 millones a Venezuela de lo que este país ha repagado $24 millones. Los chavistas ahora tienen una emergencia de $16 mil millones. Si esto se compara con los cientos de miles de millones de dólares negociados con Rusia el año pasado, el monto que necesita el régimen chavista representa un porcentaje modesto.

Pero miremos el bosque desde lejos, en Latinoamérica China tiene dos oportunidades estratégicas que le brindarían grandes beneficios durante este siglo.  Una es un canal en Nicaragua y la otra son las reservas de petróleo a precio de quiebra en un país controlado por los castro-chavistas, es decir por amigos. Por el canal de Nicaragua los chinos podrán transportar en sus enormes barcos hacia Asia y otros lugares, el combustible comprado a Venezuela a precios de “viernes negro”.  No nos sorprendamos si en el futuro los maoístas y los castro-chavistas anuncian un convenio espectacular.  

Se ha filtrado en las noticias que los chinos exigieron a Maduro el control de la Zona de Desarrollo de Guayana, puede ser una fábula pero tendría  sentido. Siempre habría forma de plantearlo,  a fin de cuentas el canal en Nicaragua no es un proyecto del gobierno chino sino de un empresario de Hong Kong que parece tener las conexiones para reunir los $50,000 millones que dicen costará la obra.  El gobierno chavista puede justificar la negociación con una empresa china que venga a poner orden en el caos creado por el populismo chavista.

La propuesta de los chinos puede ser otra pero cualquier otra que fuera, Nicolás Maduro no podía aceptarla en Pekín. Maduro tenía que regresar a Venezuela y plantearla al grupo que lo mantiene en el poder.  La decisión se tomará entre éstos y Raúl Castro y los suyos en La Habana.  Quizás a Raúl le guste la idea pues la participación de China en la industria venezolana de los hidrocarburos podría ser una garantía para la dictadura en la Isla.

China invierte a largo plazo, lo ha hecho en Rusia sin preocuparle demasiado si Vladimir Putin permanecerá en control en las próximas décadas. Una negociación con Venezuela estaría garantizada por el poder económico que tiene China y por el petróleo y el gas de Venezuela. Estén o no los chavistas en el poder los venezolanos tendrán que honrar los compromisos que haga Maduro o el que le siga en la presidencia.  En una reciente carta al dictador Chino Xi Jinping la dirigente opositora María Corina Machado le ha escrito: 

“Puedo afirmar con responsabilidad que al  Iograr la transición hacia Ia democracia, el nuevo gobierno de Venezuela honrará los compromisos asumidos con Ia República Popular de China en términos que sean beneficiosos y justos para ambas naciones”.

Si la oferta “secreta” de China a Maduro se acepta o se sigue conversando, a los chinos les sobra paciencia. Estuvieron negociando 10 años con los rusos y fue en los momentos de crisis en el Kremlin que se llegó a un acuerdo, por cierto muy favorable para el gobierno asiático.  Maduro y el chavismo tienen una seria situación en sus manos, pero todavía el escogido por los Castro tiene el 22% de aprobación, tiene las fuerzas armadas que lo respaldan y también el aparato represivo.  

Mientras Raúl Castro lo apoye, la OEA siga controlada por pusilánimes y el presidente Obama continúe su política de acercamiento y flexibilización con el dictador cubano, no veo la razón por la cual Nicolás Maduro tenga que preocuparse. Quisiera equivocarme.

Por Huber Matos Araluce

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