LA OFENSIVA ESTRATÉGICA DEL HERMANO EN JEFE



Este artículo trata sobre la estrategia de la élite castrista en su lucha por la supervivencia. Se analiza en dos partes:


1) Se enumeran los problemas que encontró Raúl Castro cuando comenzó a tomar las riendas del poder, a los que se sumaron luego nuevas y agravantes circunstancias.

 2) Se hace un bosquejo de la estrategia con la que tratarán de mantener el poder.

 Los problemas que encontró Raúl Castro

 En una reciente discusión transmitida por Radio Martí sobre la Iglesia en Cuba, el pastor Mario Félix Leonard afirmó desde La Habana que: “El régimen ha acudido a la Iglesia para que ésta lo salve”.

 Advirtió que en estas circunstancias, las iglesias tienen que tener mucho cuidado para no convertirse en aliados o cómplices de la tiranía.

Hace algunos años Raúl Castro también se refirió a la gravedad de la situación. Señaló que el régimen bordeaba el abismo. Los comentarios del general le hicieron creer a mucha gente que el nuevo timonel haría cambios sustanciales. No fue así, para frustración de la mayoría del pueblo y de quienes en el exterior lo habían promocionado como una especie de Deng Xiaoping.

Como la parálisis o la lentitud de las reformas es una reacción común de las dictaduras, la falta de acción en Cuba no sorprendería a un conocedor del tema.

Quizás Raúl Castro no se dio cuenta de cuánta expectativa había creado y cuánto daño le hizo su inacción. Fue una oportunidad histórica que no pudo o no supo aprovechar.

Por no tomarse las medidas necesarias se perdió un tiempo valioso.

El caso evoca el episodio entre Mijail Gorbachov y Erich Honecker, el dictador de la Republica Democrática Alemana, el 7 de octubre de 1989, durante la celebración del 40 aniversario de la fundación de la RDA.

Las demostraciones públicas y las renuncias de miembros del partido comunista evidenciaban la crisis en la RDA.  Eran pruebas del agotamiento del sistema comunista y del ansia de libertad de los alemanes.

Ante aquella circunstancia Gorbachov le advirtió a Honecker que la vida castigaba a aquellos que no reaccionaban a tiempo. El recalcitrante dictador no prestó atención, y once días después perdió su cargo.

Al asumir parcialmente las funciones que le delegó Fidel Castro y que luego Raúl Castro parece haber consolidado, tuvo que enfrentar problemas como estos:

1) Los recursos de la subvención venezolana, las inversiones extranjeras y los ingresos de la industria turística, la minería más otros rubros, no alcanzaban para amortiguar la ineficiencia del aparato productivo y la inmensa carga del aparato estatal.

Ni la subvención ni la economía nacional podían frenar el deterioro. El crédito externo se había reducido considerablemente. Los aliados políticos como China, Rusia, Irán y el Brasil de Lula no estaban dispuestos a apalancar económicamente al castrismo.

2) A pesar del periodo especial, que se había decretado después del colapso de la URSS, la economía cubana, el Estado y la población seguían acostumbradas a la dependencia, adquirida durante tres décadas de subvención soviética.

3) La corrupción era un cáncer sin cura. En todo el país y en todos los niveles se había entronizado la cultura del robo al Estado. El puesto de trabajo mal pagado era la oportunidad de estar en un lugar donde se podía sustraer algo que se revendía para no pasar hambre. Se robaba individualmente o como parte de un esquema o un grupo.

4) La nomenclatura había perdido la fe en el socialismo y en sus dirigentes. Los mandos medios habían dejado de ser incondicionales. Simulaban pero no creían. Obedecían sin lealtad ni pasión. La corrupción era también práctica común en este mundo.

5) Sin lealtad ni fe en el futuro, el represor era un sádico o un policía preocupado por las consecuencias de sus acciones en un mañana postcastrista. La represión se había transformado en un acto de matonería. Lejos de ser un medio para mantener viva la obediencia, el castigo se había convertido en un acicate al descontento y a la rebeldía.

6) La nueva generación de cubanos no tenía vínculos con la de los revolucionarios históricos. Estos eran un grupo pequeño de ancianos privilegiados alejados del pueblo,  de sus inquietudes y de sus necesidades. El deseo de escapar del país era el común denominador entre los jóvenes.

Una incipiente sociedad civil prosperaba sin que la tiranía pudiera evitarlo. La oposición democrática era una piedra en el zapato. No se podía liquidar como se deseaba. Hacerlo aumentaría el aislamiento internacional y perjudicaría la imagen de Cuba como destino turístico.

7) El exilio cubano gravitaba cada vez más en la vida de los cubanos en la isla. Amigos, conocidos y familiares vivían mucho mejor en el extranjero. Las remesas, los regalos y sus visitas lo demostraban. Hasta el poder político que habían alcanzado los cubanoamericanos en los Estados Unidos era una muestra de la capacidad del nacional para salir adelante donde hubiera libertad y oportunidades.

Ante este cuadro, Raúl Castro, consciente del gran descontento del pueblo y temeroso de que ante la  “esperada” muerte de su hermano la situación se le escapara de las manos, quiso presentarse como un reformador. Sin dudas ganó tiempo entre la expectativa que generó y la desilusión posterior.

Las promesas de Raúl Castro fueron un error garrafal producto de su temor y de su ignorancia. Fidel Castro puede haber sido el freno que impidió que su hermano llegara a un acuerdo con los Estados Unidos y que algunas reformas importantes se llevaran a cabo, pero esto es pura especulación. El hecho es que Raúl Castro trató de aplacar la frustración de la gente declarando que: “Pese a nuestros deseos de arreglar todos los problemas, no podemos gastar más de lo que tenemos”.

Los problemas que surgieron después

1) Hace cuatro años nadie podía imaginarse a un Hugo Chávez con cáncer.

2) La crisis económica mundial era incipiente y no se podía saber cuánto afectaría a los países industrializados de Occidente y el mundo.

3) Desde entonces la Unión Europea ha ido endureciendo su política respecto al régimen.  Aunque la Posición Común es una estrategia de espera, no deja de tener su efecto político. Puede convertirse en un verdadero problema para el régimen.

4) No se esperaba que los socialistas españoles perdieran el poder. El gobierno español era el aliado tácito del castrismo en Europa.

5) Ni estaban en el panorama las revueltas del mundo árabe y el impacto que causarían en el mundo a favor de la democracia y en contra de las dictaduras. En la nomenclatura castrista el efecto, aunque desconocido, tiene que haber sido persuasivo. Ni con petróleo, ni con un ejército poderoso, ni siendo aliado de los Estados Unidos, como fue el caso de Mubarak en Egipto, un régimen puede triunfar frente a un pueblo decidido.

6) Tampoco había verdadera evidencia o conciencia del impacto de la revolución digital en un régimen dictatorial, aunque su penetración en un país fuera limitada, como es el caso de Cuba.  En China, con una penetración muy extendida, parecía que los controles del gobierno chino en la Internet eran eficaces.  Hoy ya esa opinión no es tan válida.

7) Ni había la posibilidad de que el Presidente Obama pudiera perder la reelección. El castrismo perdió la oportunidad de negociar con un gobierno estadounidense que tenía suficiente poder político para llegar a un acuerdo. Hoy, aunque el castrismo quiera negociar, la reelección de Obama no es algo inapelable, y el actual presidente no tiene ya el mismo poder que entonces.

8) El argumento del embargo como la causa de los males de Cuba dejó de ser una excusa eficaz con la que el régimen puede justificarse ante el pueblo y el mundo. En parte porque el propio Raúl Castro dijo que la crisis en Cuba no se le podía atribuir al embargo, en parte porque la población se ha dado cuenta que su bajo nivel de vida no tiene que ver con el embargo.

En la medida en que los factores y circunstancias señalados hacen muy difícil un repunte de la economía cubana actual, el levantamiento del embargo y el turismo estadounidense se han convertido en la tabla de salvación del régimen.

En grandes rasgos hemos enumerado como a los problemas que había cuando Raúl Castro alcanzó el poder se han sumado otros.

Tenía razón Gorbachov: la vida castiga a aquellos que no atienden sus problemas a tiempo.

 La ofensiva del Hermano en Jefe

 Ante una crisis que ha ido complicándose con el tiempo, la gerontocracia castrista ha reaccionado con una incapacidad propia del deterioro de sus neuronas y la disminución de la testosterona que acompaña a la ancianidad.

La élite castrista ha tratado de justificar su incapacidad alegando que las medidas tienen que tomarse gradualmente. El argumento sería razonable si hubieran conducido gradualmente a un mejoramiento de la situación, pero este no ha sido el caso.

Si querían permanecer en el poder tenían que renovar la legitimación que tuvo la revolución hace medio siglo. Esto implicaba hacer una revolución en la revolución. O más bien una revolución ante el fracaso de medio siglo de castrismo.

Por falta de verdadero liderazgo no lo han hecho. Purgaron a quien pudo haberlo intentado. Perdieron la oportunidad de haberse ganado la amnistía ante la historia y el pueblo.

Si Chávez no estuviera en peligro la élite castrista podía darse el lujo de seguir entreteniéndose en espera del viaje al cementerio. Posiblemente lo hará si logra mantener en Venezuela un gobierno que los siga subvencionado. Pero los problemas se acumulan y aumentan.

Hoy por hoy, necesitan con urgencia asegurarse un ingreso adicional de tres a cinco mil millones de dólares que le permitan comprar el petróleo en el mercado internacional o en Venezuela si el chavismo pierde el poder.

Pero independiente de la emergencia causada por la situación en Venezuela, la única posibilidad de supervivencia del castrismo está en el capitalismo. El capitalismo a su manera.

Esteban Lazo, el principal “ideólogo” de la dictadura, acaba de anunciar que dentro de cinco años el 50% de la economía cubana estará en manos privadas. Es una charlatanería, pero tiene un propósito.

Haciéndose eco de Lazo, Roberto Veiga, director de la Revista Laical, declaró en Nueva York que “Cuba podría ser un país maravilloso en cinco años, pero se requiere un modelo político inclusivo y ajustes económicos difíciles”. Otro “bluff” también con su intención.

Veiga agregó que Cuba debe sufrir aun cuando las políticas sociales sean lo más sensatas y equilibradas posibles, porque los reajustes económicos serían traumáticos.

El empresario cubano Carlos Saladrigas, famoso por la advertencia al exilio de que hay que montarse en el tren, también se refirió recientemente en un programa de Radio Martí a los sufrimientos que tendría que pasar la población en el proceso de cambio.

Es como si los tres hubieran salido de la misma reunión y cada uno dio su versión de lo que allí explicaron.

La conclusión obligada que se desprende de estas declaraciones es que la conversión al capitalismo es urgente. Ni los Estados Unidos ni ningún otro país la tiene que estimular ni aplaudir. Los cambios se harán por la necesidad de la supervivencia de la élite castrista.

Transformar la economía cubana para que un 50% quede en manos privadas requiere una ejecución diestra, drástica y siniestra.

Esto no tiene que ver nada con un cambio político. Lo que se haga se hará para salvar y consolidar a la dictadura. Asunto aclarado públicamente por el Vicepresidente Murillo durante la estancia del Papa Benedicto XVI en Cuba: “no va haber una reforma política”.  La actualización del modelo sólo comprende el campo económico.

La conversión al capitalismo del 50% de la economía cubana requiere de algunas garantías para los empresarios. Garantías para sus inversiones y para sus ganancias.

Esa transformación que anuncia Esteban Lazo no se va a alcanzar con la economía de timbiriche representada por los cuentapropistas. Al régimen no le interesa que la población alcance algún nivel significativo de libertad económica.

El régimen planea atraer empresas transnacionales, a las cuales no les preocupa en absoluto la libertad ni los derechos de nadie. Éstas aceptarán el régimen político actual o uno parecido a cambio de algunas garantías, por ejemplo:

1) Los salarios en la isla seguirán siendo lo suficientemente bajos como para que sea más atractivo invertir en Cuba que en cualquier otro país donde exista estabilidad social y garantías legales. A los hoteleros españoles les ha ido muy bien en Cuba pagando salarios muy inferiores a los que pagan en México, Costa Rica o en cualquier otro país democrático.

2) El régimen facilitará las inversiones obviando exigencias ambientales y derechos laborales. Los privilegios y obligaciones se negociarán directamente con una entidad estatal en forma expedita. Las mordidas serán eliminadas en lo posible. Nada más que muerde el estado.

3) El gobierno castrista hará lo necesario para que se materialice el levantamiento del embargo y de esta forma que estas empresas puedan tener acceso al mercado de los Estados Unidos.

Las dos primeras condiciones se pueden garantizar. La dificultad está en el levantamiento del embargo. Asunto fundamental, porque el desarrollo de la economía cubana sin una relación normal con los Estados Unidos es muy difícil.

Para lograr el levantamiento del embargo el régimen necesita que Washington deje de poner como condición una transición democrática tradicional. Que es la que exige el exilio cubano.

La alternativa consiste en plantear que esa transición será el resultado del desarrollo del capitalismo en Cuba. Hace algún tiempo algunos exiliados se entusiasmaron con ese esquema (el cuentapropismo), hasta que se dieron cuenta que las cosas no eran tan atractivas como parecían.

Ahora se insistirá en que el desarrollo del capitalismo en Cuba es el camino para alcanzar la democracia. Este argumento es una negación de la experiencia histórica, como han demostrado los economistas Daron Acemoglu y James Robinson en su exhaustivo estudio de la relación entre el progreso económico y las libertades políticas. Pero esto es tema para otra ocasión.

¿Cómo lograrlo?

El régimen ha lanzado una ofensiva para neutralizar y dividir al exilio cubano y a sus representantes políticos en Washington. Quieren arrinconarlos ante el pueblo estadounidense.

Para eso esperan tener como aliados a la prensa de izquierda de los Estados Unidos, a la Iglesia Católica de los Estados Unidos, a congresistas en Washington, a instituciones de estudio, y a una minoría muy pequeña del exilio cubano.

El propósito es lograr que el exilio sea visualizado como gente recalcitrante que se niega a la reconciliación nacional y a los cambios ofrecidos y puestos en marcha por el gobierno cubano.

El comentario del Cardenal Ortega de cómo el Monseñor Agustín Román le había advertido de que no usara la palabra reconciliación en Miami es una muestra de hacia donde va dirigida la campaña de desprestigio.

Parte de esta estrategia es estimular el apetito de los empresarios cubanos, con negocios y condiciones en Cuba que los hagan romper con la posición tradicional del exilio.  Invitarlos a que se monten en el tren de Saladrigas.

Para muchos capitalistas será una tentación ir a Cuba a pagar sueldos de hambre y a adueñarse a bajo precio de una buena parte del patrimonio nacional.

En todo esto la Iglesia Católica cubana tiene un papel muy importante, tanto dentro como fuera de Cuba. No es la facilitadora de un dialogo entre la oposición y el gobierno. La Iglesia decidirá quién es oposición legítima y quienes son delincuentes. En realidad la Iglesia es la que ocupará el lugar de la oposición, desplazando a los legítimos opositores.  La Iglesia y la oposición oficial negociarán las concesiones con la dictadura.

Así, a grandes rasgos, visualizo la estrategia de la elite castrista para salir de su aprieto y no perder el poder en Cuba.

Hay un aspecto de todo este asunto que es el problema de la sucesión castrista.

¿Cómo lograr que el gobierno de los Estados Unidos acepte una sucesión castrista? Una posibilidad puede ser con el argumento de que ya los Castro no gobiernan y se están realizando cambios económicos fundamentales.

Los Castro podría parecer que se retiran del poder pasándolo a una nueva generación de sus incondicionales: oficiales de las fuerzas armadas y del Ministerio del Interior que les garantizarían a los dos hermanos y a los “históricos” y a sus familiares seguridad, privilegios y el manejo del poder detrás de bambalinas, a cambio de que se puedan enriquecer como socios de los empresarios extranjeros o dueños de empresas estatales que han sido privatizadas.

Lejos de ser una idea descabellada, la primera vez que la escuché fue aproximadamente hace un poco mas de 15 años, cuando un alto militar estadounidense le relató a mi padre una visita hecha por militares cubanos al Pentágono. Pidieron 20 años para hacer una transición en Cuba aceptable para los Estados Unidos. Esta consistiría en pasarles el poder a los oficiales jóvenes que estaban preparando para esa eventualidad.

El estadounidense le comentó a mi padre que la respuesta a la delegación de cubanos había sido que esos asuntos tenían que tratarlos en la Casa Blanca o en el Departamento de Estado.

Hace una semana un ex oficial del las Fuerzas Armadas cubanas que se encuentra en el exilio, me alertó sobre la misma posibilidad, advirtiéndome que los Castro podían escoger esa vía.

Como este amigo tiene ya a su favor conmigo un buen porcentaje de aciertos me dediqué a otear el horizonte, y me encontré el artículo del profesor Alexis Jardines ¿A quiénes beneficiarían los cambios? en el que dice:

“El contraste con la situación cubana resulta revelador: en medio de la degradación de la economía socialista no se ha producido la renovación de la élite. Hemos saltado directamente a la supervivencia de la casta gobernante, correspondiente a la fase de transición, mientras nos mantenemos en la fase anterior: la degradación. La junta militar octogenaria que gobierna en Cuba evitó con éxito la necesidad de renovación. Esto significa que aún no se ha salido de la etapa de degradación de la economía y que -considerando el factor biológico- la fase de transición podría ser abrupta. Sin embargo, cabe también la posibilidad de una acelerada renovación de cuadros a fin de contar con el capital humano necesario para encarar la transición desde el poder”… “En mi opinión, es esta la salida por la que ha apostado el Gobierno cubano. El 17 de Octubre del 2011, por ejemplo, tuvo lugar la apertura estratégica (el término es del propio Miguel Díaz-Canel) de la Escuela Superior de Cuadros del Estado y del Gobierno. ¿Qué se estudia allí? Gestión empresarial, Administración pública y Dirección”.

En conclusión, como toda élite explotadora, el pequeño grupo que controla a Cuba tiene toda la intención de mantenerse en el poder. Temen perder sus privilegios y temen a la justicia. Desde hace muchos años están convencidos de que el socialismo era un fracaso pero se han negado a hacer cambios fundamentales, razón por la cual ha empeorado la situación. A los problemas que enfrentaba el régimen se han sumado otros que agravan la situación.

 Para evitar el empeoramiento de la economía el único camino que les queda es atraer inversiones capitalistas. Mientras el embargo estadounidense se mantenga será muy difícil el desarrollo de una economía capitalista en Cuba aliada con la dictadura. Ante esta situación y la posibilidad de la pérdida de la subvención venezolana, el régimen ha puesto en marcha una estrategia desesperada para tratar de que se levanten las restricciones a los ciudadanos estadounidenses para que puedan viajar de turistas a Cuba y para que eventualmente se levante el embargo.

Las posibilidades de que esta estrategia sea exitosa dependerán en buena parte del actual gobierno estadounidense. Dependerá de las elecciones en los Estados Unidos, y de la presión del exilio cubano y sus aliados en ese país. Hasta ahora el viaje del Cardenal Ortega a los Estados Unidos y la de su lugarteniente Roberto Veiga no han tenido un impacto positivo. Pero es muy temprano todavía vaticinar nada, ya que puede haber cartas escondidas que salgan a relucir.

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El Cardenal en Harvard, Roberto en Nueva York y Raúl en La Habana



El tema de la conferencia del Cardenal Ortega en Harvard fue “Iglesia y Comunidad: el papel de la Iglesia Católica en Cuba”.    El Cardenal habló de la necesidad de reconciliación: “Todos debemos unos con otros reconciliarnos, y no solamente como personas unas a otras, sino como grupo humano. Tenemos que encontrar la manera de sentirnos todos hermanos”. Pero a la pregunta sobre los cubanos opositores que a su solicitud fueron  expulsados de una iglesia y detenidos por la policía política el Cardenal respondió: que eran delincuentes y personas de poco nivel cultural.

El Cardenal se negó a comentar sobre Andrés Carrión, el compatriota que gritó ¡Libertad! ¡Abajo el comunismo! en Santiago de Cuba por lo que fue reprimido ante la vista de los presentes y  los millones de televidentes que en Cuba y en el mundo le daban seguimiento a la visita de Benedicto XVI.  Quizás lo que piense el Cardenal sobre Carrión sea tan negativo que no pueda expresarlo en público. 

Por lo visto, la reconciliación que predica el Cardenal no incluye a los cubanos de poco nivel cultural, es decir a la mayoría del pueblo cubano.  Tampoco a quienes él y el gobierno considere delincuentes.  Como en Cuba las leyes son arbitrarias y asfixiantes, es difícil encontrar a un cubano que no las haya violado. 

Con razón el periódico universitario The Harvard Crimson criticó al Cardenal por no haberse opuesto al destierro de los prisioneros políticos cubanos.  También el prestigioso periódico Washington Post llamó al Cardenal un socio de facto de Raúl Castro.  Sobre el tema sugiero la lectura de  Pacto con Mefistófeles del profesor Jose Azel de la Universidad de Miami.

Simultáneamente Roberto Veiga, director de la revista Espacio Laical y un lugarteniente del Cardenal Ortega, también desde otro recinto universitario, La Universidad de New York,  definió el papel de la: “Iglesia y Estado en una Cuba cambiante”. La charla de Veiga fue más reveladora o más sincera que la del Cardenal Ortega. Para Veiga, la Iglesia es el “facilitador” de un diálogo entre el pueblo y el gobierno cubano.  

Veiga aclaró que la Iglesia no busca el poder pero que, en caso de verse obligada por las circunstancias, podría asumirlo. Con esto dejó abierta la posibilidad de que en el futuro tengamos en Cuba una teocracia.  Después de todo, teocracia y democracia suenan parecido. En toda su exposición, Veiga no mencionó la palabra democracia ni una sola vez. 

Es lógico, ya que la minoría que representa la Iglesia católica en Cuba y la minoría que representa  a la tiranía no pueden arriesgarse a someter su proyecto al mandato del pueblo. Veiga explicó que los cubanos no están preparados para votar.  Definitivamente hay que leer a Enrique del Risco, quien estuvo presente en la disertación.

Estos planes son el producto de gente desesperada y delirante.  Han sido negociados a puerta cerrada con la dictadura.  Si entendemos bien a Veiga, parece haberse discutido hasta el papel de la Iglesia ante el colapso del castrismo.  De estas fantasías el pueblo en la isla sabe muy poco.

El pastor Mario Felix Leonar explicó en un programa de Radio Martí que, detrás de todo esto  la verdad es que el régimen se ha acercado a las iglesias para que lo salven.  En su opinión, hay que tener mucho cuidado para no convertirse en un cómplice o un aliado de la tiranía.

Raúl Castro, quien se vanagloria de ser un conspirador, espera el respaldo para su plan de una parte de la prensa internacional, de la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos; de  políticos como el senador demócrata Jeff Bingaman, de gobiernos latinoamericanos y  posiblemente  tiene el visto bueno de alguien en el gobierno de Obama.  Además, tiene a su favor una minoría de cubanos en el exterior. Raúl en La Habana nos tiene sorpresas.  Esto es un plan y está comenzando.
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¿Dónde está el camillero de la Cruz Roja?


Por mucho que el régimen vigiló y reprimió a la oposición durante la visita papal, bastó un audaz santiaguero para que el mundo se diera cuenta de lo que verdaderamente quieren y piensan los cubanos.

Andrés Carrión no gritó abajo el embargo sino “¡Abajo el comunismo!”. Ni pidió cambios económicos sino exigió la “¡Libertad!” para los cubanos.

Lo simbólico de la protesta de Andrés Carrión es que la hizo sin el amparo ni la ayuda de ninguna organización. La hizo por su iniciativa personal y en nombre de todos los cubanos.

El descalabro publicitario sufrido por esa protesta se magnificó cuando millones de televidentes en el mundo fueron testigos de la agresión cobarde e innecesaria contra un hombre que en ningún momento empleó la violencia ni se resistió al arresto.

La policía no detuvo al verdadero agresor, “el camillero de la Cruz Roja”, sino a la víctima, que fue secuestrada sin ningún derecho. Cuando muchos días después su madre pudo verlo, explicó que Andrés trataba de decirle algo urgente con la mirada porque no le permitían hablar.

Ahora ha sido acusado de “desórdenes públicos” y puede ser condenado por hasta por cuatro años de prisión. Su madre ha confesado que no han podido encontrar un abogado que lo defienda.

La Iglesia Católica cubana debía poner a disposición de Andrés la mejor de las defensas legales. El protestó en el contexto de un acto religioso y sagrado, por lo que no debiera ser desamparado por la institución.

Alega la tiranía que el abuso físico contra el detenido fue propiciado por un camillero de la Cruz Roja cubana que misteriosamente no identifica por su nombre. En cualquier país del mundo el camillero habría sido detenido y acusado ante los tribunales. Pero en Cuba no; en Cuba lo han escondido.

Extraña coincidencia, ya que tampoco aparece Francisco Santana Grabayan, de muy parecida descripción. Ladrón, chivato y salvavidas del hotel Playa Blanca en donde por robarse el cloro fue sancionado y protegido por el gobierno, que le dio un nuevo trabajo en el hotel Versalles. Ahora tampoco aparece porque lo han mandado de vacaciones.
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Una entrevista impostergable al Dr. Jeovany Jiménez Vega

El periodista independiente Joisy García Martínez quien acompaño e informó sobre el Dr. Jiménez Vega durante su huelga



La Habana, Cuba, marzo 3 de abril 2012
Joisy García Martínez.


Entrevista realizada por el Informativo mensual de El pensador de Wanajay en su Edición Especial Praxis al doctor en huelga de hambre Jeovany Jiménez Vega.

Un acontecimiento inédito por la responsabilidad social que ha asumido gran parte del pueblo guanajayense y en especial un sector importante de la Iglesia católica merece unas líneas de su protagonista.

dRD.- ¿Por qué otra huelga de hambre?

J.J.V.- No comparto la huelga de hambre como método de lucha o denuncia social, lo considero incivilizado pues atenta contra la vida, pero a su vez hay que reconocer que es usado solo cuando es igual de incivilizado el poder que se nos opone. Si en nuestro país imperara un Estado de derecho semejante conducta no fuera necesaria, pero a ella se acude cuando el ciudadano se ve aplastado por un poder que lo sobrepasa, sabiéndose víctima de una injusticia ante la cual agotó completamente cualquier recurso posible para su reparación.

dRD.- No sabemos si eres cristiano, pero ¿Qué sientes por este acompañamiento especial de la Iglesia, sacerdote, Obispo, religiosas, laicos, prensa católica? ¿Están mediando en tu reclamación?

J.J.V.- La relación Estado-Iglesia Católica en Cuba hoy es muy compleja y polariza fuertemente las opiniones. Aquí solo me gustaría agradecer las profundas muestras de apoyo que me ha mostrado la comunidad católica de Guanajay, el Padre Carreró, las hermanas Escolapias y el Obispo Serpa, preocupados y ocupados en ayudarme, comprometidos en acciones concretas. Igual agradezco al resto de las congregaciones religiosas, también atentos y orando con fe para que todo se resuelva.

dRD.- ¿Por qué reclamar un trabajo cuyo salario no alcanza para vivir?

J.J.V.- No hay que confundir para nada el poco respeto mostrado por nuestros gobernantes o las autoridades del MINSAP hacia los profesionales del sector, con el amor que sentimos por la profesión a la cual le consagramos nuestra vida. Si este gobierno encuentra recursos para pagarles miles de pesos a otros sectores, pero no los encuentra para retribuir a un medico que salva vidas, será vergüenza para él. Yo vivo orgulloso de mi profesión.

dRD.- ¿Has notado rechazo o quizás mucho más apoyo por parte del pueblo a tu reclamación? ¿Te persuade o te reafirma en tu opción?

J.J.V.- Algunas personas pueden opinar sin conocer las interioridades del caso, pero cuando se asoman y descubren la verdad quedan estupefactos. Por lo general, el pueblo de Guanajay sabe bien que está ante una gran injusticia y generalmente me ha mostrado un apoyo palpable y sincero. Me siento hijo de este pueblo. Todo este apoyo me ratifica en mi justo propósito.

dRD.- Algún otro mensaje final.

J.J.V.- sueño con el día en que ningún cubano acepte algo o haga concesión alguna si esta le cuesta un grano de dignidad. Se trata de poner la dignidad humana por encima de todo.

Fuente: http://criolloliberal.blogspot.com/

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¡EL EMBARGO…LA PIEDRA EN EL ZAPATO! (II)


Con cierta frecuencia se encuentran en la prensa del exterior críticas al gobierno castrista por no profundizar los cambios. Se alega que sin ellos no habrá un mejoramiento al nivel de vida de la población. Tienen toda la razón. Quienes plantean esto no entienden o no quieren admitir que el verdadero propósito del régimen no es que los cubanos vivan mejor sino mantenerse en el poder.

Podrían rebatir este argumento señalando que en China ha habido una mejoría sustancial del nivel de vida de los chinos. Que a pesar de esto y gracias a esto el Partido Comunista se mantiene al mando. Que en Cuba podría suceder lo mismo.

Pueden agregar que en Rusia, aunque en otro nivel, ha habido progreso y los comunistas se reciclaron y mantienen el control. También es cierto. Rusia hoy es menos pobre que ayer y Putin, un ex agente de la KGB, está al mando.

Pero hay diferencias que explican por qué en China y en Rusia se reciclaron los comunistas y por qué en Cuba el castrismo no quiere arriesgarse con el mismo modelo.

El caso ruso es fácil de explicar. Rusia es el primer productor de petróleo del mundo. Su riqueza proviene en dos terceras partes de los hidrocarburos. Es algo parecido al caso de Venezuela.

En ambos países la economía del sector no petrolero puede ser mediocre, pero el funcionamiento y la estabilidad de sus gobiernos no dependen de ella sino del petróleo.

Rusia y Venezuela son países "subvencionados" por la naturaleza. Sus regímenes políticos pueden ser un desastre. Pueden desestimular la inversión privada, la creatividad y la productividad; pero el petróleo ha evitado el colapso.

Cuba no tiene petróleo propio que la sostenga ni que le permita hacer inversiones.

Sin la subvención venezolana el país entra en crisis terminal. Dependería del turismo, una industria muy frágil a las convulsiones políticas y de las remesas de los exiliados. Esta es una fuente de ingresos que depende del visto bueno del gobierno de turno en Washington.

En resumen, Cuba no puede hacer lo que hicieron los comunistas rusos porque en Cuba no hay petróleo que ayude a hacer la transición de la dictadura comunista a la dictadura capitalista.

¿Y cómo lo hizo China?

China lo hizo sin petróleo. El cambio de una dictadura a otra lo logró con el apoyo de los empresarios de la diáspora china, el respaldo de los Estados Unidos y el de Japón.

El castrismo tendría que hacer con los empresarios cubanos del exilio lo que hizo Deng Xiaoping con los empresarios chinos de Hong Kong. Convencerlos de que sus inversiones en Cuba estarían garantizadas.

Además, el castrismo tendría que sentarse con Washington a negociar las demandas políticas de una transición democrática en Cuba.

En este asunto Washington es el representante de los votantes cubanoamericanos. Los congresistas cubanoamericanos en el Congreso tendrían que dar su visto bueno a cualquier compromiso.

Es en este aspecto que radica el principal escollo para la tiranía. Para tomar el camino que tomó China tiene que negociar con sus enemigos políticos: la oposición democrática cubana en el exilio.

China no tuvo que negociar con Taiwán. No había suficientes chinoamericanos en los Estados Unidos como para que tuvieran peso político en las elecciones estadounidenses. Los cabilderos de Taiwán no tuvieron fuerza en Washington. Por razones estratégicas el gobierno de los Estados Unidos tenía mucho interés en una negociación con China.

El castrismo no puede ofrecerle al gobierno en Washington ninguna ventaja de suficiente peso como para que el presidente de turno esté dispuesto a enfrentarse a los congresistas cubanoamericanos y al voto cubanoamericano. El presidente Obama podría intentarlo si fuera reelecto.

Tendrían los Castro que entregar a Hugo Chávez (eliminarlo), lo que equivale a perder el control de la mayor riqueza petrolera del continente. El régimen castrista tendría que ofrecerse de vigilante de las actividades de los iraníes en Latinoamérica.

O ahora que parece que Chávez va camino al cementerio, podrían los Castro llegar a algún acuerdo secreto con los Estados Unidos para que Venezuela siga entregándole petróleo a Cuba a cambio de algo que le sirva a Washington.

Todo es posible, pero hay algunas cosas más posibles que otras.

En resumen:

El castrismo no puede permitir una hambruna en Cuba. No pueden hacer cambios fundamentales porque no tienen el petróleo para financiarse. No pueden negociar con los Estados Unidos y quedarse con el poder. Se los impide el embargo y el poder del voto cubanoamericano.

¡Ah… el embargo…la piedra en el zapato!

El que hay que levantar, porque según quienes lo proponen ha fracasado en el objetivo de derrocar la tiranía en Cuba.

¡Qué casualidad que hay tanto interés en liquidarlo!

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¡EL EMBARGO…LA PIEDRA EN EL ZAPATO! (I)


La historia ha demostrado que no hay gobierno comunista que pueda permanecer en el poder a menos que se asocie con el capitalismo. La alternativa es el camino de la represión y la hambruna. El que tomó Corea del Norte.

Los norcoreanos han podido hacerlo porque tienen armas nucleares. Allí el hambre puede matar a decenas de miles de personas y no habrá ningún gobierno en el mundo que se atreva a hacer nada.

Bastaría una amenaza del dictador de lanzar una ofensiva convencional contra Corea del Sur para que cualquier nación se paralizara.

Cuba es diferente. La tiranía castrista no cuenta con armas nucleares. Los Castro no pueden arriesgarse a una hambruna. Serian muy graves las consecuencias.

En Cuba, reprimir con violencia las protestas de un pueblo hambriento es impensable. En la Florida viven casi dos millones de cubanos más sus amigos hispanoamericanos y estadounidenses. Medio millón de ellos seguramente saldrían a las calles a protestar airadamente. La repercusión sería contundente.

Por estas mismas razones ya no se eliminan a los opositores en el paredón. Ahora se hace selectivamente en un hospital, simulando que se trata de salvar al detenido. O se les acosa en sus casas y en las calles. O se les desaloja de las iglesias.

Y es que en la Cuba de hoy el fusilamiento de individuos por razones políticas provocaría una reacción violenta de parte de sus familiares, de sus amigos y hasta del barrio. Los turistas huirían de país.

El régimen no puede arriesgarse a una hambruna ni a reprimir sangrientamente el descontento. No tiene otra alternativa que la de casarse con el capitalismo.

Es en este asunto donde comienzan las confusiones. La tiranía no sigue la formula que recomiendan los economistas convencionales. Ni la que plantean los reformadores desde un ángulo más político. Ni de la que escriben los periodistas, muchas veces más inspirados por sus simpatías y deseos hacia el castrismo que por las realidades.

El régimen tiene que casarse con el capitalismo para sobrevivir. No lo hace para que el país progrese y la población salga de la pobreza, sino para pagar su sistema represivo y los costos de una nomenclatura improductiva y corrupta.

En buena parte, esta es la causa de la lentitud que vemos en las presuntas reformas propuestas por Raúl Castro. Van a paso lento, calculando el equilibrio que no quieren perder y preocupados por mantenerse en el poder.

No les importa el atraso en que se hunde el país, ni lo que le sucederá al pueblo cubano dentro de cinco o diez años.

No están interesados en que se desarrolle un capitalismo popular, donde cualquier cubano tendría la libertad de generar riqueza y negociarla. Ese capitalismo requiere medios y garantías legales para desarrollarse.

Ese tipo de capitalismo necesita de instituciones que protejan los derechos de las de las personas de los abusos de otros y de los atropellos del Estado. Es un capitalismo que exige de una base democrática para florecer.

El capitalismo que les sirve a los Castro es el capitalismo salvaje. El que va a Cuba con una patente de corso otorgada por el régimen. Van a explotar a los cubanos y a sacar una ganancia de su inversión que no lograrían en ningún otro país donde se respetaran los derechos laborales y una economía ecológicamente sostenible.

Es el tipo de capitalismo que ya está y seguirá llegando a Cuba. El de las transnacionales que corrompen a los funcionarios con sobornos y regalos.

Los resultados macroeconómicos de esas alianzas hasta ahora han sido mediocres, pero los resultados políticos han sido miopes pero satisfactorios.

No han mejorado el nivel de vida de la población, pero han ayudado a sostener la represión y los privilegios de la nomenclatura.

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EL PARTIDOSE QUEDA (GORBACHOV (III)


Conclusiones


En China no había rival que Deng Xiaoping no pudiera neutralizar y luego enviar a retiro.


Gorbachov tuvo una situación completamente diferente: Se enfrentó a militares dogmáticos, que aliados a los más reaccionarios de la nomenclatura del Partido y del gobierno soviético trataron de sacarlo del poder por la fuerza.


Boris Yeltsin, un opositor político radical que exigía cambios con urgencia y era una figura muy reconocida y popular en Rusia, fue quien hizo fracasar el golpe de estado. Su manejo de la crisis, y la renuncia de Gorbachov a la secretaría general del Partido Comunista de la Unión Soviética, elevó su prestigio a tal nivel que quedó en posición de propiciar -sin carnicerías ni guerra civil- la disolución de la URSS.


En China el Partido Comunista se quedó con el poder porque dejó de ser marxista- leninista y maoísta, aunque siguió y sigue pretendiendo que lo era y lo es, mientras que la URSS se desintegró y cada república que la conformaba tomó su propio camino.


Mijail Gorbachov tiene el mérito histórico de haber propiciado la libertad de muchas naciones. Pueblos que después de varias décadas de una destructiva dictadura han ido alcanzando diferentes niveles de desarrollo económico, político y social, y de respeto a los derechos humanos. Unos más que otros, como es natural.


Con excepción de dos ex-satélites, Cuba y Corea del Norte, donde sobreviven tiranías y sus pueblos viven en la pobreza y la humillación, hay decenas y decenas de millones de seres humanos y sus descendientes que tienen vidas diferentes gracias a la actuación de Mijail Gorbachov.


Rusia ha quedado en manos de una autocracia disfuncional, que todavía depende de la riqueza petrolera. El país se dirige a una crisis sistémica que solo podrá superar con una modernización de su sistema político y la eliminación de la “autocracia democrática”.


Pero los rusos, afortunadamente, ya no viven bajo el comunismo, y podrán eventualmente superar sus problemas y su situación actual sin necesidad de una revolución sangrienta.


Gorbachov tiene el mérito también de haber sido un hombre clave en poner fin al peligro atómico, creando condiciones para la simplificación, reducción y eventual desaparición de un sistema de armas nucleares con la capacidad de destruir muchas veces a la civilización humana o, en el mejor de los casos, reducir a una prehistoria aterradora a los pocos que pudieran sobrevivir. Es el premio Nóbel con más meritos en la historia de ese galardón.


En China los planes de Deng Xiaoping fueron exitosos. Un país que siempre tuvo un potencial de desarrollo económico, ha podido alcanzar niveles de progreso material impensables tres décadas atrás.


La dictadura en China no fue lo que garantizó su fenomenal progreso económico. Ni esa dictadura puede evitar una crisis económica tampoco.


Japón alcanzó el desarrollo mucho antes que China, y lo hizo dentro de un contexto democrático. Otros países asiáticos con menos recursos también lo han logrado, en diferentes niveles.


Los chinos viven bajo una dictadura con raíces milenarias, que aunque haya propiciado el progreso material a una parte de la población, niega a todos los derechos fundamentales. En China el cambio hacia la democracia requerirá una transición, pacífica o violenta. Nadie lo sabe.


Este breve análisis, “El Partido se queda”, comenzó como reacción a las declaraciones de Raúl Castro en Cuba, en las que negaba la posibilidad del multipartidismo en la Isla. Cualquiera puede declarar lo que quiera, pero la historia no es el resultado de lo que se dice, sino de lo que se hace y de lo que puede suceder y sucede dentro de determinadas circunstancias.


El castrismo puede intentar tomar el camino de Rusia y convertirse en una autocracia nacionalista apoyada por un brutal capitalismo puro y duro, feroz y descontrolado, o el camino de China, una dictadura igualmente asociada al capitalismo mundial, pero con una camisa de fuerza que en algún momento habrá que romper.


Las opciones del castrismo en Cuba requieren un análisis que se salga del esquema de que “Cuba no es China”. Por supuesto que no lo es en muchas formas. Tampoco Cuba es Rusia.


Hasta ahora, el castrismo ya se ha aliado con el capital español para explotar la industria turística y algunas actividades de la industria ligera, y con el canadiense en la producción minera, fundamentalmente el níquel. Los hidrocarburos parece que siguen el mismo esquema con varias empresas transnacionales, mientras que las instalaciones portuarias, la industria del azúcar y parte de la agricultura se negociaron y negocian con diferentes transnacionales brasileñas.


Sin embargo, es muy difícil que cualquiera de las estrategias del castrismo para tratar de sobrevivir pueda tener éxito sin la cooperación del gobierno de los Estados Unidos.


Quienes desde el exilio esperan una revuelta popular en Cuba o algún tipo de movimiento colectivo que resulte en un cambio de sistema, tal vez no se han percatado que la libertad de Cuba pudiera depender en buena parte de lo que hagan o dejen de hacer sus exiliados en el exterior.
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EL PARTIDO SE QUEDA: Gorvachov (II)

El Kremlin estaba acostumbrado a la fuente inagotable de petróleo que evitaba el colapso de un sistema ineficiente. La corrupción era práctica común, y el bajo nivel de vida y los problemas sociales del pueblo, aunque no completamente conocidos en Occidente, eran la realidad.

En 1977, cuando Orestes Lorenzo regresó a Cuba después de su entrenamiento militar en la URSS, el famoso piloto cubano de la Fuerza Aérea Revolucionaria, que posteriormente escaparía con su avión hacia Estados Unidos, le describió a su incrédulo padre lo que había vivido en Rusia:

“El sistema sencillamente no funciona. El nivel de vida es bajísimo, y las condiciones de higiene y vivienda de la población son pésimas. El alcoholismo y el adulterio son una epidemia en el país, los valores éticos de la familia casi no existen”.

En el plano internacional la URSS enfrentaba otros problemas. Ya no podía contar con la estabilidad que brindaba el status quo producto de la política del “detente” (distensión) en el marco de La Guerra Fría.

El presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, rechazaba la hipótesis de que la fórmula para mantener la paz descansaba en la seguridad de la destrucción mutua de los Estados Unidos y la URSS en una guerra nuclear.

Reagan quería que Estados Unidos desarrollara un sistema de defensa anti misil (SDI), que fue popularmente conocido como “la guerra de las galaxias”, que haría obsoleta la paridad balística con la URSS. Los soviéticos, que habían sacrificado su economía para alcanzar ese balance, comprendieron que no podrían triunfar sobre los Estados Unidos en esa nueva carrera tecnológica.

En Europa, Margaret Thatcher había entrado en el escenario. “La Dama de Hierro” había dado vitalidad a la decadente economía inglesa con sus políticas económicas liberales y anti-socialistas.

En el mundo libre Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Juan Pablo II eran líderes con un gran carisma y una visión muy definida.

En China, Deng Xiaoping llevaba varios años desmantelando el maoísmo, mientras que en menos tiempo hubo tres muertes decisivas en Moscú: Leonid Brezhnev en 1982, Yuri Andropov en 1984, y Konstantin Chernenko en 1985.

Esas tres muertes sucesivas de los máximos dirigentes y secretarios generales del PCUS convirtieron a Mijail Gorbachov en Secretario General del Partido Comunista de la URSS. Gorbachov había alcanzado el liderazgo casi por un milagro, o por un milagro.

Fue el primer y el único Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética que había nacido después de la revolución bolchevique. Tanto él como su esposa Raisa conocían los serios problemas de Rusia y su gigantesco imperio: los habían estudiado con detenimiento por muchos años.

Gorbachov no era un líder militar como Deng Xiaoping, ni tenía la ascendencia de haber sido uno de los forjadores del comunismo en la URSS como Deng lo fue en China. Por estas razones, su influencia sobre el estamento militar y sobre la estructura del Partido no se comparaba a las de líder chino.

En China la formula de Deng Xiaoping era un reto diferente. Tenía el apoyo del ejército, tenía que consolidar al partido, empezar a darle de comer al pueblo, y aliarse con Occidente, pero manteniendo como bandera la fachada de Mao y del socialismo. Deng estaba dispuesto a hacerlo aunque tuvieran que usar la violencia para lograrlo. Y así lo tuvo que hacer.

Gorbachov se enfrentaba a la amenaza de la Iniciativa de Defensa Estratégica impulsada por Reagan, y a muchos otros problemas simultáneamente. Quería continuar negociando con Estados Unidos la reducción del armamento nuclear. Tratar de revitalizar una economía estancada. Manejar las demandas nacionalistas y anticomunistas de los países de Europa del Este y de las propias repúblicas de la URSS. Enfrentar al mismo tiempo a los reaccionarios y los más conservadores del Partido y las exigencias de los que querían radicalizar las reformas sin mayor dilación. Era un equilibrio complejo y precario.

A una pregunta que le hice a Lech Walesa sobre Gorbachov, durante un encuentro en Caracas, me respondió con un poco de preocupación:

“Gorbachov es un malabarista que está jugando con muchas pelotas al mismo tiempo y no sé cuánto tiempo podrá sostenerlas”.

Gorbachov no estaba dispuesto a usar las tropas soviéticas para evitar la disolución del imperio. Estaba decidido a darle la libertad a cada país que quisiera independizarse. De hecho, cooperó activamente en este propósito. Tampoco usaría la violencia para mantener el comunismo en Rusia; apostó a reformarlo.

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EL PARTIDO SE QUEDA: GORBACHOV "EL LIBERTADOR" (I)


Cuando en 1985 Mijail Gorbachov alcanzó la Secretaria General del Partido Comunista, la situación en la URSS era muy diferente a la de China en 1978, año en que Deng Xiaoping asumió el control.

Esas diferencias, sumadas a un panorama internacional excepcional, y al hecho que ambos dirigentes tenían habilidades y conductas políticas dispares, resultaron en realidades particulares en cada caso. La URSS era un imperio en el que la mitad de sus habitantes no eran rusos. Cada nacionalidad, lejos de gravitar hacia Moscú, se inclinaba naturalmente hacia sus propias raíces culturales e intereses.

El imperio comunista ruso se había mantenido unido por el control del Partido, la mano fuerte de la policía política y la amenaza de las tropas soviéticas. Pero la URSS estaba debilitada por el estancamiento económico, un gasto excesivo en el campo de la defensa, y costosas aventuras político militares. Entre éstas, una onerosa subvención anual al régimen castrista que hizo creer por mucho tiempo, a cubanos y extranjeros, que los logros de la revolución cubana eran propios.

En 1985 el ejército soviético ya tenía más de cien mil soldados en Afganistán. La intervención había comenzado cinco años atrás. Ese año fue el más sangriento de la guerra, y la guerrilla controlaba, en una u otra forma, la mayor parte del territorio. Muy pronto Moscú tendría que reconocer su fracaso, aceptar el costo político y económico del error, y retirarse.

No siempre había sido así. En 1956 las tropas del Kremlin invadieron Hungría y derrotaron una revolución popular antisoviética. Aquello era el pasado: en 1985 los húngaros tenían la economía más dinámica del bloque y por su cuenta estaban dando pasos de liberalización política.

Cuando los húngaros se reunieron con Mijail Gorbachov para plantearle que el veredicto de la Revolución Húngara favorecía a los revolucionarios contra la intervención, Gorbachov lo aceptó. Imre Nagy, el presidente húngaro que fue ejecutado por órdenes de Nikita Krushev, recibió un póstumo funeral de honor. Gorbachov lo había dicho todo con su actitud: el imperio se acababa.

En Polonia, Lech Walesa había organizado ya en 1980 el primer sindicato independiente de trabajadores: Solidaridad. Walesa y el pueblo polaco contaban con el apoyo de uno del los líderes más carismáticos de su tiempo, el papa Juan Pablo II, polaco y anticomunista. El sentimiento antisoviético en el país era generalizado. La independencia de Polonia era una cuestión tiempo. Los militares polacos no hubieran apoyado una invasión soviética. Además, Gorbachov y su grupo habían llegado a la conclusión de que no usarían la fuerza para evitarlo.

El contagio en los demás países de Europa del Este sería inevitable. En el bloque soviético Polonia tuvo el primer gobierno no comunista de la etapa soviética de la postguerra.

Continuará…
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EL PARTIDO SE QUEDA: DENG XIAOPING (II)

Xiaoping fue sobre todas las cosas un pragmático con gran capacidad de maniobra. Si para los comunistas la dictadura del Partido era el medio para alcanzar el comunismo, a él esa dictadura le permitiría comenzar a enterrar al maoísmo, la versión china del marxismo leninismo.

Después de la muerte de Mao, y ante la crisis entre la izquierda y la derecha del Partido Comunista, Deng advirtió que si los errores del pasado se reconocían públicamente el Partido se debilitaría y el país podía encaminarse al caos.

Apoyó que en el plano interno los errores de Mao se criticaran, pero indicó que se debía reconocer sus aciertos. Deng insistió en que Mao tenía que seguir siendo la bandera del Partido y el socialismo la meta. Con esta fórmula alivió el conflicto y ganó tiempo para ir eliminando a quienes desde la izquierda se opusieron a sus proyectos.

Como los cambios que él se proponía realizar eran herejías a la luz del marxismo, Xiaoping convenció al Partido de que en adelante la verdad sería el resultado de la realidad, no del dogma. En otras palabra, si el experimento era exitoso, ese era el camino a seguir y ningún otro.

Entre el pueblo Deng se hizo entender con el proverbio: “no importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”. Los ratones eran lograr convertir a la China en un país desarrollado, incluso por la vía de una economía de mercado.

Cómo los experimentos que le dieron ciertas libertades a los campesinos en el uso de sus cosechas tuvieron buenos resultados, la realidad demostró cuál era el camino correcto.

Pero Deng sabía que la modernización de China solo se podría lograr con la tecnología y los capitales de Occidente. Con este propósito dio tres pasos audaces:

a) Visitó Japón, el país odiado por los chinos que no habían olvidado los 20 millones de víctimas causadas por la invasión japonesa. Xiaoping cautivó a los japoneses. En adelante en el desarrollo de China el papel del Japón capitalista fue fundamental.

b) Aceleró el acercamiento entre China y los Estados Unidos con dos propósitos: 1) Plantearles ayuda para el desarrollo de China 2) usar a los Estados Unidos en su maniobra para frenar las aspiraciones soviéticas en Asia.

c) Cultivó a la diáspora china, y en especial a los chinos empresarios de Hong Kong, para que invirtieran en China con todas las garantías. Se establecieron zonas de desarrollo económico con leyes diferentes, donde las empresas extranjeras podrían invertir sin temor y con toda la colaboración del gobierno especial de la zona.

Deng Xiaoping contó con el interés estratégico de Occidente, especialmente de los Estados Unidos, que vieron en China un potencial aliado en las espaldas de la URSS. El capitalismo mundial, por su parte, no perdió la oportunidad ante un mercado con un potencial muy grande.

Xiaoping estaba convencido de que el Partido podría legitimarse en el poder mientras el ritmo de crecimiento fuera suficiente para mantener la estabilidad social. Sabía que cierto nivel de corrupción era parte inevitable del proyecto, y que a la etapa que comenzaba sucedería otra etapa un siglo después.

Tuvo que enfrentar oposición interna y dificultades de diversa índole, pero siempre las manejó con pragmatismo. El lunar de su carrera fue la represión que ordenó en la Plaza de Tiananmen en junio de 1989.

El éxito económico de China tiene que valorarse en el contexto de otros milagros asiáticos anteriores, como los de de Japón, Taiwán, Singapur, Corea del Sur, etc.

El éxito chino no es el resultado del Partido Comunista, sino el producto de un pueblo muy trabajador y un individuo excepcionalmente capaz que supo abrir camino derribando dogmatismos y prejuicios.

Sin Deng Xiaoping el Partido Comunista Chino pudo haber tomado el rumbo de los comunistas soviéticos o el de Corea del Norte.

En primera y última instancia la opinión más importante sobre el desarrollo en China la tendrían que dar los chinos en elecciones libres, que no se les han permitido. Por el contrario, el Estado chino mantiene permanente vigilancia, control y represión sobre quienes dan opiniones que no les son favorables o protestan por las injusticias.

Deng Xiaoping criticó a Miajil Gorvachev por no haber tomado su mismo camino en la URSS. Eran dos hombres diferentes en dos mundos diferentes.

Continuará…

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Laberinto carcelario en Cuba

EDITORIAL

La muerte en prisión del disidente cubano Wilman Villar Mendoza, al cabo de 50 días de huelga de hambre, divulgada por el régimen castrista el 20 de enero último, generó una nueva ola de críticas en torno a los prisioneros políticos de la Isla. La respuesta del Gobierno, en esta oportunidad, fue negar que Villar Mendoza hubiese sido un prisionero de conciencia o que estuviera en huelga de hambre. Los voceros oficiales aseguran que falleció en un hospital a causa de una infección pulmonar por la que estaba siendo tratado.

Al margen de las historias que el régimen suele tejer en defensa de su maltrecha imagen, lo cierto es que Villar Mendoza no ha sido el único prisionero de conciencia que ha entregado su vida para protestar por las deplorables violaciones de los derechos fundamentales que, a diario, comete el despotismo cubano. Orlando Zapata Tamayo murió en condiciones similares en el 2010. Pero la triste verdad es que el mundo aún desconoce el número de estos valientes y, en general, de la población carcelaria en Cuba.

Algunas organizaciones humanitarias han intentado, sin éxito, despejar este enigma. Años atrás, Human Rights Watch estimó que en Cuba había un total de 100.000 presos. Otras entidades han lanzado números diferentes sobre el tapete, pero el total sigue siendo un secreto porque no se permite el acceso de investigadores independientes. Algo similar sucede con los prisioneros de conciencia. En 2010, Raúl Castro, en el curso de conversaciones con el Vaticano y representantes europeos, prometió poner en libertad a 52 de los 75 ciudadanos arrestados en 2003 con motivo de una barrida policial de supuestas asociaciones ilegales. Por otra parte, la dictadura afirma haber liberado a 2.900 prisioneros en 2009, pero ninguno era conocido como disidente. En Cuba hay leyes, pero su aplicación es caprichosa. Además, la criminalización instantánea de toda conducta percibida como amenaza es causal para enviar a prisión a cualquiera.

En 2010, como parte de una campaña para reparar su imagen internacional en el marco del arreglo con el Vaticano, el presidente Raúl Castro puso en libertad a 15 disidentes, primeros de los 52 prometidos. Esta liberación, aplaudida por los más cándidos del Oeste, vino con una condición que ensombreció el gesto: debían emigrar a España. En otras palabras, no podían permanecer en casa porque el Kremlin habanero temía que, internamente en la Isla, proyectaran una flexibilización no deseada del régimen, además de reanudar su gesta en favor de los derechos fundamentales. Tras las críticas que este desenlace provocó mundialmente, el régimen aseguró que los demás liberados podrían emigrar o quedarse. El proceso sigue siendo lento, como tantas otras cosas en la Cuba de los Castro.

Con todo, y como lo evidencia el caso de Villar Mendoza, la represión no descansa. Viene a la mente el gulag soviético, modelo paradigmático de las prisiones en países comunistas. Stalin despachó al archipiélago de los campos de trabajos forzados a sus adversarios, reales o supuestos. Figuras descollantes en las letras y artes, y hasta la ciencia, acabaron en el lóbrego gulag. Algunas de las personalidades que aún vivían fueron liberadas en épocas de Gorbachov y más tarde de Yeltsin.

Stalin, por cierto, fue el inspirador de los métodos superlativos de la Stasi, los servicios secretos de la Alemania del Este, que siguen gozando de actualidad en Cuba, Corea del Norte y otros remanentes del viejo totalitarismo. La Cuba castrista perfeccionó sus herramientas bajo la tutela de la misma Stasi. Raúl Castro, en este sentido, a pesar del nuevo rostro libertario que intenta difundir, no es mejor que su anciano y enfermo hermano Fidel. Por el contrario, aunque se exhibe más a la prensa internacional, los cromosomas absolutistas del régimen que encabeza no han cambiado.

La nueva fachada del castrismo se apuntala, también, con los cambios económicos que el presidente ha venido anunciando, que van desde el despido de medio millón de empleados públicos hasta el reconocimiento de derechos de propiedad privada sobre viviendas y pequeñas granjas rurales. Asimismo, las proclamas incluyen la ampliación de las actividades económicas privadas permisibles para los cubanos.

Desde luego, la reducción de medio millón de trabajadores en la planilla estatal constituye, a primera vista, un número considerable en Cuba. Sin embargo, dadas las dimensiones del aparato del Estado cubano –85% de la fuerza laboral total de cinco millones–, una vez efectuado el despido, todavía el 75% de los trabajadores cubanos continuarán siendo empleados del Estado.

Por otra parte, la ampliación de las actividades económicas privadas no conduce de ninguna manera a la creación de un genuino sector privado en un régimen de libre empresa, como se concibe en las naciones occidentales. El recuento de las noveles ocupaciones permite apreciar la reducida esfera de la anunciada ampliación: barberos, choferes, magos, maleteros y similares. No hay nada en las grandes industrias del Estado, incluido el turismo. En otras palabras, el Estado sigue siendo el amo y señor de la economía. Un analista suramericano observó que la mayor preocupación del régimen es preservar la hegemonía económica del Estado, por lo que los líderes políticos se preocupan de no incurrir en el “error” de Gorbachov, quien con sus cambios desestabilizó el sector público.

Finalmente, como un acontecimiento extraordinario, en el último plenario del Congreso del Partido Comunista, el año pasado, Raúl Castro habló de los inmensos beneficios de ciertas reformas políticas, entre ellas poner límites a los puestos de la dirigencia del Estado. En adelante, habrá una barrera inicial de 5 años, renovable como máximo otros 5, para un total de 10 años.

Conforme a este cálculo, Raúl, quien llegó a la Presidencia en el 2008, teóricamente podría servir hasta el 2018, cuando tendría 86 años. Y como proyecta seguir al frente del Estado comunista, posiblemente podría encontrar excepciones y seguir en la Presidencia si la salud se lo permite. En el laberinto castrista, todo es posible cuando se ejerce el poder.

San Jos
é, Costar Rica



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